El blog de X. Pikaza

Andra Mari: La Mujer María. 1. Principios, mujer y madre.

14.08.10 | 22:30. Archivado en Teología, Santos, María, Liturgia
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Ofrecí ayer una reflexiones bíblicas sobre la Asunciòn de María (Santa María del cielo), partiendo de la lectura de la misa del día (Ap 12). Varios han comentado ese post de un modo bondadosa, otros lo han hecho con aportaciones profundas que agradezco. Alguno ha perdido precisiones dogmáticas. Está en su derecho.

Por eso he pensado ofrecerlas, hoy y mañana, trazando primero una breve antropología mariana para fijarme después en aquello que tiene de especial, de peculiar y bello, el "dogma" (resplandor) católico de María, la madre Jesús.

(a) Hoy ofrezco los principios "judíos" de la vida de María, como mujer (Señora María, Mujer, Andra Mari), trazando unos principios de antropologìa mariana.Ella fue judía (no fue todavía cristiana, en el sentido posterior de la palabra). Por eso me fundo sobre todo en autores judíos, que me ayudan a entenderla.

b) Mañana expondré desde ese fondo (y desde la actualidad) los dos "dogmas" antropológicos marianos ya concretos de la Iglesia católica: el de su "concepción" (cómo ha sido engendrada en la carne y de la carne, en forma Inmaculada) y el de su "muerte" (cómo ha sido insertada en el proceso divino de la vida, que los critianos llaman Trinidad, cómo indica el símbolo de la AsunciónI.

Introducción

Suponiendo conocido el tema de María, la Madre de Jesus, en el Nuevo Testamento y conocidas también las primeras declaraciones de la Iglesia (que de alguna forma han culminado en los concilios de Éfeso y Calcedonia: 431 y 451d.C.), quiero situar el tema de la “mariología” desde la antropología de la modernidad. Los nuevos cristianos sabemos ya que María no es madre de un ser divino en general o de una de las divinidades sagradas (semi-cósmicas, semi-humanas) del paganismo antiguo o moderno, sino la madre y compañera de Jesús, un hombre concreto, que ha vivido una historia muy honda de carne, es decir, de entrega comprometida y sanadora a favor de los excluidos por su carne (enfermos, impuros, expulsados), que ha culminado con la entrega total de su vida a favor de los demás, condenado a morir en una cruz. Le llamamos sido Madre de Dios porque ha sido (siendo) la madre concreta de un hombre encarnado en el centro de la historia de los hombres. Así lo mostraremos, precisando los presupuestos antropológicos y las formulaciones concretas de los últimos dogmas marianos.

Una antropología biográfica de la Madre de Jesús.

María no es madre espiritual de una naturaleza abstracta (que no existe), sino madre histórica (carnal) de Jesús, hombre concreto, Hijo de Dios. Desde ese fondo podemos y debemos evocar los momentos históricos de su maternidad personal, en un proceso en el que destacamos nacimiento, despliegue biográfico y muerte.

En contra de lo que parecía afirmar el pensamiento helenista, el hombre no es naturaleza universal (por encima del tiempo), sino un proceso histórico de vida personal. En esa línea pudiéramos decir que el ser humano (hombre y/o mujer) es Auto-Presencia en Relación, alguien que sólo está en sí mismo (es consciente de sí, se posee) en la medida en que se relaciona con los demás. Pues bien, en el caso de María, esta relación está definida de manera muy profunda (aunque no única) por su maternidad mesiánica. El evangelio evoca otras relaciones de María (con José y con los «hermanos» de Jesús, con el Discípulo Amado y con otros miembros de la iglesia), que son fundamentales para trazar el perfil de su persona. Pero aquí queremos centrarnos en aquella que ha sido más importante para la conciencia de la iglesia: la relación de María con Jesús, en un plano de engendramiento, compañía y muerte.

Ciertamente, las relaciones de María con Jesús han de situarse en el contexto más amplio de su historia total, como mujer y persona, que se relaciona de un modo personal con Dios y con el pueblo israelita y con José, con sus restantes familiares (los «hermanos» de Jesús) y con el conjunto de la iglesia. Como seguiremos indicando, las relaciones de María con Jesús no son excluyentes ni únicas, sino que se sitúan dentro de un abanico más amplio de referencias de conversación y generación, de solidaridad y de apertura creadora.

Presupuesto 1. Madre originante, madre acompañada: engendramiento.

Ser madre es dar la vida, no en plano de ideas o principios generales, sino en la propia carne. El mito helenista de Pandora, repetido sin cesar en la cultura patriarcalista, suponía la madre es «ánfora» que acoge y madura la simiente masculina, vientre que recibe pasivamente el semen patriarcal. Hoy sabemos que ella juega un papel activo en el proceso de generación biológica del niño y, sobre todo, que engendra a través de su palabra-carnal (=encarnada), ofreciendo al niño el calor de la vida, el alimento de los pechos, el cariño del corazón, el cuidado de las manos y, de un modo especial, la palabra de la comunicación personal y de la libertad. Así lo ha destacado Lc 1, 26-38, situando la maternidad responsable de María, en nivel del diálogo con Dios.

Leída a la luz de la experiencia israelita (asumida en otra perspectiva por Mt 1, 18-25), esta es una maternidad «en compañía», que no se puede entender simplemente desde la ausencia de un varón, sino desde un diálogo más profundo con el varón (en este caso José) y con toda la historia israelita. Sólo de esa forma se puede hablar de la Presencia del Espíritu Santo, que no se entiende como sustituto de una carencia humana sino como plenitud de sentido de la maternidad humana de María.

En este sentido, su maternidad no ha de entenderse de un excluyente (por oposición al influjo de otros), sino de un modo incluyente: en ella se expresa el misterio y la tarea genética de los hombres (varones y mujeres), como engendradores de vida. Por eso, podemos afirmar que la iglesia ha proyectado hacia María unos rasgos de paternidad-maternidad que no son exclusivamente femeninos, sino humanos, en plenitud, aunque reciben matices distintos en lo masculino y femenino.

La maternidad se sitúa, por tanto, en un nivel de corporalidad comunicativa, engendradora, que se expresa través del cuerpo-hecho-Palabra, en diálogo concreto con los otros (sobre todo, en un nivel de relación de mujeres con varones). Cerrada en sí misma, sin comunicación-carnal de los padres entre sí y de ambos con Dios (y con la nueva vida, que nace en la carne), la maternidad carecería de valor humano, sería algo monstruoso, en nivel pre-humano o post-humano, pero nunca salvador para los hombres. Cuando la iglesia afirma que María es Madre del Verbo de Dios en la carne la sitúa en el centro de un proceso de generación humana, es decir, de comunicación personal, que se realiza en el nivel de la carne entera (que sólo existe en plano de amor-palabra), no de simple biología corporal.

Sólo en ese contexto puede nacer de verdad un niño, como dice Hanna Arendt. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Barcelona, Península, 1996, 198: «Como el niño ha de ser protegido frente al mundo, su lugar tradicional está en la familia... La familia vive su vida privada dentro de cuatro paredes (de la casa) y en ellas se escuda, pues ellas cierran ese lugar seguro sin el cual ninguna cosa viviente puede salir adelante, y esto es así no sólo para la etapa de la infancia sino para toda la vida humana en general, pues siempre que se vea expuesta al mundo sin la protección de un espacio privado y sin seguridad, su calidad vital se destruye».

Presupuesto 2. Madre iniciadora, el despliegue de la vida.

La madre empieza siendo aquella que 'da a luz', poniendo al hijo fuera de sí y engendrándolo a través del afecto y palabra carnal, para que así pueda asumir su libertad y realizarse por sí mismo. Normalmente esta función la realiza la mujer con el varón, de manera que actúan ambos juntos, padre y madre (con el resto del grupo o sociedad en que están insertos), en diálogo de complementariedad personal, aunque el influjo de cada uno varía en los diversos casos y culturas. El Nuevo Testamento conserva las huellas de José, al quien tanto Lc 4 como Jn 1 presentan como padre de Jesús. Pero ha destacado especialmente la función materna de María, que puede ejercer y ejerce de un modo simbólico las funciones del padre y la madre, como supone Jn 2, 1-11. En ese sentido decimos que ella ha sido iniciadora, pues sitúa a Jesús antes su tarea mesiánica, abriéndole, no imponiéndole, un camino.

Lo que inicia al hombre en la vida no son unas ideas abstractas (unas esencias), sino unos gestos y caminos, asumidos y ofrecidos de manera normal por la madre (por los padres). Los que inician son los mismos padres. Lógicamente, la libertad creadora de Jesús, siendo propia y autónoma (¿qué tengo que ver yo contigo, mujer? ¡aún no ha llegado mi hora!: Jn 2, 4), está vinculada a la palabra y testimonio de la madre, que le abre un horizonte de sentido y le sitúa ante las necesidades de los hombres de su entorno. Jesús ha de asumir y recorrer su propio camino de libertad, que culmina en la entrega de la vida, y en ese sentido ha de «romper» con un cierto tipo de ataduras maternas (y paternas) pero no puede hacerlo en gesto de puro rechazo contra la madre, sino recibiendo y recreando el impulso que ella le ha ofrecido, en diálogo dramático, de tipo personal.

En este contexto resulta muy significativa la aportación de la antropología judía, tal como ha sido recogida de forma genial por F. Rosenzweig, en su manea de ver la oposición entre judaísmo y cristianismo. A su juicio, el judaísmo está vinculado con algo que se adquiere en el mismo nacimiento, definido por los padres, es decir, por el mismo pueblo, entendido como gran útero materno; por eso, los judíos no tienen que re-nacer (nacer a otro nivel de existencia) para encontrarse a sí mismos, sino que les basta con volver al origen del que han provenido. Por el contrario, los cristianos no nacen, sino que se hacen: el cristianismo es algo que está fuera de la vida natural, algo añadido, que se expresa en instituciones exteriores, de tipo eclesiástico.

«El misterio del nacimiento, que en el caso del judío le acontece al individuo, se halla aquí antes de todos los individuos: en el milagro de Belén. Ahí, en el origen de la Revelación, que es común para todos los individuos, tuvo lugar el nacimiento primero, común a todos ellos. El ser innegable, dado, originario y perdurable de su cristianismo no lo hallan estos en sí, sino en Cristo» (F. ROSENZWEIG, La estrella de la redención, Sígueme, Salamanca 1997, 465).

Estas palabras inquietantes y luminosas del judío Rosenzweig, uno de los mejores conocedores del cristianismo del siglo XX, nos sitúan en el mismo centro de la mariología, tal como iremos mostrando a partir de ahora, en todo este trabajo. Rosenzweig supone que los judíos son un pueblo «natural», que nace de una madre (de un pueblo materno) que le ofrece lugar en la vida, de manera que a cada uno le basta con ser aquello que ha recibido; volver al origen del nacimiento, vincularse a la madre, eso es ser judío.

Por el contrario, los cristianos tienen que dejar a la «madre natural»: así deben superar su nacimiento particular (pagano, sometido al pecado original de una historia de pecado), para re-nacer en un plano de «espíritu», es decir, de universalidad. Situada en esta perspectiva, la Virgen Santa María, la madre mesiánica de Jesús, ya no es para los cristianos la madre carnal concreta que engendró un día a Jesús, sino una «madre ideal», en la línea de la espiritualidad gnóstica (o platónica), que los cristianos han inventado para universalizar la tradición judía (desligándola de su identidad concreta, de pueblo elegido y distinto).

Eso significaría que, en el fondo, Maria tendria que ser para los cristianos una «madre platónica», un tipo de eterno femenino, de madre eterna, pero no la madre carnal concreta, que nos puede vincular desde la carne del proceso de la vida. Ciertamente, Rosenzweig es demasiado inteligente para dejar que las cosas queden así, en forma de pura oposición. Por eso afirma, en el conjunto y las conclusiones de su libro, que cristianos y judíos se necesitan: que los judíos deben superar el riesgo de una madre nacional (que les cierra en su propio y exclusivo pasado, en su identidad cerrada) y que los cristianos tienen que superar su riesgo idealista (para encarnar el evangelio de Jesús en la historia concreta de los hombres).

Tendría que haber, según eso, un pacto entre la María judía (figura puramente nacional) y la María cristiana (que habría corrido el riesgo de universalizarse de un modo platónico, espiritualista, separado de la carne).

Sobre este fondo se sitúa, a mi juicio, el gran problema de la mariología y de la historia humana, en el lugar donde se pueda unir lo concreto (un pueblo histórico, una madre particular) y lo universal (María madre de todos), sin caer en el particularismo ni en el espiritualismo (ni en un sistema impositivo, que se impone sobre todos, negando sus diferencias). Pienso que podemos asumir este reto, para recuperar la maternidad carnal e histórica de María (mujer israelita), sin diluir el evangelio de su Hijo en un tipo de esencia supra-histórica (en un idealismo dictatorial, desencarnado, de tipo espiritualista o sacral). En esa línea se sitúan las reflexiones que siguen: la Madre Israel, la Madre María siguen siendo un principio e impulso de educación para nosotros, los cristianos, que también nos llamamos y queremos ser hijos de Israel.

Presupuesto 3. Madre del hijo muerto, fracaso de la madre.

Normalmente, la madre muere antes que el hijo, que le acompaña en el trance de la despedida. Pero en el caso de Jesús nos hallamos ante el acontecimiento, menos frecuente, pero muy significativo, de la madre que asiste a la muerte del hijo, de manera que puede sentirse fracasada: no ha engendrado a un hijo que pueda sobrevivirle, en la historia de la vida, sino a un hombre que muere derrotado, antes de tiempo, destruido en plena juventud por las ruedas de violencia de la sociedad o de la historia.

Esto ha sucedido a Jesús: ha recorrido su frágil camino de carne, en gesto de solidaridad, ofreciendo su mensaje a los pobres y excluidos de su pueblo, enfrentándose con ello al sistema sagrado de Israel y al orden imperial de Roma, que le han condenado a la cruz. La tradición afirma que el conjunto de sus discípulos y amigos han huido, dejándole solo en la muerte, pues tenían miedo de compartir su camino. Pero la misma tradición añade que, al lado de la cruz se han mantenido unas mujeres, y de un modo especial su madre, como testifica Mc 15, 40 (al menos veladamente) y como ha destacado de manera temática muy honda Jn 19, 26-27.
Esta imagen del hijo que muere, dejando a la madre doblemente viuda, sin marido y sin posibilidades de descendencia, aparece en algunas de las tradiciones escatológicas y apocalípticas más repetidas de Israel, como ha recogido de manera impresionante en el libro Cuarto de Esdras. La Doncella-Viuda de Israel llora sin consuelo por la muerte de sus hijos (cf. Mt 2, 16-18). Aquí nos encontramos ante el límite de las posibilidades de un judaísmo nacional como el Rosenzweig (y el de otros judíos, como E. Lévinas, de los que hablaremos luego). Este es el límite de toda religión particular, de todo engendramiento.

Pues bien, precisamente aquí, en el lugar donde parece que la maternidad fracasa, allí donde parece que se han roto todas las relaciones de Dios son su pueblo y la historia no tiene ya ningún sentido, viene a situarnos el evangelio cristiano. De esta forma se acaba y culmina la maternidad de Maria, como proceso carnal de diálogo con su hijo, que puede y debe recrearse, de un modo pascual, en la comunidad del Discípulo Amado. Sólo allí donde la madre está dispuesta a la muerte de su hijo (que es más que la muerte de ella misma) puede iniciarse un proceso de nueva y más alta comunión. Situada ya en este contexto, la maternidad de María sólo puede entenderse y valorarse de un modo pascual, como un elemento de la antropología del Cristo resucitado.

El tema del dolor de la madre por la muerte del hijo, que no es simple dolor físico, ni psicológico, sino expresión de un fracaso radical de maternidad, está en el centro de algunos textos básicos del Nuevo Testamento: no solo de Jn 19, 26-27 y de Mt 2, 16- 18 (como puede verse por los comentarios), sino también en Lc 2, 33-25 (cf.La Madre de Jesús, Sígueme, Salamanca 1990, 167-186). Este es un tema que está en el fondo de mi Antropología Bíblica, Sígueme, Salamanca 1194. Desde una perspectiva judía, ante la ruina del “hijo” muerto (ante la destrucción de gran parte de Israel en el Holocausto de 1938 a 1945), ha elevado su más honda antropología E. L. FACKENHEIM, La presencia de Dios en la historia. Afirmaciones judías y reflexiones filosóficas, Sígueme, Salamanca 2002. Pienso que todo lo que sigue puede entenderse como respuesta a sus preguntas, desde una línea cristiana, en la que Jesús aparece como el Pueblo de Israel que muere (para renacimiento del Israel universal).

Estos tres presupuestos antropológicos, que hemos querido evocar desde un trasfondo judío, nos sitúan en el centro del misterio de la vida y obra de la Madre de Jesús. Ella sigue vinculada, como madre mesiánica, con su pueblo carnal, de manera que podemos situarla en perspectiva de experiencia israelita (de Antiguo Testamento cristiano), no para separarla de la carne concreta del pueblo de Israel, sino para abrir desde ella un camino de encuentro y comunicación universal, que no sea idealismo gnóstico ni sistema social impositivo. De esa manera, como judía fecunda y sufriente, María forma parte del despliegue humano de Jesús y se sitúa (nos sitúa) ante su cruz pascual. Desde ese fondo tendríamos que haber expandido el último momento (Muerte de Jesús) en perspectiva de resurrección. Pero con eso entramos ya en el siguiente apartado del tema, tal como ha sido recogido por las formulaciones dogmáticas.

22 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Roser Puig F 18.08.10 | 09:30

    Hisopo perdona, no me había dado cuenta de la descripción que haces de tu santa esposa. Felicidades por poseer un ejemplar de genuina cultura patriarcal. Todavía te has olvidado de algo que esa santa mujer hace por ti: se autoanula (se hace la tonta) en más de una ocasión, especialmente cuando estás con tus amistades, a fin de que, de esta manera, siempre quedes tu como el más listo de la familia.

  • Comentario por hisopo 16.08.10 | 23:44

    Roser, aquí el "adalid de los católicos del blog" (un piropo que me hacer sentirme muy honrado):
    tu último comentario tiene una ventaja: te lo dices todo tu sola. Así que sobran las palabras.
    Pues no, mira: yo soy partidario de que las mujeres además de dispuestas a servir callada y humildemente y fregar y planchar y cocinar y limpiar los baños y hacer la compra y cuidar de los niños y de los mayores (¡¡guááááááu, qué gozada!!) vayan marcadas a fuego y con argollas en la nariz (para tirar de la cadena o atarlas, se entiende). ¿Pero es que no se te ocurre otra cosa que decir? ¿No te da vergüenza decir tantas tonterías? ¿Estás empeñada en demostrar que la ideología feminista de la que te presentas como adalid no pasa de ser una sarta de chorradas?
    Y como citas el Magnificat y hablamos de dogmas marianos recuerdo otra parte del mismo que viene al tema como anillo al dedo: "Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí...

  • Comentario por Roser Puig F 16.08.10 | 17:15

    ). Curiosamente, se olvida de aquella parte en la que María proclama ser creyente del Dios de Israel, el cual”derriba a los soberbios de sus tronos” y se manifiesta partidario de los pobres, “enviando a los ricos vacíos”.
    En esa encíclica, B16 deja claro cual es su modelo de Iglesia, al que defiende e intenta perpetuar: Una ICAR esplendorosa y rica, sin voces discrepantes, donde las mujeres se apresten, sumisa y humildemente, a servir a los varones, tanto en la familia como en el Templo.
    ¿Dónde queda el Mensaje de Fraternidad de todos los seres humanos por filiación divina, del Hijo de María?

  • Comentario por Roser Puig F 16.08.10 | 17:13

    El adalid de los católicos del blog, como siempre, después de reconvenir a Xabier Pikaza por la imagen “demasiado humana” (en su opinión) que ha dado de María, la madre de Jesús, en este post, nos aconseja a las mujeres del blog que imitemos la imagen de Ella que ha elaborado la ICAR a través de los siglos. ¡Misión imposible! ¿Cómo vamos las mujeres corrientes a poder imitar a la Virgen Maria que venera la ICAR si no hemos sido preservadas de todo pecado y que, por mas que nos esforcemos, jamás podremos parir y mantenernos vírgenes antes, durante y después del parto?
    Sospecho que Hisopo se refiere a que la imitemos en lo de SU DISPOSICION A SERVIR, CALLADA Y HUMILDEMENTE, sin reclamar nuestr4os legítimos DDHH.
    Así dice Benedicto 16 que lo hacía María, (en su primera encíclica “deus caritas est”, 2ª parte, nº41). Para reforzar su argumentación, el Papa cita el Magniificat: “Ella es humilde, no quiere sino ser sierva del Señor” (Lc 1, 38,48). Curiosamente, se olvida de ...

  • Comentario por Carmen H 16.08.10 | 11:57

    Bueno, poco se habla de la dormición, (dominicos, aquellos de la S. Inquisición)la mujer a la que duermen para que no sea muerta, no entre en el sepulcro, y a la vez no necesite u obtenga esa resurreción que Jesús si obtuvo.
    Son muy finos, estos de los dogmas, sutilmente hace que sea lo mismo pero no lo es.
    Los franciscanos no admiten estas dormición, sino que ella, María mueres pero sube al cielo tal cual derecha en cuerpo y alma, aunque sepamos que el alma no muere, pero si que se desprende de esea terrenalidad de la carne al morir esta... en María defiende que no hubo esa necesidad por ese dogmas de virginidad eterna.
    Aunque ahora han hecho un remis de ambos conceptos de dormición y muerte consubida inmediata al cielo sin pasar por el sepulcro.
    Cuanto inventos para dar argumentos a lo inventado

  • Comentario por galetel 15.08.10 | 23:21

    No es mi intención entablar un debate teológico acerca de estos temas y de las “soluciones” en que creo y propongo. No lo haré, porque sería muy largo y complicado. Lo dicho lo insinúo solamente, como una sugerencia para quien quiera recogerla. En todo caso, si a alguien le interesa, puede encontrar más opiniones mías en estos enlaces:
    http://www.scribd.com/doc/31228117/14-Maria-Comentarios-de-Teologia-Emergentista
    http://www.scribd.com/doc/31223884/08-La-Resurreccion-Comentarios-de-Teologia-Emergentista

    Saludos cordiales.

  • Comentario por galetel 15.08.10 | 23:20

    la información (genética, mental, etc.) que la determina unívocamente, que persiste más allá de la muerte en la “memoria” de Dios, de modo que Dios puede reimplantarla corporalmente al fin, en la resurrección por/con/en Jesucristo. El caso de María representa la vivencia anticipada (“proléptica”) de esto, por la fe, gracias al Espíritu Santo.)

    -Que lo que se dice en los evangelios acerca de María, la madre de Jesús, son verdades históricas que hay que tomar al pie de la letra.
    (En mi opinión, no es que no sean verdades; sino que hay que entenderlas de otra manera. Las referencias a María, en los evangelios, son casi todas simbólicas del “resto fiel de Israel” y de la Iglesia cristiana, y por extensión, de la Humanidad. Con muy escasas excepciones, las referencias a María aparecen en “teologúmenos”, textos de sentido teológico que no hay que interpretar como relatos históricos.)


  • Comentario por galetel 15.08.10 | 23:18

    En mi opinión, ya es hora de aceptar que hay ciertas ideas tradicionales que deben ser entendidas de otra manera. Me refiero a ideas como estas tres que voy a enunciar a continuación.

    -Que hay “otro mundo” paralelo a éste en el espacio, en otra dimensión o algo así, cuyo tiempo pueda sincronizarse con el de este mundo, donde habita Dios y adonde fue asunta María. El “cielo”, vamos.
    (En mi opinión, no es que no haya “otro mundo”; creo que sí lo hay, pero entendido de otra manera. El “otro mundo” es la culminación escatológica de este mundo, al fin del proceso evolutivo cósmico.)

    -Que hay, en cada persona, un “alma inmortal” que sobrevive a la muerte del cuerpo, y que se “va” al “otro mundo”, donde espera hasta la resurrección de su cuerpo; siendo María la excepción porque su cuerpo ya ha sido “asunto” anticipadamente.
    (En mi opinión, no es que no sea así; sino que hay que entenderlo de otra manera. El “alma” de cada persona es la información (genéti...

  • Comentario por Matutina 15.08.10 | 22:46

    en favor de los desheredados;
    porque derriba de su trono a todos los dictadores
    y sostiene la marcha de los oprimidos
    que rompen estructuras en busca de la Liberación;
    porque sabe personar a su sierva, la Iglesia,
    siempre infiel creyéndose señora,
    siempre amada escogida, sin embargo,
    por causa de la Alianza que El hizo un día con la sangre de Jesús.

    María de Nazaret, cantadora del Magníficat, servidora de Isabel:
    ¡quédate también con nosotros, que está por llegar el Reino!;
    quédate con nosotros, María,
    con la humildad de tu fe, capaz de acoger la Gracia;
    quédate con nosotros,
    con el Verbo que iba creciendo en ti,
    humano y Salvador, judío y Mesías, Hijo de Dios e hijo tuyo,
    nuestro Hermano,
    Jesús. "
    Amén
    (de mi obispo Pedro Casaldáliga)

  • Comentario por Matutina 15.08.10 | 22:43

    Contigo proclamamos la grandeza del Señor, que es el único grande,
    y en ti nos alegramos contigo, porque, a pesar de todo, Él nos salva.

    Contigo cantamos, María, exultantes de gratuidad,
    porque Él se fija en los insignificantes;
    porque su poder se derrama sobre nosotros en forma de amor;
    porque Él es siempre fiel,
    igual en nuestras diversidades,
    único para nuestra comunión,
    de siglo en siglo, de cultura en cultura, de persona en persona;
    porque su brazo interviene históricamente
    -por intermedio de nuestros brazos, inseguros pero libres-
    y porque un día intervendrá, definitivamente Él;
    porque es Él quien desbarata los proyectos de las transnacionales
    y sostiene la fe de los pequeños
    que se organizan para sobrevivir humanamente;
    porque vacía de lucros los cofres de los capitalistas
    y abre espacios comunitarios
    para el plantío, la educación y la fiesta
    en favor de los desher...

  • Comentario por Matutina 15.08.10 | 22:40

    Enséñanos aquel Jesús verdadero,
    carne de tu vientre, raza de tu pueblo, Verbo de tu Dios;
    más nuestro que tuyo, más del pueblo que de casa,
    más del mundo que de Israel, más del Reino que de la Iglesia.
    Aquel Jesús que, por el Reino del Padre,
    se arrancó de tus brazos de madre
    y se entregó a la muchedumbre,
    solo y compasivo, poderoso y servidor, amado y traicionado,
    fiel ante los sueños del Pueblo,
    fiel contra los intereses del Templo,
    fiel bajo las lanzas del Pretorio,
    fiel hasta la soledad de la muerte

    Enséñanos a llevar ese Jesús verdadero
    por los callados caminos del día a día,
    en la montaña exultante de las celebraciones,
    junto a la prima Isabel,
    y a la faz de nuestros pueblos abatidos
    que, a pesar de todo, Lo esperan.

    María nuestra del Magníficat,
    queremos cantar contigo,
    ¡María de nuestra Liberación!
    Contigo proclamamos la grandeza del Señ...

  • Comentario por Matutina 15.08.10 | 22:38

    obrera sin cualificación, madre soltera, monjita de clausura;
    niña, novia, madre, viuda, mujer.

    Cantadora de la Gracia que se ofrece a los pequeños,
    porque sólo los pequeños saben acogerla;
    profetisa de la Liberación que solamente los pobres conquistan,
    porque sólo los pobres pueden ser libres:
    queremos crecer como tú,
    queremos orar contigo,
    queremos cantar tu mismo Magníficat.

    Enséñanos a leer la Biblia -leyendo a Dios-
    como tu corazón la sabía leer,
    más allá de la rutina de las sinagogas
    y a pesar de la hipocresía de los fariseos.

    Enséñanos a leer la Historia
    -leyendo a Dios, leyendo al hombre-
    como la intuía tu fe,
    bajo el bochorno de Israel oprimido,
    frente a los alardes del Imperio Romano.

    Enséñanos a leer la Vida
    -leyendo a Dios, leyéndonos-
    como la iban descubriendo tus ojos, tus manos, tus dolores, tu esperanza.

  • Comentario por Matutina 15.08.10 | 22:35

    la Iglesia somos todos, y no hay un modelo único de María, sino muchos distintos. La relación de cada cristiano y cada cristiana con Maria es muy personal y no siempre se apoya en el andamiaje dogmatico. Hay otras maneras de entender a María, están los evangelios, están las tradiciones y devociones populares, que hay que empezar a valorarlas, que lo mejor dicen mucho mas la gente, por ser más sencillas y estar más apegadas a la realidad de la vida del ser humano común y corriente.
    A mi me gusta por ejemplo este modelo de María, que me sugiere muchas cosas para mi vida:
    "María de Nazaret, esposa prematura de José el carpintero,
    aldeana de una colonia siempre sospechosa,
    campesina anónima de un valle del Pirineo,
    rezadora sobresaltada de la Lituania prohibida, indiecita masacrado de El Quiché,
    favelada de Río de Janeiro,
    negra segregada en el Apartheid,
    harijan de la India,
    gitanilla del mundo;
    obrera sin cualificación, madre s...

  • Comentario por atman 15.08.10 | 21:15

    Debemos de ir dejando esas`posiciones de Iglesia grande, segura y autoritaria y magisterial , que se coloca por encima de todos........ e ir aprendiendo de María cada vez más: "El hace proezas con su brazo,dispersa a los soberbios de corazón,derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacios (Lcs.1, 51-53)
    Iglesia que camina con el hombre de hoy, una iglesia vulnerable y pecadora y que acompaña a la humanidad, especialmente, a los que sufren y que estan en crisis , como ella

  • Comentario por hisopo 15.08.10 | 20:14

    La cuestión no es que la Virgen tenga algo que decir a las mujeres del siglo XXI sino si las muejres del siglo XXI están dispuestas a aceptar el modelo que ella representa y que la Iglesia presenta.

    Por aquí proliferan estas últimas. Que lo que quieren, como siempre, son modelos a su medida; o sea, fabricados por ellas mismas. Lo risible y sarcástico de todo ello es que encima lo pretendan tomando como referencia la ideología feminista.

    Venga, ahora toca decir que si la Iglesia ha traicionado el mensaje, que si la imagen es jerarco-patriarcal-sacral y demás chorradas, que si bla, bla, bla.

  • Comentario por Matutina 15.08.10 | 18:19

    Como mujer que soy encuentro absurdo eso de la "siempre Virgen María". Habeis deformado con tal concepción la figura de Maria de Nazaret, a quien admiro por su trayectoria vital, pero si la poneis naciendo sin pecado, concibiendo sin marido, pariendo no sé por donde, y volando a los cielos dormida, la convertis en una especie de ser fantástico que bien podría formar parte de una peli de ciencia ficcción.

    Es urgente resituar la figura de Maria en la Iglesia católica, liberarla de todo ese ropaje dogmatico de hechura patriarcal, para que se pueda descubir la estupenda mujer que fue, mujer con todas las consecuencias, y tenga algo que decir a las mujeres del siglo XXI.

  • Comentario por hisopo 15.08.10 | 16:49

    Sí tenemos la Verdad absoluta: Cristo, Palabra de Dios autorevelado tal como la ha transmitido la Iglesia

    Dejando de lado la cuestión de la fe como don, muchos se escudan en la incapacidad de poseer la verdad simplemente porque la de Cristo, exigente y nada fácil, les incomoda y por ello unos la sustituyen por una propia, a la medida de sus carpichos, llegando en muchos casos, en el colmo de la contradicción, a reconocer que no es la auténtica, o sea, que no es verdad; otros, la sustituyen por una heurística siempre estéril porque nunca llega a ninguna conclusión.

  • Comentario por hisopo 15.08.10 | 16:13

    Atman:

    "Quizas para muchos que tengan que replantearse su fe ala luz de los nuevos descubrimientos de la ciencia".

    ¿Cuáles son esos descubrimientos de la ciencia por el que el creyente tendría que replanterase su fe, o sea, la fe de la Iglesia? Como hablas de ciencia, da datos; datos objetivos y comprobados.

    A ver si eres capaz.

  • Comentario por atman 15.08.10 | 14:53

    Estamos en unos tiempos apasionantes. Quizas para muchos que tengan que replantearse su fe ala luz de los nuevos descubrimientos de la ciencia, dudaran y se sentiran inseguros porque añoraran los tiempos de inflexibilidad, de verdad inmutable, de autosuficiencia......pero es necesario que nos pogamos a caminar reconociendo que somos vulnerables, que no tenemos la verdad absoluta y que debemos de dejar el lastre de nacional-católicismos que tenemos todavia en las venas.
    Cuando hablabas de la familia patriarcal y.......machista (que fué la que vivio Jesús, y hemos vivido muchos de nosotros) y describias el engendramiento masculino donde la mujer ejercia simplemente de incubadora del espermatozoide y donde la mujer ejercia toda la carga de alimentar, cuidar, tratar diariamente con los hijos (cada uno distinto) y las reacciones psiquicas que el hijo percibia y que lo orientaban en una manera de ser, de sentir, de actuar ¿que complejo es todo verdad? Pero así es DIOS,

  • Comentario por Tiburcio Contreras Ussía. 15.08.10 | 13:38

    Sr. Pikaza el ser humano, persona humana, tiene un alma inmortal y lo que es inmortal es eterno y universal.

    Los griegos y mi buen amigo Sócrates ýa sabían de esto, bastante más que usted.

    Y no escriba de " nuevos cristianos " en sentido de novedad. La novedad comenzó y continua IMPERECEDERA con el nacimiento, vida santa y muerte y RESURRECIÓN de JESUCRISTO. Sea más HUMILDE.

    Buen día de la Asunción de la Siempre Virgen María.

  • Comentario por Burbuleta 15.08.10 | 13:13

    Han existido ..sigue siendo así ,muchas clases de mujeres ...a veces valoradas ..por ellas y por los demás ...otras, ni por ellas ,los otros o la vida ...me temo que será así hasta el fín de los siglos .
    Por descontado ,cada vez mas ...los varones han comenzado ya a vivir ..lo que muchos quizá pensábamos no iba a llegar ,está bién ...lo vivido es un buén trampolín ,para comenzar a comprender "lo ignorado ,tapado ,escondido e infravalorado...vamos dando vueltal al baul ...dejando a la vista lo que estuvo en el fondo ...como la mísmisima "moda " ...se dán algunos retoques y parace "como si hubíeramos inventado ..un estilo novedoso
    Nos engañamos ,sín reconocerlo ,con prepotencia ..sin querer ver ..que todo estaba en el mismo baul

  • Comentario por hisopo 15.08.10 | 12:04

    Sr. Pikaza:

    si es por mí, aunque no le he "perdido" nada le agradezco dxe todas maneras que nos ilumine con sus precisiones dogmáticas.
    Esperaremos, pues.
    De momento, hoy se ha limitado a recordarnos el carácter de mujer y madre de la Virgen. Algo tan sencillo y obvio que no necesitaba tanta prosa.
    Una reflexión: su discurso sobre Jesús suele ir acompañado de la noción de "fracaso" asociado a su muerte (cuando lo que fue, realmente, fue un triunfo -aunque esta es otra cuestión-). Ahora hace extensivo ese "fracaso" al de una madre que ve muerto a su hijo. Debería reflexionar sobre ello proque habrá mucha madre (o padre) que habrá pasado por esa dolorosísima experiencia y a los que, tal vez, la expresión les pueda resultar ofensiva en la medida en que, además del dolor padecido, parece que les haga cargar con un sentimiento de culpa por un hecho ajeno a su voluntad y del que no son responsables.

    Reitero mi felicitación a todas las Aunciones.

Domingo, 3 de junio

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