El blog de X. Pikaza

Recuperación 7. Un camino de voluntarios (con ocasión del Año Sacerdotal)

29.08.10 | 17:31. Archivado en Iglesia Instituciones, Espiritualidad, Amor, Liturgia
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Debemos pasar con toda urgencia del ministerio-honor, entendido en clave ontológica, sacral y jerárquica (como valioso en sí, con independencia de la comunidad), al ministerio-servicio, que sólo se muestra cristiano al hallarse integrado en una comunidad, de la que depende y a la que sirve, en gesto de animación (ministros que surgen de la comunidad) o creación (ministros-misioneros que crean comunidades nuevas).

A partir de una visión más pagana (platónica) que cristiana, cierta iglesia ha desarrollado una visión ontológica y jerárquica del ministerio-honor (válido en sí mismo, independiente de la comunidad) y lo ha vinculado a la primera burocracia de occidente, creando así uno de los mejores sistemas de organización sacral del mundo (con mística de fondo cristiana y orden social romano).

Pero el tiempo de esa burocracia y ese orden ha pasado, no sólo por razón externa (ha triunfado y se ha impuesto el sistema, con su burocracia total), sino también y sobre todo por una causa interna: la visión ontológica de los ministerios (como algo absoluto, vinculado a la persona en sí) ha pasado, de manera que los cristianos deben llamar y nombras a su ministros desde el don de Dios, para servicio comunitario como he venido indicando en los posts anteriores.

En esta línea propongo unas reflexiones para este “año sacerdotal”, muy necesitado de aliento. No se trata de recrear sin más el tipo de sacerdotes actuales (sin duda, beneméritos), sino de crear nuevos tipos de ministerios al servicio del evangelio.

Presento estas reflexiones siguiendo un libro mío que no cito (no quiero aquí propaganda), pero respondiendo a las preguntas básicas que me han venido planteando los comentaristas del blog. Gracias a todos los que tienen nombre y apellido. A los puros entes virtuales, que no dicen qué son, ni dan nombre, no puedo responderles. No sé si existen. Buen domingo.

1. Lo primero es Crear comunidad: amor mutuo.

El ministro cristiano está al servicio del amor comunitario. No tiene finalidad administrativa ni poder social. No vale por sí mismo, como si tuviera un poder u honor distinto al de otros fieles, sino en cuanto se vuelve signo de trasparencia comunitaria y promueve (suscita, celebra) el amor en la iglesia. Tan pronto como se eleva y destaca a sí mismo, como persona valiosa y no aparece como signo de envío y amor comunitario pierde sentido cristiano. Este es su grandeza: un ministro eclesial sólo tiene autoridad en la medida en que su autoridad individual desaparece, apareciendo como mediador del "nosotros" de la comunidad, es decir, el amor mutuo de todos los creyentes, en Cristo.

Por eso es normal que pertenezca a la comunidad, siendo elegido por ella, por un tiempo o para siempre. Es secundario que sea mujer o varón, soltero o casado: lo que importa es que sea persona de transparencia eclesial. Quizá no es bueno que sepa hacer todo, pues podría impedir el despliegue de aquellos carismas eclesiales, de que hablaba 1Cor 12-14; pero debe ser persona de amor y concordia. Dentro de nuestra tradición es normal que el ministro más significativo de la comunidad sea presbítero u obispo, pero sin que asuma demasiadas funciones, pues la misma iglesia es la que debe recorrer su camino de amor comunitario.

2. Lo segundo es animar la oración: signo contemplativo.

El ministro (mujer o varón) ha de ser al mismo tiempo un animador de fe y experiencia contemplativa. El hecho de que sea varón o mujer, célibe o casado, temporal o para siempre resulta secundario: lo que importa es que sea referencia orante. La situación actual en que un obispo o presbítero sigue siéndole por siempre, pase lo que pase (como un conde o marqués), de manera que los fieles de la comunidad han de "soportarle" me parece no sólo contrario al evangelio, sino a la racionalidad normal. Puede llegar un caso en que no sea el ministros para la comunidad, sino la comunidad para el ministro. Algunos tienen la impresión de que la iglesia la forman una serie de jerarcas (obispos, presbíteros) a los que se debe "colocar" (encontrar un lugar donde ejerzan), pues no se les puede "quitar" su ministerio.

En contra de eso, quiero insistir en lo ya dicho: el ministro cristiano ha de ser un hombre de fe y experiencia de evangelio; pero, al mismo tiempo, siendo elegido por la comunidad y hablando desde su propia experiencia creyente, ha de presentarse como portavoz de una llamada y una gracia que le desborda, tanto a él como al conjunto de la comunidad. Ha de ser hombre o mujer de oración, alguien que ofrece su ejemplo de oración, acompañando a los demás en la plegaria. Debe estar al servicio de la comunidad, pero sin imponerse sobre ella, sin tener su ministerio como un "orden" valioso en sí mismo, sino como un servicio que se emplea mientras sea necesario o conveniente, y que luego cesa.

Estos dos rasgos (amor mutuo y oración) resultan inseparables y no se aprenden o adquieren con estudio en los actuales seminarios, sino en la escuela de Jesús y en la vida concreta de las comunidades cristianas, en contacto con los excluidos del sistema. Hasta ahora, el ministerio ha parecido una carrera y profesión, un modo de vida, lleno de honor, vinculado a un reconocimiento social externo (de carácter sacral más que evangélico) y a una estabilidad económica. Pues bien, ha llegado el momento de abandonar esa visión del ministerio como carrera y su vinculación con una forma de estabilidad económica... (conseguida con otros trabajos o funciones), para que el ministerio cristiano en cuanto tal pueda ser gratuito..

3. No hay carrera eclesiástica.

El modelo de honores y ascensos religiosos pertenece al sistema sacral, va contra el evangelio. Todo intento de presentar los "órdenes" eclesiásticos (desde diácono y presbítero al obispo o papa) como grados de un orden ascendente es anticristiano, como las partes anteriores de este libro han indicado. Todo los signos de distinción y jerarquía cristiana (por colores y vestidos, nombramientos y retribuciones, dignidades y cargos, con o sin separación de mujeres o varones) es sencillamente equivocado.

Sin duda, se puede justificar con razones ontológicas pertinentes, en la línea del mejor platonismo o de la tradición sacral del judaísmo de la comunidad del templo. Pero cuanto más y mejor se justifique más anticristiano resulta el argumento. El evangelio no es una buena filosofía, ni un orden sacral, en línea de sistema religioso, sino revelación de la gracia de Dios, que libera al ser humano de las leyes y honores del mundo, para conducirle al espacio de la plena libertad y el amor mutuo, abierto a los excluidos del sistema.

4. Autonomía económica de los ministros.
La distinción de sistema y libertad cristiana nos permite trazar unas consecuencias fundamentales en el campo de los ministerios. Conforme a la visión de Pastorales, los servidores de la iglesia han de tener en principio autonomía económica, en plano de sistema: casa (espacio familiar), independencia. No van a buscar a la iglesia un trabajo, ni dependen económicamente de ella (aunque después ella les puede ofrecer una retribución). Solo así pueden "dejarlo todo", poniéndose al servicio del evangelio, para acoger a los que nada tienen, a los excluidos del sistema. La iglesia en cuanto tal debe regalar sus posesiones a los pobres (cf. Mc 10, 21), como institución sin métodos ni fines económicos, a nivel de gratuidad.

Los bienes pertenecen al sistema (al César) y a ese plano se mantienen. La iglesia en cuanto tal no puede poseerlos (en ella todo es común), pero pueden poseerlos las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), vinculadas a ella, como vimos ya en la primera parte de este libro. En esa misma línea, hablábamos de OE, organización eclesiales que no son iglesia en sí, pero derivan de ella y se insertan en el mundo del mercado y leyes de este mundo. En ese aspecto quiero destacar que, en cuanto tal, el ministro de la iglesia no debe actuar como dueño de unos bienes. Es claro que puede recibir gratuitamente ayuda, si gratuitamente ofrece su palabra y evangelio; pero esa situación no se puede legalizar, ni el ministro puede "exigir", ni la iglesia "está obligada" a dar, porque es relación de estricta gratuidad.

Por eso, es normal que el ministro posea autonomía en línea de sistema: tenga su trabajo (con independencia económica y afectiva), de manera que "sirva" a la iglesia libremente, sin buscar ganancia ni temer pérdida alguna (no mantiene el servicio eclesial por causa de dinero). Resulta anti-evangélico (aunque humanamente comprensible) el caso de aquellos "eclesiásticos" que mantienen su función y ministerio por economía, porque la parroquia o diócesis les paga y no sabrían que hacer si lo dejaran. Es también anti-evangélico (y cristianamente incomprensible) el caso de aquellos que mantienen su función por honor, por el prestigio social que les ofrece el "sacerdocio".

5. Gratuidad evangélica.

La nueva situación del sistema, que puede ofrecer autonomía económica a gran parte de la población, me parece muy positiva para la iglesia, pues permite separar el ministerio cristiano de toda carrera de honores y ventajas económicas. La vieja situación en que los cardenales eran príncipes de la iglesia, los nuncios embajadores, los obispos señores de su territorio y los párrocos autoridad del pueblo ha pasado ya o debe pasar. Los ministros de la iglesia han de ser lo que siempre debían haber sido: simple creyentes.

Normalmente, deben resolver su situación laboral en el sistema, como los demás ciudadanos, sin ventaja alguna, pero en un segundo momento se pueden "liberar" para el evangelio, si escuchan la voz de Jesús (como apóstoles) o reciben la llamada de la comunidad (ministros). Han de hacerlo libremente, en gratuidad, al servicio del amor comunitario, sin buscar ni recibir por ello honores ni salarios especiales. El amor no se paga, el servicio de iglesia no se vende. Voluntarios del amor han de ser los ministros eclesiales en una sociedad (sistema) que tiende a organizarlo todo en perspectiva económica.

En ese contexto hemos dicho que los ministros de la iglesia son señal contemplativa: expresión de la gracia original del Cristo. No sirven para nada especial en el sistema, pues lo que ofrecen y celebran pertenece al mundo de la vida de Dios sobre el sistema. Ellos son, al mismo tiempo, delegados de la iglesia. Una comunidad que no puede elegir a sus ministros y ordenar la comunión fraterna no es iglesia, sino sucursal o delegación de un sistema sagrado, como actualmente sucede en muchas comunidades cristianas, que viven en estado de dictadura religiosa . Esta situación no puede durar. Ha llegado el momento de que las comunidades sean autónomas, capaces de buscar y recorrer su vía cristiana: es tiempo bueno para que un tipo de jerarquía "dimita", dejando su autoridad en manos de las mismas comunidades, de manera que ellas asuman su responsabilidad e inicien un camino de búsqueda compartida .

Con su gesto profético en el templo, Jesús pidió a los sacerdotes de Jerusalén que se disolvieran, que abandonaran su poder sacral, volviéndose hermanos de sus hermanos, en camino compartido de búsqueda evangélica. Ellos se opusieron, le mataron. Los jerarcas de la iglesia actual han de responder de otra manera, en diálogo con sus comunidades. Los modos variarán de iglesia a iglesia, de comunidad a comunidad. Pero es hora de iniciar un camino compartido, donde los actuales asuman con gozo y dignidad el cambio, para que el proceso fluya sin traumas inútiles.

Es triste que muchos ciudadanos sean más libres y responsables en política o mercado que en la iglesia, que es lugar de Palabra compartida (cf. Jn 1, 1), pues en ella sólo hablan los jerarcas, que resuelven desde arriba los temas referentes a la fraternidad cristiana (en plano moral y doctrinal, jurídico y litúrgico), como si tuvieran una autoridad secreta, que les separa de los fieles, que son como huéspedes en casa ajena.

69 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por CMR 31.08.10 | 13:35

    Verdad Roser, yo tambien doy gracias a Dios, no se puede comparar leer un texto con la opinión de las personas respetandose, que con insultos, los insultos molestan al ESPIRITU.

  • Comentario por Roser Puig F 31.08.10 | 11:21

    Doy gracias a Dios por el tono que han ido tomando los comentarios. Nada de insultos ni descalificaciones, Está claro que se puede razonar de muy distinta manera, pero de forma educada y respetuosa con el contrincante. El diálogo entre Galatiel y Angel me ha encantado

  • Comentario por Emilita 31.08.10 | 11:01

    Pero vuestras palabras e intuiciones, queridos amigos deñ blog, dan un aire de novedad e inspiran nuevos deseos, nuevas esperanzas, capacidad d pensamiento y espacio de libertad para llenar de vino nuevo los odres nuevos del Evangelio.
    ¡Gracias a todos!

  • Comentario por Emilita 31.08.10 | 10:59

    A tenor de los últimos comentarios, yo mujer y cristiana me siento "reconciliada" conmigo misma y con el Evangelio en el aspecto de "llamada-misión" de donde parte toda la teología sacerdo-ministerial.
    Aparte de ese fundamental motivo personal que acabo de expresar, pienso que efectivamente, la Iglesia ha desarrollado un modelo "sacerdotal" que le ha valido durante siglos, pero que hoy empieza a ser visto como "fósil"...y cuanto más se empeñe en sostenerlo, peor. Digo esto porque a lo largo de los siglos, y en un afán no exento de garantizar los límites perfectos de su teologia sacerdotal, la Iglesia ha delimitado minuciosamente este "estado" o situación que llamamos sacerdocio, separandose cada vez más de la primitiva inspiración evangélica, hecha de una libertad en la verdad para el amor y el protagonismo absoluto de dios, que no es precisamente lo que refleja el sacramento del Orden en nuestros días.


  • Comentario por Fernando 31.08.10 | 10:36

    Lo que sucede es que de las numerosas formas de comunicar a ese “alguien” que es Cristo, parece que sólo hemos desarrollado una cuantas, las cuales han dado un resultado ciertamente interesante, y diría incluso que brillante. Pero nada más. Y de hecho, la razón por la que se constituye un ministerio cristiano no es tanto porque traduzca o revalide tal o cual doctrina firme sobre una autorizada tradición estáticamente asumida, sino por el apremio –muy evangélico por lo demás– de comunicar a Cristo, que tanto es uno como múltiple en los modos en los que dicho apremio de evangelización puedan concebirse. De lo que habla Xabier, creo entenderlo así, es esto: lo que está autorizado (teología tradicional del ministerio) no es lo que valida lo comunicado (Cristo); sino otra cosa: es lo comunicado lo que garantiza su extensión a todos y cada uno, incluida la autoridad, se conciba ésta como se conciba.

  • Comentario por Fernando 31.08.10 | 10:29

    Lo que se comunica no es un “algo”, sino un “alguien”. Si la Iglesia comunicara “algo”, entiendo por ello una carga, un valor, una referencia, incluso un signo que vincula y expresa aquello cimentado en un servicio concreto objetivamente constituido, entonces se podría decir que todo acto de delegación, otorgación y misión es un proceso de “encargo”. Pero ningún cristiano, incluidos ministros es encargado. Ni a los apóstoles se les encarga nada; son llamados y enviados, que es distinto. Esto es, “comunican” lo que Cristo les da, para que a su vez éstos comuniquen no un “algo”, sino un “alguien”, que es él mismo en su múltiple conformación en el tiempo. Y en esto, creo yo, radica la precisa diferencia entre un sacerdocio religioso general y el ministro cristiano: que es un “alguien” que comunica un “alguien”, cuya prueba de garantía es poder realizarlo por cualquiera, en un tiempo prolongado o para toda la vida.

  • Comentario por Fernando 31.08.10 | 10:27

    Si yo entiendo bien lo que aquí ha expuesto Xabier, y a tenor a de algunas entradas (estupendas, a mi parecer...), la cuestión del ministerio católico no es tanto de unción, encargo u autoridad. Éstas, a fin de cuentas, pertenecen a claves más o menos generales e históricas de lo que en el pasado suponía un acto particular de delegación / misión a alguien que así quedaba "investido". De esto se derivan cantidad de cosas, pero no, la continuidad, prevalencia o carácter de quien así quedaba investido. Incluso el mismo vocabulario de "unción", "encargo" o "investidura" es meramente circular, es decir, que intenta alcanzar el sentido sacramental y ministerial, pero sólo como signo de representación (delegado autorizado), y no en su substrato teológico básico.
    Todo esto me parece que es secundario; es decir, la trama más propiamente cristiana, si por ella entendemos lo más próximo al sentido del evangelio, es la comunicación y no tanto quién delega (autoridad).

  • Comentario por Franz Wieser 31.08.10 | 07:25

    Brevemente antes de entrar en el Blog de X.Pikaza, puse mi comentario bajo otro artículo que encuadra perfectamente en este: "Jesús no ha instutuido ningún sacerdocio particular, ni para varones ni para mujeres. Ningúno de los discípulos o apóstoles se tenía como sacerdote. Jesús tomaba clara distancia del sacerdocio tradicional, de sus sacrificios y del templo. "Misericordia quiero, no sacrificios". El ágape ("misa") hubo en casas particulares y presidido por laícos, igual por varones o mujeres. Se trataba de cenas reales en que se expresaba más que nada la fraternidad, el darse para los demás. A partir del siglo 2 humbo un desvío general del camino que señalaba Jesús laico, igual a sus seguidores".
    El sacerdocio como hoy lo tenemos tiene más de pagano que de cristiano. Entre Constantino y Teodocio no se les tranfirió solamente los templos, sino también los atributo del sacerdocio pagano.
    La división entre clero y laico tiene allí su origen.

  • Comentario por sofía 31.08.10 | 00:22

    Jose María,
    También sentiría que se limitara la libertad legítima en las celebraciones, pero de la involución tienen también gran culpa los excesos de algunos. Sin embargo, nada de lo que dices que hacíais tendría por qué haberse dejado de hacer. Las visitas a asilos, las clases a los niños...nada impide ese tipo de cosas. Si no hay participación ni compromiso se deberá a otras razones, no a ninguna mordaza.
    Si queremos hacer celebraciones vividas y comprometernos en la vida diaria, conviviendo con los hermanos y ayudando a los demás no hay nada que pueda impedirlo La cuestión es si muchos de los que desaparecieron no lo han hecho porque perdieron su fe. Y si luego no atrajeron a las nuevas generaciones, habrá que estudiar a fondo la razón.

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 23:21

    Gracias Galetel. La historia del dogma confirma en mayor o menor medida lo que dices sobre los ortodoxos y los heterodoxos, por eso las "censuras magisteriales" son necesarias, pero han de ser dadas después de mucho estudio y de mucho diálogo (como suele ser, en general) y sobre aquellas cosas que son esenciales, esas que no cambian con los siglos. No tengo mucho tiempo, pero muy buena parte de lo que dices está muy bien dicho en un libro realmente interesante y que seguro que conoces: "Verdaderas y falsas reformas de la Iglesia", de Y. Congar. Fue un libro prohibido en España durante el franquismo, y después fue publicado aunque ya es muy antiguo y no es fácil de encontrar. Si no lo conoces, creo que su lectura te gustará mucho, además de hacerte pensar, como me hizo a mi. Bueno, no tengo mucho más tiempo. Un saludo cordial.

  • Comentario por josé María 30.08.10 | 22:45

    Suelo ir a la Eucaristia con frecuencia y hecho de menos las celebraciones que hacíamos, en la época del post-concilio. Todos participabamos (ya casí todos estan en la Casa del Padre) Orabamos, nos interesabamos por los que estaban en los asilos, dabamos clase por las tardes a niños en fin....el tiempo pasa, y las cosas ahora ya no son como antes, pero de verdad te digo añoro con toda mi alma aquella época: eramos jovenes, Nos parecía soñar el vivir en aquella Iglesia. ¡ojala hubiese crecido aquello y no lo hubiesen amordazado tan pronto!. Ahora...Rezo.

  • Comentario por CMR 30.08.10 | 21:53

    y ocasionar confusión, o es para decir algo importante a los cristianos , o es para molestar a los cristianos,
    Yo he visto, como una especie de magia en la iglesia tanto cuando escuchaba los evangelios, como cuando dieron la Eucaristia, sinceramente me impresionó, porque no me esperaba algo así, y ví como una silueta transparente cuando el cura estaba dando la comunión acompañando al cura, como si los dos fueran uno, y transmitia un gran respeto y un sentimiento como que alli estaba pasando algo anormal,
    ¿ que pienso de esto ? pues no sé ni que pensar, solo sé que no me gustan las cosas raras.

  • Comentario por CMR 30.08.10 | 21:36

    Angel hablando de magia, yo escuche " Quién es capaz de transformar el agua en vino, es capaz de transformar el vino en sangre, ni la sangre ni la carne representa al Espiritu " Ni la carne ni la sangre entraran entraran en el reino de Dios.
    ¿ A qué reino se refiere ? pues yo ya he meditado bastante, ahora si os interesa meditar vosotros, que preferis pensar que es rollo, por supuesto podeis pensar lo que querais, pero Dios sabe que yo no me he inventado nada, y tambien os diré que yo no sé interpretar, me habria gustado, pero no tengo ese don.
    Tambien escuche " Que hijo llama a su padre Señor ?
    Jesús dice en los evangelios: Dice el Señor a mi señor, si lo llama Señor, ¿ Como puede ser hijo suyo ?
    Y Después se me mostró a Jesús diciendo " Yo te alavo Padre, Señor del cielo y de la tierra "
    y dijo, ¿ Por que si Jesús es hijo, lo llama Señor ?
    He estado mucho tiempo meditando esto para ver que queria decir, y me he dicho, o es para marear, y ocasionar...

  • Comentario por galetel 30.08.10 | 20:40

    una intención perversa. Además debe tenerse en cuenta que la tradición puede contener muchas soluciones válidas todavía en las circunstancias actuales, y puede evitarnos caer en errores superados anteriormente.

    En suma, el diálogo debe ser atento y respetuoso, por discrepantes que sean las opiniones. Debemos evitar las descalificaciones y las acusaciones mutuas, las ironías hirientes y los insultos. Y sobre todo, no debemos considerarnos nosotros los “buenos” frente a los “malos”, los “totalmente acertados” frente a los “totalmente equivocados”, los “católicos auténticos” frente a los “católicos renegados”. Esto vale para todos los bandos, sean cristianos “de a pie”, como teólogos consagrados o pretendidos, como autoridades eclesiásticas. No nos confiemos en ningún título que nos asegure ser “hijos de Abraham”, porque Dios puede sacar “hijos de Abraham” hasta de las piedras.


  • Comentario por galetel 30.08.10 | 20:39

    Los cristianos de todos los “niveles”, en su enriquecedora variedad de circunstancias, pueden hacer importantes aportaciones a la doctrina. Y merecen ser escuchados y respondidos con respeto por parte de sus interlocutores, especialmente por las autoridades. Una expresión nueva de pensamiento cristiano bien intencionado debe considerarse con empatía, con benevolencia, con interés genuino. Su novedad bien puede ser un aporte valioso, al menos en algunos aspectos. Y si algo es discutible o rechazable, debe hacerse con respeto y amabilidad.

    También los que quieran renovar las tradiciones deben ser respetuosos. Es lógico valorar lo que ha servido en tiempos pasados, aunque ya no parezca adecuado en la actualidad. Es buena la disposición a disculpar errores, aunque se sea firme en denunciarlos y corregirlos. Hay que comprender que unas circunstancias históricas diferentes pueden haber provocado visiones y actitudes muy equivocadas sin que hubiese necesariamente una intención pe...

  • Comentario por galetel 30.08.10 | 20:38

    Por supuesto, es necesario llegar a acuerdos bien establecidos, es necesario respetar las opiniones fundadas en un mejor conocimiento y una mayor experiencia. Es conveniente cierto freno que asegure la estabilidad y la continuidad del desarrollo. Pero también es necesario el acelerador, las visiones renovadoras, la crítica, las crisis, los planteamientos audaces. No todo lo antiguo es bueno por ser antiguo, ni lo nuevo es bueno por ser nuevo. En el crisol del diálogo, en el debate constructivo, se sintetizan nuevos hallazgos de la Verdad.

    La autoridad debe asumir el papel de freno; debe establecer y consolidar lo logrado para ofrecerlo como tradición que sirva de antecedente y guía. Pero no debe pretender haber conseguido ya la totalidad de la Verdad, en su formulación completa y definitiva. Esta pretensión de pensamiento único y monolítico sólo puede entorpecer la búsqueda ulterior de la Verdad plena.


  • Comentario por galetel 30.08.10 | 20:37

    Gracias otra vez, Ángel. Sobre el papel de la autoridad en la ortodoxia, pongo unos textos de mis comentarios anteriores.
    (http://www.scribd.com/doc/31243304/17-La-Ortodoxia-Comentarios-de-Teologia-Emergentista)

    Muchos ortodoxos de hoy son los heterodoxos de ayer. Asimismo, muchos heterodoxos de hoy serán los ortodoxos de mañana, con seguridad. La Verdad la poseemos sólo en germen, y debemos ir desarrollándola poco a poco, en todas las épocas, con el aporte de muchos. La controversia bien llevada y bien entendida es un bien necesario. La dialéctica entre diversos pensamientos cristianos ha existido siempre, desde los comienzos del cristianismo, y ha sido un elemento indispensable para su crecimiento. No debemos asustarnos o enfurecernos de que haya visiones contrapuestas: en realidad esto es una riqueza.


  • Comentario por Angel 30.08.10 | 20:11

    En nuestro mundo -que tanto valora la libertad individual y la autonomía- parece que esta autoridad resulta difícil de explicar. También ha de cuidar para que se ejerza en verdad y caridad, pero ¿puede negarse al Papa o a los obispos, en comunión con el Colegio Episcopal y con su Cabeza) la autoridad de decir lo que pertenece o no pertenece a la fe revelada? ¿Puede negarse que en una Iglesia Particular es el Obispo el signo y el instrumento de la unidad y que la comunión con el Obispo es esencial? Yo creo que esto no puede negarse y que por tanto un obispo tiene autoridad para decir que tal teología no expresa con verdad la fe de la Iglesia. Es cierto que se puede -y debe- discutir y luchar para que esa autoridad sea siempre más evangélica, más transparente, etc. etc. (se puede discutir el modo de su ejercicio, pero no la misma autoridad). Mucha tela que cortar, creo.
    En cualquier caso, gracias a ti Galatel.

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 20:06

    Y la cuestión más espinosa es la de la autoridad en la Iglesia, que suele ser lo más discutido. Desde luego que no es un "poder" (no ha de serlo) en el sentido "mundano": el "mundo civil -el de las magistraturas y poderes" no ha de ser (y yo creo que no lo es en su esencia) el modelo del "poder" en la Iglesia. Pero creo que de hecho se distingue. La Iglesia habla de "potestad de orden" y "potestad de jurisidicción". Lo primero se refiere a los sacramentos, pero no como poder sagrado, sino como poder real: los obispos y los presbíteros "pueden" consagrar, absolver, bautizar, etc... Eso es discutido por algunos. Más discutida es la "jurisdicción" que se refiere más al "gobierno". Tampoco es "la autoridad del mundo" el modelo de la "autoridad de los pastores": el modelo se ciñe a Cristo y también a los apóstoles: ahí aparecer el servicio a la unidad (y por tanto el deber del discernimiento), el servicio a la verdad (la enseñanza con autoridad).

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 20:01

    Sí, Galatel, en eso estamos de acuerdo, y no es poco (jeje). De lo del celibato no he dicho nada, porque entra dentro de las cosas discutibles, no perteneciente a la esencia del ministerio (de hecho hay casados que son presbíteros católicos -los de los ritos orientales-, que sin embargo reservan el episcopado para los célibes). Es una cuestión más bien unida al rito y, por tanto, la reforma del celibato -que es posible, en línea de principio, supondría también una cierta reforma del rito litúrgico. No obstante, yo no creo -como dicen algunos- que suprimir el celibato remediaría la escasez de vocaciones, ni tampoco está en la causa de la pederastia de algunos sacerdotes (si son pederastas no es por ser célibes). Pero en esto aplico una regla de san Agustín que me parece precisosa: "en lo necesario unidad; en lo dudoso (discutible) libertad; en todo caridad". Por eso hablando con calma y con argumentos es fácil entenderse, como en este caso.

  • Comentario por galetel 30.08.10 | 19:28

    sólo así puede haber una verdadera base de la acción del Espíritu, que establezca “una jerarquía servicial, humilde, que sea un instrumento real de comunión y de evangelización y no una casta de elegidos a modo de aristócratas o de ‘magos’ de la tribu.”
    Me parece, pues, que estamos fundamentalmente de acuerdo.
    Saludos cordiales.

  • Comentario por galetel 30.08.10 | 19:27

    Gracias, Ángel.
    Creo que hay una coincidencia fundamental entre lo que dice Lenaers, apelando al “Dios cuyo Espíritu vive en todo el pueblo de Dios” y lo que dices tú mencionando al “Espíritu que, siendo también Dios, desciende y habita en la Iglesia y en los fieles”.
    Por supuesto, yo no pretendo, y creo que tampoco Lenaers, negar que la acción del Espíritu –significada sacramentalmente en la unción por imposición de manos— sea lo esencial; pero subrayando que el Espíritu proviene de donde habita: “la Iglesia y los fieles”, “el pueblo de Dios”.
    Para que esto no sean meras palabras, el encargo de la comunidad es importante, pensando como dije no sólo en la comunidad local circunstancial sino en toda la comunidad cristiana-católica universal;


  • Comentario por Angel 30.08.10 | 17:45

    Y un detalle que se me había pasado y que muestra también cómo Lenaers malinterpreta las cosas: el rito de imposición de manos nunca fue un mero símbolo de un rito de encargo... era la traducción en el cristianismo del gesto veterotestamentario: la unción real, sacerdotal o profética, cuyo artífice es el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo. Es "unción" lo que implica la consagración y la misión, que proviene de lo alto, siempre de lo alto, por eso la unción iba siempre acompañada de una oración de súplica y de otra de acción de gracias. ¡Qué malo es interpretar unos signos con criterios tomados de fuera, es decir, de experiencias y culturas totalmente ajenas!

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 17:39

    En resumidas cuentas, la imagen que Lenaers ofrece de la Jerarquía en la Iglesia no se parece -en cosas esenciales- a lo que la Iglesia dice de sí misma, por ejemplo, en el Concilio Vaticano II. Puede que haya en la práctica excesos y abusos que han de ser corregidos, y estructuras de comunión que deban desarrollarse. En definitiva, si a lo que apuntas es a una jerarquía servicial, humilde, que sea un instrumento real de comunión y de evangelización y no una casta de elegidos a modo de aristócratas o de "magos" de la tribu, también en eso estoy de acuerdo (porque acepto el Vaticano II). Si lo que propones es una jerarquía, o un ministerio ordenado que nazca de la base (al igual que unos diputados en un régimen democrático), entendida como delegación o representación del pueblo... entonces hablamos de una Iglesia que no es la Católica: eso no ha sucedido nunca, ni antes ni después del siglo V.

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 17:36

    Por lo mismo, un obispo o un presbítero no son pensados con independencia del pueblo al que pertenecen, sino precisamente como miembros de ese pueblo que son elegidos, preparados, consagrados y enviados. La consagración -sigo en esto al Concilio Vaticano II y al conjunto de la Tradición- no es una separación mágica, sino una incorporación/configuración sacramental (que debe desplegarse existencialmente) a Cristo Pastor y Cabeza de la Iglesia. Ambos términos se complementan: cabeza y pastor, servicio humilde y a la vez ministerio de unidad en la fe y en la vida. Lo que rechaza Lenaers no es lo que la Iglesia entiende por ministerio jerárquico... Es probable que a partir de la Edad Media haya habido momentos y lugares donde ese ideal se ha corrompido en la práctica: sucede en momentos de crisis religiosa y espiritual (el comienzo del segundo milenio), la Baja Edad Media y algunas teologías postridentinas (pero no tridentinas)...

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 17:32

    ... independientemente del proceso de elección. Incluso en los casos en que un candidato era aclamado por la mayoría, lo que lo constituía obispo o presbítero, no era esa aclamación, sino el rito litúrgico de ordenación/consagración. Aparece así ya en numerosos textos del siglo II. La argumentación histórica de Lenaers fracasa también en esto. La Iglesia no piensa la Jerarquía como proveniente del "Dios en los cielos" con todo poder desde arriba y ninguno desde abajo, en absoluto. Lo que pasa es que esto exige una argumentación más compleja: la Tradición dice que la Iglesia proviene de la Trinidad, precisamente por medio de Jesucristo, el Dios encarnado, y por medio del Espíritu que, siendo también Dios, desciende y habita en la Iglesia y en los fieles. Por tanto, la referencia no es un "Dios en los cielos", sino en la presencia del Invisible en lo visible y la presencia del Eterno en lo temporal...

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 17:28

    Galetel, se me ocurren algunas precisiones sobre la posición de Lenaers. Lo que Lenaers rechaza a propósito de los presbíteros "magos", también lo rechazo yo y lo rechaza la Iglesia. Es mentira que en el siglo V suceda eso, porque ¿a qué poder se refiere? ¿al de la consagración, la absolución de los pecados... en definitiva, los sacramentos? Que me diga quién y dónde considera esos poderes como "mágicos": el poder de los sacramentos reside en la oración de súplica, en la epíclesis (petición del Espíritu Santo y descenso por el poder de Dios, y en definitiva en la presencia de Cristo): de magia, nada. Y tampoco es cierto que ese poder actúe al margen de la Iglesia y de la comunidad que celebra el sacramento. El punto de partida de la argumentación es falso, para empezar. En segundo lugar, incluso en las iglesias anteriores al Concilio de Nicea y a Constantino, lo que constituía a uno presbítero era precisamente el rito de ordenación...

  • Comentario por galetel 30.08.10 | 15:04

    Una idea teónoma de la Iglesia no lo piensa así. Más bien se imagina las líneas de autoridad como subiendo hacia arriba y desarrollándose desde el Dios-en-la-profundidad, desde el Dios cuyo Espíritu vive en todo el pueblo de Dios, y entonces éste crea las formas de autoridad y de dirección, igual que lo hace cualquier otro organismo al hacer brotar los órganos necesarios en virtud de su dinámica vital.”

    Toda esta estructura seguirá siendo necesaria, pero los presbíteros y clérigos que la constituyan no necesitarán ser hombres célibes revestidos de poder sagrado y autoridad impositiva, sino hombres y mujeres “no tanto consagrados, cuanto inspirados y creyentes” entregados al servicio y puestos a disposición de la comunidad, pudiendo ser célibes o casados sin detrimento alguno de sus funciones.

    Lo suscribo.


  • Comentario por galetel 30.08.10 | 15:02

    Cabe entonces pensar en algún procedimiento de selección, preparación y nominación de los hombres y mujeres más idóneos para desempeñar esas funciones, teniendo en cuenta que las comunidades involucradas no son solamente las comunidades locales en donde residirán circunstancial y temporalmente, sino toda la comunidad cristiana-católica universal. Ello implica, inevitablemente, crear una organización similar a la plasmada tradicionalmente, incluido el desarrollo de jerarquías. Recordemos lo que decía Lenaers anteriormente:

    “¿Significa entonces que la teonomía anuncia el fin de la jerarquía y que hay que deshacerse de ella? De ninguna manera. Cualquier organización humana, por tanto también la Iglesia, necesita esa estructura y la sigue desarrollando. Pero eso no supone que se deba entender a las estructuras eclesiásticas de autoridad como derivadas del Dios-en-los-cielos, con la más alta concentración de poder arriba y con absoluta falta de poder abajo.


  • Comentario por galetel 30.08.10 | 15:01

    Como he hecho en alguna ocasión anterior, copiaré lo que comenté hace tiempo en otro foro respecto de este tema, hablando de lo que propone Roger Lenaers:

    Lenaers rechaza que los presbíteros –“ancianos”, en su sentido originario— hayan sido convertidos, a partir del siglo V, en hombres dotados de poderes milagrosos, “una suerte de magos”, por obra de un rito de ordenación o consagración. Propone devolverlos a su papel de “presidentes de asamblea” nombrados por la comunidad para desempeñar este servicio y para “anunciar y guiar en el camino de la fe… mantener viva la fe en Dios y en Jesucristo”.
    El sacramento de la ordenación queda como un rito de encargo e instalación en ese papel especial, simbolizado mediante “la imposición de manos sea por toda la comunidad o por su representante”.


  • Comentario por Burbuleta 30.08.10 | 14:56

    Roser ,ahora no puedo contestar a mas comentaríos tuyos ,tengo que dormir .
    Un abrazo

  • Comentario por Burbuleta 30.08.10 | 14:52

    Rpser te paso lo que he contestado a Angel sobre "los entes virtuales "
    !pues claro que parece mentira ,pero a pesar que yo pueda creer o imaginar "que no me tneía que sentir ALUDIDA ...siendo OBJETIVA ,NO ME HA PARECIDO BIÉN ESAS PALABRAS ..LAS DIGA QUIÉN LAS DIGA ROSER Y ME IMPORTAN MUCHO MAS SI ES PIKAZA QUIEN LAS DICE ,PRECISAMENTE PORQUE NO LO VEO BIÉN ...por decontado que es una ipinión ,tan válida como cualquier otra
    Te paso lo que he escrito en el mensaje a Angel .
    "Angel ,pienso lo mismo que tu sobre "el lapsus de Pikaza " ..que espero haya sido un lapsus y si no se refiere a lo que realmente se lee ....pués que lo explique
    "Supongo que habrás entendido ,lo que decia yo a Pikaza ....con mucho humor y sobre todo sin estar herida ,porque "yo no soy un ente ...lo diga quién lo diga ,somos todos entes vivos ..con nuestros defectos y nuestras virtudes .
    Espero Roser QUE AHORA COMPRENDAS MEJOR

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 14:05

    Para Matutina,
    Todo lo que cuentas me parece muy bien, ¿a quién no? Lo que me parece raro, según lo que cuentas en tu anterior post, es que la consagración la hicieseis entre todos... si te refieres a lo que parece que te refieres, entonces no hay Eucaristía, según la constante Tradición de la Iglesia, ya que no hay consagración. Es evidente que muchos cargos de gobiernos pueden rotar, pueden resultar de la elección, pero el sacramento del orden (y por tanto el ministerio de los presbíteros y diáconos) no lo comunica la concreta comunidad, sino el obispo particular. Es ese punto concreto el que motivaba mi comentario anterior. Yo no dudo de vuestra unidad, ni de vuestra generosidad..., sino del carácter "eclesial" de la comunidad, si no se edifica en torno a la Eucaristía válidamente celebrada.

  • Comentario por Matutina 30.08.10 | 13:50

    Aclaro, aunque me parece que es evidente, que somos una comunidad católica, apostólica y romana, la misma Iglesia a la que perteneceis vosotros, es una comunidad abierta a todo el mundo que se reúne en un local muy sencillo, un salón grande con mesas y sillas (y poco más). Todos somos voluntarios, ni siquiera la colecta de la misa de los domingos es para la comunidad, cada domingo se destina a una de las misiones que la comunidad tiene hacia afuera. Se formó al terminar el Concilio Vaticano II. Y sigue llena de vitalidad. Hay personas mayores, pero también muchos jóvenes y niños.

    Todos nos conocemos por el nombre, hay un trato familiar entre nosotros y nos queremos de verdad mucho. Ante cualquier problema o necesidad, la comunidad se moviliza para hacer lo que sea necesario. Hay mucha disponibilidad.

    No pretendemos ser mejores que nadie, pero así entendemos y queremos vivir nuestra fe (lo he contado porque va en la linea de lo que dice Pikaza).

  • Comentario por Roser Puig F 30.08.10 | 13:15

    La ICAR ha tenido ciertamente épocas peores como dice Burbuleta. Pero la ICAR no es “la iglesia de siempre”. La que ahora conocemos ,comenzó con “Constantino el Grande emperador romano que "se convirtió" al cristianismo en el año 312 d.C. y él como el sumo sacerdote (Pontifex Maximum) tomó en uso el nombre Vic-arius Christi). La nueva religión de Constantino se hizó católica (general, común). Los ciudadanos de Roma fueron hechos cristianos sin arrepentimiento ni conversión. Incluso una parte de la iglesia primitiva ( que tenía más de trescientos años de vida) se involucró en esta religión católica, que se hizo la nueva religión de Roma”.Es por ello que todavía conserva reminiscencias y pretensiones imperiales y se visten y honoran como si fueran romanos pontífices de aquel entonces. ¿Debemos conformarnos porque en otras épocas la cosa estaba peor? (http://www.laverdaduniversal.org/iglesiacatolica.html)

  • Comentario por Roser Puig F 30.08.10 | 13:13

    Emilia Justina Sanchez , Arco-Iris, Burbuleta etc, respeto tus opiniones pero no me cabe en la cabeza que te hayas dado por aludida en lo de “ente virtual”. Todos sabemos quien eres y Xabier Pikaza mucho más. No podía estar pensando en ti cuando dijo eso que tanto te ha molestado. En cambio, sabes de sobras que en el blog han entrado, además del constante Hisopo, una serie de trolls que se han dedicado a lanzar insultos al blogger, sin dar nunca la cara. ¿No te parece que lo de “ente virtual” les cuadra más a ellos? Un abrazo.

  • Comentario por Angel 30.08.10 | 13:03

    Para Burbuleta,
    Gracias por tus comentarios, sí que he entendido lo que querías decir con la historia de tus datos, lo he entendido, me ha hecho gracia y... estoy de acuerdo contigo.

  • Comentario por Burbuleta 30.08.10 | 12:37

    Roser ,dices también a Angel ..."Todos tenemos derecho a disentir de lo que ponga Xabier en el post, pero no tenemos derecho a intentar hacerlo callar, por sistema. Abre los ojo Angel, porque tú me pareces un tipo legal"
    Roser : Tampoco estoy de acuerdo del todo ...si no nos llegamos a conocer y ....muchomenos "en nuestra verdadera identidad " ¿cómo podemos conocernos ,siendo "entes virtuales ?
    !ojalá fuéramos todos tán trasparentes ...que no necesitáramos "lupa " para adivinar ...nuestros defectos y virtudes
    lo siento Roser ,como vé hoy no coicido contigo en casi nada
    Un abrazo

  • Comentario por Burbuleta 30.08.10 | 12:31

    Roser :Mandar a Angel que vea los comentaríos de HIsopo ...perdona ,no estoy de acuerdo
    HISOPO :sE HA METIDO MUCHO MAS CONTIGO QUE CON PIKAZA Y PIKAZA ,POQUITAS VES ,DIME CUANTAS HA SALIDO EN TU DEFENSA PUBLICAMENTA ...COSA QUE SI HEMOS HECHO ALGUNOS .
    Sobre Hisopo :Le he dicho lo que pensaba y se lo seguiré diciendo ,como puede hacerlo EL .PERO TODO EL MUNDO PUEDE VER Y POR SUPUESTO EL , SI PODIA SER SIN INSULTOS HACIA TI ....aunque lo mismo Pikaza que tu ,sabeis defenderos si quereis hacerlo
    Co Hisopo ,no estoy casi nunca de acuerdo "con sus formas ,pero si estoy de acuerdo "en ocasiones con cosas que dice " SE LO HE DICHO ,LO MISMO QUE LAS QUE NO ESTOY DE ACUERDO ...pasando que Hisopo "me dijera en alguna ocasión ,que no sabia lo que decia yo ,porque sencillamente ,no me leia

  • Comentario por Burbuleta 30.08.10 | 12:24

    sigue Burbuleta para Roser
    2) No rstoy de acuerdo "Las comunidades como la de Matutina son semilleros de recuperación del Evangelio de Fraternidad de Jesús de Nazaret. En una parroquia clásica, con un párroco educado para comportarse como un reyezuelo al que se le ha inculcado que debe acumular el solito todos los carismas habidos y por haber, mientras que lo..."
    Roser ...mira ni tanto ni tán calvo ...que los sesos se le vean ...sinceramenta "CREO QUE HAY UN TERMINO MEDIO ENTRE AMBAS POSTURAS "
    ·3)Dices"
    ◦Comentario por Roser Puigg F 30.08.10 | 10:13
    Angel, para “entender algunas cosas que suceden por aquí” deberías remontarte a los comentarios de Hisopo de hace años. Ahora ha adoptado una actitud “razonable”, pero lo corriente y cotidiano era la descalificación y la ofensa al blogger, siempre sin dar la cara. Si no te has enterado, su misión en la vida es la de cerrar el blog de Pikaza (se ha vanagloriado de haber contribuido a cerrar otros blogs...

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