Domingo 4 de Adviento Mt 1, 18-24. Dejo a un lado por un día mi curso sobre Jesús, que está teniendo una grandísima “asistencia” de lectores, a quienes agradezco su fidelidad al blog, para comentar, como de costumbre, el evangelio del próximo domingo.
Éste es el domingo de José o, mejor dicho, de la fe de José, que ha sido el primero de los creyentes de la Navidad, según Mateo. Es evidente que no podemos quitarle del “nacimiento”. En José estamos representados nosotros, todos los varones, y en especial los “servidores” de la Palabra, que son los que forman el clero. A él se le piden varias cosas:
a) Que escuche la Palabra de Dios, en fidelidad, superando el nivel normal de las razones. Éste es el domingo de la “conversión” de José, una conversión de los varones que aún no se ve clara en ciertos estamentos de la Iglesia.
b) Que acepte a María, es decir, que crea en ella. Creer en Dios significa que creer en una mujer, creer en la mujer, en circunstancias duras y difíciles. He dicho que parte de la Iglesia, y en especial su jerarquía, no ha realizado todavía el camino de José. Ha elevado a María, para ponerla en una peana, pero no cree en ella, no cree en las mujeres, como portadoras de una palabra del Espíritu Santo.
c) Que se ponga al servicio de la Vida, que es Jesús, es decir, Dios con nosotros, Dios en los más pobres, en aquellos que nacen cada día. La conversión de Jesús es conversión de la Iglesia.
Texto. Mateo 1,18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados." Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: "Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"." Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
1. UN PROBLEMA PARA JOSÉ
El relato de la concepción y nacimiento de ese Cristo incluye aspectos de carácter teológico y antropológico, cristológico y sacral, que ahora no podemos estudiar con más detalle. Debemos, sin embargo, evocar desde el principio los tres más significativos, en perspectiva cristológica:
– Nacimiento irregular de Jesús. En clave de Ley israelita, desde el punto de vista de José, que es Hijo de David y portador de su promesa israelita, el surgimiento de Jesús resulta “contrario al orden patriarcal”, situándose en las fronteras del mayor “pecado” posible, que es el adulterio o ruptura del orden familiar. El esposo/padre José, que quiere abandonar a María, dejándola a su suerte, con el hijo en las entrañas, es el signo del mejor judaísmo (nacionalismo o legalismo religioso de cualquier tipo), que es capaz de abandonar a los humanos necesitados por extraños, impuros, diferentes, no queriendo acogerlos con su vida.
– Presencia superior de Dios. En contra de lo que podía esperar un tipo de judaísmo legal (¡hay otros judaísmos proféticos y místicos!), Dios mismo se expresa y actúa en la mujer “irregular” María, fecundándola por medio de su Espíritu Santo, introduciendo así su gracia creadora dentro de la humanidad. Ciertamente, el buen judaísmo de José es signo y lugar de acción sagrada, pero actúa por ley, dentro de unos esquemas de nación sacral y familia ya fijada: la fidelidad a su acción y presencia se identifica con la obediencia a las estructuras de legalidad que defiende al propio grupo. Pues bien, el Dios de María supera los esquemas de esa legalidad y viene a mostrarse, de un modo inmediato, en el proceso de surgimiento mesiánico de Jesús, por medio del Espíritu Santo.
– Universalidad humana. Está expresada por la acción de Dios, que actúa creadoramente, y por el gesto acogedor de María, que supera la ley de los varones. Allí donde parecía reinar el orden de los padres de familia, según buena ley (patriarcalismo de José), emerge la más alta función de María, mujer y madre, que aparece como signo de acogida universal humana, en línea de gratuidad. No se trata, por ahora, de obedecer a teorías, de creer verdades generales, sino de aceptar la vida que nace, desbordando los cauces que la ley quiere ponerle. Por eso, José (varón israelita) debe "convertirse", superando la ley de los varones, para aceptar la más alta acción y presencia creadora de Dios en María.
Los tres aspectos se encuentran vinculados: la presencia directa de Dios, expresada por la acción de Espíritu Santo en María, supera el nivel de paternidad humana (israelita, masculina) de José. Naciendo de María virgen, Jesús desborda el patriarcalismo legal en que se mueve la genealogía anterior de los varones, abriéndose a la universalidad de lo humano. Por eso, debemos afirmar que origen de Jesús resulta legalmente irregular. Por medio de José, Jesús será asumido en la familia israelita, pero no por sangre, sino por obediencia a Dios y decisión creyente, en la línea de aquello que Pablo ha llamado la descendencia según la promesa, y no según la carne (Rom 9, 8) (1)
Siendo judío (como muestra su genealogía anterior de varones y su misión dirigida al pueblo de la alianza: cf. 1, 21), Jesús viene a presentarse desde ahora como más que un simple judío, como nuevo ser humano.
2. UNA PRESENCIA DE DIOS, MARÍA
Conforme a la visión israelita, el origen conforma a una persona. Es lógico que Mt quiere expresar la novedad de Jesús presentando el sentido más profundo de su nacimiento. Para ello ha proyectado sobre su concepción aquellos dos momentos que Pablo separaba en Rom 1,3-4 (Hijo de David según la carne, Hijo de Dios por la resurrección). Según Mt 1, 18-25, Jesús nace al mismo tiempo como Hijo de David israelita (por José) e Hijo de Dios universal (por la acción del Espíritu en María). Desde ese fondo podemos evocar su genealogía completa, destacando tres momentos:
1. María, su madre,
estaba encinta, por obra del Espíritu Santo (1, 18). No se dice cómo ha sido, no tiene que decirse, aunque por todo el contexto sabemos que la acción maternal de Dios sobrepasa el nivel legal-patriarcal de los varones, para inscribirse en el plano más hondo de la maternidad humana, representada por María. Conforme a Lc 1, 26-38, María dialoga con Dios, en palabra de fidelidad y colaboración personal. Mt ha preferido dejar la función de María en un rico silencio apofático. ¿Cómo explicar la acción de en nuestra historia? ¿Cómo decir lo que es más hondo que todas las palabras? En el origen de la vida hay un silencio superior, que no es ausencia de voz sino lugar donde toda voz se funda y recibe su sentido. Este es el nivel del mito, que ha de entenderse no como irracionalidad, sino como proto-racionalidad: origen y fuente de donde brotan todas las palabras. El ser humano no “inventa” su vida, ni logra encerrarla por leyes patriarcales, pues la fuente de la vida es el Espíritu de Dios, que se expresa ahora de forma ejemplar por medio de María (2)
2. Su padre humano (José, Hijo de David: 1, 20)
ha de acoger ese misterio en fe, superando el patriarcalismo genealógico y convirtiéndose al Espíritu de Dios que obra en María, pues el nacimiento y obra de Jesús desborda el nivel de esperanza nacional, apareciendo como misterio de fe, por encima de los datos legales y biológicos. La ley judía ha regulado de forma minuciosa (alguien diría obsesiva) la identidad patriarcal de los varones, que quieren asegurar con toda fuerza su poder (su propiedad) sobre los hijos, imponiendo así una serie de normas muy minuciosas sobre la sexualidad (sangre menstrual, pureza....) de las mujeres. José supera ese nivel, apareciendo así como creyente que acoge la obra de Dios y no como patriarca que define y regula con su acción la realidad (la vida humana). Entendido así, el relato de la concepción por el Espíritu nos sitúa ante el misterio de la creatividad supra/histórica e histórica de Dios, que, siendo fuente de vida primigenia/eterna se ha expresado, de forma ejemplar y para siempre, en el signo maternal de María, dentro de la historia.
3. Espíritu Santo.
Por medio de la mujer/María y superando el nivel del patriarcalismo legal de José, viene a expresarse la creatividad del Espíritu de Dios (1, 18.20), anticipando el despliegue posterior del evangelio: el bautismo en el Espíritu (3, 17), el envío final en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu (28, 16-20). Por nacer del Espíritu de Dios (no de la ley humana), Jesús será mesías universal. De esa forma, su misma biografía humana (nacimiento, decurso vital, muerte/pascua) son signo y presencia del Espíritu divino, revelación humana de Dios sobre la tierra. Pues bien, el Espíritu no sustituye a María/madre, sino que actúa por ella. Tampoco niega o destruye la función de José, sino que le sitúa en el lugar de la palabra y acogida creyente: debe acoger a María, aceptando a Jesús como hijo, dentro de la estructura de la ley israelita. José es por tanto el primer creyente explícito, el primero que acepta la presencia y acción del Espíritu de Dios, por medio de María (3)
3. ESPÍRITU Y PALABRA, EL NACIMIENTO DE EMMANUEL
Seguimos con el texto anterior, destacando las palabras de cita y cumplimiento (1, 22-23). El personaje principal de la escena es Dios, a quien el texto presenta como Kyrios o Señor (Yahvé), conforme a la terminología usual de las traducciones griegas de la Biblia israelita. Pues bien, ese Dios se expresa y actúa de tres formas que se encuentran implicadas, conforme a un esquema que puede interpretarse a la luz de Gen 1 (que vincula acción del Espíritu y Palabra de Dios), culminando en el surgimiento del Humano, que es signo y presencia del mismo Dios sobre el mundo:
1. Espíritu Santo, maternidad de María.
Ella aparece silenciosa, acogiendo en su seno (en su vida) el fruto del Espíritu, como ha dicho ya el narrador (1, 18: eurethe en gastri. ekhoousa ek pneu,matoj a`gi,ou) y confirma luego el ángel (1, 20). El texto supone así que hay cierta connaturalidad entre Espíritu Santo (Santidad de Dios expresada como fuente de vida, poder generador) y persona de María (humanidad que es lugar de surgimiento de la vida). El silencio de María no es por falta de palabras, sino porque ella acoge el misterio y lo expresa fondo donde anidan y se fundan todas las palabras. A ese nivel, no debe decir nada: ella es y se expresa, como fuente de vida (fe fundante), en la raíz de todas las palabras.
2. Ángel del Kyrios, palabra a José.
La obra del Espíritu en María era misterio apofático, que no puede decirse. Pero la acción de Dios en José necesita la palabra clarificadora del del Ángel o Enviado del Señor, que le habla en sueños, penetrando con su luz en la noche de su duda y de su decisión contraria al Espíritu divino( dejar a María). El Ángel habla desde fuera (como enviado y mediador), sin identificarse con aquel a quien dirige su palabra. El Espíritu, en cambio, actúa por dentro, sin necesidad de palabras, pues se identifica con la vida más profunda de aquel o aquella a quien ofrece su presencia (en esta caso, con María). Significativamente, la palabra del Ángel a José está al servicio de la obra del Espíritu en María.
3. Dios con Nosotros, Emmanuel.
Las dos líneas anteriores de acción/presencia de Dios (el Espíritu en María, el Ángel a José) se identifican y culminan en el surgimiento del Niño, acogido por ambos, Niño que, conforme a una valiosa experiencia de Israel, recibe el nombre de Emmanuel, Dios con nosotros. Aquí no hay mediación interior (Espíritu en María), ni exterior (Ángel a José), sino identidad plena de Dios con el que nace. El mismo Niño, nacido de María y anunciado a José, viene a mostrarse como Dios en Persona, en medio de la historia.
Los tres elementos se encuentran implicados: la presencia fecundante del Espíritu en María, la palabra del Ángel a José y la identidad de Jesús Dios (=Dios con nosotros). María aporta la experiencia fundante de la vida, el don materno del Espíritu, que alienta por encima de todas las palabra. José debe acoger en fe el regalo del Espíritu en María, obedeciendo de esa forma a la palabra del Ángel de Dios. Ambos, María y José, deben unir sus experiencias, vinculando así el aspecto materno y paterno de la visión de Dios y de la misma cristología.
4. JOSÉ Y MARÍA, UNA PAREJA DE CREYENTES
La cristología del siglo XXI deberá recuperar los elementos maternos y paternos de este camino que lleva a Jesús, integrando el Espíritu de María y el Ángel de José. Es evidente que, cerrados a nivel de Mt 1, 18-25, esos símbolos resultan insuficientes y deben ser ampliados y fecundados de forma evangélica: el Ángel aparecerá como testigo de la Pascua, sacándonos de la tumba vacía de Jesús, para llevarnos a la montaña de la pascua (28, 1-7); el Espíritu, como don divino y principio de misión universal, junto al Padre y el Hijo (28, 16-20). Pero desde aquí se hallan unidos y deben vincularse como principios permanentes de toda interpretación cristológica (4)
Pudiéramos dar un paso más. La madre que engendra, apareciendo como signo del Espíritu, es una experiencia religiosa universal. Pues bien, para destacar el valor de su Dios transcendente y de su Ley, los israelitas han debido marginar de alguna forma esa experiencia. Por eso, ellos se encuentran más cerca de José, Hijo de David, a quien el Ángel le pide que obedezca a la palabra de Dios.
Pues bien, en inversión gozosa (quizá un poco irónica), al culminar su camino de obediencia, José, el Israelita, no viene ya a ponerse ante una ley nueva y más alta, sino ante el misterio de la vida divina que se expresa y nace a través del signo de la mujer. Ciertamente, a nivel de historia, tanto María como José son igualmente israelitas. Pero simbólicamente, a nivel de experiencia y respuesta personal, ellos han venido a situarse en dos planos distintos, bien complementarios:
– María, ampliando el nivel israelita, simboliza la humanidad entera, como lo ha sentido y expresado pronto la fe de la iglesia, al situarla en un espacio de maternidad universal. Ella es anterior a todas las leyes, ella aparece en el transfondo de todas las religiones de la historia: por ser mujer y madre es signo de Dios, de esa manera representa al conjunto de los pueblos.
– José empieza siendo sólo israelita, pero debe superar ese nivel. Por eso, el Ángel le pide conversión: que acepte a María, es decir, que acoja y se ponga al servicio del despliegue de la vida. Mt anticipa de esa forma un tema esencial del evangelio: Jesús pedirá a los judíos (“buenos” viñadores) que pongan los frutos de su viña al servicio del reino, es decir, de todos los humanos (cf. Mt 21, 33-45); ellos no responderán, José sí ha respondido.
Estamos ante una bella y profunda inversión de lo que suele llamarse el carácter lineal de la historia que iría avanzando de lo menos a lo más perfecto, sin necesidad de rupturas interiores. El mismo Dios de Israel (que es el Kyrios) ha pedido a José la más fuerte ruptura: que ponga su camino anterior al servicio de la Mujer que engendra y da a luz; que supere su Ley israelita, para abrirse de esa forma al servicio de la vida que se expande a todas las naciones. Como la iglesia antigua ha descubierto, aquí parece repetirse el esquema de Gen 3, 20, donde se dice que Adán, varón, llamó a su mujer Eva “por ser madre de todos los vivientes” (5).
Según Gen 3, 20, era Adán quien reconocía a Eva como Madre de los viviente. Aquí es José el israelita, hombre de ley, quien debe aceptar a María, sabiendo que el Espíritu de Dios actúa en ella y reconociendo el valor salvador de su Hijo; de esa forma asume y elabora de esa forma la primera cristología de la historia, según Mt:
– Esta es una cristología materna, elaborada desde la fecundidad de la vida humana reflejada en la mujer. Ella, que está grávida y dará a luz (1, 23), empieza a ser para José el signo de Dios. Quedan en segundo lugar todas las leyes sacrales del pueblo, las instituciones religiosas o sociales. La Palabra del Ángel de Dios lleva a José hasta María. El texto no la justifica, no nada de ella, sino que se limita a presentarla como parthenos, es decir, como virgen o, mejor dicho, como doncella/joven que puede dar a luz, conforme al sentido original de la palabra hebrea de Is 7, 14 (almah).
– Esta es una cristología dirigida hacia la salvación: José debe llamar al niño Jesús, pues salvará a su pueblo de sus pecados. José impone al niño un título mesiánico, implicado en el sentido hebreo del término Jesús ([;vuAhy>), Yahvé Salva. El contenido y alcance de ese título (con la identificación más concreta de los miembros de su pueblo) sólo puede concretarse desde el conjunto del evangelio.
– Esta es una cristología teológica, pues llamarán a Jesús Emmanuel: Dios con nosotros. Pasamos así del plano del actuar/salvar (Jesús, como nombre de acción) al plano de la presencia/ser (Emmanuel, Dios con nosotros). Antes de hacer nada, Jesús es presencia universal de Dios, abierta a todos los humanos. La Ley de Israel les divide y distingue conforme a su origen y a sus obras. El nacimiento de Dios en Jesús les unifica. De esa forma, siendo israelita (cumpliendo la palabra de Is 7, 14), Jesús es presencia universal de Dios
5. JOSÉ ES LA IGLESIA. CREER EN LA MUJER, SER COMUNIDAD
Al llegar a este plano (del Emmanuel) pasamos de la cristología de José (que acoge y nombra al niño) a la cristología universal de la Iglesia, expresada por la cita reflexiva de 1, 22-23: el mismo autor del evangelio reflexiona, desde la base de la Escritura israelita y resume todo lo anterior presentando a Jesús como Emmanuel y abriendo de esa forma un arco (o puente) que se cerrará al final del evangelio: sólo este Dios-con-nosotros podrá decir sobre el monte de la Pascua Yo-estaré -con-vosotros (con misioneros y pueblos humanos) hasta el final de los tiempos (28, 16-29) .
La cristología expresa la presencia divina en el nosotros de la comunidad y el evangelio de Mt traza un camino que lleva de la madre con niño y del padre legal hacia la comunidad fraterna donde el Cristo se expresa plenamente.
La tarea de Jesús consistirá en suscitar esa fraternidad mesiánica fundada en el don del Padre y el amor del evangelio: “Pero vosotros no os dejéis llamar Rabí; porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis a nadie Padre vuestro sobre el mundo, porque uno es vuestro Padre, el de los cielos...” (Mt 23, 8-9). Sólo posemos entender a Mt en la medida en que, partiendo de María y José, recorremos su camino de fraternidad, desde el Sermón de la montaña. Este no es un tema teórico, propio del logos helenistas (no se trata sin más), ni de organización eclesial o experiencia de misterio (no se trata de construir una nueva comunidad o pueblo de seguidores de Jesús), sino un tema de búsqueda y experiencia fraterna de vida: allí donde los humanos aprendan a compartir en amor mutuo, conforme al camino de Jesús y a su mensaje (Sermón de la montaña) sabrán que es Emmanuel, Dios con nosotros.
Pasamos así de José y María, unidos en fe y solidaridad, a la comunión de los creyentes, hombres y mujeres, que creen en Jesús, como portadores de una misma palabra de salvación, allí donde culmina el adviento.
NOTAS
He desarrollado extensamente el tema del nacimiento virginal, en diálogo con la teología y doctrina de la iglesia, en Dios como Espíritu y persona, Sec. Trinitario, Salamanca 1989, 353-436; he planteado el mismo tema en perspectiva mariológica y eclesial, en Amiga de Dios. Mensaje mariano del NT, Paulinas, Madrid 1996, 117-143. Visión monográfica en S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia IV. Nacimiento e infancia de Jesús en San Mateo, BAC 509, Madrid 1990. Aproximación a la figura de José, desde perspectiva protestante, en S. Benko, Los evangélicos, los católicos y la Virgen María, Casa Bautista, Barcelona 1981, 118-140. En perspectiva católica, cf. S. Blanco, J. C. R. García Paredes, R. Alonso y A. Aparicio, María del Evangelio I: Mateo, EphMar 53 (1993) 9-80; A. Serra, Biblia, NDM, 307-313; P. Grelot (ed.), Joseph et Jésus, Beauchesne, Paris 1975 (=DS 8, 1974, 1289-1323); R. E. Brown, El nacimiento del Mesías, Cristiandad, Madrid 1982. Entre los comentarios, cf. M.-J. Lagrange, Matthieu, ÉB, Paris 1948, 9-18; A. Schlatter, Matthäus, Calwer, Stuttgart 1963, 10-24; U. Luz, Mateo I, BEB 74, Salamanca 1993, 135-153.
(1) Pablo sabe que no son Hijo de Dios los “hijos de la carne”, sino aquellos que nacen según la promesa (Rom 9, 8). Eso significa que el verdadero esperma o descendencia de Dios se expresa y expande en línea de promesa universal, simbolizada por Abraham, en plano de fe o confianza universales, superando el nivel de la ley nacional que José, como varón y patriarca, debería haber garantizado. La conversión de José implica para Mt el cumplimiento y superación de todo patriarcalismo humano y religioso (como ratifica 23, 8-12).
(2) Esta acción de Dios en María pertenece al mito originario, a la experiencia y despliegue fundante del misterio de la vida, como han visto, entre otros: Acevedo, C. M., Mito y conocimiento, Iberoamericana, México 1993; L. Cencillo, Mito. Semántica y realidad, BAC, Madrid 1970; G. Durand, Las estructuras antropológicas de lo imaginario, Taurus, Madrid 1982; F. Gusdorf, G. , Mito y metafísica, Nova, Buenos Aires 1960; R. Panikkar, The Intrareligious Dialogue, Paulist, New York 1978; Id., Myth, faith and hermeneutics, Paulist, New York 1979; G. Widengren, Fenomenología de la religión, Cristiandad, Madrid 1976, 169-188. Este mito básico, que aquí viene expresarse por medio de María, madre de Jesús, sitúa el nacimiento de Jesús en el transfondo de la experiencia y deseo universal del nacimiento divino, que aparece de algún modo en casi todas las religiones de la tierra. Lo que el judaísmo legal había cerrado (Dios se expresa sólo a través de las leyes de vida de un pueblo) se abre ahora hacia la totalidad de la experiencia humana: lo divino se expresa como fuente de vida en el surgimiento de un niño.
La concepción virginal es mito no el sentido de mentira o simple cuento, de leyenda o relato edificante, sino porque nos sitúa en el origen y principio de toda realidad, allí donde Dios se expresa poderoso en nuestra misma vida humana (maternidad/paternidad y filiación). Defensores y adversarios de este mito lo han venido interpretando con frecuencia en un nivel puramente histórico-biológico, diluyendo de esa forma su sentido. Mt lo sitúa en un nivel más hondo, de surgimiento fundante y así nos permite dialogar con una tradición religiosa universal, pues muchos pueblos saben que en la base de la generación verdadera humana actúa y viene a desvelarse el más hondo Espíritu divino. Mt añade que la acción del Espíritu generador de Dios se ha expresado de forma ejemplar y para siempre por María.
Para un estudio del transfondo religioso del tema, cf. S. Benko, The Virgin Goddes. Studies in the Pagan and Christian Roots of Mariology, SHR 49, Brill, Leiden 1993; R. Panikkar, Dimensione Mariane della Vita , Locusta,Vicenza 1970. En línea histórico/teológica, desde diversas perspectivas, cf. T. H. Boslooper, The Virgin Birth, SCM, London 1962; J. C. R. García Paredes, Mariología, SapFide, BAC, Madrid 1995; R. Laurentin, Les Évangiles de l'Enfance, Desclée, Paris 1982; I. de la Potterie, Maria en el misterio de la alianza, BAC 533, Madrid 1993. Análisis del transfondo teológico en S. de Fiores, María en la teología contemporánea, Sígueme, Salamanca 1991.
(3) Reelaboro de esta forma mi tesis mariológica fundamental (María como la primera creyente de la historia), expuesta en La Madre de Jesús, Sígueme, Salamanca 1990. Para estudiar mejor el tema, además de comentarios a Mt y de obras sobre María que venimos citando, cf. R. E. Brown (ed.), María en el NT, Sígueme, Salamanca 1982; J. McHugh, La Madre de Jesús en el NT, DDB, Bilbao 1978; Muñoz León, D., El principio trinitario inmanente y la interpretación del NT, EstBib 40 (1982) 19-48; 277-311. Para una aproximación al sentido y obra del Espíritu Santo en la concepción de Jesús, cf.: M.A. Chevalier, de Dios, I. Secretariado. Trinitario, Salamanca 1982; M. D. G. Dunn, El Espíritu Santo y Jesús, Secretariado Trinitario, Salamanca 1981; C. Schütz, Introducción a la Pneumatología, Secretariado Trinitario, Salamanca 1991; E. Schweizer, El Espíritu Santo, Sígueme, Salamanca 1992
He presentado el sentido de Yahvé en el primer itinerario de El camino del Padre, EVD, Estella 1998. Para un estudio más profundo del tema, cf. Transfondo histórico y estudio sobre el origen y sentido del nombre de Yahvé en A.M. Dubarle, La signification du nom du Yahveh, RSPh 35 (1951)3-21; R. de Vaux, Historia antigua de Israel I, Cristiandad, Madrid 1974, 315-348; T. N. D. Mettinger, Buscando a Dios. significado y mensaje de los nombres divinos en la Biblia, Almendro, Córdoba 1994, 31-64; W. Eichrodt, Teología del AT I, Cristiandad, Madrid 1975, 163-208.
(4) Estas observaciones nos sitúan en el lugar donde se vinculan maternidad y paternidad de Dios, el Espíritu (María) y la Palabra (José). Interpretación antropológica y teológica del tema en L. Armendáriz, El Padre materno, EstEcl 58 (1983), 249-275; S. del Cura, Dios Padre/madre, en Dios es Padre, Sem Estudios Trinitarios 25, Salamanca 1991,277-315; R. Hamerton-Kelly, Theology and Patriarchy in the Teaching of Jesus, Fortress, Philadelphia 1979; P. Ricoeur, “La paternitè: du fantasme au symbole”, en Id.,Le conflit des interprétations, Seuil, Paris 1969, 258-473; R. R. Ruether, Sexism and God-Talk, SCM, London 1983; Ph. Trible, God and the rethoric of sexuality, Fortress. Philadelphia 1978; A. Vázquez, Freud y Jung. Dos modelos antropológicos, Sígueme, Salamanca 1981, 88-120; Id, “Los símbolos familiares de la Trinidad según la psicología profunda”: EstTrin 14 (1980) 4-69; A. Vergote, Psicología religiosa, Taurus, Madrid 1973, 191-216 . Para una visión exegética y teológica, cf. F. X. Durrwell, Nuestro Padre. Dios en su misterio, VI 110, Sígueme, Salamanca 1990; A. Torres-Queiruga, Creo en Dios Padre, Sal Terrae, Santander 1986. He planteado con cierta detención el tema en La Madre de Jesús, Sígueme, Salamanca 1989, 287-406.
(5) Según Gen 3, 20 , es el varón (que no es ya Ha-Adam, ser humano en general, sino Adam, hombre concreto) quien descubre y confiesa la supremacía de la mujer, llamándola Eva, Jawah, Vitalidad. Conforme al relato anterior (Gen 2-3), la mujer había estado buscando su identidad en camino conflictivo, queriendo de algún modo hacerse diosa y siendo de hecho la protagonista de la historia, fundadora de la estirpe humana (cf . Gen 3, 15). Pues bien, ahora es el varón quien le da nombre: Eva, La Viviente. De esa forma reconoce y expresa la identidad y supremacía de la mujer: ella es Eva, Jawah , madre de aquellos que viven/son. Por eso aparece especialmente vinculada con Yahvé, que es también vida, pues los dos nombres (Eva-Yahvé, jawah/jayah) están relacionados; cf. H.N. Wallace, Eve, ABD II, 676-677; A. Bonora, La creazione: il respiro della vita e la madre dei viventi in Gn 2-3, PSV 5 (1982); J. Bergman, Hayah, ThDOT III, 369- 371. Sobre el matriarcado como principio religioso he tratado en Hombre y mujer en las religiones, EVD, Estella 1996. Cf. también: E.Neumann, Storia delle origini della coscienza, Astrolabio, Roma 1978; Id., La grande madre. Fenomenologia delle configurazioni femminili dell'inconscio, Astrolabio, Roma 1981; A. Ortiz.Osés, Mitología cultural y memorias antropológicas, Anthropos, Barcelona 1987.
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Muy Felices Fiestas
Rahner es donde centro, por que así lo ha querido, el Destino, el Espíritu, o los idus de Marzo, ese gran error, yo ni siquiera sabía de él o de su poderoso, no-ensotanado e impune alumno hace unos años. Y la esperanza de que su discurso teológico pueda reemplazar el usual me perece otro error. Hay en él, a lo mejor, una fuerte tendencia a ir dando vueltas y vueltas alrededor de su propia cabeza y, a lo peor, otra más disfrazada, a la complicidad con la fechoría. Pero aquí estoy volviendo a lo personal además de tener en mente cosas como el nazismo o su "woozle" más que sus libros de los que solo he leido dos y con apuros.
Debeis trabajar mucho más los temas de la gracia justificante y la Redención como salvación a tutiplé, y esto en el mundo "projimo". Por eso señalé a John Wesley, y hay otros, como alguien del que los evangelizadores pueden aprender. ¿Caritas in Veritas?
Seguiremos otra vez. Ahora tengo que atender a la Navidad familiar.
Muy F...
Galetel gracias por aceptar en parte mi comentario.
Como dije una vez el tema del abuso de la "gracia justificante" (por parte de uno de los 50 hombres más poderosos del mundo, un católico "progre"), me afectó a mi de manera muy directa y trágica. Su potencial para el mal es para mi desgraciadamente evidente.
Para no personalizar demasiado, vayamos al último email de XP, en el que tal "gracia" le lleva de manera acrobática a afirmar "somos dioses". La cuestion de la "otridad" que en Jesus, Dios parece abordar, torna confusión y evasión. Pero dejando las teologías aparte, no solo se niega la realidad psicologica puntual del otro si no quizá la misma humanidad como relación real y creciente. Es probablemente una "defensa maníaca" clásica y solo el plural impide la apertura a la disociación o al delirio
Rahner es donde centro, por que así lo ha querido "Quiensea", este gran error. Y la esperanza de que su discurso teológico pueda reemplazar el usual me perece otro error...
Pues claro que es una grosería, y no hace falta ser más delicada de lo normal para verlo así. Además de una patochada, en el sentido biologicista que no significa absolutamente nada.
En cuanto a la Iglesia, condenò a Galileo, para que Josué pudiera parar el sol, y desde luego, queda claro que eso de que el sol salga por oriente y recorra el cielo hasta el poniente, no es más que una forma de verlo y una forma de hablar.
A mí me parece esencial el dogma, pero bien entendido, en el sentido de que Dios-con-nosotros es iniciativa divina, sin estupideces y chorraditas que son obviamente groseras además de obsoletas y me quedo corta.
Pero como parece que a más de tres, se le caerían los palos del sombrajo si se les explicara el asunto con un poco de sentido común, pues cada cual que crea lo que quiera, pero la alternativa sigue vigente para los que nos negamos a pensar mal de Dios, al que no creemos absurdo. Y como la Iglesia somos todos, incluso Galileo, yo tranquila.
Porque creo que TODOS somos llamados a participar de la gracia de Jesucristo, y tendremos TODOS oportunidad de aceptarla (incluso los que no conocieron históricamente a Jesucristo o a su Iglesia, o los que la rechazaron en su oportunidad histórica). Creo que habrá oportunidad indefinida para ello, para TODOS, más allá de la historia y de la muerte, hasta llegar a pertenecer por libre aceptación, quien quiera, a la Iglesia escatológica: el Cuerpo Místico de Jesucristo del cual la Iglesia histórica es únicamente un imperfecto y reducido anticipo.
Saludos cordiales.
Alredol:
Estoy totalmente de acuerdo en que Jesucristo culminó (en un sentido) e inauguró (en otro) una Nueva Alianza, una Nueva Creación. También estoy de acuerdo en que, en esta Novedad en marcha, la Iglesia cristiana –cuyo germen estableció Jesús, pero sólo el germen— es la heredera y portadora de la gracia de la Nueva Alianza, que es la misericordia salvadora de Dios en Jesucristo. Pero no creo que esa gracia se otorgue en exclusiva o como predestinación privilegiadora de quienes integren la Iglesia en una determinada instancia histórica. Creo que esa “gracia” no ha debido cosificarse ni monopolizarse nunca por parte de la Iglesia. La Iglesia es una servidora de la Humanidad entera, para llevar a TODOS la gracia salvadora de Jesucristo, sin exclusividad, ni predestinación, ni privilegio de nadie.
Muy agradecido GALETEL por el dato que me suministra.
No es caso para mí, en este momento. Dice que el heterodoxo de ayer es el ortodoxo de hoy y el heterodoxo de hoy será el ortodoxo de mañana. Precisemos. Alguno considerado heterodoxo por alguien (no por la Iglesia oficialmente) se ajusta hoy a lo que acepta la Iglesia como ortodoxo; heterodoxos de antes siguen siendo heterodoxos hoy; algunos a los que, no oficialmente, se considera por alguna Jerarquìa heterodoxos quizá en el futuro la Iglesia admita que están dentro de la ortodoxia; heterodoxos de hoy serán heterodoxos mañana y así...
Yo sólo pretendía aclarar, modestamente, que la Iglesia dice lo que dice y no se pueden "estirar" los argumentos hasta hacer decir, por ejemplo, a Ratzinger cosas que no ha dicho, pero que aprovechando que él dice que "pudo..."se retuerza para decir que dijo lo que no dijo.
"Cuando discutimos palabras nos es muy difìcil no disputar sobre significaciones" que dejó escrito Ortega y Ga...
Muy agradecido GALETEL por el dato que me suministra.
No es caso para mí, en este momento. Dice que el heterodoxo de ayer es el ortodoxo de hoy y el heterodoxo de hoy será el ortodoxo de mañana. Precisemos. Alguno considerado heterodoxo por alguien (no por la Iglesia oficialmente) se ajusta hoy a lo que acepta la Iglesia como ortodoxo; heterodoxos de antes siguen siendo heterodoxos hoy; algunos a los que, no oficialmente, se considera por alguna Jerarquìa heterodoxos quizá en el futuro la Iglesia admita que están dentro de la ortodoxia; heterodoxos de hoy serán heterodoxos mañana y así...
Yo sólo pretendía aclarar, modestamente, que la Iglesia dice lo que dice y no se pueden "estirar" los argumentos hasta hacer decir, por ejemplo, a Ratzinger cosas que no ha dicho, pero que aprovechando que él dice que "pudo..."se retuerza para decir que dijo lo que no dijo.
"Cuando discutimos palabras nos es muy difìcil no disputar sobre significaciones" que dejó escrito Ortega y Ga...
Moisés:
http://www.scribd.com/doc/31243304/17-La-Ortodoxia-Comentarios-de-Teologia-Emergentista
Ya se que hay aquí muchos problemas y poca teología pero algún concepto ha salido del mismo R. y no llego a más aun.
Ah, en caso de que se me confunda: el capìtulo 9 de la Introducción al C. tiene un aspecto "edrasico", es decir patrimonial, solo que ahora es la Iglesia la heredera exclusiva. No estoy en general contra la iglesia católica, pero creo que el cristianismo es algo demasiado serio importante y profundo para dejarlo enteramente en manos de la "Iglesia". Espero que más y más católicos lo entiendan así.
En cuanto al tema de la Redención hay un problema enorme aceptando como puedes recordar,lo de la "gracia justificante", el por la "gracia de Dios", etc y claro la predestinación. Como muchas veces se interpreta, niega la libertad al hombre y su realidad psicologica, no aborda el problema del mal y justifica abusos y corrupciones del poder incluidos en la Iglesia. Una alternativa solida a las doctrinas A, B, y al pelagianismo es muy necesaria.
Trataré Galetel de mantener esa doctrina "B" abierta desde una perspectiva histórica, creo. Dices:
"Los que verdaderamente la niegan SON los que rechazan la necesidad de la Redención obrada por Dios mediante Jesús, rechazan la Nueva Creación por creer que basta con la Antigua".
Acepto la idea de una "Nueva Alianza" obrada por Jesus. La antigua acabaría en la cruz con él como rey judío (mesías davídico) muerto y emergiendo (?) como Mesías-Cristo para el futuro. Se entiende que el judaismo como entonces era, patrilineal, dejaba de tener sentido ("vosotros no sois mi familia") y Dios buscaba un nuevo pueblo elegido, el de la cruz. El rechazo de la nueva alianza era adhesión al judaismo racista patrilineal que creo se alzó con el "patrimonio" alrededor de la obra de Edras. Jesús pudo ser hijo así de José o de madre soltera pero "edrasicamente" virgen.
Ya se que hay aquí muchos problemas y poca teología pero algún concepto ha salido del mismo Ratzinger y no ...
GALETEL: en su opiníón (y de muchos católicos, añade) la Iglesia deberìa.... decir que NO necesita creer que Jesùs no tuvo un padre biológico humano. Es su opinión, pero NO LA DE LA IGLESIA CATÓLICA. Asì están las cosas.
SOFÌA: lo de la "groserìa" hablando de estas cosas de Marìa, es de agradecer por la delicadeza de Vd. La Iglesia Católica no opina así. Y no se puede marear la perdiz del "sentido profundo" o el "superficial biologicista". La Iglesia lo tiene claro.
Otra cosa es que sea verdad o no. Estas cosas de creencias no se pueden comprobar física ni personalmente. Son asì. La Iglesia lo dice, nosotros lo creemos o no o a medias o... a lo que nos parezca. Pero la Iglesia dice lo que dice.
Y no hay más.
Cada persona, aparte de la comunión eclesial católica, puede pensar y decir lo que quiera, pero no puede decir lo que la Iglesia dice lo que no dice.
Saludos cordiales y, en lo posible, clarificadores
Gracias, Moisés y Sofía, por señalar cuál es el punto:
La Iglesia Católica, en mi opinión (y de muchos católicos), debería establecer claramente que un católico, para estar en comunión plena, debe creer en la “virginidad de María” en el sentido evangélico y teológico, pero NO necesariamente en el sentido biológico; es decir que NO necesita creer que Jesús no tuvo un padre biológico humano. PIDO LA ALTERNATIVA.
Gracias por poner los comentarios, Galetel
Moisés,
Es cierto que pudo no significa màs q eso, y que como para Dios nada es imposible tambièn es posible el milagro, aunque no fuera necesariol Pero la interpretación adecuada del dogma de la virginidad no exige que Jesús careciera de padre biològico y por tanto, yo afirmo ese dogma de la siempre virgen es absolutamente cierto en el sentido profundo de lo que es la virginidad, porque en el sentido superficial biologicista de la "virginidad" como sello que lleva un objeto que garantiza que es de primera mano, ese significado grosero materialista es un planteamiento ofensivo para las mujeres en general, y una ofensa grosera a la siempre Virgen simplemente el mero hablar del tema.
Machismo y superficialidad
GALETEL: volvemos a lo mismo. Jesucristo, en teorìa PUDO TENER un padre biológico humano, pero NO LO TUVO.
Por esta idea no es que debamos luchar (cada uno puede luchar por lo que le dé la gana); es que quien pretenda estar en comunión con la Iglesia Católica TIENE QUE ACEPTAR que Jesucristo NO TUVO UN PADRE BIOLÓGICO HUMANO. Si no le importa estar en comunión con la Iglesia puede pensar o decir lo que le parezca: que tuvo un padre biológico (¿cómo lo sabe?), que Jesucristo no existió (muchos lo han dicho y dicen, incluso "pozos" o "pináculos" de ciencia, a lo menos en su opinión), o lo que sea. Lo que no pueden decir es que siguen la doctrina de la Iglesia.
La virginidad de María, lo mismo: SIEMPRE VIRGEN en el sentir de la Iglesia Católica. Siempre, es siempre. Sin más.
La “alternativa correcta”, en cambio, la que cree correctamente en la “virginidad de María”, reconoce sin ningún problema que Jesús pudo tener un padre biológico humano y ser a la vez Dios-Hijo sin contradicción; completamente humano y completamente divino a la vez. Esta no es sólo una idea mía y de Sofía y de unos cuantos, sino también de muchos eminentes teólogos y clérigos católicos, entre ellos Ratzinger. Pienso que debemos luchar para que sea la idea de la mayoría de los católicos, si no de todos.
Saludos cordiales.
Los que verdaderamente la niegan SON los que rechazan la necesidad de la Redención obrada por Dios mediante Jesús, rechazan la Nueva Creación por creer que basta con la Antigua, rechazan que Jesús haya sido realmente Dios-Hijo, el Dios-con-nosotros, por creer que fue solamente un hijo-de-Dios como cualquier otro ser humano, aunque ejemplar.
Tanto los primeros como los segundos niegan la doctrina oficial tradicional de la Iglesia (“doctrina A”), pero los segundos (“doctrina B”) se pasan de largo hasta negar el Evangelio, a mi juicio, en tanto que los primeros, si aceptan al mismo tiempo a Jesús como Dios-Hijo, restauran el verdadero sentido del Evangelio (“la alternativa”).
Hay un claro nexo entre la interpretación biológica de la virginidad de María y las concepciones equivocadas de la Redención que he llamado “doctrina A”. Se trata de pensar equivocadamente la divinidad de Jesucristo como separada de lo humano.
Alredol:
Escribiste a Sofía que: “Entiendo que Galetel, tu y otros querais ver el tema Mariano sin referencias sexuales o rebajándolas mucho de nivel y me parece bien. Pero la Iglesia tanto teologos como fieles, no han pensado así y aun hoy dudo que en general lo hagan.”.
Me parece que tienes razón, desgraciadamente. Por eso es que conviene insistir en el verdadero significado de la “virginidad de María”, que es el que aceptamos muchos católicos hoy en día, no sólo Sofía y yo y algunos otros, sino además famosos teólogos y clérigos católicos como el propio J.Ratzinger, como se ve claramente en su “Introducción al Cristianismo” cap. 9.
Según la correcta interpretación del dogma, los que verdaderamente niegan la virginidad de María NO SON los que la negamos en sentido biológico, aceptando que Jesús pudo tener, y seguramente tuvo, un padre biológico humano.
María cree, acepta y acoge, como representante del “resto fiel de Israel”, que mantuvo incólume su confianza en Yahvé hasta en las situaciones más desesperadas. Pero es “virgen”; no tiene ella sola la capacidad de engendrar al Salvador, ni puede recibirla de un varón humano. El ser humano, por fiel que sea, no puede ser capaz de auto-redimirse. Necesita de Dios.
“Si Dios no construye la casa, en vano se afanan los constructores”
(Salmo 127).
En resumidas cuentas, es perfectamente aceptable que Jesús haya sido hijo biológico de José y María, y A LA VEZ “concebido por obra y gracia del Espíritu Santo en Santa María Virgen”, como han sugerido destacados teólogos (Althaus, Ratzinger y Küng entre ellos). No hay verdadera oposición ni contradicción, porque la acción inmanente del Espíritu de Dios no es nunca intervención “extrínseca”, y mucho menos en este caso, por antonomasia. No es extrínseca, pero aporta la Novedad absoluta indispensable.
Esto dice Yahvé:
“¿Recordáis lo pasado? ¿Pensáis en lo antiguo?
Yo voy a realizar algo nuevo.
Ya está brotando. ¿No lo notáis?
Voy a abrir caminos en el desierto
Y haré correr los ríos en la tierra árida.”
(Isaías 43,18-19)
La virginidad es similar a la aridez, a la esterilidad: mientras la hay, no se puede esperar el hijo. Pero Dios actúa y engendra. El nacimiento de Jesús “de una virgen” es un concepto que hace patente la acción del Espíritu “ex nihilo” además de “ex-vétere” (de la nada además de de lo antiguo). Jesús no es sólo producto de la humanidad, de la naturaleza, de la creación antigua. Es la primicia de una Nueva Creación. Hay pues, en su concepción, una diferencia radical respecto de toda la historia anterior.
Pero Dios es el Creador a partir de la nada. Cuando todo parece perdido e imposible, Él se complace en crear la solución inesperada.
Abraham y Sara rieron incrédulos al recibir el anuncio de un hijo, puesto que tenían más de noventa años, pero fue Dios el que rió el último, al nacer Isaac (= Dios ríe).
En buena lógica, de la nada, nada se puede esperar. Pero Dios crea el universo de la nada. Dios crea la vida a partir de lo inanimado, y el espíritu humano a partir de la animalidad. Con Dios puede emerger lo superior de lo inferior, puede haber verdadera novedad. Es el Espíritu de Dios el que provoca la emergencia creativa del proceso evolutivo cósmico. Y es el Espíritu de Dios quien realiza la Redención a pesar de la infidelidad, de la inutilidad, de la perversidad de los hombres. Él transforma lo estéril en fértil.
Comprendo que estas “explicaciones” son vagas, incompletas e insatisfactorias; pero es que no puede explicarse satisfactoriamente lo inexplicable según nuestros conceptos limitados humanos. Lo que sí está claro –pienso- es que la “virginidad de María” no explica nada tampoco, al revés de lo que pensaron los antiguos. Puede creerse en ella, pero no puede deducirse de ella la filiación divina de Jesucristo. Tiene, sin embargo, otro sentido teológico rico y profundo
La virginidad de María encuentra su paralelo en Lucas con la esterilidad de su prima Isabel, madre de Juan Bautista. También en otras ocasiones el nacimiento de un “ungido” ha provenido –según las Escrituras- milagrosamente de una mujer estéril; es el caso de Isaac, de Sansón, de Samuel. La esterilidad y la vejez, de una futura madre, representan la incapacidad natural de producir el hijo, la imposibilidad del acontecimiento según los cánones naturales y humanos. No se puede esperar que ocurra.
La manera de explicar la presencia de ambas naturalezas –humana y divina- en Jesucristo, no puede de ninguna manera basarse en la presencia biológica de ambas cargas genéticas. Y si se piensa en un predominio misterioso del aporte divino sobre el aporte humano de María, también puede pensarse en una acción así del Espíritu sobre un óvulo fecundado normalmente, por un padre biológico humano.
No es necesario –ni siquiera lógico- que el Espíritu Santo actúe en el mismo plano que una fecundación biológica humana, para que Jesucristo sea el Hijo de Dios. El apelativo de “Hijo de Dios” para Jesucristo tiene un sentido único y especial, mucho más fuerte que el lazo que implica la palabra ‘hijo’ en el sentido biológico. La paternidad de Dios, debida a la acción del Espíritu Santo, es en cualquier caso abrumadora y absolutamente predominante sobre la paternidad (y la maternidad) biológica humana.
Naturalmente, es posible que la acción del Espíritu conlleve la concepción virginal (sin intervención de hombre alguno) en María. (Hablando de la obra del Espíritu de Dios, todo es posible). No obstante, pienso que esto no explica gran cosa, ni es necesario para afirmar la filiación divina de Jesucristo.
No explica gran cosa, porque actualmente sabemos que la “aportación de carga genética” no es exclusiva del padre sino que también hay aportación genética de la madre. En eso, entre otras cosas, difiere la concepción moderna de la antigua, ya que el papel de la madre no se concibe ya como el de un mero receptáculo pasivo. Si se dice que “Dios aporta su carga genética al óvulo de María”, hay que tener en cuenta que ese óvulo humano de María contenía antes la mitad de la carga genética que interviene en la concepción de Jesús.
Como Sofía ha dicho que “Sobre el dogma es 1 lástima q se haya borrado lo mucho bueno q han dicho Galetel y JMGonzález.”, me tomaré la libertad de repetirlo (lamento tener que borrar otros comentarios y no poder repetir lo comentado por JMGonzález).
“Desde el punto de vista teológico se establece una neta distinción entre la filiación divina de Jesús (hecho ontológico y proceso ocurrido en la eternidad) y su concepción en la naturaleza humana (hecho biológico y acontecimiento temporal).
La realidad de Hijo de Dios - sostienen P. Althaus y J. Ratzinger - sería compatible con la paternidad física de José, precisamente porque se trata de dos planos distintos: ‘Nacimiento de Dios y generación humana —concluye H. Küng— no entran en competencia’.”
(Tomado de http://www.mariologia.org/dogmasvirginidad10.pdf )
.. es otro.
JM González apuntó varias ideas interesantes, y la cita de Ratzinger q dio Galelel tb ilumina bastante el asunto. Pero en mi opinión, la idea básica es q la encarnación d Dios se produce por iniciativa divina libremente acogida por María, actitud q dura toda su vida.
Sobre el dogma es 1 lástima q se haya borrado lo mucho bueno q han dicho Galetel y JMGonzález.
Sobre el machismo del falso concepto de "virginidad" como valor supuestamente femenino, no se ha dicho aún nada d nada, xq el planteamiento adecuado se darça cuando no se practique el reduccionismo y se amplíe el estudio del concepto a todas las comunidades que comparten este concepto d virginidad, y para mí está claro q no tiene q ver con la sexualidad más q muy indirectamente, y tiene más q ver con el machismo y sistema de propiedad.
En todo caso es mi honesta opinión q se podría modificar con la aportación d más datos q ampliaran el campo d estudio, no reduciéndolo.
Feliz Navidad a t...
Alredol,
Mientras no resuelva el problema de cómo contestar a las personalizaciones sin personalizar queda aparcado ese asunto.
Y volviendo al tema que planteé, porque me interesa enormemente, aunque tengo prisa y sólo serán un par de apuntes: creo que te equivocas, es decir que la sexualidad es algo secundario, no sólo respecto al verdadero significado del dogma, al que es totalmente ajeno, sino también en el otro punto que indiqué, el de la virginidad tal como la concibe en general el patriarcado machista.
Intentaré explicarme:
La virginidad como valor femenino, en la ideología machista no tiene nada que ver con que la sexualidad esté peor o mejor valorada, y se da en culturas donde la sexualidad se puede valorar bastante, pero en las que se valora muy poco a la mujer y se considera a las mujeres y a los hijos como propiedad del varón. Es decir, en el fondo es simplemente una combinación de interés económico y machismo.
En cuanto al dogma, el asunto es ...
Sofía, trataré de resumir:
Mi opinion de ti es buena, no tengas dudas. El personalizar es normal pero es mejor que uno trate de admitir tal "personalización"mas conscientemente y así es más facil evitar interminables rencillas, en cuyo curso los argumentos originales o se pierden o se vuelven rígidos y dejan de tener utilidad dialectica (perdón por esta).
Tendremos ocasión quizá de volver a varios puntos de los que hablas pero de momento un par de aclaraciones: 1-No me referí a "neurosis machista" o parecido, si no a "neurosis familiar" aquí un tecnicismo con referencias en discursos freudianos, de los que yo creo que, aun, se algo. 2- Entiendo que Galetel, tu y otros querais ver el tema Mariano sin referencias sexcuales o rebajándolas mucho de nivel y me parece bien. Pero la Iglesia tanto teologos como fieles, no han pensado así y aun hoy dudo que en general lo hagan.
Hasta otro hilo.
Postdata.
Por supuesto respeto la falta de interés de otros en lo que yo considero esencial en el tema (ya me buscaré las respuestas en otro lugar) Lo que pido simplemente es que se me deje en paz a mí.
Eso es todo.
Pues a seguir con lo vuestro.
En cuanto a lo de no querer convertir la verdad de uno en verdad única, mira por dónde sí estoy de acuerdo. Si bien Efeso queda muy lejos, lo que queda bastante más cerca es este blog, donde estaría feo que se pretendiera también expulsar a alguien y tampoco creo que se lograra nada. Así que más lectura atenta de lo que se dice y menos personalizaciones, como dices. Y cuando hay diálogo amistoso, no hay rencillas, eso está claro. Que yo sepa yo comencé saludando, agradeciendo, preguntando y haciendo propuestas.
Vosotros sabréis de qué va cada cual y por qué.
Cordialmente
A otros también les di respetuosamente las gracias, porque YO SI LEO LOS COMENTARIOS DE LOS DEMÁS Y NO LOS TERGIVERSO.
Y tengas la opinión que tengas sobre mí y mis opiniones yo considero que se atienen al tema que son pertinentes y que si otros las manipulan es su problema y no el mío. De modo que desde luego ante las faltas de respeto no me pienso callar.
Efeso queda muy atrás pero en el aquí y ahora parece q hay muchos prejuicios sueltos x el blog q en vez de escuchar los argumentos de los demás y rebatirlos o ignorarlos prefieren tergiversarlos y descalificarlos con adjetivos ridículos q harían mejor en aplicarse a sí mismos.
Y aunque a los neuróticos del blog no les interese, la pregunta del millón es la que se planteó hace mucho y os dedicáis a obviar: ¿qué significa la virginidad en el dogma? Algo de eso dijo JM González.
Y la otra ¿qué neura machista produce en tantas ideologías diferentes la hiperdimensión de la "virginidad" como hecho biológico?
Bien, Alredol, y por qué lo voy a dejar si tú no lo dejas. Al menos reconoces que hay personalización. Correcto. Pues de eso me quejo. De la tergiversación exitosa que se ha hecho de mi comentario. Pero no creo que Galetel se merezca ese comentario sobre la neurosis, y yo desde luego que tampoco, así que se lo aplicas a quien quede.
Mi planteamiento es muy simple y muy lógico, nada neurótico y nada personalizador. Como he repetido desde el principio -por mucho que haya quien lo quiera convertir en otra cosa:
- Creo que debe estudiarse esa neurosis machista que efectivamente muchos padecen respecto a la "virginidad", en todas las culturas patriarcalistas.
- Creo que debe quedar claro que el dogma no tiene nada que ver con realidades biológicas sino con lo que significa la virginidad en ese contexto.
J M González hizo en ese sentido comentarios muy interesantes que lamento que se hayan borrado en los que explicaba distintos aspectos de ese tema.
A ver si es verdad por que si parece que hay algo de personalización y de rencillas en todo esto. No es que me asombre pues al fin y al cabo, ¿que pantalla mejor para proyectar las diversas neurosis familiares que lo de Jesus, María y José? Y tal neurosis es uno de los determinantes de eso a lo que se vuelve a la mínima oportunidad: la figura de María, que como hemos visto en este blog en varias ocasiones, es un asunto multideterminado. Así vemos además temas como las vicisitudes de la sexualidad femenina, las fantasías machistas o no sobre tal, la religiosidad popular, las grandes diosas del mundo clásico, la historia de la Iglesia, el dogma de la Encarnación y algunas cosas más.
Creo que lo importante, y no pretendo hablar "intra Ecclesia", es que no se usen las posibilidades que tal entramado brinda como si reflejaran una verdad ültima ünica. Ya se expulsaron a bastantes con lo de Efeso y eso no reforzó el cristianismo.
Pues lo he encontrado bastante personalizado, utilizando incluso expresiones mías. Sí que pensaba eso hasta este post, en donde he observado cambios significativos. Y también lo dejo, porque parece que mis comentarios no van a ser comprendidos de todas maneras.
Sofía:
Mi comentario no versaba sobre tu persona o tus ideas. Lo has interpretado mal. Personalizas indebidamente. Sabes perfectamente que yo no tengo nada contra ti sino todo lo contrario. Pero ya está bien; dejemos esto.
sino de dejar claro que el origen del dogma de la "virginidad" no se basa en el odio a la sexualidad como decia otra persona, aunq en su interpretación biologicista, esté contaminado el dogma del MACHISMO GENERAL HEREDADO DE OTRAS CULTURAS.
Y si recalco lo del PATRIARCALISMO MACHISTA, en general -y utilicé esa misma expresión en el primer comentario mío, anterior a los reduccionismos posteriores de otros y sin llevar la contraria a nadie ni aludiendo a ningún "y otros más"- lo recalco, porque me interesa dejar bien claro que el mismo machismo existe en clérigos q en laicos, en partidarios d la continencia y partidarios de la poligamia, d modo q si se quiere solucionar el problema del machismo y el concepto biologicista d la virginidad, habrá q comprender la raíz del problema.
Naturalmente son 2 temas:
1- Exégesis del dogma.
2- Machismo
El 1 atañe a la Iglesia principalmente.
Lo 2 atañe a todos los machistas.
Me asombra y me decepciona tu act...
No Galetel, y me sorprende mucho tu tergiversación, que ciertamente la encuentro ofensiva.
Por cardar la lana quiero decir provocar aludiéndome después de haber hecho yo un comentario impecable cordial y sin aludir a nadie acusándome de querer llevar la contraria por centrar un tema en su punto justo.
Me parece insultante tu interpretación y es lo último que esperaba de ti. Ya veo el interés con que me lees.
-Creo que está claro que fui la primera EN PEDIR UNA REINTERPRETACION DEL DOGMA DE LA VIRGINIDAD, de modo que no sé a qué viene tu comentario. Creo que he mostrado repetidas veces mi más cordial desprecio a Tomás de Aquino, Agustín y Pablo, por su machismo, y más bien otros han tenido que reconciliarme con Pablo haciéndome ver las citas positivas que tiene y comparándolo con la época -en el blog de Piñero hice ese descubrimiento.
Y no se trata para nada en decir que en otras culturas más, sino de que el origen del dogma de la virginidad no es el que otros c...
Aunque sea justo y conveniente atender a la mentalidad general de la época para explicarnos el pensamiento machista de Pablo, Agustín, Tomás de Aquino, y otros, no se trata ya de esto. Se trata de que actualmente podemos y debemos abandonar ese pensamiento espurio para ser fieles a Jesucristo y a los evangelios, en su correcta interpretación que ya sabemos. La Iglesia debe arrojar sus lastres, su caparazón, y volar por delante de la mentalidad general, con las alas que le da su verdadera fe en Jesucristo, para ir por delante de la sociedad, y cambiarla. Pero para esto, y para combatir la nefasta “doctrina B”, debe impulsar la alternativa correcta a la perniciosa “doctrina A” que incluye –sí, también— la errónea comprensión y formulación de este dogma de la “virginidad de María”.
Sofía:
Si por “cardar la lana” entiendes asumir una postura defensiva de los graves errores de la Iglesia Católica al malinterpretar los evangelios en esto de la virginidad de María, y para defenderla y disculparla hacer comparaciones con otras culturas o creencias que serían iguales o peores, creo que los que así “cardan la lana” se equivocan. Pienso que los católicos debemos reconocer humildemente estos graves errores, en bien de nuestra Iglesia; no pretender disculparlos. Porque nuestra Iglesia debe ir por delante de las sociedades y las culturas para enseñarlas y corregirlas, no por detrás. Entonces debemos pedir “la alternativa” a esa errónea formulación y aplicación del dogma, con decisión. Esta debe ser nuestra lucha.
Postdata
Hay un error: soy partidaria de EVITAR instrumentalizarlos (es decir, de evitar el reduccionismo para utilizarlos como munición, desenfocando el problema, en función de los propios intereses)
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital