Con ocasión de la Navidad 2010, quiero ofrecer a los lectores de mi blog unas notas bibliográficas de libros principales que se han escrito y se vienen publicando sobre la historia de Jesús. Esto es lo que puedo y quiero aportar.
Los primeros y mejores libros sobre la historia de Jesús siguen siendo los evangelios, y a ellos remito. Pero al lado de ellos hay otros que pueden ser muy útiles, como guía de lectura, y así empiezo por uno que parece sencillo, pero que es muy importante. Se ha traducido al castellano con el título Métodos de exégesis de los evangelios. Ventanas sobre Jesús (Verbo Divino, Estella 2004). Su título original era Windows on Jesus: Methods in Gospel Exegesis (SCM, London 1999). Éste es el primer libro que quiero recomendar a todos los lectores de mi blog, no para que sepan lo que otros dicen sobre Jesús, sino para que ellos mismos aprendan a mirar y miren directamente hacia Jesús, para así conversar con él.

Es un libro escrito para estudiantes y para grupos de personas que están interesadas en el estudio de la Biblia (especialmente del Nuevo Testamento), de manera que ellos mismos puedan acceder de un modo directo al estudio de la vida de Jesús. Los evangelios son unas ventanas que nos permiten mirar hacia Jesús para entenderle; eso es lo que tenemos: varias ventanas que nos permiten mirar hacia Jesús, por si queremos bajar a la plaza o a la calle para hablar con él.
Ofrezco aquí la conclusión que el mismo W. Weren, profesor holandés de exégesis e historia bíblica, ha querido presentar al fin de su libro, recogiendo su investigación. Sirva de ayuda para aquellos que no pueden leer directamente el libro.
Jesús como figura histórica . Un esbozo global
Tras estas reflexiones sobre el método, me aventuraré a ofrecer un esquema global de la actividad de Jesús . No se puede dudar seriamente de su existencia. En la actualidad nadie le considera como una figura puramente mítica.
Jesús nació entorno al año 6 antes del comienzo de nuestra era, bajo el emperador Augusto, en los últimos años del reinado del Rey Herodes el Grande (37-4 a. C.) . La datación normal está fundada en los cálculos de Dionisio el Exiguo, un monje del siglo VI d. C., que quiso calcular el año del nacimiento de Jesús pero, probablemente, se equivocó. Según las fuentes, fue un hijo de María y de José, un carpintero. Probablemente nació en Nazaret, no en Belén .
Mateo y Lucas sitúan el nacimiento de Jesús en Belén. Ellos intentan destacar de esa manera que Jesús proviene de la estirpe del rey David. Los historiadores tienden a seguir a Jn 7, 41-42: “¿Puede el Mesías venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías es un descendiente de David y que proviene de Belén, la ciudad de David?”. Estas palabras están puestas en boca de personas que toman el hecho de que Jesús no nació en Belén como argumento en contra de su mesianidad.
No conocemos virtualmente nada sobre los primeros treinta años de su vida. Los historiadores encuentran aquí una gran laguna, que las fuentes posteriores han llenado con material fantástico que tiene, con toda claridad, un origen cristiano. De hecho sólo conocemos una cosa: que Jesús creció en Nazaret, un pequeño pueblo de Galilea, no lejos de la ciudad de Séforis, en la que se han encontrado muchos restos arqueológicos, que muestran una fuerte influencia de la cultura greco-romana. Jesús tuvo una educación judía y al alcanzar la edad adulta estaba familiarizado con la herencia religiosa de su pueblo.
Al final del año 27 o a comienzos del 28 tuvo lugar un acontecimiento que se ha tomado como un momento de cambio básico en su vida. Hasta entonces él había llevado una existencia tranquila; desde entonces empezó a actuar en público. El comienzo de su carrera pública, que duró en torno a dos años, está marcado por su bautismo por Juan, en el río Jordán, en la periferia del mundo habitado. La figura de Juan debemos situarla dentro de los movimientos de renovación judía de su tiempo. No parece que formara parte de la comunidad de Qumrán, aunque existen algunos puntos de contacto entre la doctrina de Qumrán y la suya. A pesar de su ascendencia sacerdotal, Juan se situó a cierta distancia del centro de culto nacional, del templo de Jerusalén. Él se vio a sí mismo como el profeta escatológico encargado de anunciar la ruptura del orden antiguo y la llegada inminente del reino de Dios y puso de relieve el carácter catastrófico de ese acontecimiento. La salvación sólo era posible si uno se convertía y sometía al rito de bautismo que él administraba: por ese rito se alcanzaba el perdón de los pecados, fuera del espacio cultual del templo. Jesús se unió al movimiento dirigido por Juan, se hizo bautizar por él y después permaneció probablemente por un tiempo en compañía del Bautista. Conforme a los evangelios, Jesús comenzó su ministerio únicamente después que Juan había sido arrestado por Herodes Antipas, el tetrarca de Galilea y de Perea. Conforme a esta visión, Juan fue el precursor de Jesús y ambos asumieron la misma tarea. Pero también es posible que Jesús se hubiera separara ya antes de Juan, el año 28, comenzando su propia misión; en esta caso, los dos predicadores hubieran realizado a la vez su actividad, durante un tiempo, uno al lado del otro.
Jesús tomó de Juan la idea de que el reino de Dios está cerca y proclamó un mensaje que, en muchos puntos, se parece al anuncio del Bautista. Pero su mensaje ofrece también algunas diferencias bien marcadas. Jesús rechazó una visión unilateral de la venida del Reino de Dios, llena de rasgos catastróficos, y también una idea apocalíptica conforme a la cual la venida del Reino sería un acontecimiento que tendría lugar muy pronto, trayendo consigo el fin de la historia. Jesús presentó a Dios como Padre bueno, que abre un nuevo futuro para hombres y mujeres, sobre todo para los pobres, los enfermos y los expulsados de la sociedad. Habló de este nuevo futuro en términos sencillos, en parábolas y semejanzas, y combinó su predicación con una llamada urgente a la conversión.
No es seguro que Jesús tuviera la costumbre de ir a Jerusalén de un modo regular, con ocasión de las grandes festividades. Según Juan, él se trasladaba arriba y abajo, entre su patria de Galilea y Jerusalén de Judea. Pero, de acuerdo con los sinópticos, él actuó sobre todo en Galilea, donde a lo largo de sus viajes permaneció en aldeas y pequeños pueblos. Jesús evitó los grandes centros urbanos como Séforis y Tiberíades. Mostró una particular preferencia por los pueblos de la ribera Norte del Mar de Galilea.
Su fama se extendió con rapidez, sobre todo por razón de sus curaciones y exorcismos. No hay duda de que Jesús debió tener dones carismáticos, que le dieron la posibilidad de realizar acciones especiales. Dentro del contexto del judaísmo de su tiempo y también en el entorno no-judío, no resulta un hecho excepcional el que surgieran sanadores y exorcistas. En este punto existen semejanzas entre Jesús y algunas figuras judías bien conocidas, como Hanina ben Dosa y Honi, el Trazador de círculos. Jesús estaba convencido de que sus acciones especiales mostraban que él gozaba del favor de Dios y que se hallaba lleno del Espíritu Santo. No todos aceptaron esta pretensión. Sus críticos le acusaron de actuar bajo el influjo de un poder diabólico. Al principio, a Jesús le criticaron también sus familiares. Sólo después de su muerte comenzaron esos familiares a juntarse con el círculo de sus seguidores.
Desde el comienzo de su actividad, Jesús reunió discípulos a su lado. Él presentó a sus más fieles seguidores como a “los Doce”. De esa forma expresó su convencimiento de que el Reino de Dios implica ante todo un cambio para el conjunto de las doce tribus de Israel. Entre sus compañeros más constantes se incluían también muchos otros, tanto varones como mujeres, dato que resultaba muy poco frecuente entre los maestros judíos. Entre las mujeres que siguieron a Jesús ocupa un lugar especial María de Magdala. Los discípulos tomaron parte en la misión de Jesús. También ellos se convirtieron en portadores del mensaje que él debía predicar, y mostraron a través de su actividad que el reino de Dios es una realidad que está presente ya.
Aunque no rechazó el contacto con los no judíos, Jesús limitó deliberadamente la esfera de su actividad a Israel. Los paganos podrían participar en las bendiciones de Dios sólo si ellos procuraban vincularse al pueblo judío. Las difíciles discusiones que surgieron en el primitivo cristianismo sobre la forma en que los no-judíos podían ser admitidos en la comunidad cristiana muestra que Jesús no ofreció una solución expresa en este punto. Pero las comunidades posteriores no se situaron ante el tema con las manos totalmente vacías, sino que, para buscar una solución, pudieron inspirarse en un modelo típico de su conducta. Jesús había entrado en relaciones amistosas con gentes que ocupaban una posición marginal en la sociedad de su tiempo (“publicanos y pecadores”) y había compartido su mesa con ellos. En su enseñanza, Jesús concedió un lugar central a los aspectos fundamentales de la Torá, que son el amor a Dios y el amor al prójimo, pero acentuando el carácter abierto de esos aspectos y diciendo que ellos se aplican también a los extranjeros y enemigos y a la gente que, a la luz de las obligaciones rituales del judaísmo, podía interpretarse como impura.
Históricamente no podemos afirmar que Jesús pusiera en duda la autoridad de la Torá, enfrentándose por ello con los fariseos. En contra de eso, debemos afirmar que Jesús compartió en muchos aspectos las convicciones de los fariseos. La corriente farisea constituía movimiento de renovación del judaísmo, que interpretaba la Torá Escrita (el Antiguo Testamento cristiano) como una fuente indispensable de inspiración para buscar soluciones a nuevos problemas. La idea de que los fariseos se convirtieron en sus archi-enemigos y que fueron ellos los que tomaron la decisión de matarle resulta anticuada y ha sido superada. Es difícil situar a Jesús de un modo más preciso en el contexto de las discusiones de su tiempo en torno a la Torá. A veces descubrimos coincidencias de Jesús con una tendencia judía de aquel tiempo, a veces con otra. En aquel tiempo, el judaísmo era un conjunto pluriforme, constituido por agrupaciones y tendencias muy distintas entre sí.
Esto no impide que Jesús empezara causando provocación desde muy pronto. He indicado ya que su actividad como sanador y exorcista se encontraba abierta a varias interpretaciones. Su anuncio del Reino de Dios implicaba una actitud crítica contra las relaciones existentes de poder. En sus parábolas, Jesús presentaba un mundo potencialmente amenazado por acreedores y propietarios de la tierra. En Galilea atrajo ya la atención de Herodes Antipas, el jefe local, para quien la prioridad mayor consistía en mantener con habilidad la situación política existente, evitando conflictos con Roma. Según Flavio Josefo, las consideraciones políticas jugaron un papel decisivo en la decisión de Antipas de ejecutar a Juan. Ese acontecimiento fue una señal para Jesús. ¿No terminaría también su actividad con una muerte violenta? Esta pregunta influyó en su auto-comprensión: él comenzó a entenderse a sí mismo de manera creciente, a la luz de la Escritura, como el justo sufriente (como un justo que debe sufrir).
Su actitud autónomo sobre las leyes de pureza cúltica hizo que Jesús pudiera caer fácilmente bajo la sospecha de que desacreditaba la función reconciliadora de los servicios rituales del templo. Hacia el fin de su vida (¿en el año 30?) Jesús contribuyó a que esa sospecha creciera aún más, a causa de una acción provocadora que realizó en el área del templo (la así llamada purificación del templo). Esta acción tenía un carácter explosivo, pues ella iba acompañada por la afirmación de que Dios construiría un nuevo templo en lugar del antiguo. Para el Sumo Sacerdote Caifás y para sus consejeros, que eran responsables de un cumplimiento ordenado del culto, esta perspectiva resultaba tan amenazadora que ellos resolvieron matar a Jesús. En esto jugaron también un papel los motivos de oportunismo político. A lo largo de sus años de oficio, Caifás había sido capaz de evitar, de un modo eficaz, que se encendiera la hostilidad latente de los judíos contra Roma, hostilidad que ponía en peligro la autonomía administrativa relativa que gozaban Judea y Samaría.
Tras una última cena con sus discípulos, al comienzo del 15 de Nisan, Jesús fue arrestado de noche en Getsemaní, por orden de la aristocracia sacerdotal de Jerusalén. Esa misma noche fue sometido a un breve interrogatorio. Los sinópticos mencionan una sesión formal del Sanedrín, que culminó con la decisión unánime de matar a Jesús. Históricamente es muy dudoso que todo el Sanedrín pudiera reunirse en una sesión nocturna; no podemos afirmar tampoco con seguridad que esta asamblea tuviera en aquel tiempo el derecho formal de dictar sentencias de muerte, pues ese derecho estaba en manos del gobernador de Roma. El relato de los sinópticos se encuentra impregnado de rasgos de un tiempo posterior. Los sinópticos quieren que la responsabilidad de la muerte de Jesús caiga sobre el órgano supremo del gobierno judío y ofrecen una visión bastante suave de la función de Pilatos, a fin de evitar que los cristianos posteriores cayeran bajo una actitud hostil de parte de los romanos.
Tras el interrogatorio, que debió tener un carácter informal, Caifás y sus compañeros enviaron a Jesús a Pilato, con la anotación de que ese Jesús pretendía presentarse como rey de los judíos. Pilato le condenó a morir crucificado, sin realizar una investigación detallada del caso. La sentencia se cumplió el mismo día, en las inmediaciones de la ciudad, pero fuera de ella. Cuando Jesús murió, tenía en torno a treinta y seis años. Fue enterrado cerca del lugar en el que había sido ejecutado.
Tras la muerte de Jesús, sus seguidores tuvieron unas experiencias especiales y a causa de ellas vinieron a creer que Jesús había sido resucitado por Dios. María Magdalena y Pedro ocuparon por turno un lugar preeminente en las historias sobre Jesús resucitado. Los discípulos tuvieron mucha dificultad en encontrar una interpretación adecuada para el hecho de que Jesús, a quien ellos reconocían como el Mesías, había tenido que sufrir una muerte infamante. Pero ellos encontraron la fuerza para crear una comunidad y para transmitir a otros su convencimiento de que Jesús era el Mesías y de que él seguía realizando, de manera permanente, una tarea esencial para el establecimiento del Reino de Dios.
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Navegando por Internet encontré una web de los reyes magos en la que responden cartas a los niños y también personalizan certificados y diplomas, me parece una gran idea, les dejo el link para que la visiten, www.reyesmagosresponden.com saludos!!
He leìdo con atención tanto éste como el siguiente artículo que resume bien, a mi modo de ver, la candente (¡desde hace dos milenios!) cuestión de Jesucristo, máxime desde que los racionalistas abrieron un camino crìtico que, afortunadamente, continùa.
Mi propósito de ahora es sólo comentar unas palabras, en negrita : "Tras la muerte de Jesús sus seguidores TUVIERON unas experiencias especiales y A CAUSA DE ELLAS VINIERON A CREER que Jesùs había sido resucitado por Dios". No duda, pues, sino afirma con toda contundencia que TUVIERON esas experiencias y VINIERON A CREER... Es decir, a priori, se niega que fuera un hecho real la resurrección de Jesucristo. Estas expresiones es claro que no se ajustan en modo alguno a lo que dice la Iglesia. Parece conveniente, alejándonos momentáneamente de toda controversia, aclarar cuestión tan esencial: la fundamental del cristianismo.
Estimado Xabier:
Para mí, la cuestión de si Jesús nació en Belén o en Nazaret es una simple curisidad histórica.
Ahora bien, creo que el Evangelio de Juan es confuso porque, junto a la cita que has hecho, en el Capítulo 4 dice que Jesús "abandonó Judea y volvió a Galilea. Tenía que pasar por Samaria...[episodio de la mujer samaritana]...partió de allí [Sicar] para Galilea. Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta."
Insisto en que el lugar de nacimiento me parece una mera curiosidad histórica. Ahora bien, ¿a qué se refiere aquí Juan con patria? Me parece que se refiere a Judea, pues los galileos le reciben bien y, en cambio, a lo largo del Cuarto Evangelio Jesús es perseguido en Jerusalén.
Sábado, 2 de junio
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