El blog de X. Pikaza

Domingo 29. XI 09. No será un aborto, nacerá el Hijo de Hombre

27.11.09 | 13:20. Archivado en mujer, hombre, Domingo, dia de la Palabra, Amor

Primer domingo de Adviento. Lucas 21, 25-28. 34-36. Nunca se habían revuelto tanto las aguas de mi blog. Dos aportaciones distintas, de R. Puig y de C. Hernández han encendido los ánimos y han suscitado más de trescientos comentarios, de todo tipo, sobre la madre, el nacimiento y el aborto, desde una perspectiva moral y social (feminista y no feminista), mirando con el rabillo del ojo la nueva ley española, de la que hablan estos días los periódicos.

Puse ya en el último post (del 24, XI) mi opinión y aquí agradezco los comentarios (la mayoría de los cuales han sido ya barridos por el viento de los “cuarenta últimos”), y lamento muchísimos las ofensas personales y los calentamientos de algunos, a quienes sigo pidiendo moderación (sin entrar nunca en juicios personales). Dije que era el “fin”, que no trataría más del tema del aborto… y no lo trataré de un modo directo, pero la llegada del Adviento, que es tiempo de esperanza y de advenimiento del “niño” (del bien nacido, del no-abortado), me obliga a plantear la cuestión de fondo desde otra perspectiva.

El evangelio nos dice que en los tiempos malos (como los que ahora parecen estar aconteciendo), los creyentes “verán al Hijo del hombre que viene en una nube” (nosotros diríamos que nace, nacerá en la Navidad!. El mismo evangelio añade: “cuando empiece a suceder esto (los males del fin de los tiempos), levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".

Ésta es la palabra clave del Adviento: Levantad vuestra cabeza pues nacer (nacerá) el hombre nuevo (varón y/o mujer), que es Hijo de Dios. Nadie podrá abortar el nacimiento de Dios en la tierra. De esta manera empieza y se formula nuestra esperanza de adviendo: Nacerá el “ser humano”, que es principio y signo vida para todos, nacerá en el margen de la vieja sociedad (que mata a sus hijos), pero no para destruirla, sino para ofrecer a todos esperanza de vida. Desde esa experiencia, quiero añadir que cada niño que nace no es de la madre sin más, ni siquiera del padre y la madre, ni siquiera del Esado... Para un cristiano, cada niño que nace es de Dios (es Dios mismo, en unión con Jesús de Nazaret).

Por eso, en medio de las grandes contiendas, podemos levantar nuestras cabezas, pues aunque parezca que no hay signos de esperanza, el mismo Dios nos quiere ofrecer un año más su signo (que el rey Acaz de Jerusalén no quería aceptar): “Una muchacha (almah) ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros” (Is 7, 14)… En esa línea avanza el texto de Jeremías, en la lectura de este domingo: “Suscitaré un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra».

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