La palabra revolución (re-evolución) tiene una magia especial, positiva para algunos, negativa para otros. La Iglesia Católica moderna, en su conjunto, ha sido contraria a todas las revoluciones que se han venido gestando desde un fondo cristiano (y racional) a partir del siglo XVIII. Quizá ha llegado el momento de situarse mejor ante el tema.
En primer lugar, es preciso analizar la palabra y el símbolo básico. Revolución implica una “evolución rápida”, un cambio de paradigma o modelo de pensamiento y de acción. En ese sentido, está cerca de la conversión (meta-noia) del Evangelio y de la esperanza del Reino de Dios (que sustituye a los reinos de este mundo). Una y otra vez se ha dicho que Jesús fue un revolucionario (lo acaba de decir en España Cayo Lara), pero que los cristianos no le han entendido ni seguido. Es claro que esa afirmación debe ser matizada.
Por otra parte, el programa de San Pablo, que seguiremos analizando en este Blog, tiene elementos de “revolución antropológica”, en la línea de Jesús, quizá la más importante que se ha dado en Occidente.
He dicho ayer que el programa de Benedicto XVI para el año 2010 no me parecía revolucionario sino “reformista”, aunque puedo equivocarme en el diagnóstico. Por eso, para situarme con más claridad ante el problema, recogiendo las aportaciones de varios comentaristas, quiero evocar el tema de las “tres revoluciones” básicas del occidente moderno… para añadir que está pendiente la cuarta, que debía ser la primera, que (a mi juicio) puede y debe inspirarse en principios mesiánicos. Sin quizá saberlo estamos en el cráter de un volcán, en el centro de un torbellino.
El tema es extenso y tiene elementos sociales y económicos, militares y políticos etc. Pero aquí quiero presentarlo desde una perspectiva cristiana, como base para una posible reflexión que seguiré proponiendo esta semana. Buen trabajo a todos.
Introducción
Junto a la violencia que defiende el orden establecido (ancienne régime) de la Europa “cristiana y regia” ha surgido una violencia contraria, que se ha expresado en las tres grandes revoluciones sociales (francesa, rusa, americana) que han tenido una base o inspiración religiosa, queriendo ser liberadoras, aunque después, por la misma lógica de la historia, han podido convertirse en opresoras.
Occidente no ha exportado sólo al mundo el capitalismo y la ciencia, con el desarrollo racional del Estado, sino también unos ideales revolucionarios en los que la violencia (a veces con ribetes religiosos) ha querido ponerse al servicio de una paz mundial (de la libertad del hombre), con unos medios que algunos han comparado a las misiones (colonizaciones) cristianas de la Edad Media y Moderna, que empleaban la violencia para extender la fe (como suele decirse). La violencia se ha extendido y se sigue extendiendo ahora para promover un tipo de revolución.
1. La Revolución Burguesa (Frabcia)
se realizó de forma paradigmática en Francia, a finales del siglo XVIII, al servicio de la libertad de los ciudadanos y de los derechos del hombre (liberad, igualdad, fraternidad), a diferencia del antiguo régimen, de tipo jerárquico, que pretendía apoyarse sobre bases religiosas. Frente a la religión institucional cristiana, que habría estado al servicio de la opresión, muchos revolucionarios franceses (no todos) quisieron defender e incluso imponer un tipo de religión racional, con el culto a la diosa razón.
De un modo u otro, los países de occidente se han solidarizado con los principios y resultados de esta Revolución (a pesar de la gran violencia que ella puso en marcha, sobre todo en el período llamado del Terror, terrorismo de Estado), de manera que ella aparece, en algún sentido, como patrimonio de la cultura occidental (y mundial).
Sus ideales siguen siendo ejemplares para el conjunto de la humanidad, aunque tuvo que emplear un tipo violencia al servicio de la razón (con sus ideales de igualdad, libertad, fraternidad), para rechazar y destruir así a las oligarquías más o menos sacralizadas que controlaban el poder. En gran parte del mundo, la "buena" revolución burguesa, con sus ideales de religión racional, igualitaria, y de libertad universal, sigue siendo una asignatura pendiente, quizá necesaria, aunque su desarrollo implique un tipo de violencia. Sobre la revolución francesa, sobre todo en relación con la iglesia, cf. H. ARENDT, Sobre la revolución, Alianza, Madrid 2004; O. CHADWICK, The Popes and the European Revolution, Oxford 1981; A. LATREILLE, L'Eglise catholique et la Révolution française, Paris 1946; L. MEZZADRI, La Chiesa e la Rivoluzione francese, Cinisello Balsamo 1988.
2. La Revolución Social (marxismo)
ha tomado líneas distintas, pero que se ha expresado especialmente en la toma de poder de los marxistas rusos, el año 1917, al servicio del "comunismo", es decir, de una estructura económica donde no exista conpra-venta del trabajo (de vida) ni dominio del hombre sobre el hombre. En su forma soviética, esta revolución, que fue muy violenta y que alcanzó su cota más alta de dureza con el estalinismo, fue justificada por una parte considerable de la intelectualidad europea del siglo XX y todavía encuentra formas diversas de legitimación en diversos movimientos y partidos de izquierda que, de un modo u otro, justifican la lucha al servicio de la igualdad económica.
Esa revolución social ha tenido un fondo utópico, con rasgos religiosos que pueden remontarse a un tipo de judaísmo o cristianismo secularizado; pero externamente ha sido anti-religiosa, pues ha pensado que la derrota y olvido de la religión establecida suscitaría el surgimiento de una nueva conciencia y práctica social de tipo igualitario.
Ese "experimento" de lucha contra la religión ha fracasado (con la caída del sistema soviético del año 1989, aunque sigue vivo el experimento de China, con otras connotaciones), pero ella ha suscitado una conciencia positiva de las relaciones entre religión y justicia, entre cristianismo y libertad. Sobre religión y lucha de clases, cf. C. F. S. CARDOSO, El concepto de clases sociales, Ayuso, Madrid, 1977; J. GUICHARD, El marxismo, Desclée, Bilbao, 1975; F. BELO, Lectura materialista del Evangelio de Marcos, EVD, Estella, 1975; J. M. LOCHMANN, Christus oder Prometheus?, Furcher, Hamburg, 1972; J. GIRARDI, Amor cristiano y lucha de clases, Sígueme, Salamanca, 1975, 94-95; J. M. GARCÍA NIETO, «Fe cristiana y lucha de clases», en A. FIERRO y R. MATE, Cristianos por el socialismo, Verbo Divino, Estella, 1975, 83-104.
Algunos (dentro y fuera de la iglesia católica, sobre todo en la administración USA) han visto conexiones entre la "violencia" comunista y la teología de la liberación, acusando a sus partidarios de emplear una forma nueva de violencia religiosa al servicio de unos determinados intereses políticos. El tema sigue abierto. CF. R. GIBELLINI (ed.), La nueva frontera de la teología en América Latina, Sígueme, Salamanca 1977; J. J. TAMAYO, Para comprender la teología de la liberación, Verbo Divino, Estella 2000; J. J. TAMAYO y J. BOSCH (eds.), Panorama de la teología latinoamericana. Estella, Verbo Divino, 2001; L. C. SUSIN (ed.), El mar se abrió. Treinta años de teología en América Latina, Sal Terrae, Santander 2000.
Ha fracasado el marxismo soviético, el chino está cambiando de un modo intenso, pero los ideales del cambio social siguen influyendo en muchos pensadores y políticos. No sabemos cómo será su nueva estrategia, pero la mayoría de los partidarios de este tipo de revolución parecen ir en contra de la toma del Estado en la forma en que lo hicieron las dictaduras de los países comunistas y de esa forma intentan los errores anteriores. Este tipo de argumentos están sido utilizados, de modos diversos y a veces contrapuestos, por neo-marxistas de diverso tipo, desde el J. HABERMAS más clásico, Crítica de la acción comunicativa, Taurus, Madrid 1981, hasta el último A. NEGRI, Multitud. Guerra y democracia en la Era del Imperio, Debate, Barcelona 2004 (en colaboración con A. HARDT).
3. La Revolución Norteamericana (¿capitalista?,
vinculada a la independencia de los Estados Unidos, ha venido cargada con grandes ideales de libertad y democracia, inspirados en ideales cristianos (o, quizá mejor, religiosos), aunque sin vinculaciones a ninguna iglesia particular. En el fondo de la independencia y de la Constitución de USA hay un tipo de cristianismo universal (cercano a ciertas formas de masonería), con un Dios protector de los hombres libres.
Esta ha sido en principio una revolución no violenta, abierta a todo tipo de ciudadanos y pueblos, y ha ofrecido casa y patria a muchos expulsados de otras tierras y a otros que han querido asumir su proyecto de libertad, aunque son muchos los que dirán que la independencia de USA (con su Constitución modélica) no ha marcado una revolución, sino una simple toma de poder de algunos privilegiados (en contra del Rey de Inglaterra y en contra de las poblaciones nativas y negraas)
Sea como fuere, esta revolución (hecha en nombre de la libertad y de la universalidad sagrada) se ha vuelto portadora de violencia, tanto a través de la conquista despiadada de unos territorios que no eran suyo, sin tener en cuenta los derechos de los indígenas (en los siglos XVIII y XIX), como a través de la expansión también violenta de sus intereses e ideales sobre todo el mundo (siglo XX).
Estrictamente hablando, la revolución norteamericana no ha querido ser confesional; por eso ha declarado y defendido la libertad y no-violencia religiosa, en contra de los estados europeos que entonces (finales del siglo XIX) seguían todavía envueltos por luchas de legitimación religiosa. Pero luego, de hecho, los norteamericanos han interpretado su revolución nacional de un modo religioso, en línea cristiana (judeo-cristiana), de manera que se sienten avalados o legitimados por el mismo Dios para intervenir violentamente en diversos lugares del mundo, como si fueran soldados de una nueva cruzada al servicio de la libertad y de la democracia (que al final se identifica con sus intereses económicos y estratégicos).
Los norteamericanos han ofrecido una patria de la libertad para millones de personas. Pero luego, muchos de ellos se creen dueños y garantes de la democracia sobre un mundo, como nuevos judíos liberados de Egipto, representantes y adelantados de una nueva humanidad que sin ellos se volvería tiránico. Pero, al mismo tiempo, sus intereses y su política económico-militar han venido a convertirse en uno de los focos más fuertes de violencia para el mundo. Muchos norteamericanos identifican la libertad del hombre (de la humanidad en su conjunto) con sus propios intereses imperiales, de manera que su revolución por la libertad tiende a volverse dictadura (de tipo bonapartista). Cf. N. CHOMSKY, Nuevo orden mundial. La conquista interminable, Txalaparta, Tafalla 1991; La cultura del terrorismo, Popular, Madrid 2003; Los derechos después de Iraq, Txalaparta, Tafalla 2004; M. HARDT y A. NEGRI, Imperio, Paidós, Barcelona 2002; El trabajo de Dionisos, Akal, Madrid 2003; Multitud. Guerra y democracia en la era del imperio, Debate, Barcelona 2004; F. J. HINKELAMMERT, Cultura de la esperanza y sociedad sin exclusión, DEI, San José de C. R. 1995; Crítica de la razón utópica, Desclée, Bilbao 2002; A. NYE, La paradoja del poder norteamericano, Taurus, Madrid 2003; G. PERRAULT (ed.), El libro negro del capitalismo, Txalaparta, Tafalla 2002.
4. Una reflexión
Estas revoluciones marcan la novedad de Europa (y de occidente), como lugar donde se ha desplegado la modernidad, para expandirse después al mundo entero. Sólo aquellos pueblos que asumen de algún modo los motivos (no las formas concretas) de esas revoluciones, o que reaccionan de manera racional a sus problemas, pueden formar parte de Europa (om nejor dicho, del proyecto occidental) , siempre que respeten su pluralismo de base (con la separación de Estado e iglesia) y no quieran convertirse en un único imperio sobre el mundo (si USA llegara a ser un imperio total dejaría de formar parte de occidente, tal como aquí lo entendemos). El despliegue de Europa parece inseparable de la libertad burguesa y de cierta economía de mercado, pero con una función social; en esa línea quiero añadir que, aunque fracasada, la revolución marxista, ensayada de un modo intenso a lo largo del siglo XX, constituye un punto de referencia necesario para entender el surgimiento y despliegue posterior de Europa.
Las viejas revoluciones de occidente no han logrado lo que pretendían: ellas se han desvirtuado y sus "beneficiados" defienden de hecho sus propios intereses económicos y militares. Por eso hemos hablado de una nueva revolución necesaria, no violenta y universal Quizá podamos añadir que el futuro de la humanidad depende de la capacidad que ella tenga de proyectar y realizar esta revolución (o mutación, por emplear un lenguaje que venimos utilizando en este libro). Pues bien, las reflexiones que siguen, y de un modo especial todo el capítulo tercero de este libro quieren ponerse en la línea de una revolución no violenta, que no aspire a la toma del estado, sino a la trasformación del hombre, que no busque el triunfo de un sistema, sino la comunicación universal.
5. ¿Podemos hablar de una revolución pendiente, una cuarta revolución?
En la actualidad, son muchos los que piensan que es necesario un cambio mundial, aún más intenso que los anteriores, una revolución distinta, que debería asumir algunos rasgos de las ya citadas (francesa, rusa, americana), apoyándose en unos principios "religiosos" más hondos, como serían la voluntad creadora de los pueblos sometidos y/o la fuerza de los recuerdos históricos de las religiones y utopías humanas, pero ya en línea mundial. No sería francesa, ni rusa, ni americana, sino simplemente humana.
Muchos afirman que esa "revolución universal", al servicio del hombre definitivo, no necesita ni debe tomar ya las armas, ni actuar desde la clandestinidad, pues el sistema de occidente ofrece suficiente libertad para su desarrollo. Sería la primera revolución no-violenta de la historia, en una línea que ha sido entrevista de algún modo por algunas religiones como el taoísmo, budismo y cristianismo. No sería ya una revolución burguesa al servicio de algunos privilegiados (en la línea de la New Age o Nueva Era mundial), sino humana, desde los más desfavorecidos del sistema. Ella puede y debe realizarse también en occidente, pero ya no será occidental, sino mundial y es muy posible que sus principales portadores no sean ya occidentales.
Esta nueva revolución, personal y social, no tendrá como finalidad la toma del estado, sino la liberación del hombre, como pretenden algunos neo-marxistas. Muchos suponen que toda revolución humanizadora sigue exigiendo un tipo de violencia, aunque no sea del tipo militar (en guerra de estados contra estados o de ejércitos contra ejércitos). En contra de eso, pienso que esta revolución, que se encuentra aún por hacer, y que exige una fuerte transformaciones ideológicas y religiosas (o humanistas), económica y social, se realizará de un modo político, pero sin violencia armada ni toma del estado. He desarrollado el tema en Violencia y diálogo de religiones. Un proyecto de paz, Sal Terrae, Santander 2004.
6. Apéndice. Otras revoluciones
Junto a las tres revoluciones citadas (francesa, rusa, americana) podemos recordar otras, aunque quizá no deberían llamarse revoluciones. Cito varias, pero pueden añadirse otras…, analizando la función que ejercen en nuestra sociedad.
1. La revolución científica, desarrollada con gran fuerza desde el siglo XVII, se centra en el uso de la matemática para el conocimiento y dominio de la realidad.
2. La revolución técnica e industrial, iniciada sobre todo en Inglaterra, en el siglo XVIII, aplica la ciencia a la organización del trabajo y a la producción de bienes materiales.
3. La revolución capitalista asume de algún modo los elementos anteriores y los aplica, ya en el siglo XIX, a la organización unitaria del trabajo y de la producción, al servicio de un mercado y de un capital mundial.
4. La revolución mediática… (el poder de los medios de comunicación, entretenimiento y manipulación)
5. La revolución sexual (W. Reich) (vinculada a la libertad individual y social en el plano del desarrollo de las relaciones humana, desde la perspectiva del placer).
6. La revolución biológica (vinculada a la planificación de la natalidad y de la educación)
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Salvo (y continúo con esta entrada última que se ha truncado) que me respondas que bajo los términos "esposa manual" -segunda, ojo- y esposa intelectual -primera- nada tengan que ver con las denominaciones "criada" y "ama". En ese caso, y salvo eufemismos, ya me dirás qué sentido tiene este discurso si al final, aunque con otras palabras, se mantiene ya no la diferencia de especialización -que ésa parece ser tu defensa- sino la relegación de cometidos sociales en la misma familia. Entonces, ¿qué diferencia hay con tu criticada monogamia que escoge a la esposa algunas veces como criada o y a otra mujer como criada pagada? ¿Qué pasa si la segunda esposa "manual" quiere "intelectualizarse"? ¿Buscamos una tercera? ¿ Y si ésta hace igual? ¿Una cuarta? ¿O más bien, una mujer de servicio doméstico para evitar acumulación de tantas "intelectuales"?
En fin, amigo Sota de Bastos, todo este ejercicio argumental es poco gratificante. Me despido por ello deseándote lo mejor para ti.
Cito, Sota de Bastos, el siguiente argumento que me das:
" La poligamia ha integrado en una familia dos clases sociales: la intelectual (primera esposa) y la manual (segunda) y lo que es más notable: la esposa de la clase privilegiada ha pedido ELLA MISMA que se integre a la esposa manual, en vez de arrojarla a la condición de criada, amante o prostituta. Fíjense el bien social que hace la poligamia y el mal social que hace su prohibición. "
!Qué verdad es aquella que dice que uno ve lo que quiere ver! En resumen, sancionas implícitamente la diferencia entre esposa-manual y esposa-trabajo liberal, y con esta declaración te has hundido tú mismo, ya que justificas lo que recriminas en tus anteriores post, es decir el clasismo. Tomo tu cita de 04.02.10 | 20:07, en la que se dice :" Lo que se hace en el mundo occidental es, en vez de buscarse otra esposa, buscarse a una criada. ¿Por qué lo primero está mal y lo segundo bien? ".
¿Cómo entender esto?
Dice Fernando: “No se trata de historia de amor, ni de escandalizarse de que no sean los amantes de Teruel……sólo quería destacar que TANTO en el matrimonio mono COMO en poli, existen CLASES y PRIVILEGIOS, de ésos que tratas en tus últimas intervenciones recriminando las costumbres grecorromanas y occidentales”. Lo que digo es que llamar clases y privilegios a que una esposa vaya a la universidad y otra se ocupe de la casa es pasarse de hilar fino. En toda familia, cada uno se especializa en lo que hace bien, le gusta o son sus aptitudes y si es así y voluntario, no es un privilegio. Por eso un marido es minero y la mujer limpia la casa, mejor que quien tenga menos fuerza física y esté embarazada baje a una mina. Lo que pasa es que, como Occidente no puede admitir la poligamia porque pulverizaría su sistema de clases y redistribuiría la renta, siempre hay estudios de matrimonios polígamos con problemas y si no los encuentran, lo retuercen para decir que está muy mal.
Y dos observaciones más: 1. En todo caso, mira cómo hemos bajado de nivel de clases y privilegios: de ser criada sin sexo, sin hijos ni herencia o tener sexo fugaz e hijos no reconocidos o integrados en el hogar, a tenerlo todo, PERO, la esposa con facultades intelectuales va a la universidad y la que no tiene estos intereses se ocupa de la casa. Supongamos que eso es un privilegio (que no lo es, sino muestra de diferentes gustos o aptitudes). Se trata de una reducción enorme de los privilegios frente a la situación anterior, que es la occidental. 2. Este estudio es precisamente la confirmación de mi tesis: La poligamia ha integrado en una familia dos clases sociales: la intelectual (primera esposa) y la manual (segunda) y lo que es más notable: la esposa de la clase privilegiada ha pedido ELLA MISMA que se integre a la esposa manual, en vez de arrojarla a la condición de criada, amante o prostituta. Fíjense el bien social que hace la poligamia y el mal social que hace su prohibición.
Y entonces podemos entender por qué los países en los que se admite la poligamia ni son víctimas del comunismo, ni hay odio social, ni queman sus templos, ni se considera la religión algo reaccionario o de derechas, ni tienen una izquierda como la occidental (por eso la izquierda está contra la poligamia: se quedaría sin trabajo y no tendrían sentido sus ataques a la religión) y el núcleo de mi tesis: el matrimonio que integre todas las clases sociales es la 4ª revolución que facilita o hace innecesarias las otras 3: 1. Que todos son personas. 2. Todos tiene derechos formales 3. Todos tienen derechos económicos.
Y me contestarán varios: “Eso es lo bueno de Occidente, que los ricos, los nobles y los reyes son monógamos”. Para que voy a repetir lo que ya sabemos todos, que eso es un espejismo. La diferencia de Occidente es que, así como en las otras civilizaciones los hombres responden de las mujeres que tienen y de sus hijos, en Occidente respondemos de la primera y las demás son “malas mujeres” (¡Eso lo decimos después de utilizarlas!) y sus hijos “ilegítimos”. Hace 30 años, y con las protestas de voces pías, se estableció que también tenían que responder (pero sólo monetariamente, no en familia, amor ni convivencia) de los demás hijos y un periódico más pío aún dijo que “eso era la vuelta de la poligamia”. Eso sí que es machismo, porque las que han quedado fuera de esta lógica son las mujeres.
El proceso es el siguiente: en donde hay más hombres que mujeres (como la India, porque han matado a las niñas), surge la poliandria y a la recíproca. La cuestión es que, como la naturaleza no es un reloj suizo, fatalmente, a lo largo de 1 millón de años de historia, tenía que haber o más mujeres que hombres o más hombres que mujeres y la naturaleza escogió la primera opción, entre otras cosas, porque podía consolidarse (si al principio de los tiempos hay un X% idéntico de mujeres con tendencia poliandras y hombres con tendencias polígamas, los hombres lo transmitirán mucho más que las mujeres, porque los polígamos tendrán más hijos, pero las poliandras no). En resumen, se admita o no la poligamia, la habrá siempre y donde haya más mujeres que hombres, y lo que se discute no es su existencia, sino si esas mujeres van a recibir trato de esposas o de “malas mujeres”. Ya me dirán quiénes son los machistas y/o clasistas.
Dije en otro correo: “Pero también es obvio que cada 100 o 200 años tengamos una revolución comunista (los musulmanes eran inmunes al comunismo), que en las revoluciones quemen iglesias (¿Han quemado alguna vez una mezquita?)”. Por el amor de Dios, ni por asomo quiero justificar nada de esto, sino que igual que en algunos medicamentos se advierte: “Si lo toma a la vez que alcohol, las reacciones son imprevisibles”, como ya había dicho: “La injuria a los seres humanos de negar este derecho [a tener sexo, cónyuge, familia e hijos] es tal, que las reacciones son imprevisibles”. Y entre otras cosas me parece mal, porque si en algún momento vuelven a quemar iglesias –no lo permita Dios-, uno de los quemados podría ser yo, porque voy a la iglesia.
Bueno, amigo Sota de bastos. Aunque no deseo interrumpir el sabroso tira y afloja que Sofía tiene contigo, yo sólo puedo decirte que los ejemplos expuestos en mis anteriores entradas (caso del matrimonio congoleño en Paris), no son míos. El citado es de la autora Maryse Choisy, que me ha servido para exponer el motivo de la doble esposa, una médica y otra criada en la casa.
No se trata de historia de amor, ni de escandalizarse de que no sean los amantes de Teruel, como dices, ni que tenga que ponerme lírico con rimas y leyendas a orillas del Duero. No, es más simple: sólo quería destacar que TANTO en el matrimonio mono COMO en poli, existen CLASES y PRIVILEGIOS, de ésos que tratas en tus últimas intervenciones recriminando las costumbres grecorromanas y occidentales (bueno, es lugar común).
Por eso mismo, no he pretendido ensalzar "perfecciones" amorosas frente a otras "imperfectas". ¿Quién las juzga? ¿Acaso tú sí? Si lo haces, es que eres muy sabio.
en la promoción de esas mujeres y que cada una elija para casarse a quien le dé la gana -siento decirte que no va a ser un polígamo, apuesto lo que quieras.
Matrimonio clasista es lo que propugnas tú, y que la clase oprimida sea siempre la mujer. Es una forma com otra cualquiera de ser partidario de la esclavitud. Como yo no fui a tu colegio grecorromano, o lo que fuera, nunca me han dicho todas esas bobadas, de modo que a mí no me cuentes rollos machistas, que tan machistas eran unos como otros.
Que te quede claro: Las mujeres serán independientes económicamente, se casarán con quien les dé la gana. Las clases sociales no existirán y los polígamos se tendrán que aguantar porque cada varón y cada mujer formarán pareja libremente. Y te garantizo que no encontrarás mujeres dispuestas a seguirte el rollo. Pero eres muy libre de seguir intentando convencer a alguien sin éxito. Aquí TODOS están contra la poligamia. Te remito al acertado comentario de Justi, 1 vez +
Sota de bastos,
Te remito a lo que te han dicho todos y cada uno, desde TODAS las mujeres que han contestado a tus posts hasta Fernando.
El único que insulta y calumnia eres tú, achacandome a mí lo que jamás he dicho. El único ordinario al que no metería jamás en mi familia eres tú. El clasista eres tú. El grecorromano lo serás tú y como no tengo ganas de rebatirte de nuevo todo lo que te he rebatido miles de veces añado un etc.
Si necesitas un "hombre de paja" usa a "Aguafiestas" y dirígele a él tu discurso, a mí me olvidas.
Yo simplemente te he dicho que quiero una sociedad justa en la que todos los seres humanos sean varones o mujeres tengan igual dignidad, igualdad de oportunidades, derechos de ciudadanía iguales...etc
No quiero clasismo, y menos el clasismo que propugnas tú: el de los ricachones que compran como esposas a unas pobres mujeres que no tienen otro modo de sobrevivir. Propongo freir al ricachón a impuestos y emplearlos en la promoción de l...
Un ejemplo semántico de nuestra mentalidad greco-romana lo tenemos en la química: metales nobles son los que no se combinan con los demás elementos químicos o lo hacen con dificultad, como el oro, el platino o la plata. Gases nobles (helio, xenon, radon..) los que tampoco se combinan con los demás elementos. Lo noble es no juntarse con los demás, con el pueblo, la plebe, que es el matrimonio en Grecia y Roma. En prácticamente todas las demás civilizaciones: judíos, musulmanes, chinos, indios, japoneses, indígenas americanos y africanos es justamente al contrario: cuanto más rico es un hombre y más noble, más mujeres tiene y se ve obligado a buscarlas en las clases bajas, porque el exceso de mujeres siempre es pequeño (salvo tras las guerras, como mucho el 15%). El Rey, el más noble, es el que más mujeres tiene y más se ha mezclado. Obviamente, por atrasados que sean esos pueblos, no pueden oprimir a los de abajo, porque están en sus familias (en la Biblia, Asuero y Ester).
Y me imagino que Sofía pensará: “por supuesto, eso faltaba, que la poligamia te meta gente ordinaria en la familia”, pero no teman, porque no va a decirlo. Pero esto es porque cada situación crea su propio círculo vicioso: si hemos estado 2.700 + 1.300 años con los ricos gobernando solos, esclavizando a los otros, creyendo que la propiedad es “ex coeli usque ad infera” y blindando nuestras familias frente a los de abajo, obvio es que sean ordinarios y no los aguantemos. Pero también es obvio que cada 100 o 200 años tengamos una revolución comunista (los musulmanes eran inmunes al comunismo), que en las revoluciones quemen iglesias (¿Han quemado alguna vez una mezquita?) y que cuando la gente se va tomando el sexo que les negaban, se vacíen las iglesias, mientras las mezquitas siguen así de llenas y que el Cristianismo necesite propagarse a sangre y fuego (España la conquistaron en un año y nos costó 800 echarlos).
En mi colegio decían que todo esto era así porque “el Islam da facilidad para satisfacer las más bajas pasiones”. ¿El deseo de tener sexo, amor, familia, cónyuge e hijos es una baja pasión? Pues el primer propagador de esa baja pasión fue Dios Padre al empezar el Génesis. Es la sandez greco-romana de creer que el sexo va de placer, con el fin de esconder de que de lo que va es de clasismo y que es una de las 4 columnas greco-romanas: poder absoluto, esclavitud, propiedad absoluta y matrimonio clasista.
Obviamente comprendo que, tras 4.000 años haciendo lo mismo, Occidente entienda las criadas y no las esposas, pero, al menos, cuando los misioneros y no misioneros van a otras culturas, deberían entender que, como no han separado los de arriba de los de abajo, hay que dejarlos en paz y no meterlos en los líos que nos metimos nosotros (sólo se entiende por envidia): ni las clases están enfrentadas, ni hay hijos de soltera, la prostitución tiende al mínimo, ni su religión los ha atormentado con que el sexo es malo y que por él irán al infierno, ni, cuando ya la gente no ha aguantado que le repriman el sexo, se lanzaron a la promiscuidad y el divorcio en cadena. Y si alguien me pregunta qué pretendo con todo esto: exclusivamente que seamos consecuentes con nuestro principio de que el sexo entre adultos que consienten es asunto privado y tengamos con la poligamia (o poliandria) la misma tolerancia que tenemos con todos los disparates sexuales que pululan a nuestro alrededor.
En la historia de las congoleñas que cuentas, Fernando, estás haciendo dos cosas: 1. Te escandalizas de que el origen no sea el amor –que tendrá que aparecer para que funcione-, sino que hacía falta alguien que se ocupase de la casa. O sea, que para la poligamia exiges que empiece como Romeo y Julieta, ¿Pero es que la inmensa mayoría de los matrimonios monógamos no empieza porque el hombre piensa que necesita alguien que le lleve la casa y la mujer alguien que se ocupe de lo de fuera? Obviamente, aquí hay un doble juego: a los monógamos se lo perdonas todo, pero los polígamos tienen que ser Gustavo Adolfo Bécquer.
2. Lo que se hace en el mundo occidental es, en vez de buscarse otra esposa, buscarse a una criada. ¿Por qué lo primero está mal y lo segundo bien? Un marciano (o sea, alguien que lo viese desde fuera sin ningún prejuicio cultural) diría: “Mejor tener otra mujer a la que se paga con cariño, que una extraña a la que se tiene apartada y, de paso, la segunda mujer tiene marido, familia e hijos”. Digo yo. Pero es que tenemos tan metido dentro el mundo greco-romano (2.700 años) y el indoeuropeo (1.300 años más), que lo de la criada nos parece normal y natural y para lo de otra esposa no tenemos hecha la casilla en nuestra cabeza. Y ahora te voy a decir yo por qué está mal tener otra esposa y no una criada (aunque sea de esas criadas que consumen su vida de criadas en una familia): porque la criada viene de la clase baja (Sra. Marquesa, las sales, que me desmayo), tiene hijos, hereda y se disuelve el pelotazo del buen partido que era el marido. Hasta ahí podrían llegar esas pelanduscas.
En vez de insultar y descalificar, Sofía, vamos a intentar averiguar lo que piensa cada uno. Pregunta: ¿Crees que todo ser humano tiene derecho al sexo, entendido como placer físico, placer espiritual, tener cónyuge, tener hijos y formar una familia? Si me dices que sí, seguiré argumentando. Si me dices que no, le enmiendas la palabra a Dios Padre al empezar el Génesis (fíjate si será importante, que la Biblia empieza diciéndolo) y añadiré que cualquier religión o ideología que niegue ese derecho fundamental a un solo ser humano, obviamente, acabará siendo rechazada por la humanidad. La injuria a los seres humanos de negar este derecho es tal, que las reacciones son imprevisibles y no sirve para nada atribuir las malas consecuencias a acciones diabólicas o hablar de que “viene el Anticristo”.
Creo que aquí radica el problema: para los greco-romanos, excepto para la minoría de patricios, ese derecho no existía (como casi ningún otro), pero es que era especialmente destructivo, porque llevaría a la integración de clases sociales y, con ella, el fin de los privilegios. Como Roma se cristianiza bajo el lema de Pablo, que lo importante no es la Ley, sino la fe, les ahorra el renunciar a su inhumano clasismo (en la autoridad política, la esclavitud, la propiedad y el matrimonio), de forma que, al final, la que se greco-romaniza es la Iglesia y triunfa en ella la idea de que el sexo es algo malo y sucio y no un derecho humano. Tuvo que venir la Revolución Francesa para destruir la autoridad romana y la esclavitud y el socialismo la propiedad romana, pero todavía no se han acabado de enterar de que negar la calidad de derecho humano del sexo no viene del Evangelio, sino de Grecia y Roma, como pieza esencial de su clasismo.
Obviamente me equivoqué y quise decir que sin tramos de edad aumenta el nº de HOMBRES –no mujeres- (un 2% de 5.000 millones o 100 millones de más), porque se incluye bebés y niños, que es cuando hay más hombres, porque sucesivamente se van muriendo los hombres. También habría que excluir de más de 70 años, en que, al revés, hay más mujeres. Por eso hay que verlo por tramos de edad y calculando que los hombres suelen tener 2-4 años más que las mujeres. Así es como salen un 9% de mujeres que no se pueden casar en Inglaterra. En un país subdesarrollado, con peor sanidad, como los hombres se mueren más, todavía sobran más mujeres. En todo caso, Sofía, no sé si te das cuenta que esto no es una discusión de opiniones, sino de HECHOS, donde no caben dogmas ni Padres Superiores, sino frías estadísticas, así que consulta los datos. En todo caso, en la primera estadística, ahí tienes un 51% de mujeres y 49% de hombres.
Gracias a Sota de Bastos por volver con su tema... y animar el juego.... Gracias también Fernando por entrar en el juego con un as en la mano (pero también la Sota de Bastos tiene cancha para hacer el juego). Me parece claro lo que dice Emilita de las señoras que no se quieren se quieren acordar del tiempo pasado del matrimonio, que fue peor... He conocido a varias así, aunque también hay lo que dise Sófía. El tema parece intrascendente y tan pronto se plantea echa chispas.
Comprendo. Eso tiene lógica. Es que la mayor parte de las mujeres felices que yo conozco se han planteado el matrimonio de otra manera. Gracias por explicarlo.
...creo que es un problema de libertad y de deseos insatisfechos relacionados con uno mismo más que otra cosa...
Y es que una vez más...."no sólo de pan vive el hombre....y la mujer"
Sofía, veo tu pregunta y quiero dejar claro el asunto, referido siempre a este puñado de mujeres, madres, abuelas, bisabuelas y hasta una de ellas tatarabuela...
No, no es el caso que crean no necesitar del marido muerto, ni tampoco que rechacen el papel de madres. Al contrario, alguna ha tenido hasta 8 hijos todos varones...la cosa va por otro lado.
Ellas llevan un puñado de años siendo ellas solas y curiosamente aunque esta soledad del individuo sea justamente su talón de Aquiles ha sido también la ocasión de que disfruten de una libertad, más percibida que real, pero a fin de cuentas libertad personal, que ha hecho que descubran otros deseos que evidentemente no tienen que ver con el marido. Les hubiera gustado ser independientes, tener estudios, poder viajar, y un largo etc. para el que se dan cuenta que no necesitan a un marido, es más, que este marido que ellas tuvieron no fué precisamente el mejor promotor de estos deseos recien descubiertos...
Creo que es un p...
Siempre es un placer leer comentarios de Fernando y Emilita.
Gracias a Fernando porque creo que nos ha abierto el horizonte a todos con sus razonamientos.
Gracias a Emilita por contarnos esa interesante experiencia. Me sorprende, porque la experiencia que yo tengo no es esa, pero por eso mismo resulta doblemente interesante comprobar que hay tanta variedad.
Todas las personas mayores que conozco que han tenido matrimonios sin rupturas ni malos rollos, se alegran de haberse casado, tanto los varones como las mujeres. Cuando se tienen malas experiencias es normal que se arrepientan de haberse casado, pero parece que no es este el caso al que se refiere Emiita.
¿Preferiría no haberse casado porque rechazan el papel de madres o porque no necesitan para nada un marido y preferirían familias monoparentales? No acabo de comprenderlo.
Prescindiendo de si se han casado oficialmente o no, a mí me encantan las parejas felices que se prolongan en el tiempo. Y con hij...
Confieso que semejante conclusión me desconcertó porque no era lo que yo esperaba. Después a medida que daban sus razones fui comprendiendo.
• Casi todas se han sentido más madres que esposas
• Conocen y disfrutan ahora la libertad de ser ellas mismas
• Los cambios sociológicos que están conociendo afectan (no sabemos cuanto) a la percepción y conciencia de su propia personalidad
• Se han dado varios casos de “romances” entre residentes, pero sin llegar al matrimonio
Dicho esto, quiero añadir algo a titulo personal: Este NO de las mujeres nonagenarias es una forma moderna de revolución, de lucha y condena de cualquier sistema opresor, incluso bajo presupuestos de supervivencia o normas sociales.
No pensaba entrar pero la alusión de Sofía a todas las mujeres del blog, me ha llegado al alma.
Es curioso todo lo que aquí se dice y discute, algo que no pienso hacer. Pero sí voy a aportar una pequeña estadística “testimonial” que lejos de ser simplista, encierra todo un mundo de sugerencias.
Hablo de las ancianas de una residencia de mayores, todas ellas válidas (no asistidas) y con una media de 84 años.
Después de 10 años trabajando con ellas un día se me ocurrió hacerles una pregunta: Si volvierais a nacer ¿os casaríais?...La respuesta, apabullantemente mayoritaria fue un NO rotundo.
• No dudaron
• No tuvieron que pensar mucho
• Todas han amado mucho a sus esposos
• Todas han sido sostenidas por ellos económicamente
Yo por de pronto adopto la modestia de que no me mantengan varias mujeres, porque algo de ello me barrunto en esta imprevista reviviscencia en la defensa de la poligami. Como tampoco me sentiría capaz de mantener a varias esposas e hijos, toda vez que uno no ve cómo es posible llevar a cabo tal empresa salvo que se tenga muchísimo capital y mujeres dispuestas a tragarse semejante engendro. Sería por ello no una estrategia activa contra la pobreza de las mujeres, cuanto acaparamiento de un varón con muchísimos recursos respecto de los otros varones como menos capacidad. Y a la inversa para la poliandria.
Acabo por tanto, pidiendo disculpas por esta larga disertación. No pretendo convencer, desde luego; sólo, dejar ciertas consideraciones al albur de un post que no estaba dedicado en absoluto a esta cuestión. Te mando abrazos Sota de bastos y mis mejores deseos.
En conclusión: nada de romanticismos. Si nos ponemos naturalistas utópicos o sermoneadores de la moral socioeconómica y sexual, las cosas de la sexualidad y la familia se tornan tan ajenas a la realidad que se hacen fantasmales. La distribución de los papeles sociales en igualdad garantizada exige de la libertad de la relación dentro de los márgenes que la sociedad es capaz de asumir. Pero si es garantizada, estriba en que dentro de cualquier unidad social, tanto hombre y mujer son iguales por la misma capacidad de elegir y adoptar sus relaciones en orden a la constitución de una familia.
Insisto entonces en lo que ya dije: si hay multirrelaciones, las hay en doble dirección, porque no se trata de soluciones morales o económicas, sino de la libertad de una mujer o un hombre en elegir su modo de vida. Si hay muchas esposas, éstas tienen derecho a elegir múltiples esposos (si es que hay para todos, claro).
Y si nos ponemos exquisitos, eso me recuerda a la anécdota que contaba esa singularísima mujer que fue Maryse Choisy de un matrimonio congoleño que marchó a Francia con una importante beca para estudiar. Matriculados ambos en la Facultad de Medicina, como la mujer no era capaz de sostener al tiempo las cargas de la casa y los estudios, y ante la dificultad de contratar una criada, le recomendó al esposo conseguir una segunda esposa para que llevara la casa mientras ella continuaba sus estudios (Maryse Choisy “Psicoanálisis de la prostitución”, cap. VI, Paidós 1964).
Como ves, se trata de una “airosa” solución -eso de airosa entre comillas- que sólo revela la consideración de la mujer como un ente de limpiapolvo-cocina-lavaplatos que otra mujer a su vez aceptaba como poliginia de necesidad ante la incapacidad o empeño del varón de no querer ser igual a ella y compartir sus labores.
Advierte que he dicho “poliginia institucionalizada”, subrayado necesario frente a otras consideraciones de tipo multirrelacional no institucionalizadas y garantizadas por la Constitución y el Derecho común.
Me podrás decir que hay mujeres que valoran este modelo polígamo. Pues sí. Vi hace tiempo un programa de televisión (canal Odisea) en el que algunas feminas (muy pocas), estaban muy contentas de compartir un solo hombre entre varias mujeres. Eso pasaba en ciertos estados de EE.UU., en una especie de mixtura curiosa entre hipismo, comunidad mormón y dadaísmo intelectual. Claro que también había mujeres muy contentas en tener dos maridos, lo que me lleva a considerar que no se trataba de poligamia institucional sujeta a derechos, sino de experimentos afectivos que son respetables conforme a la libertad de relación que seres adultos adoptan entre sí, aunque no referentes sociales de garantía.
Por eso, te digo la verdad, amigo Sota de bastos, la defensa de la poliginia tiene un tufo de autocomplaciencia verdaderamente sospechosa cuando a todo lo anterior se suma ese ataque de puritanismo de última hornada, en la que se clama por las hipocresías sexuales de la monogamia y sus descarriadas costumbres.
Puesto que hay adulterio, prostitución, etc., fíjate que desastre de inmoralidad que requiere de la recuperación explícita e institucional de la poliginia para, de este modo, meternos en cintura o, mejor, contribuir a nuestra sanación de costumbres. Pues mira no. Además de que, como bien sabes, en sociedades mixtas polígamas-monógamas siguen existiendo tanto el adulterio como la violación, la pede.rastia y la prostitución, tal tesis dista de ser legítima si aceptamos como premisa que los promotores de la poliginia institucionalizada son sólo varones, de lo que cabe sospechar intenciones ciertamente interesadas.
Por tanto, y volviendo al tema, creo que la poliginia no supone un avance saludable en lo económico para que ciertas mujeres salgan de su pobreza. Participa de la misma ejemplificación de lo muy malo frente a lo perverso. Es posible que en el estado de lo pésimo, repito, sea una alternativa malísima para sobrevivir; pero ese proyecto conlleva a la larga hacer de la mujer no una mujer pobre, que es lo que se pretendía resolver, sino en una mujer-propiedad dependiente de por vida aunque, eso sí, alimentada y compartida con primeras o segundas esposas. A ello se suma el peligro postrero –y constatado históricamente– de la pugna entre los hijos de las diversas esposas por obtener la sucesión, en algunos casos con sangre derramada y destrucción de toda la unidad familiar: la poliginia convertida entonces en harén de maniobras político-económicas.
Todos sabemos por la historia de Estados Unidos que cuando la población esclava norteamericana fue liberada tras la Guerra Civil, muchas familias negras quedaron a la intemperie y abandonadas a su suerte, sin posibilidad de integrarse en la sociedad –muy racista– y lejos del entorno social y familiar seguros que el esclavismo del Sur les prodigaba. Pero ese hecho dista de ser plausible dada una previa constitución de carácter filosófico en la que todos los seres humanos reconocen que la esclavitud es intrínsecamente perversa. Escoger la vía de retorno a la esclavitud como remedio de lo pésimo, si ello es el caso, es contribuir a que lo pésimo se prolongue en el tiempo bajo la condición de su misma necesidad de solución.
Es decir, puede resultar claro –por no decir, innecesario– que en situaciones sociales pésimas, lo malo se convierte en conveniente si de sobrevivir se trata. ¿Resulta entonces plausible un matrimonio concertado en según qué circunstancias? Como dijo San Agustín en “La Ciudad de Dios”, una forma de restaurar el vínculo de linaje, antes de que fuera demasiado remoto, es que el vínculo del parentesco se mantuviera firme, y de esa manera la concertación entre familias era parte necesaria de la estructura familiar. Tal era la solución ante un posible peligro de pérdida en la continuidad del parentesco, lo que en las sociedades desarrolladas –es decir, de mayor intercomunicación–, resultaría absurdo.
De igual modo, ¿puede reconocerse a la esclavitud como una situación menos perversa que la miseria? Hablo en términos de situaciones límite, lo que parecería entrañar, si seguimos la lógica del argumento, otra solución radical.
Analicemos la cuestión. Es obvio que ha existido y existirá la poliginia. Es igualmente obvio que ha sido la resultante de una forma de entender la sociedad no tanto bajo el modelo patriarcalista –que es también monógamo–, sino de política familiar de propiedad, la misma que regula la unidad familiar tradicional, con la salvedad de que ya no se trata de propiedades materiales exclusivas (casa, bolsa común, alimentos, etc.), cuanto de estas mismas posesiones sumadas a las mujeres e hijos, los cuales garantizan que hay una sola sangre masculina que recorre toda la descendencia.
En el sistema poligínico clásico, como en cierta monogamia patriarcal, las mujeres son siempre propiedades –con derechos, sin duda– lo que lleva a sospechar que no existe alternativa saludable entre ambas si de mera propiedad hablamos y más si recabamos soluciones directas a la pobreza y la exclusión.
Bueno, esto es un recuerdo de pasadas intervenciones, de viejas historias no sé si revolucionarias o contrarrevolucionarias, pero que, según se ve, siguen dando mucho juego. ¡Vuelven las guerras polígamas!
Bien está, aunque me veo en una extraña situación, porque reconozco que el tema dista de soluciones fáciles. Ya decía Levi-Strauss que el matrimonio (el régimen institucional de la estructura familiar básica) es un encuentro dramático entre la naturaleza y la cultura. Por eso, dar repuestas culturales para el caso de la poligamia tipo “hay-que-ver-cuantas-mujeres-pobres-hay” o, por el contrario, naturalistas (conviene más la poliginia que la poliandria), pues, qué quieres que te diga amigo Sota de bastos, la cosa no da mucho de sí.
Y perdona por mediar de nuevo en la discusión, pero es para echar una amigable charla. Siento también alargarme, lo que ruego la cortesía de las lectoras.
Pero como he visto la continuación de tu comentario, añadiré que no soy yo la que opina así, que somos todas las mujeres que nos molestamos en leer tus rollos patateros incomibles, como se puede ver. Y ninguna de nosotras tiene que ver con ese señor, que será amigo tuyo, porque va en tu línea de obsexo dispuesto a cosificar a las personas, aunque te supere.
En cuanto a la castidad, ninguna de nosotras hemos dicho nada, de modo que ahórrate crear hombres de paja para quemarlos.
Claro que quiero que cada mujer decida por sí misma. Eso es lo que no he dejado de decirte: no queremos que las "salve" un ricachón que las adquiera como esposas, sino que tengan independencia económica y capacidad de elección para que no se vean obligadas a casarse para sobrevivir sino que lo puedan hacer por amor y esperar reciprocidad. Si te fastidia el plan, lo siento. Es lo que hay.
Si hay más mujeres en total es porque las mujeres duran más que los hombres, pero no creo que se quieran casar a los 80 años.
Y en los países subdesarrollados las mujeres necesitan que las ayuden a emanciparse, no que se las mantenga en el subdesarrollo y la pobreza para "liberarlas" casándose con unas cuantas.
Creo que es de un machismo patriarcalista aplastante todo lo que dices. Tu forma de tratar a las mujeres es denigrante. Y no tengo ganas de repetir periodicamente esta conversación. Te lo han dejado bien claro todas las mujeres del blog.
Justi ha dado en el clavo.: "Te da exactamente lo mismo lo que te digan las mujeres que aquí escribimos ....sigues y sigues "como las pilas duracel ...dale y dale "ERES UN AGUAFIESTAS "
"SOTA DE BASTOS =AGUAFIESTAS ...DEJA DE DECIR SANDECES ...serás muy sabio pero aquí te comportas como un gili-po-llas"
Y es que tantos siglos diciendo lo mismo ya resultas cansino y cargante.
Mira Sofía: 1. Para harén, el que se han montado los ricos en Occidente, en donde tienen millones de mujeres a su disposición sin obligaciones ni responsabilidad y, luego, llamándolas “malas mujeres”. Y aquí, desgraciadamente, están incluidos muchos de tus píos amigos, sin que tú lo sepas, porque se lo montan en cuanto las que estáis en la luna os dais media vuelta. Algún caso sonado ha salido hace poco a relucir y ahora se lo quiere “explicar”, diciendo que estaba poseído por el Demonio, en vez de admitir que no es normal que se obligue a la castidad a quien, obviamente, no tiene esa vocación. 2. Sigues hablando de “las mujeres queremos o no queremos”, como si tú fueses el profeta de las mujeres. Me recuerdas a ese dictador que decía en sus discursos que hablaba “en nombre del ejército” y hacía que un General le pusiese cada vez un telegrama diciendo: “Ruego a V.E. que diga que habla en nombre de todo el ejército excepto el mío”. Deja que cada una decida por sí misma.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni