Domingo 28. Tiempo ordinario. Ciclo C. En los domingos anteriores he venido comentando, con el evangelio de Lucas, unos termas importantes de economía y pobreza. El último he tratado de la fe, que mueve montañas, según aquello Hab 2, 4: "El justo vive por la fe". Hoy quiero insistir en ese último tema, con la palabra final que Jesús ha dirigido al samaritano “curado”, cuando le dice "tu fe te ha salvado".
Varios lectores de blog han insistido, y con toda razón, en la importancia de los “milagros” para Jesus y para el cristianismo. He recogido sus reflexiones, quiero retomar el tema, desde el evangelio de este domingo, diciendo el mayor de todos los milagros (y en el fondo el único) es la fe.
Así, en sentido general, puedo decir que la mayor enfermedad del mundo es la falta de fe (de confianza mutua, de arraigo y confianza en la vida), vinculada a la falta de amor y de esperanza. En ese contexto, quiero seguir diciendo que el mayor milagro es la fe, la que cura y salva, como indica este bellísimo relato/parábola de Lucas que voy a presentar y explicar, de un modo elemental.
Jesús aparece hoy como amigo de leprosos, dispuesto a comenzar con ellos la tarea del REino de Dios. Por eso le mataron: porque curaba (rehabilitaba) a los leprosos. Los defensores del orden social (de entonces y de hoy) no aguantan el milagro de Jesús. Por eso siguen matando (o expulsando,que es casi lo mismo).
Texto Lucas 17, 11-19
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros."
Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes."
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?"
Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado."
Primer acercamiento
No hace falta ser judío, no hace falta ser cristiano. Ante Jesús son todos iguales, judíos y samaritanos, cristianos y ateos. La lepra no distingue religiones, los leprosos del mundo (expulsados sociales) van juntos.
Pero una vez curados... ellos pueden distinguirse. Unos van a lo anterior (los judíos van de nuevo a congraciarse con sus sacerdotes, de manera que todo seguirá como estaba, más de lo mismo). Otros, como este samaritano, pueden volver a dar gracias; sólo estos, que saben agradecer, que prescinden de sus sacerdotes para vivir simplemente como humanos, en gratitud gozosa y comprometida, se han sanado de verdad.
Una reflexión sobre el milagro
Ahora podemos condensar en breves trazos el sentido de los milagros de Jesús, tal como han sido reasumidos y entendidos por la tradición cristiana, cuando habla del “poder de Jesús”, es decir, del poder de la fe para mover montañas, para sanar a los hombres heridos, expulsados (como los leprosos).
Estos diez leprosos son todo el mundo, toda la humanidad excluida que Jesus quiere curar, con fe, es decir, con honda humanidad. Allí donde otros piensan que creer es engañarse (los hombres racionales piensan y deciden razonando sus problemas, los otros creen… como niños), Jesús sabe que creer es recibir la vida como don y comprometerse a vivirla de un modo gratuito, por amor a la vida, que es amor a los demás.
En ese sentido, el evangelio presenta a Jesús como un hombre de fe. Por eso no resuelve los problemas de los hombres ofreciéndoles un tipo de ayuda desde fuera. No les lleva a la evasión o al olvido de la tierra (de su condición humana), sino todo lo contrario: en el centro de la misma enfermedad Jesús suscita un gesto de fe en aquellos que le acogen y le escuchan. Así actúa como promotor de vida en medio de la muerte, como signo de esperanza en medio de una sociedad que parece condenada a la desesperanza.
Los milagros de Jesús, un acto de fe
Tres son los elementos que actúan en las curaciones de Jesús, tres rasgos que definen su vida y su obra:
a) Jesús actúa como mediador de fe: dialoga con el enfermo (o poseso); penetra en el lugar de su dolor, en la raíz de su misma enfermedad o su locura, como un amigo que ama, como psicólogo que discierne, como un creyente que irradia fe. Precisamente allí donde parece que la vida se encuentra condenada y fracasada ha penetrado Jesús con su fuerza de fe y amor gratuito y transformante.
b) Jesús pone a los enfermos ante el poder de Dios que definimos con todo el evangelio como "reino", es decir, como principio de nuevo humanidad. Creer en el Reino de Dios es creer en una vida distinta, en ánimo interior, en fraternidad. Como mensajero y testigo de ese Reino de Dios (que es el Reino de la vida de los hombres) actúa Jesús, encendiendo en los enfermos (y en su entorno) la llama de una fe que cura y transformr.
c) Por eso el milagro se realiza como fe. Así lo indica la tradición evangélica recordando una y otra vez las palabras de Jesús que dice a los enfermos "si crees puedes curarte" o "tú fe te ha curado". Fe es ponerse en manos de la gracia de Dios, en manos de su fuerza creadora. La fe es el gesto por el cual, superando lo que somos, nos ponemos en brazos de aquel que nos hace vivir, de aquel que nos capacita para esperar. Al llegar a este nivel puede realizarse y se realiza muchas veces el milagro.
Qué es milagro
Milagro no es por tanto algo que puede hacerse por la fuerza; si se hace por la fuerza no es milagro. Tampoco es milagro algo que puede demostrar por métodos científicos. Milagro es el descubrimiento y despliegue de la fe que actúa, que libera fuerzas interiores y que capacita a los hombres y mujeres para vivir, para comunicarse.
. Por eso se puede decir, en el caso de los milagros de Jesús, que aquel que cura de verdad Dios (poder del reino), para añadir que los milagros son gestos de Jesús, que es portador del reino; pero, al mismo tiempo, se puede y debe afirmar que los milagros son gestos de fe del mismo enfermo que se vuelve capaz de vivir con intensidad, de forma nueva
El milagro es la fe misma que actúa. Milagro es el gesto y consecuencia de aquella confianza radical que, en medio de este mundo malo, pone a los hombres ante el resplandor de Dios. La máxima actuación del hombre consiste en dejar que Dios actúa, dejándose en los brazos de su reino. Por eso el milagro no se puede programar ni demostrar; no se puede convertir después en acción de compraventa, en mercado de favores religiosos. Allí donde comienza el mercado termina el milagro. Donde se programa la feria de prodigios se apagan los auténticos prodigios, en la línea de la gracia de Jesús.
Milagro es la misma vida de la gracia, es el gesto y el impulso de amor de Dios que irrumpe, por medio de Jesús en la existencia de los hombres, el gesto de amor de los samaritanos que responden dando gracias. Por eso, toda la vida del creyente empieza a ser milagro: signo de gratuidad, canto de vida, principio de libertad.
Por los prodigios de la magia el hombre puede quedar fijado en lo exterior, en manos de poderes que le manipulan. Esto es lo que intentan siempre los grandes "buscadores" de prodigios, los que van al adivino y hechicero, al echador de cartas o al pronosticador de futuro: tienen miedo de su propia libertad; quieren que otro les resuelva los problemas desde fuera.
En contra de eso, el milagro de Jesús es principio de libertad. Me libera Dios para que pueda hacerme responsable de mí mismo, para que asuma las riendas de mi propia vida. Son muchos los, que de un modo o de otro, quieren vivir esclavizados, en manos de poderes exteriores. Quizá se refugian en la misma enfermedad, porque tienen miedo de sí mismos; les cuesta asumir una responsabilidad, enfrentarse con los grandes problemas de la vida. Pues bien, el milagro de Jesús (sobre todo en lo que toca a los exorcismos) nos lleva siempre al lugar de la libertad, al lugar donde cada uno puede y debe hacerse responsable de su propia vida.
Milagro, una fe que se hace amor
No cura Jesús para resolver los problemas de los hombres; cura para ayudarles a ser humanos, para hacerles capaces de asumir su responsabilidad en un camino de existencia abierto hacia la entrega de amor y hacia la muerte. Dos son, en esta línea, los componentes fundamentales de todo milagro de Jesús:
a) El milagro es gesto de amor: Jesús mira a los hombres y tiene compasión, pues los encuentra encorvados, aplastados en la tierra. Por eso, como mensajero de la gratuidad de Dios quiere ayudarles, ofreciéndoles la mano, dándoles su cariño, haciéndoles capaces de asumir su propia vida.
b) Al mismo tiempo, los milagros son invitación a la libertad: Jesús quiere que los curados, liberados de la enfermedad, los que superan el abismo de su locura o de la lepra, puedan hacerse responsables de su vida. En fórmula paradógica, podríamos decir que Jesús cura a los hombres para hacerles capaces de asumir en libertad su propia muerte como gesto de entrega por los otros. Los samaritanos curados tienen que iniciar ahora una nueva travesía de libertad, por encima de los ritos anteriores (a los que vuelven los judíos, que no han entendido a Jesús, a pesar de cumplir externamente la palabra de Jesús (ir donde los sacerdotes)
Jesús, sanador
Jesús ha curado a muchos enfermos, viniendo a presentarse como profeta poderoso en obras y palabras", pero luego es "impotente" en el Calvario, siendo allí el más “poderoso de todos”, aquel que puede amar y ama hasta la muerte. Por eso le acusan los contrarios diciendo que es un mago fracasado. Al obrar de esta manera desconocen su mensaje más profundo, el sentido de su fidelidad en el amor.
El auténtico milagro consiste en aprender a amar, pudiendo así entregarse hasta la muerte. Un hombre inmortal no podría amar nunca del todo, ni podría dar su vida por el otro, como han destacado algunas de las versiones modernas del "superman": un héroe inmortal, que realiza series de prodigios exteriores, viene a estar al fin como cautivo de su propia "grandeza". No puede enamorarse de verdad: no puede dar su vida por los otros.
El milagro de Jesús consiste en ser humano hasta el final, de un modo fuerte, irradiando la fuerza de la fe, que cura y limpia a los leprosos. El milagro de Jesús su misma fe en la vida. Jesús ama dando su propia vida, confiando en los demás, y haciendo que ellos puedan confiar en sí mismo, a pesar de su lepra, desde las cunetas y las alcantarillas donde yacen hacinados los leprosos de la tierra.
Jesús no es un mago que actúa mirando las cosas desde fuera, como un visitador que permanece siempre alejado de los verdaderos problemas de los hombres. Es todo lo contrario: en cada gesto de amor, en cada uno de los milagros, Jesús entrega su propia vida y de esa forma va "muriendo" por los demás, es decir, va viviendo con ellos y para ellos.
Milagros que matan
Significativamente, a Jesús le han condenado a muerte porque ha hecho milagros en favor de la libertad de los más pobres del pueblo. Le han condenado porque sus milagros desestabilizan el orden social que había forjado Israel.
Jesús no cura a unos pocos. . . , poniendo sus curaciones al servicio del sistema, como sucede en Epidauro o en los sitios donde actúan los exorcistas judíos. Jesús cura ofreciendo a los curados y a todos los pobres de la tierra un ideal nuevo de vida liberada, de amor hasta la muerte.
a) Por eso, en un primer momento, dice a los leprosos que vayan donde los sacerdotes, para volver al orden social de siempre… pues no quiere empezar apareciendo como un simple trasgresor del orden social.
b) Pero después alaba al samaritano que no va donde los sacerdotes, que “desobedece” a Jesús en un sentido externo, para iniciar una vida distinta, que no está ya dominada por los patrones de pureza de este viejo mundo.
De esta forma, los milagros de Jesús se convierten en principio de ruptura dentro de aquella sociedad establecida en la que había sitio para cojos, mancos, ciegos y posesos. . . pero dentro un sistema sacral que justificaba el orden existente, dominado por los sacerdotes de turno. Pues bien, Jesús ha roto ese sistema. Ha curado a los enfermos y a los locos para abrir su corazón y su existencia hacia una forma de existencia liberada, sin someterse ya al orden social anterior. Por eso le persiguen como peligroso, por eso le acusan de "poseso" y le acaban condenando como a un hombre que destruye el orden de la ley israelita.
El único que le recibió en su casa fue un leproso
Según la historia de Jesús de Marcos (Mc 14, 3-9), cuando todos están condenando a Jesús, sólo le recibe en su casa y le da de comer y le anima (con una mujer que allí entra con un frasco de perfume) un leproso llamado Simón. No Simón Pedro, que abandona la empresa, sino Simón Leproso, que reconoce a Jesús como amigo y sanador.
He dicho que las curaciones de Jesús, siendo gesto de amor a los pequeños. Pues bien, al mismo tiempo, ellas son una expresión de libertad. Jesús quiere liberar a los pobres y enfermos, haciéndoles capaces de vivir en gratuidad, en apertura al reino, haciéndoles capaces de gozar y de morir por ese reino.
Éste es el Jesús que ha querido a los leprosos y que ha muerto (como dice uno de los mayores investigadores bíblico de la actualidad, L. Vaage, un protestante) porque acogía en su grupos a los que hoy serían “inmigrantes ilegales y peligrosos sociales”. Les acogía y les “curaba”, es decir, creaba espacio de comunión con ellos.
Le mataron porque amigo de los leprosos
Es peligroso “alimentar leprosos”, ofrecerles dignidad, creer en ellos… Ese es el milagro, esa es la acción más alta de Jesús. Por ella le mataron.
Pues bien, cuando le entregan a la muerte y le clavan en cruz (por haber querido, acogido y potenciado a los leprosos) Jesús se sigue manteniendo fiel y llama a Dios, preguntándole si le ha abandonado (Mc 15).
Éste es el milagro de Jesús, su fe en los leprosos. Le matan para mantener el “buen” orden social, sacerdotes y soldados, que no creen en Dios (en el Dios de la Vida), sino sólo en su Dios (es decir, en su templo, en su moneda, en su ejército). Éste es el milagro, que Jesús, el amigo de los leprosos, haya mantenido hasta el final su proyecto y haya muerto en manos de Dios.
Los “creyentes” creemos que Dios le ha resucitado, que no ha podido abandonar en la muerte al amigo de los leprosos.
Los comentarios para este post están cerrados.
Los “leprosos”, a mi juicio, son metáfora de todos los seres humanos, incluidos “los ingratos y los perversos”, los poderosos, los ricos y los verdugos. Así, el milagro de Jesús no es sólo un ataque a un cierto orden social histórico establecido, sino el anuncio de una Nueva Creación universal para TODOS. En mi opinión, es cierto que fue por eso, fundamentalmente, que lo mataron quienes querían mantener su poder en el orden establecido de esa época, pero Jesús NO murió para enfrentar a esos poderosos, sino para salvar a TODOS los seres humanos de todas las épocas, también a ellos.
A mi modo de ver, el misterio de la Redención, que se anuncia proféticamente en los milagros de Jesús, supera ampliamente a las consideraciones psicológicas, sociológicas y políticas que podamos extraer de ello.
Aunque admiro la reflexión de Xabier Pikaza, en términos generales, tengo que decir que me parece que expone ciertas ideas que no están directamente vinculadas con la perícopa.
Dice:
“la mayor enfermedad del mundo es la falta de fe (de confianza mutua, de arraigo y confianza en la vida), vinculada a la falta de amor y de esperanza. En ese contexto, quiero seguir diciendo que el mayor milagro es la fe, la que cura y salva”
pero en la perícopa, la fe es en la Redención obrada por Dios en Jesucristo, que debe repercutir en –pero no es— la “confianza mutua y en la vida”.
Dice:
“Por eso le mataron: porque curaba (rehabilitaba) a los leprosos. Los defensores del orden social (de entonces y de hoy) no aguantan el milagro de Jesús. Por eso siguen matando (o expulsando,que es casi lo mismo).”
(sigue)
El que aparentemente NO tenía fe, es quien de verdad SÍ la demuestra;
el que aparentemente SÍ tenía fe, es quien de verdad NO la demuestra.
La lección es: que los que somos creyentes en Jesucristo, en su Buena Noticia de Redención, debiéramos ser los primeros en sacar las consecuencias de ser agradecidos “amando como Dios nos ha amado”, y así nuestra fe sería verdadera, y nos salvaría del todo.
Y el amargo reproche ante tamaña inconsecuencia e ingratitud se hace patente en la parábola haciendo notar que el único que no la demuestra es un “samaritano”, el que menos dispuesto habría debido estar, a priori, para aceptar la Redención.
Por lo tanto, la enseñanza es clara: todos (creyentes y no creyentes: “judíos” y “samaritanos”) hemos recibido la Buena Noticia de la redención de nuestros males físicos por Jesucristo (“curación de la lepra”), pero la mayoría no la hemos creído de verdad, especialmente los que nos decimos creyentes.
Se demuestra claramente en que no la hemos sabido agradecer como corresponde, con la repercusión que esta fe exige en nuestra actitud hacia el prójimo y hacia Dios. Son más bien los no-creyentes los que demuestran verdadero amor y reconocimiento a Dios (aunque no lo sepan) con sus obras en bien del prójimo. Por lo tanto, son éstos lo que han sido redimidos del todo, también de su mal moral (“tu fe te ha salvado”), y no nosotros.
Las curaciones milagrosas obradas por Jesús son anuncios proféticos de la Buena Noticia de la Redención: esto es, de que Dios va a eliminar los males físicos y morales que nos aquejan a todos los seres humanos. Por lo tanto, las dolencias mencionadas en los milagros son metáforas de esos males en general. Así ocurre en este caso con la “lepra”, como metáfora de todos los males físicos curados por la Redención, que no puede sanar el ser humano sin auxilio de Dios.
Pero, a la inversa, la curación de los males morales no puede realizarla Dios si no hay reconocimiento y aceptación consciente y consecuente de la Redención por parte del ser humano. Los diez leprosos experimentan todos la curación de su mal físico, pero sólo uno reconoce consecuentemente en ello la obra redentora de Dios en Jesús.
Gratuidad: calidad de gratuito; arbitrariedad, carencia de fundamento.
Este concepto como los de Redención y Justificación y otros similares o emparentados son dudosos tanto conceptualmente como en su práctica. Han sido, son y serán explotados y manipulados por el Poder.
A Jesus se le ejecutó por sedicioso pues la cruz solo se usaba con tales o con esclavos. Tambén lo fueron los dos "ladrones". La liberación significativa fue la de Barrabás, el marrón que Jesús se comió fue el una rebelión en la que se mezcló y quizá lideró, desde un angulo pacifista y mesiánico, que incluia la oferta de una Nueva Alianza a los judíos. Lo de los samaritanos, mercaderes, y su captura por guardias de templo y pre-juicio por Caifás etc da a entender que el Templo era la diana de sus acciones.
La aspiración a la libertad y Justicia y responsabilidad por nuestras nuestros pecados y mensaje de amor es quizá lo más importante que queda de su predicación, en esto estoy de acuer...
!ya era hora JMS !!
"La maravilla que supera toda ciencia y toda filosofía es que el ser humano responda activamente a la ética de su libertad, es decir, que sea autónomo y amante. Eso, cuando sucede, desborda la vida de gratitud y de eucaristíara"
Olé ...olé ,olé olé olé ...olé.olé ..olé olé olé...........
EUREKA
Milagro, en los evangelios, es maravilla sorprendente.
Milagro, en ciencias filosóficas, es acción que supera las leyes naturales.
La maravilla que supera toda ciencia y toda filosofía es que el ser humano responda activamente a la ética de su libertad, es decir, que sea autónomo y amante. Eso, cuando sucede, desborda la vida de gratitud y de eucaristía.
Me ha gustado la postal. Además me ha recordado a Blondel, y he ido a buscar la cita literal: "el propósito de los milagros obrados por Cristo es despertar la fe". Sin olvidar que hay otro tipo de milagros, aunque no es este caso, como p. ej. la curación de la oreja de Malco.
La diferencia para mi muy importante, es que para XP Jesús es/hace los milagros,"como mensajero de la gratuidad de Dios" y para mí, Jesús, que en su persona se unen dos naturalezas, la humana y la divina, hace los milagros como Jesucristo, como Hijo de Dios y por tanto como Dios.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital