El blog de X. Pikaza

Domingo 23 XI 08 (Novísimos 11). Cristo Rey: El juicio del Hijo del Hombre

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Domingo final del Año Litúrgico. Cristo Rey: Mateo 25, 31-46 . Vinculo este día dos temas: el de los novísimos que he venido tratando a lo largo del mes de noviembre, y el comentario a los textos de Mateo, de los que he tratado los pasados domingos. Hoy nos toca el domingo de Cristo Rey, domingo del Juicio Final, según Mateo 25, 31-46, uno de los textos más importantes de la historia religiosa de occidente. En este contexto, quiero empezar diciendo que la novedad del evangelio cristiano está en la superación de un tipo de juicio, no por desinterés o fatalismo, sino por misericordia creadora; no por abandono de las víctimas, sino por exigencia de una justicia más alta, por la que el mismo Dios se identifica con los expulsados de la historia. El Nuevo Testamento sabe que Dios es salvador, más que juez; pero no ha podido suprimir el tema del juicio, sino que ha hecho algo más profundo: lo ha introducido en la visión de Jesús como Hijo del Hombre encarnado en los pobres. Así lo ratifica Mt 25, 31-46 (en la imagen, la interpretación del juicio final de Miguel Ángel, que no responde al espíritu del texto

Texto

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna."

(1) Presentación. Juicio del Hijo del hombre.

Mt 25, 31-46 ha situado el tema en un contexto de juicio final, que el mismo Jesús proclamará cuando acaben los tiempos. Como es normal, diversos elementos y normas de ese juicio pueden encontrarse en otros pueblos y culturas (en Israel y Mesopotamia, Egipto y China...), que también se han preocupado por los excluidos de la sociedad y han buscado la justicia. Muchos pueblos han «soñado» (buscado) la liberación final, queriendo superar las estructuras de violencia de a tierra. Pero ninguno (que sepamos) ha llevado hasta este límite mesiánico (cristiano) la experiencia y exigencia de comunicación y gratuidad que aquí encontramos. En este contexto podemos distinguir dos líneas.

(a) Lc 4, 18-30 puede aparecer como programa de mesianismo activo, interpretando el mensaje de Jesús como principio de liberación, un mensaje que ha sido rechazado por sus paisanos nazarenos.

(b) Mt 25, 31-46 empieza ofreciendo, sin embargo, un mesianismo receptivo: mira la historia desde la meta del juicio final e interpreta a Jesús como Mesías que ha tomado sobre sí el dolor de los hombres Desde ese fondo entiende la acción liberadora como gesto de asistencia (visita y servicio) hacia aquellos que se encuentran oprimidos. Se reúnen ante el Hijo del Humano todos los pueblos de la tierra, culmina el juicio de la historia y se descubre, por Jesús, la verdad de lo que ha sido: lo que Dios ha realizado, lo que han hecho o padecido los humanos. Desde ese fondo se entienden las necesidades del hombre y el «juicio» del enviado de Dios, que consiste en identificarse con los necesitados de la historia, suscitando un movimiento de solidaridad creadora.

(2) Necesidades humanas: del hambre a la cárcel.

Leído en perspectiva social, Mt 25, 31-46 sintetiza las necesidades de la humanidad en tres niveles: material (hambre y sed), social (exilio y desnudez), abarcador (enfermedad y cárcel). No existe, que sepamos, ningún texto judío o pagano (egipcio, mesopotamios, chino...) que recoja de ese modo todos los males de la historia, aunque esos males, lo mismo que la necesidad de ayudar a quienes los padecen son un tema corriente en las mejores éticas de la antigüedad.

El texto no discute el origen o razón de esos males. Supone que están ahí y busca una forma de solucionarlos, no en clave de ley, sino de más alta gratuidad. Frente al posible riesgo del intimismo religioso (cf. budismo), del refugio en la contemplación divina (hinduismo) o de la aceptación de un destino más o menos trágico (taoísmo, pensamiento griego), Mt 25, 31-46 pone de relieve la exigencia concreta y activa de ayudar a los necesitados.

(3) Dolores mesiánicos: el sufrimiento del Hijo del hombre.

Jesús, Mesías de Dios, no es un superhombre que libera a los humanos desde arriba. Por el contrario, él asume como propios los dolores de la historia, incluyendo en su yo necesitado (muerto por los otros) los dolores de todos los hombres. Sin esta revelación de la gracia de Dios que asume el dolor de la historia no existe evangelio, ni se puede hablar de un «juicio de Dios». Otras religiones han podido hablar en general de un sufrimiento divino; los israelitas han profundizado en ese tema. Pero sólo el cristianismo, con su experiencia concreta de encarnación personal de Dios, puede hablar en estos términos. Jesús, Hijo de Dios, ha hecho suyos, en su vida concreta y en su pascua, todos los sufrimientos de la historia humana y de esa forma se define a sí mismo diciendo: ¡tuve hambre, estuve encarcelado! No ha venido a juzgar a los hombres, sino a compartir su camino de vida y sufrimiento.

(4) Servicio, acogida, episcopado.

Los dolores mesiánicos se identificaban con los sufrimientos normales de la historia humana: hambres y sed, exilio y desnudez, enfermedad y cárcel. Lógicamente, las obras de ayuda serán la inversión de esos dolores: dar de comer y beber, acoger y vestir, visitar y acudir al lugar de la opresión. Significativamente, los condenados las definen y unifican como obras de servicio: «¿cuándo te vimos... y no te servimos?» (25, 44). Esas obras de ayuda no son, por tanto, un gesto de caridad que se añade a las obligaciones normales de la vida, sino la obligación o tarea (=diaconía) mesiánica primera, donde se fundan y reciben su sentido las restantes.

Todas esas obras (de alimentación y acogida de los exilados) culminan en la visita, entendida como episcopado, es decir, como cuidado de los enfermos y encarcelaos de la historia humana. Por eso dice el Cristo juez a los de su izquierda: ¡estaba enfermo o en la cárcel y no cuidasteis de mi¡ (25, 43). Cuidar se dice «episkopein», que es la tarea primera de aquellos a quienes la iglesia posterior llamará cuidadores u obispos de los necesitados. No se trata, por tanto, de juzgar a los necesitados, sino de ayudarles a vivir.

(5) Salvación final: Venid, benditos de mi Padre.

Ciertamente, Cristo está presente en los que sufren y, al mismo tiempo, pide a los hombres que le ayuden (que sirvan a los necesitados). Pero la salvación mesiánica culmina sólo al fin del tiempo. A partir de ella se plantea la acción liberadora o, quizá mejor, comunicativa en favor de los expulsados del conjunto social (hambrientos, exilados, enfermos, encarcelados). Esa acción no se ejerce en plano de antítesis violenta (lucha entre pobres y ricos, libres y encarcelados), sino de solidaridad creadora. Este es «juicio del Hijo del hombre»: que todos los hombres se ayuden a vivir entre sí. De esa forma, el texto identifica el reino de Dios con el amor gratuito (supralegal) que se dirige hacia los necesitados, trazando un camino de servicio que empieza en el hambre (dar de comer) y culmina en la ayuda a los presos (visitar a los encarcelados). La ley social, vinculada al juicio, deja al hombre dentro de la conflictividad de la historia; la gracia de Cristo le abre a la comunicación total, que culmina en la resurrección final, en la llamada del Hijo del Hombre a los salvados: ¡Venid, benditos de mi Padre!».

(6). Simetría o antítesis judicial: Venid, apartaos.

El texto se encuentra construido en forma de antagonismo simétrico entre ovejas y cabras, derecha a izquierda, servicio y no servicio, vida y castigo eterno, situándose así en un plano legal, que es coherente con una parte muy significativa del mensaje israelita y de la iglesia primitiva. De esa forma opone al fin cielo e infierno, de manera que parece justificar también la división entre buenos y males (merecedores de premio y de cárcel) dentro del mundo .

Pero mirando mejor las cosas, desde la unidad del evangelio, tal como ha sido recogido y culminado por Mateo (en Mt 28, 16-20), Jesús ha superado esa simetría judicial, abriendo un camino que tiende, de manera paradójica y privilegiada, hacia la salvación de todos. Las dos partes de la escena (derecha e izquierda) forman un tablero simbólico, como una indicación pedagógica y parenética (tomada de la historia de las religiones y culturas del entorno), para que en su fondo se destaque mejor lo inaudito: la gracia de Jesús, Hijo de Hombre, que rompe todas las simetrías y supera todas las antítesis, haciéndose presente en los más pobres, en hambrientos y rechazados del mundo. Eso significa que Jesús no juzga desde fuera, como un juez racional, que se sitúa por encima de opresores y víctimas, sino identificándose con las víctimas de la historia humana, para abrir desde ellas un camino de salvación, que puede y debe ofrecerse a todos.

(7) Más allá de la simetría.

El juicio donde se supera todo juicio. Este es el juicio donde, paradójicamente, asumiendo en un nivel la dialéctica judicial (Venid, benditos…. Apartaos de mi, malditos), se supera ese nivel desde los más pobres, es decir, desde los rechazados de la sociedad. El Dios de Jesús no ha venido a juzgar a los hombres, sino a encarnarse en ellos, iniciando desde los más pobres un camino de solidaridad que se abre, misteriosamente, a todos. Este es el Dios del Jesús que ha dicho «no juzguéis» y, que, por tanto, no puede venir a juzgar, sino a ofrecer a todos un camino de salvación. Por eso, desbordando el nivel de simetría o antítesis, debemos recordar que sólo existe un camino de Dios, un camino mesiánico de gracia. De esa manera, utilizando una terminología judicial, fundada en la ley israelita (cf. Dt 30, 15), que se expresa en los apocalípticos (cf. Dan 12, 1-3), el Dios de Jesús de Mt 25, 31-46 ha superado toda norma y principio de juicio. Éste es el Dios que se identifica con la vida que él ofrece a todos los que le escuchan y acogen. Este es su único camino. El otro no es camino, sino muerte. Según eso, la formulación antitética (en forma de pura simetría entre derecha e izquierda, ovejas y cabras) forma parte de un primer nivel de lectura moralista del pasaje. Pero el Dios de Mt 25, 31-46, mirado desde el fondo del evangelio de Mateo, no es un observador, ni juez moral, sino que está implicado en la trama de la historia, como gracia liberadora y como vida; es el Dios del sermón de la montaña que hace llover sobre justos y pecadores y que ama a todos (cf. Mt 5, 43-48).

(cf. S. GRASSO, Gesù e i suoi fratelli. Contributo allo studio della cristologia e dell'antropologia di Matteo, EDB, Bologna 1994; X. PIKAZA, Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños (Mt 25, 31-46), Sígueme, Salamanca 1964).

51 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Mario Enrique Bruzzone 24.11.08 | 01:19

    Amiga Roser Puig

    Una vez más, muchas gracias por tus palabras, que siempre son un bálsamo para mi espíritu.
    Y ya que te parecen correctas mis ideas, tal vez sería interesante que les comentases mis "extrañas ideas" a las personas de ese grupo, o a cualquiera que tú puedas conocer.
    Quien sabe. Podría ser una forma de ir "abriendo camino".
    Cordiales saludos
    MARANA-THA

  • Comentario por Roser Puig F 23.11.08 | 20:30

    Amigo Mario, vivir austeramente y a la vez solidariamente, es lo que intento hacer desde hace años. Comprendo tu proyecto y lo apoyo, pero a mi (una urbanita cargada de años y con una familia que no está por la labor) me resulta difícil de poner en práctica tal como tu lo concibes. De todas maneras, me he juntado con una serie de personas (se suele llamar ”comunidad de base”, pero no es parroquial. Cada cual viene de un sitio diferente) las cuales, desde su puesto en la sociedad, intentamos vivir la llamada “opción por los pobres”y nos juntamos para orar. Es más difícil y menos gratificante que lo sería si pudiera vivir en el campo y apoyada por una comunidad que hiciera lo mismo, pero algo es algo. Tu sigue insistiendo y no hagas caso si alguno te llama pesado. Un abrazo.

  • Comentario por Mario Ernique Bruzzone 23.11.08 | 19:51

    Amiga Roser Puig

    Gracias por tomarte la molestia de leer y comentar mis ideas.
    Sin embargo, y aún respetando eso de «cada uno a su bola», me parece que por la importancia que tiene deberías reflexionar con mayor profundidad en lo que sería "mi" bola, ya que para mí constituye nada menos que LA ESENCIA DEL EVANGELIO.
    Cordiales saludos
    MARANA-THA

  • Comentario por Roser Puig F 23.11.08 | 19:19

    Y estoy de acuerdo contigo en que, si “los visitas”(te acercas), no tienes más remedio que implicarte en sus problemas. Y muchas veces descubres que la sociedad que mantienes con tu voto y tu manera de vivir, tiene mucha responsabilidad en que una persona sea “delincuente”. Es decir, trasgreda las reglas sociales. Perdona por no haber entrado antes en tu tema, pero ya sabes, cada cual a su bola. Un abrazo.

  • Comentario por Roser Puig F 23.11.08 | 19:14

    Amigo Mario, creo que si que entendí lo que nos decías sobre la diferencia entre el sistema penitenciario del tiempo de Jesús y el de ahora.. En el tiempo de Jesús prácticamente no debía haber encarcelados, y no porque no hubiera leyes y exigencia de que se cumpliesen, sino porque a los peligrosos (como Jesús y los ladrones que le acompañaban) no se molestaban en tenerlos presos. Sencillamente los ajusticiaban. O, a los fuertes, los enviaban a galeras. Existe una parábola que muestra que, además, los “deudores” eran esclavizados, ellos y sus familiares(Mt 18,21-35)hasta pagar la deuda. El sistema carcelario actual no tiene nada qué ver. Su supuesto objetivo es el de “reinsertar” al delincuente. La justicia de entonces era simplemente la de “pagar”. De todas maneras, algún preso debía haber cuando Jesús incluye, en lo que llamamos “obras de misericordia”, la visita a los presos.(sigue)

  • Comentario por cristiana 23.11.08 | 00:12

    Disculpa Mario...
    Buenas noches a todos.

  • Comentario por Ireneo 22.11.08 | 23:37

    Para José Carlos:
    Yo no soy Irenero.
    Está claro que ese no es mi verdadero estilo.
    Es falso. Y escrito con mala intención.
    Y un verdadero abuso.
    Protesto.

  • Comentario por Mario Ernique Bruzzone 22.11.08 | 22:55

    Hermana cristiana

    Te agradeceré que vuelvas a leer desapasionadamente lo que he expresado, en lugar de detenerte en un aspecto que —al menos en este caso al que me refiero— resulta ser meramente anecdótico.
    De cualquier forma, muchas gracias por contestarme.
    Cordiales saludos.
    MARANA-THA

  • Comentario por cristiana 22.11.08 | 22:20

    Mario, sistema inhumano las prisiones, las prisiones injustas si es inhumano, pero las prisiones justas de inhumano nada.
    Mas inhumanos son los delincuentes, los estafadores, los asesinos, todo el que se ponga de parte de estos,no respresenta a Dios , representa al que no es Dios.Quien habla a favor de esta escoria, no mejora al mundo,al reves, perjudica la existencia en que las personas puedan vivir tranquilas y en paz.No comprendo a la gente que defiende mas a los delincuentes que a las personas honradas.Y me parece muy bien que el que estafe, trabaje para devolver lo estafado,que se lo digan a todas las personas honradas que son estafadas por este tipo de tramposos sin escrupulos.

  • Comentario por Emérito Agusto 22.11.08 | 21:59

    Porque se corre el riesgo que de que por tanto pensar en dios, NO TE VIMOS hambriento, desnudo, enfermo…


  • Comentario por Emérito Agusto 22.11.08 | 21:57

    Desde siempre me ha impresionado y cuestionado (incluso cuando tenía vivos mis “convencimientos” cristianos) la parábola del “Juicio Final” que Xavier nos trae a reflexión. Y aún ahora, me sigue interrogando desde la realidad HUMANA.
    Es desde aquí, y a partir de aquí, donde pueden “converger”, no las distintas “religiones” que no serán capaces por su exclusivismo, sino las “culturas”: coincidir al menos en unos valores de mínimos.
    La clave de este texto es que Jesús evidencia el fundamento de su doctrina, su “humanismo”. Aquí la “buena noticia” del Evangelio es el hombre, la dignidad humana.
    El “juez” no juzga porque se ha amado mucho a Dios, o se han cumplido "fielmente" sus ritos y sacrificios, sino por satisfacer las más elementales necesidades de la persona. No desea ser temido, sino ser reconocido en el sufrimiento de los pobres y de los débiles.
    No se puede tener fe en Dios sin tener fe en el hombre. Porque se corre el riesgo que de que por tanto pensar e...

  • Comentario por Mario Enrique Bruzzone 22.11.08 | 20:48

    Ese acercamiento positivo e inmediato, logrado al “visitarlos”, que fuera lo “reclamado” por Jesús, le “decía” al visitante (es decir, le mostraba con crudeza y por ende le obligaba moralmente) que era necesario “hacer algo” a favor de quien se encontraba en tal situación (trabajar para el enfermo, o ayudar a pagar las deudas del preso) mientras que, si no lo “veía”, podía continuar viviendo tranquilamente en su propia existencia.
    Es decir, lo que el Cristo reclamaba en tal sentido a sus seguidores, era no “hacerse los disimulados” frente a las carencias ajenas derivadas de aquellas situaciones, ya que por esa época nadie pagaba salario alguno al enfermo, y las mujeres no podían trabajar, por lo cual la subsistencia de la familia del doliente, o del preso, era algo por demás problemático.»

    ¿No creen conveniente volver a reflexionar, sobre las cosas que suelo mencionarles?
    Cordiales saludos

  • Comentario por Mario Ernique Bruzzone 22.11.08 | 20:47

    «Creo que es fundamentalmente en ese sentido en el que debemos analizar, el famoso “visitar a los enfermos y a los presos” que ponderó Jesús. En efecto, y sin pretender por eso negar, ni desconocer, el valor socio—religioso que actualmente puedan tener tales actitudes, estimo que en la época del Cristo sucedía algo que era muy diferente de lo que acontece ahora, y que por lo tanto, esas acciones fueron alabadas por él ya que requerían a sus discípulos el ponerse en contacto directo con quienes se veían muy dificultados para subsistir, o que directamente no podían hacerlo, al no poder trabajar por estar enfermos, o que estaban sujetos al trabajo forzado para afrontar el pago de sus deudas. (sigue)

  • Comentario por Mario Enrique Bruzzone 22.11.08 | 20:46

    En uno de mis libros (Por qué mataron a Jesús), al explicar la causa de la ejecución de Jesús, he señalado que como las deudas que se originaban por aquellas épocas se producían, o bien por problemas de salud, o bien por cuestiones de desastres climáticos u otras cosas similares, ya que el crédito que usamos nosotros (adquirir un bien y pagarlo luego en cuotas, que tantos problemas está generando en nuestros días, TAMBIÉN ES UN FENÓMENO SUMAMENTE MODERNO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD) por ese entonces era absolutamente desconocido.
    Por otra parte, como en aquel entonces quien adeudaba era “esclavizado” (vendido u obligado a trabajar para el acreedor) hasta que pagase lo adeudado, explico allí que ÉSE ES EL SENTIDO QUE TIENE.
    Y, para aclarar mejor mi punto de vista me permito transcribir a continuación una nota de dicho libro.

  • Comentario por Mario Ernique Bruzzone 22.11.08 | 20:46

    Hace unos días, al exponer una serie de textos relacionados con las prisiones, y que generaron algunas dificultades ya que Xabier procuraba enseñarnos que ese sistema inhumano debería desaparecer, TAMBIÉN nos recordó que las cárceles que nosotros conocemos actualmente, pueden ser calificadas como un fenómeno reciente en la historia de la humanidad, dado que el actual sistema carcelario tiene aproximadamente SÓLO unos 200 años de existencia.
    Pues bien; siendo eso así (cosa evidente ya que así nos lo enseña la historia) resulta absolutamente obvio que en la época de Jesús NO EXISTÍAN PRISIONES como las que nosotros conocemos, y siendo así resulta absolutamente lógico que nos preguntemos, QUÉ SENTIDO TENÍA ESE “VISITAR A LOS PRESOS” a los que hace alusión el Evangelio.

  • Comentario por Mario Ernique Bruzzone 22.11.08 | 20:44

    Por otra parte creo que todos coincidimos en afirmar, que el Evangelio es algo “vivo”, algo que sirve para toda época y lugar, y —por ende— que puede (y debe) ser interpretado para “nuestra” realidad actual.
    Sin embargo, pese a que eso es absolutamente cierto, me parece que no podemos de forma alguna (yo diría que “ni en chiste” podemos hacerlo) asumir por eso que las palabras de Jesús NO TENÍAN TAMBIÉN COMO DESTINATARIOS DIRECTOS a sus contemporáneos.
    Es decir, que no podemos interpretarlas como si estuviesen dirigidas sólo a nosotros, sino que TAMBIÉN debemos comprender el sentido que TENÍAN las palabras que usaba para transmitir su mensaje, con respecto a aquellos que vivían en su época.
    Pues bien; dando eso por aceptado (creo que no habrá nadie que pueda pensar lo contrario) ingresaré ahora al fondo de lo que tengo interés en traer a vuestra atención.

  • Comentario por Mario Ernique Bruzzone 22.11.08 | 20:43

    No diré ninguna novedad, si afirmo que el mensaje profundo del Evangelio (lo “esencial”) es el vivir en verdaderas comunidades, compartiendo vivencias y bienes.
    Y que exactamente lo mismo ocurre si reitero mi idea, con respecto a que creo que la decisión de ajusticiar a Jesús fue adoptada —precisamente— por el temor a que ese estilo de vida (que era utilizado, por ejemplo por los esenios, un grupo “cerrado” y apegado a muchos ritualismos, como la higiene y otras cosas por el estilo) se “expandiese” a la gente normal, al ser humano “común y corriente”, al que vivía alejado a ese tipo de cosas.
    Es decir, que no sólo lo practicasen algunos “personajes especiales”, que se arrogaban le idea de mantener una vida más “religiosa” que el resto de los mortales (¿no les “suena” a algo muy actual eso?) sino todos.
    Sólo se los recuerdo para que comprendan mejor lo que señalaré con relación a este —sin duda alguna— importantísimo pasaje del Evangelio.

  • Comentario por Carmen Hernández 22.11.08 | 19:49

    Los-as Cristianos-as, estamos acostrumbrados a vivir en las Catacumbas siempre que los emperadores reinan con el mazo dando...
    También estamos acontumbrados a morir, bajo los 2dientes de las fieras" y "los ojos del diablo" ven de noche y hace listas para después pasarlas al circo romano, así que hermanos-as preparemonos por si volvemos a ver bajo palio al gobernante político, ya sabemos que nos esperan las cunetas, son las nuevas catacumbas.
    Carmen

  • Comentario por Roser Puig F 22.11.08 | 17:20

    José Carlos, escalofriante el comentario de Irineo en Humanismo sin Credos.Hace tiempo que sospecho que detrás de los “piratas” del blog está alguien tan poderoso como el cardenal Rouco Varela. Solo hace falta observar su prepotencia. Y sospecho también que los ”legionarios de Cristo” no andan lejos, a juzgar por la mezcolanza de patriotería y religión que evidencian. . Es propio de ellos “hacer listas” para “mandar al paredón” a quienes tienen fichados como “herejes y rijos“. Están preparados para cuando “vuelvan los suyos”. Dios no lo quiera..

  • Comentario por Roser Puig F 22.11.08 | 17:01

    Se debe reconocer que en esta argumentación hay algo de verdad, pero también bastantes errores” (segunda parte, nº 25) No menciona en ese momento los “errores”, pero luego se explaya largamente demostrando que, como dijo Jesús, “pobres, siempre los tendréis con vosotros”. Efectivamente, siempre habrá personas necesitadas de amor, por muy justo que consigamos que sea el sistema económico-político de nuestra sociedad. Pero no creo que ello deba inhibirnos el deseo de cambiar lo que es injusto y de hacer todo lo que esté a muestro alcance para lograrlo.

  • Comentario por Roser Puig F 22.11.08 | 16:58

    ¿Debemos limitarnos a seguir “poniendo parches” (muy amorosos, eso si) que no molesten ni cambien las estructuras del sistema de mercado? El caso es que, el propio Benedicto XVI, reconoce que: “Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada después con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista.(¡Ya salió aquello¡) Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad —la limosna— serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, haría falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten ya las obras de caridad.(sigue el Papa)

  • Comentario por Roser Puig F 22.11.08 | 16:55

    Está claro que se nos juzgará en el “AMOR” A nivel personal y grupal. (“venid benditos o, íd malditos”) De nada nos va a servir escudarnos detrás de la “obediencia debida”. A este efecto, es conveniente que los católicos sepamos cual es el pensamiento del actual Papa, del cual depende la actitud y estrategia a seguir por parte del resto de la Iglesia: Deus Caritas est, nº 31-b: “La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. No es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualización aquí y ahora del amor que el hombre siempre necesita.”. Y yo me pregunto: ¿quiere decir eso que no hay que “meterse en política” y dejar que los sistemas socio-económicos establecidos, que tantas víctimas inocentes están produciendo, campen a sus anchas? 8sigue)

  • Comentario por JMS.- 22.11.08 | 15:06

    Hoy están borrascosos los comentarios. Por mi parte, me quedo con el texto de Pikaza, largo y todo pero aceradamente acertado, y con el comentario de Emilita que, tan sensible como es, sabe poner el punto sobre las íes.

  • Comentario por Diego 22.11.08 | 13:59

    Como siempre Xabier, gracias por tu palabra que alienta, estimula, ilusiona, instruye, y nos hace conocer más y mejor al Dios de la vida, que nos libera de tanto anquilosamiento y nos hace gustar con frescura renovada la novedad el Evangelio de Cristo.

  • Comentario por José Carlos Enríquez 22.11.08 | 13:25

    Sí no te gusta lo que dice Ramiro puedo decirte que estoy de acuerdo con él EN TODO...

  • Comentario por José Carlos Enríquez 22.11.08 | 12:40

    comentario por Irineo en humanismo sin credos:
    Yo con este amado Blogger me deshuevo, me refociloico y me rasco las nalgas maduras con apleno consentimiento y placer.
    Hoy estás magnífico y totalmente pútrido, inmarcecible, mierdoso e irrecuperable. Tomaté un aguardiente con miel de ( o tres )y verás como recuperas el deseo y la esperanza
    El Cardenal Rouco Varela tiene la lista de más de 125.000 herejes a los que vamos a pasar por la piedra a la primera de cambio. Y entre ellos, estás tú, Xabier,Agusto y Ramiro y unos cuantos perdidos más.

    Y tengo tajo. Luego hablamos.

    Gracia y Paz.
    Comentario por Irenero ( que me m..) 23.10.08 @ 16:18

  • Comentario por ALFONSO 22.11.08 | 11:53

    Cristo es Rey pero de cristologia no sabemos nada.Esta todo envuelto en el misterio.¿Son veridicos los relatos de la Pasion? ¿son dudosos los Evangelios? ¿es creible Jesus como Salvador judio despues de Auschwitz? ¿es la cristologia algo superado en la historia de la humanidad? ¿que paso aquel primer Viernes Santo de la historia?...¿hubo un terremoto? ¿salieron los muertos de sus tumbas?...¿salieron? ¿no salieron?...¿cumplio Jesus con todas las profecias judias? ¿por que es necesario una segunda venida?...¿no fue eficaz la primera?...el dia que los muertos resuciten (los incinerados no resucitaran 1 Cor 3,9-17) y salgan de sus tumbas,ese dia,el hombre descubrira su divinidad,su ser inmortal.

  • Comentario por Ireneo 22.11.08 | 11:36

    Dice: el que lo desprecia

  • Comentario por Ireneo 22.11.08 | 11:34

    Lo de José carlos es un perfecto abuso de espacio y de prepotencia, que naturalmente se queda sin leer.
    Vengo alguna vez a comentar los temas y huyo desesperado. Es insufrible tanto abuso y desprecio a los demás.
    Comentario: La solución fraterna y final.
    El que se ocupa de su hermano se salvará.
    El que no desprecia y lo ignora se condenará.
    Esperemos que Dios considere términos medios, porque sino veo muy dificil la salvación de la inmensa mayoría de los humanos. Lo blanco o negron y lo negro o blanco, es una posición demasiado radical.
    Saludos.

  • Comentario por Emilita 22.11.08 | 10:20

    Y lo curioso es que siempre esos hechos tienen que ver con la falta de amor recibido o dado. Si a esto unimos el descubrimiento de que no hemos sido conscientes de que Cristo, el Rey, estaba en nosotros como sujeto (paciente o agente) sufriendo o como sujeto que cura, acoge y acompaña, entonces la emoción es tanta, que las lágrimas, signo de nuestro dolor, aparecen. Y es este dolor, por el bien no recibido ni hecho, esta frustración de no haber sido capaces de vivir nuestra historia sabiendo que es Cristo quien la vivía en nosotros, lo que nos producirá esa mezcla de impotencia y rechazo, dulzura y sorpresa que llamamos “juicio y purgatorio”.

  • Comentario por Emilita 22.11.08 | 10:18

    ….porque allí estaba yo, dando cobijo y siendo cobijado, comiendo y dando de comer, acompañado y acompañando”! Ayer oyendo a una paciente contar su vida entre lágrimas (escena repetida mil veces), caí en la cuenta, tuve la certeza de comprender por qué los teólogos llaman “purgatorio” al momento de encuentro con Dios, al Juicio final (personal)…la explicación está aquí, en este Evangelio. ¿Quién no se conmueve y no se emociona hasta el llanto contando la historia personal de su vida, los hechos dolientes que la jalonan?

  • Comentario por Emilita 22.11.08 | 10:17

    No sólo se identificará con los pobres. Con los que tuvieron hambre, con los sin techo o los encarcelados….sino con quienes dieron de comer, vistieron, acompañaron, acogieron y visitaron. Por eso es Rey en sentido absoluto y pleno, porque en todos los seres está él, porque la Encarnación ha llenado el mundo de sí y ha hecho santo lo profano, porque el Rey no se constituye frente a la presencia de “siervos”, sino que es Rey porque todos participan de su realeza. Y porque esto es así, pudo ser juzgado por Pilato y Caifás, porque era uno de tantos y todos los tantos estábamos en él...
    Al final ese Juicio-Reino, no es más que un:”contadme vuestra historia. Qué hicisteis por mí, y quienes fueron en vuestra vida concreta los que os ayudaron. Quiero nombres y apellidos y circunstancias concretas…

  • Comentario por Emilita 22.11.08 | 10:14

    Mateo 25, 31-46 (Cristo Rey, Juez y…reo)
    Dicen por ahí, que el título de Rey aplicado a Jesús, no dice mucho en nuestros días, días de repúblicas y democracias. Además, el mismo Jesús dijo que él era Rey pero no “de este mundo”, y que por lo mismo no actuaba como lo hacen los Reyes de la tierra, defendidos y blindados ante sus enemigos…
    La pregunta inmediata es entonces: ¿Cómo podemos llamar Rey a Cristo, sin referencia alguna al tipo de reino del que es Rey?
    Quizás la pista la presenta Mateo en éste magnífico Evangelio cuando nos habla del Juicio final, en el que Cristo, Rey y Juez, nos sometera a todos a un juicio personal e intransferible, singular y extraño, dado que en todos los juzgados Cristo buscará su propia imagen.

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.11.08 | 10:05

    La voz resucitado jamás se ha escuchado de otra manera que llamándonos a ser sus discípulos y nos llama con las mismas palabras que el evangelio recoge del Jesús terreno: “quien no toma para sí su cruz y me sigue, no es digno de mí.

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.11.08 | 10:05

    16
    El primitivo mensaje de la Pascua también habla de nuestra esperanza personal y de la promesa que se nos ha hecho para más allá del sepulcro. Pero lo hace en un segundo plano y a la sombra de lo que para él es sobremanera importante: “a este Jesús Dios lo ha constituido Señor y Cristo”, “más Cristo debe reinar”, El ostentando los poderes”, “toda rodilla habrá de doblarse ante Él” No cabe cambiar este orden, sin que todo se estropee. Poner nuestros deseos y esperanzas tan en primer plano de la Pascua que Jesús quede reducido a garante de su cumplimiento, no es en absoluto cristiano. En sentido cristiano, nuestro futuro es una pequeña parte de su dominio, el cual alcanza mucho más allá. Pero dado que el dominio de Jesús es en cuanto crucificado, también nuestros propios deseos y anhelos se ven una y otra vez satisfechos en la Pascua.

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.11.08 | 10:03

    15
    Tales son, pues, las imágenes del reino de Dios, de la consumación de la historia de la humanidad por obra del Dios fiel, del Dios creador, y recreador, imágenes que el Nuevo Testamento recoge y multiplica: la esposa y el banquete nupcial, el agua viva, el árbol de la vida, la nueva Jerusalén. Imágenes de comunidad, amor, claridad, plenitud, belleza y armonía.
    La consumación de Dios está sobre toda experiencia, sobre toda representación y sobre todo pensamiento humano. “único que posee la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver” 1Tim6, 16. La gloria de la vida eterna es del todo nueva, insospechada e inaprensible, impensable e indecible “lo que ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado: eso ha preparado Dios para los que le aman 1Cor 2,9.

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.11.08 | 10:02

    14
    En los saciados y satisfechos consigo mismos se esfuma el sentido de las realidades… Cuando el cielo y la tierra confluyen y los piadosos no pueden por menos de respetar la promesa hecha a los paganos, ya no se separan las normas tradicionales ni los distintos frentes organizados de acuerdo con ellos terminan los tabúes terrenos y, en fin, se busca y encuentra acceso a todos los que ven amenazada y violentada la humanidad.
    “Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreara. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo; porque está lleno el país de conocimiento del señor, como las aguas colman el mar Is 11,69

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.11.08 | 10:01

    13
    conectando de esta manera la disyuntiva de Dios o los ídolos, fe o superstición, vida cabe bajo la palabra o vida bajo la represión demoníaca de la verdad, autentica humanidad o inhumanidad.
    En efecto: decidirse por qué “señor” se tiene, a que señor se pertenece es el reto decisivo que ha de aceptar el cristiano. De ahí que la fe en Dios, la fe en la resurrección de Jesús a la vida eterna, incluso a la impertinencia del cielo o de la tierra, tengan para el hombre un carácter desilusionante y, por lo mismo, liberador: “la justicia de Dios no sabe de misericordia barata”. Echa abajo lo que se cree ser algo, viene en ayuda de los pequeños, los explotados, los moribundos, como proclaman las bienaventuranzas, y saca a relucir el ateísmo hasta detrás de las caretas piadosas. Quien viene de una muerte en la picota y de un sepulcro abierto y está practicando el seguimiento del Nazareno, ya no se acomoda a una sociedad en la que la consigna “éxito dinero” embriagan a los hombres...

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.11.08 | 09:59

    12
    DE modo que los cristianos están, y ahora, irrevocablemente insertos en el radio de acción, en el ámbito de soberanía del reino de Dios, que para ellos se identifica con el reino de Cristo. Estar inserto en el ámbito de soberanía del reino de Cristo significa saber cual es el “señor” que uno tiene y, a la vez, dar una negativa radical a todos los “señores y poderes” que pugnan por conseguir el dominio sobre el hombre. Estar en el ámbito de la soberanía de Cristo significa a si mismo procurar la “des-demonización” de los ídolos de este mundo con vistas a una sociedad más humana y cristiana.
    Sacarnos del dominio de las tinieblas para trasladarnos al dominio de su Hijo querido, así es como el antiguo mensaje bautismal de Col 1,13 caracteriza la liberación de la posesión (diabólica),

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.11.08 | 09:57

    11
    Habla, en fin, de ese poder de ese poder justiciero de Dios que destrona la muerte como señor de nuestra conciencia y garantiza el que con la muerte no quedan sellados para siempre el señorío de los señores y la servidumbre de los siervos… y no quiero silenciar que el mensaje del juicio de Dios también habla del peligro de perdición eterna. Tal peligro no impide contar de antemano con una reconciliación y expiación para todos y para todo lo que hagamos o dejemos de hacer. Así es como este mensaje irrumpe una y otra vez en nuestra vida como elemento transformador e imprime seriedad y dramatismo a nuestra responsabilidad histórica.
    Para los cristianos, la esperanza de la transformación de la humanidad en el reino de Dios es un acontecimiento del tiempo final, cuyo futuro ya ha despuntado en el mensaje, la praxis y el destino de Jesús de Nazaret.

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