El blog de X. Pikaza

Domingo 21. 03.10. Casta Susana y adúltera “cristiana"

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Domingo 5 de Cuaresma. Ciclo c. Jn 8, 1-11 y Dn 13. Rehago y reelaboro el post del 25. 3. 07 (Jesús y la adúltera), introduciendo una visión más amplia del tema de la “casta Susana” (Dan 13), a partir de las reflexiones que estoy preparando sobre las mujeres en la Biblia. Susana es inocente y el sabio Daniel la salva, condenando a muerte a sus acusadores, los malos jueces, según ley. Por el contrario, la adúltera de Jn 8 es culpable y, sin embargo, Jesús no la condena..., ni condena a muerte a los jueces que quieran matarla, sino que pide que todos subamos de nivel, abriendo un nuevo camino de vida, en perdón compartido.

Éste es un evangelio fundamental para entender la actitud de Jesús no sólo ante las mujeres como esta adúltera, sino (y sobre todo) ante los hombres (los ancianos-presbíteros) que la acusan. Es una historia inquietante y luminosa, perfectamente actual. La mantendré colgada sábado y domingo, porque no quiero cortarla y dividirla, como sería quizá más conveniente. Quien quiera puede leerla en dos partes. Buen fin de semana a todos, los danieles y susanas, las mujeres acusadas y los acusadores… A todos buenos días, con la primavera que entra.

1. TEXTO. JUAN 8, 1-11

En Susana se cumple la ley (matando a los culpables). Jesús nos invita a superar ese nivel, diciendo: ¡ Susana es adúltera, pero ella vive en un mundo lleno de adúlteros! ¡Condenemos a todos, antes de condenarla a ella! ¡O perdónenos todos y que ella misma (que parece ser una víctima del sistema) nos perdone!

Estos dos pasajes (Susana y la adúltera) forman parte de la trama de nuestra historia. Susana refleja la buena ley de las películas con happy end (aunque la mayoría de las mujeres acusadas de adulterio, muchas veces falso, no logran ese fin bueno...). Jesús es testigo de una gracia y de un perdón (de una conversión) abierta a todos:

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?"
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra." E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?" Ella contestó: "Ninguno, Señor." Jesús dijo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más" (Jn 8, 1-8)

En este contexto debemos recordar el mandamiento, precisando que el séptimo mandamiento de la Biblia (no cometerás adulterio: Ex 20, 6; Dt 5, 18) no condena en general los malos pensamientos o deseos, ni siquiera la fornicación entre personas libres, sino el adulterio como ruptura radical del matrimonio, mirado en principio desde la perspectiva del derecho del varón. Por eso se ha aplicado casi sólo a la mujer casada, entendida como propiedad del marido y madre de sus hijos: ella es la que peca si copula con otros, corriendo el riesgo de dar a su marido hijos ajenos. De manera consecuente, para proteger la integridad de la familia, partiendo del derecho del varón-patriarca, la ley de Israel (lo mismo que otras legislaciones) ha condenado a las adúlteras a muerte (cf. Gen 38, 24; Lev 20, 10), extendiendo así una mancha horrible de opresión y sangre para las mujeres a lo largo de la historia.

2. SUSANA, ESPOSA FIEL Y JUSTIFICADA.

Susana es una esposa fiel a la que persiguen y quieren matar unos jueces perversos de Israel. Es una mujer noble y rica, casada con Joaquín, un judío principal del exilio de Babilonia (Tobit formaba parte de los exilados de Asiria, en Nínive). Su historia constituye el argumento básico de una novelita que ha sido añadida al texto antiguo (hebreo y arameo) del Libro de Daniel. Parece que el original ha sido hebreo o arameo, pero sólo se conserva en griego, dos versiones, bastante diferentes: la canónica, de Dan 13 LXX, y la de Teodocion).

Se trata de una narración piadosa, que sirve para destacar la «sabia y dura» justicia de la ley, que, al fin, termina condenando a los culpables (a los falsos jueces) y salvando a Susana, la inocente, a la que acusan de adulterio. Con Susana, la buena mujer, el protagonista de la historia es Daniel, juez sabio (que descubre el engaño de los jueces falsos y les condena a muerte).

El riesgo del adulterio

En el fondo de esta narración se encuentra el riesgo de adulterio de la mujer, un riesgo condenado por los textos básicos de la ley judía (Ex 20, 6; Dt 5, 18), que quieren salvaguardar la unidad matrimonial (desde la perspectiva del varón). Ciertamente, el adulterio es cosa de dos (un varón, una mujer), pero tanto en la Biblia como en la tradición posterior, su condena se entiende desde el contexto de la mujer casada, entendida como propiedad del marido y como madre de sus hijos. Es ella la que peca si se acuesta con otros hombres, corriendo el riesgo de dar a su marido hijos "ajenos". Por eso, con el fin de proteger la integridad de la familia, desde la línea del varón-patriarca, la ley de Israel (lo mismo que otra leyes) ha condenado a las mujeres adúlteras a muerte. Así comienza el texto:

Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín. Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jelcías, que era muy bella y temerosa de Dios. Los padres de Susana eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.

Joaquín era muy rico, tenía un jardín contiguo a su casa, y los judíos solían acudir donde él, porque era el más prestigioso de todos. Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos, escogidos entre el pueblo… Venían éstos a menudo a casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio se dirigían a ellos. Cuando todo el mundo se había retirado ya, a mediodía, Susana entraba a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos, que la veían entrar a pasear todos los días, empezaron a desearla. Perdieron la cabeza dejando de mirar hacia el cielo y olvidando sus justos juicios. Estaban, pues, los dos apasionados por ella (Dan 13, 1-8).

A partir de aquí se teje la historia, centrada en el acoso de los jueces-acianos y en la honestidad de Susana, que opta por mantenerse fiel a Dios “siendo fiel a su marido”, aunque corra por ello el riesgo de ser condenada a muerte. El texto supone que Susana es bella y religiosa (13, 2), según la educación que ha recibido en su familia: es hija de Jelcías, tiene hijos… (cf. 13. 3. 30. 63). De esa forma aparece como signo de los auténticos judíos que viven en este mundo conforme a la ley de Dios (cf. Dan 13, 57), en medio de la dura prueba que ella padece y de la que sale vencedora, con la ayuda de Daniel (=Juez justo o Juez de Dios).

Susana está casada con un hombre llamado Joaquín, del que se afirma que era rico y respetado, pero no que fuera “justo”. El texto pone de relieve la riqueza de Joaquín, que tiene una casa, rodeada de un parque cerrado, en la que suelen realizarse las reuniones de los “ancianos” (jueces) del pueblo. El parque (una especie de “paraíso”) es un lugar público, donde asiste la gente, pero en ciertos momentos se cierran sus puertas y viene a convertirse en un lugar privado, de manera que Susana puede bañarse o limpiarse en la fuente que ocupa su centro. Junto a la mujer aparecen los jueces (ancianos), malos israelitas (cf. Dan 13, 52-53; 56-67), que representan la justicia pervertida propia de unos varones violadores, que quieren aprovecharse de una mujer indefensa.

En muchos lugares y tiempos se han contado historias como la de Susana: la riqueza y belleza (parque, agua, cuerpo joven) excitan y nublan la vista de los jueces, de manera que la mujer inocente parece que tiene que sucumbir sin remedio ante el engaño y violencia de los jueces perversos. Parece que Dios no escucha.

Un día entró Susana en el jardín como los días precedentes, acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y como hacía calor quiso bañarse en el jardín. No había allí nadie, excepto los dos ancianos que, escondidos, estaban al acecho. Dijo ella a las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme»…
En cuanto salieron las doncellas, los dos ancianos se levantaron, fueron corriendo donde ella, y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos; consiente, pues, y entrégate a nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que estaba contigo un joven y que por eso habías despachado a tus doncellas». Susana gimió: «¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas partes! Si hago esto, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vosotros. Pero es mejor para mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del Señor» (Dan 13, 15-23).

Susana grita pidiendo auxilio, pero gritan también los ancianos y, cuando viene la gente, ellos acusan a Susana de adulterio, diciendo que la han visto yacer con un joven, que logró escaparse y que, por eso, ella se encuentra desnuda (como efectivamente está) sobre el jardín del delito (una especie de paraíso invertido, con una mujer corrompida por una nueva serpiente). Se instruye el juicio y, como es normal, la asamblea acepta la versión de los jueces ancianos, que condenan a muerte a Susana.

Justicia para la mujer inocente

Cuando todo parece perdido y van a ajusticiarla, aparece Daniel, juez joven y profeta sabio, portador de la justicia de Dios, revelador de su juicio, para invertir la sentencia y restablecer el orden en clave de talión. Daniel logra reiniciar el juicio y demostrar el perjurio de los ancianos, descubriendo sus mentiras ante todo el pueblo, que acaba aceptando jubiloso el nuevo veredicto: Susana es inocente y todos han de reconocerlo; los dos jueces ancianos son culpables y deben ser ajusticiados:

Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él. Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel, por su propia boca, había convencido de falso testimonio y, para cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena que ellos habían querido infligir a Susana: les dieron muerte, y aquel día se salvó una sangre inocente. Jelcías y su mujer (los padres de Susana) dieron gracias a Dios por su hija, así como Joaquín su marido y todos sus parientes, por el hecho de que nada indigno se había encontrado en ella (Dan 13, 60-63).

En este proceso ha resultado inquietante la ausencia de Joaquín, el marido, a quien Susana permanece fiel a lo largo de todo el relato, pues él sólo aparece al final de la escena (Dan 13, 63), como si no tuviera nada que decir, como si hubiera dejara el caso en manos de una justicia ajena. Joaquín no actúa como testigo a favor de Susana, y el relato sólo le presenta al final, cuando Daniel ya ha salvado a su esposa. Ha pasado ya todo y entonces el texto dice que también el marido se alegra, pero sólo después de haber hablado de la alegría de los padres. Esta ausencia del marido (el más respetado de los judíos) resulta enigmática para nosotros, pero entra dentro de la lógica de un relato donde el “adulterio de la mujer” no es sólo pecado contra el marido, sino contra el mismo Dios (que es el que debe defender a Susana, si es que ella es inocente).

Leído así, el texto pone de relieve la extrema falta de seguridad de Susana, una mujer bella, a la que se puede acusar y matar por el testimonio de dos hombres que la desean, sin que ella, por sí misma, pueda defenderse y sin que intervenga una posible defensa del marido. Pues bien, la Biblia supone que el problema encuentra una solución más alta, según Ley, por intervención de Dios: la bella mujer es inocente, los ancianos-jueces, que son mala autoridad, son los culpables y por eso deben morir. Pero eso sucede sólo algunas veces. En la mayoría de las ocasiones las susanas mueren.

Susana representa, por una parte, el riesgo de la mujer bella, bañándose a solas en un parque donde, por más precauciones que se tomen, puede haber unos hombres ansiosos, mirando tras las ramas. Por otra parte, es muy posible que, en el fondo del relato, haya también una advertencia contra el gesto de Susana que se baña a solas en un jardín, sin la presencia inmediata del marido o de las siervas (como en un paraíso donde ella misma aparece como tentadora).

Pero el argumento principal no es el gesto de la mujer, bañándose en la fuente del parque, sino el “juicio de Daniel”, joven y sabio judío que ha resuelto y resuelve los grandes problemas religiosos y sociales de su entorno (siglo II a. C.). Daniel representa el buen sistema judicial que logra separar claramente a buenos y malos: hay una ley y se cumple: en lugar de la buena Susana deben morir los malos jueces, convertidos en chivo emisario de un sistema de violencia que se eleva sobre todos los buenos ciudadanos. Sin duda, ese juicio de Daniel es necesario en un nivel de pura ley, pero no es un juicio salvador, sino expresión de una justicia que salva algunas veces a los buenos (Susana) y condena a los males (falsos jueces), pero sin cambiar las estructuras de una sociedad que crea deseos como los de los jueces y situaciones como la del libro.

Aquí se sitúa la última palabra de Daniel: es juez en línea israelita y necesita que el sistema funcione por medio de la muerte, para que las buenas «susanas» de la tierra puedan bañarse en su parque, sin que nadie se atreva a molestarlas. Triunfa así la ley del miedo, ratificada por la sangre de los malos jueces. Se impone la justicia del talión: cambian las suertes (como en los Purim de Ester), pero el sistema sigue, un sistema que seguirá creando malos jueces. Esta historia es un canto en defensa de la buena mujer (Susana), pero es sobre todo una defensa de la buena sociedad, que se edifica sobre la expulsión de los culpables.

Además, en este caso, no estamos ante una defensa de la mujer como mujer, sino de la mujer como “fiel a su marido” (no adúltera). Por eso, en un primer momento, ella puede gozar y seguirse bañando con sus criadas, ya sin miedo, mientras son apedreados y mueren para siempre los jueces malos. Pero a la larga los malos jueces siguen apareciendo y lo que tiene que cambiar es el sistema que los crea.

Sea como fuere, Dan 13 ofrecen ofrece una imagen perfecta de un tipo de “mesianismo de la ley”, que los apocalípticos de Israel y ciertos moralistas posteriores de la iglesia cristiana han elaborado. Es lógico que este pasaje de justicia intra-mundana (Dan 13) haya sido introducido tras el Daniel sapiencial (Dan 1-6) y apocalíptico (Dan 7-12), como recogiendo y culminando ambos motivos. Esta historia de Susana es hermosa, pero resulta inquietante, pues no ofrece una respuesta de concordia más alta, amorosa, entre todos, sino la respuesta de la muerte.

3. LA ADÚLTERA DE JN 8. MÁS ALLÁ DE LA PURA JUSTICIA LEGAL

Este es un relato de sobrio y tenso dramatismo, donde aparecen los temas de Susana: acusación de adulterio, unos escribas-jueces (=ancianos) que quieren condenar a la culpable, un nuevo personaje (ahora Jesús) que invierte la situación. Pero el sentido de la historia es totalmente distinto. Lo primero que sorprende es la concisión: desaparecen los detalles literarios o morbosos de Dan 13 (la imagen de Susana desnuda, el baño en el parque...). Los acusadores de Jn 8 sólo afirman que la mujer ha sido sorprendida en flagrante (autophôrô) adulterio y eso basta, añadiendo que, según la justicia israelita, debe ser ajusticiada: ¡Moisés manda lapidarla! (cf. Lev 20, 20; Dt 22, 22). Sólo por tentarle preguntan a Jesús: Tú, en cambio ¿qué dices? (Jn 8, 5).

La respuesta de Daniel era fácil: cumplir la ley, la verdadera ley, descubriendo a los culpables, aunque el mundo entero tiemble (¡para bien del buen sistema!). Jesús, en cambio, dice algo distinto: no puede probar la inocencia de la mujer, ni la mala fe o deseo lujurioso de los acusadores, sino que debe enfrentarse con algo mucho más importante, la ley de Moisés, para ofrecer, por encima de ella un camino de gracia, que permita salvar a la mujer y que haga cambiar a todos, empezando por los jueces. Para ello, tiene que mostrar la insuficiencia de la ley y para ello, como Mesías de los pobres y los pecadores, sitúa a todos, a la mujer adúltera y a sus acusadores, ante el espejo más hondo de la conciencia y, sobre todo, ante la fuente inextinguible de la gracia universal de Dios. Según ley (el libro al que apelan los jueces) hay que matar a la mujer.

La actitud de Jesús

Pero Jesús toma otro camino. No empieza investigando los hechos, como, en otro plano, hubiera sido necesario. No le importa, por ahora, la identidad del cómplice de adulterio de esta mujer, ni su marido ausente. No busca atenuantes de tipo psicológico y social, como otros hubieran hecho. No se ha comportado como juez, ni con relación a la mujer, ni con relación a los cómplices y a los acusadores y curiosos, sino que se sitúa en un plano más alto: en el nivel del amor gratuito de Dios, que llega a estar mujer y, por medio de ella, a todos, conforme a su palabra clave: ¡No juzguéis y nos seréis juzgados! (Mt 7, 1-3). La actitud de juicio supone que nosotros (jueces) somos buenos, mientras los otros (juzgados) son culpables: por eso nos alzamos contra ellos, para imponer nuestro dominio «bueno».

No quiere que triunfe el buen juicio, ni que los justos se impongan sobre los injustos, sino el amor de todos. Así rechaza la ley de aquellos buenos grupos religiosos o sociales y políticos que se mantienen a sí mismo imponiendo su justicia (que llaman justicia de Dios) y condenando o expulsando a los disidentes o distintos; de esa forma rompe un tipo de mecanismo de la ley, avalada según tradición por Moisés, situando a cada uno de los jueces ante su propia humanidad: ¡Mira hacia adentro! ¡Atrévete a decir que te encuentras limpio! Ciertamente, en nombre de su propia ley, aquellos acusadores podrían haber respondido, como tendemos a responder nosotros: ¡Estamos limpios, somos buenos, podemos y debemos juzgar a los otros! Pero los ancianos del texto no lo hacen, sino que se dejan penetrar por la palabra (la mirada) de Jesús y reconocen su propia suciedad, dejando que caiga la piedra de violencia de su mano, empezando por los más ancianos (en el sentido doble de senador-presbítero: hombre de edad y juez o magistrado). Todos se descubren pecadores.

La ley les había servido para descubrir al pecador y castigarle: ¡Dios mismo manda lapidar a estas mujeres! Pero Jesús les eleva de nivel y les sitúa ante la experiencia más honda de la gracia de la vida. No necesita libros, escribe su palabra sobre el polvo, mostrando allí que la vida de Dios supera todas las leyes y sentencias del mundo; por eso permite vivir a la mujer y también a sus jueces, para que todos empiecen un camino distinto. De esa forma nos dice a todos que somos pecadores (¡también a la mujer!), para iniciar con todos los hombres un camino de perdón compartido, no como héroes justos o heroínas rescatadas de los malos jueces, sino como culpables que pueden perdonarse. Esta respuesta de Jesús no resuelve en un sentido los problemas (como lo haría la lapidación de la adúltera), sino que abre y plantea unos más grandes.

Preguntas abiertas.

La respuesta de Jesús. Precisamente ahora hay que preguntarse: ¿Qué ha de hacer la mujer: irá con su marido o con su amante? ¿Qué han de hacer los jueces y con ellos el marido y el cómplice y todos los presentes en la escena? Estas y otras muchas preguntas quedan abiertas, pero en una perspectiva nueva: la perspectiva del perdón y la gracia creadora de vida. Históricamente, esta escena resulta irreal, muy improbable. Los escribas y fariseos de la tradición evangélica se hubieran atrevido a presentarse como justos, condenando a Jesús, el inocente. Pero el texto es una parábola cristológica más que el recuerdo de un hecho pasado: Jn 8, 1-12 está contando (o representando) la verdad universal del ser humano, diciéndonos que el día en que todos nos consideremos pecadores podremos dialogar de forma abierta, perdonándonos mutuamente, desde la gracia más alta de Dios Padre. Todos los jueces se van. Con la mujer queda Jesús, el único inocente (y el pueblo que actúa como testigo de fondo de la escena).

Teóricamente Jesús podría condenarla, pues él es inocente; pero su inocencia se define más bien como perdón: ¡tampoco yo te condeno, vete y no peques más! De esta forma se enfrentan y distinguen la ley de sangre y la gracia creadora de Jesús: La ley descubre al pecador y tiene la respuesta , como saben los jueces: ¡Dios mismo manda lapidar a estas mujeres! Como representantes de un Dios violento se creen obligados a matar a sus culpables. Frente a esa ley que se impone matando, eleva Jesús la experiencia más honda del perdón. No necesita ya libros, escribe su palabra sobre el polvo: Dios y su gracia superan todas las leyes y sentencias del mundo. Jesús no ha discutido los principios de la ley en plano de teoría. No ha querido actuar como un escriba más sabio que los otros, pues toda ley se vuelve al fin imposición sobre el humano, sino que ha ofrecido una gracia y perdón universales, que nos permiten confesar la propia culpa y descubrir, al mismo tiempo, que estamos personados. Los jueces se creían seguros, con su ley y conciencia. Pues bien, Jesús les conduce a un nivel más hondo, diciendo que se miren a sí mismos, para que vean que condenan a los otros porque tienen miedo, se sienten inseguros, necesitan descargar su agresividad en ellos.

Gracia más alta. Por encima del pecado.

El sistema del pecado sólo se resuelve juzgando y condenando a los demás. Ese sistema sólo puede superarse allí donde se descubre la gracia más alta del perdón como gracia y vida superior. Por nosotros mismos somos incapaces de iniciar una vida desde el perdón. Tanto la mujer acusada como los acusadores estamos atrapados en un mismo sistema de violencia y venganza. Necesitamos que alguien nos diga: ¡yo tampoco te condeno, vete y no peques más! Esta es la palabra creadora del mesianismo de Jesús: ella expresa el don de la vida que puede y debe edificarse sobre bases de perdón. Más allá de la ley de sangre (que sanciona la violencia, pues la emplea para castigar desde Dios a los culpables), Jesús ha revelado la fuerza de la gracia. La palabra final (¡vete y no peques más!) se dirige a la mujer y a los pretendidos jueces. Unos y otros deben reconciliarse e iniciar una vida en gratuidad, creando condiciones distintas de convivencia, una historia de gratuidad no impositiva.

Muchas veces hemos entendido el perdón (eclesial, social, comunitario) como instrumento de dominio: nosotros, los que perdonamos (sacerdotes, jueces), aparecemos de esa forma como superiores a los otros, convirtiendo a la pecadora perdonada en signo de nuestra propia bondad, para gloria del sistema. Pues bien, en contra de eso, el verdadero perdón ha de volverse principio de vida reconciliada y gratuita, donde todos, jueces y juzgados, se vinculan en un mismo perdón. Daniel distinguía bien a malos e inocentes: al final triunfaba la ley, como en las buenas obras de cine o teatro, para gloria del sistema. Por el contrario, Jesús nos descubre pecadores, capacitándonos para iniciar un camino de perdón compartido, no como héroes justos o heroínas rescatadas de los malos jueces, sino como culpables que pueden perdonarse mutuamente.

En ese fondo, Jn 8, 1-11 aparece como parábola cristológica. Todos se van, mujer y jueces, dejando a Jesús sólo, con su gesto de perdón. Allí queda, en el centro, escribiendo sobre el polvo los mandatos de una (supra-)ley de gratuidad, como el único inocente de la escena. Pero, conforme al contexto inmediato (cf. Jn 7, 45-52), él queda en manos del juicio de este mundo, pudiendo añadir que ha ocupado el lugar de la adúltera, de manera que las mismas piedras que hubieran servido para matarla a ella se alzarán después contra él (Jn 8, 59). No ha juzgado a nadie, no ha empleado la ley para condenar (ni a la adúltera, ni a sus jueces), y de esa forma ha cargado con el pecado de todos, apareciendo al fin como peligroso en un mundo que quiere seguir apoyándose en principios de violencia. A los ojos de sus jueces, Jesús acaba siendo una especie de adúltero universal, Mesías de aquellos que rompen la ley. Pues bien, el evangelio sabe que Jesús es amigo fiel universal, que ha querido bien a todos, muriendo por ellos.

Sobre Susana

Visión de conjunto en K. Koenen, Susanna, WiBiLex. Cf además:
M. Bal, The Elders and Susanna, Biblical Interpretation 1 (1993) 1-19;
W. Baumgartner, Susanna. Die Geschichte einer Legende, ARW 24 (1926) 259-280;
A. Brenner (ed.), A Feminist Companion to Esther, Judith and Susanna (The Feminist Companion to the Bible 7), Sheffield 1995;
H. Engel, Die Susanna-Erzählung. Einleitung, Übersetzung und Kommentar zum Septuaginta-Text und zur Theodotion-Bearbeitung (OBO 61), Freiburg/Schweiz 1985;
K. Koenen, Von der todesmutigen Susanna zum begabten Daniel. Zur Überlieferungsgeschichte der Susanna-Erzählung, ThZ 54 (1998) 1-13;
J. C. Prêtre (ed.), Suzanne. Le procès du modèle, Bibliothèque des Arts, Paris 1990;
D. Ruiz López, La historia de Susana y los viejos a través de la pintura, en J. Campos y V. Pastor (eds.), Actas del Congreso Internacional “Biblia, memoria y encrucijada de culturas” (ABE), Zamora 2004, 694-703;
J. Schüpphaus, Das Verhältnis von LXX- und Theodotion-Text in den apokryphen Zusätzen zum Danielbuch, ZAW 83 (1971) 49-72;
E. Spolsky (ed.), The Judgment of Susanna. Authority and Witness (Early Judaism and its Literature 11), Atlanta 1996.

Sobre la adúltera y Jesús

R. BANKS, Jesus and the Law in the Synoptic Tradition, SNTSMS 28, Cambridge 1975;
K. BERGER, Die Gesetzeauslegung Jesu, WMANT 40, Neukirchen 1972;
J. D. M. DERRET, The Law in the NT, Darton, London 1970; «The Story of the Woman Taken in Adultery»: NTS 10 (1963/4) 1-26;
B. WITHERINGTON III, Women in the Ministry of Jesus, Cambridge UP

35 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Ansilfer 26.03.10 | 01:12

    La escena, abundante en el pincel y la pluma, es sobrecogedora. Invita a una moraleja reconfortante en este tiempo de sangre, sudor y lágrimas de la Pasión. En la cresta del Monte de la Calavera tres cuerpos, humanos dos, facinerosos, divino y humano uno, de misericordia sin horizonte visible se orean ante la mirada indiferente o cobarde de una turba de curiosos, funcionarios y leguleyos perversos. Uno de los criminales balbucea esforzadamente, mirando al cuerpo divino vecino, que lo lleve con él a su palacio real. La misericordia del hombre Dios es inmediata:«hoy». No hay dilación para la misericordia. No le exige una confesión pública ante la turba creciente, no se la exige a la anónima mujer adúltera, no se la exige a la mujer de Magdala, no se la exige a Mateo, otro ladrón público, no se la exige al cobarde Pedro, no se la exige a nadie nunca. Lo suyo es «no echar a nadie fuera» (Jn 6, 37). Es la misericordia infinita que no exige. Tiene eternamente una misericordia «enfermiza»

  • Comentario por Carmen Hernández 22.03.10 | 20:39

    Es curioso que cada vez que se habla de pecado relacionado con la mujer, se puede decir que va enfocado a la genitalidad... La mujer en la Biblia no contiene otro poder que no sea este, el cual a la vez siempre está puesto en tela de juicio.
    Ellos roban, matan etc, ellas son pecadoras adúlteras, en fin nada nuevo sobre el horizonte, los viejos sabios siguen en la Roma Imperial pidiendo que se perdona a los que matan la inocencia de niños y niñas, y no solo la inocencia sino que les matan para toda la vida, porque no llegan a ser personas libres para decidir como vivir plenamente su vida sexual sin aquella condena que le hicieron cuando fueron acechad*s como Susana

  • Comentario por MARCRISPA 21.03.10 | 16:34

    EL ADULTERIO SIGUE MATANDO!!!

    Matando la esperanza, la confianza, el ideal del Amor...

  • Comentario por MARCRISPA 21.03.10 | 16:29

    No sólo en Juan aparece la postura de Jesús sobre la igualdad del hombre y la mujer ante la Ley y ante el amor de Dios.
    Lean Mateo 19
    9 Yo les digo: el que se divorcia de su mujer, fuera del caso de unión ilegítima, y se casa con otra, comete adulterio.
    Sólo en las versiones más recientes se pone 'fuera del caso de unión ilegítima', antes decía 'fuera del caso de adulterio'
    Creo que si realmete se quiere analizar el verdadero contexto de los textos presentados de Daniel-Susana y la adúltera y Jesús; también se debe considerar el pasaje de Mateo 19 y reiterado en Marcos 10,11-12 y otros.
    Las condenas siempre existen Justi, por uno u otro lado, independientemente que se 'materialicen'; y cualquiera sabe que las piedras están volando hoy sobre la humanidad, algunas pocas caen sobre los verdaderos culpables pero la mayoría caen sobre los inocentes: hijos, esposa-esposo, abuelos, parientes y amigos

  • Comentario por sofía 21.03.10 | 14:54

    Gracias exclusivamente a los que han comentado sobre Susan y la adúltera, como Gonzalo Haya y Juan Manuel G. Magníficos los textos que ha puesto comentando el tema del post y la pintura que lo ilustra.
    Me gustaría saber si ese Calvino partidario de la condena a muerte de las mujeres era el fundador del calvinismo o si se trata de otra persona de la època.

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 21.03.10 | 08:27

    Gracias a todos, aen especial a Juan Manuel por citar y resumair el trabajo de mi amiga Demetria Ruiz, cuyo texto escuché cuando lo expuso en el Congreso de Biblia de Salamanca (¿año 2000?). Me gustaría "colgarlo" entero en mi blog, con los cuadros que ella estucia y comenta, en especial éste de ARTEMISIA GENTILESCHI, que siempre me ha impresionado, por lo que ella fue como pintora y mujer, por lo que ella sufrió.

  • Comentario por Roser Puig F 21.03.10 | 07:40

    Acamus, discúlpame tu a mi. Por desgracia en los últimos tiempos son muchos y muchas los que están en tu situación. Con un poco de cultura y dos dedos de frente, uno/a no tiene más remedio que percatarse de la serie de camellos que nos hemos tragado los fieles desde hace siglos. Por suerte, yo no he perdido la fe. No por méritos propios, sino porque, en los momentos de crisis, he topado con personas que vivían con autenticidad y libertad el Evangelio. Ellos y ellas me enseñaron a diferenciar el tinglado religioso, de la fe en Jesús. Un saludo cordial.

  • Comentario por acamus 21.03.10 | 01:41

    ROSER. Dices: “No tenía intención de entrar en el tema (a pesar de que Acamus lo ha traído a colación) porque de la misma manera que no me gusta ir a dar lecciones a casa de otro, me incomoda que vengan de fuera a hacer lo mismo en la mía”.
    Seguramente tienes razón. Pero quiero aclarar que no estoy haciendo ningún tipo de competición. Es decir, yo no pertenezco a ninguna otra iglesia. No opongo mis bondades a la de la ICAR. Nada más lejos. De hecho, la Iglesia Católica es la que me hizo conocer a Jesús y por la que me empecé a interesar por estos temas. Es la iglesia de mi madre, de mis abuelos, etc. En la que he crecido. La siento mía, a pesar de mi posición actual respecto a ella. En fin, sólo eso: que siento si te lo has tomado como una crítica inmisericorde y lejana. Simplemente, me enfadan las actitudes que he expuesto en el comentario. Un saludo.

  • Comentario por Juan Manuel Gonález 21.03.10 | 01:19

    (3) UNA MIRADA DESDE EL MARGEN
    Calvino - un intelectual francés del siglo XVI - en su comentario al evangelio de Juan, no vacila en afirmar que el adulterio debe ser castigado con la muerte. Pero, por su puesto, sólo se refiere al adulterio cometido por una mujer casada (no por un hombre casado), ya que enfatiza la amenaza de que la propiedad podría ser heredada por un hijo ilegítimo y termina diciendo: “el mal principal es que la mujer deshonra al marido”. En ningún momento menciona el adulterio cometido por un varón casado, como si no se tratan también de adulterio.

  • Comentario por Juan Manuel González 21.03.10 | 01:17

    (2)UNA MIRADA DESDE EL MARGEN
    En la sociedad mediterránea del siglo I, nada se decía en cuestiones de adulterio sobre el varón casado que tenía relaciones con una mujer soltera y libre. Podemos suponer que, como de costumbre, la doble moral era la regla. En definitiva, todo se reducía a dos cuestiones básicas: una cuestión económica, el derecho a heredar las propiedades, y una cuestión de honor familiar. Si la mujer cometía adulterio, aparte de quedar deshonrada, ponía en entredicho el honor de la familia. Además podía llegar a tener hijos de otros hombres, lo cual daba lugar a una serie de problemas. Si el adulterio no se descubría, esos hijos “ilegítimos” podían llegar a heredar las propiedades junto con los hijos del esposo. Si se descubría, ni siquiera tendrían derecho a ser considerados como parte de la familia, cuyo honor de todas formas se vería cuestionado.

  • Comentario por Juan Manuel González 21.03.10 | 01:15

    (1) UNA MIRADA DESDE EL MARGEN
    Lo que más asombra en esta historia es el tratamiento igualitario que Jesús da a los varones “honorables” a la mujer “deshonrada” Para Jesús, la mujer y sus acusadores son iguales. La igualdad es el foco del relato”. Por eso, tal vez, la PA ha sido vista con tanta suspicacia, como una historia que subvierte el orden social.
    La historia de la adúltera perdonada es en el fondo un testimonio en contra de un orden social dominado por los varones. Este hecho debe haber suscitado temores sobre qué pasaría si la sexualidad de las mujeres dejara de estar bajo el control de los varones. Aunque no fueran reconocidos, esos temores dominaron el proceso de canonización del texto y la historia de su interpretación.

  • Comentario por Juan Manuel González 21.03.10 | 01:10

    (2) LA MUJER NEGADA (Jn. 7,53-8,11)
    No es casual que fuera precisamente en la iglesia occidental donde se dio principalmente la controversia sobre la readmisión de los lapsi, es decir, los que volvían arrepentidos después de haber quemado incienso ante la imagen del emperador primero durante la persecución promovida por el emperador Decio (entre 249 y 251) y más tarde durante la cruenta persecución de Diocleciano y Galerio (303-331).
    La historia de la adúltera Perdonada por Jesús fue seguramente una historia real, que no fue incluida en ninguno de los cuatro evangelios canónicos porque la actitud de Jesús iba en contra de la disciplina de la iglesia primitiva.

  • Comentario por Juan Manuel González 21.03.10 | 01:08

    LA MUJER NEGADA (Jn. 7,53-8,11)
    Pocos pasajes de la Biblia han suscitado tantos interrogantes como Juan 7,53-8,11. ¿Por qué aparece sólo en manuscritos tardíos? ¿Por qué razón no se la incluyó en ninguno de los evangelios canónicos cuando éstos fueron escritos?
    Recién a fines del siglo IV o principios del V -y sólo en Occidente- fue la Escena de la Adultera incluida en algunos manuscritos de los evangelios de Juan. Es evidente que su argumento de perdón a una adúltera debía resultar incómodo en la iglesia primitiva, con su estricta disciplina penitencial. No fue sino hasta el siglo III, que se dieron las condiciones para que se viera esta historia con otros ojos. La Perícopa de la Adúltera comienza a ser citada y mencionada en la época de la controversia sobre qué hacer con los que pecaron después del bautismo (s. IIl-IV).

  • Comentario por justi.arcoiris 20.03.10 | 23:56

    !Pero como es posible que haya tanta hipocresía !
    Os digo una cosa desde las entrañas mas profundas y con la rabia metida en la médula :Si me pasa con un hijo mio ...PUEDO HASTA PERDONAR A QUIÉN LO HAGA ...POSIBLEMENTE "PUEDE ESTAR ENFERMO "...cuando un "hecho de este calibre ,viene de una persona "individual ...de la sociedad "de a pié " ...POR DESCONTADO ,QUE TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA Y TRATAMIENTO SI ES POSIBLE (siempre hemos de pensar que puede ser una persona de nuestra famila ...es importante NO OLVIDAR ESTO ) .....pero CUANDO HAY CONSENTIDORES HIJOS DE PU-TA ...os decia que si le pasa a un hijo mio :CUELGO A TODOS DE LA PICURUTA DE LA CATEDRAL .

  • Comentario por Roser Puig F 20.03.10 | 23:18

    Y ha amenazado a los/as abusadores:”Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos”. Y riñe a los obispos encubridores (los cuales no son inocentes por “obediencia debida”, ya que optaron por obedecer y no poner en riesgo el sillón episcopal) Puede que a la Hª, Benedicto XVI la consiga engañar, pero ¿Y a Jesús?

  • Comentario por Roser Puig F 20.03.10 | 23:16

    Pero estamos hablando del PERDÓN DE DIOS y, como he dicho, ése es el único pecado que Jesús no parece dispuesto a perdonar y, en cambio, pide la pena de muerte para los/as abusadores. Pero ¿Qué pediría Jesús para quienes los ocultan?
    Me he enterado por Redes Cristianas que Hans Küng considera que B 16 sabía lo que estaba pasando y denuncia que, en un documento firmado por Juan XXIII (1962) el Vaticano dio instrucciones a cada obispo católico de ocultar los casos de abuso, con amenaza de excomulgar a quien hablara del tema. En un escrito del 18 de mayo de 2001, dirigido a todos los obispos, B 16 les recordó que “los casos de abusos entran dentro de los graves delitos que son sometidos a secreto pontificio y cuya violación se encuentra bajo castigo eclesiástico".
    Ahora el actual Papa pretende pasar a la Hª como el Papa que limpió la faz de la Iglesia. Y se dedica a recorrer el mundo pidiendo perdones públicos. Y ha amenazado a los/as abusadores:”Habéis traicionado la co...

  • Comentario por Roser Puig F 20.03.10 | 23:14

    El evangelio del domingo pasado yo lo interpretaba como que Dios no nos guarda rencor ni nos pide intereses por las deudas que tiene que perdonarnos. El de hoy, según explican Xabier y Gonzalo, nos dice que Dios “ama y perdona a todos sus hijos” (siempre y cuando hagamos propósito de enmienda). Desde pequeño/as, se nos ha enseñado que Jesús incluso perdonó a sus verdugos antes de morir: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Sin embargo, existe un pecado que, según el evangelio, Jesús no está dispuesto a perdonar: el de quienes “escandalizan” a los niños/as (ahora los/as llamamos “pederastas”) Mateo 18, 6:"El que escandalizare a uno de estos, mis pequeños, más le valdría que le atasen al cuello una rueda de molino y lo arrojasen al mar”
    No tenía intención de entrar en el tema (a pesar de que Acamus lo ha traído a colación) porque de la misma manera que no me gusta ir a dar lecciones a casa de otro, me incomoda que vengan de fuera a hacer lo mismo en la mía. Pero es...

  • Comentario por Juan Manuel González 20.03.10 | 21:47

    Final sobre Susana:
    Lo que es he transcripto está tomado del excelente artículo que cita Pikaza en la Bibliografía al final (y que me ha facilitado el año pasado Mercedes Navarro Puerto). Analisiza los grandes cuadros sobre Susana: los artístas, enm general, corrieron todo de lo ético (juicio) a lo estético (mujer desnuda). Y con una Susana "vanidosa" pretendieron justificar su "delito" (intento de violación). Un artículo excdlenete.
    ¡Gracias Xabier, gracias Mercedes!

    D. Ruiz López, La historia de Susana y los viejos a través de la pintura, en J. Campos y V. Pastor (eds.), Actas del Congreso Internacional “Biblia, memoria y encrucijada de culturas” (ABE), Zamora 2004, 694-703;

  • Comentario por Juan Manuel González 20.03.10 | 21:42

    (5) SUSANA: En el ámbito del ARTE PLÁSTICA se han centrado mucho más en la figura de Susana que en Daniel:
    1. Treinta y tres cuadros pintados por los grandes artistas,
    2. Sólo uno trata de la escena del juicio.
    3. El resto se centran en la escena del baño y el acoso de los ancianos, uno pintado por Artemisia Gentileschi, artista que en su primera adolescencia había sido violada por su profesor de arte y un amigo de éste.
    “La Ideología de la Mirada”, contrastaba las dos posibles interpretaciones de la historia Susana como la de una seducción o de una violación: La violación ocurre cuando una persona fuerza a otra a tener relaciones sexuales. La seducción tiene lugar cuando una persona convence a otra a tener relaciones sexuales. Cuando los ancianos le dicen a Susana que, o bien se somete a ellos sexualmente o se enfrentará con el cargo capital de adulterio, la amenaza muy real de fuerza define su acción como un intento de violación, no un intento d...

  • Comentario por Juan Manuel González 20.03.10 | 21:38

    (4) SUSANA: Todo su cuerpo se convierte en llamada que implica a quien la observa: quien lo hace, se convierte en víctima. Mirar a la Susana de Artemisia es implicarse en su trama, es sentirse objeto, es convertirse en objeto de una violación. El cuerpo de ésta Susana es el más desnudos, pero esa desnudez no viene a satisfacer deseos masculinos, no es exhibición para ser evaluada, sino que contribuye a incrementar el dramatismo de la escena, le da fuerza y desvía nuestra atención hacia el tema: el rechazo a los varones. Ese rechazo se hace patente a través de un cuerpo que no llega a volverse hacia ellos, no llega mirarlos. El espectador se da cuenta de que el mismo es Susana, una mujer acosada, rodeada por todas partes, sin salida. Desnuda pero sabiéndose más que un cuerpo desnudo. Desde este cuadro, Susana toca nuestras conciencias, precisamente porque no nos mira.

  • Comentario por Juan Manuel González 20.03.10 | 21:37

    (3) SUSANA: Aquí hay una mirada desde Susana. Esta es una mujer más real, incluso con el desnudo más natural y puesto de relieve, en el que, sin embargo, el espectador no se regocija, entre otras cosas, porque no precisa de la mirada del espectador. El propio cuerpo se convierte en texto. En su rostro y en todo su cuerpo, se percibe su rechazo a la conspiración de los varones, tras ella, separados por un muro. Ante ella, una fuente adivinada apenas, infunde sobriedad a la obra. Susana, situada en el centro y al borde del cuadro, no llama con sus ojos al espectador, incluso parece prescindir de cualquier mirada. Ésta es u principal aportación: no hay obrerismo.

  • Comentario por Juan manuel González 20.03.10 | 21:35

    (2) Susana: ¿Seducción o violación?
    Se ha privilegiado la escena del baño (no la del juicio): es el erotismo del varón. La violación, es este caso, sería un castigo a la vanidad de ella, pues el fondo de estos cuadros late el falso tópico de que “ellas siempre quieren”. La deshonestidad de estos pintores se hace patente en su manera de implicar al espectador. En sus cuadros la mirada masculina se hace imprescindible: los espectadores ocupan el tercer vértice (pintor, ancianos, espectador) y se convierten en cómplices., tanto del autor como de los ancianos.

  • Comentario por Juan Manuel González 20.03.10 | 21:33

    (1) Una palabra sobre el cuadro de Susana que sabiamente ha elegido Pikaza. ARTEMISIA GENTILESCHI: siglo XVII La biografía de Artemisia Gentileschi se entrelaza de manera dolorosa con su propia obra. Violada por su profesor de dibujo, fue sometida a juicio público y tortura para demostrar que su acusación era verdadera. Este ambiente de pillos, tramposos y asesinos marcó la vida de Artemisia, a quien se rodeó de una fama de libertinaje y mercadeo con su propio cuerpo, sobre todo a raíz del citado juicio. Es en medio de estas circunstancias como mejor se explica este lienzo con la historia de Susana y los Viejos. Se trata de la primera obra de una artista que ha finalizado su aprendizaje y demuestra ya una calidad de pintora consagrada es símbolo

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 20.03.10 | 21:09

    Gracias Roser. Quizá es cierto lo que dices sobre el texto de Jn 8. ¿SAbes que es un texto atormentado, que ha pasado de evangelio a evangleio, porque las iglesais tenían miedo de incluirlo, hasta que ha quedado en Jn 8 donde está ahora? . Sea como fuere, es evidente que al texto le falta "algo", que es nuestra lectura, hoy.... Es evidente que falta "el cómplice" (quizá violador) y el marido... Pero de eso tenemos qu ocuparnos nosotros.
    Acamus, de lo de Cañizares quisiera hablar, pero cuando me serene, pues me ha revuelto mucho... y no tengo aún calma para escribir. Si Dios está en algún sitio... está en las víctimas y en especial en las víctimas de un clero poderoso. Mándame algo o espera dos días, y pondre yo algo. A la Casta Susana un saludo. Seguimos con el Padrenuestro.

  • Comentario por acamus 20.03.10 | 16:10

    Un buen paso:

    http://www.elmundo.es/elmundo/2010/03/20/internacional/1269084355.html?a=886485af7851a410e203fee3682189b4&t=1269097670&numero=

  • Comentario por justi.arcoiris 20.03.10 | 13:57

    No entiendo casi nada de Biblia ,pero si os digo que me deprime mucho ,todo parece demasiado triste :culpas ,pecados ,pecado s...culpas ..perdones absurdos ..juzgar ...juzgar etc.....no me extraña que los "procedentes de estas enseñanzas ...estemos "hechos polvo ...no se si del cerebro o del corazón
    Nos han metido un "vocabulario maldito ..pero sobre todo unas idea "que hoy me parecen bastante desfasadas .....Personalmente pienso "EL MENSAJE DE JESÚS ,ES LO MAS PARECIDO AL SENTIDO COMÚN (en circunstacias cerebrales "normalitas ..tampoco hace falta ser genios )
    No se si a Jesús le daría tiempo de "enseñar el PADRE NUESTRO " ..PERO TANTO SI FUÉ ÉL ..COMO OTROS ....SIEMPRE MANTENGO :
    sI SOMOS CAPACES DE "REZAR EL PADRE NUESTRO ,SIN SENTIRNOS AVERGONZADOS !OLÉ NUESTRAS NARICES !
    Un abrazo de la "Casta Susana..ja..ja...

  • Comentario por Roser Puig F 20.03.10 | 11:36

    , fue un gran avance en cuanto a la igualdad de DDHH entre la mujer y el hombre se refiere. Igualdad contra la que sigue batallando la ICAR con el argumento de que “desintegra la familia”. http://www.fmujeresprogresistas.org/feminismo4.htm
    Hay que advertir, sin embargo, que la ICAR reconoce la igualdad de la culpa o pecado tanto en el caso de la mujer, como del hombre. (Catecismo de la Iglesia católica, n. 2380). “El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio. El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio. Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría”.

  • Comentario por Gonzalo Haya 20.03.10 | 11:29

    Es muy significativo el contraste entre estos dos pasajes, Susana y la Mujer sorprendida en adulterio. Jesús no condena ni a la mujer ni a los que la acusan. Rechaza el pecado, pero perdona a los pecadores.
    Tenemos endencia a ver el evangelio como la vuelta de la tortilla: defensa de los marginados y condena de los opresores. Nos cuesta trabajo comprender al Dios de Jesús como padre que no necesita perdonar porque su amor ni siquiera se siente ofendido. Su pedagogía sólo trata de evitar que los hijos fuertes abusen de los débiles, pero Él ama y "perdona"a todos sus hijos.

  • Comentario por Roser Puig F 20.03.10 | 11:26

    En lo que al adulterio se refiere, hasta el año 1978, (Fecha en la que las leyes civiles iniciaron su despegue de las religiosas) podíamos leer en el artículo 449 del Código Penal lo siguiente: “Cometen adulterio la mujer casada que yace con varón que no sea su marido, y el que yace con ella, sabiendo que es casada, aunque después se declare nulo el matrimonio (...) No se impondrá pena por delito de adulterio sino en virtud del marido agraviado”. Y fi nalizaba: “El marido podrá en cualquier tiempo remitir la pena impuesta a su consorte”.Asimismo, el Código Penal establecía que si el marido asesinaba o agredía a la esposa adúltera o al amante de ésta, al ser sorprendidos, sólo sería castigado con el destierro durante un corto espacio de tiempo. En la misma situación, al ser considerado parricidio el asesinato del marido, la sentencia era siempre prisión perpetua. La despenalización del adulterio, tal como estaba consignada, así como la aprobación de la Ley de divorcio, fue un gran av

  • Comentario por Roser Puig F 20.03.10 | 11:24

    A pocas nociones de Hª que tengamos, todos sabemos que, salvo algunos paréntesis republicanos, nuestro país ha sido siempre regido por regímenes absolutistas. Del absolutismo dice Wikipedia que es” una forma de gobierno en la cual el poder del dirigente no está sujeto a ninguna limitación institucional que no sea la ley divina”. En España, desde los Reyes Católicos para acá, las leyes civiles no han sido propiamente “civiles” a causa de la influencia de la Religión Católica en ellas. (Al igual como ocurre ahora en los países islámicos, ha venido ocurriendo en España, pero con el Cristianismo como excusa. Y digo “excusa”, porque la llamada Cristiandad no estaba inspirada en el Evangelio Liberador de Jesús sino que si bien había usurpado el nombre de “cristiano”, en realidad era un conglomerado de imperialismo romano y de normas mosaicas. (Y, por desgracia, sigue ocurriendo lo mismo en la ICAR jerárquica e institucional).
    En lo que al adulterio se refiere, hasta el año 1978, (Fech...

  • Comentario por acamus 19.03.10 | 21:40

    y que ese tema se utiliza para “no hablar de Dios” y desviar la atención. En mi opinión, la Iglesia debería dejar ya de una vez de comportarse como una asociación “mundana” y cumplir con sus obligaciones evangélicas. Y el Papa debería ir a visitar a cada una de las familias destrozadas por este asunto, pidiendo perdón por lo que han hecho sus sacerdotes. No me esperaba esta respuesta tan politiquera y miedosa.

  • Comentario por acamus 19.03.10 | 21:39

    Como muy bien, dice Xabier, Jesús podría haberla condenado ya que Él está “sin pecado”. Pero no lo hace. Le dice que no peque más y la despide. Yo creo que, tal y como están las cosas estos días con la Iglesia, esta parte del Mensaje de Jesús (el perdón) está de más actualidad que nunca. Yo no formo parte de la Iglesia Católica, así que sólo puedo hablar de lo que veo desde fuera. En estos casos de abusos de menores, ha ocurrido algo terrible y esperado: la Iglesia está quedando como aquellos que “ven la pelusa en el ojo de su hermano y no la viga en el propio”, como una institución que se concentra en hablar de los pecados de los demás mientras pasa de puntillas por los propios. En una organización, en definitiva, que utiliza todas las excusas al más puro y vulgar estilo de los políticos profesionales. Hoy (¿o ha sido ayer?), Monseñor Cañizares ha dicho que no le preocupan excesivamente las denuncias por pederastia en Alemania y que ese tema se utiliza para “no hablar de Dios” y desvi...

  • Comentario por acamus 19.03.10 | 21:38

    Para todos los que aman la literatura (más allá de profesiones de fe), los evangelios están llenos de maravillosos microrrelatos. Pienso a bote pronto en el pasaje de la mujer sirofenicia (Marcos 7, 25 a 30); el hombre del brazo atrofiado (Mc 3, 1 a 7); y éste de la mujer adúltera. Es increíble como los autores dotan a estos episodios de una fuerza dramática excelsa. En el primero, me identifico con los discípulos que pudiesen estar presentes y que, sin duda, se sorprendieron ante la frase inesperadamente dura de Jesús hacia la mujer. En el segundo, a uno casi se le corta la respiración en esos momentos de silencio cuando Jesús lanza la pregunta, con aquel hombre en medio. En el tercero, aparte de todo lo que se ha comentado en el fantástico artículo de Xabier, me quedo con esa mujer que se queda sola y asustada ante Jesús. Si Jesús es “Dios-con-nosotros”, esa escena sólo puede simbolizar el encuentro entre Dios y el alma de una persona. Como muy bien, dice Xabier, Jesús podría haberla...

  • Comentario por dany komy 19.03.10 | 20:50

    para el parasito de don pedro fernandez barbadillo,
    don pedro no es nesesario que cuando usted hace comentarios de cataluña nos recuerdes que usted fuistes compañero de popitre de el sr. sesar vidal manzanares pues en sus escritos basura queda justificado de que santuario procede don pedro y don sesar..

  • Comentario por Roser Puig F 19.03.10 | 16:34

    En mi opinión, al evangelio de (Jn 8, 1-8) le falta un trozo. Aquel en el que Jesús ubiera preguntado: “¿Es que ha adulterado SOLA”? Se nota demasiado que está escrito por algún hombre. Pero no quiero hacerle la competencia a los movimientos ultra conservadores que pretenden “reformar” la Biblia, solo que en sentido inverso al mío.
    El proyecto denominado Conservative Bible Project, cuenta con la colaboración de los internautas, siguiendo unos principios básicos recogidos en el portal. Según los creadores de la web, La Biblia guarda «escasa precisión con su lenguaje original y con el lenguaje moderno», y por ello se pide ayuda para volver a traducir palabra por palabra una popular edición del siglo XVII y erradicar términos demasiado “liberales” o pasajes como el de la mujer adúltera del evangelio de Juan.
    http://jesed.wordpress.com/2010/01/08/una-web-cristiana-ultraconservadora-traduce-la-biblia-para-eliminar-lo-que-no-coincida-con-sus-ideas/

Sábado, 18 de febrero

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