Domingo 28 06 09 Dos mujeres: Hemorroísa e Hija del Archisinagogo
25.06.09 @ 09:12:55. Archivado en Jesús, mujer, Nuevo Testamento, Domingo, dia de la Palabra
Tercer domingo Tiempo Ordinario. Ciclo B. Mc 5, 21-43. Jesús vuelve a la ribera galilea que había sido espacio de llamadas (Mc 1,16-20; 2, 13-14), curaciones (Mc 3, 7-12) y parábolas (Mc 4,1ss). Entre los paganos, la opresión tenía rostro de hombre y signos de violencia externa (cf. 5, 14: el geraseno). Aquí aparece vinculada a un hombre y a dos mujeres, con rasgos de violencia personal y familiar muy honda: una de ellas es joven, hija del Archisinagogo, y parece que no tiene más remedio que morir, habiendo cumplido doce años (al hacerse mayor); la otra es ya madura, lleva doce años de mal flujo de sangre. Ambas están vinculadas por una misma enfermedad: son signo de impotencia de un pueblo dominado por varones .
Jesús las cura, es decir, las reconoce como personas, pero no para que vuelvan al mundo antiguo de varones dominantes, sino para iniciar a su lado un camino de humanización evangélica (de iglesia) donde merece la pena crecer, ser mujer, realizarse en familia. Éste es uno de los textos más poderosos de la historia cristiana. Se puede comentar desde perspectivas distintas. Yo lo haré teniendo en cuenta el ritmo de la narración, tal como la he presentado en mi libro sobre Marcos (donde podrán verse las notas eruditas y las justificaciones de mi interpretación).
División. El relato es doble y unitario y se encuentra construido en forma concéntrica:
a: Jairo, Archisinagogo, (5, 22-24a) tiene una hija que muere al hacerse mayor de edad. Él no puede darle vida. Por eso acude a Jesús (condenado por ley: 3, 22-30) buscando vida por encima de su ley y sinagoga.
b:La hemorroísa (5, 24b-34) viene por sí misma y quiere tocar a Jesús para vivir como mujer, persona. Lo hace, se cura, Jesús la envía a casa El Archisinagogo aprende al verla y escucharla.
a': La hija de Jairo (5, 35-43). Jesús entra en casa del Archisinagogo con tres discípulos que son signo de iglesia, para ofrecer a la joven su mano y levantarla. De la sinagoga (que 1, 21-28 y 3, 1-6 presentaban como lugar de impureza e impotencia) pasamos a la casa de muerte del Sinagogo que puede convertirse por Jesús en casa de resurrección y vida (iglesia).
Leídos así, estos textos son la carta magna de la libertad de la mujer cristiana. Se trata, evidentemente, de una libertad que empieza por el cuerpo, libertad para la vida, para ser ellas mismas, dentro de la iglesia. En el lugar donde la Misná pone el código Nashim (De las Mujeres), centrado en rituales que consagran el sometimiento femenino, ha colocado Mc esta escena que avala para siempre la libertad de la mujer creyente60. La dividimos en sus dos subescenas:
1.- Mujer con hemorragia (5, 24b-34)
24b Mucha gente lo seguía y lo estrujaba, 25 y una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años, 26 y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, yendo más bien a peor, 27 oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28 Pues se decía: *Si logro tocar aunque sólo sea su manto, quedaré curada+. 29 Inmediatamente se secó la fuente de su sangre y sintió que estaba curada del mal. 30 Y Jesús, dándose cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se volvió en medio de la gente y preguntó:
¿quién ha tocado mi manto?
31 Sus discípulos le replicaron:
- Ves que la gente te está estrujando ¿y preguntas quién te ha tocado?
32 Pero él miraba alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho. 33 La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad34 .Él le dijo:
-Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal.
Es persona sin familia. Conforme a la ley sacral judía, su condición de hemorroísa (mujer con hemorragia menstrual permanente) le expulsa de la sociedad: no puede tener relaciones sexuales ni casarse; no puede convivir con sus parientes ni tocar a los amigos, pues todo lo que toca se vuelve impuro a su contacto: la silla en que se sienta, el plato del que come... Es mujer condenada a soledad, maldición social y religiosa. El milagro de Jesús consiste en dejarse tocar, ofreciéndole un contacto purificador. En el fondo del relato hay un recuerdo histórico (forma de actuar de Jesús) y una experiencia eclesial (la comunidad cristiana ha superado las normas de pureza humana y sexual del judaísmo .
Jesús no la ayuda para llevarla después a su grupo; no le dice que venga a sumarse la familia de sus seguidores, sino que hace algo previo: le valora como mujer, acepta el roce de su mano en el manto, ofreciéndole el más fuerte testimonio de su intimidad personal; le anima a vivir y le cura, para que sea sencillamente humana, persona con dignidad, construyendo el tipo de familia que ella misma decida. No la quiere convertir en nada (a nada) sino capacitarla para ser al fin y para siempre humana.
La hemorroísa, enferma de menstruación, sufría en la cárcel de su cuerpo, incapaz de crear comunicación en su entorno. La misma ley (Lev 15, 19-33) establecía las normas de su vida y sujeción femenina.
La mujer era un viviente cercano a la impureza, tanto por los ciclos de su menstruación como por el parto, sometida a leyes de carácter sacral hechas para mantenerla de algún modo atada a sus procesos naturales y a su condición de servidora de la vida (engendradora). Neuróticamente impura era esta hemorroísa: rescatarla para la humanidad, para las relaciones personales, para la familia, esta ha sido una conquista capital del evangelio:
- Era hemorroísa desde hace 12 años (5, 25). Nadie podía acercarse a su cuerpo, compartir su mesa, convir con ella. Como solitaria, aislada tras el cordón sanitario y sacral de su enfermedad, vivirá en la cárcel de su impureza femenina. No puede curarla la ley, pues la misma ley social y sacral la ratrifica como enferma, ha creado y ratificado su enfermedad. Por eso no puede acudir a los escribas ni a los sacerdotes para curarse.
- Es mujer sin curación humana, pues los muchos médicos (pollôn iatrôn) fueron incapaces de curarla (5, 26). Lo ha gastado todo en sanidad y no ha sanado, como dice con ironía el texto. Pero más que la ironía destaca aquí la impotencia. Puede afirmarse que los médicos resultan mejores que los sacerdotes y escribas, pues al menos han intentado ayudarla. Pero al fin se han mostrado incapaces, a pesar del dinero que la mujer les ha dado: no pueden llegar a la persona en cuanto tal, no pueden penetrar (en cuanto médicos) en la raíz de la sangre manchada, fuente de todos los trastornos de la vida63.
- Es mujer solitaria, pues su mismo tacto ensucia lo que toca, pero tiene un deseo de curarse que desborda el nivel de los escribas de Israel y de los médicos del mundo. Lógicamente, su misma enfermedad se vuelve deseo de contacto personal. Ha oído hablar de Jesús y quiere entrar en contacto con él: (Si al menos pudiera tocar su vestido! (cf. 5, 27-28). No puede venir cara a cara, no puede avanzar a rostro descubierto, con nombre y apellido, cuerpo a cuerpo, porque todos tenderían a expulsarla, sintiéndose impuros a su roce. Por eso llega por detrás (opisthen), en silencio (5, 27).
- Es mujer que conoce y sabe con su cuerpo (5, 29). Toca el manto de Jesús y siente que se seca la fuente "impura" de su sangre, se sabe curada. Alguien puede preguntar: )cómo lo sabe? )de qué forma lo siente, así de pronto? )No será ilusión, allí en medio del gentío? Evidentemente no. Lo que importa de verdad es que ella sepa, se sepa curada, que pueda elevarse y sentirse persona, rompiendo la cárcel de sangre que la tenía oprimida, expulsada de la sociedad por muchos años. Por eso es decisivo que ella sepa, se descubra limpia en contacto con Jesús64.
- Jesús irradia pureza y purifica a la mujer al ser tocado (5, 30-32). También él conoce y actúa por su cuerpo, vinculándose a ese plano con la hemorroísa. Sólo ellos dos, en medio del gentío de curiosos legalistas, se saben hermanados por el cuerpo. A ese nivel ha tocado la mujer, a ese nivel sabe Jesús que, más allá de los que aprietan y oprimen de manera puramente física, le ha tocado una persona pidiendo su ayuda; evidentemente, él se la ha dado. Los discípulos no saben entender, ni distinguir los roces de la gente: quedan en el plano físico del gentío que aprieta (5, 31). Jesús, en cambio, distingue y sabe que ha sido un roce de mujer, pues antes de mirarla y conocerla se vuelve para descubrir tên touto poiêsasan, es decir, a "la" que ha hecho esto (5, 32). Estamos en el lugar donde más allá de toda posible magia (algunos buscan poderes misteriosos por el tacto) viene a desvelarse el poder sanador del encuentro de los cuerpos65.
-La mujer debe confesar abiertamente lo que ha sido, lo que ha hecho, lo que en ella ha sucedido (5,33). Estaba invisible, encerrada en la cárcel de su impureza. Ha venido a escondidas, con miedo, pues quien viera lo que hace podría castigarla (5, 27). Pues bien, Jesús reacciona obligándole a romper ese ocultamiento vergonzoso, hecho de represiones exteriores y miedos interiores. En otras ocasiones, ha pedido a los curados que no digan lo que ha hecho, para que el milagro no rompa el secreto mesiánico o se vuelva propaganda mentirosa sobre su persona (cf. 1, 34. 44; 3, 12). Pero en esta pide a la mujer que salga al centro y cuente a todos lo que ha sido su vida en cautiverio y cómo ha conseguido la pureza de su cuerpo. Ella debe contar lo que ha pasado y sufrido, mostrando así en la plaza pública, ante todos los hombres legalistas y de un modo especial ante el Archisinagogo, lo que fue el tormento de su vida clausurada en la impureza de su enfermedad. No basta lo que diga Jesús, tiene que decirse ella misma: tomar su palabra de mujer y persona, proclamando ante todos su experiencia. Una mujer que dice toda su verdad (pasan tên alêtheian) ante los varones de la plaza: esta es la meta de la curación, este es el principio de la iglesia mesiánica, donde la mujeres pueden y deben decir lo que sienten y saben, lo que sufren y esperan, en historia que comparten con los varones.
-Jesús ratifica en forma sanadora el gesto de confianza y el contacto humano de la mujer que le ha tocado. No se atribuye la curación, no quiere ponerse en primer plano. Cariñosamente le habla: (Hija! Tú fe te ha salvado. Vete en paz (5, 34). Todo nos permite suponer que esta palabra (hija! resulta en este caso la apropiada, la voz verdadera. Quizá nadie le ha llamado así, nadie le ha querido. Jesús lo hace, dejándose tocar por ella, reconociéndole persona (hija) y destacando el valor de su fe. Ella le ha curado66.
Puede seguir existiendo el problema de la sangre menstrual (trastorno físico) en plano médico y psicológico, pero aquí ha perdido su carácter de maldición y su poder de exclusión religiosa, de rechazo humano. Esta mujer no aparece ya como impura sino como persona enferma a la que ha sanado su fe y su palabra (su forma de decirse en público). Así la ha valorado Jesús, superando una tendencia corporalizante (biologista) del judaísmo, codificada en Levítico y Misná. Frente a la mujer naturaleza, determinada por el ritmo normal o anormal de las menstruaciones, encerrada en la violencia que su sangre y proceso genético simboliza (para los varones), Jesús ha destacado su valor como creyente que vive y de despliega su humanidad a nivel de fe.
Jesús no se limita a definirla desde fuera, como cuerpo peligroso que se debe controlar sino que la recibe en su valor total, como persona: mano que puede tocar, mente capaz de expresarse y decir lo que siente, corazón que sufre y cree. Sólo una mujer a quien se deja que actúe y se exprese, diciendo lo que ha sido su dolor, puede madurar como persona.
Jesús no la retiene para su posible iglesia, ni le manda al sacerdote (para ratificar su curación sacral). Simplemente le dice que vaya sin miedo y asuma ante todos su camino de mujer en dignidad. De ahora en adelante no la definirá su menstruación sino su valor como persona. Sólo así podrá crear familia, hacerse humana (hermana, madre) dentro del corro de Jesús o de la iglesia (cf. 3, 31-35), abriendo hacia los otros la fe que ella ha mostrado "tocando" a Jesús67.
Un espacio de intimidad donde los humanos pueden tocarse en fe, es decir, relacionarse en clave de confianza: eso es la iglesia conforme a este pasaje. Los tabúes de sangre y menstruación pasan a segundo plano, pierden importancia las reglas que han tenido sometidas desde antiguo a las mujeres por la propia "diferencia" de su cuerpo. Ellas son capaces de creer y realizar la vida en gesto de confianza, igual que los varones. Por eso, Jesús no les ofrece leyes especiales de sacralidad o pureza, como han hecho por siglos muchos sacerdotes (incluso cristianos). Que sea mujer, que viva en libertad como persona, eso es lo que Jesús le ha deseado (le ha ofrecido), dentro de una sociedad donde la ley de enfermedades corporales y purificaciones de mujeres ha sido construida casi siempre por varones para proteger sus privilegios68.
2.- La hija del Archisinagogo: impureza y muerte (5, 21-24a.35-43).
21 Y cruzando al otro lado, mucha gente se aglomeró junto a él a la orilla del mar.22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies 23 y le suplicaba con insistencia, diciendo:
-Mi hijita está agonizando; ven a imponer las manos sobre ella para que se cure y viva.
24 Y fue con él.... 35 Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del Archisinagogo diciendo:
-Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro.
36 Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al Archisinagogo:
-No temas; basta con que tengas fe.
37 Y sólo permitió que lo acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Llegaron a casa del Archisinagogo y, al ver el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos, 39 entró y les dijo:
¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.
40 Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que lo acompañaban, y entró adonde estaba la niña. 41 La tomó de la mano y le dijo:
-Talitha koum (que significa: Niña, a ti te hablo, levántate).
42 La jovencita se levantó al instante y echó a andar, pues tenía doce años. Ellos se quedaron atónitos. 43 Y él les insistió mucho en que nadie supiera esto y les dijo que le dieran de comer69.
La escena (iniciada en 5, 21-24a) quedaba retrasada (cf. 5, 24b-34) y pudiera parecer que ese retraso ha matado a la niña (5, 35). Pero es lo contrario: el testimonio de la hemorroísa permite situar el nuevo gesto de Jesús con la hija del Archisinagogo. La hemorroísa vivía encerrada en su flujo constante e "impuro" de sangre menstrual, que duraba doce años (5, 25).
Doce años de vida infantil ha recorrido la hija del Archisinagogo (5, 42): había estado segura, se hallaba resguardada en el espacio de máxima pureza de Israel (casa de un jefe de sinagoga) y sin embargo, al descubrirse mujer, con el primer flujo de sangre que enciende su cuerpo, ella decide por dentro apagarse; no tiene sentido madurar en estas circunstancias.
Son muchas las mujeres que han sufrido y sufren al llegar a esa edad: pueden sentir el temor de su propia condición, su cuerpo deseoso de amor y maternidad, amenazado por la ley de unos varones (padres, hermanos, posibles esposos) que especulan sobre ellas, convirtiéndolas en rica y frágil mercancía; se saben objeto del deseo de unos hombres que no las respetan, ni escuchan, ni hablan.
Parece que esta niña no se atreve a recorrer la travesía de su feminidad amenazada: es víctima de su propia condición de mujer en un mundo de varones y se siente condenada a muerte por las leyes sacrales de su sociedad. Hasta ahora había sido feliz, niña en la casa, hija de padres piadosos (sinagogos), resguardada en el mejor ambiente. De pronto, al hacerse mujer, se descubre moneda de cambio, objeto de deseos, miedos, amenazas, represiones. Le bastan doce años de vida para sufrir en su cuerpo adolescente, que debía hallarse resguardado de todos los terrores, un terror que sienten de forma especial cierta mujeres marginadas: hemorroísas, leprosas... Por su misma condición de niña hecha mujer empieza a vivir en condición de muerte.
Sabemos que la sinagoga era lugar donde se escondía el poseso (1, 21-28), espacio donde el sábado valía más que la salud del hombre de la mano seca (3, 1-6). Para la sinagoga vive el Archisinagogo, símbolo de la institución sacral judía. Parece tenerlo todo y, sin embargo, no puede educar a su hija, acompañándola en la travesía de su maduración como mujer: mantiene con vida a su comunidad, pero tiene que matar (como nuevo Jefté) a su misma hija para conseguirlo.
- La niña debería ser feliz, deseando madurar para casarse con otro Archisinagogo como su padre, repitiendo así la historia de su madre y las mujeres "limpias", envidiadas, de la buena comunión judía. Pero a los doce años, edad de sus sueños, renuncia. No acepta este tipo de vida: carece de medios para iniciar un camino diferente; no le queda más salida que la muerte, en gesto callado de autodestrucción que, por la palabra final de Jesús ((dadle de comer!: 5, 43), parece tener rasgos anoréxicos.
Entramos en el centro de una crisis familiar. No sabemos nada de la madre (que aparece al final, en 5,40), aunque podemos imaginar que sufre con la hija, identificándose con ella. El drama se expresa y culmina desde el padre, capaz de dirigir una sinagoga (ser jefe de una comunidad) pero incapaz de ofrecer compañía, palabra y ayuda, a su hija. Por eso, el verdadero milagro de Jesús es la conversión del padre, que debe transformarse, a través del testimonio de la hemorroísa, a fin de acoger y educar a la hija para la vida y no para la muerta. Que la hija del judaísmo viva, (que el jefe de la sinagoga se abra a la fe, creadora de familia), eso lo que quiere el Jesús de Mc 70:
- Un Archisinagogo busca a Jesús para pedirle que cure a su hija, thygatrion (5, 22-24b)). Sólo al final (5, 42) se dirá que tiene doce años, edad de maduración como mujer casadera, años de enfermedad (menstruación irregular de la hemorroísa: 5, 25). Las dos están unidas por un mismo dolor, vinculado a su condición femenina, en el contexto social israelita. Esta debía ser (hacerse ya) mayor y sin embargo el texto la presenta por dos veces como niña, en palabra significativa (paidion, korasion: 5, 40-41) que acentúa eso que pudiéramos llamar su rasgo infantil, presexuado. Es como si negara su maduración de mujer, intentando quedarse en la infancia. Precisamente porque eso es imposible ella se muere. Como testigo de una estructura social y religiosa que no puede ofrecer vida a su hija, el Archisinagoga busca a Jesús pidiendo que le imponga las manos, ofreciéndole algo que él, jefe judío oficial, no puede darle (5, 23).
- Jesús hace que el padre sinagogo, representante de un culto que parece endemoniado (poseído por un espíritu impuro: cf. 1, 21-28; 3, 1-6), recorra un largo camino de fe (5, 35-36). Está la niña muriendo (eskhatôs ekhei) y sin embargo él se detiene con la hemorroísa (5, 24b-34). Es un retraso mortal, la niña muere. Dicen que no merece la pena que venga, no hay remedio (5, 35). Pero Jesús responde ofreciendo salud allí donde humanamente era imposible y diciéndole al padre: ¡No temas, sólo cree! (5, 36). En el caso anterior era la misma mujer quien creía (así le dice Jesús: (Tu fe te ha salvado!: 5, 34). Ahora es el padre quien tiene que creer, realizando el milagro. Jesús tiende de esa forma un nexo muy profundo entre dos personas que parecen hallarse en los extremos del tejido social israelita: la hemorroísa impura y el puro Archisinagogo. A los dos se pide lo mismo: ¡que tengan fe!71.
-Jesús entra en la habitación de la niña con su padre y su madre (5, 37-40). Llegan a casa. Ambos, padre y madre, unidos e iguales, pueden dar a la niña testimonio y garantía de futuro. Se ha convertido el padre, ha aceptado el gesto de la hemorroísa, está dispuesto a creer. Este es el milagro: que su niña se vuelva mujer, en estas circunstancias, que asuma con gozo la vida. En busca de Jesús había salido un padre antiguo e impotente, vinculado a la vieja estructura sacral israelita. Ahora viene con Jesús como hombre nuevo, pues ha aceptado el gesto y curación (limpieza) de la hemorroísa.
- Jesús toma consigo a tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan: 5, 37). No van como curiosos, ni están allí de adorno. Son miembros de la comunidad o familia cristiana que ofrece espacio de esperanza y garantía de solidaridad a la niña hecha mujer. Significativamente son varones, pero ahora penetran como humanos (respetuosos, deseosos de vida, no dominadores) en el cuarto de una enferma que probablemente ha muerto, está muriéndose, por miedo a los hombres. Su presencia convierte este pasaje en sacramento eclesial: superando la sinagoga judía (donde la niña parece condenada a morir) emerge aquí, con el Archisinagogo y su esposa, una verdadera iglesia humana donde la niña puede hacerse mujer en gozo y compañía. Esta iglesia se distingue de todas las sinagogas antiguas y modernas que ponen sus estructuras y dogmas por encima de la libertad de la mujer. Estamos ante un sacramento de la maduración personal de la mujer. Antes de pedir que sea judía o cristiana, en clave confesional, la iglesia ha de ofrecerla gozo de vivir en una comunidad donde nadie imponga su forma de ser sobre los otros. Este es un texto de iglesia, texto de familia: padres y discípulos penetran juntos en el cuarto de la enferma, ofreciéndole confianza de futuro.
- Sólo entonces (con el padre convertido, la madre presente y los discípulos formando comunión) puede realizar Jesús su gesto: agarra con fuerza a la enferma (kratêsas) y dice (talitha koum!, niña levántate (5,41). No basta un toque suave que limpia (como al leproso: 1, 41); hace falta una mano que agarre con fuerza y eleve (como a la suegra de Simón: 1, 31), rescatando a la niña del lecho en que había querido quedarse por siempre y diciendo: (Egeire! (levántate! Frente al llanto funerario que celebra la muerte (5, 38-40) se eleva aquí Jesús como dador de vida y promesa de pascua: al misterio de la resurrección de Jesús, proclamada en Galilea, pertenece esta niña devuelta al camino de la vida.
- Jesús pide que den alimento a la niña (5, 43), como insinuando que sufría de anorexia. Están en el cuarto los siete (los padres, tres discípulos, Jesús y la niña). Ella empieza a caminar. Jesús no tiene que decirla nada: no le da consejos, no le acusa o recrimina. Es claro que las cosas (las personas) tienen que cambiar a fin de que ella viva, animada a recorrer un camino de feminidad fecunda, volviéndose cuerpo que confía en los demás y ama la vida. Tienen que cambiar los otros; por eso dice a todos (autois que incluye a padre y discípulos) que alimenten a la niña, que le inicien de forma diferente en la experiencia de la vida.
Este es un milagro de iglesia y familia. Jesús acepta a los padres judíos, pero sabe que en ellos hay algo insuficiente: no pueden ofrecer vida a su hija. Por eso introduce a los representantes de la comunidad mesiánica en la casa de la niña muerta, para ofrecer el testimonio supremo de la vida. Evidentemente, él sólo la podrá curar si el padre cambia, si viene a su lado la madre, para ofrecerle nuevo nacimiento (5, 40), si se comprometen otros miembros de la comunidad eclesial, ofreciendo a la niña espacio de libertad y amor humano72.
- La hemorroísa estaba enferma según códigos sociales y sacrales del entorno judío. Jesús le cure y dice que vaya en paz y quede libre de su dolencia (5, 34), pero a fin de que ella sane y pueda vivir han de sanar (cambiar de mente y vida) todos los Archisinagogos de la tierra.
- La niña de doce años sufre también la enfermedad de falsa pureza del ambiente social), pero la hemorroísa era mayor, esta niña, en cambio, depende de su padre; para que ella viva tiene que cambiar el sinagogo, ofreciendo dignidad (espacio de vida y futuro) a las hemorroísas.
El Archisinagogo es con Jesús el personaje central de la escena. Sólo admitiendo a la hemorroísa puede dar vida a su hija. Para eso tiene que entrar en el cuarto interior de su casa con los tres discípulos de Jesús. Sólo allí donde el buen judío acepta la pureza de la impura (hemorroísa) y la comunidad de los discípulos del Cristo puede hacerse padre73.
De esta forma se cumple el arco de las curaciones eclesiales. Jesús había salido a sembrar el sembrador (cf. 4, 1-34). Había cruzado al otro lado del mar, llevando a los discípulos, en medio del gran miedo (4, 35-41) para convertir al poseso geraseno (5, 1-20), signo de los paganos envueltos en violencia militar. Luego ha vuelto a su tierra para cambiar al Archisinagogo judío con su hija. Así aparece en ambos casos como creador de comunión mesiánica.
Comentarios:
No obstante, animo a los matrimonios a no dilatar demasiado tener hijos si es que los desean, hay edades que ya no son convenientes. Mi hermano casi parece el abuelo de mi sobrina… (Mi mamá sólo nos tuvo a los dos, y con toda seguridad tenía más edad que usted).
Pero no suelo inmiscuirme en esos asuntos, que son sólo de ellos. Si me preguntan, respondo; pero nada más.
En cualquier caso, la rosa mañanera, poema incluido, estaba dedicada, aunque si expresarlo, a una abuela muy fecunda y reflexiva.
http://miguelangelvelascoserrano.googlepages.com/mavs
No me fui al seminario para ser de una casta, aunque bien se encargaron de hacernos ver que éramos segregados de entre los nuestros para ser “los elegidos”.
Duro trabajo de toda una vida para romper ese sambenito, que aún está por conseguir…
Roser he encontrado esto...
Creo que por lo que he visto Bostón es la ciudad que más están dando que hablar, auque hay paises com Suiza entre otros que tienen a mujeres en pie de desobediencia hacia el patriarcalismo machista.
¡Vamos toda vía! como dice un buen amigo
Aunque pueda ser criticable y poco valorado, creo más en la evolución que en otros métodos.
Incluso creo que en la primera iglesia, si hubo rupturas, tuvo que haber avenencias razonadas y razonables. El diálogo no debería romperse nunca.
Para nada el feminismo está en contra del hombre, sino en conseguir aquello que el hombre le ha negado por ser mujer, y sobre todo conseguirlo y compartirlo no como ellos, ustedes han hecho.
Jesús, tiró las monedas del templos, a los cambistas les fustigó y las ofredas quedarón esparcidas por el suelo ¿Quieren más?¡Que hipócritas!Y miedicas solo porque van a perder lo que no es es de recibo ni de derecho
Jesús, delante de la Magdalena a punto de ser apedreada, mira a los ojos a los “hombres” y “mujeres” que la iba a lapidar, y les dice: “quien esté libre de pecado…”. Mirémonos a los ojos, y despojemos de nuestro interior, a modo de Jesús, los odios, rencores, roles machistas que nos invaden. Construyamos entre todos un mundo mejor, en fraternidad, donde hombres y mujeres (sexo) seamos personas libres y capaces de amar hasta el extremo (hijos de Dios).
Ondo izan. Agur.
Debiéramos de trabajar juntos, féminas y varones, para desmontar de raíz la cultura patriarcal. Desmontando los arquetipos dominantes, desvirtuando los roles machistas, impidiendo que se extienda la cultura machista.
Gracias Xabier por el regalo de tus artículos. La verdad es que son un aire de novedad y esperanza.
Bravo por las mujeres que se liberan. Jesús nos quiere libres de ataduras. Sin embargo la libertad extenuada lleva al libertinaje, y este destruye a la persona, porque le hace perder el rumbo.
Ninguno de los valores se deben dar ellos solos en la vivencia de las personas, porque se radicalizan y pierden su norte. Por su propia naturaleza saludable, los valores deben darse en conjunto, en racimo... son gregarios. Libertad-igualdad, tolerancia-solidaridad, justicia-paz-reconciliación-perdón... No deben separarse y vivirse unitariamente, ya que si no, como decía Chesterton de las herejías, son verdades que se vuelven locas.
Cuanto menos se jaleen este tipo de cosas menos se ensoberbecerán quienes ya sabemos.
El Soplo de Jesús no va rompiendo puertas ni ventanas, aunque fueran deseables esos métodos por quienes están un poco hartos de tirar de este carro con ruedas cuadradas.
Y tampoco nos vayamos ahora al otro extremo. ¿Nos ponemos a hablar de superioras, maestras de novicias, vicarias, etc. de algunos conventos?
y seguro que siglo, haber cuando empieza el baile...jejeje
¡Eso es lo que hay que hacer, y sobre todo n o depender de nadie, nosotras por sí mismas nos podemos mostrar como lo que somos mensajeras y discípulas de Jesús, no hace falta ni siquiera el sancramentalismo que ha hecho galas los varones para sacralizarse ellos y dejr fuera de honda al pueblo llano
Gracias Roser
Bueno, pues a partir de ahora tenemos que cambiar eso y dictar que TODAS las mujeres -por serlo- ya están en los altares, son de Dios, y llevan el Espìritu Santo mucho màs que Jesús, porque èste es un simple 'hombre' y además no tiene el perìodo menstrual, lo que pone de manifiesto que su Sangre no está a la altura de aquella. Joder con las mujeres que se creen lo del rodillo Igualitario: son talibanes.
¡María! Encontramos al Maestro dentro de nuestra propia tumba y Resucitamos, junto a la persona que nos liberó del asedio a nuestro cuerpo y género.
Así que maestro de todo, y aprendiz y de nada, cerrad vuestros picos y dejarnos tranquilas en nuestro camino, que el vuestro está ya muy manido y frío
Se puede estar muerta, nos pueden ocultar, y nos pueden maldecir, silenciar ¡ya no! La frase del “Nunca Mais” no solo es para el Prestige, porque es válido para estos santurrones, ¡Nadie nos va a callar, y menos vender su moto ¡Somos libres! Para decidir como y a quién y donde hablar y sobre todo, que D*s, habla sin voz de macho cabrio…
¡No! Jesús habló a la niña, no al padre, no al fjefe de la sinagoga no al sacerdote no a los fariseos, ni a los levitas, él dice Talitha koum ¡Niña, a ti te hablo, levántate!
Ahora todos-hombre de mala fe, callaos, porque en esta nos hemos levantado todas las que hemos sido infantiles por vuestra causa… Desde el sepulcro La Resurrección ha sido encontrada desde una visión de mujer, Jesús Resucitó y se encontró con ella, y para asegurar su indiscutible valía, nos nombró y hablo personalmente llamándonos por nuestro nombre ¡María! Encontramos al Maestro dentro de nuestra propia tumba y Resucitamos, junto a la persona qu...
Pues bien este hombre busca a Jesús, para curar lo que estos hombres pegados a las normas del templo, a la Ley no pueden hacer por una chica que está siendo presa de un mal ¡La impureza! Y sobre todo la falta de alimento que la impide crecer y despegarse de ese camastro que la imposibilita tanto que la está llevando a la muerte física, la psíquica ya está desde el vientre materno asesinada por la raza y las castas “Santas”
Se puede estar muerta, nos pueden ocultar, y nos pueden malde...
Y es que Dios da cosas tan inmensas que, quien lo conoce, sabe que Èl harà crecer mucho a quien las recibe y que importa bien poco quien las anuncia.
Es de tanta ternura el Dios grande que a Jesús le robò el alma sin doctrina alguna, y ahora quiere que lo entremos a Él en el alma nuestra. Sin palabras.
Soltar estos yugos, estas amarras del patriarcalismo de toda índole nuestra, está posibilitando, que descifremos nuestros códigos, y nuestros mensajes que han estado oculto y sin descifrar por miles de años, de los escritos y de los sentimientos que para nada tienen y tuvieron que ver con los que nos han contado en centenas de años…
Y es curioso que un hombre, varón y jefe de una sinagoga, (hoy sería adjudicado a una iglesia si se hubiese dado el caso, para que vean estos) salga de esta y vaya en busca del hombre, casi hereje, aquel que estaba casi endemoniado y que hablaba por boca de Satanás, al q...
Carmen H
Eso de ¡Amarás¡ es un contradios y está totalmente en contra de la salud mental del humano, según los antiguos cronicones de la Psicología.
Y para mayor inri además se levanta Libertadora de la mujer... sin tan siquiera querer entrar a hacerse usted Ciudadano, estrictamente hombre de la 'polis', politès, cuya definiciòn y significado es 'quien elabora las LEYES'.
Quizá es que no se considera usted capacitada para incorporarse al mundo de los hombres en la acciòn que es propia del hombre erguido -ser LEGISLADOR-, un Julio Cèsar.
Ah, es que se me olvidaba, el socialista igualitario es resentido.
Ahora, nos hace una lectura de la Escritura sòlo para tratar de 'probar' que el comentario de un interviniente 'no tiene razòn' en un punto intrascendente, que 'la hemorroísa no aceptò a Cristo como Redentor': ni usted lo acepta, ni aquella tampoco, pues ni Cristo habia derramado su Sangre, ni ella buscaba de Él sino 'curarse' ... y esto consiguió.
Picaza dice en el articulo; 'buscaba de Jesus una AYUDA' (no a Èl como 'salvador' para nacer al Espìritu). Jesus -sigue Picaza- "No la quiere convertir en nada (a nada) sino capacitarla para ser al fin y para siempre humana" (sic).
Ve, Roser, usted todavia no está capacitada para hablar de asuntos espirituales. No acepto que la mujer hable en público, eso decìa su gran amigo y a veces muy espiritual san Pablo; yo cre...
Me entran aún más dudas cuando leo a Pikaza u otros "dando por seguro o haciendo una interpretación de "LO QUE QUIERE HACER JESÚS ....¿no és esto nuestra interpretación ACTUAL ...DE LO QUE "NOSOTROS PENSAMOS ,AHORA ..CON NUESTRA CULTURA ACTUAL ??
lA iGLESIA EXISTIÓ CUANDO jESÚS O FUÉ UN INVENTO POSTERIOR ?
Lo siento pero no os entiendo ,no entiendo nada .
Un abrazo
Hoy los chamanes palaciegos, están muy desenmascarados, “ahí les duele” y quienes quieran vivir bajo los palios de los templos y consentir adorar a los becerros de oros de las gentes beatificadas a golpe de talón de las congregaciones me parecen muy bien… los burros-as y también vuelan y aquí estamos, sin mirar las rancias teas de los viejo y vetustos templos
La mujer es el nuevo Paradigma, y el arca nueva, el alimento que nos indica que la tumba está vacía. Es la ungidora de de los aromas del Pueblo de D*s, la que supo quebrar el frasco par ano adorar a ídolos, no necesitamos idus para que nuestra voz sea libre y escuchada, porque nuestro nombre resonó desde los adentro del sepulcro indicándonos que volviesemos nuestra mirada, el pulso y el latido, todo nuestro amor hacia el jardín ¡El paraíso!
Hoy los chamanes palaciegos, están muy desenmascarados, “ahí les duele” y quienes quieran vivir bajo los palios de los templos y consentir adorar a los becer...
Las mujeres no tenemos más espacio que buscan de espalda a la Ley, la religión, el profetismo y hasta como lo hiciera la propia hemorroisa buscando el filo del manto santo, a espalda y con miedo a ser descubierta. Pero aún así, ella era consciente que no estaba en manos de ningún profetismo de ochos cuartos, ni de nadie más que en sus manos el cortar aquel flujo de desventuras, de no haber creído hoy esta parábola no existiría y nuestra libertad estaría aún más vulnerada, por lo menos tenemos el derecho que nadie nos puede arrebatar ¡El pataleo! Y decir lo que nos viene en ganas en las caras de quien se tercie.
Hoy nadie es más versado-a en temas de relación personal con D*s, ningún texto por muy antiguo que sea...
de la chica mujer, ellas eran las que alimentaban y ella fue quien realmente salvó a la chica d morir de algunas de los ritos de pureza que el santo padre varón sometió a la hija…
Esto es lo grande de la vida, la historia humana de Jesús que nos divinizó a tod*s por igual más allá de la genitalidad, las casta, pelas o las razas.
Lo demás cuentos chinos del chino mandarín, que son más viejo que el propio cristianismo.
Lo que las mujeres hemos conseguido, hasta el día de hoy, es propio y con el esfuerzo de las mujeres y de nadie más… y lo más duro es que en contra estaba y está todo los sistemas patriarcales, tantos políticos, financiero que no sigue subyugando con la miseria y los sueldos inferiores al varón.
El religioso con su doble moral para el varón y ser ellos los elegido como hombres de dios, por la gracia de que Jesús solo eligió ¡Mentira cochina y partidista salida de la entrepierna!
Es curioso que la niña, la curase un laico y una laica, Jesús hombre, la madre de la chica mujer, ...
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Xabier Pikaza Ibarrondo
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