Me escribe Mario: «Querido hermano Xabier. En el blog alguien me pidió que te envíe un texto con mis ideas, y te diré que hace algún tiempo que rondaba mi cabeza el hacerlo. Te envío el MARANA-THA, que como comprenderás contiene "la esencia" de mis pensamientos (aunque está un poco viejo, haciendo juego conmigo).
Si te parece posible publicarlo te lo agradeceré, y si resultara demasiado extenso, tal vez lo podrías dividir en dos partes…Un gran abrazo. Mario».
Los que seguís el blog le conocéis. Es un cristiano radical y bondadoso, un luchador de la libertad, a favor de los pobres, un hombre de paz… Alguna vez le he llamado idealista, pero vez cada vez que es más realista, con el realismo del evangelio. No necesita más presentaciones. Hoy publico la primera parte de su texto, mañana la segunda. Éste es un programa de vida cristiana Gracias, Mario.
Jesús y los pobres
Muchas veces hemos escuchado, que Jesús de Nazareth mantuvo a lo largo de su vida una manifiesta predilección por los pobres.
Por otra parte, si tenemos en cuenta que su prédica fue un continuo llamado al "Reino de Dios", parecería que ambos conceptos deberían estar indisolublemente unidos.
No obstante, a poco que analicemos la realidad de la vida del Cristianismo —tanto en lo Institucional como en lo personal— vemos que estamos muy distanciados de tal concepción o actitud.
Tal vez sea conveniente entonces, detenernos un poco a pensar en cuales son las razones que motivaron esta situación y, por qué no, también intentar bosquejar (¿o soñar?) un futuro más acorde con el ideal planteado por el Señor.
El mal
Por ser ampliamente conocidos y aceptados, tanto el "espíritu de comodidad humano" como la influencia del "Maligno" (de la cual, incluso, aquél es una consecuencia) resultaría redundante plantear esas cuestiones.
Es decir que, sin negarlas en forma alguna, estimo que posiblemente sea de mayor utilidad no detenernos demasiado en esos aspectos dado que, reitero, son generalmente admitidos por todos.
Resulta obvio entonces que esta posición no significa para nada "cerrar los ojos" a aquella realidad sino que, simplemente, consiste en procurar evitar el riesgo de acordar a esas cuestiones una dimensión mayor que la que realmente posee, ya que eso podría llevarnos a concluir en que, "frente a una adversidad de tal envergadura es inútil pretender modificar el actual estado de cosas".
Sinceramente, creo que esa posición significa directamente una falta de fe en el accionar del cristianismo, de la cual hay múltiples ejemplos no sólo a lo largo de su historia sino que incluso podemos observarlo en nuestro propio actuar de todos los días.
Por eso creo preferible tratar, o analizar, otros aspectos a los que llamaría "más simples o cotidianos", retomando un poco más adelante esta cuestión.
Posibilidades
Pienso que, en una posición sumamente crítica o peyorativa del Cristianismo, se podría afirmar que una "desviación" tan manifiesta, de tal magnitud, entre la actitud que se le atribuye al Mesías y la realidad vivida por nuestra concepción religiosa podría corresponder a que, en realidad, el pensamiento y accionar que se la adjudica a Jesús de Nazareth se debía únicamente a que, en rigor de verdad, era una mera fórmula utilizada por él para señalar hacia quienes se debía poner preferente atención y cuidado.
Es decir que, si bien reclamaba permanentemente la necesidad de ocuparse de los pobres, su vida, al igual que la nuestra, también habría transcurrido rodeado normalmente de personas ricas o, por lo menos, de aquellas a las que hoy incluiríamos en la "clase media" o "clase media alta".
Tal concepción, crítica por cierto, sería atribuir a la vida del Señor una especie de "duplicidad" semejante a la que mantenemos a diario.
Algo similar a lo que ocurre en una conocida tira cómica donde, en un diálogo entre dos de sus personajes, uno le explica al otro que, «cuando sea grande ayudaría a los pobres organizando "cenas benéficas", en las cuales los comensales consumirían caviar, langosta, pavo, champagne, etc. para luego, con el dinero obtenido con tan "loable actividad", adquirir porotos, polenta, fideos y toda esas "porquerías" que comen los pobres, a los cuales se los repartirían».
De ser correcto ese tipo de opinión sobre la vida del Señor Jesús, resultaría entendible la actual (y prácticamente constante) actitud del Cristianismo (dentro de la cual me incluyo) que pregona permanentemente en favor de los pobres, pero vive ajeno casi por completo a ellos.
Sin embargo, no fue así la vida del Cristo sino que realmente vivió rodeado de una situación económica mínima a la que hoy, no dudaríamos en considerar "bastante precaria".
No sólo permite inferir eso su conocido nacimiento en el pesebre de Belén, ratificado por la ofrenda del par de tórtolas al ser presentado en el Templo, su oficio de "carpintero", o su constante ponderación de tal situación, sino que ponen de resalto esa humilde condición, en forma especial, dos pasajes evangélicos: el famosísimo de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" y el casi desapercibido de "la contribución debida al Templo".
Dad al César lo que es del César
El primero de ellos siempre ha merecido especial atención, por aquello que significa separar adecuadamente lo sagrado de lo profano, lo espiritual de lo temporal.
No obstante, creo que también es válido para mostrar que Jesús no tenía ni siquiera una moneda, ya que pide que alguno se la muestre (Mc.12,14-17).
Tal vez podrá alegarse que se trataba de una moneda especial (el denario romano) pero, por lo que sabemos sobre el interés fiscal de cobrar los tributos, resultaría extraño que únicamente se los pudiese abonar con ese tipo particular de moneda.
Pienso que es mucho más razonable admitir que en esa época, al igual que hoy, la voracidad fiscal hace que cualquier clase de dinero sea bienvenido para el pago.
El tributo del templo
El segundo pasaje evangélico, normalmente sólo es tenido en cuenta como una demostración de la mesianidad de Jesús, dado que, elípticamente, indica allí que Él es Hijo de Dios.
Pero también es valedero, e incluso más notable que el anterior, con relación al tema que nos ocupa ya que, al estar referido al pago del impuesto al Templo de Israel, no queda duda alguna de que se aceptaba para ello cualquier tipo de dinero, especialmente el hebreo.
Sin embargo, vemos que también en ese caso no sólo es Jesús quien no posee ninguna moneda para abonar esa gabela sino que tampoco la tenía Pedro, el cual, merced a la pesca milagrosa encomendada por el Señor, cumplirá simultáneamente con su propia obligación al respecto (Mt.17,24-27).
Los bienes de Jesús
Lo antes citado sobre Jesús y las monedas puede no satisfacer a más de uno ya que, en diversas oportunidades hemos podido escuchar que en realidad el Señor tenía vivienda, lo cual surgiría de varios pasajes del Evangelio donde se cita como algo normal que, en compañía de sus discípulos, concurrían a "la casa" (Mc.7,17;9,28;19,19).
No obstante, sabemos bien que el Señor no poseía ninguna ya que Él es quien expresamente afirma "no tener donde reposar la cabeza" (Mt.8,19-20).
La aparentemente contradicción entre tales textos, estimo que puede ser válidamente resuelta sosteniendo al respecto alguna de las siguientes posibilidades:
a) Con la primera expresión de "la casa", el evangelista se podría haber estado refiriendo, más que a una propiedad personal de Jesús, a "su casa paterna", la cual durante un lapso es para todos "nuestra" casa.
Somos conscientes de la evolución económico—psicológica que se produce desde nuestra infancia hasta obtener la definitiva independencia, cosa que logramos recién al hacer "rancho aparte", el cual pasa a ser entonces "nuestra casa" mientras que la anterior quedará en el futuro designada como "la casa de los viejos" o, por decirlo de manera más elegante, "la casa paterna".
b) Que hubiese sido una vivienda alquilada por él y sus discípulos en Cafarnaum (o que alguien se las hubiese prestado) ya que se menciona "la" casa, en forma impersonal, y no se dice "su" casa.
c) Que realmente Jesús hubiese tenido una casa propia, suya, personal, en Israel (e incluso, tal vez puede haber tenido más de una propiedad) de la que se desprendió luego.
Si bien cualquiera de las dos primeras alternativas podrían ser valederas, e incluso posiblemente la segunda resulte menos conflictiva, personalmente me inclino por la mencionada en último término.
Esa tercera alternativa, entiendo es la que podría haber correspondido a la realidad histórica (o, tal vez, es la que “más me gusta”) ya que nos permite pensar que en determinado momento de su vida el Señor Jesús se desprendió de sus bienes.
En efecto, de otra forma resulta difícil pensar no sólo en la afirmación a la que antes hice referencia respecto a que "...no tiene donde reposar la cabeza...", sino que aparece como inimaginable el que Jesús hubiese podido dar al hombre rico el consejo de vender sus bienes y entregar el dinero a los pobres antes de seguirlo (Mc.10,20-22) si él hubiese conservado "su" propia casa que, según afirman algunos, indicaría el otro pasaje evangélico.
La casa de Jesús, el hombre rico
Sobre todo por cuanto, si analizamos el Evangelio de Marcos vemos que uno de los textos relativos a ir a "la casa", y el pasaje del "hombre rico", están dentro del mismo contexto (Mc.10,10 y 10,21).
Por otra parte, pienso que tal posibilidad surge también con bastante claridad de la Segunda Carta a los Corintios y que ése sería realmente el significado del "empobrecimiento personal" del Señor Jesús, que cita Pablo como un ejemplo para los habitantes de esa ciudad (2Cor.8,9).
En efecto, sin pretender entrar en un análisis detenido de ese tema que superaría el objetivo del presente trabajo, creo que por lo menos resulta bastante complicado pensar, que en aquellos primeros años del cristianismo el Apóstol se hubiese estado refiriendo con esa expresión al "misterioso empobrecimiento" que significa la Hipóstasis (o Unión Hipostática - Dios "reducido" a la condición de hombre).
De conformidad con lo antes mencionado, creo que debemos asumir como algo real el hecho de que Jesús vivió, por lo menos durante su vida pública y dentro de lo que era “normal”, de una forma bastante austera.
Entonces, si así fue la vida de Jesús de Nazareth, el Cristo, título del cual surge precisamente el nombre de cristianos para designar a quienes nos decimos seguidores de su doctrina, ¿cuál es la razón por la que no lo hacemos realmente, por lo menos en ese aspecto tan importante?
Tal vez podamos pensar que esto se origina en haber quedado demasiado atados a la concepción del Antiguo Testamento donde, en general, al no aceptarse la existencia de una vida fuera de la actual (el "más allá") se tenía la idea de considerar a la riqueza (o la salud) como un bien de Dios derivado de llevar una vida virtuosa y, por el contrario, a la pobreza (o la enfermedad) como un castigo por el pecado.
Al respecto cabe acotar que, si bien es cierto que en los libros del Antiguo Testamento se valora el dinero a punto tal de comparárselo nada menos que con la Sabiduría, en el sentido que ambas otorgan buena "protección" (Ecl.7,11-12) no es menos cierto que esa valoración no está considerada como algo absoluto, como podemos comprobarlo, tanto a través de las críticas de los profetas (Is.58,10) como por las oraciones más cotidianas y conocidas del pueblo hebreo (Salmos 39,5-7;49,19-21;34,10-11).
Por otra parte, también en el Antiguo Testamento se reclama permanentemente la solidaridad humana, no sólo entre los hebreos (Sab.18,9; Lev.19,18) sino incluso en relación con los extranjeros, respecto a los cuales continuamente se le recuerda al pueblo de Israel que ellos también lo fueron en Egipto (Lev.19,33-34; Éx-22,20 y 23,9).
Atento tales argumentos se hace necesario entonces, buscar en otro sentido para encontrar el motivo de esta separación, entre la doctrina y la práctica del Cristianismo.
La primera comunidad cristiana
Para tratar de ubicar algunos de los problemas que causaron este distanciamiento, entre la doctrina de Jesús y la práctica cristiana, un camino posible es detenernos un instante a analizar los albores de la vida del cristianismo, donde podemos observar algunos aspectos que, tal vez, nos den la pauta para ayudarnos a advertir el origen de los problemas al respecto.
Leyendo el "Libro de los Hechos de los Apóstoles", vemos que luego de la Ascensión del Señor, coexisten lo que se ha dado en llamar "La Iglesia de Jerusalén" y "La Iglesia Paulista o de La Diáspora" (a la que en rigor de verdad deberíamos llamar "Las Iglesias de La Diáspora").
Esta última fue originada por los discípulos que fueron expulsados de Jerusalén, luego de la persecución desatada tras la muerte de Esteban, y más tarde fortalecidas y aglutinadas por el accionar y la predicación de Pablo.
La Iglesia de Jerusalén, en cambio, fue el grupo original que continuó en dicha ciudad y es allí donde vivieron todos los Apóstoles.
En ese "grupo madre", muchos de cuyos integrantes sin duda alguna habían compartido directamente las enseñanzas de Jesús, se produce una "comunidad de bienes" que origina la admiración de todos, ya que en esa Iglesia de Jerusalén "ninguno pasaba necesidades". -
Todo era poseído en común y nada era considerado como propio, se vendían los bienes y el dinero era entregado a los Apóstoles quienes lo repartían entre todos, conforme las necesidades de cada uno (Hech.2,44-47; 4,32-37).
Sin duda entonces resulta legítimo hacernos la pregunta: ¿Qué pasó entonces con tal situación, a la cual casi me atrevería a tildar de idílica?
Al respecto caben dos alternativas: a) Interpretar que en tal tesitura existió un error, es decir que en realidad no era esa la enseñanza o posición que Jesús les había inculcado a lo largo de su vida. b) Pensar que, si bien aquella idea era esencialmente correcta, existieron distintos “factores” que influyeron negativamente y motivaron su fracaso.
La primera comunidad cristiana y la enseñanza de Jesús
Sinceramente resulta muy difícil considerar que aquella actitud de vida no haya respondido a las enseñanzas del Señor Jesús y, para avalar esta afirmación podemos, entre otros, mencionar los siguientes argumentos:
a) En primer lugar debemos repetir lo ya afirmado respecto a que fue en esa Iglesia donde vivieron los Apóstoles, los cuales fueron elegidos en forma especial por Jesús para vivir con él (Lc.6,12-13) circunstancia que, sin duda, les permitió conocer con mayor profundidad las enseñanzas del Cristo (Mc.4,10-11).
b) Por otra parte en el propio texto del Libro de los Hechos, encontramos el extraño caso de Ananías y Safira, quienes mueren misteriosamente por haber pretendido "engañar" al Espíritu Santo, ocultando a la comunidad que habían retenido parte del dinero obtenido por la venta de su propiedad. Evidentemente, tal situación extrema no podría haberse producido si Dios no participase de esa forma de vida (Hech.5,1-11).
c) También encontramos la realidad de muchos ejemplos a lo largo de la historia del cristianismo, respecto la existencia de distintos grupos religiosos (Ordenes, Congregaciones, etc.) que han asumido actitudes similares como un ideal de vida religioso.
d) Finalmente, está el que posiblemente debamos considerar como argumento más importante al respecto, el cual radica en que, según podemos leer en el Evangelio de Juan, el propio Jesús y sus Apóstoles practicaban el sistema de "bolsa común" (Jn.12,4-6; 13,28-29).
Por consiguiente, se hace necesario entonces pensar en la segunda de las posibilidades planteadas, y procurar ubicar los motivos más importantes que generaron la desaparición de tal estilo de vida.
Desaparición del etilo de vida cristiano
Considero que son tres los factores primordiales que van a desencadenar esta situación de distanciamiento, entre el mensaje y la vida del cristianismo. Dos de ellos son de tipo "histórico": la esperanza en la inminencia del regreso del Cristo y el espíritu judío. El otro es de carácter meramente humano, psicológico, y debemos entroncarlo con el tema mencionado al inicio de este escrito, al cual cité como el de la influencia del "Maligno".
Refiriéndonos al primer factor negativo, podemos ver que en la Iglesia de Jerusalén, como en todos los primeros cristianos, existía pleno convencimiento sobre la inminencia del regreso de Jesús, ya que se creía que estaban viviendo los "últimos tiempos" y muchos esperaban, incluso, estar vivos cuando su retorno sucediese (Jn.21,20-23; Rom.16,20; Heb.1,1-2; 1Cor.15,51; 1Tes.4,16-17).
Evidentemente, esa segunda venida del Señor Jesús sería triunfante, y en ella daría finalmente cumplimiento a las profecías, restableciendo el Reino de Israel en el cual —casi resulta redundante afirmarlo— sus seguidores ocuparían lugares destacados.
En realidad, tal concepción sólo era una continuación de la esperanza judía tan en boga en aquella época, referida al advenimiento de un Mesías que pondría en "orden" al mundo según había sido anunciado por los profetas.
De más está decir que ese nuevo "orden" implicaría necesariamente que el "Pueblo elegido" dominaría al resto de la humanidad, acción que al no cumplir Jesús de Nazareth durante su vida, fue lo que en definitiva motivó su rechazo por la dirigencia judía.
Frente a esa idea no es descabellado suponer, que el pensamiento dominante en la comunidad de Jerusalén, era que poco importaba quedar momentáneamente sin posesiones, dado que a muy corto plazo podrían tener a su disposición un bienestar mucho mayor, derivado, no sólo de los bienes existentes en el territorio de Israel, sino incluso de todo el mundo (Is.60,1-33; 66,10,12).
Tal convencimiento los llevó a mantener un estilo de vida equivocado, alejado de las labores cotidianas, al cual me atrevería a llamar como "meramente (¿o malamente?) religioso" (orar, concurrir al Templo, compartir los bienes, proclamar la proximidad del Reino de Dios, la mesianidad de Jesús, etc..).
¡Cómo si lo "religioso" pudiese realmente apartarse de las dificultades cotidianas de la vida!
Sin embargo, como aquél hecho se demoró mucho más de lo previsto, los integrantes de la Iglesia de Jerusalén, al no trabajar se convirtieron rápidamente en "los pobres" (ebionitas) y al no modificar su sistema de vida pasaron a depender para su subsistencia de los aportes económicos que recibían de las Comunidades o Iglesias de la Diáspora, a las que antes hice referencia, merced a las colectas organizadas por Pablo ante el reclamo de Santiago, Pedro y Juan (Rom15,25-27; 1Cor.16,1-4; ver también 2Cor.Cap.8 y 9; Gal.2,8-10).
El segundo factor que influye decisivamente en este problema es que, para colmo de males, aquella primera Iglesia de Jerusalén era lo que hoy llamaríamos "bien judía", es decir que no sólo consideraba que era necesario continuar a ultranza con las disposiciones de la Ley (circuncisión, ritos de pureza, etc.) sino que, además, se consideraban superiores al resto de la humanidad, por el sólo hecho de ser "hijos de Abraham".
Esta forma de pensar, hace que se produzcan roces y conflictos con los judíos de la Diáspora, y es también la idea que en definitiva serviría para pretender "convalidar" más adelante la subsistencia de los "judeo—hebreo—cristianos" (Iglesia de Jerusalén) con los aportes económicos que recibían de los otros cristinos, los "judeo—pagano—cristianos" (Iglesias de la Diáspora) (Rom.15,27).
Basta recordar al respecto la crisis que dentro de aquella primera Iglesia de Jerusalén se produce entre los de habla griega y hebrea por la distribución de bienes a las viudas, y los resultados de la primera persecución que se desata luego del martirio de Esteban y que comprende sólo a los "judeocristianos de origen pagano" (judíos de religión y hasta de raza, pero nacidos fuera de Palestina, en la Diáspora, y que no hablaban en hebreo o arameo) ya que los apóstoles y los demás "judeo—cristianos de origen hebreo" (judíos de religión y de raza pero nacidos en Palestina y que se comunicaban mediante el lenguaje hebreo o arameo) continúan viviendo tranquilamente en Jerusalén sin afrontar mayores conflictos conforme podemos comprobarlo con la lectura del libro de Los Hechos de los Apóstoles.
Poco antes de producirse el levantamiento judío hacia el 62/66 de nuestra era y luego del alejamiento de los Apóstoles, la Iglesia o Comunidad de Jerusalén, los "pobres", también se retiran prudentemente de allí y, finalmente, terminarán siendo considerados como la primera herejía que registra la historia del cristianismo, bajo el nombre de "ebionismo" por ser "judaizantes" (exigir la circuncisión y un apego al cumplimento estricto de la Ley de Moisés).
Resulta razonable pensar entonces, que las Iglesias de la Diáspora, cuyos integrantes sin duda habían realizado más de un esfuerzo para sostener económicamente a los de Jerusalén, pudieron asumir que tal sistema de vida no era el correcto ya que, de otra forma, «Dios no hubiese permitido su desaparición».
En efecto, es dable pensar que la devastación sufrida por Jerusalén, pudo haber sido interpretada por los judeo—cristianos de origen pagano como un claro signo de Dios, en el sentido de que lo que se hacía y predicaba allí no era lo correcto, por lo cual se plantearon como inadecuado tal esquema de vida absolutamente comunitario, y continuaron en su lugar con el de carácter individualista, propio de los griegos y latinos al cual ellos estaban acostumbrados desde siempre, ya que era su propio estilo de vida, el que habían visto y practicado en la Diáspora desde su nacimiento.
También puede haber influido bastante al respecto la prédica de San Pablo, quien valora el trabajo con un empeño digno de encomio (1Cor.9,13-18; 2Cor.12,13-14; 2Tes.3,6-10).
Existe además un tercer factor que influye negativamente, y al cual denomino "de corte psicológico", con respecto a este problema de la vivencia del Cristianismo.
En general, todos tenemos algo así como una especie de temor (casi diría mejor “terror”) a "ser pobre", por cuanto esa palabra suele ser asimilada a "ser miserable" o pasar necesidades, por lo cual procuramos obtener bienes suficientes como una forma de "asegurar nuestro futuro".
Por supuesto que afirmamos que no lo hacemos para nosotros mismos, ya que ello denotaría una manifiesta falta de confianza en la Providencia de Dios sino que, normalmente decimos que actuamos así, por ser nuestra obligación con relación a aquellos que dependen de nosotros, fundamentalmente de nuestros hijos.
La pobreza no es indigencia
Sin embargo, la "pobreza" como ideal cercano a la enseñanza de Jesús de Nazareth, no implica indigencia ni nada por el estilo sino simplemente una actitud de esperanza plena en la Providencia del Padre (el "pan de cada día", el "maná diario", no llenar tanto los graneros) pero teniendo absolutamente todo lo necesario para vivir confortablemente, conforme a los requerimientos de cada época y lugar.
La actitud de miseria y extrema necesidad de la marginalidad, por el contrario, es algo que produce la degradación del ser humano, lo cual implica también una suerte de esclavitud, diferente a la tradicional pero esclavitud al fin, situación que no condice para nada con el ideal del Señor Jesús por lo cual, demás está decirlo, también es ajena por completo a mi pensamiento.
Frente a este "aspecto psicológico" y, retomando la idea mencionada antes respecto a que Jesús no tenía dinero alguno, creo conveniente aclarar que si bien una actitud óptima, desde lo que llamaría “el punto de vista evangélico” sería, tal vez, asumir la vida con una confianza ilimitada en el Padre, es también razonablemente posible tener una actitud no tan heroica sino mas adecuada a un "nivel de vida normal".
Cada uno debería resolver individualmente, si debe seguir a Jesús sin poseer absolutamente nada de nada (ideal de San Francisco de Asís, por ejemplo) para lo cual deberá detenerse a pensar si es capaz de realizar semejante obra o si, simplemente cabe para él la alternativa de llevar una vida “más modesta” desde el punto de vista evangélico (Lc.14,28-33).
Muchas veces he repetido a un amigo, que ha tenido la deferencia de escuchar mis cuitas que, «si vos querés, y te sentís capaz, podés intentar vivir como San Francisco. Yo soy sólo un “pequeño burgués” a quien la gusta vivir más o menos bien, y, pese a eso, estoy absolutamente convencido de que no es esa mi mayor falla en mi conciencia cristiana sino que, por el contrario, lo es el no ocuparme con mayor énfasis en que todos tengan un bienestar mas o menos parecido al que puedo lograr yo».
Por otra parte, creo que no cabe ninguna duda sobre el particular ya que, de acuerdo con lo indicado antes, el Libro de Los Hechos de los Apóstoles menciona expresamente que la Primera Comunidad de Jerusalén era bien vista dado que "ninguno pasaba necesidades".
Asimismo, de ninguna forma me siento "un mal pensando" al creer que tenemos pleno "derecho" a vivir confortablemente, ya que es evidente que Jesús no vestía con harapos, según podemos comprobarlo en el famoso pasaje del Gólgota de acuerdo al cual, su túnica fue sorteada entre los soldados, en lugar de dividirla, hecho que nos permite asegurar que realmente era de "buena calidad" (Jn.19,23-24).
Por eso creo que la actitud cristiana frente a los bienes debería ser, simplemente, pretender sólo lo necesario, desentendiéndose de lo superfluo, y asumir que los elementos que se poseen deben ser considerados sólo "tesoros o denarios", que el Padre nos ha entregado, para su correcta administración en favor de todos.
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Gracias Julius, sin duda su ingenio para responder continúa tan lúcido como siempre.
Espero que le agrade la segunda parte.
Y disculpe la demora en contestarle, pero no había ingresado por aquí.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Don Mario: Muy interesante su escrito. Es evangelio "puro y duro". Esperamos la segunda parte.
Se ve que Tomoteo sabe mucho de arameo y de obras. Debe ser un albañil muy culto.
Un abrazo
Tomoteo, ¡cuanta razón tienes¡ “obras son amores y no buenas razones” Lee con atención lo siguiente: “pertenece a la enseñanza y a la praxis más antigua de la Iglesia la convicción de que ella misma, sus ministros y cada uno de sus miembros, están llamados a aliviar la miseria de los que sufren cerca o lejos, no sólo con lo «superfluo», sino con lo «necesario». Ante los casos de necesidad, no se debe dar preferencia a los adornos superfluos de los templos y a los objetos preciosos del culto divino; al contrario, podría ser obligatorio enajenar estos bienes para dar pan, bebida, vestido y casa a quien carece de ello. (carta encíclica Sollicitudo rei socialis, n. 31 Juan Pablo II.) Porlo visto los pobres ya se han acabado puesto que el Vaticano no ve la necesidad de"enajenar" nada.
Ante todo, muchas gracias a Xabier por haber colocado en su blog esas líneas.
Y también muchas gracias a todos los que las han leído y comentado.
Con la segunda parte comprenderán mejor mi pensamiento.
Dos acotaciones.
Doc
Yo —y no mi amigo— soy el “PEQUEÑO BURGUÉS”.
Mi amigo es una persona maravillosa.
¡Y LO SIGUE SIENDO!
El mejor cura que conocí en mi vida.
Pero como no alcanzó a “advertir” las consecuencias de la cercanía de una chica, sin escuchar “ciertas voces” asumió en forma responsable su condición de padre (con lo cual ahora sí que tiene verdadero sentido para él, esa palabra con la cual aquí se nombra a los curas).
Por supuesto, fue suspendido y pasó a ser poco menos que un paria.
Carmen
Gracias por tus palabras de defensa.
Pero no te preocupes, estoy acostumbrado a escuchar cosas peores.
De cualquier forma, nuevamente muchas gracias.
Cordiales saludos
MARANA-THA
“no es lo mismo, escribe Ignacio Ellacuría, proponer el mensaje cristiano desde el lugar social que constituyen las clases dominantes, sean políticas o económicas que desde las clases dominadas. La Iglesia debe optar por el lugar social de los pobres. Porque ése fue el lugar de su Fundador, Jesús de Nazaret: “Jesús estaba de inteligencia, de corazón y de práctica con los más necesitados. Ignacio Ellacuría precisa:
“No es lo mismo estar en y estar con; Jesús estaba situado en ese lugar social que son los pobres y, desde ese lugar, que purificaba e iluminaba su corazón, es desde donde estaba con Dios y con las cosas de su Padre. Y su estar con Dios no era ajeno a su estar con los pobres, entre quienes quiso poner su morada”. Si la Iglesia predica la cruz, pero no sufre ella misma, si se entrego al orden del poder y no se opone a él en nombre de la justicia yen su apuesta por los marginados no sigue a Jesús.
los estudiosos en arameo biblicos, saben mucho, pero saben poco de lo que cuesta aprender a base de costilla, de coger palas, y sarmientos,coger aceitunas, en definitiva trabajar...
Eso sí, ven la paja en el ojo ajeno sin ver las vigas que vendieron en esa impresentable subasta londinense ¿quién vendieron la vigas...? seguro que alguién que tiene que ver con los estudios arameico o como se le llamen
Carmen
Mario ,no tengo mucho tiempo libre hoy ,se de tu pensamiento ,porque lo has manifestado aquí muchas veces ,como tu sabes del mio ,menos útopico ,basado en otros valores ,pero a veces me "cabreo o me deprimo tánto que no quiero ni pensar ,en la cantidad de ,dolor ,muerte ,injusticia ,desamor ,soledad etc....
la impotencia me invade y a veces tengo que desconectar ,porque me entra una inmensa tristea ....y tamopoco es bueno ....sobre todo me produce una agustia vital ,cuando no cumplo aquí ,lo que parece lo más lógico ,porque no espero nada a cambio después .
Un abrazo enorme y como J.Carlos un achuchón a tus nietas .Gracias Mario
Dice: " Obras son amores y no buenas razones".
Obras son amores y no buenas razones.
Mucho pobre en la boca y mucho ataque al Papa y a la Jerarquía. pero repito: Obras son amores u no buenas razones.
"Ven Señor Jesús " y se escribe con acentos. No tenéis cultura.Si sabéis arameo biblico. Analfabetos ¡¡¡.
-----Maraná Thá-----y no Marana Tha.
Con Dios.
La Iglesia es rica y se aferra a todas sus riquezas: edificios, formas de enseñanza, seguridad incondicional. Cuantos más bienes y más instituciones profanas posea, más triunfante aparecerá la Iglesia.
En algunos períodos de su historia, las riquezas le han abocado a graves crisis. Jamás la Iglesia ha abandonado sus bienes sin que se la despoje violentamente; cada vez que ha sido despojada, ha resistido hasta lo último y al fin lo ha lamentado amargamente. Esto da mucho que pensar.
JACQUES LECLERCQ
Dios se solidarizó con nosotros por medio de su Hijo Jesucristo. Y ese acto nos convoca a solidarizarnos con los necesitados en medio de su dolor.
sigue...
En fin que la pobreza no importa, el gasto de combustible menos, pues lo más lógico es que el proselitismos que ha hecho el obispo Santiago Aracil antes en cada pueblo y parroquia hubiese servido para estas reuniones de familias en cada lugar y sin esos pavonamientos tipo hile ríanos de mostrar la fuerza y el poder de la familia dentro de la iglesia estado.
Cosas de poder y pobreza, que nada tiene que ver con la Riqueza de una Iglesía para la Humanidad sin apologia de una clase especifica de familia al gusto de Roma y de la jerarquía de Espáña.
¡Viva España!
¡Viva el papa "sin la mama"!
Carmen Hernádez
A mi diócesis le importa mucho la familia, y la pobreza de estas…
De ahí que hacen un congreso para la familia que se desarrollará en las nuevas instalaciones de la Institución Ferial de Badajoz (IFEBA).
Ahora bien, como les importa tanto las familias, quien se quiera inscribir en el mismo le cuesta 30€, y el coste de transporte y de comida en los tres días que se organiza dicho eventos.
Es un llamamiento a nivel de toda la diócesis, así que con lo extensa que es la provincia de Badajoz se puede uno figurar lo que puede costar esto a la familia, ahora que estamos en crisis.
Esto es mejor a nivel de bombo y platillo y máxime que quieren procesionar a los convocantes desde el centro de Badajoz el mismo domingo, es como aquello de mostrar la fuerza aunque niños y personas mayores acaben reventados por los kilómetros que aran hasta la frontera de Callas en Portugal donde está IFEBA.
En fin que la pobreza no importa, el gasto de combustible menos, pues lo más l...
Amigo Mario, celebro el tema que propones. Se nota que estás convencido de lo que dices y que te esfuerzas en vivir aquello en lo que crees. Hoy no podré explayarme en un tema que me llega al alma, pues estoy con prisas porque aquí en Mallorca, desde Caritas, hay un Congreso organizado sobre “Codesarrollo y Migraciones”. Como mañana”sigues”, no faltaré a la cita. Un abrazo.
4º
Es importante observar que Jesús comenzó su ministerio público en su provincia donde radicaba, Galilea. Suplió las necesidades de la gente y sanó a los enfermos. Ciegos, cojos, sordos y personas con diversas enfermedades. “y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36). Sabemos que Jesús se relaciono con personas de todos los niveles sociales y de todos los aspectos de la vida. Asistió a una boda junto con su madre y sus discípulos en Cana de Galilea. Allí comenzó a demostrar su preocupación por los problemas de los demás, y realizó un milagro para ayudarles ( Juan 2:1-11). En Mateo 9:9-11) dice que Jesús comió junto con recaudadores de impuestos y pecadores. En otras ocasiones comió con los fariseos (Lucas 7:36; 11:37). Podemos decir que Jesús vino a cumplir la ley. Vino a traernos un nuevo día, nueva luz para su pueblo, y para todas las personas que lo siguieran.
Gracias, Mario. Mucho para meditar y comentar. Sobre todo el tema que es piedra de tropiezo para todos: Lucas 18,18-28
Estoy muy próximo a todo cuanto dices y también a la mentalidad de tu amigo "burgués"...
A veces me parece que muchas reflexiones y teorías están orientadas a "justificar" nuestro desajuste respecto al estilo de vida del Cristo a quien decimos seguir. ¿O quizás, como pretendía Pablo, no necesitamos justificarnos?
Espero tu segunda parte.
Un abrazo.
3º
La iglesia del Nuevo Testamento practicó la comunidad, ya que sus miembros compartían lo que tenían y se preocupaban por el bienestar mutuo. Imitemos su ejemplo.
Jesús desarrolló la relación más estrecha de su ministerio con 12 discípulos. Empleó mucho tiempo capacitándolos. Los discípulos y Jesús vivieron en comunión muy estrecha durante el tiempo de su ministerio. Incluso compartieron una bolsa común o fondo para gastos (Juan 12:6). Experimentaron verdaderamente una vida de comunidad. Jesús también tenía otros seguidores que disfrutaban de comunión con el. Maria, Marta y Lázaro eran amigos cercanos de el. En cierta ocasión Jesús envió como a setenta hombres a los pueblos vecinos a fin de que le prepararan a la gente para que El los visitara (Lucas 10: 1-12). La Biblia menciona a muchos otros que le amaban y tenían comunión con El.
2º
Además de los Diez Mandamientos, dios les da muchas otras instrucciones que ayudarían a Israel a vivir en comunidad. Eran leyes respecto a altares, sacrificios, días de fiesta, hábitos alimenticios, conducta o comportamiento personal, y comportamiento hacia otros. Estás leyes fueron dadas para ayudar a la gente a vivir con devoción a Dios y con espíritu de comunidad: compañerismo, amor y preocupación mutua por el bienestar de los demás. En el Nuevo Testamento. En la iglesia primitiva, después de que el Espíritu Santo descendió en el día de Pentecostés, comenzó a reinar un fuerte espíritu de unidad y comunidad. (Hechos 2:43-47). El versículo 44 declara que los creyentes “estaban juntos, y tenían en común todas las cosas”. Estás palabras demuestran que el “amor y el interés mutuos” y un “compañerismo “estrecho” se hicieron en la iglesia primitiva.
1º
Exodo 17:1 dice: "Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin". Israel era una nación de comunidad porque la comunidad -una relación de amor compartimento- existía entre la gente. al leer la historia completa en Exodo nos daremos cuenta de que los israelitas pasaron por muchas situaciones difíciles y también victorias. Leemos en Exodo 20 que Dios les dio a los israelitas los Diez Mandamientos. estas reglas de conducta mostraron cómo vivir en comunidad. Los diez mandamientos eran leyes divinas de unión que no debían ser quebrantadas. Estas enseñaban que el hombre debería respetar y amar a Dios primero, y en segundo lugar amar y respetar a su prójimo. Esta es una de las enseñanzas más antiguas que tenemos sobre las relaciones de comunidad. En realidad Dios les estaba diciendo con estos mandamientos: "obedezcan estas leyes y vivirán en perfecta comunidad"
Gracias Mario, luego lo leere más detenidamente. Antes de salir a trabajar lo he leído rápidamente porque el tema me atrae y he visto ideas muy interesantes.
Me alegro de verte de nuevo por el blog y un fuerte abrazo para ti y tus queridas nietas.
Un cordial saludo.
José Carlos
Exposición muy clara y creo que fundamentada.
Aún así pienso que se seguirá debatiendo el asunto y se seguirá teniendo, a pesar de todo, mala conciencia cristiana sobre ello.
Sigo esperando la segunda parte.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman