Concluyo esta pequeña serie sobre la vida religiosa, desarrollando sus notas principales y diciendo que ella es comunión y liberación, itinerancia y familia,
un espacio donde la iglesia puede expresar el misterio del ciento por uno que Jesús ofreció y propuso a todos los cristianos. Buen día a mis lectores, y muchas gracias a tantos religiosos y religiosas que he venido encontrando en el camino de mi vida itinerante. Me siendo de aquellos que han recibido el ciento por uno, en la vida religiosa, en la familia y en la Iglesia.
6. La Biblia de la Vida religiosa. Comunión y libertad
A partir de lo anterior se pueden trazar algunos textos donde la Palabra (entendida como hasta ahora, de un modo originario) se traduce o expresa en las palabras concreta de la Biblia que han inspirado el surgimiento de la Vida Religiosa. Por eso recogemos y comentamos aquellos pasajes que el Magisterio de la Iglesia y las reglas y constituciones de las órdenes y congregaciones de vida consagrada han destacado. Ésta es una labor que cada orden/congregación/instituto deber hacer, desde la inspiración de sus fundadores y desde lo textos básicos de sus reglas. En este contexto, a modo de ejemplo, para citar los dos casos que mejor conozco, he querido citar la Regla de San Agustín y las Constituciones de la Merced.
a. Principio. La Biblia de la Regla de San Agustín. Ella es (con la de San Benito) el texto más significativo de la Vida Religiosa de Occidente. Es un texto básico para eso que pudiéramos llamar la “Biblia básica” de la vida religiosa.
«Ante todas las cosas, queridísimos hermanos, amemos a Dios y después al próji¬mo, porque estos son los mandamientos prin¬cipales que nos han sido dados. He aquí lo que mandamos que obser¬véis quienes vivís en comunidad. En primer término ya que con este fin os habéis congregado en comunidad vivid en la casa unánimes y tened una sola al¬ma y un solo corazón orientados hacia Dios. Y no poseáis nada propio, sino que todo lo tengáis en común, y que el superior distribuya a cada uno de vosotros el alimento y vestido, no igualmente a todos, porque no todos sois de la misma complexión, sino a cada uno según lo necesitare; conforme a lo que leéis en los Hechos de los Apóstoles: "Tenían todas las cosas en común y se repartía a cada uno según lo que necesitaba" (Hch 4, 32 y 35)». (Regla de San Agustín, 1-4)
Las palabras fundantes de esta “Biblia de la vida religiosa según San Agustín” son dos. (a) La primera es la palabra del doble y único mandamiento de amar a Dios y al prójimo (cf. Mc 12, 31-32) que, en sentido estricto, no es mandamiento (algo que debe cumplirse por deber), sino una confesión de fe y de vida. Volver al amor primero, ese es el fundamento de toda vida religiosa. (b) La segunda es la palabra de Hechos sobre la comunidad de amor real y concreto, en el nivel del alma (fe, pensamiento profundo), de los bienes (comunicación económica) y del corazón (comunicación afectiva). Todo lo demás, incluso los votos (que en principio no se formulan) vendrá después. La clave de la vida religiosa es la misma vida cristiana, vivida con radicalidad. Según eso, la referencia a la misión deberá introducirse en las constituciones más concretas de las órdenes y congregaciones de espíritu agustiniano. La Fuente de la Palabra de la Vida Religiosa viene dada por esos dos pasajes (Mc 12 y Hech 4).
b. Ampliación. Una Biblia de libertad. Muchas órdenes y congregaciones, tomando como base la Regla de San Agustín, han añadido una misión específica, fundada también en una palabra de la Biblia. Eso sucede, por ejemplo, en la Orden de la Merced, con unas Constituciones especiales donde se evoca, como Palabra específica la de Mt 25, 31-46, con la que concluyen su Proemio. Así, después de haber precisado lo que han de hacer los mercedarios (redimir cautivos…), se añade:
A fin de que el día del juicio, sentados por su misericordia a la derecha, sean dignos de escuchar aquella dulce palabra que Jesucristo dirá con su boca: «Venid benditos de mi Padre a recibir el reino que os está preparado desde el comienzo del mundo: porque estaba en la cárcel y vinisteis a mi, estaba enfermo y me visitasteis, tenía hambre y me disteis de comer, tenía sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, no tenía hogar y me recibisteis.Todas estas cosas ha ordenado Jesucristo que se cumplan en esta Orden, a fin de mantener y hacer prosperar obra de tan gran misericordia como es visitar y redimir cautivos cristianos… para lo cual propiamente ha establecido Dios esta Orden» (Constituciones de la Merced, 1272. Proemio).
Mt 25, 31-46 es por tanto el “horizonte hermenéutico” de la Biblia Mercedaria. El texto recoge las seis obras del evangelio, interpretándolas como expresión de la misericordia suprema: manifestación y signo de Dios sobre la tierra. Ellas no dejan lugar para una escapatoria de tipo espiritualista, sino que sitúan a los mercedarios (que asumen la Regla de San Agustín, en comunidad de amor) en el lugar de mas conflicto de ese mundo, que es la cárcel (entendida como cautiverio). La obra que Mt 25, 31-46 había puesto al final (visitar al encarcelado) aparece aquí al principio de todas. De esa forma, empezando por el final, estas Constituciones reinterpretan todo el sentido de la Biblia, entendida así como palabra de liberación para encarcelados y cautivos. Según eso, la Biblia no es un texto para entender y teorizar, sino una Palabra para liberar.
7. Dos textos de la Biblia de la vida religiosa. Itinerancia y familia.
Partiendo de los ejemplos anteriores, podemos citar otros textos que se han tomado como centro de la vida religiosa. No son todos, pero son muy importantes. Aquí los entendemos “fuentes de la Palabra” para la vida religiosa.
1. Itinerancia. El primer texto nos sitúa ante la “itinerancia” de la vida religiosa, mirada como experiencia de marginalidad creadora o, quizá mejor, de liminaridad. No es una palabra dirigida expresamente a los religiosos, sino a los Doce (compañeros de Jesús) y a los itinerantes evangélicos:
(Jesús) les llamó y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándole poder sobre los espíritus impuros. Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja. Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas. Y les dijo: Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar...Cuando entréis en una casa, permaneced en ella, comiendo y bebiendo lo que os pongan (Mc 6, 7-10 y Lc 10, 7; cf. Mt 10, 5-15; Lc 9, 1-6).
Esta palabra ha marcado con fuerza la vida religiosa. Contra el riesgo de una itinerancia entendida como falta de estabilidad elevó su voz San Benito, exigiendo a sus religiosos un lugar estable de vida, una comunidad duradera, poniendo de relieve el valor la “casa” religiosa, con un Abad o maestro espiritual (cf. Regla I, 1-12). En ese sentido, los monjes no van y vienen, sino que moran de un modo estable en un monasterio, al servicio de la Palabra de Dios y de la acogida (hospitalidad), ofreciendo un testimonio de vida, que puede inspirarse en Mt 5, 14: «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad asentada sobre un monte, ni una lámpara encendida sobre el candelero».
Pues bien, junto a esa experiencia de estabilidad monástica, destaca la “itinerancia” evangélica, propia de toda la Iglesia, pero que se expresa, de un modo especial, en algunos movimientos del siglo XIII, donde la vida religiosa se entiende como experiencia de libertad para la vida fraterna (Francisco de Asís) o para la predicación de la Palabra (Domingo de Guzamán). Los religiosos itinerantes no actúan por sacrificio o rechazo social (comen y beben, no ayunan: Mc 2, 18-22), sino por confianza en los hombres y mujeres: son signo de vida compartida y así deben mostrarlo, al dar lo que tienen y al recibir lo que les ofrecen.
Esa itinerancia antigua sigue teniendo un valor fundamental. Como testigos del Reino, los enviados de Jesús viven ya en un tiempo en el que todo puede y debe compartirse: por eso, no reteniendo nada puedan darlo todo (curar enfermos, expulsar demonios, ofrecer el Reino…), viviendo sin seguridad propia, a merced de otros hombres y mujeres. Así quiso Santa Teresa que vivieran sus contemplativas, sin más renta ni propiedad que el amor ofrecido y compartido. Los religiosos itinerantes (sin ingresos fijos) no son portadores de una nueva teoría filosófica o social, sino promotores y testigos de una experiencia de comunión, compartiendo todo, de manera que ya no necesitan comprar y vender, imponerse sobre los demás o someterse a ellos. De esa forma anuncian la gracia del Reino: dando lo que tienen, agradeciendo lo que reciben. Especialistas en vida común, a nivel de cuerpo y alma, de pan y curación, de palabra y casa son estos discípulos de Jesús itinerante.
2. Familia universal. En el principio de la vida religiosa puede ponerse también una palabra de fraternidad. Los religiosos deben romper las vinculaciones familiares y sociales fundadas en principio de poder, conveniencia social o dinero, para crear una familia extensa, conforme a la palabra de Jesús, cuando le piden que vuelva con su madre y hermanos:
Jesús dijo ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y mirando en torno, a los que estaban sentados en círculo, a su alrededor, proclama: Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues quien cumpla la voluntad de Dios (Mt 12, 5: “de mi Padre que está en los cielos”) ése es mi hermano, mi hermana y mi madre (Mc 3, 31-35).
Jesús no habla padres o dirigentes superiores, con autoridad sobre los otros (los menores), sino sólo de madres, hermanos y hermanas, desde Dios, que es Padre verdadero, voluntad de salvación, principio de familia. Así, en la comunidad de seguidores de Jesús (convocados para el Reino) no hay lugar para jerarquías exteriores, fuera del mismo amor comunitario:
Pero vosotros no os dejéis llamar Rabino; porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el de los cielos. Ni dejéis que os llamen jefe, porque uno es vuestro Jefe, Cristo (Mt 23, 8-10).
Este pasaje recoge y culmina las experiencia anterior, pudiendo presentarse como clave de la vida religiosa. El descubrimiento de la paternidad de Dios resulta tan poderoso que recrea y re-sitúa las relaciones anteriores, invirtiendo así la tendencia normal de un mundo que crea jerarquías para mantenerse. Sólo Dios es Padre (creador de libertad fraterna y garante del derecho de los excluidos) que nadie puede ocupar su lugar sobre la tierra.
Ciertamente, los religiosos son hermanos en comunidad concreta, formando una familia que desborda los viejos esquemas de carne y sangre (de buena familia de este mundo). Pero ellos han de ser, al mismo tiempo, hermanos universales: signo y principio de una fraternidad abierta, desde los expulsados de la sociedad, a todos los seres humanos. Esta fraternidad puede recibir formas distintas, según las tradiciones de la vida religiosas (monjes, órdenes mendicantes, congregaciones de vida activa); pero todas deben cultivar una misma experiencia de fraternidad.
8. Una ruptura creadora. El ciento por uno.
Sólo una vida religiosa que asume y despliega de un modo radical la itinerancia, abierta a la fraternidad universal, desde Jesús, puede entender la palabra sobre el “ciento por uno”, que se aplica en principio todos los seguidores de Jesús, pero que los religiosos asumen de un modo especial:
(Pedro dijo a Jesus). “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. (Jesús le responde): “En verdad os digo, quien haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos y campos, por mí y por el evangelio, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en este mundo, con persecuciones, y en el nuevo eón la vida eterna” (Mc 10, 28-30).
La Palabra de la vida religiosa no es renuncia, ni sacrificio en sentido externo, sino fuente de amor fecundo, amor desprendido que busca la felicidad propia, haciendo a los otros felices. Así, la “gran ruptura” (lo hemos dejado todo para seguirte) se convierte en principio de felicidad universal. Esa protesta no se expresa en forma de guerra, ni de acusación contra otros, sino como gesto activo de desprendimiento creador: “Vete, vende lo que tiene, dáselo a los pobres ya sí tendrás un tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mc 10, 21). Se trata de vender y dar, superando el modelo mercantilista (vender para comprar). Es vender para regalar (no para hacer un negocio), abriendo así un tesoro en el cielo, tesoro de gratuidad y fraternidad universal.
Al tomar en serio este pasaje del evangelio, la vida religiosa quiere aparecer como encarnación viviente del gozo de Dios, que es la felicidad de la vida compartida, que se expresa en el “ciento por uno”. Entendida así, la vida religiosa aparece como invitación al Reino, conforme a la palabra de la llamada al Banquete:
Sal enseguida a las plazas y calles de la ciudad y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a los ciegos y cojos...Sal a los caminos y lugares despoblados y oblígalos a entrar, hasta que se llene mi Casa (Lc 14, 21-23).
Jesús quiere que todos vengan al banquete del ciento por uno y a su servicio han de estar los religiosos: hombres y mujeres que aprenden a comer juntos, compartiendo palabra y pan, construyendo una Casa de familia universal. En un primer momento en esa casa caben todos, unos casados, otros solteros; pero todos en comunión de Reino, casa mesiánica, centrada en el pan y la palabra de Jesús. En este contexto se inscribe de forma especial la vida religiosa.
Como testigos de ese banquete de Reino, los religiosos cristianos ya no viven a un nivel penitencial, de ayuno y separación (como los monjes de Qumrán y Juan Bautista), sino que se descubren renacidos desde y para el milagro de la Vida. Son personas que han hecho por Jesús la experiencia del amor de Dios y empiezan a vivir en comunión (comen juntos, se vinculan en grupos de amor gratuidad) en medio de un mundo que, humanamente hablando, parecía condenado al desamor, fracasado.
Los religiosos saben que Jesús ha iniciado un camino que otros pueden recorrer a su lado, siguiéndole en amor, poniéndose de un modo especial al servicio de aquellos que no tienen familia: los expulsados de la vida económica y social (pobres), afectiva y religiosa (solitarios, enfermos). De esa forma ha suscitado un movimiento de fraternidad de Reino, abierta en varias formas a todos los hombres. No ha creado un "establecimiento" como el de Qumrán, con leyes definidas desde el principio, con una Regla de Comunidad válida por siempre, sino que ha sembrado una semilla de amor, un camino de encuentro fraterno, que debe expandirse a medida que avanza el camino. A la luz de esa Palabra, como intérpretes del evangelio, han ido surgiendo los religiosos.
Según eso, Jesús no ha creado una forma de vida religiosa (una orden particular), como pudo hacer el Maestro de Justicia de Qumrán, pero ha sembrado una palabra (Mc 4, 10), ha iniciado un camino y ha dejado que el Espíritu Santo inspire e ilumine a los fundadores de la vida religiosa (Basilio y Agustín y Benito y Escolástica, Francisco y Clara de Asís, Domingo de Guzmán y Catalina de Siena, Ignacio de Loyola y Juana Francisca Fremiot de Chantal, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, Vicente de Paul y Luisa de Marillac…). Ellos han querido beber y han bebido de la Fuente de la Palabra. De esa forma, sus carismas han ofrecido una interpretación viviente de esa Palabra.
Los fundadores de la vida religiosa no han interpretado de manera teórica la Palabra, en un sentido escolástico, pero han sido quizá los que mejor han escuchado y traducido en unos caminos de vida, que son Caminos de Palabra. En este contexto, Juan Pablo II, en su exhortación postsinodal Vita Consecrata 14, ha interpretado la vida religiosa como “icono viviente” de la Transfiguración de Jesús, que está en el centro de la Palabra Cristiana:
«Para captar con una visión de conjunto sus rasgos esenciales (de la vida religiosa), ayuda singularmente contemplar el rostro radiante de Cristo en el misterio de la Transfiguración…, que no es sólo revelación de la gloria de Cristo, sino también preparación para afrontar la cruz. Ella implica un «subir al monte» y un «bajar del monte»: los discípulos que han gozado de la intimidad del Maestro, envueltos momentáneamente por el esplendor de la vida trinitaria y de la comunión de los santos, como arrebatados en el horizonte de la eternidad, vuelven de repente a la realidad cotidiana, donde no ven más que a «Jesús solo» en la humildad de la naturaleza humana, y son invitados a descender para vivir con Él las exigencias del designio de Dios y emprender con valor el camino de la cruz».
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(Para X.Picazza)Lo que dices de la vida religiosa me ha gustado porque la veo reflejada en varias amigas mias que son religiosas y las admiro, son extraordinarias en todo lo que hacen y yo las veo felices. Pero si no es indiscreción me surge una duda, dices que has dejado de ser mercedario y te has casado y eres feliz, mi enhorabuena de que sea así y mi respeto por tu decisión, solo que no entiendo que si es verdad todo eso tan hermoso que dices de la vida religiosa, como es que la has dejado? Me figuro que no serías feliz y tienes todo el derecho de serlo como todos los demás. Y otra pregunta para acabar, ¿es que en la vida religiosa se podría dar el celibato libre como se está pidiendo para los curas? Un saludo
Lo único que hice fue “defender” mi comentario ACREDITANDO QUE PABLO SE EQUIVOCÓ, AL MENOS, “UNA” VEZ, cosa que usted había puesto en tela de juicio.
Y allí está TODO EL QUID DE LA CUESTIÓN, razón por la cual, todas las argumentaciones que usted pueda tratar de elaborar para soslayar ese punto —a fin de poder continuar con su postura sobre la “superioridad” del celibato— y esto se lo digo con sinceridad y, aunque pueda parecerle todo lo contrario, también con absoluta humildad, a mi me tiene sin cuidado, razón por la cual doy por terminado el asunto, puesto que es evidente que ni siquiera se ha tomado el trabajo de analizar lo que dije sobre la falacia del otorgamiento de “privilegios” a los levitas y otras cosas sobre las cuales me expresé, y que —al menos en mi humilde opinión— tienen una importancia muy superior a todo esto sobre lo cual se ha estado expresando.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Sr. Demócrito
Insisto.
Muy interesante y elaborado su comentario.
Lo cual —lo digo de paso— me hace “sospechar” que su “trabajo” está dentro de lo que podríamos llamar “jerarquía eclesiástica” (sea cual fuere el “rango” que usted pudiera tener).
No obstante, sería interesante también que hubiese mencionado concretamente la cita a la que alude, ya que yo no logro ubicarla (evidentemente hay muchas versiones bíblicas, y no todas utilizan las mismas palabras) y por eso no puedo confirmar que esas palabras de Pablo que usted menciona las dirigiese sólo a sus “auxiliares”, o bien que las expresase de una forma más general.
Pero de cualquier modo eso es sólo anecdótico, y creo que ahora soy yo quien puede “cuestionarle” a usted el tratar de cambiar el tema.
En efecto; creo que jamás efectué comentario alguno atribuyéndole a Pablo intenciones mezquinas.
Sigue: a ello ha contribuido la no recta interpretación de los versículos 29-31, en lo que parece tratarse de una “brevedad del tiempo”, que no permite dedicarse a ninguna tarea mundana a fondo, en vista de la inminencia de la parusía. Pero el pensamiento paulino es mucho más profundo, y hay que interpretarlo según sus indidables raíces bíblicas:
“Lo que yo quiero decir, hermanos, es esto: que la coyuntura es apremiante. Queda así está solución: que los que lloran, como si no llorasen; los que se alegran, como si no se alegrasen; los que compran como si no comprasen; los que usan del mundo, como si no usaran de él a fondo; porque la representación de este mundo está ya pasando.”
Pablo no piensa en ese concepto frecuente de la brevedad del tiempo, ni demuestra tampoco preocupaciones escatológicas . Su preocupación fundamental es la soteriológica: el “Kairos” está recortado, destacado de la sucesión cronológica y ofrecido al hombre como una oportunidad de salvación.
Sigue:
No; se trata de algo más elevado: los “auxiliares” apostólicos pueden también casarse, pueden seguir teniendo “tribulaciones en la carne”, o sea: también podrán luchar y recibir heridas gloriosas en el certamen por la causa evangélica. Y no tengan miedo a que Pablo por eso los menosprecie: “Yo, desde luego, no les culpo de nada”.
En una palabra, la exhortación al celibato está imperada por motivos “apostólicos”: es muy conveniente que haya unos “profesionales” del apostolado que, libres de toda atadura, puedan llevar una vida de “perpetuo riesgo, como debe ser un apóstol: “Vivimos en perpetuo “estado de riesgo” (1 Cor 15,30). Esta es la verdadera motivación del celibato y no una depreciación, de tipo gnostico y maquineo, de las relaciones sexuales. Mucho menos el celibato apostólico está imperado por una especie de “complejo de liquidación” que a Pablo le produciría la impresión de que el final escatológico estaba inminente.
Sr Bruzzone: Cuando Pablo exhorta a sus “auxiliares” a quedarse célibes les dice:
“ “no obstante, si te casas no pecas; y si una soltera se casa tampoco peca; aunque, por otra parte, esos tales tendrán sus luchas en la vida. Yo, desde luego no les culpo de nada”.
Muchos traducen: “estos tales (los que se casan) experimentarán pruebas en su carne, y yo quisiera ahorrárselas”. Esta interpretación es totalmente insular a lo largo y lo ancho del continente paulino. El apóstol exhortaría al celibato, aduciendo como razón fundamental las ventajas temporales, la comodidad, el confort que una vida consagrada a la virginidad trae consigo en comparación con el ajetreo de la vida matrimonial. Pero ¿hay derecho a calumniar a Pablo, atribuyéndole tales motivaciones, tan mezquinas, para una cosa que él considera tan grande como es la tarea apstólica?
Y creo también que esa misma raíz es la del error que cometió la Iglesia en los primeros siglos del cristianismo, ya que, en lugar de continuar tal cual como lo hizo Jesús, irradiando su mensaje DESDE FUERA DE LOS LUGARES DENSAMENTE POBLADOS (las ciudades) el cristianismo se convirtió en una religión citadina y se desentendió de las zonas rurales, situación que la llevó finalmente a convertirse en una religión vinculada al poder civil, lo cual, por supuesto, es otro evidente error.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Y me parece obvio que esa posibilidad es algo realmente absurdo.
Por ende NO HAY DUDA DE QUE QUIEN SE EQUIVOCÓ FUE PABLO, no sólo al pensar que estaría vivo en la Parusía, sino también al afirmar que esa idea se la había transmitido Jesús.
Y por tal razón es que me permito pensar que TAL VEZ también se equivocó cuando ponderaba el celibato, error que tenía, precisamente, esa misma base a la que me he referido antes.
En efecto; al asumir que la Parusía ocurriría en un lapso muy breve, por un lado era factible estimar que no sería tanto lo que había que “aguantarse” manteniéndose célibe y, por el otro, que era preferible esa situación para —en TAN BREVE LAPSO que faltaba— disponer de más tiempo para dedicar a la predicación y poder así contribuir a la salvación de la mayor cantidad posible de personas.
Sr. Demócrito
Muy interesante y elaborado su comentario.
Se ve que aún con su trabajo, tiene tiempo para poder realizar esas elaboraciones.
A mí, por el contrario (y tal vez sea el motivo por el cual no puedo hacer ese tipo de elaboraciones) mi tiempo me resulta muy limitado, y por tal motivo el “pan es pan, y el vino, vino”.
Y por eso creo que Pablo CREÍA que estaría vivo cuando llegase el Señor ya que dijo: «Queremos decirles algo, fundados en la palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto» (1.Tes.4,15) frase que no me permite dudar de que, al menos en ese sentido PABLO SE EQUIVOCABA.
Y lo más interesante del asunto es que ese “error” —según lo dice Pablo— provendría de las palabras del Señor, mientras que en otras oportunidades explicaba que enseñaba como pensamiento propio, y no derivado de la enseñanza que Jesús le había transmitido personalmente.
1 Tesalonicenses 5,1-11
Aquí Pablo se refiere a la fecha concreta en que tendrá lugar la venida gloriosa de Cristo. Una fecha que él prevee próxima, pero al mismo tiempo DESCONOCIDA E IMPREVISTA. En consecuencia la vida cristiana ha de estar marcada por una actitud de preparación y vigilancia. El discurso de Pablo es exhortativo y se mueve en un clima apocalíptico. Pablo se hace eco también de ciertos elementos originales de la primitiva tradición tales como el ladrón que irrumpe de improvisto (Mt 24,42-43; Lucas 12,39). Pablo es del todo fiel a la enseñanza de la primitiva Iglesia. Debe destacarse el fuerte contraste entre los creyentes y los no creyentes. Los primeros viven anclados en el presente, absolutamente despreocupados del futuro. Los segundos esperan tensos y vigilantes la salvación que ya han recibido, como anticipo, en la muerte de Cristo, pero tiene que consumarse en el día del Señor.
Sr. Demócrito
Yo no cambio de tema ni cosa por el estilo.
Simplemente pienso distinto que usted.
Usted afirma que EN EL PENSAMIENTO DE PABLO NO HAY ERROR NINGUNO.
Sin embargo es obvio y evidente que sí lo hay.
Al menos uno. En lo que hace a que PENSABA QUE ÉL ESTARÍA VIVO CUANDO VINIESE JESÚS (1Tes.4,15).
Por ende, si se equivocó en eso, yo me reservo el derecho de pensar que TAMBIÉN PODÍA EQUIVOCARSE al aconsejar el celibato.
Son opiniones.
Usted tendrá la suya. Muy respetable por cierto.
Pero yo creo que puedo tener la mía, tan respetable como la suya.
Y le diré que puedo coincidir con usted en esa Iglesia que desea.
Pero obviamente creo que deberá reconocer, que lamentablemente no es la que existe.
Cordiales saludos
MARANA-THA
En la iglesia que yo quiero no se cobrará por el culto, porque todos verán un escándalo cobrar dinero por la celebración de la eucaristía, por la memoria de Cristo Crucificado y resucitado.
En la Iglesia que yo quiero la jerarquía se hará pequeña y servidora, sierva, humilde, toda ella al servicio de la fraternidad y desaparecerán del horizonte los títulos y los honores mundanos, con los que hoy se rodea.
"ni comimos de balde el pan de nadie sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para nos er gravosos a ninguno de nosotrs" 2 Tesalonicenses 3:8
El trabajo manual no envilece al hombre sino que le dignigfica. Pablo renuncia al derecho que le asiste recibir compensación material por su tarea misionera se esgrime como prueba el trabajo desinteresado por sus comunidades. "porque os acordais, hermanos de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos, os predicamos el evangelios de Dios." 1 Tesalonicenses 1:9. El tono de este pasaje es exigente, sereno, autoritario. Está en juego algo importante, a saber, que nadie dentro de la comunidad viva como un parásito chupando la sangre de los demás. La solidaridad cristiana exige un reparto equilibrado de los recursos existentes en la sociedad, pero tambien una distribución equitativa de las tareas a realizar sin que nadie esquive el hombro, aunque siempre con la situación concreta de cada hermano.
Sr bruzone:
No cambie usted de tema, lo que usted me ha dicho en su comentario ha sido lo siguiente:
Demócrito
¿No piensas que en el pensamiento de San Pablo puede haber existido un simple error?
Es obvio y evidente que para él la Parusía, el regreso del Señor (obviamente "triunfante", poniendo las cosas "en su lugar") era algo que acontecería "muy pronto".
Tan es así que él, y muchos otros, pensaban que estarían vivos cuando eso ocurriese (Jn.21,20-23 Rom.16,20 Heb.1,1-2 1Cor.15,51 1Tes.4,16-17).
Por ende, ¿no te parece factible pensar, que esa "recomendación al celibato" está íntimamente ligada a esa idea (equivocada, por supuesto) y que, si hubiese sabido del largísimo tiempo que transcurriría hasta el regreso del Señor, sus palabras podrían haber sido otras?
Comentario por Mario Ernique Bruzzone 12.12.08 @ 15:29
EN EL PENSAMIENTO DE PABLO NO HABÍA ERROR NINGUNO.
un cordial saludo
Los pasajes bíblicos a los que me refiero son: Deuteronomio (10,6-9) Número (Capítulos 16 y 17). Incluso, podríamos interpretar que existe allí “otra” versión sobre su origen (17,16-28) y, finalmente, la “perla” del asunto, los “primogénitos”, la cual también está fundamentalmente dentro del mismo Libro de los Números (3,11-13 y 40-48).
Finalmente le diré que no se preocupe por las posibles “faltas mecanográficas” ya que el tener que trabajar nos ocurre a todos (al menos los que no podemos “pasar la canastita” para vivir) y comprendemos que a veces el tiempo nos resulta insuficiente.
Cordiales saludos
MARANA-THA
El segundo motivo es que estoy absolutamente convencido —y creo haberlo demostrado— que lo que se relata en la Biblia con respecto a la “separación” de los levitas, y dentro de ellos al grupo más privilegiado aún, el de los sacerdotes, y FUNDAMENTALMENTE EL OTORGAMIENTO DE PRIVILEGIOS (diezmos y demás “yerbas”) a los mismos no tiene nada, ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER con una verdadera decisión del Padre Celestial.
Y como no puedo ingresar aquí en esta cuestión (me llevó un libro hacerlo), simplemente mencionaré que eso me parece obvio, ya que en la Biblia se mencionan TRES (o cuatro) versiones diferentes sobre el motivo y la oportunidad en que se habría producido la “separación” de los levitas como un grupo “especial”, razón por la cual es evidente que eso NO PUEDE SER CIERTO, ya que es imposible que Dios —el único y verdadero Dios— pudiese haber efectuado lo mismo en 3 (ó 4) oportunidades y mediante 3 (ó 4) procedimientos distintos.
Y lo más significativo sobre esto último es que, cuando les consultó a los Apóstoles si ellos habían comprendido lo que había hecho, y les dijo que ellos debían hacer lo mismo, pese a que le respondieron que lo habían entendido, no hay duda alguna de que la historia del cristianismo muestra una actitud DIAMETRALMENTE OPUESTA A LA QUE LES MARCÓ EL SEÑOR.
Y me parece que la actitud de los Papas, al permitir se llevados en andas, y con una triple corona en su cabeza, habla a las claras al respecto.
Por eso, cada vez que se menciona este tema (“superioridad” del celibato, la vida consagrada, etc. etc.) yo siento un “tremendo escozor” que me hace reaccionar, ya que no tengo duda alguna de que ESE es uno de los principales motivos que generaron el rechazo del cristianismo en general, y del catolicismo en particular.
Pero sea como fuese, eso lo admito siempre y cuando se lo entienda como una verdadera DIAKONÍA, un VERDADERO SERVICIO, y no como una excusa para “servirse” del laico.
Es decir, que de ninguna forma acepto, que esa “superior” opción de vida permita asumir simultáneamente, el pensamiento de que la misma conlleve también un poder “vivir” del esfuerzo del resto del pueblo de Dios (de los laicos, de los “cristianos de segunda”).
O sea que rechazo en forma total y absoluta que eso sea atribuible a Dios.
Y lo hago por varios motivos, el primero porque Jesús —y con absoluta claridad por cierto— planteó un pensamiento contrario a esa actitud, no sólo a través de la parábola del “servidor humilde” (Lc.17,7-10) sino que —y con mayor claridad aún— lo hizo al lavar los pies a los Apóstoles, ya que en ese momento asumió la actitud de uno de los esclavos de “inferior calidad” que existían.
Señor Demócrito
Creo que he dejado en claro —en la primera intervención que efectué— que no soy “enemigo” de la vida religiosa (con el “complemento”, o no, del celibato) ni cosa que se le parezca.
Incluso, hasta estoy dispuesto a aceptar que San Pablo, tal cual usted lo señala al decir «es indudable que el apóstol entiende que, en pura objetividad, el celibato por y para el Reino es en cierto sentido superior al matrimonio ya que anticipa la vida de resucitados y facilita un servicio más eficaz a Dios y a los hermanos», afirmaba que existía esa “cierta superioridad” en la vida consagrada y el celibato (aunque, insisto, tengo mis dudas al respecto).
Quiero dejar constancia de mi agradecimiento a aquellas personas de vida consagrada (monjas, frailes y sacerdotes) que han sembrado en mi vida los conocimientos del Evangelio y me han dado sentido de Iglesia. Mis críticas hacia el sistema (y hacia quienes se aprovechan del mismo para ponerse por encima de los demás) nada tienen que ver con mi respeto hacia ellos. Han sido para mi un verdadero testimonio del Evangelio entendido como SERVICIO.
A veces perdemos el sentido de las cosas, el orijen de porque se iniciaron determinadas, segun que cosas, sobre vida religiosa, yo, aconsejaria leer determinadas publicaciones de Joan Chittister, mujer que vive en una comunidad religiosa y a la vez muy pegada a la realidad de cada dia, con una clarisima consciencia de mujer y mujer dentro del entramado de la Iglesia a la que Ama profundamente y por eso critica con dolor las actitudes,patriarcales y machistas de sus dictadores dirijentes, en sus escritos da pistas, para una vida religiosa y cristiana, madura y responsable, no, tiene pelos en la lengua, estando muy preparada y con muchos razonamientos en las manos.
PAZ Y BIEN.
A muchos Religiosos y Religiosas ,que han pasado por nuestras vidas y hemos dejado en el más absoluto de los olvidos .La teoria la sabemos muy muy bién todos.
2º y final- Dudo mucho que el voto de obediencia ciega permita crecer al individuo. La falta de libertad nos hace infantiles. O, al menos, eso es lo que yo creo. Sin libertad, la responsabilidad es de quién sea nuestro amo. Sin responsabilidad, ¿como podemos decir “si, o no” a Dio?’ Se lo decimos al Amo. ¿Fue un movimiento de amos y siervos lo que pretendía iniciar Jesús cuando se ciñó la toalla a la cintura y les lavó los pies a sus discípulos? Yo creo que no. Por lo tanto, creo que nadie puede exigir anadie “sometimiento de entendimiento y voluntad” a normas humanas, en nombre de Dios.
1º-Mi intención, al iniciar el tema de los “votos”, no ha sido en ningún momento poner al celibato y a la familia frente a frente. Creo que a Jesús se le puede seguir en ambos estados. Y no creo que haya uno superior y otro inferior. En cambio, si que mi intención ha sido la de cuestionar la validez evangélica de los “votos”. Pueden ser imprescindibles para mantener unida y organizada una institución (especialmente el de obediencia) pero no debe confundirse el cumplimento de los votos o no, con el responder a la LLAMADA o no. Del voto de obediencia es del que se exige un cumplimiento estricto. Los fallos en los otros dos, si no afectan al prestigio de la institución y el individuo se arrepiente, se “perdonan”. El único que, por lo visto, no se puede perdonar es el de la desobediencia a los “superiores”.
disculpad por las faltas de mecanografía en el comentario anterior, pero tengo prisa para salir al trabajo.
Un cordial saludo.
Democrito
Sigue:
El aparente radicalismo de Pablo en la positiva valoración del celibato, debe ser bien entendido. En la mentalidad judía se ponía tal acento en la fecundidad carnal que la virginidad parecía algo inconcebible. Ya Jesús había puesto las cosas en su sitio: "Pues ahy eunucosque nacieron asídel vientre de su madre, y hay eunucos que así mismo son hecho eunucos por los hombres, y hay eunucos que así mismo se hicieron eunucos por el Reino de los cielos. el que sea capaz de recibir esto que lo reciba" (mateo 18-12)y ahora Pablo rechaza toda visión totalitaria convirtiéndose una vez más en en el gran campeón de la libertad cristiana. Puesto que ni el celibato ni el matrimonio son bienes absolutos corresponde a cada persona elegir en función de su capacidad y sus preferencias, pero tambien en su generosidad en responder a las diversas llamadas del Reino. Lo Creyentes en cualquier estado sean casados o celibes han de ser fieles a Cristo.
Sr Bruzzone:
El centro de gravedad de todo este capítulo hay que colocarlo en el hecho de que, para Pablo, lo verdaderamente importante es que cada uno se mantenga fiel al Señor sea cual sea el estado en el que se encuentre. Tanto el matrimonio como el celibato por el Reino de Dios son considerados por San Pablo como dones de Dios (1 Cor 7,7)Dicho esto, es indudable que el apóstol entiende que, en pura objetividad, el celibato por y para el Reino es en cierto sentido superior al matrimonio ya que anticipa la vida de resucitados y facilita un servicio más eficaz a Dios y a los hermanos. La argumentacioón de Pablo es válida en cualquier caso, esté proxima o lejana la venida gloriosa del señor.
Mi querida amiga Roser Puig
Creo que ya lo he explicado.
Tendrías que tomarte el trabajo de buscar —y releer— lo que escribí, y Xabier tuvo la amabilidad de publicar hace unos días (está en dos partes).
Pero te diré que mi idea es simple.
Quien resuelva retirarse de esas comunidades que yo propongo que deberíamos "re-armar" o "re-crear" (en realidad lo debería hacer "la Iglesia") recibiría una adecuada compensación económica en función al tiempo que trabajó allí y los aportes que efectuó. Esa compensación debería ser establecida en cada caso por la Asamblea (la Ecclesía, es decir, todos los que integren la comunidad) y podría ser una cifra única o (esta última es mi opinión, pero insisto que quedaría sujeto a la resolución de la Asamblea) un monto mensual durante un tiempo determinado, hasta que logre "ubicarse" en la vida "común y corriente".
Cordiales saludos
MARANA-THA
Demócrito
¿No piensas que en el pensamiento de San Pablo puede haber existido un simple error?
Es obvio y evidente que para él la Parusía, el regreso del Señor (obviamente "triunfante", poniendo las cosas "en su lugar") era algo que acontecería "muy pronto".
Tan es así que él, y muchos otros, pensaban que estarían vivos cuando eso ocurriese (Jn.21,20-23 Rom.16,20 Heb.1,1-2 1Cor.15,51 1Tes.4,16-17).
Por ende, ¿no te parece factible pensar, que esa "recomendación al celibato" está íntimamente ligada a esa idea (equivocada, por supuesto) y que, si hubiese sabido del largísimo tiempo que transcurriría hasta el regreso del Señor, sus palabras podrían haber sido otras?
Te aseguro que yo no tengo ninguna duda al respecto.
Por ende, el uso de esas palabras de San Pablo, como “basamento” del celibato, no me parece adecuado.
Si es obvio que hay UN CLARO ERROR en San Pablo ¿por qué no pensar que PUEDE haber otro?
Cordiales saludos
MARA...
sigue:
Cuando por los efectos del pecado en el corazón de los hombres se destruye una familia, se dificulta el crecimiento del reino de Dios.
Cuando en el seno de la familia se enseñan y transmiten las virtudes humanas y sobrenaturales, se vive una verdadera vida cristiana, se está construyendo el reino de Dios. Es lo que San Pablo recuerda a los Colosenses: “ Revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, de caridad que es el vínculo de la perfección (Col 3,12)
Un respetuososaludo.
Democrito
Sra. Roser:
El hecho de que el Hijo de Dios, sometiéndose a las leyes del crecimiento humano, aceptara este tiempo de vida oculta y viviera la mayor parte de su vida en el seno de la familia de Nazaret, nos revela, en primer lugar, el aprecio de Dios por la institución familiar.
La familia humana forma parte del proyecto de Dios sobre el hombre desde el momento de la creación. Es el ámbito natural del crecimiento de las personas.
Ninguna institución ni realidad humana puede sustituir el papel de la familia para la humanización de nuestro mundo.
El Estado no puede dar AMOR. La familia sí, porque es una comunidad íntima de amor y de vida entre personas concretas, de la misma carne y sangre. Contemplando como Dios mira a la familia de Nazaret, a está familia que Él ha querido para su Hijo, descubrimos también el valor que todas las familias tienen a los ojos de Dios.
Querido amigo Mario Enrique, gracias por tu entusiasmo pero creo que no me he explicado bien. Yo no “culpo” a nadie por no poder guardar los “votos” hasta el final. Lo que trato de introducir es el tema de si esos “votos” ( a una estructura y no a Dios, aunque se utilice el nombre de Dios) son realmente lo que Jesús quería para sus seguidores. Porque la mayoría de sacerdotes y religiosos/as que conozco que se han secularizado, siguen siendo unas excelentes personas, creyentes y comprometidas con los pobres. El fallo, a mi juicio, es la obsesión de tenerlo todo “atado y bien atado” por parte de los hombres (nunca mejor dicho) que nada, o muy poco, tiene que ver con el servicio al Evangelio de Jesús.
(Espero que escribas eso que te ha pedido Xabier y nos reveles como solucionas lo de “vivir en comunidad, pero libremente”, que me parece lo más difícil de todo)
con frecuencia se habla de un cierto antifeminismo en san Pablo. Negarlo pura y simplemente dsde nuestra sensibilidad y situación actual sería casi un intento desesperado. Pero este capítulo de la primera carta a los corintios puede ayudarnos a situar las cosas en su sitio. todo lo que dice San Pablo en él sobre las relaciones hombre-mujer es rigurosamente simétrico respecto a ambos. Casi me atrevería a decir que, a los ojos de sus contemporaneos. Pablo debio aparecer, no sin cierto escándalo, más bien como un decidido feminista.
Señora Roser: Como lo esencial sigue siendo el amor y la adhesión a Cristo, Pablo no puede por menos de valorar muy positivamente aquel estado de vida que, atendidas todas las circunstancias, parece dejar un espacio mayor para ese amor y esa adhesión. Pero sin absolutizar nada. El sentido general de estos versiculos es claro y está en la línea con el mensaje de todo capítulo: el matrimonio es bueno, pero también lo es, y tal vez más la virginidad por el Reino de los cielos.
Amigo Democrito, a mi, personalmente. esa cita de S, Pablo que has elegido, me sienta fatal. Parece como si pablo pusiera a la esposa como si fuera la rival u oponente de Dios, en lugar de ser la compañera para buscar juntos a Dios.
También discrepo algo de tus anteriores comentarios sobre lo de la “transmisión de la fe”. La familia puede (y debe) transmitir valores sobre lo que está bien y lo que está mal, pero no puede “transmitir” la fe. En mi opinión la fe es un SI personal e intransferible a Dios. En cuanto a los valores que la familia transmite, estos serán totalitarios, si el modelo de familia es de filosofía patriarcal. Y serán democráticos, si el modelo de familia es igualitario y fraternal.
2º
Pablo les contesta que, en rigor, no hay un precepto del Señor disponiendo que los miembros militantes de la iglesia, guarden la virginidad. No obstante, dado caso de que ha empezado la ultima fase de la historia, lo más conveniente es que el estado mayor de la iglesia lo deje todo, aún lo lícito y se consagre plenamente a la lucha por el reino de Dios. Sin embargo, si alguno no puede decentemente guardar el celibato, cásese enhorabuena, sabiendo incluso que podrá continuar en la plana mayor del ejercito, aunque lógicamente su dedicación al reino de Dios estará mediatizada por las ineludibles obligaciones del matrimonio y del hogar.
1º
• El celibato apostólico (7.25-40)
Aquí Pablo no se refiere al matrimonio en general, sino al grupo apostólico de Pablo; al equipo reducido de sus colaboradores. Estos eran jóvenes cristianos, de ambos sexos, que rodean más íntimamente al Apóstol y constituían su estado mayor en la evangelización de Corinto. Como es natural había entre ellos relaciones con miras al matrimonio y, en vista de la predicación de Pablo se llegaron a preguntar si no sería mejor quedarse célibes como era su jefe de equipo.
Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
Mas el que ha tomado una firme decisión en su corazón, y sin presión alguna, y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a respetar a su novia, hará bien. Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor. La mujer está ligada a su marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor. Sin embargo, será feliz si permanece así según mi consejo; que también yo creo tener el Espíritu de Dios.
-I Corintios 7,32-40
Jesucristo claramente recomendó el celibato como entrega radical de amor por el Reino de los Cielos:
Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda. -Mateo 19,12
Jesucristo, siendo Dios, asumió verdaderamente la naturaleza humana, siendo igual que nosotros en todo menos en el pecado. El nos da la gracia para vivir, siendo hombres, su amor sobrenatural.
Y trataré de ser más claro todavía.
Es obvio que, si desde que ingresan en el seminario les están inculcando que la vida que por la que han optado es muy superior a la del laico, y que los problemas que ellos asumen son más graves e importantes que los del laico (entre ellos el del celibato, ya que al tener una sexualidad “atada”, “amordazada”, “comprimida”, asumen de una forma incorrecta lo que es la realidad de la sexualidad, poniéndola en algunos aspectos “por las nubes” (como si el sexo fuese “el nirvana”, mientras que, por más agradable que pueda ser —y que de hecho lo es— NO ES PARA TANTO) y en otros rebajándola hasta lo más deplorable que puede realizar un ser humano, “problemas” que les darían el derecho a vivir como viven “mandando” (en lugar de servir) a los laicos, y pretendiendo como algo justo y correcto que ellos los mantengan.
Insisto.
Muy sabias palabras amiga Roser Puig
Cordiales saludos
MARANA-THA
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman