El blog de X. Pikaza

J. M. Díez-Alegría: ¿Qué me cabe esperar cuando digo “creo en mi resurrección”?

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José M. Díez-Alegría ha muerto, ya cerca de los cien años, el pasado 25 de este mes de julio en Madrid. Había nacido en Gijón el 22 de octubre de 1911. Había sido jesuita, teólogo, uno de los pensadores religiosos más influyentes de España en el siglo XX. En el Diccionario de Pensadores Cristianos, que estoy preparando, había escrito esta semblanza:

DÍEZ-ALEGRÍA, JOSÉ MARÍA (1911- ).

Teólogo católico español, que ha pertenecido a la Compañía de Jesús. Ha estudiado filosofía, teología y derecho, en diversas facultades de la Compañía de Jesús, especialmente en la Gregoriana de Roma. Fue profesor de ética en Alcalá de Henares desde 1955 hasta 1961 y después profesor de Doctrina Social Católica en la Gregoriana de Roma hasta el 1972, creando allí una escuela de pensamiento social que ha influido en la teología y sociología posterior de la Iglesia Católica.

Tras la publicación de su libro Yo creo en la esperanza (Bilbao 1972) y a causa unas declaraciones sobre la libertad de los cristianos y contra la injerencia de la Iglesia en temas vinculados al poder (se opuso a que la Iglesia italiana forzara unor referendums para impedir la ley del divorcio...), fue expulsado de la Universidad y tuvo que abandonar la Compañía de Jesús, viviendo, sin embargo, como amigo y hermano, en residencias de la misma Compañía, en Alcalá, Madrid y Asturias. Su obra gira en torno a las cuestiones sociales y a la forma de presencia de la Iglesia en la sociedad, que ha de ser a modo de fermento, en línea de justicia y de vinculación con los más pobres.

Entre sus obras: El desarrollo de la doctrina de la ley natural en Luis de Molina y en los Maestros de la Universidad de Évora de 1565 a 1591 (Barcelona 1951); Ética, Derecho e Historia (Madrid 1963); La libertad religiosa Barcelona 1965); Actitudes cristianas frente a los problemas sociales (Barcelona 1967); Teología frente a sociedad (Barcelona 1972); La cara oculta del cristianismo (Bilbao 1983); ¿Se puede ser cristiano en esta iglesia? (Bilbao 1987); Cristianismo y propiedad privada (Bilbao 1988); Yo todavía creo en la esperanza (Bilbao 1999).

La noticia de su muerte y la semblanza de su vida ha venido apareciendo en los diversos medios todos estos días. Pero yo no quiero hablar hoy de su vida, sino de su visión de la muerte, utilizando un texto que me ha enviado Gonzalo Haya, colaborador del este blog y amigo, que me escribe:

José Mª Díez Alegría, como profesor de ética, orientó mi pensamiento y mi comportamiento con una gran sentido social. Como persona ha sido un referente por su espiritualidad y por el humanismo expresado en su sentido del humor En el día de su fallecimiento creo que vale la pena leer las reflexiones, de hace unos diez años, sobre su propia muerte. Aquí van esas reflexiones.

Gracias a ti, Gonzalo, por habérmelas mandado. Y gracias, sobre todo, a ti José María, con el recuerdo emocionado de las veces que tuve el honor y gozo de saludarte, primero en Roma, cuando eras profesor famoso, y luego en tu “retiro” español, cuando, quizá sin buscarlo, hacías de orientador de muchos que hemos querido ver mejor las implicaciones de la libertad cristiana. Y a todos los lectores de mi blog os dejo con este hermosísimo texto, digno de un día de San Pedro y de San Pablo. Feliz día.

JOSÉ MARÍA DÍEZ -ALEGRÍA

LA MUERTE DESDE LA FE EN LA RESURRECCIÓN

Dada mi provecta edad (tengo 88 años cumplidos ) y dado que vivo (hoy por hoy, Dios me la conserve) con una gran paz ante la perspectiva de la muerte, que no puede estar muy lejana para mí, y cuya realidad no eludo, sino que la tengo presente todos los días, me parece que lo mejor será no escribir un artículo teórico sobre "la muerte desde la fe en la resurrección, sino más bien intentar una reflexión fenomenológico-existencial sobre lo que para mí es mi (ya próxima) muerte, desde mi fe en la resurrección. Por tanto no pretendo dar una receta que cualquier otro se pueda encasquetar, como si fuera un traje hecho, sino ofrezco una humilde vivencia mía, que trato de explicar a los demás. con la esperanza de que pueda serles de alguna ayuda, para lograr ellos mismos una vivencia personal positiva (propia suya) ante la indeclinable perspectiva. concreta y realísima, de nuestra mortalidad.

Hablo desde mi fe en la resurrección y, por tanto, primariamente a los que tienen una fe en la resurrección, pero quizá mis confidencias puedan prestar alguna ayuda a quienes no creen en la resurrección ni en un "más allá" de esta vida para cada uno de nosotros. Porque yo tengo una fe profunda (a la vez que humilde y temblorosa), pero no una seguridad fanática de la “Resurrección" en general, y menos aún de mi propia resurrección.
Trataré, pues, de explicar cómo vivo yo (creyente en Jesús de Nazaret y en el Dios en que él creía y a quien llamaba “Padre querido”) cómo vivo yo -repito- la cercanía de mí muerte, ante la que no quiero cerrar los ojos.

* * *

Y, en primer lugar, quiero decir que creo en la resurrección de Jesús de Nazaret con mucha mayor fuerza y firmeza de lo que creo en mi propia (futura) resurrección. Y además me parece que soy sincero cuando digo (y creo experimentar) que la resurrección de Jesús me importa mucho más que mi propia resurrección. Tengo en esta última una humilde y modesta esperanza que me da paz y gozo, pero no un afán angustioso de que tenga lugar.
Una perspectiva de la muerte como desarparición del yo autoconsciente, que se extinguiría plácidamente, como una gota de agua que cae en el río y desaparece anegada en el agua del río, no me angustia como le angustiaba locamente al bueno y admirable Don Miguel de Unamuno.

Me gusta mucho un pequeño y admirable poema del poeta Manuel Machado:

Morir, dormir ...
-Hijo, para descansar
es necesario dormir,
no pensar,
no sentir,
no soñar,
-Madre, para descansar,
morir

La muerte como descanso (sueño profundo sin sueños) no me parece de ningún modo un horror a mí, que he vivido una vida tan larga y con tantas cosas positivas, de las que me acuerdo mucho más que de las cosas desagradables. Estas, desde la altura de mis años, las contemplo bastante difuminadamente y con una tranquila benevolencia. Quizá a esta especie de apacible optimismo contribuya que (por lo menos desde hace muchos años) he afrontado la vida sin tener pretensiones (algo que recomendaba en una de sus últimas cartas el gran cristiano luterano Dietrich Bonhoeffer.).

Por tanto yo (pobre hombre, tan lejano de la espiritualidad seráfica de Francisco de Asís) me siento muy cerca de él en mi modo de contemplar mi próxima muerte. Cuando estaba ya muy cercano a este trance cantó él su salmodia deliciosa en la incipiente lengua italiana: “Laudato si, Missignore, per sora nostra morte corporal, de la_qualle nullu homo vivente po skappare" (Alabado seáis, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar). Nada de tétrico esqueleto con guadaña. Para mí la muerte es una hermana.
Es más, pretender que nuestra vida humana corporal y temporal fuera indefinida (un tiempo sin fin) sería horroroso. Aquí podríamos acudir a la sabiduría del bíblico Qohelet (Eclesiastés): "Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer y tiempo de morir" (3,1-2).

* * *

Pero lo que plantea un problema, desde este punto de vista, son los que mueren sin haber tenido una vida mínimamente digna de este nombre. Y aquí es muy importante recordar el modo como en la Biblia surge aquella fe en la resurrección, de la que en vida de Jesús participaron él y sus discípulos.

Durante la mayor parte de los siglos en que se va escribiendo la Biblia (que los cristianos llamamos Antiguo Testamento), los judíos no tuvieron la perspectiva de una vida más allá de la muerte, en que el ser humano podría alcanzar una plenitud nueva y definitiva.

Los judíos compartían con otros pueblos la idea de una “morada de los muertos” donde éstos tenían una existencia fantasmal, que no resolvía ninguno de los problemas que hubieran quedado sin solución en la vida presente.
Pero no tenían ningún afán angustioso de inmortalidad. Para ellos, morir en paz después de una vida buena y colmada de frutos, es decir, de bendiciones de Dios, se concebía como algo natural, deseable y que pertenecía también al don de Dios. Así, en el contexto de una manifestación a Abraham, en que Yahweh (Dios) le revela la elección que ha hecho de é1 y la alianza que establece con él, hablándole de su descendencia que sería numerosa como las estrellas del cielo, le dice: “Tú, en tanto vendrás en paz con tus padres, serás sepultado en buena ancianidad” (Gen 15,15).

No tenían el exacerbado individualismo y la actitud posesiva con que muchas veces el hombre moderno dice “yo no quiero perder mi vida”, considerando a ésta como una posesión, que no se quiere soltar.
E1 israelita tenía un sentido de sus límites individuales y una vivencia profundísima de su dimensión social: familia (descendencia), pueblo. Por eso, después de cumplir su tarea (y muy especialmente para ellos, de haber visto sus hijos y sus nietos), la muerte no era, un problema, sino el término de una función, la culminación de una realización, que para él terminaba en paz, pero continuaba en sus descendientes y en su pueblo.

Yo creo que sería bueno para las mujeres y los hombres de nuestro tiempo, creyentes y no creyentes, cristianos y no cristianos, reconquistar esta serenidad, esta modestia, este sentido no solipsista, sino comunitario, ampliando la solidaridad de progenie y de pueblo con la de universalidad humana.

Deberíamos, pues, reconquistar esa serenidad ante la muerte del antiguo Israel.

Pero lo que a los hebreos bíblicos les plantea problema es la muerte prematura e impensada, sobre todo la muerte de los justos a manos de los impíos, de los pequeños a manos de los poderosos opresores, como acción de éstos y fruto de la organización impía e injusta de la sociedad. Esto está expresado con fuerza incontenible en el Qohelet (Eclesiastés), sin ver solución al problema, pero sin renegar de Dios, a pesar de la rotundidad de las apelaciones de Job. Este incluso, en medio de su perplejidad parece vislumbrar en un texto oscuro (19,25), alguna posibilidad más allá de la muerte.

En el seno de este tema inquietante donde, hacia la época del libro de Daniel (entre 167 y 164 antes de JC.), surge la perspectiva (confianza, fe) de la resurrección de los justos, porque Dios lucha por ellos y con ellos, y el triunfo de los impíos no puede ser definitivo. Esta fe aparece expresada con vigor en el segundo libro de los Macabeos (7,9.11.14.23.29.36) y, un siglo más tarde, en el libro de la Sabiduría (1,16-2,20), escrito en un ambiente cultural helénico y con una antropología de cuño platónico (no semítico).

En este fondo de fe en la resurrecci6n, como revancha de Dios en favor de los pobres e inocentes injustamente oprimidos, surge nuestra fe en la resurreci6n de Jesús y en la resurrección de los asesinados por causa de la justicia (Mt. 5,10-12; Lc. 6, 20-22).

Jesús es el prototipo (en mi fe) del pobre y el justo inicuamente atropellado. Por eso mi fe en su resurrección es de máxima firmeza. Y, en segundo lugar, la de los pobres oprimidos que no han tenido nada en esta vida (pienso aquí en la parábola de Lázaro y el rico, y en lo que en ella le dice a éste el padre Abraham: ”Lázaro en vida recibió desgracias y ahora es consolado”, Lc. 16,25). Y también, en tercer lugar, la de aquellos que se identifican vitalmente con los pobres, como dice con frase certera el obispo brasileño (nacido en Cataluña) Pedro Casaldáliga (Cfr. Mt. 25, 31-40).

Lo que yo en cambio no creo es que haya una resurrección o pervivencia para un castigo dolorosísimo y eterno, de que serían víctimas aquellos que hayan sido “condenados’ en el juicio de Dios. Esta idea de la condenación eterna de la que tanto se ha abusado en la tradición cristiana para aterrorizar a los fieles e inducirlos así (con muy escasos resultados) a que no pequen, creo yo que es lo que ha creado entre nosotros el horror visceral a la muerte, y el intento infantiloide de excluirla de nuestro horizonte existencial, siendo así que es el único dato enteramente cierto de nuestro porvenir en este mundo.

Pienso que la creencia en el “infierno eterno” no pertenece a la sustancia de la fe cristiana

Es verdad que en los evangelios se habla de fuego y castigo eterno (Mt 25,41.46), de abismo de fuego (Mt5,22; 18, 19) y de fuego que no se apaga (Mc 9, 43). Estas expresiones podrían remontarse al mismo Jesús. Responden a un modo de hablar apocalíptico, propio de la época, y su imaginería es simbólica. Significan la ruina y desastre total.

Pero ¿hay alguien que incurra en esa perdición total?
En todo caso, parece que no se puede pensar en que Dios 'castiga' a los impíos (se venga de ellos) con una “acción" vindicativa eterna (¡haciendo un milagro para atormentar!). En esto parecen estar ya de acuerdo todos los teólogos cristianos (frente a los tremendismos de antaño).

Pero algunos, a base de que el ser humano tendría un alma espiritual, inmortal por naturaleza, sugieren que Dios no hace nada, sino que el juego de la naturaleza y libertad del hombre haría que el alma del que muere con una opción radical de rechazo del bien verdadero quedaría cristalizada de manera definitiva en lo que es su mal y su frustración absoluta.

Esta explicación (ya en sí llena de problemas) supone un tipo de antropología metafísica que no tiene nada que ver con la fe, y que resulta cada vez menos sostenible frente a los datos científicos. Yo pienso que no hay una sustancia espiritual en el ser humano, que sea naturalmente inmortal. Esto fue un postulado filosófico, tomado del platonismo. La fe cristiana no espera la inmortalidad del alma, sino la misteriosa resurrección (reconstrucción) del ser humano, por una acci6n inmediata y radicalmente fundante de Dios. Una "nueva creación".

Por eso, bastantes teólogos de los que piensan que hay que admitir el riesgo de perdición final de los llamados a optar por o contra Jesús (por aquello o contra aquello que Jesús representa), para explicar esto, escogen hoy otro camino. La "perdición" no sería permanencia eterna en un estado de frustración radical. La "condenación" consistiría en no tener parte en la resurrección con Jesucristo. No siendo el ser humano naturalmente inmortal (es el supuesto), si ha rechazado uno a Jesús radicalmente (de modo explícito o tácticamente equivalente: los valores del Reino que él proclamó), éste queda entregado a su. temporalidad finita.. Se disuelve, acaba en la muerte. Si en vida hubiera hecho el bien (al prójimo, especialmente a los pobres, necesitados, oprimidos...), su acabamiento en la muerte no sería "frustración", porque su existencia limitada habría estado llena de sentido. Pero Dios, por el Espíritu, le dará la resurrección con Jesucristo. Pero si su vida ha estado vacía de buenas obras, y termina en la nada, su existencia, es un fracaso deplorable (con algo de “absoluto”, irreparable), pero no una permanencia eterna en la contracción dolorosa de sentirse frustrado. Esta explicación teológica (según el excelente teólogo Andrés Tornos) no encuentra dificultades bíblicas insalvables.

En el Nuevo Testamento, la resurrección con Cristo de los que son suyos se presenta de modo muy distinto a como aparece la resurrección de los impíos, para ser juzgados. La afirmación de la primera respondería a una experiencia fundamental de fe. Los otros textos se mueven mucho más en la tradición del lenguaje de la apocalíptica judía, y se pueden y deben interpretar de manera fluida y oscilante, como corresponde al género literario a que pertenecen.

Un documento tardío del Nuevo Testamento, que llamamos primera carta a Timoteo, contiene esta hermosa exhortación: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todas las personas humanas. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los seres humanos se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad"(l Tim 2,1.3-4).

A mí me parece que no es contrario a mi fe mantener, como los grandes teólogos orientales Orígenes (siglo III) y Gregorio de Nisa (siglo IV), en actitud de humildad y religioso respeto a la magnitud del misterio del Amor divino, la apertura a una esperanza sin medida.

Después de todo lo dicho, reafirmo que mi fe en la resurrección se refiere con máxima firmeza y con íntimo gozo a Jesús. Se refiere también con fuerza a los pobres y marginados injustamente oprimidos. Abarca a los que han tenido una identificación vital y efectiva con la causa de éstos. Por otra parte, no desespero definitivamente de la posibilidad de salvación de nadie.
Pero para mí mismo ¿hasta qué punto espero la resurrecci6n?¿Con qué firmeza la espero?.

Me parece que con sincera firmeza. Desde hace mucho tiempo, empiezo el día pronunciando dos admirables versos de los salmos bíblicos: “¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?”( 42,3b).”Yo al despertar me saciaré de tu semblante” ( 17,15b). Pero la esperanza serenamente firme que tengo es humilde y muy ajena a cualquier tipo de exigencia o de afán perentorio. Pienso que Dios ya me ha dado de sobra y yo, en cambio, he sido muy poquita cosa en mi empeño por la causa del Reinado de Dios que Jesús anunció. Aunque me parece que he procurado sinceramente orientar mi vida en ese sentido. Y estoy contento de ello y de haber vivido en el amor y confianza del Dios Padre de quien Jesús nos habló y a quien él de alguna manera me ha hecho sentir tan dulce e íntimamente.
A mí me parece que si mi subjetualidad autoconsciente (mi personeidad humana) desapareciese, como la gota de agua en la corriente del gran río, yo seguiría presente en la mente y en el corazón de Dios. Ya sé que éste es un lenguaje radicalmente analógico, en que apenas capto lo que digo. Pero algo vislumbro, algo “me dice” esto a mí. Y lo siento con un gozo profundo.

Esto me lleva a formularme una última cuestión.

¿Qué me cabe a mí esperar cuando digo “creo en mi resurrección”?

Desde luego la resurrección no es que el muerto se levante para seguir viviendo en el espacio y en el tiempo cósmicos. Más bien la entrevemos como salida del espacio-tiempo y entrada en la eternidad (viviente y dinámica) de Dios.

San Pablo mismo se pregunta: “¿cómo resucitan los muertos?, ¿con qué cuerpo salen?”( 1 Cor l5,35). E indica que el cuerpo resucitado es algo completamente distinto del cuerpo cósmico (cuerpo psíquico): es un cuerpo espiritual ( 1Cor15,44). “La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios" (1 Cor 15,50). La existencia del resucitado será real en una identidad con la vida de Dios, un modo de ser inimaginable para nosotros. Entonces “Dios será todo en todas” (1 Cor 15,28).

Este "panenteísmo" al que apunta balbucientemente San Pablo, nos orienta a algo completamente distinto de la resurrección por la que ansiaba agónicamente Unamuno, para que siguiera su yo (aunque las vivencias unamunianas son complejas y no se reducen a este aspecto). Más bien nuestra vida de resucitados consistirá en salir yo de "mi yo". A esto apuntan los grandes y más auténticos místicos, como San Juan de la Cruz:

"¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
dejando ya mi casa sosegada."

Yo pienso que el vislumbre cristiano de la resurrección conserva el sujeto personal más de aquello a lo que apuntan las intuiciones místicas orientales (tan dignas de aprecio). Pero también los místicos cristianos apuntan a un retorno a Dios, en que sigue existiendo un sujeto, pero fuera de sí. Jesús nos enseñó que amarás a tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus_fuerzas y amarás al prójimo como a ti mismo son los mayores mandamientos (Mc. 12,29-31). Jesús nos introduce aquí en un misterio.
¿Es posible en esta vida terrena de la persona humana realizar completamente lo que postula este doble precepto?

El filósofo griego Aristóteles, por ejemplo, pensaba que no. Dios (Motor Inmóvil) no puede amar. Tampoco el hombre puede amar a Dios, porque entre ellos hay demasiada distancia y no puede haber amistad. Y respecto al prójimo tampoco cabría amarlo como a sí mismo. Para Aristóteles el fin último del deseo humano es el bien propio de cada uno. Por eso le parece inadmisible que alguien pueda desear de hecho el bien de otra persona por amor a ella misma. El hombre bueno hará muchas cosas por el bien de sus amigos; pero cualquier sacrificio que haga en dinero, en honor y aun en la vida misma, en último término será por su bien propio; lo hará porque prefiere un breve período de placer intenso a un largo tiempo de disfrute modesto; elige ejecutar una acción grande y excelente en vez de muchas pequeñas; en último término lo hace por el bien suyo; pero es laudable porque elige lo que es excelente a costa de todo lo demás. Esto pensaba el filósofo griego. Hay una nobleza en esta concepción, pero el pensamiento (y, sobre todo el “sentimiento") cristiano se mueve en otra órbita.

No sólo los grandes místicos, sino muchos cristianos (especialmente los humildes) viven verdaderamente el "amor filial" a Dios. Y respecto al amor al prójimo, yo estoy convencido de que (entre los cristianos y entre los no cristianos) hay afectos y actos de amor al prójimo (incluso dando la vida) que no se reducen en último término a un egoísmo nobilísimo, sino a una "comunión” amorosa verdaderamente desinteresada.Pero, dicho esto, también me parece que los dos máximos mandamientos propuestos por Jesús son no una "norma" que deba cumplirse. Si no más bien una meta hacia la que queremos caminar incesantemente (y yo creo imposible hacerlo sin el influjo del Espíritu Santo, que no es monopolio de los cristianos). Porque efectivamente un amor de amistad de verdad gratuito es difícil para el ser humano en esta vida mortal. Es más, una especie de deseo desenfrenado de llegar a la perfección del “puro amor” ha podido llevar a cavilaciones insanas. a turbios masoquismos o, por el otro extremo, a pasividades deshumanizantes o engañosas.

Mientras estamos en esta vida, en el amor sincero de amistad (en el inefable referido a Dios y en el "interpersonal" humano, tampoco exento de misterio) hay, precisamente una nostalgia de que quedara abatido el muro del "yo", que todavía lo separa de la total identidad con el "tú" (humano) y con el Tú divino. Cuando San Pablo dice que en la resurrección Dios lo será todo en todo, alude a la caída de ese muro aislante de nuestra "individualidad" ¿Cómo será esto, sin que yo desaparezca? No lo sabemos. No cabe hoy por hoy, como dice San Pablo, ni en nuestra comprensión ni en nuestra imaginación.
Yo deseo llegar a vivir eso, pero es tan misterioso, que mi deseo es humilde y trémulo, no ardiente y ansioso.

Sobre la base de esta esperanza, y a la vez lúcidamente consciente de la magnitud del misterio de la resurrección, no me acerco a la muerte con la tranquilidad banal de quien va a cambiarse de casa, sino con el temor y temblor de quien se enfrenta a un abismo, que presumo luminoso, pero que me resulta impenetrable.

La muerte es para mí como un acantilado cortado a pico sobre el océano. Hay que tirarse con los ojos cerrados. ¿Qué hay abajo?
¿Está (para mi espiritualidad personal) la nada, que es olvido bien hecho y descanso eterno? Esto pensaba Epicuro, que era un filósofo griego profundamente humano, con una ética ajena al libertinaje, limitada, pero llena de buen sentido.

¿Está el Dios del perdón y del amor misericordioso, en que todo amor humano digno de este nombre se encontrará sublimado? Yo espero que sí con una fe firme, pero a la vez muy humilde y exenta de presunción.
En último termino mí actitud ante la muerte es la de ponerme una vez más a cierra ojos en las manos de Dios. Ojalá pueda mantenerla al final de mi vida con la misma paz que siento en este momento. Espero en Dios.

Quiero terminar estas "confesiones" con dos poemas, uno de Manuel Machado y otro de San Juan de la Cruz. El primero más agnóstico. El segundo profundamente místico.
Los dos me resultan a mí significativos. Pero más el segundo. Para San Juan de la Cruz expresaba una experiencia vivida. Para mí es una expectación humilde, misteriosa y serena, profundamente sentida.
A. Machado: Ocaso

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde ... el día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mí triste alma lacerada,
para mí yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar el mar, y no pensar en nada! ...

Juan de la Cruz:

Canciones del alma que se goza de haber llegado a la unión con Dios por el camino de la negación espiritual

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada. 5

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada. 10

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía. 15

Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía. 20

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada! 25

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba. 30

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía. 35

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

José María Díez Alegría.
Diciembre de 1999.

62 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por s 01.07.10 | 10:05

    sofía 30.06.10 | 02:01

    Galetel,
    Gracias por las aclaraciones. Creo que JM Díez Alegría no afirma tan categóricamente como tú la salvación de todos. La desea, como la deseamos todos, pero la posibilidad de rechazar la vida, al rechazar la fe en el amor, es un hecho. Probablemente exista esa oportunidad después de la muerte, pero eso no podemos saberlo. Sólo existe el ahora. Lo que sí sabemos es que en vez de juzgar a los demás lo que tenemos que hacer es ser consecuentes con lo que decimos creer.
    Me gusta mucho este artículo de Diez Alegría, porque yo también lei en mi juventud, "yo creo en la esperanza", pero resulta interesante este resumen de toda una vida de coherencia. Alguien que supo criticar constructivamente porque ante todo supo ser coherente con lo que pensaba y su vida fue una vida de verdad, de obras, no una vida de crítico de tres al cuarto en plan Judas de "por qué no has vendido el perfume para dárselo a los pobres?" sino viviendo él mismo lo que...

  • Comentario por s 01.07.10 | 10:03

    galetel 30.06.10 | 00:50

    Muestra la cruz de Cristo como la anticipación única y definitiva del gran juicio del mundo en favor de quienes no habrían podido superarlo de otro modo. Así que la resurrección ya no es el presupuesto óntico del cumplimiento del juicio final sobre muertos y vivos, sino que ya es, ella misma, la nueva creación. En ese caso, la justicia no significa ya el premiar a los justos con la vida eterna y castigar a los injustos con la condenación eterna, sino la ley de la gracia para los injustos y los justos por igual.”

  • Comentario por s 01.07.10 | 10:02

    galetel 30.06.10 | 00:49

    Sigue Moltmann:
    “Jesús rompió con la apocalíptica legalista, porque proclamó la justitia justificans más que la justitia distributiva como justicia del reino de Dios, y la anticipó en la ley del perdón para los injustos y los criminales.(...)
    En el contexto de la expectación apocalíptica del triunfo final de la ley, la ‘resurrección de los muertos’ es una espada de doble filo [premio/castigo]. Pero la resurrección de Cristo crucificado revela la justicia de Dios de una manera diferente, como gracia justificante y como amor del Creador hacia los impíos. Por lo tanto, la esperanza de resurrección en la fe cristiana ya no es ambivalente, amenazada por un incierto juicio final y su veredicto; es inequívocamente una ‘esperanza gozosa’.

  • Comentario por s 01.07.10 | 10:00

    galetel 30.06.10 | 00:21

    Pero no creo que la muerte de Jesús haya sido salvífica por ser expiatoria, sino por ser solidaria. La solidaridad de Dios-hecho-víctima-en-él con todas las víctimas (todos nosotros, los seres humanos de todos los tiempos y lugares, que somos todos víctimas, aunque no sea más que por participar de la precariedad de lo finito).

    Si Jesús no hubiese sido Dios-Hijo, esto no hubiera sido posible; porque su solidaridad, al ser meramente humana, no habría tenido ese enorme valor salvífico. Pero su solidaridad era divina.

  • Comentario por sofía 01.07.10 | 09:59

    No gracias, que sé lo que hay. :b

  • Comentario por sofía 01.07.10 | 09:52

    No gracias. Prefiero la mía, que sé lo que hay. :b

  • Comentario por musa 01.07.10 | 01:24

    Mentecata :o)

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 23:00

    Inspiración de bateeres, con b alta de alta alcurnia, del marquesado del pan pringao con mayonesa musa, confundes el culo con las témporas, una vez más.
    En cuanto a lo de tipeja tonta, es pura proyección, por lo de cree el ladrón... Como te dije, haztelo mirar, no te cortes.
    :D

  • Comentario por musa 30.06.10 | 22:38

    Esta tipeja, definitivamente, es tonta del culo.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 21:32

    Reléeme, dice, jaja, dice. :D
    No me hace falta releerte, pero te copio para que tú mismo te releas y veas que no es eso lo que has dicho, sino esto: "Luego hay otra cosa que me llama la atención, y por la cual no podría creeer en la escatología que defendía Díez-Alegría: Si perdemos la autoconciencia y la personalidad... ya no somos nosotros y hemos muerto igualmente. Al final reclama una especie de supervivencia a la que, salvando las diferencias, no estaría ajeno cualquier hombre que permanezca vivo en la memoria de la humanidad."
    Así que "Diez Alegría dice q no es su transcendencia personal la q le importa". relee es el consejo adecuado para alguien que parece no haberse dado cuenta de que no todo el mundo tiene su enfoque egocéntrico de la trascendencia por increible que te parezca. Y por supuesto no tiene nada que ver con perdurar en la memoria de la gente. Si lo que te digo no es denso tampoco creo se te vaya a cortar la mayonesa por releerlo.
    CU :D

  • Comentario por musa 30.06.10 | 20:31

    "Diez Alegría dice q no es su transcendencia personal la q le importa". Jaja, relee dice. Reléeme tú a mí para que te des cuenta de que esa es una de las cosas que me parecen absurdas.

    Galatel, gracias por tu enlace. Intentaré echarle un vistazo, aunque es bastante denso.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 17:55

    Es decir, la cosa es muy sencilla:
    Quien reflexione sobre las causas y las consecuencias de las cosas y quiera imprimir a sus movimientos alguna dirección y algún sentido, puede hacer su apuesta más o menos fundamentada. Diez Alegría, ofrece sus razones para creer en la esperanza.
    Quien diga que no necesita esas razones, que prescinda.
    Quienes aman desinteresadamente por alguna otra razón, o por ninguna en absoluto, ya encontrarán la respuesta, al menos, al final del camino.
    Lo que no tiene sentido es que se dediquen algunos a hinchar el ego a base de criticar a otros generalizando. Cada cual que se ocupe de sí mismo, y que aporte su grano de arena.
    Quien quiera seguir su camino en una determinada Iglesia, que lo haga. Si quiere ofrecer sus razones positivas, que las ofrezca. Lo que están fuera de lugar son las condenas en bloque a los demás. Que se hagan sugerencias positivas y se unan fuerzas.
    Quien no está contra nosotros con nosotros está, dijo J...

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 17:42

    Ahora roser con su monopolio del espíritu nos asegurará que aunque las personas tengan buena voluntad no importa porque no se trata de que las personas, obispos, curas o laicos, nos concienciemos y actuemos en consecuencia preocupándonos por el hermano concreto y por mejorar el mundo, de lo que se trata, dice Roser es de criticar el sistema, porque no existen las personas, al menos dejan de existir para ella cuando les coloca la etiqueta "sistema" Ese es su sistema, aunque no sirva gran cosa para arreglar el mundo.
    Galetel,
    Muy bueno el ejemplo de la tortuga, pero hay quien vive obsesionado por comer sopa de tortuga y ese es el único motivo para apedrear su caparazón. Prefieren que nunca tengan alas.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 17:37

    Es que lo que dice JM Diez Alegría no se aparta ni un ápice de lo que he dicho yo, aunque roser pretenda ignorarlo. Cité concretamente Mt 25, y el Concilio Vaticano II, como se puede ver más abajo. De hecho, eso es lo que dice la doctrina social católica. No es el hombre para la economía sino la economía al servicio del hombre. Eso es lo que he aprendido en mi Iglesia: quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano miente. Esa es la concienciación en las parroquias, cuando piden solidaridad con los más castigados por la crisis, cuando colaboran con proyectos en el tercer mundo, cuando nos llaman a la conciencia anticonsumista y ecologista, etc.
    De modo que si se trata de hablar de los pobres, no creo que Roser con todo su blablablá conciencie más que los curas que conozco. Y si se trata de hacer, pues a Roser no la conozco, pero a esos curas -y obispos, sí.
    Musa,
    Está claro q JM Diez Alegría dice q no es su transcendencia personal la q le importa. Relee.

  • Comentario por Roser Puig F 30.06.10 | 17:17

    .” De eso sí que puedo hablar con un poco de conocimiento de causa.
    Vosotros habéis preferido elucubrar sobre las teorías de JM DA sobre el Más Alla. De acuerdo. Tanto la opinión del uno como la del otro me parece respetable. Pero el Más Allá no me quita el sueño, en cambio si que me lo quita el sistema político-económico contrario as Dios, que se halla instalado en la ICAR. Y también se lo debía quitar a JM DA, cuando prefirió seguir denunciándolo aunque le costase lo que le costó. En cambio la llegada de la Muete, como dice en su artículo, la esperaba serenamente y con esperanzada confianza en su Hacedor, aunque seguía constituyendo un abismo de misterio para el.
    .

  • Comentario por Roser Puig F 30.06.10 | 17:15

    Galetel, el que yo no opìne sobre como será o puede ser el Más Allá, no significa que no respete vuestras opiniones al respecto. Solo significa que la única opinión que tengo es de cómo se comporta la ICAR en el Más Acá. No tengo ninguna prueba de cómo es elñ Mas Allá ni creo que la tengáis vosotros.Cada cual puede imaginar lo que quiera. Yo prefiero seguir esperando (confiadamente y esperanzadamente, como Diez Alegría) a que el propio Cristo me lo muestre algún día, porque El sabe muy bien que no he apostatado de El (que es, en definitiva, en quien debemos creer los cristianos) Por otra parte, ni soy teóloga, ni pretendo llegar a serlo.
    En cuanto a que me he salido del tema, yo creo que no. El mismo Xabier, hablando de JM Diez Alegría, dice: “Su obra gira en torno a las cuestiones sociales y a la forma de presencia de la Iglesia en la sociedad, que ha de ser a modo de fermento, en línea de justicia y de vinculación con los más pobres.” De eso sí que puedo hablar con un poco de...

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 17:07

    Musa:
    Disculpa mi presunción, pero te sugiero leer estos comentarios míos:
    http://www.scribd.com/doc/31243431/18-La-Salvacion-Comentarios-de-Teologia-Emergentista
    lo más probable es que no te sirvan, que los consideres absurdos, pero... ¿quién sabe?
    Saludos cordiales.

  • Comentario por musa 30.06.10 | 16:45


    Luego hay otra cosa que me llama la atención, y por la cual no podría creeer en la escatología que defendía Díez-Alegría: Si perdemos la autoconciencia y la personalidad... ya no somos nosotros y hemos muerto igualmente. Al final reclama una especie de supervivencia a la que, salvando las diferencias, no estaría ajeno cualquier hombre que permanezca vivo en la memoria de la humanidad.

    Ciertamente, como decía, son especulaciones que, personalmente, no me dicen nada. Creo que, quizás más adelante, según nuestra mentalidad vaya cambiando, volveremos a interpretar todo esto de forma acorde con lo que nos determina.

    En definitiva creo que lo importante, la verdadera enseñanza que nos aporta Díez-Alegría estriba en la capacidad para adecuar la tradición y la modernidad hacia su necesidad personal de trascender. Ese fin es lo salvable. Sin embargo, a mí no me sirve, por absurda.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 16:19

    Muchos intentamos arreglar el mundo porque creemos que tiene arreglo, y lo creemos porque creemos en el sentido del universo y en Dios.
    Otros podéis seguir dedicados a criticar lo que pensamos los demás, pero lo vuestro sí que es perder el tiempo. Yo no perderé ni un segundo más en criticar que pierdas el tiempo criticándonos, Musa.
    Galetel,
    Es cierto que del descubrimiento de la salvación debería brotar la acción correcta en dirección a la plenitud. Y de todos modos para los que no la descubren puede también servir el camino inverso: dar sentido a la vida en el amor, y descubrir más tarde que en eso está la salvación.
    Los que cifran su tranquilidad en no atreverse a esperar nada, están en su derecho, pero cuando apostamos por la esperanza no es precisamente tranquilidad lo que buscamos, sino sentido y colaboración activa en contribuir a ese sentido.

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 15:59

    Para desprender el caparazón de la Tortuga, no es buen método atacarlo a golpes desde fuera. Es mejor socavarlo desde dentro, desde su misma base, construyendo al mismo tiempo las hermosas alas que han de sustituirlo. La Tortuga se va transformando en AVE desde sus mismas entrañas, insensiblemente.

    PD: Tienes razón, Sofía. Debemos respetarnos nuestras creencias, unos a otros. Es parte del amor.

  • Comentario por musa 30.06.10 | 15:45

    ¿Qué hay de cierto en todas estas percepciones acerca del más allá? Los hombres de hace más de 2000 años interpretaron el gehenna, otros el tártaro... hoy otros vuelven a interpretar. Al final de todo ¿qué nos queda? Especulación, especulación y más especulación.

    Si esa especulación sirve para que algunos ganen en tranquilidad, bienvenida sea... pero, para mí, no deja de ser una forma de engañarse, pues son todavía más absurdas las especulaciones sobre el más allá que la vida mísma, que la misma muerte.

    No sabemos ni cómo arreglar el mundo y ya estamos lanzándonos a entender el universo y Dios.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 15:42

    De nada, Justi.
    Galetel,
    Es cierto lo que dices, pero por eso mismo, es inadmisible que desde ambos extremos intenten negar lo que verdaderamente es un sacramento, unos para reivindicar una caricatura y otros para condenar la misma caricatura o parecida.
    De modo que bastaría con que cada uno expusiera lo que le parezca sin dedicarse a menospreciar lo que otros creemos y afirmamos. Tu concepción de un sacramento puede que sólo coincida en parte con la mía, pero no veo el problema mientras que nadie se dedique a generalizar sobre la maldad intrínseca de los sistemas tal como se los imagina. La mejor prueba a favor de la Iglesia viva son los que la llaman despreciativamente, sistema ICAR, que son iguales que los que se salen de ella por el otro extremo. Yo respeto que alguien piense que la Eucaristía es simbólica o incluso que no le diga nada ese misterio, pero no a quien nos insulta a los que creemos con la patochada de que es una forma de controlar y blablablá.

  • Comentario por justii.arcoiris 30.06.10 | 14:40

    Creo Roser , en este caso concreto ,Galatel tiene razón ,lo agurmenta y además no insulta
    Todos tenemos "un tema cocreto " que por varias razones "nos preocupa más o nos revuelven las tripas,tu lo haces con la ICAR ,otros como yo ,con el hambre ,los pobres ..muchas veces de forma inconsciente ,lo sacamos ...no pasa nada ,lo aceptamos ,procuramos estar un poco atentos y punto ¿no ?

    ◦Comentario por sofía 30.06.10 | 02:35
    De todos modos, si hace falta retiro lo de que hay Judas -y Rosers.


    Gracias Sofia ,por retirar a los Judas ,te lo sugerí y así lo has hecho ,esos detalles también hay que tenerlos en cuenta

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 14:36

    Estos anticipos, participados en Iglesia, me parecen muy importantes para vivir la vida cristiana en seguimiento de Jesucristo, pero no me parecen indispensables en esta vida –salvo en su versión escatológica final- para “conseguir” en exclusiva la salvación eterna.

    Saludos cordiales.

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 14:35

    Entonces... los sacramentos son auténticos y valiosos anticipos de esa salvación, pero no son su dispensación en exclusiva durante la vida terrena para la vida eterna. Fuera de los sacramentos –dispensados por la IC en esta vida— también puede haber salvación.
    (Si hay “autoaniquilación” de alguien, entonces para ése ya no puede haber nunca salvación. No lo creo.)
    NOTA: No digo yo que el comportamiento ético cristiano no tenga relación con la salvación, pero en mi opinión esa relación es POR, no PARA. Tampoco digo que la vida sacramental no sirva; pero creo que tampoco es PARA, sino POR. El bautismo, y los demás sacramentos, especialmente la eucaristía, me parecen auténticas participaciones por anticipado, gracias al Espíritu de Dios, en el regalo destinado a ser recibido gratuitamente, en esta vida o en la otra, por/con/en Jesucristo, para todos. Estos anticipos, participados en Iglesia, me parecen muy importantes para vivir la vida cristiana en seguimiento de Jesucristo,...

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 14:34

    Todo el poder que ha tenido y tiene la Iglesia Católica se basa en la fe de los católicos, en que resucitarán para la salvación o la condenación eternas. Y si los católicos creen que la salvación hay que “conseguirla” antes del momento decisivo de la muerte, cuando se decidirá su destino eterno de manera irrevocable, y que en esa decisión pesará el “estado de gracia” en que mueran, en el que puede influirse sacramentalmente (bautismo, confesión, comunión, extremaunción), entonces... ya me dirás si no es tremendo el poder que tienen los ministros dispensadores en exclusiva de esos sacramentos.
    Pero si la salvación no se “consigue” de esa manera, sino que se “recibe” como regalo para TODOS con la sola condición de ser aceptado, teniendo todos oportunidad ilimitada de aceptarlo, incluso eternamente más allá del momento de la muerte... Entonces...

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 13:28

    Roser:
    Dices: “el caso que nos ocupa (...) es decir: el sistema religioso de la ICAR”, pero el tema del hilo es “¿Qué me cabe esperar cuando digo ‘creo en mi resurrección’?”.
    Está claro que lo primero es lo que te interesa a ti, sea cual sea el tema. Pero lo que verdaderamente nos ocupa en este hilo –lo segundo— tiene mucho más interés, incluso para eso que te interesa a ti, de lo que parece. Tal vez -piénsalo bien por favor- el “sistema religioso de la ICAR” se haya apoyado históricamente en una concepción errada, en aspectos importantes, acerca de lo que “cabe esperar de la fe en la resurrección”.
    Saludos cordiales.

  • Comentario por Roser Puig F 30.06.10 | 11:23

    Y lo decía encarando con serenidad a la Muerte, y despojado por completo de todo temor al “qué dirán” que pudiera restarle prestigio o poder.
    En cuanto al tema que litigáis Galetel y tu, no me pronuncio porque, como muy bien dices, solo sabemos seguro que Dos es Amor.

  • Comentario por Roser Puig F 30.06.10 | 11:20

    Sofía, creo que te equivocas. Yo no te he declarado la guerra, se la he declaro (aunque incruenta) al sistema político-económico-religioso. En el caso que nos ocupa y por el que tú te consideras en el deber de insultarme, es decir: el sistema religioso de la ICAR, si hicieras un esfuerzo y lograras separar SISTEM A de CONDUCTA PERSONAL, verías que yo nunca te he atacado a ti personalmente, ni a “tu obispo”, pues considero que ambos debéis pertenecer al ejército de personas de buena voluntad que existen en la Iglesia.
    Ahora bien, dentro del SISTEMA, las personas que más poder y autoridad tienen (en este caso el Papa los acumula todos) tienen más responsabilidad que las que simplemente obedecen. Lo cual no exime a quienes se percatan de que el sistema eclesiástico se ha desviado del Evangelio a través de los siglos, como afirmaba nuestro hermano JM Diez Alegría. -sigue-

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 09:42

    Sí creo que ese es el único punto en el que no coincidimos, el de la autoaniquilación. Comprendo tu punto de vista, y es cierto que sería como si Dios tirase la toalla, pero es que me cuadra mejor con las advertencias de Jesucristo advirtiendo que hay un camino que conduce hacia la vida y otro que conduce hacia la muerte. Además Dios toma en serio nuestra libertad. Claro que si sigue respetándola eternamente mientras que da otra oportunidad de elegir, el problema de la falta de libertad no existiría. Realmente no sabemos nada más que Dios es Amor y Vida y que podemos elegir no estar con Dios, no amar -¿no vivir?. That is the question.
    Un saludo cordial, Galetel.

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 09:23

    Por supuesto, respeto y aprecio a los que no lo vean como yo, y muy especialmente a ti, querida Sofía. Pero, por lo que has dicho, pienso que estamos bastante de acuerdo; el punto de discrepancia sería únicamente la posibilidad de “autoaniquilación”. Ya sabes; a mí esta posibilidad (que han defendido muchos teólogos importantes) me parece “tirar la toalla” por parte de Dios.
    Un saludo con afecto.

  • Comentario por galetel 30.06.10 | 09:21

    Sofía:
    Yo NO afirmo categóricamente la salvación de todos, sino la POSIBILIDAD de aceptar esta salvación eternamente. Creo que NO se cumple un plazo límite para esa aceptación en el momento de la muerte; y que NO hay extinción (“autoaniquilación”) de nadie.
    Por eso puse: “pueden elegir eternamente la transformación que los justifique, o permanecer eternamente en su rechazo.”
    Es verdad que sí ESPERO que la gracia de Dios sea capaz de CONVENCER (no de imponer) a todos para que acaben por ACEPTAR su salvación.
    Es un tema muy discutido entre los teólogos. Creo que Díez-Alegría deja claro en este artículo que piensa lo mismo. Me parece un tema muy importante, aunque pueda parecer especulativo.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 09:06

    No, como todos y todas saben, el Espíritu Santo es monopolio de Roser.

    En el precioso artículo que intenta destripar Roser con su monotema de resentida integral y apóstata vergonzante, efectivamente JM Diez Alegría, como buen católico que es dice:
    “también me parece que los dos máximos mandamientos propuestos por Jesús son no una "norma" que deba cumplirse. Si no más bien una meta hacia la que queremos caminar incesantemente (y yo creo imposible hacerlo sin el influjo del Espíritu Santo, que no es monopolio de los cristianos).”

    Algo que todos y todas los católicos y las católicas sabemos perfectamente. No hay más que leer Mt25 o los documentos del Vaticano II.
    Es muy posible que desde los dos extremos lo nieguen (tanto, los y las involucionistos involucionistas, como ciertos/ciertas apóstatos y apóstatas)

  • Comentario por Roser Puig F 30.06.10 | 07:01

    En el artículo que tanto nos ha gustado a todos y a todas, además de mostrar serenidad ante la muerte (a la que espera esperanzado) nos dice que “también me parece que los dos máximos mandamientos propuestos por Jesús son no una "norma" que deba cumplirse. Si no más bien una meta hacia la que queremos caminar incesantemente (y yo creo imposible hacerlo sin el influjo del Espíritu Santo, que no es monopolio de los cristianos).”
    Estoy completamente de acuerdo con él, tanto en su esperanza sobre la muerte-resurrección, como en que el ecumenismo consiste en aceptar que los otros creyentes, de la religión que sean, también están asistidos por el Espíritu de Dios, pues Este no es monopolio de los cristianos (ni de la ICAR y, mucho menos, del Papa)

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 02:35

    De todos modos, si hace falta retiro lo de que hay Judas -y Rosers. Pero sí digo que en la Iglesia hay de todo, porque nosotros la formamos, y si hay traiciones eso no la convierte en traidora, pues las traiciones las hacen las personas y los traidores son sus malos hijos. Cada cual que vea qué clase de cristiano es él.
    Pero el tema del post es otro.
    Buenas noches.

  • Comentario por justi.arcoiris 30.06.10 | 02:30

    Deseo de corazón ,no puede ni debe ser de otra forma , Sr.Diez Alegria descanse en Paz ,esa Paz tán necesaria que todos necesitamos para cada dia ,todos los dias de nuestra vida ,podamos ser mas felices y hacer a todos los que podamos
    Buena noche a todos :Seguro ,alguno teneis media dormida hecha ...unos duermen de noche otros de dia ...otros ...se pasan la vida dormidos ...ja..ja..

    Tranqui ,Sofi ...es malo para el corazón ,el cutis ,el hígado ...para casi todo .Un abrazo

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 02:16

    Me quedo con el Diez Alegría auténtico no con lo que quieren hacer de él unos y otros que en esto también los extremos se tocan. No pasarán.
    No es nada personal, Justi. Probablemente Roser será muy buena amiga de sus amigas. En todo caso que pase de mí y procuraré pasar de ella, pero como últimamente no parecía muy dispuesta a dejarme en paz, ya me lo he tomado como una norma de convivencia.
    No es que no esté dispuesta a cambiarla, pero suplicaría un poquito de por favor, y que nos dejen en paz los que siempre están arrimando el ascua a su sardina.
    Emilita ha hecho también unos comentarios muy bonitos sobre el post. El primer comentario de Roser, no estaba mal. Yo ya me imaginaba que roser era ex-sumisa, pero no tiene que hacernoslo pagar a los que no hemos sido sumisos nunca ni vemos la necesidad de pasarse la vida reivindicando la insumisión porque damos por hecho que somos libres porque siempre lo hemos sido.
    El post es precioso y no necesita redadas.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 02:08

    Pues crees mal, Justi. Roser se dedica últimamente a molestarme todo lo que puede. Que la zurzan.
    A mí tus tacos me parecen bien. No vas por el mundo dedicada a decir lo malos que son todos menos tú.
    Roser trate de lo que trate el tema aparece como Judas con lo del perfume que se usa en vez de dárselo a los pobres. Sinceramente, la crítica de Díez Alegría es algo más serio y con más fundamento, algo que demuestra con su vida. Y lo que JM Díez Alegría nos ofrece no es fariseismo roseriano, sino fe en la esperanza. Me quedo con Diez Alegría. Y no me da la gana de que roser empiece con sus rollos de siempre sobre la GR, que la zurzan.
    Me interesan la muerte y la vida, la esperanza y la resurrección, lo que dice Diez Alegría y lo que dice Galetel. No me interesa lo que repite la pesada de roser un día sí y otro también. Además me ha declarado la guerra así que yo la respondo como espera, para no desilusionarla.
    Un abrazo.

  • Comentario por sofía 30.06.10 | 02:01

    Galetel,
    Gracias por las aclaraciones. Creo que JM Díez Alegría no afirma tan categóricamente como tú la salvación de todos. La desea, como la deseamos todos, pero la posibilidad de rechazar la vida, al rechazar la fe en el amor, es un hecho. Probablemente exista esa oportunidad después de la muerte, pero eso no podemos saberlo. Sólo existe el ahora. Lo que sí sabemos es que en vez de juzgar a los demás lo que tenemos que hacer es ser consecuentes con lo que decimos creer.
    Me gusta mucho este artículo de Diez Alegría, porque yo también lei en mi juventud, "yo creo en la esperanza", pero resulta interesante este resumen de toda una vida de coherencia. Alguien que supo criticar constructivamente porque ante todo supo ser coherente con lo que pensaba y su vida fue una vida de verdad, de obras, no una vida de crítico de tres al cuarto en plan Judas de "por qué no has vendido el perfume para dárselo a los pobres?" sino viviendo él mismo lo que decía. Una gran persona.

  • Comentario por justi.arcoiris 30.06.10 | 01:57

    Sofia ,por favor que te he explicado de muchas formas , que quiere expresar Roser ...no es nigún Judas ¿por qué no tenemos un poco cuidado con las palabras cuando van dirigidas a personas concretas ?
    Ya sabes que digo bastantes tacos ,seguro que a algunos no les guste ,pero sinceramente creo ue Roser nunca te ha insultado .
    Un abrazo Sofia

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