El blog de X. Pikaza

La Iglesia, una marcha de objetores de conciencia

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He presentado ayer el tema una propuesta de paz desde la perspectiva de la Biblia Israelita (que era la Biblia de Jesús). Pues bien, ahora, para completar lo allí dicho quiero presentar algunos rasgos de la paz cristiana, desde la perspectiva de la Iglesia.
Aquí no digo ya lo que pienso que podrían (o deberían) hacer los judíos y dejo que ellos sean los que lean y aplican su historia, resolviendo lo mejor que puedan el tema del Estado de Israel. Aquí digo lo que pienso que deberíamos hacer los cristianos, como Iglesia (no los estados en cuanto tal, aunque alguna vez hayan podido llamarse cristianos).
Los estados de este mundo, los dueños del sistema tienen que apelar a las armas (con ejércitos, terror) para mantenerse. Pero, desde una perspectiva cristiana, una paz armada no es paz, sino violencia establecida. Desde ese fondo digo que “el tren de la paz de Jesús”, que es la iglesia, ha de ser un tren de personas que renuncian a la guerra, una comunidad de desarmados insumisos, objetores de conciencia.

La Iglesia como tal debe renunciar no solo a las armas, sino a toda forma de defensa armada y a todo pacto de colaboración con los poderes militares (no con los soldados en cuando personas). Esta huelga militar ha de ser consecuente, invirtiendo así una larga praxis de pactos de la Iglesia con los estados llamados “cristianos”. Sólo allí donde unos hombres, como los cristianos consecuentes, empiecen renunciando unilateralmente a la guerra podrá superarse toda guerra.
Éste es el tema que ahora desarrollo, en un post nuevamente largo. Pero quiero dejarlo así, para que los lectores que quieran estudiar el tema con más extensión y profundidad puedan hacerlo. Divídanlo, si quieren, en dos partes, que vienen marcads en el texto.
Éste es un post temático y polémico, en el que me atrevo a disentir de algunas tendencias de Magisterio Católico moderno, que habla de paz, pero en el fondo sigue defendiendo unas estructuras sociales vinculadas con los poderes fácticos, que son inseparables de la violencia.
De esta forma, partiendo del evangelio, elevo una especie de “reserva” ante el conjunto de la práctica social de la Iglesia Oficial, que habla de paz, pero que no llega a ser radical en sus planteamientos de búsqueda de paz, en la línea de Jesús.
Es muy posible que mis reflexiones (que, por cierto, reasumen y repiten ciertos temas que he venido presentando en ese blog) susciten el aburrimiento de algunos (¡son muy largas!) y el rechazo de otros (¡son utópicas, innecesariamente críticas y atrevidas!). Pero las dejo ahí, por si alguien quiere. Las dejará dejaré “colgadas” un tiempo más largo, por dos o tres días, este comienzo de semana que está al final del año litúrgico.

Introducción:

En tiempo de Jesús, existía en Israel un ejército de ocupación romano (en Judea y Samaría), con una milicia autónoma pero subordinada (de Herodes Antipas en Galilea) y una guardia paramilitar del templo (en Jerusalén). Al lado de eso había grupos de judíos nacionalistas, dispuestos a elevarse en armas contra Roma, creando su propio ejército celota. Pero Jesús no formó parte de ningún movimiento armado legal o no-legal, no sólo porque en su tiempo no había un ejército celota propiamente dicho, sino porque su ideal mesiánico no era de tipo militar, sino de transformación social, aunque le hizo matar el representante del ejército de Roma.

PARTE 1. PRINCIPIOS

a. Dos propuestas. Jesús y Pedro.

El evangelio distingue dos estrategias mesiánicas: una de violencia, que suele asumir formas militares; otra de comunión voluntaria y no violenta de la vida. Así lo ha mostrado Marcos al evocar las figuras de Jesús y Pedro, en Cesarea de Filipo, un lugar apropiado para grandes decisiones, fuera de Galilea, lejos de Jerusalén (cf. Mc 8, 27-33). Pedro afirmó públicamente que Jesús era el Mesías, rey de Israel, y le propuso, al menos implícitamente que subiera a Jerusalén, utilizando la fuerza de Dios e imponiendo su Reino. Jesús le contestó diciendo que el Hijo del Hombre tiene que sufrir, regalando su vida, lo que significa que subirá a Jerusalén, pero sin armas.
Éstas son las dos estrategias esenciales del movimiento mesiánico. Tanto Jesús como Pedro sienten la “atracción” de Jerusalén (ciudad que está al fondo de Mc 8, 27-33), pues un profeta debe manifestarse en Judea, para que todos vean sus obras (cf. Jn 7, 1-8), culminando su misión en la ciudad sagrada (cf. Lc 9, 51; 13, 33), donde ha de irrumpir el Reino de Dios, pero sus estrategias son distintas. Pedro define a Jesús como Mesías y quiere que suba a Jerusalén como David (2 Sam 5, 6-9), para coronarse rey de Dios, ante su pueblo. Jesús subirá, como quiere Pedro, pero lo hará como Hijo de Hombre, no para conquistar la ciudad, sino para entregar la vida a favor de los demás (aunque no “para” que le maten sin más).

La propuesta de Pedro forma parte de la estrategia tradicional del mesianismo israelita. Posiblemente él no buscaba una violencia militar directa (no busca un ejército), pero suponía y buscaba un triunfo social: una intervención de Dios y un tipo de poder que sea capaz de expandirse, si hace falta, por la fuerza, como quisieron antaño los macabeos (desde el año 167-166 a. C.) y como propondrán los zebedeos, que quisieron sentarse a los lados de Jesús, como ministros de un rey poderoso (cf. Mc 10, 35-37).

En contra de eso, Jesús no vendrá a Jerusalén para tomar el poder, sino para instaurar un Reino sin poder ni dominio militar. Lógicamente, más que Mesías davídico, al estilo clásico, será Hijo del Hombre, alguien que puede y quiere dar la vida por los otros, en la línea de los itinerantes, que anunciaban el Reino en Galilea, entregándose en manos de aquellos a quienes se dirigían. Así queda Jesús, bajo las autoridades de Jerusalén, queriendo cambiar el orden social desde la pobreza, sin poder militar, apoyándose sólo en la palabra de Dios que actúa por los pobres, a quienes él representa.

1. La estrategia de Pedro se funda en una interpretación política de la Escritura israelita y parece más viable que la de Jesús, pues refleja las promesas y esperanzas de gran parte del pueblo, pero Jesús la presenta como opción puramente humana (“tus pensamientos no son Dos, sino de los hombres”: Mc 8, 33). Ésa había sido la lógica de los macabeos y de sus sucesores, retomada por los sacerdotes de Jerusalén, que habían asumido el poder (compartiéndolo luego con Roma), “en nombre de Dios”. Ésta será la lógica de los zebedeos, que quieren sentarse a los lados del trono, aunque pretendan hacerlo para bien del pueblo (cf. Mc 10, 35-45). Ciertamente, los zebedeos podrían ser mejores políticos que otros, pero, al fin, se situarían en una línea de dominio impositivo y terminarían necesitando un ejército para mantenerse

2. La estrategia de Jesús se funda también en la Escritura, pero en la línea del Siervo de Yahvé y de las profecías antimilitaristas de los profetas de Israel (cf. Is 2, 4; 52, 23 – 53, 12). Su misma opción de Hijo de Hombre, que sube a Jerusalén sin poder militar y queda desarmado en manos de las autoridades, aparece así como expresión de una voluntad salvadora de Dios, que se define en los evangelios por la palabra dei: es necesario (Mc 8, 31). Es necesario que las Escrituras se cumplan, pero no a través de un Mesías militar, sino de un Mesías-Hombre que queda desarmado bajo el poder de las armas de Israel y de Roma, como destacará el segundo anuncio de la pasión (en Mc 9, 31). Según eso, la misma Escritura de Israel ha ido marcando el camino de no-violencia activa de Jesús, que será Mesías de Dios sin ejército humano.

Como he señalado ya, en torno al año 167-166 a. C., sin apelar directamente a David, los macabeos se habían alzado en armas contra la contaminación de los greco/sirios y de los judíos que les apoyaban. Pensaron que la opción helenista iba en contra de la elección israelita y quisieron rechazarla por guerra. De esa forma impusieron y garantizaron un tipo de paz y libertad, pero amparada por las armas, como aquella que buscarán más tarde los celotas (el 67-70 d. C.). Pues bien, a diferencia de macabeos y celotas, Jesús ha recreado el reino davídico, pero de una forma no-militar, a través de una entrega y trasformación personal, sin violencia coactiva armada.
La estrategia de Jesús se entiende como amor activo, pues sólo quien ama queda (se atreve a quedar) en manos de su “amado”, sin buscar seguridades ni trazar estrategias de lucha violenta. En un sentido, el amante no calcula, no mide, no quiere defenderse, pero en otro es capaz de “curar” (sanar, cambiar) a los mismos a quienes se entrega. Por eso, la intención de Jesús cuando sube a Jerusalén y cuando queda (se pone) a merced de las autoridades no es morir, sino abrir un camino de amor, para que los israelitas (y todos los hombres) puedan ser amorosamente trasformados.

Jesús no fue un suicida temerario, ni un guerrero violento, sino un hombre convencido del poder transformante del amor que se ofrece a los mismos enemigos (cf. Mt 5, 44; Lc 6, 27.35). Es muy posible que al referir la oposición ya señalada entre Pedro y Jesús, Marcos estuviera pensando en la “estrategia” militar de los rebeldes que el año 67 d. C. tomaron el poder y se adueñaron de Jerusalén, para esperar la llegada del Reino de Dios; esa decisión militar pudo ser patrióticamente hermosa, pero fue contraria a la paz del evangelio y terminó siendo horriblemente suicida, como F. Josefo ha narrado en su Guerra Judía. En este contexto, debemos recordar que Pedro habría estado dispuesto a defender a Jesús con la espada (cf. Jn 18, 10-11), entregando así su vida (cf. Mc 14, 31 par), en un contexto de defensa militar, pero no ha podido acompañarle en el camino mesiánico de no-violencia mesiánica. De un modo simbólicamente certero, el evangelio afirma que Pedro siguió un poco a Jesús, para luego negarle con más fuerza. Mientras Jesús confiesa ante el sumo sacerdote su carácter mesiánico en la sala de juicio (cf. Mc 14, 53-65), Pedro reniega de Jesús y de su propio pasado "mesiánico" en la parte inferior, ante criados y servidores del sumo sacerdote (Mc 14, 54. 66-72).

b. Hacer la paz, no simplemente las paces.

Jesús ha propuesto un mesianismo des-armado, que culmina y se expresa en su muerte y en la pascua de su iglesia, rechazando la violencia armada y toda forma de toma de poder. Por eso ha subido a Jerusalén sin armas, ni de Dios ni de los hombres. Pues bien, en contra de la dinámica central del evangelio, las sociedades cristianas de la Edad Media y Moderna han vuelto a sacralizar de algún modo el ejército, diciendo que se encuentra al servicio de la fe (cruzadas) o de la seguridad nacional (estados absolutos de los siglos XVI al XX), como si fuera una “iglesia en pequeño” (en muchos estados, los militares tienen sus propios obispos, formando una especie de diócesis aparte). En ese contexto podemos hablar del surgimiento del ejército imperial (de USA y sus aliados), que dice estar al servicio de la democracia y la libertad en todo el mundo.

Pues bien, ha llegado el momento de que acabe ese modelo de ejército y de iglesia, si queremos que venga el Reino (y se cumpla el evangelio). Si seguimos aumentando la carrera de armamentos acabaremos destruyéndonos todos. El ejército nació para mantener la violencia sagrada, establecida a través del chivo emisario. Pues bien, partiendo del mensaje de Jesús, debemos afirmar que ha llegado la hora en que los hombres aprendan a convivir sin luchar entre sí, sin defenderse y defender su propiedad por armas. Para los cristianos, ha llegado la hora de huelga militar completa, es decir, de la insumisión.

Ciertamente, la Iglesia no puede imponer su solución no-militar, pero puede y debe proclamarla y testimoniarla, no sólo con sus escritos, sino con el ejemplo de ministros y creyentes. En esa línea, ella debe empezar recomendando a los estados que renuncien no sólo a la agresión, sino a toda defensa militar, para vincularse de forma pacífica y dialogal (desmilitarizada), en estrategia de diálogo (y al servicio de la paz), conforme al evangelio. Para eso, la Iglesia que empezar creando una cultura de paz, donde el ejército no sea necesario, como seguiremos viendo.

Desde el nivel superior de los estados, un tipo solución no sería muy difícil, como supo ya Kant, hace más de dos siglos, al anunciar el surgimiento de un Estado Mundial, al servicio de los intercambios económicos mundiales. Los ejércitos de las naciones quedarían asumidos en el ejército mundial que, al fin, debería también licenciarse, por falta de enemigos exteriores. Se necesitaría sólo un cuerpo de policía humanitaria al servicio de la seguridad en todo el mundo. Ciertamente, éste será un cambio y proceso arriesgado, pero no sería una verdadera solución, porque si no se realiza con sabiduría (con una cultura ciudadana de paz), vinculada a un desarme radical de los corazones (incluidos los policías), el mismo poder central podría convertirse en principio y signo de nueva dictadura.
Como pudo pasar con la Guardia Pretoriana de Roma. La policía tiende a ponerse al servicio del poder establecido, convirtiéndose en factor básico de represión (más peligroso que el ejército). El riesgo mayor del futuro no parece ser un ejército mundial, sino una policía planetaria, al servicio de los dueños del sistema.

Por eso, el cambio verdadero no puede venir de los estados (o de un posible Estado mundial), sino de los ciudadanos (y en nuestro caso de los cristianos) que deben asumir una estrategia de no-violencia activa. Eso significa que los cristianos deben asumir la estrategia de Jesús, empezando a subir a Jerusalén (buscando así la plenitud del Reino), sin armas militares, siguiendo una estrategia que esté en la línea de la deserción pacífica de los discípulos mesiánicos de Jesús que abandonaron la defensa de Jerusalén en la guerra del 67-70 (como vimos en cap. 4 al comentar Mc 13).

c. Optando por la insumisión.

Como partidarios de una no-violencia activa, pienso que, en principio, los cristianos deben declararse insumisos, desertores de las instituciones militares, no por miedo, ni para abandonar las tareas de la guerra en manos de soldados profesionales (¡que lucharían en su lugar!), sino porque quieren renunciar a la defensa armada (con sus tácticas y medios de violencia). Debe recuperarse el ideal de los grandes profetas de Israel que, desde el siglo VIII a. de C., exigieron la ruptura de los pactos militares con las grandes potencias y el abandono de la defensa armada de Jerusalén, poniéndose en manos de Dios, para elaborar así una creatividad más alta, en línea de paz. Hay que volver a la primera práctica de la Iglesia, que no condenó a los soldados sin más, como muestran los relatos simbólicos de los centuriones (Mt 8, 5-13; Hech 10, 1-22) y la reflexión de Pablo en Rom 13, 1-7), pero que no quiso que sus fieles fueran soldados.
Ésta es una decisión que las iglesias deben re-tomar muy pronto, renunciando no sólo a la defensa armada, sino a las tácticas de guerra, vinculadas al ejército (con sus capellanías militares), para asumir el compromiso de Jesús y sus primeros seguidores (que eran, sin duda, insumisos). Sólo así pasaremos de una paz de imposición (hacer las paces…, bajo control de las potencias militares) a la paz que brota de la creatividad de Dios, como alianza de amor.

JUAN PABLO II, en Constitución Apostólica Spirituali Militum Curae, sobre la asistencia espiritual a los militares (1986), afirma que «las Fuerzas Armadas deben considerarse “como instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos”, pues “desempeñando bien esta función contribuyen realmente a estabilizar la paz”», con cita del VATICANO II, Gaudium et Spes, 79. Se trata de saber si las cosas son así, si de hecho los ejércitos contribuyen a “estabilizar la paz”. Se me hace difícil decir que los soldados son ministros de Dios, para establecer su justicia en el mundo. Ciertamente, ellos merecen una presencia espiritual y una catequesis, como todos los restantes ciudadanos, pero no creo que deba haber unos «Ordinariatos militares o castrenses, que jurídicamente se asimilan a las diócesis, como circunscripciones eclesiásticas peculiares» (Spir. Militum Curae 1). De todas maneras, el tema resulta complejo, como indiqué en El Señor de los Ejércitos. Historia y teología de la guerra, PPC, Madrid 1997, donde pude de relieve la relación de Jesús y de la primera Iglesia con los soldados. Es muy posible que la solución “política” no esté en que todos los soldados abandonen de repente el ejército. Pero la solución cristiana exige un cambio social de conjunto, un proceso de conversión, animado por el cristianismo y dirigido a la superación de las instituciones militares. En ese contexto, la deserción activa de los soldados cristianos me parece un elemento fundamental de la paz mesiánica.

Las pactos de paz suelen hacerse con fines y medios militares, al servicio de la defensa propia y del mejor ataque contra los enemigos, como los pactos de Israel con Asiria o Egipto que condenaron los profetas (o como los que propone la OTAN). Pero los grandes profetas de Israel y luego Jesús no quisieran hacer las paces (por tratados militares) sino hacer la paz, por medio de una transformación radical del ser humano. No queremos una paz de armas (aunque sería buena en un nivel), sino una paz de hombres y mujeres, sin soldados, sin armas, sin guerras ofensivas ni defensivas.

No se trata de condenar a los soldados como personas, pues ellos son representantes del conjunto social y, en principio, no son más violentos que otros ciudadanos, sino de rechazar la política de conquista y defensa militar, iniciando en contra de esa política un movimiento y compromiso activo de solidaridad no militar, que vincule el cristianismo con otras religiones y culturas que renuncian por principio a los fines y medio de la guerra. No basta con hacer que el ejército se ponga servicio de la paz, como los Cascos Azules de la ONU (que realizan una buena tarea, en un momento, pero que, al final acaban siendo ineficaces), sino de abandonar la estrategia de las armas y de las instituciones militares, vinculadas al sacrificio, esclavitud y cautiverio de gran parte de la población actual, para buscar así formas de convivencia sin armas. Es aquí donde se encuentra la mayor dificultad y la mayor promesa del evangelio.

PARTE II. EL MENSAJE EVANGÉLICO DE LA INSUMISIÓN ANTE LA DOCTRINA DE LA IGLESIA

a. La Iglesia y la insumisión militar. Del Vaticano II a Benedicto XVI.

Este es un dogma práctico esencial de la Iglesia, que debe renunciar a la guerra y optar en conjunto por la no violencia mesiánica, al servicio de la vida, en seguimiento de Jesús y en amor activo a los demás. En este campo se decide el futuro del cristianismo (y de la humanidad). Si las propuestas no resultan claras y las exigencias no son radicales, en línea de paz, el edificio cristiano corre el riesgo de diluirse en hermosas palabras eficaces.
Es poco lo que en este campo ha dicho, que yo sepa, el Magisterio católico, aunque el VATICANO II, en la Constitución Gaudium et Spes, siguiendo la inspiración de Juan XXII (Pacem in Terris) trazó ya las bases de un fuerte ideario de paz, en el que se incluye la objeción de conciencia y la insumisión activa. Avanzando en esa línea, el Magisterio Católico podría haber ofrecido una visión “evangélica” de la paz, una alternativa verdaderamente cristiana. Éstas son algunas cosas de las que dice el Concilio Vaticano II:

La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo… Por lo cual, se llama insistentemente la atención de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Ef 4,15), se unan con los hombres realmente pacíficos para implorar y establecer la paz. Movidos por el mismo Espíritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, están al alcance incluso de los más débiles, con tal que esto sea posible, sin lesión de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad… En la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden también reportar la victoria sobre la violencia hasta la realización de aquella palabra: «De sus espadas forjarán arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra» (Is 2,4) (Gaudium et Spes 78). Parece razonable que las leyes tengan en cuenta, con sentido humano, el caso de los que se niegan a tomar las armas por motivo de conciencia y aceptan al mismo tiempo servir a la comunidad humana de otra forma (Ibid 79).

El Concilio ha dicho así unas palabras centrales, alabando a los que renuncian a la guerra (a la defensa armada) violencia y se defienden “con medios que están al alcance de los más débiles” (que evidentemente no pueden ser militares), destacando el valor de aquellos “que se niegan a tomar las armas”, queriendo servir a la humanidad de otra manera). En ese contexto, alaba a los “objetores de conciencia”, pidiendo que las mismas leyes civiles asuman “razonablemente” su gesto. De esa manera, la Iglesia Católica rompía de hecho con una política de siglos por la que ella se había aliado con los ejércitos, tomando de hecho a los soldados como servidores de la causa de Dios.

Por siglos y siglos, los cristianos hemos estado vinculados al ejército, dentro de una iglesia cuya política se ha inscrito en el contexto de unos pactos políticos y militares, de manera que ella misma (el Vaticano) ha tenido y sigue teniendo su ejército simbólico (la Guardia Suiza). Hemos aplicado el evangelio a “las almas”, es decir, a la vida interior, pero, en lo exterior, nos hemos adaptado a la sociedad establecida, haciéndonos platónicos, en la línea militar de la República (con sabios jerarcas y capellanes castrenses para iluminar a los militares, defendiendo y bendiciendo así de hecho la causa de la guerra). No sólo hemos pactado con los “buenos” soldados, sino que hemos querido dirigirles, para que se pongan al servicio de los “sabios” (es decir, de los jerarcas de la Iglesia), utilizando incluso las conquistas militares como medio de extensión del evangelio.

Pues bien, en contra de eso, sólo cuando empecemos a desarrollar unos programas eficientes de no-violencia activa y defendamos de un modo radical el pacifismo evangélico (con objeción de conciencia) podremos hablar de paz cristiana. Para eso debemos salir fuera el espacio militar de los estados y poderes políticos, no para luchar contra ellos (ni para condenarlos sin más), sino para ofrecer a todos un testimonio y ejemplo más alto de humanidad, como ha dicho bien, pero miedosamente, el texto citado del Vaticano II al defender la objeción de conciencia (Gaudium et Spes 78-79).

Esa doctrina de la objeción de conciencia ha sido asumida de un modo miedoso y restrictivo por el magisterio posterior de la Iglesia, que parece haberla aceptado casi por compromiso (porque así decía el Vaticano II), pero sin desarrollarla, ni ponerla de relieve. Da la impresión de que esa “doctrina” del Vaticano II ha estorbado a la Iglesia, que sólo la cita por compromiso. Así, el Catecismo de la Iglesia Católica Núm. 311 se limita a conceder, como a regañadientes, el derecho a la objeción de conciencia, de un modo limitado, como si la protesta en contra de las instituciones de guerra no se relacionara con Jesús ni se fundara en los principios del evangelio: «Los poderes públicos atenderán equitativamente al caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana (cf. GS 79, 3)». ¿Por qué dice simplemente por motivos de conciencia y no “por inspiración o exigencia evangélica”?

Más generoso, aunque también restrictivo, pude parece el Pontificio Consejo Justicia y Paz, en su Compendio de la doctrina social de la iglesia (del año 2005): «Los objetores de conciencia, que rechazan por principio la prestación del servicio militar en los casos en que sea obligatorio porque su conciencia les lleva a rechazar cualquier uso de la fuerza, o bien la participación en un determinado conflicto, deben estar disponibles a prestar otras formas de servicio»(http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents).Los redactores de este documento se limitan a recoger la propuesta del Vaticano II, insistiendo en que se trata de un derecho limitado (¡han de realizara otras formas de servicio!) no en su valor positivo. Es como si les costara aceptar la libertad y la objeción de conciencia, como si lo lógico para los cristianos fuera la guerra y no el rechazo de la guerra.

b. Benedicto XVI. Una propuesta desde el sistema.

Siguiendo su manera de entender el orden social y de concretarlo desde una perspectiva de autoridad, Benedicto XVI en su encíclica social Caritas in Veritate (2009), ha evitado cuidadosamente toda referencia a la insumisión y a la objeción de conciencia, como si se tratara de vías menores o poco adecuadas de transformación social, que no derivan de verdad del Evangelio. A tenor de lo que dice toda la encíclica, parece que el evangelio va más en la línea de la buena política (es decir, de un cambio de política) de los Estados y el Mercado, que debería realizarse partiendo de la autoridad de un poder central más alto, de tipo Autoridad económico-política, representada por las Naciones Unidas:

Ente el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la Arquitectura Económica y Financiera Internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones. Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad Política Mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad (Caritas in Veritate 67).

Evidentemente, esa tarea del “oportuno desame integral” resulta no sólo positiva, sino necesaria y también parece conveniente el surgimiento de una “Autoridad Política Mundial” al servicio de la seguridad alimenticia y de la paz. En ese sentido queremos empezar alabando calurosamente al Papa y alegrándonos mucho de su compromiso a favor de la paz, desde una perspectiva económica ejemplar, en línea de sistema.

Pero debemos añadir que, en principio, la propuesta de Benedicto XVI se sitúa en un plano de sistema de poder y no de evangelio puro. Lógicamente, el Papa no puede apelar al Sermón de la Montaña, ni a las palabras centrales del mensaje de Jesús (no cita a Mc ni a Lc, ni los textos básicos de Mateo). Por eso, su propuesta, siendo muy sabia (quizá la mejor que se puede hacer desde un orden superior de política humanista), no responde a la exigencia originaria de Jesús, que no dictó lecciones para los gobernantes y los ricos del sistema, sino que abrió un camino de solidaridad sanadora y de paz desde lo pobres.

Lo que dice Benedicto XVI es, en el fondo, lo que deseaban J. Habermas y los mejores neo-ilustrados de izquierda. Pero, como vengo señalando a lo largo de este itinerario, para los cristianos, lo más importante es el cambio en el mundo de la vida, es decir, el surgimiento y camino de personas y grupos que opten por la paz desde abajo, es decir, partiendo de los pobres/itinerantes (que son los que pueden curar a los ricos).

Jesús vino a situarse en el “mundo de la vida”. No quiso cambiar el Estado y la economía mundial, sino a las personas concretas, iniciando con ellas (para ellas) un camino distinto de paz mesiánica, en una línea que se sitúa cerca de lo que llamamos “objeción de conciencia” y rechazo del mundo de la guerra. El cambio del Estado y de la Economía mundial ha de venir, pero vendrá después, a través del cambio de los pobres, pues sin una conversión/transformación radical de las personas y los grupos menores el cambio del Estado/Economía mundial no sólo resulta imposible, sino que puede terminar siendo contraproducente y contrario a los valores de la paz mesiánica.

c. El riesgo de una Autoridad Política Mundial.

Sin duda, en el caso de que surja esa Autoridad Mundial que quiere Benedicto XVI, a través de unas Naciones Unidas verdaderamente eficaces, los estados particulares podrían desarmarse sin problemas, como se desarmaron los ejércitos de los nobles y las mesnadas de las ciudades cuando llegaron los Estados Nacionales, entre los siglo XVI y XIX. Con el surgimiento de ese Super-Estado Mundial desaparecerían los ejércitos nacionales (convertidos en meras policías regionales), pero no habría llegado el verdadero desarme, sino que podría surgir un tipo de imposición y dictadura político-militar más alta (como pudo haber sucedido en el Imperio Romano, cuando la el Ejército/Policía pretoriana tomó de hecho el poder).
En esa línea, sin el cambio radical de personas y grupos menores, el fortalecimiento de un Estado/Economía mundial podría convertirse en la mayor de todas las dictaduras, como la Biblia ha puesto de relieve al hablar de unos imperios mundiales en los que se unifica todo el poder económico/militar pero que, en vez de convertirse en “aliados de Dios” (como quiere Benedicto XVI) se convierten en antidivinos (las bestias de Dan 7 y de Ap 13-14). Ciertamente, reconozco el valor de la propuesta admirable del Papa, con su esfuerzo por regular el poder/economía, poniéndolo al servicio del despliegue de la humanidad. Pero en este momento de la historia, tengo miedo de los “poderes únicos”, vinculados al único ejército/mercado, pues en esa línea quisieran avanzar, de manera fatídica, el imperio nazi y el comunismo soviético.
Desde ese fondo, dentro de la lógica cristiana, que está presente en el judaísmo del libro de Daniel y en el judeo-cristianismo del Apocalipsis, quiero poner de relieve la exigencia de una insumisión creadora, al servicio de unas formas inmediatas (personales) de comunicación y de libertad. En esa línea, sin rechazar la dinámica que lleva a la creación de un gran Estado/Economía Mundial, con el desarme de los ejércitos menores (en una perspectiva que podría compararse a la del Imperio Romano en el Apocalipsis), quisiera que Benedicto XVI hubiera destacado mucho más el ideal y las implicaciones de una verdadera “desobediencia civil y militar”, en el plano de la insumisión y de la objeción de conciencia (en la línea abierta por el Vaticano II en la Gaudium et Spes), desde la raíz del cristianismo, como puso de relieve con lucidez extraordinaria el Apocalipsis, al proponer una desobediencia masiva de los cristianos, frente al sistema económico/militar de Roma.

Da la impresión de que Benedicto XVI (con una parte considerable de la jerarquía católica) sigue más en la línea de una “cristianización del Imperio Romano”, que se expresaría en forma de “mejora” del Sistema) que en la línea de la conversión radical y del rechazo mesiánico, es decir, de la “gran desobediencia” de Jesús (cf. Mc 1, 14-15) y del Apocalipsis, (cf. 13, 9-10), no para destruir con armas al imperio, sino para construir sin armas un tipo de humanidad y economía alternativa. Quizá tienen miedo a la desobediencia y al rechazo del orden establecido, por lo que eso puede implicar en un plano civil y religioso.

Ese miedo al rechazo del “orden establecido” (aunque sea violento e injusto) está en la línea del temor que paralizó a muchos alemanes ante el crimen abismal del nazismo y que nos sigue paralizando a nosotros ante la injusticia del gran sistema mundial (con miles y miles de muertos de hambre cada día). Un miedo menor, pero ciertamente grande, paraliza a muchos católicos actuales, que no se atreven a tomar una opción responsable en un línea de libertad, buscando formas de convivencia/economía alternativa ante el riesgo de un sistema total como el que parece defender todavía Benedicto XVI, cuando la reforma de las Naciones Unidas de los representantes del Mercado mundial, con pleno poder económico/militar para realizar así, desde arriba (desde el poder) las reformas necesarias.

d. Conclusión. La Santa desobediencia

En un sentido, en plano de poder, lo que dice Benedicto XVI es muy valioso. Pero somos muchos los que pensamos que, en la actualidad, desde el movimiento de Jesús, tomado como base y principio de actuación, en el mundo de la vida, empieza a ser necesaria una “santa desobediencia”, es decir, una “huelga” desde abajo, en línea de insumisión económico/militar, como aquí estoy proponiendo. No voy en contra de un cambio en las Naciones Unidas (¡creo que es necesario!). Pero, al mismo tiempo, tengo miedo de ese cambio, si se realiza en línea de Poder, pues podría llevarnos a nuevas dictaduras (a más de lo mismo, en formas más sutiles).
Estoy convencido de que la aportación de la Iglesia debe hacerse en otra dirección, desde los grupos de resistencia, que no quieren sacralizar el orden establecido, sino crear espacios de vida liberada para el amor, desde los más pobres, como quiso Jesús. En esa línea quiere marchar mi “tren de la paz” en cuyos vagones debería viajar una Iglesia de Objetores o insumisos, una comunidad de iglesias que resisten y rechazan en este mismo mundo, desde abajo, con su pensamiento y con su vida, la trama de ideas de ideas y gestos, de intereses y miedos que están configurando el sistema económico/militar de la actualidad, siguiendo el camino de Jesús, tal como aparece en Marcos y en el Apocalipsis, por poner dos ejemplos.
Para que el tren de la paz pueda encontrar su camino tiene que parar un tiempo en la estación de la no-violencia activa, es decir, en la estación de los insumisos, cristianos o no, hombres y mujeres de paz, no para luchar contra los de arriba, ni para tomar el poder, sino para expandir y actualizar la propuesta del Reino de Dios. Jesús fue un insumiso activo, por eso le mataron. Fue un objetor de conciencia al servicio del Reino de Dios; por eso fue condenado. Parece que algunos de sus llamados discípulos lo han olvidado.

90 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por hisopo 18.11.09 | 17:12

    apóstata,
    si tuvieras vergüenza no harías publicidad de tu blog en el de Pikaza.
    Si tanto interés tienes, busca tu parroquia entre tus afines, que por lo que haces demuestras que tampoco te leen (debe ser dramático, ¿verdad?).

  • Comentario por Orestes 17.11.09 | 08:57

    Tu jefe Ha quedado feísimo
    http://cristoesliberacion.blogspot.com/2009/11/el-vaticano-
    Comentario por Orestes 17.11.09 @ 08:54

    Perdona hisopo, pero con el susto después de ver a tu jefe se me escapo la pinza en el comentarioa anterior

  • Comentario por Orestes 17.11.09 | 08:54

    Hisopo.
    Tu jefe ah quedado feísimo
    http://cristoesliberacion.blogspot.com/2009/11/el-vaticano-

  • Comentario por Roser Puig F 17.11.09 | 07:54

    sifue roser- los teólogos y las teólogas de la liberación, que se convirtieron en blanco privilegiado de las balas al ir desarmados y no contar con protección.”

    HISOPO, no hace falta que te esfuerces tanto para dejarnos claro de qué lado hubieras estado, de haber coincidido con Eyacuría en El Salvador.

  • Comentario por Roser Puig F 17.11.09 | 07:48

    Lo que presento son tres fragmentos de un artículo de Juan José Tamayo colgado en Atrio. Reflejan la actitud de ellos ante la violencia, y el porque los mataron .
    “Los asesinatos de los jesuitas se sumaban a los casi setenta mil que se habían producido hasta entonces en una guerra que duraba ya más de diez años”
    “Una violencia que no era ciega, como se ha querido presentar, sino premeditada y perfectamente calculada para terminar con un cristianismo evangélico e incómodo que denunciaba la represión del Ejército contra el pueblo indefenso, acusaba a los empresarios de controlar el patrimonio nacional como si fuera su finca privada y señalaba con el dedo a los gobernantes por actuar a su antojo”.
    “El Ejército se ensañó especialmente con los líderes de comunidades de base y del movimiento campesino, con los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, -sigue-

  • Comentario por Orlando 17.11.09 | 07:22

    Un regalito para hisopo:
    El Vaticano entona el 'mea culpa' por excomulgar a la madre de una niña violada que abortó
    http://cristoesliberacion.blogspot.com/2009/11/el-vaticano-entona-el-mea-culpa-por.html
    100 entradas en media hora.
    36000 visitas únicas...¡¡¡¡¡¡
    Como están quedando tus jefes...¡¡¡¡

  • Comentario por Mar 16.11.09 | 23:40

    HISOPO
    Yo no soy progre ni lo contrario, sólo cristiana, estoy de acuerdo en que hay que denunciar la violencia de cualquier procedencia, pero creo que está claro que el cristianismo no casa con el asesinato de ningún tipo, como usted señala.

  • Comentario por acamus 16.11.09 | 22:37

    Me sumo a lo dicho por Roser. 20 años sin Ellacuría y sus hermanos jesuítas. Aquí, un artículo aparecido hoy en El País sobre el tema:

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Ellacuria/anos/tragedia/elpepiopi/20091116elpepiopi_11/Tes

    Aunque tengo mis reservas con el cristianismo, siempre muestro mi admiración por ciertos cristianos (Romero, Teresa de Calcuta, Ellacuría...)


  • Comentario por Roser Puig F 16.11.09 | 22:28

    La Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. se sumó hoy a las conmemoraciones por el vigésimo aniversario del asesinato de seis jesuitas en El Salvador “Su legado en pro de la justicia continúa con la labor de activistas en ese país. El conflicto armado en El Salvador (1980-1992) dejó más de 75.000 muertos, entre ellos 17 sacerdotes ejecutados por su visión política. Fueron asesinados por escuadrones de la muerte. Los jesuitas en El Salvador demostraron su compromiso con una sociedad más justa y pacífica, donde se reconocen y respetan las necesidades humanas y los derechos del pueblo", El legado de los seis jesuitas, , sigue "personificado en los tantos hombres y mujeres que continúan la búsqueda de un mundo más justo, pacífico y seguro, en el que se defiende la vida y dignidad de las personas".

  • Comentario por acamus 16.11.09 | 22:19

    Supone esto una respuesta moral que, considero, se confronta radicalmente con el vivir cotidiano. En un matrimonio en el que un hombre maltrata sistemáticamente a su mujer, ¿ésta no puede romper ese vínculo? Parece que la respuesta de Jesús es: “Aunque sufrís, debéis ser pacientes, porque vuestra vida infeliz en matrimonio no significa nada frente al Reino de Dios, la verdadera Vida”.

    4) La Resurrección. No hace falta extenderse mucho. Basta decir que con su Resurrección, Dios elimina el poder definitivo de la muerte sobre el hombre. No de un modo natural (cuando morimos, morimos). Es su acción la que transforma esa realidad final del fallecimiento.

  • Comentario por acamus 16.11.09 | 22:18

    limpia la lepra, elimina las discapacidades físicas, resucita a los muertos. Esta idea nos lleva a pensar que, si bien Dios creó al mundo “abierto”, su “plan final” consiste en una acción directa sobre él. Dios se sitúa por el momento, en un estado de no intervención. Lo de Jesús es un anticipo. Por lo tanto, alcanzamos la Salvación en el momento en que le quitamos al mundo su condición de “existencia última” y lo sustituimos por la espera de la Parusía. A Dios no se le alcanza por lo que ha creado. El hombre debe “trascender” la mera materia. ¿El peligro? Que nos salimos del mundo, que no lo vivimos tal cual es, que buscamos un orden “bueno” más allá de él.

    3) El divorcio. A Jesús se le interroga sobre este punto. Sé que hay interpretaciones que señalan que el Nazareno se refería en esta ocasión al repudio. Pero, sinceramente, creo que de una pregunta concreta, él responde señalando una norma general: “Los esposos son una sola carne”. Supone esto una respuesta moral que,...

  • Comentario por acamus 16.11.09 | 22:16

    Todo en la lectura de los Evangelios convence de su actitud “anti-mundo”. Cuatro ejemplos:

    1) La muerte de Jesús de Nazaret. Se trata de un hombre que muere en la treintena, virgen (no hay motivos para pensar lo contrario) y asesinado. Es decir, fallece sin haber cumplido lo que en teoría compete a un hombre de su época: convertirse en padre de familia, crear un hogar y formar parte activa en la vida social y religiosa de su pueblo. La muerte “antes de tiempo” es algo que puede pasarle a cualquiera (también ser asesinado), pero es un rasgo más de una apuesta por una derrota a priori. Su Mensaje religioso es una ruptura (vino, como él decía, a traer la espada), carecía de hogar (no tenía dónde reposar la cabeza).

    2) Los Milagros o signos. Jesús (Emmanuel, es decir, “Dios-con-nosotros”) pasa por el mundo demostrando que éste no lo limita. Es capaz de subvertir el “orden de las cosas”. Practica curaciones, devuelve la vista a los ciegos de nacimiento, limpia la ...

  • Comentario por Carmen Hernádez 16.11.09 | 21:59

    Realmente tendremos que recoger y hablar como lo hace el Apocalipsis… para que los necios si leen no entiendan y si escuchan nuestras voces no entiendan.

  • Comentario por hisopo 16.11.09 | 21:42

    ...Como la ignorancia, el odio y el resentimiento no se compadecen con la prudencia a lo mejor alguna figura del blog tiene la osadía de inventarse la contestación. Esperaremos. ¿En vano?

  • Comentario por hisopo 16.11.09 | 21:40

    Claro, que todos estos que ahora las pregonan en estos foros fueron compañeros de cama ideológicos de la URSS y seguramente todavía se lamen las heridas que su hecatombe les produjo. Por eso todo esto huele a venganza de los nostálgicos contra el régimen político y económico que salió triunfante; ya que aquél no pudo con éste, aliémonos con los nuevos enemigos de Occidente. ¡Menuda tropa!
    A todos estos farsantes se les llena la boca con la objeción de conciencia. ¿Pero habéis oído a alguno de ellos alguna vez manifestarse en favor de alguna otra objeción de conciencia? ¿No son ellos los que vociferan contra la objeción de los médicos frente al aborto? Tienen a su falso Jesús siempre en la boca y se dedican continuamente a la absurda ucronía de preguntar y contestarse qué haría Jesús con el hambre, el poder, el dinero, los poderosos, el Vaticano, bla, bla, bla. Pero siempre les echo en falta una pregunta: ¿qué le diría hoy Cristo a una mujer que quisiera abortar? Como la ignoranci...

  • Comentario por hisopo 16.11.09 | 21:38

    -sigue. El pacifismo que nos proponen sobre la base de su falso cristianismo es, faltaría más, unilateral. No lo predican de todas las religiones, no. Ahora solo se pide de Occidente (del cristianismo) y de Israel. ¿Está claro, no? Si actuaran de buena fe, lo pedirían de todas las religiones, incluso de la que casi todos ellos, en cuanto tienen ocasión, dicen que es la de la paz: el islam. Pues si así fuera, que reclamen esa objeción también a los musulmanes. Claro, todos sabemos lo que le pasaría, por citar solo al blogger, al Sr. Pikaza, si osara hacer esa petición en un país musulmás. No A un país musulmán: EN un apaís musulmán, por ejemplo Irán o en los territorios palestinos. Todo esto huele a las consignas pacifistas que la Unión Soviética financiaba en los países occidentales en los años sesenta y setenta. Claro, que todos estos que ahora las pregonan en estos foros fueron compañeros de cama ideológicos de la URSS y seguramente todavía se lamen las heridas que su hecatombe les p...

  • Comentario por hisopo 16.11.09 | 21:37

    Como está el mundo y en el blog asistimos al espectáculo de los progres llamando a la objeción, al abandono por el Estado de la primera de sus razones de ser y por ende de sus obligaciones: la defensa de sus miembros. Tanto el blogger como los progres de plantilla se han vuelto a quitar otra careta: en su postura hay más de componente ideológico que religioso. En realidad, no solo en este caso, sino en la mayoría de los que se plantean en este blog con su cristianismo de pacotilla de ignaro desnortado producto de la pseudoteología herética que nos asfixia desde hace varios decenios (las menos veces) o de politizado antisistema que utiliza la religión como palanca política y mecanismo engañabobos (las más): siempre hay algún incauto que pica en el anzuelo. -sigue-

  • Comentario por Roser Puig F 16.11.09 | 19:20

    sugue roser para Javier Zabaala- Que lo confunda B16, queda fuera de toda lógica, aparte de la lógica del Poder terrenal. Acusarnos de “odiar a Dios” a quienes no aprobamos la masacre de palestinos con la excusa del “derecho a la defensa”, demuestra que no has aprendido nada del holocausto y que no entiendes lo que querían decir los profetas de Israel. Y que, desde luego, nadie te ha enseñado a rezar el Padrenuestro de los cristianos. Un saludo cordial.

  • Comentario por Roser Puig F 16.11.09 | 19:16

    Javier Zabala,Las razones que das para que los cristianos (los discípulos de Cristo) apoyemos con las armas la conducta del actual Israel con los palestinos, demuestra que el que no tiene ni idea de lo que es el cristianismo eres tú. Puede que convenzas a B16 y a quienes tienen del cristianismo una idea muy parecida a la de la antigua Cristiandad (grandeza de Dios, defendida en la tierra con las “razones” del poder terrenal) Pero no puedes convencernos a quienes creemos (como dice Carmen) en un Jesús que “no tenía donde reclinar a cabeza”, y que le dijo a la Samaritana que los templos no hacían falta pata amar a Dios “con el corazón y en verdad”. Fue acusado de querer destruir el de Jerusalén y condenado a muerte. Confundir por tu parte a la aparente triunfante Cristiandad con los cristianos que desean seguir a Jesús de Nazaret es, en cierta manera, comprensible. -sigue-

  • Comentario por Teofilo 16.11.09 | 18:27



    Algunos teólogos afirman que el final de los tiempos está relacionado con la reconstrucción del templo judío en Jerusalén, un incremento en la hostilidad hacia Israel, y sucesos encaminados a un gobierno mundial. La señal más prominente del fin de los tiempos, sin embargo es la nación de Israel. En 1948, Israel fue reconocido como un estado soberano por primera vez desde el año 70 a.C. Dios prometió a Abraham que su descendencia poseería la tierra de Canaán como “heredad perpetua” (Génesis 17:8), y Ezequiel profetizó una resurrección física y espiritual de Israel (Ezequiel 37). El tener a Israel como nación en su propia tierra, es importante a la luz de la profecía del fin de los tiempos, por la prominencia de Israel dentro de la escatología (Daniel 10:14, 11:41; Apocalipsis 11:8).

  • Comentario por Teofilo 16.11.09 | 18:13

    Ezequiel dice en el capitulo 38:14-16, lo siguiente:

    “Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así ha dicho Jehová, el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, una gran multitud y un poderoso ejército, y subirás contra mi pueblo Israel como un nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, Gog, delante de sus ojos”.

  • Comentario por Teofilo 16.11.09 | 18:05

    Interesante video:
    http://alsafir.wordpress.com/2009/11/13/la-guerra-que-viene/

  • Comentario por Roser Puig F 16.11.09 | 17:17

    Javier Zabala, cuando dices “Otra vez más observo que este señor no tiene ni idea de lo que significa ni el judaismo, ni el cristianismo”, ¿a quien te refieres?


  • Comentario por Mar 16.11.09 | 17:07

    JAVIER ZABALA ZUBERO
    ¿Qué quiere decir, que los cristianos debemos ayudar a Israel con las armas?
    Ni a Israel ni a ningún otro país, yo no lo haría ni por el mío.
    Al principio del cristianismo, como ha dicho Pikaza, no se permitía a los soldados hacerse cristianos, o sea que tenían claro que era incompatible.
    El Dios de Israel como lo entendemos los cristianos, según nos lo transmitieron, no entiende de nacionalismos ni posesiones, de ahí lo de: la capa, la milla... que con la mentalidad que tiene el mundo (que es la que tenemos todos, incluso los cristianos) no acabamos de entender lo que significa despojarse de todo, no tener dónde sentar la cabeza; lo cual no es utópico sino incómodo, y así vamos...

  • Comentario por Roser Puig F 16.11.09 | 17:06

    Estoy de acuerdo con Xabier en que, en estos momentos, sin una conversión de los corazones, una superpotencia mundial, como reclama B!6 en su Caritas in Veritate , o significaría que “habría llegado el verdadero desarme, sino que podría surgir un tipo de imposición y dictadura político-militar más alta”.( Tal como sucedió con las monarquías de los s 16-19, acatadas por los nobles de entonces) Estamos pues todavía en la etapa en la que los cristianos debemos ser “sal y levadura”. No se puede IMPONER la Paz ni la Democracia en el mundo, como pretenden los EE. UU. Por el terror y la fuerza se puede llegar a “pacificar”, pero con una paz semejante a la de los cementerios.

  • Comentario por Javier Zabala Zubero 16.11.09 | 16:21

    Otra vez más observo que este señor no tiene ni idea der que significa ni el judaismo, ni el cristianismo.
    "Yo no os doy la paz como el mundo la da, sino la paz que escapa a todo entendimiento, la paz en la tormenta, la Paz en medio de la guerra".
    No es la paz de los hombres a base de pactos y trapicheos, sino la paz de obedecer a Dios.

    "Cuando escucheis paz y seguridad vendra destrucción repentina".
    Dios nos explica en Apocalipsis como vendrán guerras y guerras, que nos atañen y que debemos desconfiar de paz de hombres que al final dirigira el Anticristo.
    Muchisimos de los primeros cristianos eran soldados.
    Y los cristianos debemos defender a Israel, "Quien bendiga a Israel será bendito; y quien la maldiga será maldito".
    La judeofobia esconde un odio a Dios; que se difraza de antiislaeli, antisionista, pero en el fondo odian al Dios de Israel y sobre todo a obedecerle; erigiendo un becerro de oro con su nombre.

  • Comentario por luis_r 16.11.09 | 16:13

    Gracias Xabier por el texto. El tema me resulta inabarcable. Es como abrir la puerta pensando que es el cartero y que te caiga encima la arena del Sahara...Estoy de acuerdo en la foto final. Pero lo veo todo muy macro...

    Por otro lado como hoy tengo el día tonto protesto contra los posts de guardería ofensivos, chulescos y tabernarios de algunos de los opinadores.
    Salud,

  • Comentario por justi-nubarrón 16.11.09 | 14:52

    sigue justi)
    ¿El orden ?: Dinero ,Poder ....después todo lo que pueda superar a los dos primeros
    --Hemos de ayudar ,de paliar la pobreza ....!Si Señores ..a sus órdenes Señores !pero vosotros ...os forrais las espaldas ...por ai vienen "tiempos peores ...!cuanto fariseo ..y yo que pensé que todos habian muerto !
    Seguiria ...mucho más ...pero el muy largo
    Un abrazo

  • Comentario por justi-nubarrón 16.11.09 | 14:48

    sigue justi)...generalmente están "subidos en los podios del saber ..muchas veces en los de la soberbia y el orgullo
    Os envio algunas preguntas que le hacia a Pikaza
    --la historia se repite ,se va haciendo calcos ,con otros escenarios ,otras ténicas ..pero calcos
    --¿Te imaginas a Jesús ,ahora ,en el mundo actual ? ,,yo creo que le quedarian dos "telediarios "
    --"felices vosotros los pobres porque es vuestro el Reino de los cielos "..le escribo y pregunto ¿Está muy bonito ,pero qué les decimos ,cómo se lo explicas tú Pikaza a los miles de niños que se mueren de hambre en muchos paises ?
    --"un mundo sin brokers " ...me dió la risa ...ja..ja...ja no te lo crees ni tu Pikaza
    --"...una secta debtro del mismo judaismo "....¿esto no es una fotocipia del presente ?
    --"las mujeres callen en la Iglesia "...siguen callando ..siguen discriminadas ...siguen siendo ciudadanas de segundo o más bién de tercer orden ...o quizá más
    ¿El orden ?: Diner...

  • Comentario por justi-nubarrón 16.11.09 | 14:46

    Una vez ,cuando yo era más joven leí un libro... aún no me explico como puede hacerlo
    ,dado el tema a tratar ,porque personalmente no me quita "el sueño ,EL ASUNTO "
    Sistema ,Libertad ,Iglesia "Instituciones del Nuevo Testamento
    Editorial Trota
    Autor :Xabier Pikaza
    Está lleno de apuntes en práticamente todas las páginas (a lapiz ) ha recorrido ,varias manos y paises ..por que como me costó caro ..lo dejaba a todos los que me lo pedian
    es una pena que Pikaza,no lo hubiera dado un vistazo,para ver como pensaba una persona ,sin estudios teológicos ,agnótica etc...y bastante práctica ...quizé el reflejo de "personas anónimas ..de la calle ..que también pensamos " y que a mi "corto entender ,tendrían que ir dirigidos "ciertos libros ¿por qué ? pués muy sencillo ...los SABIOS QUE ESCRIBEN LOS SUYOS ...piensan casi siempre "que los libros de ellos ..son los mejores ,los más sesudos ,los más interesantes ...generalmente están "subidos en los podio...

  • Comentario por JMS.- 16.11.09 | 14:06

    La UTOPIA cristiana (=fuera de lugar) cabrìa traducirla mejor que «fuera de lugar» como «mejor lugar». No hace falta que todos cumplan con todas las exigencias utópicas, pero hace falta que entre todos reine ese acuerdo, convivencia y servicialidad que permita, socialmente, reflejar la UTOPIA cristiana!

  • Comentario por Roer Puig F 16.11.09 | 13:30

    Hola Gonzalo Haya, por la misma razón que, a pesar de mi feminismo, yo estoy en contra de que las mujeres formen parte de “este templo” en lo que se ha convertido la Iglesia (oficial), puedo estar a favor de echar de ahí a quienes ahora están instalados en el: por su bien y por fidelidad al Evangelio. Creo que en eso consiste el Amor

  • Comentario por Gonzalo Haya 16.11.09 | 10:42

    continuación.

    ¿Quiénes son los discípulos de Jesús? ¿Los mil y pico millones de bautizados? ¿Soy yo discípulo de Jesús o solamente soy cristiano?
    Se puede ser discípulo de Jesús y arrojar a los mercaderes del templo; pero para ello hace falta amar también a los mercaderes del templo.

  • Comentario por Gonzalo Haya 16.11.09 | 10:38

    Respecto a la paz -como a la inmigración y tantos otros problemas- a mi se me plantea la posibilidad de la utopía cristiana.
    Por supuesto, si todos fuéramos como Jesús el mundo sería un paraíso, sería la plenitud del Reino de Dios.
    Pero mientras que en el mundo exista el egoísmo, la injusticia social, la ambición de dinero y de poder... ¿Se puede pedir a todas las personas de buena voluntad -cristianos, musulmanes, budistas o ateos- que practiquen la utopía?
    ¿Podría yo poner la otra mejilla si secuestraran a mi hija para convertirla en esclava sexual? ¿Se nos puede pedir a todos que actuemos como Gandhi?
    Jesús quiso que sus discípulos fueran la sal de la tierra, la levadura que fermenta la masa. Ni la sal ni la levadura son alimentos en sí mismas. Quizás Jesús, además de idealista fue también realista.
    ¿Quiénes son los discípulos de Jesús? ¿Los mil y pico millones de bautizados? ¿Soy yo discípulo de Jesús o solamente soy cristiano?
    Se puede ser dis...

  • Comentario por Roser Puig F 16.11.09 | 06:54

    Acamus, opino que ell quedarnos o no “a dos velas”, como tu dices, depende de nosotros. No por “elección” de Dios. Este pasaje de Juan que mencionas me reafirma en mi opinión de que el famoso” muchos serán los llamados y pocos los elegidos”, está mal traducido. Debería decir “pocos los respondidos”. En ese caso, Dios sigue siendo padre amoroso de todos/as, pero somos nosotros lo que le aceptamos como tal o no. Mejor dicho, quienes nos sentimos hermanos de nuestros hermanos o no. EL UNIVOMANDAMIENTO CRISTIANO QUE TENEMOS


  • Comentario por JMS.- 16.11.09 | 03:36

    Este desarme pacífico supone ofrecer (o no esconder) la otra mejilla cuando me golpean. Es lo que hizo Jesús ante el Sahnedrin, pero predicando simultáneamente la justicia: si he hablado mal muéstralo; y, si no, por qué me pegas?
    Indumisos, pero con la bandera de la justicia bien alzada!

  • Comentario por acamus 16.11.09 | 00:48

    Roser:
    Capítulo primero de Juan: “A cuantos la han aceptado (la Palabra) los ha hecho capaces de ser hijos de Dios: esos que mantienen la adhesión a su persona; los que no han nacido de mera sangre derramada, ni por designio de un mero mortal, ni por designio de mero varón, sino que han nacido de Dios”.
    Así que hijos de Dios no somos si no lo aceptamos. Jesús enseña a llamar Padre a Dios a sus discípulos, no a todo el mundo. Los demás nos quedaremos a pan y agua, me temo.

  • Comentario por acamus 15.11.09 | 23:22

    Me refería al comentario anterior de Roser, donde escribía sobre las excepciones al asesinato.

    Roser, me malinterpretas. Yo no me considero cristiano. Hablo no desde el lugar de los “elegidos”, sino de los que se quedarán a dos velas. Lo que hago es mostrar mi idea sobre Jesús y su mensaje; sobre lo que creo que significan realmente. Y no me gusta lo que voy descubriendo. Lo lamento.

  • Comentario por Roser Puig F 15.11.09 | 23:20

    El Catecismo permite matar “en defensa propia”.Pero, cuando se trata de una mujer, queda excomulgada si decide abortar en el caso de que continuar el embarazo suponga poner su vida en peligro
    Una vez más se aprestan a esconder los abortos debajo de la alfombra (que es lo que volvería a ocurrir si se deroga la Ley). Hipocresía y más hipocresía.
    Todos sabemos que están haciendo política electoralista con el fin de que vuelva el partido qu no les amenaza con revisar los Acuerdos con la Santa Sede.

  • Comentario por Mar 15.11.09 | 23:19

    Últimamente me digo muchas veces que el Reino no viene porque no actuamos como cristianos ( hay excepciones y no estoy pensando en los llamados progres de la Iglesia).
    Yo también creo que no se puede negociar el mensaje de Jesús pero lo que hacemos ( no critico a nadie, hablo de mí) es vivir exactamente como todos los demás: invertimos, acumulamos, seríamos incapaces de acoger a nadie en nuestra casa y de dejar las comodidades. Queremos mucho a Jesús, lo admiramos, lo entendemos muy bien, pero vivimos una vida que no se corresponde a lo dicho por Él.
    Yo sí creo que Jesús aporta una esperanza en el mundo, yo contrasto todo lo que ocurre con el Evangelio y veo el valor que tiene, entre otras muchas cosas, para abrirnos los ojos.
    Jesús estaba muy en el mundo y participaba de él, pero no podía negar lo que también nosotros vemos.

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