El blog de X. Pikaza

SAN JOSÉ, UNA REFLEXIÓN SOBRE EL PADRE

18.03.10 | 10:01. Archivado en Santos, mujer, hombre, Domingo, dia de la Palabra
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Nos hallamos en un tiempo de crisis del “padre”, una crisis que tiene razones coyunturales, culturales y sociales. Es tiempo bueno para reflexionar sobre ello, retomando la figura de San José, el «padre del Hijo de Dios», siguiendo en la línea de lo que he presentado en años anteriores en este mismo blog (cf. 19, 03, 09; 10, 03, 07).

(1) Hay una razón coyuntural. El símbolo padre ha perdido importancia o resulta negativo: en ciertos grupos humanos ha llegado a difuminarse de tal forma que ¬muchos niños sólo conocen y respetan de verdad a la madre (si lo hacen), pues el padre en cuanto tal no vive habitualmente en la casa o no ejerce en ella una función educadora o afectiva.

(2) Razón cultural. La vieja sociedad jerarquizada (fundada en la ley/poder del padre), ha cumplido su función y parece que nos ha dejado, pero “sin dejar” alternativa. Hemos matado y enterrado (simbólicamente) a ese padre (o el padre ha preferido desaparecer), de manera puede haber surgido una humanidad igualita¬ria que es buena, sin normas impositivas (cosa también buena), pero sin consistencia interna, sin valores creadores.

(3) Razón religiosa. Si a Dios le llamamos “padre”, hacemos una opción injusta en favor del sexo masculino: dejamos a la madre en un segundo plano, nos olvidamos de ella al entrar en el misterio. En esa línea, son muchos los que piensan que la invocación paterna de Dios es un residuo de antiguas concepciones patriarcalistas, que han servido para someter a las mujeres. Pero unas madres sin padres corren el riesgo de perder algo muy hondo, vinculado a la comunicación y alteridad del ser humano. Por eso, quizá tengamos que decir que Dios no es sólo padre, pero añadiendo que es también padre.

(4) Con ocasión de San José… Por todo eso y por otras razones será bueno reflexionar sobre el Padre, con ocasión de San José que es para los cristianos (al menos para los católicos, a partir del siglo XVI, en tiempos de Santa Teresa) el “patrono” de los buenos padres... y de las buenas monjas Valgan las reflexiones que siguen como homenaje a todos los buenos padres y como felicitación a los José (Pepe, Pepiño, Josaba…) y a todas las Josefa (Pepa, Pepita…). Buen día a todos.

Punto de partida.

En el principio de todo amor humano están los padres, que no son ya simples engendradores, como en los animales, sino verdaderos creadores, pues ellos acogen al niño con amor y le educan con su cuidado y palabra, a lo largo de los largos años de “gestación extrauterina”. La verdadera paternidad humana no es la de tipo biológico, que puede ser efecto de una relación momentánea o de un banco de semen masculino. Auténtico padre es quien acoge y educa al niño en el amor y palabra. La verdadera maternidad no es tampoco la meramente física, pues en ese plano se podría acudir a una madre de alquiler y, quizá, algún día, a una máquina compleja que sirva de útero para la gestación del semen fecundado, como había imaginado ya hace tiempo A. Huxley, Un mundo feliz (1932).

Ciertamente, parece que los meses de gestación en el útero materno establecen un tipo de relaciones especiales (¿de amor?) entre la madre y el embrión, de manera que resulta difícil prescindir de una “gestación natural” de los niños. Pero, estrictamente hablando, no se puede descartar, por principio, la posibilidad de que se fabriquen un día úteros mecánicos, como incubadoras muy avanzadas donde se deposita el semen fecundado, para que se despliegue hasta el momento de su nacimiento. Sea como fuere, la maternidad más honda no está ligada ya ni al vientre (puede haber, como he dicho un vientre externo), ni a los pechos de la madre física (muchos niños se alimentan ya desde ahora sin leche materna), como sabía ya Jesús (cf. Lc 11, 27-28).

La maternidad auténtica se sitúa en el nivel de la acogida personal, del cuidado y la palabra, que van acompañando y suscitando al niño a lo largo de sus primeros años. También la paternidad (¡sobre todo la paternidad!) debe situarse en el plano de la palabra y del cuidado, de la fe y de la entrega personal al servicio de la nueva vida, en comunión con la madre. Aquí entra José, el esposo de la "madre de Dios" (el padre del Hijo de Dios).
En este contexto ha venido a situarnos, de manera nueva y más intensa la investigación científica y la psicología. Quizá la ciencia, un día, podrá sustituir o definir de forma muy distinta los procesos biológicos de la concepción y gestación de nuevos seres humanos. Lo que no podrá hacer es suscitar o, mejor dicho, crear personas, porque las personas necesitan meses y meses, años y años de acogida y gestación personal. Lo que define la vida humana en su nacimiento y maduración no es la paternidad-maternidad biológica, sino la personal, estrictamente humana, que se expresa a través del amor directo, sin que exista máquina alguna (incubadora o computadora) que pueda sustituir a los padres. El mayor problema y la mayor riqueza de nuestro mundo es la madurez afectiva, con la felicidad y la fidelidad de las personas que en un momento dado desean trasmitir la vida, porque lo quieren, es decir, porque se quieren, de un modo gratuito, generoso, responsable.

Hasta ahora, el proceso de la evolución biológica se había venido desarrollando casi sin saberlo, como si una fuerza interior (que podemos llamar divina) hubiera ido guiando las mutaciones genéticas, que se expresaban externamente a través de unos procesos de azar y necesidad. De esa manera, la vida ha funcionado, se ha extendido y diversificado, hemos surgido los hombres como seres especiales y nos hemos propagado. Hasta ahora, la propagación de la vida humana había seguido también unos esquemas y modelos básicamente “naturales”: los padres engendraban por deseo natural y tenían, de ordinario, los hijos que Dios quisiera, es decir, los que nacieran por naturaleza.

Algo está cambiando

Ciertamente, a lo largo de siglos y siglos, ese amor de los padres (vinculado a la gestación biológica de la mujer, a la autoridad de padre-patriarca y al cuidado de la madre-cuidadora) ha funcionado bastante bien, pues de lo contrario no estaríamos aquí, los hijos de la historia humana. Pero ahora las cosas están empezando a cambiar de una forma acelerada, no sólo por los cambios y avances de la ciencia, sino también por los cambios sociales, que de nuevo presentamos.

Hay un cambio científico.
Al desarrollo de la física ha seguido, en los últimos decenios, un despegue espectacular de las ciencias biológicas. Estamos descubriendo admirados nuestro poder: somos capaces de introducirnos en el interior de los procesos biológicos, suscitando mutaciones, seleccionando cambios genéticos e influyendo no sólo en el despliegue de la vida vegetal y animal (creando transgénicos y clonando animales), sino también influyendo en el surgimiento de la vida. Sin duda, esa capacidad de influjo genético es buena; pero si unos científicos manipulan los genes (especialmente los humanos) para servicio egoísta de algunos o para triunfo del sistema social, pueden surgir daños irreparables para la especia humana. La verdadera paternidad/maternidad no se da en este nivel en el que actúa la ciencia, pero lo que haga o deje de hacer la ciencia tiene mucha importancia para la paternidad/maternidad humana.

Cambio en la visión de la paternidad/maternidad humana.
Dentro del gran abanico de la vida, al interior del proceso de los animales superiores, los hombres formamos una especie que existe en la medida en que sus miembros (sobre todo varones y mujeres) se atraen y completan, se acompañan y ayudan entre sí, en una historia en la que resulta esencial el gozo de vivir y la vida compartida. En este plano se sitúa la madurez afectiva de los hombres, que se sientan felices de ser y atraerse, varones y mujeres, para asumir y potenciar de esa manera el proceso de fecundación, gestación y nacimiento y, sobre todo, de educación personal de los nuevos individuos. La novedad esencial se encuentra en ese último momento: la verdadera paternidad humana culmina y se expresa en la educación personal de los niños, en un proceso de donación, presencia y enseñanza que les hace surgir a la existencia humana de manera gozosa y personal, en nivel afectivo, lingüístico, social etc. En este plano se sitúa el verdadero amor de padre/madre.

Dios, un tema de padre (y de madre).

Desde ese fondo puede reinterpretarse la visión del evangelio, que ha puesto de relieve la paternidad/maternidad estrictamente humana no sólo de los padres biológicos, sino del conjunto de la comunidad, que debe acoger en amor y palabra a los niños. Jesús vivió en un tiempo de crisis de padre; eran muchos los niños abandonados, en la calle; pues bien, ellos han de ser, conforme al evangelio, los primeros destinatarios del amor cristiano (cf. Mc 9, 32-37; 10, 13-16). En ese contexto podemos aludir al Dios padre-madre como experiencia de gratuidad y palabra creadora, en un gesto social abierto hacia los marginados, es decir, hacia aquellos que, en general, en aquel tiempo carecían de un padre legal que les reconociera. En este contexto de ausencia, Jesús presenta a Dios como auténtico padre-madre: como aquel que regala a los hombres la vida y les acompaña, en un proceso de engendramiento gratuito y gozoso.

Lógicamente, el tema religioso ¬de la visión paterna de Dios resulta inseparable del gesto social (eclesial) del evangelio como ofrenda de vida para aquellos que están necesitados. Por eso, según el evangelio, ya no basta el signo natural de las religiones antiguas, que presentan a Dios como Gran Madre, útero vital del que nacemos y al que retornamos por la muerte. Este símbolo tiene un gran poder de evocación, pues la madre nos precede, como expresión del proceso total de la vida de la que procedemos. Pero, al llegar al nivel humano, esa vida en cuanto tal resulta insuficiente: no basta engendras, no basta la madre natural. Es necesario un tipo de acogida y educación especial, del padre y de la madre, una educación que se extiende hacia los niños abandonados, que son también hijos de Dios.

Los animales no tienen madre

Los animales no tienen madre, sino engendradora. Los hombres, en cambio, tienen madre: no han nacido, sin más, de la tierra, o de la potencia generadora (física) de la naturaleza, sino de una persona, que les ha acogido y educado, que les ha querido y situado dentro de la historia (de su propia historia). El paso de engendradora a madre está al principio del proceso de humanización y constituye uno de los elementos fundamentales de la historia cultural (religiosa) de la humanidad.

Pues bien, esa madre humana no puede estar ya sola, sino que su función de amor y de palabra ha de expandirse y abrirse, de manera que ella se encuentre acompañada por el padre y por el conjunto social, que acoge a los niños. No es bueno que el niño tenga sólo madre; no es bueno que la divinidad sea sólo materna. Es mejor que haya padre-madre, que el niño nazca de un amor dual, de tal manera que no pueda refugiarse sólo en la madre (como si ella fuera toda para él), sino que surja de un amor doble, de dos personas que se aman. Es bueno que el niño nazca de una sociedad de amor.

Los seres humanos necesitan madre y padre

Siguiendo en esa línea, podemos añadir que una visión puramente materna de la realidad (de la fecundidad humana), entendida en clave biológico y/o exclusivista, no sólo es limitada en plano religioso, sino que antropológicamente falsa. La historia humana no procede (no se expresa ni expande) de manera unívoca (sólo materna o paterna), ni actúa de una forma inconsciente, divinizando, sin más a una potencia engendradora (madre). Ella actúa y se expresa, más bien, a través de un diálogo o encuentro personal entre madre y padre, mujer y varón, en proceso cultural de enriquecimiento (de alianza personal) que se extiende al conjunto social, entendido como espacio de acogida y crecimiento de los niños.

Así se vinculan madre, padre y sociedad. En tiempos antiguos pudo pensarse que sólo la madre engendra, el varón era secundario. Los nuevos tiempos han supuesto que sólo el varón crea, pues la madre es receptiva. Hoy sabemos que es preciso el amor dual, del padre y de la madre: ellos, en su mutuo amor, asumido y desplegado en libertad, hacen posible el surgimiento de los hijos. Hoy sabemos que resulta necesario el amor y la acogida del conjunto social para que los niños puedan crecer de forma humana.

Hay que superar también el puro matriarcado

Las culturas patriarcales, que han determinado la historia de oriente y occidente han tendido a pensar que la mujer es un puro receptáculo (ánfora, útero) del semen paterno: ella no da vida, simplemente la acoge; ella no engendra, recibe en su seno el semen del varón, para madurarlo y cuidarlo luego, por un tiempo. El varón es forma, la mujer materia; el varón siembra, la mujer recibe la semilla como tierra; el varón crea vida, la mujer la cuida. No sabemos si existió históricamente el matriarcado.

Lo que sí ha existido y sigue existiendo, de algún modo, hasta el presente es un orden patriarcal donde la “prioridad” seminal del varón se traduce en el surgimiento de una sociedad dominada por varones, que dirigen y “protegen” a sus mujeres, para engendrar por medio de ellas a sus hijos. Pues bien, hoy sabemos que esa visión ha sido equivocada.

Posiblemente, el predominio patriarcal ha nacido del miedo: el “poder generador” del varón (que se ha creído superior a la mujer) ha sido y sigue siendo un poder amenazado, pues el varón nunca ha estado seguro de ser padre de su hijo, a no ser sometiendo y controlando a la mujer, haciéndola así subordinada. Para saberse padre: el varón ha tenido que emplear la violencia, controlando a la mujer.

Hubiera sido necesario un diálogo en igualdad, entre varón y mujer, para que surgiera entre ellos una confianza o comunión de amor, sin imposición de uno sobre el otro, superando así el matriarcado o patriarcado unilaterales. Sin duda, una comunión como esa se ha podido dar y se ha dado muchísimas veces, en casos aislados, pero, en su conjunto, la cultura humana ha seguido un camino patriarcal, violento, donde el varón ha ejercido sobre la a un control enfermizo y dictatorial.

Pues bien, ahora (a comienzos del siglo XXI), partiendo de la misma experiencia religiosa de la Biblia, empezamos a pensar que Dios es un Padre no paterno, es decir, no patriarcal. Dios es padre-madre, como principio de un amor en libertad. Dios es padre social o eclesial: es un padre que se expresa a través del amor de un grupo que acoge y educa a los niños, trasmitiendo de esa forma el don de la vida.

Dios es también San José... es decir, un padre no patriarcalista, un padre-padre, que cree y dialoga con sus hijos

Cf. Cf. M. DALY, Beyond God the Father. Toward a philosophy of womans’s liberation, Boston 1973; M. GÓMEZ-ACEBO, Dios también es madre, Paulinas, Madrid 1994; R. HAMERTON-KELLY, Theology and Patriarchy in the Teaching of Jesus, Fortress, Philadelphia 1979; E. NEUMANN, La Grande Madre, Astrolabio, Roma 1981, 151-180; W. MILLER, Biblical Faith and Fathering. Why we call God “Father”, Paulist, New York 1990; M. NAVARRO, Barro y aliento. Exégesis y antropología teológica de Gen 2-3 Paulinas, Madrid 1990; E. NEUMANN, La Grande Madre, Astrolabio, Roma 1981, 151-180; M. SANLÉS OLIVARES, Dios Padre, Desclée de Brouwer, Bilbao 2002; J. SCHLOSSER, El Dios de Jesús. Estudio Exegético, Sígueme, Salamanca 1995.

23 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Carmen Berton 23.03.10 | 16:44

    sino que es mas dependiente de la madre en un inicio y esta lo "presiente",decididamente lo que ocurra después esta supeditado a la cultura de cada pueblo o de cada pareja,no son escenciales "los padres" si las figuras paterna y materna.Un abrazo.

  • Comentario por Carmen Berton 23.03.10 | 16:42


    Roser,cada día leyendo tus comentarios voy entendiendo las cosas,es terrorífico,aquí en el tercer mundo jamas tuvimos prohibiciones de ese tipo,yo me case siendo menor de edad para la ley(en ese entonces eran 22 años,yo tenia 19),mi madre firmo la autorización y de ahí pase a ser "menor emancipada"dependiente solo de mi misma no de mi marido,para lo único que tuve que pedir autorización fue para comprar una casa ya que en ese entonces mi marido no era residente permanente y ante la ley yo no tenia medios para hacerlo,pero era cuestión de edad no de sexo.
    Cuando mis hijos viajaron con su padre yo firme el permiso de menores al igual que para incluirlos en su pasaporte.Esa lucha de liberación de la que hablas la entiendo,así como no me quedaba claro el porque de tanta lucha sin estos antecedentes.En cuanto al post considero que la madre tiene una percepción diferente del niño/a por sus características intuitivas,el hijo no es mas apegado-sigue-

  • Comentario por sofía 19.03.10 | 23:57

    Y llego a tiempo de felicitar a JMS lo que queda del día. Felicidades.

  • Comentario por sofía 19.03.10 | 22:52

    Pero a pesar de que el cristianismo esté siempre contaminado del machismo generalizado, en sí mismo el cristianismo lleva el germen personalista porque esa era la actitud de Jesús. El mismo Pablo tiene ideas personalistas en contradicción con otras en las que se supedita al machismo de la sociedad.
    Si es capaz Roser de ponerme un ejemplo de sociedad no machista mejorando la presente, que lo haga. Y si encuentra mejor fundamento para los derechos humanos del varón y de la mujer que el mensaje de Jesús, lo mismo digo.
    En cuanto a lo que diga un Reig, es problema suyo, y prefiero quedarme con lo que diga un Amigo, por ejemplo, pero sobre todo lo que importa más es lo que diga el evangelio.
    En fin, que no te deseo que disfrutes de la sinceridad machista de la umma, aunque ya he visto que cada vez simpatizas más con el aguafiestas. Allá tú y tu "feminismo"

  • Comentario por sofía 19.03.10 | 22:44

    Ni Pablo dijo jamás eso de la pata quebrada ni comprendo que te parezca mejor la falta de hipocresía con la que se lapidan adúlteras en el mundo musulmán, pero no me extraña que tu "feminismo" una vez más no sea más que una excusa para el antiicarismo.
    Es la sociedad en general la que ha sido siempre machista, y el defecto de Tomás de Aquino o el de Robespierre ser tan machistas como el que más.
    Una cosa es no estar de acuerdo con lo que dice la Iglesia de los anticonceptivos y otra que eso indique machismo. La Iglesia está de acuerdo con la paternidad responsable y con la aplicación de los métodos naturales, que indudablemente son menos agresivos para la mujer, y también son recomendados por personas no creyentes pero ecologistas y partidarias de lo natural. Creo que el tema ese es algo que no tiene que ver con el feminismo o el machismo, independientemente de que se pueda estar en desacuerdo con la HV.

  • Comentario por Roser Puig F 19.03.10 | 15:56

    . ¡Si ya lo decía San Pablo!:”La mujer calladita y con la pata quebrada y en casa” (¿O es lo que les dicen ahora los imanes a las mujeres musulmanas, pero sin subterfugios ni disimulos, como hace el Magisterio con las mujeres católicas?)

  • Comentario por Roser Puig F 19.03.10 | 15:54

    En ese documento, los obispos consideran que sus efectos han sido el haber producido ”ruptura de matrimonios con profundas heridas, violencia doméstica, abusos y violencias sexuales, hijos que crecen en medio de desavenencias familiares con carencias afectivas y sin un hogar verdadero…“ El caso es que todas esas cosas las decían unos señores que, como yo, habían conocido los inmensos hospicios repletos de niños y niñas, sin una “familia acogedora”, en tiempos en los que el catolicismo y las leyes civiles, sumamente protectoras de la paternidad masculina, estaban en pleno apogeo. En cuanto a la violencia doméstica (contra mujeres y niños/as) ¿tienen la culpa las mujeres y su pacífica “revolución sexual”? En una cosa sí que les tengo que dar la razón a sus eminencias: SI LA ESPOSA SE SOMETE Y RENUNCIA A TENER CUALQUIER INDOLE DE INICIATIVA SOBRE SU CUERPO, SU PERSONA O SOBRE EL RESTO DE LA FAMILIA, HABRÁA “PAZ” FAMILIAR. ¡Si ya lo decía San Pablo!:”La mujer calladita y con la pata

  • Comentario por Roser Puig F 19.03.10 | 15:52

    Que las religiones (incluida la católica) han justificado y mantenido la supeditación cultural de la mujer al hombre hasta el día de hoy, no se puede negar. La ICAR, concretamente, publica periódicamente documentos “en defensa de la familia”, en los que el mensaje subliminal es la responsabilización de la mujer de la crisis que atraviesa esa institución, por no haberse mantenido en “su sitio”. Podría dar una retahila de documentos en este sentido (si tuviera tiempo y paciencia para buscar) pero voy a citar, como muestra, el ejemplo del “directorio de la pastoral familiar de la familia en España” (noviembre del 2003) en donde se culpabiliza a la “revolución sexual de los 60”, que se caracterizó por la generalización de la planificación familiar que permitía a la mujer decidir cuando quería ser madre y cuantos hijos deseaba tener, de haber “provocado una ruptura con los significados intrínsicos sobre la sexualidad humana conforme a la tradición cristiana”. En ese documento, los obispo

  • Comentario por sofía 19.03.10 | 13:47

    A cada uno lo suyo. Las leyes civiles no eran cosa de la Iglesia y si vamos a eso, es una vergüenza que los socialistas en la república no quisieran que votara la mujer temiendo que favoreciera a la derecha, poniendo sus intereses por encima de la dignidad de la mujer.
    En cuanto a la ilustración, repito lo de siempre: Robespierre guillotinó a la promotora de los derechos de la ciudadana. Sólo valía para los varones eso de libertad igualdad fraternidad.
    Naturalmente había varones personalistas, como Tom Payne, pero está claro que los derechos humanos se deben a una evolución gradual de la conciencia de la humanidad, y que en el cristianismo encuentran un apoyo, en el personalismo de Jesús, por mucho que no lo quieran ver los machistas.
    Los derechos humanos se basan en la igual dignidad de todo ser humano por el simple hecho de serlo, algo que para quien piense que todos somos imagen de Dios no debería tener vuelta de hoja.

  • Comentario por Roser Puig F 19.03.10 | 09:17

    Por el contrario el marido podía disponer libremente de los gananciales (salvo inmuebles o establecimientos mercantiles) y ella no tenía más derecho que a recibir la mitad de lo que quedase al fallecer él. Estaba obligada a seguir al marido dondequiera que él fijase su residencia. No tenía patria potestad sobre los hijos hasta que muriese el padre e incluso hasta el año 1970, él podía darlos en adopción sin el consentimiento de la madre".
    (Hasta 1975 la esposa no pudo ser independiente económicamente) ¿Es realmente la “pérdida de la paternidad” lo que preocupa a los machistas?


  • Comentario por Roser Puig F 19.03.10 | 09:15

    Sin licencia,
    prácticamente, la mujer sólo podía hacer testamento. Sin licencia la mujer no podía trabajar, ni cobrar su salario, ni ejercer el comercio, ni ocupar cargos, ni abrir cuentas corrientes en bancos, ni sacar pasaportes, ni el carné de conducir, etc. Si contraía
    matrimonio con extranjero perdía la nacionalidad y era considerada extranjera -aunque no saliese en su vida de España- entonces se le extendía carta de residente y perdían eficacia sus estudios, no podía ser funcionaria y necesitaba permiso para trabajar. Sin la licencia no podía aceptar o repudiar
    herencias, aunque fuesen de sus padres, ni pedir su participación, ni ser albacea, ni defenderse ante los tribunales (salvo en juicio criminal) ni defender sus bienes propios, ni vender ni hipotecar page 3 / 4 estos bienes, ni disponer de los gananciales más que para hacer la compra diaria, aunque los
    gananciales procediesen de su sueldo o salario. Por el contrario el marido podía disponer librement...

  • Comentario por Roser Puig F 19.03.10 | 09:12

    Seguramente, como dice Xabier, “el poder patriarcal se siente amenazado”. Lo tenía TODO y, poco a poco, gracias al cumplimiento de los DDHH (por desgracia, no podemos decir: “gracias ala influencia de la doctrina “cristiana” de la ICAR) se lo están arrebatando. María Telo, nacida en Cáceres, abogada que luchó por liberar a las mujeres de las leyes que anulaban a las mujeres despojándolas de todo derecho de igualdad con el varón, recordaba:
    "Cuando en septiembre de 1969 yo inicie la lucha por liberar a la mujer de las cadenas jurídicas, su situación era tan vejatoria y alienante dentro de la familia, con proyección en lo público, que había artículos como el 1263, que situaba a la mujer casada entre los menores, los locos o los dementes y
    los sordomudos que no sabían leer ni escribir. El artículo 57 obligaba a la mujer a obedecer al
    marido y la licencia marital era como su sombra para todos los actos de la vida. Sin licencia,
    prácticamente, la mujer sólo podía h...

  • Comentario por acamus 18.03.10 | 23:35

    Pero estarás de acuerdo conmigo en que se trata de un hecho excepcional: lo natural es que el bebé sea alimentado con la leche materna. De todas formas, tampoco me gustaría incidir en este tema, ya que resulta complicado hablar en términos generales, cuando lo que cuenta es la experiencia vital de cada individuo.

  • Comentario por acamus 18.03.10 | 23:34

    Roser, yo creo que una persona puede crecer y desarrollarse en ámbitos muy diferentes. Hay gente que ha sido educada por sus abuelos porque sus padres han fallecido, o están en prisión, o tienen problemas de cualquier tipo… Y puede, claro que sí, ser perfectamente felices. De todas maneras, lo que yo planteaba no era la incapacidad de una mujer o un varón que llevan en solitario una prole, sino que marcaba la atención sobre el hecho de que, tal y como yo lo veo, las figuras paternas y maternas son importantes, aún cuando (y es otro tema que tiene interés), lo poco que conocemos de la vida familiar de Jesús nos lleva a pensar que Él era más bien independiente y su relación con su familia no era estrechísima (atención a cuando se escapa y se pone a discutir en el Templo, con doce años, la frialdad con la que saluda a sus padres una vez encontrado) y no estaba libre de enfrentamientos.
    En cuanto a lo que dices del biberón, es cierto. Pero estarás de acuerdo conmigo en que se trata ...

  • Comentario por Roser Puig f 18.03.10 | 23:13

    Acamus, Por supuesto que no se puede hacer de la excepción una norma. Yo he iniciado la discusión sobre las excepciones que, desde el punto de vista moral-social, en según que círculos producen escándalo. Si lo importante es la acogida, el amor y la palabra para que se cumpla la labor paterno-materna y para que ese ser pueda desarrollarse y alcanzar la madurez afectiva, el rechazo frontal a tales situaciones excepcionales solo puede provenir de prejuicios estereotipados. En cuanto a la relación madre-bebé que describes, yo diría que si ese bebé fuera criado con biberón y si fuera un varón el que se lo diera, le bañara y le acunara con amor, ese bebé podría desarrollarse normalmente, igual que el que dispone de una madre y un padre convencionales.

  • Comentario por sofía 18.03.10 | 23:05

    Siempre me cayó bien San José y lo vi como un ejemplo de padre no patriarcalista.
    Por supuesto que Dios es Padre y Madre.
    Totalmente de acuerdo en que los niños necesitan padre y madre, sin estereotipos de paternidad y maternidad, pero tampoco sin jugar a que tenemos que ser exactamente iguales en vez de complementarnos.
    Y también de acuerdo con el comentario de Acamus. Las familias monoparentales son la excepción no el ideal al que aspirar. Y siempre necesitan la colaboración del grupo familiar amplio para intentar paliar la pérdida o ausencia de uno de los progenitores.
    Felicidades a todos los que celebran su santo y a todos los padres.
    Buenas noches

  • Comentario por acamus 18.03.10 | 22:04

    me parecen dignas de admirar. Pero eso son casos especiales (como la orfandad). Un hijo lo es tanto de la madre como del padre, y corresponde a ambos la educación y la transmisión de valores. De todas maneras, el acceso de la mujer al mundo del trabajo y la igualdad de sexos, deben modificar (ya lo hacen, de hecho) el concepto de “autoridad” del varón sobre la mujer, los roles mal entendidos (éstos sí) del hombre rígido y serio y la mujer sentimental y débil. Aún cuando todo eso se modifica, creo que el “núcleo duro” de la paternidad-maternidad se mantiene porque es algo inherente al ser humano.

  • Comentario por acamus 18.03.10 | 22:02

    Roser, tal y como yo lo veo, los roles de “padre” y “madre” no es que estén estandarizados, sino que se apoyan en la realidad biológica que los inspira. Recientemente, hemos tenido un nacimiento en la familia. El recién nacido (de tres meses) mantiene una relación con la madre, que no tiene con el padre (más que nada, porque depende directamente de la lactancia materna para sobrevivir). El contacto físico “hijo-madre” (y hablo en general, no de las posibles excepciones) nutre a su relación de elementos de apego sin parangón. No he estudiado psicología e ignoro las posibles implicaciones mentales de esa relación, pero sospecho que son muy importantes. Yo estoy de acuerdo con Savater cuando dice que no podemos hacer de la excepción, norma. Las familias monoparentales son posibles, por supuesto, y la cantidad de mujeres que a lo largo de los siglos han tenido que hacer frente a la educación de varios hijos en absoluta soledad (y desprecio por parte de hipócritas), me parecen dignas de adm...

  • Comentario por JMS.- 18.03.10 | 21:47

    Muy bueno el desarrollo de la parentalidad a lo largo de la historia, en este momento primaveral de su evolución cultural. San José resulta una excusa para entrar en este análisis del amor familiar en la humanidad de cuyo éxito todos somos responsables.

  • Comentario por Roser Puig F 18.03.10 | 21:31

    Dice Xabier: “Auténtico padre es quien acoge y educa al niño en el amor y palabra. La verdadera maternidad no es tampoco la meramente física”
    Estoy de acuerdo, por eso no creo que “sea necesario” el modelo tradicional del padre-madre, cada cual con su rol estandarizado. Acogida, amor y palabra, lo pueden ofrecer ambos. Y en demasiadas ocasiones solo lo ofrece uno de ellos, aunque oficialmente, y de cara a la galería, el hijo/a cuente con padre y madre. Por eso no comprendo la oposición frontal a que la familia pueda ser monoparental, o con progenitores ambos del mismo sexo.

  • Comentario por JC 18.03.10 | 16:41

    La Palabra de Dios nos dice en términos muy claros: “Seguid…la santidad,
    sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

    Aquí está la verdad, clara y simple. Sin la santidad que es impartida sólo
    por Cristo (ese precioso regalo que honramos llevando una vida devota a
    obedecer cada una de sus Palabras) ninguno de nosotros verá al Señor. Y esto
    no se refiere solamente al cielo, sino a nuestra vida presente también. Sin
    santidad, no veremos la presencia de Dios en nuestro caminar diario, nuestra
    familia, nuestras relaciones.

  • Comentario por justi.arcoiris 18.03.10 | 12:34

    dice Pikaza:"Auténtico padre es quien acoge y educa al niño en el amor y palabra."
    SOBRE TODO EN OBRAS ,PIKAZA .....LAS PALABRAS ,SE LAS PUEDE LLEVAR EL VIENTO ,EL AMOR ..PODEMOS INCLUSO ,NO LLEGAR A PERCIBIRLO ..PERO LAS OBRAS ....!SEÑOR LAS OBRAS ....por eso después de mayor ,pude entender lo que decian mis padres " HACED lo que os digo y sospechar mas ..de lo que hago "

  • Comentario por justi.arcoiris 18.03.10 | 12:28

    Tengo un recuerdo ,debe ser de muy niña ,pero seguí ecuhándolo hasta el dia que murió mi madre .Todas las noche decia "San José bendito ,danos poquito mal y buena muerte "..creo que es también el Patrón de "la buena muerte ?
    Solia hacer bromas con ella :"madre deja de pedir nada a San José ,porque llevas ochos años en un silla de ruedas ...bonita pequeñita ...ella me llamaba "burra que eres una burra " ..después nos abrazábamos
    Seguramente no hay mal que por bién no venga y mi madre "tuvo todo el cariño del mundo de ,marido ,hijos ,nietos y todos los que pasaban por su vida ....LA ENFERMADAD FUÉ UNA RECOMPENSA DE TODA UNA VIDA LLENA DE LUCHA " .....seguramente me "reconcilié con San José Bendito "
    De la "figura paterna " puedo decir de momento QUE HA ESTADO Y ESTA MAS UNIDA A LOS CAMBIOS SOCIALES ...QUE LA DE LA MADRE (siempre hablando en términos muy generales y basándome ,en lo que conozco ..en nuestro mundo occidental )
    Veré si puedo ir a "todos los ...

Sábado, 18 de febrero

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