Dom 29 Tiempo ordinario. Ciclo C. Lc 18, 1-8. En una de las páginas más hondas de la filosofía del siglo XX, E. Levinas, judío bien curtido en opresiones, nos habló de la eficacia del “rostro suplicante”; el mayor poder del mundo no es la bomba, ni un Estado pretendidamente soberano, ni una Iglesia triunfante, sino un rostro impotente que mira y suplica, pues lleva en el fondo toda la energía de Dios. En una línea convergente se sitúa hoy el testimonio de la viuda del evangelio, que sólo cuenta con su rostro suplicante y con su grito para exigir justicia, siendo así capaz de cambiar al juez inicuo.
Las viudas son para la Biblia judía y cristiana el prototipo de los necesitados, personas sin derechos familiares (no tienen ya padre, ni tienen marido ni hijos), sometidas a la arbitrariedad de los poderosos. Pues bien, las viudas aparecen de un modo especial en el evangelio de Lucas, que seguimos leyendo este domingo:
Está la viuda del nacimiento de Jesús (Lc 2, 37);
Está la viuda y madre del hijo muerto de Naím (Lc 7, 12);
Está la viuda que da todo lo que tiene, la mejor cristiana(Lc 21, 2-3).
Hoy está la viuda suplicante, la del grito que todo lo consgue (Lc 18, 1-8).
En contra de los que piensan que no merece la pena salir a la calle y gritar (en plano social y religioso, político y eclesial) habla este evangelio , que nos sitúa ante el grito de la viuda, capaz de cambiar el orden injusto del sistema.
Muchas veces queda sólo un grito, pero un grito que es más hondo y eficaz que todas las voces opresoras, huecas, prepotentes, del sistema dominante. Ese grito de la viuda que llega al corazón de Jesús (y al mismo cerebro del juez injusto) sigue siendo para nosotros promesa de vida.
Ciertamente, es necesaria la justicia, con el buen pensamiento, con el compromiso de instituciones e iglesias. Pero, en el fondo de todo, según el evangelio, importa y logra más el grito insistente de las viudas, que claman ante Dios y ante los hombres.
Para que el mundo cambie sigue siendo necesario el grito de las viudas, la voz de todos los oprimidos del mundo, a los que el mismo Jesús dice: Juntáos y gritad al Dios omnipotente.
Texto
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: Hazme justicia frente a mi adversario. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.
Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? (Lucas 18, 1-8)
La viuda “cree” en el valor de su insistencia:
está convencida de que el juez le atenderá, si se mantiene firme y pide, una y otra vez, con actitud que puede llegar a ser “desagradable” para el mismo juez (¡puede acabar pegándole en la cara!). La súplica de la viuda (¡que no tiene más recurso que su insistencia!) puede transformar al mismo juez.
En el contexto bíblico, esta viuda que “pide justicia”, de un modo insistente, es signo de todos los pobres del mundo que sólo cuentan con eso que la tradición católica ha llamado la “omnipotencia suplicante” (aplicada a la Virgen María, cuando intercede por los hombres). Pues bien, en nuestro caso, esta viuda es la Virgen María, que es omnipotente por su forma de pedir.
Traslademos el gesto de la viuda a nuestro mundo, a todos los pobres y excluidos de la sociedad.
Ciertamente, el mal juez (los malos poderes del mundo, que no creen en Dios ni en la justicia) pueden ignorar a los que piden, gritan, se manifiestan. ¿Qué le importa al sistema la vida o muerte de los pobres? ¿Qué le importa al capitalismo la suerte de los miles de hombres y mujeres que mueren cada día de hambre o abandono? No, en un primer momento, a los jueces del mundo no les importa nada. Ellos van a lo suyo: su justicia particular, si imperio, su dinero, los demás que mueren. Pero esa respuesta no está tan clara: ¡Si todos los pobres gritan, como esa viuda, el sistema tiembla!
Ésta parábola no es una palabra particular (circunstancial) de Jesús, sino que ella recoge la experiencia más honda de la Biblia, desde los hebreos de Egipto que gritan y Dios les escucha (Ex 2). En contra de lo que se dice, al final de todo no está el triunfo militar de los más fuertes, ni el poder del dinero, sino el poder más alto, la omnipotencia del grito, un grito incesante, de no-violencia activa.
El problema está en que la mayoría callan o se doblegan ante el sistema,
pidiendo pequeñas migajas, subsidios pequeños…, para que todo siga igual. Pues bien, en contra de eso, esta viuda grita, en gesto de manifestación radical. ¡Una y otra vez se eleva ante el juez!, que controla los grandes poderes del mundo (tiene a su servicio el ejército, la policía, la cárcel y el dinero). Pero la viuda tiene algo más fuerte: Su grito insistente, su protesta continua, su “huelga” sin fin (su no-violencia activa).
Si todas las viudas del mundo gritaran, si todos los que están engañados por esta sociedad elevaran la voz y se plantaran, los grandes jueces tendrían que decir, pues no se pude vivir en este mundo enfrentándose a todos.
La omnipotencia de los que gritan, pidiendo justicia
He visto el rostro de esta viuda por doquier,
aquí en Castilla donde vivo, en la Iglesia de la que formo parte,
y, de un modo especial, entre los hombres y mujeres que sufren y llaman, a lo largo y a lo ancho de la tierra.
Por eso creo que este mundo tiene solución..., creo que existe una respuesta, porque el grito de los llaman ante Dios y ante los hombres tiene una fuerza infinita.
Vivimos en un mundo que parece dominado por la voz de los que viven de olvidar, por la propaganda de un sistema que quiere silenciar todos los gritos y engañarnos a todos con el circo mediático de las mentiras organizadas. Pues bien, en contra de eso tenemos que comprometernos a elevar la voz, como tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo:
Ésta es la voz de O. Romero, que pidió justicia y fue asesinado el año 1981… Le mataron los jueces injustos y mentirosos (¡por lo menos el de la parábola de Jesús confiesa que no cree en Dios!), pero su voz sigue resonando, y son muchos los juces que acabarán cediendo.
Ésta es la voz de I. Ellacuría y sus compañeros, asesinados el año 1989… Mataron sus “cuerpos” externos, pero su voz sigue gritando, más fuerte que todas las voces de sus jueces.
Ésta es la voz de Jesús, que gritó en contra de las injusticias, a favor de la justicia del Reino, pero fue asesinado… ¡Es evidente que no lograron acallar su voz, que sigue resonando, como la primera de las voces de la historia de occidente!
Ésta es la fe de los que creen que la oración constante acabará siendo escuchada…
Humanamente hablando, esa voz parece muy débil: ¿Cómo puede compararse a los millones y millones de dineros del sistema, a las armas infinitas del imperio, a la injusticia organizada de los jueces del mundo? Externamente, esa voz era muy poco:
una voz en el micrófono de cada domingo (M. Romero),
una palabra en la cátedra (Ellacuría),
un simple grito en la calle (viudas y viudas).
No es nada y sin embargo esa voz ha sido y sigue siendo más poderosa que todas las armas y dineros del sistema.
Acabará pegándome en la cara…
Ciertamente, el sistema puede matar esas voces… pero si las mata a todas acaba destruyéndose a sí mismo. Los jueces del mundo necesitan de las viudas y los pobres, pues sin ellos no son nada. Por eso, allí donde todas las viudas del mundo se junten y griten, negándose a colaborar con el sistema, allí donde miles y miles de hombres y mujeres protesten (¡sin necesidad de armas!) el sistema caerá.
Ésta es la presión popular, esta la revolución de todas las viudas del mundo, es decir, de todos los pobres, una revolución que tiene que empezar, desde el evangelio.
Lo que pasa es que, muchas veces, los que deberían protestar con la viuda (con ella) prefieren ajustarse al sistema “por un plato de lentejas”: prefieren pactar con el juez, con el imperio… Ésa ha sido la actitud de gran parte de las iglesias organizadas, de las jerarquías oficiales, de los que dicen que nada puede cambiar. Ésa es la actitud de los que no creen en Dios (aunque se digan siervos suyos, aunque parezcan expertos en vivir el evangelio).
Sólo esta “protesta” de las viudas y los pobres, unidos pidiendo justicia, harán que el sistema cambie… porque los jueces del mundo tendrán miedo, miedo de los pobres que pueden “pegarles”, sin necesidad de armas: dejando de trabajar para ellos, dejando de obedecerles, dejando de respetarles como si ellos fueran signo de Dios.
Cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará esta fe en la tierra?
Éste es el tema, ésta la pregunta.
¿Creemos también nosotros como cree esta viuda, en la justicia final y en la salvación para los pobres? ¿Creemos de verdad o preferimos pactar con el sistema, es decir, con el juez injusto que no cree en Dios ni se interesa de los hombres?
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(sigo con el "ser o no ser")
........¡qué sueños
vendrán en ese sueño de muerte!
Tal consideración es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. Pues ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor rechazado, las demoras
de la ley, del oficial la insolencia,
y el desprecio con que los mezquinos tratan
al mérito paciente, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo
con un puñal desnudo?
.........
Sino fuera por lo de los "sueños" uno creería que Shakespeare era el primer nihilista desde el Eclesiastes. Esperemos que sean los "sueños" de los justos, de los misericordiosos, de los pobres, de los que lloran, y que si son pesadillas se resuelvan bondadosamente.
Galetel:
Puedo pensar claro en una identificación de mi mismo a Jesus: casi siempre he llevado cruces a cuestas; incluyendo las que, al menos en parte, salieron de mi propia fábrica, que han sido las más y no las menos pesadas o prescindibles más bien al contrario. Creo que esto es un aspecto central en lo que usted llama la doctrina B. La identificación inversa, de un Jesus solidario, que no dudo lo fue, pero incluyendo el futuro, es mas dificil de creer, pero abre posibilidades. La Resurección no es un asunto fácil. La eternidad ni siquiera sé si es deseable.
Desde otro ángulo: lo de las "necesidades" bien pero no estoy seguro que palabras como "deseo" o "demanda" sean fiables; quizá aspiraciones, llamadas, etc lo digo por que deseo y demanda tienen significados en psicología y política que no siempre es bueno satisfacer, si es que tal satisfacción es posible. Quizá el gran bardo lo puso mejor que nadie:
"¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la m...
Yo he decidido CREER firmemente en esa solución -llamada Redención- porque responde a mi anhelo más íntimo.
Y he decidido, en consecuencia, colaborar a ello en lo que pueda, porque se nos ha transmitido que Dios admite y solicita nuestra modestísima colaboración.
Saludos cordiales.
Hemos recibido un mensaje, una buena noticia, que se nos ha transmitido de una manera u otra, que ofrece esa solución. Dice que Dios, el artífice último de la realidad, ha actuado y está actuando para rehabilitar a todas las víctimas del pasado, del presente y del futuro, para hacerlas vivir felices, definitivamente libres de todo mal moral y físico, es decir, más allá del sufrimiento y de la muerte, eternamente. Dios lo ha hecho, lo hace y lo hará mediante un hombre histórico y su contexto antecedente y consecuente: Jesucristo, solidarizándose en él con TODAS las víctimas, para hacerlas solidarias de su propia Vida.
¿Será posible? ¿Será creíble? ¿Será más posible y creíble que la realidad absurda de un mundo INJUSTO para siempre?
Gracias, Alredol. Me parece muy lógico que cada uno tengamos nuestro propio punto de vista. Así nos enriquecemos mutuamente.
Creo que el mío lo podría resumir muy brevemente:
Me parece que la realidad que conocemos no puede ser JUSTA mientras haya una sola víctima que no encuentre NUNCA rehabilitación y satisfacción. Quiero decir “víctima” en el sentido de que no haya encontrado felicidad y satisfacción a todos sus deseos y necesidades al cabo de su vida. Y me parece que la realidad está llena de víctimas de ésas, en mayor o menor grado. Pienso en los millones de personas que han vivido una vida desgraciada, y que han muerto sin poder alcanzar paz ni felicidad: Esto no puede ser JUSTO, ni puede dejar de inquietarme profundamente.
¿Habrá que resignarse? ¿Será utópico esperar otra cosa? ¿Es siquiera imaginable una solución completa?
Ah y he apreciado Galetel, algunos de los comentarios tanto suyos como de Sofía.
Yo también lo siento, aunque le pido que no se desanime. Las razones de mi falta de entendimiento podrían estar en buena parte en un problema de atención del cual las causas son principalmente objetivas; por ejemplo vivo en un mundo con bastantes demandas y alguna distracción; hago referencia en todo caso a una doctrina X
Trataba de comentar en lo de A y B, su referencia a Ratzinger y quizá entendí mal. Pego lo que he escrito más atrás, en este sentido, que quizá ayude:
"Ya nos dirá los nombres de esos exegetas Galetel. Gracias.
Por mi parte me refería a fragmentos como el que parece centrarse en la "parabola" de "un niño que tiene que cruzar un bosque", que no solamente es irreal sino que se enreda con supuestos que creo que están equivocados y así no acaba convincentemente. Valdría quizás la pena debatir la "Introducción..." basado en fragmentos así, y otros claro más afortunados"
Alredol:
Siento mucho que, pese a mis esfuerzos, y los de Sofía y otros, aun no vea Vd. alternativa a las doctrinas A y B, porque sigue insistiendo en que si no es una, tiene que ser la otra. Yo le aseguro que, aunque creo en los sacramentos, no tengo un pie en la doctrina A, ni en la B como Vd., sino los dos bien plantados en la alternativa que intento explicar.
Galetel.
Hemos estado más de 1500 años con la dictadura de la doctrina A, y creo que muchos como usted aún tienen un pie en ella. Quizá haya que dar más posibilidades a la doctrina B (o a la X quien sabe) y elaborarla en profundidad en el mundo actual, pues de la doctrina A hay poco que se "salve". Pero para esto la Iglesia (y me refiero aquí principalmente a los de arriba, sean curas o no) tendría que reducir o incluso abandonar su papel de propietaria o admisnistradora de tales cosas como la gracia y la justificación a posteriori, las indulgencias, las infalibilidades y las excomuniones (hoy trasformadas en insultos solapados y exclusiones), la palabra privilegiada, los sacramentos, las santificación de las elites complices etc, y adoptar un papel pastoral y crítico realmente comprometido sin tantas prevendas o teologías.
Y esto no lo va a encontrar fácil. Serán los cristianos si acaso.
"...personas sin derechos familiares (no tienen ya padre, ni tienen marido ni hijos)..."
¿De donde se saca usted esto? Yo diría además que una viuda sin hijos o con hijos ya crecidos solo es, en general y en el contexto de la narración testamentaria, solo medio viuda. Lo de los "necesitados" es actualizar el texto como metáfora para hoy, porque en los últimos años la viudas de antaño han ido desapareciendo y no digamos las de la Biblia. Pero esto hay que hacerlo con sumo cuidado pues en lugar de tirar de los varios hilos de rico significado que la narración puede tener, es fácil armarse un gran lío, que lo único que significa es que hay injusticias en el mundo y que eso está mal. ¡Pues vaya!
En todo caso tres hurras por la viuda y esperemos que Dios tengo oídos por lo menos tan finos como le juez de la historia que más que injusto es comodón (¿funcionario de concurso oposición o algo así?)
Si te he entendido Sagrarío ,solamente me dió la sensación ,que hablabas como ..con "dolor propio o muy directo " si no es así ,me alegro infinito.
A Burbuleta: Parece que no se interpreta bién el sentido de mis palabras, al citar "viudas". Yo personalmente, entiendo, que la Biblia, habla de las viudas como ejemplo de soledad, sufrimiento e impotencia. Y como lo entiendo lo expreso. Relacionándo ese dolor evangélico, con el dolor que día a día lo viven millones de seres humanos. El ejemplo que hoy se cita de las viudas del evangelio, lo tenemos en muchas situaciones, porque, ¿que diferencia hay entre una mujer que abandonó a su padre y su madre, para unirse a un hombre, que éste fallece, se queda sola con sus hijos, desamparada por la sociedad y la justicia?, con otra mujer, que por las razones que sean, no se casó, trabajó sin cesar en su profesión, atiendió a sus mayores, (y menores), y allí donde fué nacesario. Y que un buen día, le arrebatan todo lo que tenía. Perdió a sus mayores, no tenía esposo ni hijos, solo tenía su coraje y fortaleza, para seguir luchando por los ideales que solamente ella sabía.
No hay más e...
Pero, para Dios, los necesitados somos TODOS.
Nosotros, POR haber creído firmemente en este significado, debemos sacar la lección insoslayable: si somos seguidores de Jesucristo debemos actuar como él, apoyando y auxiliando a los necesitados en sus reivindicaciones, para que se realice -también mediante nosotros- la justicia redentora de Dios.
y actúa para hacerles justicia con una celeridad opuesta, por motivos opuestos.
Si en el caso de las reivindicaciones ante los poderes inicuos de este mundo puede esperarse obtener justicia, CON MAYOR RAZÓN puede esperarse obtenerla de parte del poder justo y misericordioso de Dios (en otro plano: el de la Redención). Este es el sentido de la parábola. No para exhortarnos directamente a apoyar las reivindicaciones de los necesitados ante los poderes del mundo, porque para eso basta con el humanismo. Ni siquiera para exhortarnos a que lo hagamos como repercusión de nuestro cristianismo, porque esto viene después, como CONSECUENCIA de lo que la parábola quiere transmitir.
La parábola trata de exhortarnos a que confiemos en que DIOS escucha y atiende los gritos de todos los necesitados, y actúa para auxiliarlos y redimirlos mediante Jesucristo.
Que las viudas y todos los demás marginados y desfavorecidos del mundo protesten ante los poderes inicuos, y que los cristianos debemos ayudarles en esas protestas para provocar el cambio a una sociedad justa, es algo que conviene siempre –y sobre todo hoy en día— recalcar y recordar. Hay que exhortar y amonestar para que esta actitud reivindicatoria “antisistema” se produzca y se acreciente, en nombre del humanismo y también en nombre del cristianismo. Porque DEBE ser repercusión insoslayable de la fe cristiana. Esto es indudable.
Pero ésa NO es la intención de la parábola. Eso se refiere sólo a lo que Jesús ha tomado como comparación-por-oposición para hablar de OTRA COSA MÁS IMPORTANTE AÚN: LA ACCIÓN REDENTORA DE DIOS en favor de “sus elegidos”.
Las viudas, y todos los necesitados del mundo, son esos elegidos de Dios, quien escucha sus gritos con una disposición completamente opuesta a la del juez inicuo,
Sagrario :me llama mucho la atención tu comentarío ,parece destilar ,autentico dolor ..no sé muy bién a qué viudas te refieres
¿hablas del pasado ? yo,en la actualidad ,no reconozco mucho este "perfil de viuda " ,es verdad que las personas que no tengan mas bienes " las pensiones que les quedan y reducen al morir el marido ,son una auténtica pena ..quizá yo piense solo en personas mayores ,pero también hay jóvenes viudas ,hoy tienen mas recursos ..
¿hablas solo de España ? porque si hablamos de "mujeres y viudas ,de otros paises " ..la verdad que LOS GRITOS ..YA NO SE OYEN (tienen que estar afónicas ) porque las enmuceden de por vida
Sagrarío ,estoy de acuerdo contigo "la realidad ,siempre supera la ficción "
Si te hace bién ,te doy fuerza ..por este medio ,también llega
LOS GRITOS DE LAS VIUDAS ,SON LOS GRITOS DE TODAS LAS SOLEDADES
¡Que excelente relato! y ¡cuantas aplicaciones..!! y ¡cuantas viudas se pueden incluir en él, en España y en el siglo XXI!..! La justicia (la injusticia) y en la actualidad, con su impunidad y prepotencia, puede sobrepasar
todas las parábolas. La ¡injusticia! ha destruído y destruye actualmente, dejando a miles de españoles, viudas, viudos, huérfanos.., en la mismísima indigencia; Y por ese grito de ¡justicia! y su persistencia en defender sus derechos y sus bienes (arrebatados impunemente), a algunas (viudas), se las ha incapacitado (judicialmente) e (injustamente), sin derecho a rechistar. No solo la justicia, sino la sociedad entera, mira para otro lado. Se les coloca el cartel de ¡enfermos mentales!, se les mira como ha ¡apestados!, y los medios de cumunicación se callan, no quieren entrar en ello. ¡Este es el actual sistema en el siglo XXI!. Supera a Epístolas y Parábolas. Xabier, has tenido un gran acierto con tu comentario, pero si lo deseas, te ayudo a actualizarlo.
¡Excelente comentario Xabier! ¡Gracias!
Un aporte:
Los arqueólogos dicen que las piedras hablan;
los médicos forenses dicen que los cuerpos (asesinados) hablan...
Recordemos la "relectura" de la Epístola a Hebreos, sobre el "asesinato de Abel":
Hbr 11,4: “estando muerto (Abel), habla todavía”...
Hoy Abel sigue gritando desde aquella página bíblica, prestando su voz a...
¿A quiénes, en dónde, cuándo, por qué, para qué?
Saludos.
El texto es como un túnel de colores que se pierde en el horizonte y se deja avanzar, o como un pasillo con muchas ventanas a las que poder asomarse y ver cosas distintas (o quizá más que ver:se proyecta.No sé) o con muchas puertas que atravesar. En la angustia de la viuda no hace falta creer ya que ¿quién no ha experimentado alguna vez el infierno, los gusanos negros de la desesperación royendo las cuencas de los ojos del alma alguna vez, cosiéndonos los labios impidiéndonos orar?. Tampoco nos requiere esfuerzo padecer o ser jueces inicuos. Pero dar el salto a la fe en ese Dios vivo y justo del que habla Jesús (dice que no tarda en hacer justicia…¡!..) ese es el reto que se exhibe en el evangelio de hoy, por el que por ejemplo el citado Ellacuría expuso su vida. El reto de aceptar que Jesús como profeta anuncia cosas que se cumplen. Cosas que se cumplen porque también podemos ayudar a que se cumplan.
Yo tengo esa esperanza, no sé si habrá un fin bueno para el mundo, pero espero que lo haya, porque hay demasiadas injusticias, porque unos pocos lo tienen todo y viven a costa de una gran mayoría que no tiene nada o casi nada. Ya hemos visto la crisis que comenzó en el 2008 cómo nos sigue afectando, cómo ha perjudicado enormenente a la población que vivía de su trabajo y cómo ha beneficiado, tambien enormemente, a los especuladores de este mundo en que vivimos. Les han inyectado nuestros dineros y, sin control o con muy pocos controles de los estados, han vuelto a especular igual que lo hacían antes. Y los de abajo sufriendo recortes de todo tipo.
¿Cómo gritar? ¿Ante quien gritar? ¿solo ante Dios? Cierto que la bendita internet es un espacio de encuentro y de acción, pero todavía no hemos hecho una campaña mundial de grito con resutados eficaces. Si yo supiera... pero el camino es por aquí, a través de la red.
Algunos nos hemos apoderado de sus dones, haciendo oídos sordos al reclamo de quienes también quieren participar de ellos. Pero, , como dice Xabier: “muchas veces, los que deberían protestar con la viuda (con ella) prefieren ajustarse al sistema “por un plato de lentejas”: prefieren pactar con el juez, con el imperio… Ésa ha sido la actitud de gran parte de las iglesias organizadas, de las jerarquías oficiales, de los que dicen que nada puede cambiar. Ésa es la actitud de los que no creen en Dios (aunque se digan siervos suyos, aunque parezcan expertos en vivir el evangelio)”.
Mi pregunta final no es si “Dios encontrará Fe”, sino si los marginados/as encontrarán abogados defensores en nosotros/as, o preferiremos seguir acomodándonos por temor a que una “revolución” de valores nos desplace del asiento que hemos conseguido, cerrando los ojos a la existencia de todas esas “viudas” que se arrastran fuera de los límites de nuestro sistema político-económico civilizado.
La “viuda”, en esta parábola, está encarnando a los que ahora llamamos “marginados/as”, por haber quedado al margen de los derechos ciudadanos que todos los demás disfrutamos. Me parece paradójico que la “viuda” del evangelio tenga tantos arrestos como para estar dando la tabarra a un juez corrupto. Los marginados de nuestra sociedad, no suelen tenerlos. Se sienten impotentes ante las circunstancias. Su marginación suele abarcar a todas las áreas de su ser: salud, autoestima etc. Debemos ser los demás, los que conocemos que esa persona es una persona con la dignidad de toda persona, los que reclamemos y hagamos todo lo posible para que recuperen su identidad de sujeto en la sociedad. Para ello, es los valores de nuestra sociedad deben cambiar. Hay que pasar del individualismo egoísta, a la solidaridad amorosa. El “grito” debe ser el nuestro. Pero no a Dios, sino a nosotros mismos. Dios ya nos lo ha dado todo. Y algunos nos hemos apoderado de sus dones, haciendo los oídos sordos a
La petición de la oración nada cambia en Dios sino en el corazón del suplicante: crea confianza, gratitud, alegría... fe, esperanza y caridad! He ahí la perspectiva de toda oración que no recurre a la fuerza de la demanda sino a la generosidad del Creador que "conoce nuestras necesidades antes de que se las formulemos".
Hace muchoa años ...una persona cercana ,una educadora mia ,me dijo en una conversación ,algo ,que nunca he olvidado ...medio en broma ,medio en veras :" No pidas nada ,quizá lo que pidas ,no sea precisamente lo que mas te convenga "
A nivel ,individual ,creo que esta "frase " puede ser ,positivo aplicarla .
Generalmente es mas gratificante ,menos compremetedor ,DAR GRACIAS ,aunque en muchos momentos de nuestras vidas ,pensemos que no "tenemos muchos motivos para dar gracias ..si comenzamos haciendo una lista...sale interminable,lo que pasa ,si nos ponemos las gafas de "no ver ...porque para lo que hay que ver ..!..terminamos de verdad ,no viendo ..ni un elefante volar
Pero viendo "el panorama general ...si me atrevo a pedir ,si me atrevo a gritar
...
¿O encontrará que, por rechazo de la “doctrina A” hemos llegado a profesar la “doctrina B” sin hallar alternativa?
“Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”
Al fin de nuestras vidas, ¿nos encontrará Jesucristo creyendo en su Redención?
Ciertamente en injusta Capitalismo sigue sordo ante miles de viudas, pero hoy aquí en Venezuela,se habla de un socialismo para reivindicar a los pobres. Pero es desde la violencia impositiva, socialismo que esta en este momento pactando para comprar armas, para crear energía nuclear (¿ pacifica?). Un tal socialismo sostenido por el poder militar cada día mas poderoso. Me resisto a creer que esto sea socialismo
En este pasaje del Evangelio, las palabras de Jesús hacen una comparación. Por un lado, se trata de un juez injusto que actúa fastidiado por la insistente viuda; esto corresponde al modo como actúa el poder humano movido por la protesta de los desfavorecidos. Por otra parte está el poder de Dios, que se CONTRAPONE al juez, porque Dios es justo y no actúa por fastidio sino por Amor hacia “sus elegidos”, que son todas las víctimas del proceso (TODOS), a quienes hace justicia sin tardar mediante la instauración de su reino/reinado por Jesucristo.
Es un razonamiento “a fortiori”, por oposición, no por analogía: Si hasta el poder humano que es injusto llega a hacer justicia por fastidio y por temor... cuánto más el poder divino que es justo llegará a hacerla por compasión y por Amor.
Pero nosotros “no sabemos pedir lo que nos conviene”, y pedimos cosas vanas, superfluas, contradictorias con nuestra libertad y con la autonomía del universo; por eso, el Espíritu de Dios acude en nuestro auxilio e intercede por nosotros con “gemidos inefables”, traduciendo nuestras peticiones absurdas a la única petición correcta: “el amor del Padre para la vida eterna”.
Para Él, nuestro tiempo humano no rige. Nuestras peticiones de redención son anteriores (ontológicamente) a la acción de su Espíritu redentor, aunque nos parezcan posteriores (cronológicamente). Como su amor es anterior a nuestro amor. Acude en respuesta a nuestro clamor, que escucha desde el comienzo de los tiempos: “En el principio existía la Palabra”; su Palabra creadora y también redentora.
“Entonces Dios dijo: ‘He visto ciertamente la miseria de mi pueblo… los he oído pidiendo ayuda a gritos… soy bien consciente de sus sufrimientos. Y he bajado para rescatarlos’”. (Éxodo 3:7-8).
Para cualquier padre de familia resulta satisfactorio y conmovedor oir las confiadas peticiones de sus hijos, aunque conozca de antemano sus necesidades. Dios, nuestro Abbá, admite, acepta, QUIERE QUE LE PIDAMOS confiadamente, como los hijos piden a sus padres, y si le pedimos pan, no nos dará una piedra.
Todas las peticiones de los hijos se satisfacen con la venida del reino/reinado de Dios. El Reino ya ha comenzado, pero no se hará público y manifiesto hasta la consumación de los tiempos. Dios ya está aquí, respondiéndonos, pero de un modo todavía oculto. Sabemos que nos escucha y nos responde, por la fe; sin la fe, no lo vemos.
La resurrección al Reino es la respuesta final y completa a nuestras peticiones, como lo fue la resurrección de Lázaro a las de Marta y María: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto nuestro hermano”. Nosotros, análogamente, quizá decimos: “Si Dios existiera, esto no ocurriría”; pero Dios llora con nosotros, porque existe y está con nosotros, aunque no lo sepamos; y su voluntad redentora lo reparará todo.
Dios, apenado y preocupado intensamente por los males y sufrimientos de sus criaturas, escucha el clamor de los humanos, que gimen en su condición limitada.
Dios ve la dificultad insuperable que los seres humanos tienen para conseguir la armonía y la paz de sus vidas. Contempla la injusticia que padecen tantos seres humanos, unos a manos de otros. Es consciente de los males de todo tipo: catástrofes, enfermedades, desamparo, etc., y sobre todo de la muerte, que los humanos –sus creaturas- deben soportar en el mundo –su Creación.
Y decide no mantenerse al margen, sino implicarse personalmente en el rescate de sus criaturas. Se hace hombre, se encarna, para solidarizarse con las luchas y los sufrimientos de los hombres, dentro de su propia historia.
No debemos pensar que el grito, en el Evangelio, manifieste principalmente la protesta por un sistema político-socioeconómico injusto.
No es sólo eso. Se trata de algo mucho más grande y profundo. Es el clamor de la consciencia ante todos los males morales y físicos de la existencia. No sólo ante el sufrimiento producido por la injusticia política, también el producido por enfermedades y catástrofes, y por el hecho mismo de la muerte.
El grito no va dirigido a los poderes humanos que puedan cambiar el sistema humano, sino a Dios, que puede cambiar el orden creado, ante el cual el ser humano es impotente.
No se trata del grito que incita a los hombres a la revolución, sino del clamor que implora a Dios la redención. La redención incluye la revolución, sí, pero la revolución no puede incluir de por sí la redención.
Hay que gritar, está claro.
Lo difícil es organizar esa no violencia activa. Pero incluso cuando no se encuentran otras soluciones alternativas, gritar que es necesario un cambio es algo que siempre podemos hacer. Mejor que callarse, desde luego. Si además encontramos alternativas mejor. Deberían ser pequeños gestos que multiplicándose cambiarán la totalidad algún día, porque lo que ocurre cuando se espera todo de los poderes revolucionarios es que la revolución consiste en una vuelta de tortilla donde el poder que corrompe se convierte en la nueva forma de explotación e injusticia.
La libertad, la democracia, los derechos humanos, el progreso moral de la humanidad no deberían tener vuelta atrás. Lo que necesitamos es encontrar nuevas formas de economía q sean más justas sin perder la libertad que nos garantiza la división de poderes y el empoderamiento de todos los ciudadanos. No queremos déspotas demagogos que gobiernen para ellos mismos en "nombre del pueblo"
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
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