En el centro del evangelio está la palabra:bienventurados los pacificadores…! (Mt 5) Quiero que ella sea el lema de ese Tren de la Paz que es (debe ser) la misma Iglesia, que nos invita a realizar un gesto universal de insumisión evangélica (¡todos al segundo tren!), para que seamos de esa forma capaces de proclamar con nuestra vida el evangelio de la paz (cf. Ef 6, 15). Hemos llegado a la última estación y es buen momento para situarnos de nuevo en el camino de la Iglesia, que a veces ha buscado y firmado (e impuesto) pactos con el poder (1r Tren), para volver todos con ella al camino de alianza, desde los pobres (2º Tren). Ciertamente, la Iglesia puede y debe dirigir su palabra a los grandes del mundo, pero su palabra propia se sitúa en la línea del testimonio de la vida, pues ella ha de ser un Tren/Escuela de paz, abierto a todos los hombres y grupos del mundo, aquellos con quienes andaba Jesús.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman