Ayer hablé de la reencarnación en una perspectiva más histórica, desde la ciencia de las religiones, comparándola con la visión cristiana de la resurrección. Hoy dejo la palabra a Ariel Álvarez, para que complete el tema, hablando desde una perspectiva más pastoral, ofreciendo la visión de la Biblia. Muchos lectores del blog esperaban este tema, entre ellos Alfonso. Espero que pueda ofrecerles algo de luz, para situarse mejor ante el misterio de la identidad personal, desde la perspectiva cristiana.Gracias de nuevo, Ariel
¿Qué nos enseña la Biblia acerca de la reencarnación?
Absolutamente todo hombre, creyente o no, muere una vez y sólo una vez
Más de los que parecían
Una conocida actriz, hace no mucho tiempo, declaraba en el reportaje concedido a una revista: “Yo soy católica, pero creo en la reencarnación. Ya averigüé que ésta es mi tercera vida. Primero fui una princesa egipcia. Luego, una matrona del Imperio Romano. Y ahora me reencarné en actriz”.
Resulta, en verdad, asombroso comprobar cómo cada vez es mayor el número de los que, aún siendo católicos, aceptan la reencarnación. Una encuesta realizada en la Argentina por la empresa Gallup reveló que el 33% de los encuestados cree en ella. En Europa, el 40% de la población se adhiere gustoso a esa creencia. Y en el Brasil, nada menos que el 70% de sus habitantes son reencarnacionistas.
Por su parte, el 34% de los católicos, el 29% de los protestantes, y el 20% de los no creyentes, hoy en día la profesan.
La fe en la reencarnación, pues, constituye un fenómeno mundial. Y por tratarse de un artículo de excelente consumo, tanto la radio como la televisión, los diarios, las revistas, y últimamente el cine, se encargan permanentemente de tenerlo entra sus ofertas. Pero ¿por qué esta doctrina seduce a la gente?
Qué es la reencarnación
La reencarnación es la creencia según la cual, al morir una persona, su alma se separa momentáneamente del cuerpo, y después de algún tiempo toma otro cuerpo diferente para volver a nacer en la tierra. Por lo tanto, los hombres pasarían par muchas vidas en este mundo.
¿Y por qué el alma necesita reencarnarse? Porque en una nueva existencia debe pagar los pecados cometidos en la presente vida, o recoger el premio de haber tenido una conducta honesta. El alma está, dicen, en continua evolución. Y las sucesivas reencarnaciones le permite progresar hasta alcanzar la perfección. Entonces se convierte en un espíritu puro, ya no necesita más reencarnaciones, y se sumerge para siempre en el infinito de la eternidad.
Esta ley ciega, que obliga a reencarnarse en un destino inevitable, es llamada la ley del “karma” (=acto).
Para esta doctrina, el cuerpo no sería más que una túnica caduca y descartable que el alma inmortal teje por necesidad, y que una vez gastada deja de lado para tejer otra.
Existe una forma aún más escalofriante de reencarnacionismo, llamada “metempsicosis”, según la cual si uno ha sido muy pecador su alma puede llegar a reencarnarse en un animal, ¡y hasta en una planta!
Las ventajas que brinda
Quienes creen en la reencarnación piensan que ésta ofrece ventajas. En primer lugar, nos concede una segunda (o tercera, o cuarta) oportunidad. Sería injusto arriesgar todo nuestro futuro de una sola vez. Además, angustiaría tener que conformarnos con una sola existencia, a veces mayormente triste y dolorosa. La reencarnación, en cambio, permite empezar de nuevo.
Por otra parte, el tiempo de una sola vida humana no es suficiente para lograr la perfección necesaria. Esta exige un largo aprendizaje, que se va adquiriendo poco a poco. Ni los mejores hombres se encuentran, al momento de morir, en tal estado de perfección. La reencarnación, en cambio, permite alcanzar esa perfección en otros cuerpos.
Finalmente, la reencarnación ayuda a explicar ciertos hechos incomprensibles, como por ejemplo que algunas personas sean más inteligentes que otras, que el dolor esté tan desigualmente repartido entre los hombres, las simpatías o antipatías entre las personas, que algunos matrimonios sean desdichados, o la muerte precoz de los niños. Todo esto se entiende mejor si ellos están pagando deudas o cosechando méritos de vidas anteriores.
Cuando aún no existía
La reencarnación, pues, es una doctrina seductora y atrapante, porque pretende “resolver” cuestiones intrincadas de la vida humana. Además, porque resulta apasionante para la curiosidad del común de la gente descubrir qué personaje famoso fue uno mismo en la antigüedad. Esta expectativa ayuda, de algún modo, a olvidar nuestra vida intrascendente, y a evadirnos de la existencia gris y rutinaria en la que estamos a veces sumergidos. Pero ¿cómo nació la creencia en la reencarnación?
Las más antiguas civilizaciones que existieron, como la sumeria, egipcia, china y persa, no la conocieron. El enorme esfuerzo que dedicaron a la edificación de pirámides, tumbas y demás construcciones funerarias, demuestra que creían en una sola existencia terrestre. Si hubieran pensado que el difunto volvería a reencarnarse en otro, no habrían hecho el colosal derroche de templos y otros objetos decorativos con que lo preparaban para su vida en el más allá.
Por qué apareció
La primera vez que aparece la idea de la reencarnación es en la India, en el siglo VII a.C. Aquellos hombres primitivos, muy ligados aún a la mentalidad agrícola, veían que todas las cosas en la naturaleza, luego de cumplir su ciclo, retornaban. Así, el sol salía par la mañana, se ponía en la tarde, y luego volvía a salir. La luna llena decrecía, pero regresaba siempre a su plena redondez. Las estrellas repetían las mismas fases y etapas cada año. Las estaciones del verano y el invierno se iban y volvían puntualmente. Los campos, las flores, las inundaciones, todo tenía un movimiento circular, de eterno retorno. La vida entera parecía hecha de ciclos que se repetían eternamente.
Esta constatación llevó a pensar que también el hombre, al morir, debía otra vez regresar a la tierra. Pero como veían que el cuerpo del difundo se descomponía, imaginaron que era el alma la que volvía a tomar un nuevo cuerpo para seguir viviendo.
Con el tiempo, aprovecharon esta creencia para aclarar también ciertas cuestiones vitales (como las desigualdades humanas, antes mencionadas), que de otro modo les resultaban inexplicables para la incipiente y precaria mentalidad de aquella época.
Cuando apareció el Budismo en la India, en el siglo V a.C., adoptó la creencia en la reencarnación. Y por él se extendió en la China, Japón, el Tíbet, y más tarde en Grecia y Roma. Y así, penetró también en otras religiones, que la asumieron entre los elementos básicos de su fe.
Ya Job no lo creía
Pero los judíos jamás quisieron aceptar la idea de una reencarnación, y en sus escritos la rechazaron absolutamente. Por ejemplo, el Salmo 39, que es una meditación sobre la brevedad de la vida, dice: “Señor, no me mires con enojo, para que pueda alegrarme, antes de que me vaya y ya no exista más” (v.14).
También el pobre Job, en medio de su terrible enfermedad, le suplica a Dios, a quien creía culpable de su sufrimiento: “Apártate de mí. Así podré sonreír un poco, antes de que me vaya para no volver, a la región de las tinieblas y de las sombras” (10,21.22).
Y un libro más moderno, el de la Sabiduría, enseña : “El hombre, en su maldad, puede quitar la vida, es cierto; pero no puede hacer volver al espíritu que se fue, ni liberar el alma arrebatada por la muerte’’ (16,14).
Tampoco el rey David
La creencia de que nacemos una sola vez, aparece igualmente en dos episodios de la vida del rey David. El primero, cuando una mujer, en una audiencia concedida, le hace reflexionar: “Todos tenemos que morir, y seremos como agua derramada que ya no puede recogerse” (2 Sm 14,14).
El segundo, cuando al morir el hijo del monarca exclama: “Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba. Pero ahora que está muerto ¿para qué voy a ayunar? ¿Acaso podré hacerlo volver? Yo iré hacia él, pero él no volverá hacia mí” (2 Sm 12,22.23).
Vemos, entonces, que en el Antiguo Testamento, y aún cuando no se conocía la idea de la resurrección, ya se sabía al menos que de la muerte no se vuelve nunca más a la tierra.
La irrupción de la novedad
Pero fue en el año 200 a. C. cuando se iluminó para siempre el tema del más allá. En esa época entró en el pueblo judío la fe en la resurrección, y quedó definitivamente descartada la posibilidad de la reencarnación.
Según esta novedosa creencia, al morir una persona, recupera la vida inmediatamente. Pero no en la tierra, sino en otra dimensión llamada “la eternidad”. Y comienza a vivir una vida distinta, sin límites de tiempo ni espacio. Una vida que ya no puede morir más. Es la denominada Vida Eterna.
Esta enseñanza aparece por primera vez, en la Biblia, en el libro de Daniel. Allí, un ángel le revela este gran secreto: “La multitud de los que duermen en la tumba se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eterno” (12,2). Por lo tanto, queda claro que el paso que sigue inmediatamente a la muerte es la Vida Eterna, la cual será dichosa para los buenos y dolorosa para los pecadores. Pero será eterna.
La segunda vez que la encontramos, es en un relato en el que el rey Antíoco IV de Siria tortura a siete hermanos judíos para obligarlos a abandonar su fe. Mientras moría el segundo, dijo al rey: “Tú nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros nos resucitará a una vida eterna” (2 Mac 7,9). Y al morir el séptimo exclamó: “Mis hermanos, después de haber soportado una corta pena, gozan ahora de la vida eterna” (2 Mac 7,36).
Para el Antiguo Testamento, pues, resulta imposible volver a la vida terrena después de morir. Por más breve y dolorosa que haya sido la existencia humana, luego de la muerte comienza la resurrección.
Ahora lo dice Jesús
Jesucristo, con su autoridad de Hijo de Dios, confirmó oficialmente esta doctrina. Con la parábola del rico Epulón (Lc 16,19.31), contó cómo al morir un pobre mendigo llamado Lázaro los ángeles lo llevaron inmediatamente al cielo. Por aquellos días murió también un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas.
No dijo Jesús que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra. Al contrario, la parábola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que había recibido en la tierra, debía “ahora” (es decir, en el más allá, en la vida eterna, y no en la tierra) pagar sus culpas (v.25). El rico, desesperado, suplica que le permitan a Lázaro volver a la tierra (o sea, que se reencarne) porque tiene cinco hermanos tan pecadores como él, a fin de advertirles lo que les espera si no cambian de vida (v.27.28). Pero le contestan que no es posible, porque entre este mundo y el otro hay un abismo que nadie puede atravesar (v.26).
La angustia del rico condenado le viene, justamente, al confirmar que sus hermanos también tienen una sola vida para vivir, una única posibilidad, una única oportunidad para darle sentido a la existencia.
La suerte del buen ladrón
Cuando Jesús moría en la cruz, cuenta el Evangelio que uno de los ladrones crucificado a su lado le pidió: “Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu reino”. Si Jesús hubiera admitido la posibilidad de la reencarnación, tendría que haberle dicho: “Ten paciencia, tus crímenes son muchos; debes pasar por varias reencarna-ciones hasta purificarte completamente”. Pero su respuesta fue: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43).
Si “hoy” iba a estar en el Paraíso, es porque nunca más podía volver a nacer en este mundo. San Pablo también rechaza la reencarnación. En efecto, al escribir a los filipenses les dice: “Me siento apremiado por los dos lados. Por una parte, quisiera morir para estar ya con Cristo. Pero por otra, es más necesario para ustedes que yo me quede aún en este mundo” (1,23.24). Si hubiera creído posible la reencarnación, inútiles habrían sido sus deseos de morir, ya que volvería a encontrarse con la frustración de una nueva vida terrenal. Una total incoherencia
Y explicando a los corintios lo que sucede el día de nuestra muerte, les dice: “En la resurrección de los muertos, se entierra un cuerpo corruptible y resucita uno incorruptible, se entierra un cuerpo humillado y resucita uno glorioso, se entierra un cuerpo débil y resucita uno fuerte, se entierra un cuerpo material y resucita uno espiritual (1 Cor 15,42.44).
¿Puede, entonces, un cristiano creer en la reencarnación?
Queda claro que no. La idea de tomar otro cuerpo y regresar a la tierra después de la muerte es absolutamente incompatible con las enseñanzas de la Biblia. La afirmación bíblica más contundente y lapidaria de que la reencarnación es insostenible, la trae la carta a los Hebreos: “Está establecido que los hombres mueren una sola vez, y después viene el juicio” (9,27).
Invitación a la irresponsabilidad
Pero no sólo las Sagradas Escrituras impiden creer en la reencarnación, sino también el sentido común. En efecto, que ella explique las simpatías y antipatías entre las personas, los desentendimientos de los matrimonios, las desigualdades en la inteligencia de la gente, o las muertes precoces, ya no es aceptado seriamente por nadie. La moderna sicología ha ayudado a aclarar, de manera científica y concluyente, el porqué de éstas y otras manifestaciones extrañas de la personalidad humana, sin imponer a nadie la creencia en la reencarnación.
La reencarnación, por lo tanto, es una doctrina estéril, incompatible con la fe cristiana, propia de una mentalidad primitiva, destructora de la esperanza en la otra vida, inútil para dar respuestas a los enigmas de la vida, y lo que es peor, peligrosa por ser una invitación a la irresponsabilidad. En efecto, si uno cree que va a tener varias vidas más, además de ésta, no se hará mucho problema sobre la vida presente, ni pondrá gran empeño en lo que hace, ni le importará demasiado su obrar. Total, siempre pensará que le aguardan otras reencarnaciones para mejorar la desidia de ésta.
Solamente una vez
Pero si uno sabe que el milagro de existir no se repetirá, que tiene sólo esta vida para cumplir sus sueños, sólo estos años para realizarse, sólo estos días y estas noches para ser feliz con las personas que ama, entonces se cuidará muy bien de maltratar el tiempo, de perderlo en trivialidades, de desperdiciar las oportunidades. Vivirá cada minuto con intensidad, pondrá lo mejor de sí en cada encuentro, y no permitirá que se le escape ninguna coyuntura que la vida le ofrezca. Sabe que no retornarán.
El hombre, a lo largo de su vida, trabaja un promedio de 136.000 horas; duerme otras 210.000; come 3.360 kilos de pan, 24.360 huevos y 8.900 kilos de verdura; usa 507 tubos de dentífrico; se somete a 3 intervenciones quirúrgicas; se afeita 18.250 veces; se lava las manos otras 89.000; se suena la nariz 14.080 veces; se anuda la corbata en 52.000 oportunidades, y respira unos 500 millones de veces.
Pero absolutamente todo hombre, creyente o no, muere una vez y sólo una vez. Antes de que caiga el telón de la vida, Dios nos regala el único tiempo que tendremos, para llenarlo con las mejores obras de amor de cada día
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Pues sí, Roser Puig, todas esas barbaridades que se dicen contra las mujeres no vienen del Evangelio, sino de la falsificación greco-romana que se impuso en la Iglesia con Constantino. El sexo era malo. Las mujeres incitaban al sexo, luego eran malas. Es ésa mentalidad greco-romana la que lleva a la prohibición de la poligamia y la cuasi prohibición del matrimonio de viudos y viudas. Si había mujeres que no se podían casar, mejor para ellas, así no incitaban a sus maridos a hacer una cosa tan sucia. Es estoicismo y platonismo. En el denostado Islam, no se considera a la mujer ni al sexo malo. Mahoma dice: “Dios ha dado los perfumes y las mujeres para el deleite humano" (o "de los hombres", hay que ver la traducción). Y: “El sexo es una anticipación del Paraíso”. Ahí no hay estoicismo ni platonismo.
La pregunta es ¿Por qué surge la mentalidad estoica y platónica de que el placer es malo y en especial el sexo? Porque, como no tenían el concepto de prójimo y caridad, no había otro recurso para frenar el sexo sin consideración a los demás (por ejemplo, a las esclavas, solteras, viudas y prostitutas), que considerar malo el placer ¿Y por qué debía “desbocarse el sexo”? Porque, como no admitían la poligamia, su sociedad estaba llena de mujeres sin marido que andaban tratando de quitarles el marido a las que lo tenían. Y los hombres podían tener todas las mujeres que quisiesen, sin adquirir ninguna obligación hacia ellas (como hacemos nosotros ahora). En El Evangelio no vemos a Jesús fulminando a fornicadores, porque como todos los judíos estaban casados, gracias a la poligamia, eso no era un gran problema.
La pregunta es ¿Por qué surge la mentalidad estoica y platónica de que el placer es malo y en especial el sexo? Porque, como no tenían el concepto de prójimo y caridad, no había otro recurso para frenar el sexo sin consideración a los demás (por ejemplo, a las esclavas, solteras, viudas y prostitutas), que considerar malo el placer ¿Y por qué debía “desbocarse el sexo”? Porque, como no admitían la poligamia, su sociedad estaba llena de mujeres sin marido que andaban tratando de quitarles el marido a las que lo tenían. En El Evangelio no vemos a Jesús fulminando a fornicadores, porque como todos los judíos estaban casados, gracias a la poligamia, eso no era un gran problema.
Gracias a todos, con las nuevas entradas de Gelpi, del que mañana ofreceré un trabajo. Xabier
Pero también hay textos gozosos y llenos de esperanza, y tú, como buen biblista, los conoces mucho mejor que yo, de ahí mi desconcierto ante el fragmento que he destacado de tu escrito. Me gustaría pedirte que hicieras otro pequeño escrito destacando esta visión gozosa de la muerte como "nacimiento" a una nueva vida en el Antiguo Testamento, no ya en el vientre de la Diosa Madre, sino en el Paraiso de Dios Padre. Sé que tú lo puedes hacer muy bien.
Perdóname el atrevimiento de haberte hecho llegar este pequeño reproche, que no es reproche, que es una petición de que nos expliques mejor algo que te quedó incompleto, a mi modesto modo de leer.
Gracias.
Estas construcciones, aquí en mi tierra, en Galicia, las tenemos por miles y han dado nombres a muchos lugares en forma de "Meda" o "Medorra", pero lo importante era el ritual y la concepción religiosa, que era de gozo y esperanza en una vida nueva y eterna, a través del acogimiento en su vientre por parte de la Diosa Madre.
El pueblo judío, en la base de su cultura tenía este rito, luego, aunque en algunos textos del Antiguo Testamento se destaque la visión pesimista, no hay que obviar que la mayoría creían en la vida del más allá.
Como era un panteón familiar: los cuerpos de los muertos se iban disponiendo en "posición fetal" dentro del mismo, unas veces acostados y otras en cuclillas pegados al muro de piedra. Algunos de estos monumentos tenían un corredor para acceder al mismo. Los hay de muchos tamaños, desde colosales hasta muy pequeños, hechos con losas muy pequeñas, suficientes para albergar un cuerpo en cuclillas. Este rito, extendido por África, Asia y Europa, también se practicó entre los pueblos amerindios.
Este panteón en realidad es un "dolmen", veamos: dice ser una cueva en medio de un campo, se trata del dolmen, que consistía en una pequeña estancia construída con unas losas de piedra clavadas verticalmente en el suelo y otra de mayor tamaño por encima a modo de techo y todo el conjunto se cubría con un montículo de tierra que venía así a asemejar el "vientre de una madre en muy avanzado estado de gestación" y esta es la idea de esta cultura megalítica: la muerte significa la vuelta al vientre de la diosa madre que le dará una nueva vida.
En Génesis 23, 1-20 se nos ofrece la narración de la muerte de Sara y los esfuerzos de Abraham para hacerse con un "panteón" que convertiría en sepultura familiar en el que serían también sepultados él mismo, su hijo Isaac, su nieto Jacob, etc.
Nos dice el final de esta narración "sepultó Abraham a Sara, su mujer, en la caverna del campo de Macpela, frente a Mambré, que es Hebrón, en tierra de Canán. El campo, con la caverna que hay en él, vino a ser sepultura de propiedad de Abraham, adquirida de los hijos de Jet" (Gen 23, 19-20).
El caso es que cuando leo en tu artículo "las más antiguas civilizaciones que existieron, como la sumeria, egipcia, china y persa, no la conocieron [te refieres a la reencarnación]. El enorme esfuerzo que dedicaron a la edificación de pirámides, tumbas y demás construcciones funerarias, demuestra que creían en una sola existencia terrestre". Sé que quieres expresar que si estas culturas pensasen en la reencarnación no hubiesen hecho tales construciones, pero esa coletilla final que dejas de que "demuestra que creían en una sola existencia terrestre" merece una aclaración.
He visto hoy los comentarios desde Roser 7.11.08, a las 17:17 y temo tocar algún tema ya tocado por otros contertulios, pero voy a arriesgarme por si no lo han hecho.
Ariel, me sorprende que destaques textos negativos del Antinguo Testamento sobre la concepción del pueblo judío sobre "el más allá". Yo soy gallego y aquí sabrás que la "cultura de los muertos" es algo vivo, por eso cuando leo el Antiguo Testamento no necesito leer tratados extensos sobre la muerte y el más allá. Lo leo en los simples ritos, tal vez por la deformación que me da mi cultura.
Hisopo, ¡Pobres de nosotras si la Iglesia (aquella en la que piensas tu cuando dices “Iglesia” , o sea: el Magisterio institucional) estuviera en posesión de la Verdad¡ Un botón de muestra:
¡Ustedes son la puerta del infierno!
¡Ustedes son las que rompieron el sello de aquél árbol (prohibido)!
¡Ustedes son las primeras desertoras de la ley divina!
¡Ustedes son las que le persuadieron (a Adán), pues el demonio no tenía el valor suficiente para atacarlo!
¡Ustedes destruyeron tan fácilmente a la imagen de Dios, al hombre!
Por causa de lo que ustedes merecían – esto es, la muerte – aún el Hijo de Dios tuvo que morir!"(Tertuliano, De Cultu Feminarum, libro 1))
No esperes que ninguna mujer joven, con un podo de cultura religiosa (que no es lo mismo que “fanatismo religioso”) se convierta oyéndote defender que en la Tradición Inmutable de la Iglesia se halla la Verdad.
Sr. hisopo, pero si se le dice que no tutee, hombre, que es lo único que sabe hacer, cómo no se le va a llamar señor lavativa. Habla en exceso de excrementos, diarréas, culo, tracto, ya sabe. Obsesionado.
En cuanto a la vida eterna, de verdad que es cierta, lo único que ocurre es que hay que pensar en ella como el que busca el Espíritu, no como el que se somete ciegamente a los dogmas que le han servido su amo e ir quemando a todos aquellos que no se comulgan, o se administran los supositorios a que usted está acostumbrado, hombre. Seguimos con los insultos, o vamos ver si la IDEA tiene fuerza por sí misma y va a más? Honre usted a Cristo, hombre, que su Iglesia lo ha venido quemando en las hogueras por demasiados siglos en base a los mismos dogmas que usted aquí propala y no se apea del burro.
Logos, deja ya las chorradas intestinales. Di simplemente que no crees en la resurrección y ya está. De lo demás: con todas las absurdas ocurrencias con las que incontinentemente nos flagelas en el blog, con esa empanada mental infinita que atesoras, eres el paradigma de lo que produce lo que consideras la búsqueda de Cristo por libre. Solo no caer a estas alturas de la historia humana en tus disparates y el ridículo ya sería causa suficiente para acogerse a las enseñanzas de la Iglesia, que no son, en definitiva, más que la Verdad revelada sobre Dios y sobre el hombre. Y de miedos, muy bien, gracias (no sé porqué siempre pienso en Freud cuando leo estas proyecciones de vuestros miedos sobre los católicos). En fin: si pretendes que el hombre de hoy conozca a Cristo, al único y verdadero, al que la Iglesia da a conocer, primero conócelo y luego dalo a conocer. Con ello, además, dejarás de decir tonterías.
de su amo que aquellos que desean a Cristo tienen que desmarcarse de usted y de su intolerancia. Y ahora, ignorancia. ¿Haremos un esfuerzo para presentar a Cristo como si Él no gustara el pensamiento acrítico grupal? ¿Sí?
Sea leal, en vez de poner de manifiesto ante todos esa FIDELIDAD que atenta al discurso a la Dignidad del hombre libre: de verdad que las generaciones de jóvenes NO van a tragarse todo lo que a usted se le ha enseñado y ahora pretende presentar aquí sin criterio personal alguno. Haga un esfuerzo, hombre, que ya nadie tiene tanto miedo como usted a que se derriben sus dogmas incuestionados. Se trata de que el hombre de HOY conozca a Cristo, su presencia, no las tonterías.
Sigue sin decirnos nada sobre el asunto de la resurrección eterna del intestino grueso, Sr. intelectual.
Ya sabe, el que calla, otorga.
En cuanto a la batalla del insulto que usted abre, eso no sirve para que los demás que leen estos comentarios lleguen a conclusión alguna.
Se pregunta lo que es pensamiento acrítico grupal. Pues lo que le pasa a usted: debido a que en su infancia creció sujeto a un ambiente asfixiante donde NO se permitía pensar por libre, no tiene capacidad para adoptar criterio propio, se cierra: todo lo pregunta a las faldas de su madre, la Iglesia, el pensamiento grupal. Debería usted hacer un esfuerzo para liberarse de ese peso: hay terapias para descargar las ideas erróneas que le han enseñado, que se han probado con éxito para los que son incondicionales de sectas. Vivimos un mundo que ya NO gusta oir la voz de su amo. Todo lo que nos dice son jaculatorias ya consabidas e ideas que no resisten el más mínimo examen. Observe que es usted tan de s...
Hisopo, mi "raca-raca" sobre las indulgencias se debe a la exeperiencia que sobre ellas tengo de mi "fase pia", cuando tu mre hubieras considerado "una buena hija de la Iglesia". Me indigna que se llegue a comer el coco a las personas hasta el pnto de ipedirles pensar por su cuenta."O lo crees o te vas" Los miembros del modelo de Iglesia que tu defiendes, o son como era yo: ovejitas del Señor, o son "direcctores espirituales" que se creen superiores a las ovejitas y con derecho a manipularlas en propio provecho. La cuestión de las indulgencias es una de las manipulaciones mas osadss que en cuestion religiosa se pueden dar: se pretende manipular incluso el "más allá" Sacar el tema en un post donde se habla de "otras vidas", no es tan descabellado. El propio Benedicto XVI lo presenta como "una segunda oportunidad"(nº 39) " Nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro y nunca es inútil". Pero claro, como lo dice el Papa, punto redondo.
Pues nada, Roser, la-que-te-lo-dices-todo, sigue con tu raca-raca sobre las indulgencias. ¿Pero qué mosca te ha picado con ellas?
Fascinante: sigues discutiendo contigo misma, porque yo no he dicho nada de las indulgencias. Pero, nada, por mí no te prives...: es divertidísimo.
(sigue) Y ahora, ¡oh culmen inmarcesible de la sabiduría humana!, nos explicas, chato, qué significa la frase "'esto' es una auténtica rueda de molino que evidentemente se ha descomulgado el pensamiento acrítico grupal de su iglesia". ¡Que frase, qué ingenio, qué profundidad, qué claridad, qué...!
Por último: a mí tus chorradas de las bacterias, intestinos y demás asadura varia me recuerdan a la fase anal de Freud. ¿No será que no la has superado?
Ay, logos, ¡que profundidad de pensamiento, qué preclara inteligencia, qué cúmulo de saber! Mire, usted no tiene ni repajolera idea de casi todo de lo que escribe, es incapaz de hilar un razonamiento medianamente inteligible y de expresarse con un nivel superior al de un bachiller (y de los del montón). Así que haga el favor de no seguir martirizando al blog con sus ocurrencias disparatadas, sus planteamientos absurdos y sus insoportablemente aburridas peroratas sin fin, que se repiten más que el pepino. Piense cómo una mente que se cree tan privilegiada como la suya, cercana a la solución de los problemas del mundo, puede ser tan monocorde y reiterativa. Es usted como el abuelo violinista de Gila: toca de oido y no se deja asesorar. Y no insulte, pobre hombre, que aquí el único tonto de baba ya sabemos quién es. No falla: el que lo es siempre es el último en enterarse. Y, por favor, no nos dé más la lata. (sigue)
El año pasado, más de 100 millones de euros en donativos. Y es que, como dicen en la Curia, «este Papa es un tesoro». Por lo que cosecha y por lo que da. Ocho monjas gestionan las limosnas del Papa. Y no dan abasto. Contestan a todas las cartas y, como símbolo de agradecimiento, envían a todos los donantes la bendición apostólica de Su Santidad.” (Espero que la información que te proporciono, sacada de Catholic.net, sea de tu agrado)
Hisopo, no necesito dar ningún “repasito” a la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el pecado, por la sencilla razón de que me la conozco muy bien. Diez años en colegio de monjas en la época del nacional-catolicismo, dan para esa información y más. Si he copiado de Wikipedia y del Catecismo actual de la Iglesia Católica, ha sido para complacerte como es debido. Y para demostrarte que Benedicto XVI sigue, erre que erre, con el asunto de las indulgencias, que en el Vaticano se sacaron de la manga en el siglo XI para recaudar dinero. Todavía hoy, el Papa “vende” indulgencias:“llegan miles de cartas todos los días a la Limosnería apostólica. Desde todos los rincones del planeta y con todo tipo de billetes. Algunas, hasta con monedas. Y se recauda hasta alcanzar los 138, 5 millones de euros. Pero también sale con destino a los pobres de todo el mundo.(siue)
Muy buenos los comentarios sobre la reencarnación, de Pilar y Joaquín.
Me alegro de volver a ver a Joaquín por aquí.
Saludos cordiales a tod@s
Sr. hisopo, usted que defiende a Iglesia tan rancia debe guardar un poco
de lógica en el debate, porque al exponerse que lo de la resurrección de la carne de un homo sapiens sapiens en cuerpo 'glorioso' supone serias contradicciones, por no decir auténticas aberraciones, tales como que Dios, por guardar la imagen y semejanza antropoforme de usted ha de 'portar' eternamente un hígado o un intestino grueso con todas sus consecuencias, y que 'esto' es una auténtica rueda de molino que evidentemente se ha descomulgado el pensamiento acrítico grupal de su iglesia, no debe insultar, cosa a la que es harto aficionado:
- incontinente diarréa mental- sepulta-mensajes - tostón - cabeza llena de pájaros. Acudir al insulto es lo que hace el ignorante; entre en el fondo, si no, calle en vez de chulear tanto, que eso lo hace cualquiera, tonto del culo.
Roser,
que yo solo te dije que repasaras lo de las indulgencias, nada más. Así que como yo no he dicho nada de ellas no sé a qué viene esta ficticia polémica que te has montado contigo misma. Te lo repito: te lo dices tu todo, pones en boca de los demás lo que no han dicho y polemizas sobre ello. Te agradezco que me hagas protagonista de tus autopolémicas, pero si sigues así no voy a poder contestarte: me limitaré a disfrutar de esas discusiones que te montas tú misma.
Y ya que has terminado las indulgencias, dale otro repasito a la pena de daño y de sentido. Pero utiliza buenas fuentes (Catecismo, etc.), no wikipedia. Irás por buen camino...
Una indulgencia es parcial, si quita parte del castigo temporal por el pecado, o plenaria, si quita todo el castigo.”
Es evidente que si crees que “hay un tiempo intermedio”, antes de purificarte del todo que te proporciona una especie de “segunda oportunidad” (Benedicto xvI), no estás de acuerdo en que solo haya salvación-perdición ETERNA (como paree defender Ariel) sin ninguna clase de oportunidad más. Sin embargo, según la Doctrina Tradicional de la Iglesia, puedes haber “comprado tiempo expiatorio” en vida (o conseguir que alguien lo compre” por ti) para después de la muerte. Esto, si crees en un Dios QIE NO ACABA DE PERDONAR DEL TODO CUANDO TE ARREPIENTES. En ese Dios rencoroso yo no puedo creer por más que se empeñen quienes se adjudican la UNICA Y VERDADERA interpretación sobre la voluntad divina.
Saludos.
Hisopo, me pedía esta mañana, por favor, que revisara el concepto de indulgencias. No faltaría más. Según Wikipedia, el concepto de indulgencias “está estrechamente ligado a los conceptos de pecado, penitencia, remisión y de purgatorio. En su formulación actual consiste en la doctrina según la cual ciertas consecuencias del pecado (la pena temporal del mismo), pueden ser objeto de una remisión o "indulgencia" concedida por determinados representantes de la Iglesia y bajo ciertas condiciones.”
De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica,(1479) una indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a pecados QUE HAN SIDO PERDONADOS. Un miembro de la fe cristiana propiamente dispuesto, puede obtener una indulgencia bajo condiciones prescritas a través de la Iglesia, la cual, como ministro de la redención, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y los santos.(sigue)
Sr.Pikaza ,gracias por la respuesta ,a los compañeroS NUNCA LES HE PREGUNTADO POR ELLO (hasta ahí llego ) pero es verdad que a veces ha pasado ,porque usted ,lo ha aclarado ,que habia desaparecido algo ,por error al meter otras cosas en el momento.
Las reclamaciones " a la cas " pues mire ,mis comentarios no tienen "la importancia suficiente ,como para andar con reclamaciones .De todas formas ,gracias por su amplia respuesta.
Señor/a Arco, lamento infinito que haya desaparecido su comentario a Joaquim o Joaquin. Por favor, si puede, no pregunte por su desaparición a los compañeros del blog, ni a mí, que no sé absolutamente nada. Puede dirigirse a la dirección del blog (viene en RD al final). Le (les) dije un día que hay unas normas raras y complejas, de manera que algunas cosas no entran. A mi me pasa con cierta frecuencia, que ando más en esto. Perdone la molestia y, por favor, la reclamaciones a la "casa". Buen sábado.
La incontinente diarréa mental sepulta-mensajes apunta nueva amenaza: del tostón mil veces repetido del poder adquisitivo, de la evolución, etc., etc., etc. (¡qué tortura, Dios mío!) a la endocrinología, al aparato excretor y a las bacterias. Pues vamos listos..., porque en este tema se apunta el mismo rigor, profundidad de conocimientos, capacidad de análisis y razonamiento, claridad de ideas y facilidad expresiva que en los demás ¿Será porque en vez de llena de cromos y estampitas la cabeza se tiene llena de pájaros?
Roser,
te lo dices todo: no sé a qué viene hablar ahora de las indulgencias. Estás empeñada en que Álvarez no esté de acuerdo con Benedicto XVI; pues muy bien: para ti la perra gorda. Y ya que hablas de recomendaciones: repasa lo que son las indulgencias.
esto ocurre SIN VERLO; aceptemos, pues,
el desechar estas 'visiones' deseadas
de ese cielo antropocéntrico preparado para infantes de homo sapiens sapiens, o sea, de animales sólo racionales -o, carne, como los llama Jesucristo- que en su nostalgia -o quizá temor- no han alcanzado a 'aceptar' que Dios NO sea hombre. Ni nosotros necesitemos serlo para estar con Él en SENTIMIENTO y en Espíritu.
Esta diferencia, si bien pareciera baladí, tiene su enjundia, pues, quitado de nosotros el 'cuerpo', ya no hay tanto peso de 'karma', leyes, retribuciones, infiernos, premios, méritos, 'necesidades de los cinco sentidos' y cosas así, sino que la relación EN ESPÍRITU se construye entre un alma de Cristo, Sacerdote eterno del Dios Altísimo y éste, que es Espíritu. Él, Jesucristo, tenía ESA relación con Dios, antes que el homo sapiens sapiens se hubiera puesto de pié a partir de los cuadrumanos, de manera que 'esa' imagen ... NO existía allí en la eternidad, y Él, sí.
bacterias en el intestino grueso de Dios, aunque sean 'glorificadas'. Vaya. La otra alternativa, para salvar como sea la continuación de miembros humanos en una configuración antropomórfica allí, sería que glorifiquemos sólo la nariz (pero no su contenido), que hagamos el intestino glorioso, (pero no llenarlo), que los pulmones sean blancos como una patena (pero sin tener que sufrir las impurezas del oxigeno, ni tampoco éste), y qué decir de la vejiga: hacedla glorificada, pero jamás se llene de detritus. Etcaétera. ¿Qué haríamos con el inmenso volúmen de pipí que durante la eternidad producirían todos los santos?
En igual lugar 'queda' -esto es, en el Limbo- las apariciones de seres hechos a la imagen y semejanza del homo sapiens sapiens que ponen de manifiesto
la estrategia de psicología infantiloide de las Reencarnaciones que decoran este artículo, precisamente.
Al Alma del Dios vivo la sentimos aquí (si se ha nacido de nuevo al Espíritu)
, y es...
En los tiempos dorados de los cromos y estampitas de la virgen, los niños se pasaban estos como el pokemon ahora, y allí, todo era cuerpos resucitados que nadie cuestionaba: todos íbamos al cielo con un pelo precioso, una edad dorada, y con la sonrisa en los labios.
Pero ahora que ya se ha podido ver éso de la adaptabilidad de los miembros humanos al medio físico donde vivimos, y que la evolución ha CONFIGURADO hasta
lo más ínfimo del 'cuerpo', incluso los sentidos; ahora que la ciencia ha establecido que es IMPOSIBLE la existencia de algo como un sencillo brazo sin la dimensión de espacio material y tiempo, pues quedaría sin sentido; cuando se opone este argumento
esencial, se enuncia:
...'pero 'La condición' del cuerpo resucitado en nada se parecerá al del cuerpo mortal. El modelo, como en todo, lo tenemos en Cristo resucitado' Otro cromo. No, Dios NO tiene hígado, ni piedrecitas en el riñón, ni los necesarios gases glorificados que expelen necesarias bacteri...
Donde está mi comentario dirigido a Joaquín ?
Por cierto Logos ,creo que mi comentario no iba para tí ,y si me permites decirte ,escribo lo que me viene en gana ,yo personalizo y tu dás la turra con "las leyes ,Zapatero y la economia ,que te he dicho muchas veces que lo "metes en cualquier post ,sea el tema que sea ,vale ? contesta a lo que te pregunto en otro post ,es este no te preguntaba nada ...si quiero llamar la atención ,es problema tuyo ,tienes algún incoveniente en que lo haga ?
Solo tienes que hacer una cosa muy muy secilla, NO LEERME .
Un abrazo a todos
Gracias a todos por la participación. Espero que sea de ideas, como dice Logos, con claridad (Gracias Logos). Seguiremos con el tema. Buenas noches
Hisopo, Ariel no espera que nadie "gane infulgencias " para el después de muerto, como propone Benedicto XVI en su enciclica.(no copié toda la encíclica) Ariel termina diciendo: "Antes de que caiga el telón de la vida, Dios nos regala el único tiempo que tendremos, para llenarlo con las mejores obras de amor de cada día" Las indulgencias son (según la doctrina de la Iglesia católica) para "despues de haber caído el telón".Te recomiendo que leas la Spe Salvi objetivamente.
Logos, no me quieras liar. Cada vez que digo eso de "¿quien le pondrá el cascabel al gato?" lo digo por lo de tu idea de dictar una ley que evite que algunos se enriquezcan demasiado. No "por cambiar las leyes". Eso ya lo estamos intentando. Y, desde luego, no creo que haya nadie en este blog que no este de acuerdo conmigo en que el enriquecimiento exagerado de unos es siempre a costa del empobrecimiento de otros. Pero, ya estamos otra vez, este es el posr sobre la reencarnacion.
... Aunque algunos quieren hacerla desaparecer de la vista y la apartan de sus vidas y de su pensamiento por considerarla una pedagogíá algo anticuada. Hoy, no pasaría la ley de calidad.
Los muertos y la muerte tienen su tratamieno socialmente correcto. Hay quien decide lo que podemos o no podemos ver en los telediarios y los muertos que entran cada día en escena. Depende de qué lado estén tendrán más o menos cuota de pantalla....
Joaquín tiene más razón que un santo.
¿Qué sentido tiene la vida si no es aprender a amarnos como hermanos?.
En definitiva ... ¿Para qué estamos aquí?.
¿Por qué no nos comportamos como seres verdaderamente humanos ... YA?
El sentido de misión es la base de toda teoría o dogma sobre la retribución.
Si hay retribución es porque hay una misión que cumplir y se ha llevado a cabo correctamente.
Si, por el contrario, no la hay o esta es un castigo como algunos piensan, es porque no se han cumplido las expectativas, no ha habido crecimiento y esa vida ha quedado truncada sin llegar a plenitud. A medio camino entre el ser y la nada.
Es bueno pensar en todo esto, amigos. Porque la muerte es en sí misma una buena pedagogía para llenar de sentido la vida. Tenemos fecha de caducidad y ningún liftin, o como quiera que se escriba, nos alargará un segundo la vida. Hasta los cabellos de nuestras cabezas están contados.
Aunque algunos quieren hacerla des...
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman