El tren de la insumisión del que estoy tratando estos días debe ponerse ya, sin esperar más, culminando así la ruptura del pacto constantiniano, que había vinculado a la iglesia con los poderes políticos y militares (en el imperio romano ambos eran inseparables). En otro tiempo podía resultar más difícil, pues sólo algunos profetas como Francisco de Asís veían la necesidad evangélica de superar toda política armada. Hoy empezamos a ver que es algo necesario, sin necesidad de ser profetas especiales, sino sólo cristianos. Por eso podemos pedir a las iglesias, y ante todo a la nuestra, a la Católica Romana, que abandone su pacto con las armas, desde los aspectos más folclóricos (la Guardia Suiza) hasta los más profundos (sus vinculaciones con el capitalismo mundial y los estados).
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman