El pasado 19 de noviembre, mi amigo y hermano Pierre Kaziri me invitó a su tesis doctoral en Derecho Canónico, en la Universidad Pontificia de Salamanca. El tema era: Las virtudes y el martirio como razones o causas para beatificar o canonizar a un venerable, a lo largo de la historia y en el Derecho actual de la Iglesia. Fue una tesis razonada, precisa, profunda, y así lo reconocieron los especialistas del tribunal, representantes de las tres grandes Facultades de Derecho Canónico en España: Navarra, Comillas y Salamanca. Sólo quedó en el aire una pregunta: ¿Por qué no ha tratado P. Kaziri de los milagros? ¿Qué sentido tienen y qué aportan, como signos o pruebas de la presencia de Dios? Con su tradicional sabiduría africana, P. Kaziri renunció a responder a esa pregunta: ¡Sólo me he ocupado de virtudes y martirio¡ El estudio de los milagros exigiría otro tratamiento.
Estaba a mi lado otro compañero y amigo, ya jubilado, el Prof. A. Vázquez, filósofo y teólogo, el mayor especialista hispano en psicología de la religión (a quien he apelado varias veces en este blog, especialmente al tratar de la “psicología de Jesús). «Xabier –me dijo−, exigir milagros, como hoy se hace, para beatificar o canonizar a un santo me parece magia. Va en contra del estilo “cristiano” de Jesús y de la Iglesia. Apelar aquí a milagros es algo que está más cerca de una ordalía o de ciertas pruebas mágicas que aparecen todavía en el Antiguo Testamento (como las aguas amargas) que del tipo evangélico de vida». Dialogamos tras la tesis sobre el tema y ahora quiero evocar algunos de los argumentos esgrimidos, por si los lectores quieren reflexionar sobre ellos. Por favor, amigos lectores: no son argumentos míos (sólo míos), sino de teólogo y psicólogo de la religión, que ha recibido y sigue recibiendo los máximos honores de la Universidad de la Iglesia Española (la de Salamanca); no son argumentos para destrir a la Iglesia, sino para edificarla mejor.
Me podrán decir algunos “lectores y comentaristas” que quiero atacar de nuevo a la Iglesia; ellos verán si así. Lo que yo pretendo es ayudar a pensar dentro de la Iglesia, por amor a la Iglesia, diciendo lo que piensa una mayoría de los biblistas y teólogos actuales, empezando por G. Lafont (¡máxima autoridad!) que decía ya hace unos años que la exégesis, la teología e incluso cierto tipo de moral se habían adaptado a los nuevos tipos de pensar, mientras que el Derecho Canónico seguía donde había estado desde el siglo XI, tras la reforma gregoriana. En la búsqueda de una “prueba” de milagros estamos donde nos puso la Edad Media. Siga leyendo quien quiera opinar sobre el tema. Al final ofreceré además una referencia bibliográfica.
Uno de los dichos más enigmáticos y fuertes de Jesús recoge una sentencia de la sabiduría universal que dice: “Las aves del cielo tienen nido, las zorras madrigueras, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20). El término “Hijo del hombre” tiene aquí un sentido doble: alude, por un lado, a la humanidad en su conjunto; por otro se refiere al mismo Jesús, que viene a ofrecer un camino en el tiempo a los que parecen que no tienen ya tiempo, porque el mundo viejo acaba.
Así somos los hombres, con Jesús, nómadas del tiempo, navegantes sin casa fija ni morada sobre el mundo, como un barco que va abriendo surco en el mar del futuro… y que va creando el mismo mar mientras navega. No tenemos donde reclinar la cabeza (a no ser en el mismo Dios, que marcha con nosotros) porque no nos podemos parar en el camino, pues en el momento en que lo hiciéramos dejaríamos de ser hombre y mujeres. Eso significa que somos Adviento, camino de llegada de Dios, que ha venido en Cristo y sigue viniendo (con Cristo) en la medida en que nosotros caminamos.
Los demás vivientes parecen instalados, en un lugar y tiempo: tienen madrigueras y nidos (nichos ecológicos), sobre el mar del tiempo y de esa forma pueden resguardarse. Los hombres, en cambio, vivimos en el mar o sobre el aire, navegando sobre un tiempo que nosotros mismos somos, sin saber a ciencia cierta a dónde tendemos (aunque en fe sabemos que nos dirigimos hacia la tierra de Dios, que es nuestra tierra).
Así nos saca Jesús, fuera de las pequeñas ciudades de refugio que hemos ido edificando (que al fin no son más que torres de Babel) para amar, vivir y morir al descampado como él, mientras buscamos y esperamos la ciudad futura (cf. Heb 13, 13-14); Ap 21-22). Así caminamos con él, sabiendo bien que ni el ojo vio y el oído oyó lo que podremos ver y escuchar si seguimos caminando con Jesús.
Algunos de nosotros habíamos olvidado nuestra condición de nómadas del tiempo, peregrinos de Dios, pensando que habíamos logrado construir con la ayuda del mismo Dios una casa permanente sobre el mundo, un “tabernáculo” perpetuo donde reposar, sea en forma sacral (nuestras seguridades religiosas), sea en forma secular (nuestros sistemas económico-sociales). Pero las condiciones de los tiempos y, de un modo especial, la misma experiencia del evangelio nos ha hecho descubrir que somos nómadas del tiempo y peregrinos de Dios, más allá de todas las formas y figuras que hemos ido creando a lo largo de la historia.
Ser nómadas del tiempo significa caminar (volar, navegar), ligeros de equipaje y por itinerarios que no han sido recorridas todavía por nadie, no como las aves migratorias que van y vuelven por rutas prefijadas en la misma evolución del tiempo, por las estaciones y los vientos de la tierra, de manera que más que nómadas estrictas son simples tras-humantes. Sólo nosotros, los hombres, somos verdaderos nómadas de la creación, pues para seguir existiendo tenemos que abrir, por tierra, mar y aire (es decir, por nosotros mismos, en el interior de nuestra humanidad), unos caminos que aún no existen, pues nosotros mismos los trazamos.
Somos peregrinos de Dios (no simplmente de Compostela o Jerualén). Los creyentes monoteístas estamos convencidos de que el camino que debemos recorrer se identifica de algún modo con Dios, pero no podemos demostrarlo, como se demuestran las cosas de la ciencia, sino que lo debemos evocar y expresar con nuestra propia vida y con nuestra opción de futuro. No caminamos en vano, a través de unas sendas perdidas de bosque que vuelve a cerrarse tras nosotros (como ha supuesto en el fondo Heidegger), sino que nos abrimos y nos abre Dios hacia su propio futuro, que es el despliegue de la vida. Eso significa que somos “creadores”, en el interior de un Dios que crea (sigue creando) a través de lo que nosotros seamos y hagamos.
En ese trance de futuro, que el judaísmo interpreta como Éxodo, el Islam como Héjira y el cristianismo como Pascua de Jesús nos sitúa el adviento, que es un “tiempo común” para todas las religiones (por lo menos para las monoteístas). Todos esperamos la llegada de Dios y nos sabemos caminantes, peregrinos, sabiendo que nuestro ser más hondo es tiempo (tiempo para Dios y desde Dios). En este adviento, nosotros (los creyentes, todos los hombres) no somos unos simples espectadores, sino más bien creadores de futuro, es decir, de nosotros mismos, en Dios.
Unidos por una esperanza compartida, eso queremos ser los creyentes de Adviento, sabiendo que nuestra historia no está escrita ni fijada todavía, sino que nosotros mismos la vamos trazando, mientras Dios recorre en nosotros y por nosotros su camino. Los filósofos griegos pensaban que todo estaba ya hecho, el “ser” ya estaba realizado, de manera que nosotros no teníamos otra salida que la de esperar que se cumpliera el destino en nuestra vida. Pues bien, en contra de eso, los cristianos creemos ya que nuestra vida no está escrita, sino que tenemos que escribirla nosotros en y con Dios. Por eso somos adviento.
Primer domingo de Adviento. Lucas 21, 25-28. 34-36. Nunca se habían revuelto tanto las aguas de mi blog. Dos aportaciones distintas, de R. Puig y de C. Hernández han encendido los ánimos y han suscitado más de trescientos comentarios, de todo tipo, sobre la madre, el nacimiento y el aborto, desde una perspectiva moral y social (feminista y no feminista), mirando con el rabillo del ojo la nueva ley española, de la que hablan estos días los periódicos.
Puse ya en el último post (del 24, XI) mi opinión y aquí agradezco los comentarios (la mayoría de los cuales han sido ya barridos por el viento de los “cuarenta últimos”), y lamento muchísimos las ofensas personales y los calentamientos de algunos, a quienes sigo pidiendo moderación (sin entrar nunca en juicios personales). Dije que era el “fin”, que no trataría más del tema del aborto… y no lo trataré de un modo directo, pero la llegada del Adviento, que es tiempo de esperanza y de advenimiento del “niño” (del bien nacido, del no-abortado), me obliga a plantear la cuestión de fondo desde otra perspectiva.
El evangelio nos dice que en los tiempos malos (como los que ahora parecen estar aconteciendo), los creyentes “verán al Hijo del hombre que viene en una nube” (nosotros diríamos que nace, nacerá en la Navidad!. El mismo evangelio añade: “cuando empiece a suceder esto (los males del fin de los tiempos), levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Ésta es la palabra clave del Adviento: Levantad vuestra cabeza pues nacer (nacerá) el hombre nuevo (varón y/o mujer), que es Hijo de Dios. Nadie podrá abortar el nacimiento de Dios en la tierra. De esta manera empieza y se formula nuestra esperanza de adviendo: Nacerá el “ser humano”, que es principio y signo vida para todos, nacerá en el margen de la vieja sociedad (que mata a sus hijos), pero no para destruirla, sino para ofrecer a todos esperanza de vida. Desde esa experiencia, quiero añadir que cada niño que nace no es de la madre sin más, ni siquiera del padre y la madre, ni siquiera del Esado... Para un cristiano, cada niño que nace es de Dios (es Dios mismo, en unión con Jesús de Nazaret).
Por eso, en medio de las grandes contiendas, podemos levantar nuestras cabezas, pues aunque parezca que no hay signos de esperanza, el mismo Dios nos quiere ofrecer un año más su signo (que el rey Acaz de Jerusalén no quería aceptar): “Una muchacha (almah) ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros” (Is 7, 14)… En esa línea avanza el texto de Jeremías, en la lectura de este domingo: “Suscitaré un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra».
Con ocasión de la fiesta de Cristo Rey, propia del último domingo del año litúrgico, presenté un post titulado: Domingo 22 XI 09 Mi reino no es de este mundo ¿cómo habría reinado Jesús? El post tuvo una acogida generosa, pero no quedé totalmente satisfecho por el desarrollo del tema y por eso he querido hoy ampliarlo, conforme al esquema que sigue.
(a) Presento primero siete títulos que la Iglesia ha dado (y sigue dando) a Jesús, en un plano litúrgico y devocional.
(b) Reflexiono después otra vez sobre el título de Rey., viendo las dificultades que hoy presenta
(c) Recojo finalmente algunos comentarios al post del domingo pasado, que ya no son accesibles para los lectores, pues creo que ayudan a plantear (y seguir discutiendo) el tema.
Aprovecho así la ocasión para que mis lectores puedan seguir reflexionando sobre el tema y aportando sus experiencias, desde los diversos ámbitos eclesiales y sociales en los que se encuentran. Mañana comenzamos con los temas del tiemo de Adviento y habrá que cambiar de tercio. El post es quizá demasiado largo. Los lectores normales, que no quieran entrar en la polémica de fondo y en la "historia" de los comentarios, harán bien en leer sólo la primera parte del tema (la que trata de los títulos de Jesús, que empiezan con Hijo de Hombre, tema al que volverá el post del próximo dia, que inaugura el Adviento, que empieza precisamente con la esperanza del Hijo del Hombre). Buen día a todos.
Me ha escrito Carmen Hernández:
"Querido Xavier, gracias por estar ahí, por dar tiempo de tu tiempo y compartirlo con personas que entramos en este blog, queriendo exponer sobre todo, que todo cuanto el Cristianismo no ha dado, queremos seguir hallándolo dentro de una relación donde los puntos de vista de cada persona no sea excluyentes sino integradores enriqueciéndonos a cada persona". Por eso, le Le doy de nuevo la palabra a Carmen, por alusiones y para responder a unas preguntas. Por ahora quiero dejar el tema así.
Personalmente, creo que la esencia del cristianismo es el mensaje de que Dios ama a los pobres y excluídos, asumiendo en su carne (la carne de Dios que es Cristo: Ireneo de Lyon) todo el sufrimiento humano, un mensaje expresado en la vida de los creyentes.
Personalmente, creo que los cristianos deben presentarse en esta sociedad dura y compleja como personas que acogen a los niños, que invitan a todos a vivir en libertad y que cuidan a los ancianos y enfermos, a los excluídos y marginados, por puro amor, porque creen en el Dios de Cristo y creen en la vida. No están para dar lecciones de superioridad a nadie, sino para acompañar en amor a los que más sufren, ofreciéndoles una esperanza de vida gozosa, abierta misteriosasmente a la Vida (pero sin imponer a nadie su creencia, sino ofreciéndola con sus gestos de solidaridad)
Personalmente, creo que todo aborto debería poder ser evitado, en una sociedad distinta, donde se acoge y ama con respeto a todos, donde existe una buena educación sexual y unos medios preventivos eficaces, al alcance de todos, en diálogo con la ciencia y con las diversas mentalidades sociales, en una sociedad con una alta conciencia de responsabilidad colectiva... Todo aborto real (de una criatura que existe ya con su individalidad constituída) es un fracaso de humanidad, es una tristeza. Por eso, debería poder ser evitado, pero ello sólo se puede lograr con educación y libertad, con madurez y con responsabiliad compartida.
Dicho eso, he de añadir que creo que la sociedad no puede imponer a todos los ciudadanos unos principios cristianos y que, a veces, socialmente es mejor despenalizar el aborto, por humanidad, que dejar que se aborte a escondidas (o que puedan abortar sólo los más ricos, o que se haga con grandes riesgos de salud de la madre). Por eos, no voy en contra de una ley de aborto, aunque pienso que la que quiere ofrecer el Gobierno de España puede mejorarse...
Personalmente, creo que el primer deber de la Iglesia no es condenar a las que abortan (y a los que les acompañan o ayudan) diciendo que están excomulgados o son herejes. Afirmaciones como esaas me parecen aberrantes, no van en la línea del mensaje de Jesús, no concuerdan con su manera de acoger y ayudar a todos, intentanto escuchar y compernder.
Lo primero que tendrá que hacer la Iglesia es comprender a las que abortan. ¿En qué condiciones están? ¿Por qué lo hacen? No ha de empezar condenando, sin más, sin distingos, sino escuchando y comprendiendo, para así poder entender, acompañar, ayudar... y finalmente contribuir a que se supere este tipo de sociedad donde parece que no existe,en la práctica, muchas veces, otro remedio personal y social que el aborto.
En ese contexto, la labor de la Iglesia está en acompañar a todos, acogiendo con amor inmenso a muchas mujeres que abortan por diversas razones, sin crearles problemas de conciencia ni neurosis de culpabilidad enfermiza... La labor de la Iglesia está en crear espacio de amor y libertad, dentro de un contexto social,laboral y personal que es difícil para muchas mujeres que creen que deben abortar.
En esa línea general irían mis reflexiones. Pero lo que hoy quiero ofrecer son las razones de Carmen Hernández. Todo lo que sige es suyo. Gracias, Carmen.
Querida Teresa, estos días van entrando en mi blog, de forma constante, adhesiones a tu persona y tu vídeo en You-Tube (ver Teresa Forcades: Campanas por la gripe A, 1-6). No hace falta que te diga que me he sentido impresionado por lo que dices y por la forma en que lo dices. Algo de eso había oído, algo así me había dicho un médico amigo, hace unos días, sobre la Gripe A, pero tú lo has presentado de un modo impactante. Gracias, Teresa. Quizá podríamos discutir algunas apreciaciones sobre un plan de “reducción” de la población mundial, pero tú misma has dicho después que eso puede discutirse.
Quiero añadir que leí con rabia lo que un señor inculto, maleducado y cínico escribió sobre ti en un País Dominical, metiéndose incluso con tu persona, lo cual probaba su falta de argumentos (cf. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Desmontando/monja-bulo/elpepisoc/20091101elpepisoc_1/Tes ). Menos mal que el mismo periódico, el País, descubrió el engaño y la semana siguiente rectificó, publicando otro trabajo criticando lo anterior y exponiendo las cosas de manera más objetiva (cf. http://www.elpais.com/articulo/opinion/monja/teorias/conspiracion/elpepiopi/20091) 108elpepiopi_5/Tes) (Hoy mismo (23, 11, 09) el País ha vuelto ha publicar una nota extensa sobre tu intervención en un congreso de Barcelona, de contenido serio, pero en un contexto irónico, según me ha parecido. Supongo que habrás visto tu foto, que incluyo más abajo.
Mira, Teresa, no puedo aportar nada nuevo a tus argumentos y, además, ahora tengo poco tiempo, tras una enfermedad… de la que, curiosamente, he salido gracias a los medicamentos y a los médicos. Pero quiero abrir esta página para los que quieran saludarte y opinar, después de haber visto tu “you-tube”. A mis lectores que deseen tener información sobre ti, les recuerdo que te he dedicado ya dos “notas” en este mismo blog (el 13.08.07 y el 14.08.07). A ti, por si te vale, te ofrezco un recuerdo de infancia, el de Lolo, un ganadero pasiego que murió por el egoísmo asesino de la industria farmacéutica. Ese será mi saludo.
Me ha escrito Roser: “Esto que adjunto era para Carmen Hernández porque me temo que su apasionado ataque a Hisopo y Cia. pueda darles argumentos para tergiversar, según su costumbre, y acusarnos de “abortistas” y de decir que las creyentes católicas feministas estamos a favor de la “cultura de la muerte”. Pero me ha salido demasiado largo. Te lo envío por si consideras que vale para un post”.
Gracias, Roser, es un tema apasionante. Los que decimos que una ley del aborto puede y debe plantearse desde un punto de vista social, no estamos “a favor del aborto”. Pero sabemos que el aborto existe y que es bueno despenalizarlo en ciertos casos, para bien de todos. No se trata de aprobar sin más una posible ley del Estado Español, sino de procurar que esa ley sea la mejor posible, desde un punto de vista humano, social y religioso. Estoy convencido de que en este campo la Iglesia (el conjunto de los cristianos) tiene mucho que aportar, en plano constructivo (no de pura condena) y el Estado mucho que aprender de todos los grupos sociales (incluida la Iglesia y el conjunto de los cristianos). En esa línea va tu aportación, Roser. Gracias. Todo lo que sigue es tuyo.
Hoy, 21 de noviembre del 2009, a las doce de la mañana, harán público el nombramiento de José Ignacio Munilla Aguirre como obispo de San Sebastián. No quiero opinar nada sobre él, pues eso no va en la línea de mi blog. Por otra parte, le conozco poco, aunque oigo a veces sus sermones en Radio María, he leído algunas de sus cosas y he seguido la polémica en torno a su nombramiento como obispo. Una polémica a tres bandas, entre Rouco de Madrid, el nuncio de Roma y el obispo anterior de San Sebastián (Mons. Uriarte). Una polémica de puro poder, al estilo más duro, con ribetes de ortodoxia doctrinal y de nacionalismo, con cabildeos y secretos, con murmuraciones… y silencio: el gran silencio (silencio impuesto) del pueblo cristiano del lugar y del entorno. En este caso (como en otros de nombramientos episcopales), nosotros, los cristianos, hemos dado un triste espectáculo en la sociedad; hemos perdido una oportunidad de oro para mostrar lo que es el diálogo y respeto dentro de la iglesia (espacio de comunión y libertad). Hemos aparecido en muchos círculos (y con razón para ello) como menos dialogantes y menos claros que los mismos partidos políticos (¡que tienen sus defectos!), que tienen sus mecanismos democráticos, que acaban siendo más claros que los de la Iglesia.
Domingo de Cristo Rey, fin del año litúrgico. Jn 18, 33-37. . El tema de este un domingo es difícil de entender para nosotros, pues ya no tenemos un concepto sagrado y poderoso, activo y creador de Rey... Por eso, decir que Jesús es Rey nos suena no sólo lejano, sino incluso falso. Nos gustaría que Jesús no fuera "rey", sino que su "reino" fuera el lugar donde ya no existen reyes (ni siquiera él). Más que Rey, Jesús se nos muestra como hermano de todos, como aquel que ha renunciado a todo poder, para ofrecernos su autoridad creadora, desde abajo, como siervo de todos (Flp 2).
Decir que Jesús era Rey sonaba bien en los tiempos de las monarquías sagradas, cuando los Reyes Gobernaban por la gracia de Dios... Hoy, cuando de hecho no existen en el mundo reyes, esta palabra (Cristo Rey) nos puede resultar extraña y quizá muchos prefieran no emplearla (y más en España, por el recuerdo de los Guerrilleros de Cristo Rey). Yo no tengo una reflexión especial para este día. Por eso voy a limitarme a introducir unas reflexiones que he venido poniendo en este blog en otras ocasiones. Cuando tenga más claro el tema volveré a plantearlo.
Pero antes os pregunto: ¿que os parece el título de Cristo Rey? ¿Cómo emplearíais ese título, desde la experiencia de la muerte de Jesús, condenado por los "reyes" de este mundo? Se trata de descubrir el sentido de la autoridad de Jesús, que consiste en despojarse de todo poder. El Jesús histórico no ha ido diciendo por ahí "yo soy rey", ni "yo soy más que vosotros", ni "yo soy Dios y vosotros no lo sois"... (a pesar de que el evangelio de Juan pueda producir a veces esa impresión, por eso hay que aprender a leerlo). Jesús no firmaría nunca un decreto diciendo "yo, el rey", ni un mandamiento poniendo al final "yo vuestro jefe..." . Creo que Jesús no se ha puesto nunca por encima de nadie, ni se ha impuesto por la fuerza, ni ha ganado ninguna batalla de poder... Ha hecho otra cosa... y sólo teniendo en cuenta eso podemos hablar de una fiesta de Cristo Rey, sabiendo que él es el único que no ha querido reinar en este mundo, sino que ha querido que todo seamos "reyes por igual", es decir, hermanos
En el centro del evangelio está la palabra:bienventurados los pacificadores…! (Mt 5) Quiero que ella sea el lema de ese Tren de la Paz que es (debe ser) la misma Iglesia, que nos invita a realizar un gesto universal de insumisión evangélica (¡todos al segundo tren!), para que seamos de esa forma capaces de proclamar con nuestra vida el evangelio de la paz (cf. Ef 6, 15). Hemos llegado a la última estación y es buen momento para situarnos de nuevo en el camino de la Iglesia, que a veces ha buscado y firmado (e impuesto) pactos con el poder (1r Tren), para volver todos con ella al camino de alianza, desde los pobres (2º Tren). Ciertamente, la Iglesia puede y debe dirigir su palabra a los grandes del mundo, pero su palabra propia se sitúa en la línea del testimonio de la vida, pues ella ha de ser un Tren/Escuela de paz, abierto a todos los hombres y grupos del mundo, aquellos con quienes andaba Jesús.
El tren de la insumisión del que estoy tratando estos días debe ponerse ya, sin esperar más, culminando así la ruptura del pacto constantiniano, que había vinculado a la iglesia con los poderes políticos y militares (en el imperio romano ambos eran inseparables). En otro tiempo podía resultar más difícil, pues sólo algunos profetas como Francisco de Asís veían la necesidad evangélica de superar toda política armada. Hoy empezamos a ver que es algo necesario, sin necesidad de ser profetas especiales, sino sólo cristianos. Por eso podemos pedir a las iglesias, y ante todo a la nuestra, a la Católica Romana, que abandone su pacto con las armas, desde los aspectos más folclóricos (la Guardia Suiza) hasta los más profundos (sus vinculaciones con el capitalismo mundial y los estados).
El día anterior he presentado a la Iglesia como una comunidad de objetores de conciencia Ahora quiero poner de relieve la importancia del buen aprendizaje (eu-paideia), en la línea de Is 2, 4-5: “no se educarán para la guerra”. En el momento actual (2009), la pedagogía para la paz se encuentra en una situación esquizofrénica: afirmamos que se debe educar en la paz a los que nacen, pero el conjunto de la sociedad les prepara más bien para la guerra, es decir, para un tipo de violencia. Teniendo eso en cuenta, quiero volver a la escuela de Jesús, para retomar y aplicar en la actualidad algunos principios de educación para la no-violencia, recuperando la mejor tradición israelita.
He presentado ayer el tema una propuesta de paz desde la perspectiva de la Biblia Israelita (que era la Biblia de Jesús). Pues bien, ahora, para completar lo allí dicho quiero presentar algunos rasgos de la paz cristiana, desde la perspectiva de la Iglesia.
Aquí no digo ya lo que pienso que podrían (o deberían) hacer los judíos y dejo que ellos sean los que lean y aplican su historia, resolviendo lo mejor que puedan el tema del Estado de Israel. Aquí digo lo que pienso que deberíamos hacer los cristianos, como Iglesia (no los estados en cuanto tal, aunque alguna vez hayan podido llamarse cristianos).
Los estados de este mundo, los dueños del sistema tienen que apelar a las armas (con ejércitos, terror) para mantenerse. Pero, desde una perspectiva cristiana, una paz armada no es paz, sino violencia establecida. Desde ese fondo digo que “el tren de la paz de Jesús”, que es la iglesia, ha de ser un tren de personas que renuncian a la guerra, una comunidad de desarmados insumisos, objetores de conciencia.
La Iglesia como tal debe renunciar no solo a las armas, sino a toda forma de defensa armada y a todo pacto de colaboración con los poderes militares (no con los soldados en cuando personas). Esta huelga militar ha de ser consecuente, invirtiendo así una larga praxis de pactos de la Iglesia con los estados llamados “cristianos”. Sólo allí donde unos hombres, como los cristianos consecuentes, empiecen renunciando unilateralmente a la guerra podrá superarse toda guerra.
Éste es el tema que ahora desarrollo, en un post nuevamente largo. Pero quiero dejarlo así, para que los lectores que quieran estudiar el tema con más extensión y profundidad puedan hacerlo. Divídanlo, si quieren, en dos partes, que vienen marcads en el texto.
Éste es un post temático y polémico, en el que me atrevo a disentir de algunas tendencias de Magisterio Católico moderno, que habla de paz, pero en el fondo sigue defendiendo unas estructuras sociales vinculadas con los poderes fácticos, que son inseparables de la violencia.
De esta forma, partiendo del evangelio, elevo una especie de “reserva” ante el conjunto de la práctica social de la Iglesia Oficial, que habla de paz, pero que no llega a ser radical en sus planteamientos de búsqueda de paz, en la línea de Jesús.
Es muy posible que mis reflexiones (que, por cierto, reasumen y repiten ciertos temas que he venido presentando en ese blog) susciten el aburrimiento de algunos (¡son muy largas!) y el rechazo de otros (¡son utópicas, innecesariamente críticas y atrevidas!). Pero las dejo ahí, por si alguien quiere. Las dejará dejaré “colgadas” un tiempo más largo, por dos o tres días, este comienzo de semana que está al final del año litúrgico.
Mario Sabán, el más fecundo investigador judío de lengua castellana de la actualidad, autor de más de Dios libros sobre judaísmo y cristianismo, respondió el otro día en mi blog diciendo que no quería discutir sobre la tesis que yo defendía que, diciendo para ser fiel a su origen y destino, el judaísmo como religión debía renunciar al Estado militar de Israel y a la guerra. Como argumento ponía que Jesús, fundador del cristianismo, había sido un buen judío pues había confesado la Unidad de Dios, según el Shema (Dt 6, 4). Acepto plenamente su argumento: Jesús fue un buen judío (a mi juicio, el mejor y más significativo). Pero quiero añadir que el mismo judaísmo (la Biblia Judía) ofrece el más alto testimonio de paz (de renuncia a la guerra) que yo encuentro en la historia de las religiones (de la humanidad).
Por eso, al decir que debe optar por una paz fundada en el testimonio de su tradición (de su riqueza espiritual y nacional) y en la renuncia a las armas, no estoy queriendo combatir o destruir al judaísmo, sino fundamentarlo en aquella que, a mi juicio, es su raíz más honda. Más aún, las afirmaciones que el judaísmo hace sobre la paz no sólo “para los judíos”, sino que las entiendo como universales: valen también para mí, es decir, para los cristianos. Por eso, si pido a los judíos que renuncien a la guerra para ser fieles a su historia, tengo que pedir también a los cristianos que lo hagan: que renuncien a casi 1600 años de historia violenta (de persecuciones contra los judíos, de ejecución de “herejes”, de insumisiones y guerras religiosas), que aún no han sido superadas porque, en su nivel minúsculo, el Vaticano es también un Estado Militar (tiene su Guardia Armada) y sigue defendiendo la guerra.
Amigo Mario, cuando digo que el judaísmo ha de hacer pacifista, digo también que el Cristianismo (que en esto ha de ser judío, como tú bien dices que Jesús fue judío) ha de volverse pacifista, en sentido radical. No digo sin más que el Estado de Israel renuncie mañana a las armas y deje a sus millones de habitantes en manos de la “ira destructora” de algunos de sus vecinos, pues como Estado tiene su propia dinámica… Pero digo que el judaísmo, ya, desde hoy mismo, como experiencia y tradición religiosa haga una opción radical por la paz, repitiendo y actualizando así su historia, que entiendo como un camino que va de la Guerra Santa a la Paz mesiánica-
Lo mismo digo para el cristianismo (y en especial para el cristianismo católico): le pido que renuncie al Estado Vaticano y a todos los pactos militares, pidiendo a los estados de tradición cristiana (¿España e Inglaterra, USA y Rusia) que renuncien activamente a las armas y a la guerra. Para ti va la reflexión que sigue, querido Mario. Es un poco larga, pero prefiero dejarla así entera. La mantendré “colgada” en la portada del blog por dos largos días; feliz fin de semana a todos: ¡Shalom Shabbat, Santo día del Señor!
Domingo 33. Ciclo ordinario. Mc 13, 24-32. Este domingo anuncia ya el fin del tiempo litúrgico (que culminará el próximo domingo con la fiesta de Cristo Rey). Terminan también las lecturas del evangelio de Marcos, que hemos venido siguiendo a lo largo del año. Pues bien, Marcos nos despide con un texto enigmático y profundo que puede y debe leerse desde diversos planos. Yo quiero ofrecer aquí una visión introductoria, de tipo general (sin entrar en aplicaciones), para que cada uno pueda aplicar “a su anchura” el evangelio. Para esto tomo un texto un poco más amplio (toda la segunda mitad de Mc 13) y la divido en dos partes complementarias: Mc 13, 14-27 y MC 23, 28-36
El día ocho de este mes he presentado unas reflexiones tituladas “Diálogo entre judíos, cristianos y musulmanes. Unas pautas”. El trabajo ha tenido un gran eco y quiero matizar algunas cosas, partiendo sobre todo del diálogo entre judaísmo y cristianismo (teniendo de fondo el Islam). Desde esa perspectiva quiero presentar unas nuevas reflexiones que precisan algunas de las cuestiones que allí quedaban pendientes.
Con gran deseo de gozar con una nueva película de A. Amenábar y con un poco de prevención por el tema y por las críticas que había leído, acabo de ver Ágora, la historia del asesinato de la filósofa pagana Hypatia, por obra de unos cristianos fanáticos, en la Alejandría de finales del siglo IV. Pocas cosas sabemos de ella: que era hija de un filósofo pagano y filósofa ella misma y que fue asesinada por cristianas, en un momento de tensión entre los diversos grupos sociales y religiosos de una Alejandría ya decadente, donde Cirilo, obispo cristiano oficial, llegará a ser la figura decisiva.
Lo que sabemos es poco, pero las circunstancias en que vivió y murió eran y siguen siendo muy significativas, de manera que Amenábar ha podido tejer a partir de ellas una “parábola” socio-cultural fácilmente aplicable a nuestro tiempo. (a)Hypatia y los filósofos paganos de Alejandría serían el signo de la cultura democrática, la ciencia y la libertad moderna, representada por la Biblioteca. (b) Los cristianos, en cambio, habrían sido una masa de ignorantes fanáticos y violentos, dirigidos por Cirilo, un obispo ambicioso y sin cultura, que quiso tomar el control sobre la ciudad, quemando para ello la Biblioteca. (c) El imperio romano en decadencia habría sido incapaz de mantener el control de la ciudad, de manera que con el asesinato de Hypatia, mujer y representante suprema de la libertad y la cultura “democrática”, se habría iniciado el tiempo de barbarie cristiana en Alejandría.
Pues bien, esa parábola que Amenábar ha construido sobre unos poco datos resulta paarcial y y partidista, como saben todos los que llevan estudiando y pensando desde hace mucho tiempo sobre el destino social, cultural y religioso de la antigua ciudad de Alejandría. Yo no soy especialista sobre el tema pero he leído bastantes obras la cultura y religión de Alejandría en el siglo IV y me he preocupado desde hace muchos años por Hypatia. Desde ese fondo y por amor a la verdad me atrevo a criticar esa película (dejando ahora de lado sus aspectos positivos). Una advertencia: por error de ordenador, en la primera versión de este trabajo puse Aspasia en vez de Hypatia; he vuelto a releerlo y he procurado corregir las erratas; doy gracias a los lectores que han advertido los fallos.
El otro día ofrecí unas reflexiones sobre el diálogo entre las religiones monoteístas, partiendo de las reflexiones de A. P. Ahora quiero volver al tema de una forma más serena, aprovechando el tiempo de descanso del domingo. Buen día a todos…
Con eso de la convalecencia, casi no he tenido tiempo de evaluar los comentarios abundantes que habéis hecho al texto de Mario Bruzzone. Dejo mi respuesta para otro día. Pero quiero introducir un texto que me ha enviado Carmen, colaboradora habitual del blog, para seguir pensando sobre el tema. Gracias. Xabier (Todo lo que sigue es de Carmen)

Domingo 32, tiempo ordinario. Mc 12, 38-44. Éste es un evangelio enorme, que enfrenta a los escribas (profesionales de la religión) con una viuda, que no tiene nada, pero que sabe darse a sí misma, en un servicio religioso que quizá es equivocado (¿para que se utilizan las monedas del templo), pero que ella realiza con su mejor voluntad. Ha aprendido una cosa: creer en Dios es vivir al servicio de los demás y así vive, ella que no tiene nada. Los escribas se aprovechan de la religión para su propia gloria y riqueza, son la anti-religión. Ella es la religión.
En un largo libro titulado Monoteísmo y Globalización (Verbo Divino, Estella 2003), en cuya portada aparecen Jesús y Mahoma cabalgando juntos hacia la Jerusalén (el verdadero judaísmo), afirmaba que las tres religiones monoteístas deben dialogar y aprender unas de otras. La última parte de aquel libro podía resumirse como sigue:
1. Soy cristiano y pienso que en la vida, en el mensaje y en la muerte de Jesús se ha revelado Dios, pero no sólo para cristianos de Iglesia, sino para todos los hombres… Ese Jesús me ha dicho que ame a los distintos (“enemigos”), que me goce de que existan, que ruegue por ellos… Ese Jesús me ha dicho que al fin lo que cuenta es el amor activo, práctico (tuve hambre, estuve encarcelado…: Mt 35, 31-46). Ese Jesús me ha abierto los ojos para ver lo bueno que puede haber en todos.
2. Siendo cristiano soy judío, pues Jesús no ha anulado el Antiguo Testamento, sino que ha venido a cumplirlo… Por eso no tengo que hacer ningún esfuerzo para dialogar con los judíos, pues en una dimensión de mi vida soy judío (y creo que toda persecución de los cristianos contra los judíos es anti-cristianismo). En esa línea, quiero aprender de los judíos/judíos su fidelidad a Dios, su memoria creadora del pasado, su esperanza…, aunque me gustaría decirles que creo que mi Jesús no va en contra del judaísmo; por eso sigo dialogando como he querido hacer en el Diccionario de las tres Religiones, atreviéndome a hablar desde el judaísmo histórico.
3. Siendo cristiano me considero musulmán, “sometido a Dios”, en el sentido más hondo del término, siendo amigo de Mahoma, en la línea de Jesús. Así lo considero y así lo he dicho en la puerta de algunas de las mezquitas más importantes del mundo Islámico. Más aún, creo que el Islam ha sido (y sigue siendo) una bendición de Dios. Los musulmanes me ayudan insistir en la fidelidad radical a Dios… y en la exigencia de crear una comunidad de sometidos-libremente al Señor de la Vida. Conozco algunos problemas del Islam, tengo miedo de algunas de las formas que puede estar tomando… Pero, en principio, me considero dichoso de vivir en un mundo donde florece el Islam… y tengo el deseo de ofrecer a mis hermanos musulmanes el testimonio de mi/nuestra fidelidad a Jesús.
4. A pesar de todo, sigue habiendo problemas… Hay puntos de vista distintos, como han aparecido varias veces en este blog. Así quiero indicarlo con las palabras de un “amigo” al que algunos llaman “importuno” (H. A.). De él es todo lo que sigue.
Hace algo más de un mes, nuestro amigo y colaborador Mario Bruzzone me envió el trabajo que hoy publico: «Te envío un texto que se relaciona con el Evangelio de hoy (Mc 10, 2-6, del 4 de octubre) y en parte también con lo del divorcio. Si te parece bien te agradeceré lo coloques en tu blog. Desde ya, muchas gracias. Mario». El que lo agradezco soy yo, pues no ando con fuerzas para escribir grandes cosas, tras el “bache” pasado, a pesar de la ayuda que me estáis ofreciendo los amigos. Lo que sigue es tuyo, Marío. Quien quiera seguir relacionando las posturas de "Moisés" y de Jesús sobre el divorcio, lea que lo que sigue. Es posible que no todos estén de acuerdo, pero el texto de Mario es iluminador.
El día de los Fieles Difuntos abre un abanico de reflexiones sobre el sentido de la vida, sobre el misterio de la muerte. Es un día de meditación y de alabanza, por la “bendita muerte” que nos sitúa como humanos ante Dios y nos permite vivir de un modo intenso, en gratuidad y solidaridad. He querido poner de relieve el sentido de la muerte, desde la perspectiva de Israel (Antiguo Testamento) y desde el testimonio de Jesús, para ofrecer así una palabra de esperanza a mis lectores. Gracias a todos, que han orado por mí, en el tiempo de la enfermedad. A ellos confío mi reflexión sobre la muerte tomada del Diccionario de las Tres Religiones.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman