El blog de X. Pikaza

Investigación de la Biblia en España 2. Métodos nuevos

24.10.08 | 09:44. Archivado en Biblia
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Ayer hablé sobre los métodos clásicos de estudio bíblico. Hoy quiero presentar algunas lecturas e interpretaciones nuevas, que abren espacios antes cerrados de análisis y comprensión de la Biblia. Miles de investigadores y de simples lectores interesados por los temas de fondo de la biblia han empezado a superar los esquemas clásicos, de tipo más dogmático y cerrado, para estudiar con nuevos y más finos métodos de análisis literario los textos del Antiguo y Nuevo Testamento. Algunos sospechan y afirman que se trata de una estrategia de cansancio, del deseo de una nueva y más inmunizada especialización, de olvidar los temas de fondo. Otros estamos convencidos de que nos hallamos ante unas posibilidades nuevas de comprensión de la Biblia. La Palabra de Dios es de todos, todos podemos y debemos estar capacitados para comprenderla, en plano de ciencia y en plano de compromiso personal.

(1) Historia de las formas

formas). La crítica de las formas (Formgeschichte) ha significa¬do un avance decisivo dentro del campo de la crítica histórico-literaria. Comenzó a principios del siglo XX, por influjo de los nuevos estudios sociales y por el descubrimiento del sentido y función de las pequeñas unidades literarias del Pentateuco y de los evangelios, en los que nos fijaremos de un modo especial. Las antiguas hipótesis históricas dejaban lagunas en el estudio de las tradiciones de Jesús y en el proceso de la historia primitiva. Insuficiente se mostraba también la aportación de los llamados documentos previos (Q, Proto-Mt, Mc etc). Era preciso utilizar unos supuestos históricos de tipo más preciso. En esa línea, los evangelios se empezaron a tomar como expresión de la creatividad de unas comunidades cristianas que, asumiendo las aportaciones de un Jesús más o menos lejano pero siempre activo y creador, iban forman y conformando ese recuerdo en pequeñas unidades (formas), empleadas en la misión, la catequesis o la misma liturgia de la iglesia. Por eso, el método empezó a llamarse historia de las formas, pues estu¬diaba, organizaba de manera progresiva y valoraba las diversas unidades religioso-literarias que se encuentran en la base de los actuales evangelios, hablando así de apotegmas, sen¬tencias sapienciales, reglas de vida, anuncios escatológicos, pa¬labras proféticas, parábolas, relatos de milagros etc. Por medio de esas unidades, empleadas en la predicación, el culto o la enseñanza, los cristianos reflejaban su experiencia de Jesús y la expresaba de manera creadora ante los hombres de su tiempo. Estos presupuestos se expresaron y aplicaron a través de unos métodos de investigación que fueron definidos básicamente por H. Gunkel (1862-1923), M. Dibelius (1883-1947) y R. Bultmann (1884-1976), que fueron capaces de trazar unas líneas de continuidad y un orden de conjunto dentro del gran mundo de de los redactores del Pentateuco (Gunkel) y de los trasmisores del evangelio en la iglesia primitiva (Dibelius, Bultmann). Apelaron para eso a la multipli¬cidad creadora de las comunidades antiguas, que vinieron a mostrarse como verdade¬ras forjadoras de los evange¬lios. En esta línea, para seguir insistiendo en los temas del cristianismo primitivo, la figura de Jesús seguía estando en el origen y en el fondo de la historia de los evangelios, pero acabó corriendo el riesgo de difuminarse o diluirse bajo el peso de las tradiciones posterio¬res. Más que como testimonio y actualidad pascual de la historia de Jesús, el evangelio venía a presentarse como signo y resultado de la vida y la misión de las comunidades cristia¬nas primitivas. Por eso, ha sido lógico que algunos investigadores más recientes hayan protestado, buscando los rasgos básicos del → Jesús de la historia, en el fondo de las tradiciones evangélicas.
(M. DIBELIUS, La historia de las formas evangéli¬cas, E¬dicep, Valencia 1984: R. BULTMANN, Historia de la tradición sinóptica, Sígueme, Salamanca 1999).

(2) Historia de la redacción.

A partir de los años 50 del siglo XX, por agotamiento de la misma crítica formal y por urgencias de la nueva investigación teológico-literaria, ha venido a desarrollarse un nuevo método que pone de relieve la actuación creadora de los redactores de los evangelios (y de los autores de los libros básicos del Antiguo Testamento). A juicio de esta nueva perspectiva, Marcos y Mateo, Lucas y Juan eran más que unos sencillos recopiladores de unidades o formas litera¬rias precedentes. Ellos fueron escrito¬res: verdaderos, creadores que, partiendo de unos datos previos, en parte ya fijados por la misma historia de Jesús y por la historia de la tradición comunita¬ria, crearon unas obras literarias nuevas, de un estilo (o género) que era aún descono¬cido, suscitando así los evange¬lios. Los evangelios son escritos peculiares donde el mensaje y vida de Jesús, que aparecía como disperso (quizá difuminado) en las pequeñas unidades anteriores (de la historia de las formas), viene a perfilarse a modo de conjunto, como una buena nueva de salvación para los hombres. Destacando ese nivel, los investigadores de la historia de la redacción han puesto de relieve algo que nosotros juzgamos muy importante: la misma presentación del camino y de la vida de Jesús hizo necesario el surgimiento y despliegue de una forma de literatura nueva que llamamos evange¬lio. El evangelio es un escrito de recuerdo que traduce y actualiza el camino de Jesús, presentándolo a manera de historia salvadora y de presencia de Dios entre los hombres. Pe¬ro el evangelio es también un escrito de llamada, de exigencia, ¬una llamada al compromiso de los fieles en el seguimiento de Jesús, dentro de la iglesia. Para escribirlos era necesaria la experiencia creyente de la misma iglesia. Pero, al mismo tiempo, ¬resultaba imprescindible la creatividad de unos redactores que fijaran de manera unitaria su visión total de Jesucristo en cada uno de los evangelios. Así lo han destacado autores muy representa¬tivos, católicos y protestantes.
(cf. H. CONZELMANN, El centro del tiempo. La teología de Lucas, Fax, Madrid 1974; W. MARXSEN, El evangelista Marcos. Estudio sobre la historia de la redacción del evangelio, Sígueme, Salamanca 1981; W. TRILLING, El verdadero Israel. La teología de Mateo, Actualidad Bíblica, Fax, Madrid 1974).

(2) Estudio estructural y narratológico (estructuralismo, narratologia).

Tomando como evidente, la función de los redactores, muchos críticos del último tercio del siglo XX han destacado más la importancia de la estructura formal de los evangelios como escritos de literatu¬ra. Es¬tá surgiendo así un estudio nuevo de los textos donde se acentúa la unidad y sentido de los textos (su significa¬do) partiendo del estudio de sus significantes. Partiendo de esos presupuestos y de forma puramente indicativa distinguimos dos modelos de lectura estructural. (a) Hay un modelo más estructural, que es propio de aquellos que resaltan la unidad formal del texto evangélico, partiendo de eso que pudiéramos llamar significantes más externos, de tipo estilístico y verbal, como pueden ser las palabras repet¬idas, las inclusio¬nes, las rupturas textuales, los quiasmos etc. De ese modo consiguen precisar mejor las claves de unidad del mismo texto que viene a presen¬tarse en forma de conjunto dotado de senti¬do. Só¬lo al interior de ese conjunto pueden entenderse cada una de sus partes. Eso significa que el conjunto del texto forma un tipo la unidad en la que puede ponerse de relieve narrativo o discursivo, pero destacando siempre la conexiones formales de sus diversos significantes. Se supone así que el redactor posee unas ideas y quiere transmi¬tirlas, de manera ordenada, en forma de conjunto signifi¬cati¬vo. La labor del crítico consiste en descubrir y explicitar el orden y sentido interior de ese conjunto. Desde ese fondo el evangelio puede presentarse como texto progresivo (las ideas se explicitan a medida que avanzan), como texto circular (las ideas retornan una y otra vez) o como un conjunto ondulatorio (se van modulando) etc. Evidentemente, en esta línea se destaca el aspecto más teórico (teológico) del texto, concebido como documento significativo para un grupo de creyentes. El análisis estructural ha puesto de relieve las referencias formales y discursivas del texto. (b) Hay un método más narratológico. Pero sucede que muchos textos de la Biblia son narraciones y, por eso, la última exégesis ha tenido que elaborar unos métodos más finos de → narratología. Eso significa que los textos bíblicos deben estudiarse con los métodos y técnicas que suelen emplearse al estudiar los libros narrativos, lo mismo que otros textos más cercanos a la creatividad literaria (parábolas, himnos, historias de milagros etc). Habrá que precisar los simbolis¬mos poéticos, los ritmos de la acción, el papel de los agentes, sus funciones a lo largo del conjunto etc. La crítica bíblica ha estado en manos de personas con formación teórica, de tipo filosófico y teológico; por eso han puesto más de relieve los aspectos ideológicos del texto. Pero sucede que los autores de la Biblia han sido, sobre todo, narradores, de manera que para comprender lo que ellos quieren decir hay que tener más en cuenta los métodos narrativos, que han sido más elaborados en el campo de los estudios literarios.
(cf. J. BARTON (ed.), La interpretación bíblica, Sal Terrae, Santander, 2001; C. CHABROL y L. MARÍN, Semiótica narrativa: relatos bíblicos, Narcea, Madrid 1979; GRUPO DE ENTREVERNES, Signos y parábolas. Semiótica y texto bíblico, Cristiandad, Madrid 1979; V. MORLA, La Biblia por dentro y por fuera. Literatura y exégesis, Verbo Divino, Estella 2004; M. NAVARRO, Cuando la Biblia cuenta: claves de la narrativa bíblica, SM, Madrid 2003.


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