El blog de X. Pikaza

Mientras visita a su abuela. Religión y política en Barack Obama

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La campaña presidencial de Estados Unidos de América es, de alguna forma, una campaña de todos, pues allí se juega parte de nuestra economía y de nuestro futuro. En principio, no entro en temas de política, pero he leído en el Mundo del pasado 19 de este mes ( http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/19/internacional/1224398406.html ) una noticia sobre John McCain que me ha llenado de vergüenza, por su forma de portarse con el vietnamita que le salvó la vida. Por el contrario, la noticia de que B. Obama ha dejado por unos días la campaña electoral para visitar a su abuela anciana (que no es su abuela) me ha emocionado. (Véase la noticia en el País: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Obama/interrumpe/campana/visitar/abuela/enferma/elpepuintusa/20081021elpepuint_4/Tes ). Esa noticia me anima a publicar el discurso que B. Obama pronunció ante un congreso titulado “Llamada a la Renovación”, el 28 de junio del año 2006. En pocas ocasiones ha visto a un político situarse de un modo más sincero, más crítico y más positivo ante la religión, como en este caso. Lo que dice B. Obama no se aplica sin más a nuestro país, pero me parece bueno que le escuchemos. Sus palabras se sitúan en la línea del comentario del evangelio del domingo, que trataba de Dios y del César. Aquí tenemos a un posible César americano tratando de Dios, a un político hablando de religión. Sin duda, hay cosas distintas a un lado y al otro del Atlántico.

Empiezo con la abuela que no es abuela.

Había pensado publicar el discurso de Obama, que alguno de mis lectores me había enviado, pero tenía ciertas dudas. Se me han disipado al leer lo de su abuela… y el comentario que ha introducido en mi blog el Aguafiestas, una persona empeñada en hacernos ver de un modo distinto el sentido de la poligamia. Así dice Aguafiestas:

El candidato demócrata, Barack Obama, abandonará la campaña para viajar a Hawai y visitar a su abuela enferma. La abuela de Obama, Madelyn Dunham, ayudó a educarle junto con su madre, Ana Dunham, y su abuelo, Stanley Dunham. "La abuela del senador Obama, Madelyn Dunham, siempre ha sido una de las personas más importantes en su vida". "Ella le crió junto con su padre y su madre, y ha estado a su lado desde que nació hasta que acabó el colegio. Como ha dicho durante la Convención Demócrata, le ha aportado todo lo que lleva dentro". La madre del candidato por Illinois murió como consecuencia de un cáncer de ovarios cuando tenía 52 años. En realidad no es su abuela, sino la tercera mujer del abuelo, polígamo, pero al morir su abuela, jugó ese papel. Algunos llaman a eso “harem”, pero es familia, familia que se quiere. Sin poligamia, hubiese sido una prostituta o le hubiese quitado el marido a la abuela y, en vez de amor, habría odio, como en el occidente “cristiano”
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2008/09/05/p187232

No voy a pronunciarme aquí sobre el juicio de Aguafiestas (que mantiene un larga polémica en mi blog, sobre un tema que un día quiero plantear de un modo directo), ni sobre la complicada y emocionante familia de B. Obama. Pero la noticia de su visita a la abuela que no es abuela… me ha emocionado. Ya sé que alguien dirá que es táctica electoral. Puede ser. Pero aún así me parece algo muy digno de un político.

Y digno de un político y profundo me parece su discurso sobre las relaciones entre religión y política. Obama cita a dos personajes de Estados Unidos que yo siempre he admirado: Martin Luther King (de quien publiqué ya un post) y Dorothy Day, sobre la que quiero escribir un post un día. Sólo por citar a esas personas merecería la pena leer este discurso. Es largo, pero puede ayudarnos a pensar.
Ciertamente, si sale elegido Presidente de USA, el señor Obama actuará quizá de una forma discutible. Pero, al menos en este discurso ha dicho cosas que me parecen muy dignas de pensarse, aunque puedan ser también discutibles. He visto que en otros lugares de la web se critica a B. Obama por mal cristiano. La defensa que él hace su de su visión del cristianismo (y de la religión) me parece muy seria, aunque evidentemente puede ser discutible..


Discurso de B. Obama

ANTE EL CONGRESO LLAMADA A LA RENOVACIÓN “CONSTRUCCIÓN DE UN ALIANZA PARA UNA NUEVA AMÉRICA” (28 de junio de 2006) (On line:
http://www.google.es/search?hl=es&q=ANTE+EL+CONGRESO+LLAMADA+A+LA+RENOVACION )

Buenos días, agradezco la oportunidad de poder hablar aquí ante el Congreso Llamada a la Renovación: “Construcción de un Alianza para una Nueva América”. He tenido la oportunidad de echar un vistazo a vuestra Alianza por una Nueva América. Está llena de magníficas propuestas y recetas para muchos los males de este país. Por eso quiero felicitaros por las meditadas presentaciones que hasta ahora habéis hecho sobre la pobreza y la justicia en América, y por presionar a los líderes políticos aquí en Washington.

Sin embargo, hoy me gustaría hablar sobre la relación entre religión y política, y quizá ofrecer algunas reflexiones sobre cómo superar algunas de las a menudo amargas discusiones a las que hemos asistido en los últimos años.
Hago esto porque, como todos ustedes saben, podemos afirmar la importancia del tema de la pobreza para la Biblia; podemos difundir y hacer crecer esta Alianza para una Nueva América; podemos acceder a la prensa, y podemos discutir sobre la llamada de la religión a combatir la pobreza o los temas medioambientales, todo lo que queramos, pero todo esto no tendrá ningún impacto a menos que afrontemos el problema de la mutua sospecha que a veces existe entre la América religiosa y la América secular.

Quiero poner un ejemplo que creo que ilustra esta cuestión. Como algunos sabréis, en las elecciones al Senado de 2004 competí con un señor llamado Alan Keyes. El Sr. Keyes está muy versado en el estilo retórico de Jerry Falwell o Pat Robertson, que a menudo etiqueta a las personas de ideas progresistas como inmorales e impías.
Efectivamente, El Sr. Keyes proclamó al final de su campaña que “Jesucristo nunca votaría a Obama. Cristo no votaría a Obama porque Barack Obama se ha comportado de un modo que sería inconcebible para Jesús.”

Jesucristo no votaría a Obama.

La recomendación de mis asesores de campaña fue que no tomara en serio estas declaraciones; que las ignorase. Para ellos, el Sr. Keyes era un extremista, y sus argumentos no merecían ni ser considerados. Teniendo en cuenta que a esas alturas de campaña yo lideraba las encuestas por más de 40 puntos, ese no era seguramente un mal consejo.
Pero lo que ellos no entendieron fue tenía que tomarme en serio al Sr. Keyes porque pretendía hablar en nombre de mi religión y de mi Dios, atribuyéndose en exclusiva el conocimiento de ciertas verdades.
El Sr. Obama –venía a decir– afirma ser cristiano, y sin embargo apoya un estilo de vida que a la luz de la Biblia es una abominación.
El Sr. Obama –decía– es cristiano, pero apoya la destrucción de vidas sagradas e inocentes.
Ante estas acusaciones, ¿Qué esperarían mis seguidores que dijera? ¿Cómo debía responder? ¿Debía decir que una interpretación literal de la Biblia era un disparate? ¿Debía decir que el Sr. Keyes, que es católico, debería ignorar las enseñanzas del Papa?
Como no quería caer en eso, acabé respondiendo con la típica argumentación progre en este tipo de debates, a saber: que vivimos en una sociedad plural, que no puedo imponer mis puntos de vista religiosos a los demás, que competía para ser Senador por Illinois, no el Obispo de Illinois.
Pero la implícita acusación del Sr. Keyes de que yo no era un buen cristiano me dolió, y también me daba cuenta de que mi respuesta no daba adecuadamente la medida del papel que mi fe juega en mis valores y mis ideas.
De cualquier manera, mi dilema no era meramente personal. En cierto sentido, reflejaba un debate más amplio que en lo últimos 30 años hemos estado manteniendo sobre el papel que deba jugar la religión en la política.

Durante mucho tiempo hemos oído decir a multitud de expertos y sociólogos que las líneas de división política en este país coinciden en gran medida con las líneas de división religiosas. De hecho, la mayor separación hoy en día en la afiliación a partidos políticos entre los americanos blancos no radica en el género o en el dato de residir en estados tradicionalmente republicanos o demócratas, sino entre aquellos que van regularmente a la iglesia y aquellos que no lo hacen.
Los líderes conservadores se han mostrado encantados de explotar esta diferencia, recordando a los cristianos evangélicos que los demócratas no respetamos sus valores y no nos gusta su iglesia, a la vez que transmiten la idea al resto del país de que los creyentes americanos sólo se preocupan del aborto, el matrimonio homosexual, la oración en las escuelas y el creacionismo.

Los demócratas, en su mayoría, hemos picado el anzuelo. En el mejor de los casos, intentamos eludir la cuestión sobre los valores religiosos, temerosos de ofender a alguien y afirmando que, con independencia de nuestras creencias personales, los principios constitucionales nos atan las manos.
En el peor de los casos, hay progresistas que rechazan la religión en la plaza pública como esencialmente irracional, insistiendo en caricaturizar a los creyentes americanos, a los que pintan como fanáticos, o pensando que la misma palabra “cristiano” designa a los oponentes políticos, no a la gente de fe.
Estas estrategias pueden funcionar cuando el oponente es un Alan Keyes, pero a la larga, creo que nos equivocamos cuando no reconocemos la importancia de la fe en la vida las personas –en la vida del pueblo americano- y pienso que va siendo hora de abordar un debate serio sobre cómo reconciliar nuestra fe con nuestra democracia moderna y plural.

Y para ello, antes hemos de entender que el americano es un pueblo religioso. El 90 por ciento creemos en Dios, el 70 por ciento pertenece a alguna religión organizada, el 38 por ciento se consideran cristianos comprometidos, y hay mucha más gente en América que cree en los ángeles que en la evolución.
Esta tendencia religiosa no es simplemente el fruto del marketing de habilidosos predicadores o del tirón de megaiglesias populares. Por el contrario, nos habla de un ansia más profunda que todo eso, de un ansia que trasciende cualquier motivo o explicación simplista.
Cada día, según parece, miles de americanos van a sus quehaceres cotidianos: llevan a sus hijos al colegio, conducen a la oficina, vuelan a una reunión de trabajo, compran en el centro comercial o intentan ajustarse a su dieta, y se dan cuenta de que algo les falta. Deciden que sus trabajos, sus propiedades, sus distracciones, sus prósperos negocios, no son suficientes.

Buscan un fin, un marco narrativo para sus vidas. Buscan aliviar una soledad crónica, un sentimiento apoyado en recientes estudios que nos muestran cómo lo americanos tienen menos amigos cercanos y gente en la que confían que nunca antes. Así que necesitan asegurarse de que hay alguien que se preocupa por ellos, que les escucha, que no están abocados a un largo viaje a ninguna parte.
Tengo alguna experiencia parta hablar de este asunto. Yo no crecí en un entorno particularmente religioso, al contrario de gran parte los que hoy me escucháis.

Mi padre, que regresó a Kenia cuando yo sólo tenía dos años, nació en una familia musulmana, pero era ateo. Mi madre, cuyos padres eran baptistas y metodistas no practicantes, era probablemente una de las personas más espirituales y entrañables que he conocido nunca, pero creció con un sano escepticismo ante toda religión organizada. Como es lógico, así crecí yo también.

No fue hasta después de la Universidad, cuando fui a Chicago a trabajar como animador comunitario para un grupo de iglesias cristianas, cuando me enfrenté a mi propio dilema espiritual.
Yo estaba trabajando con comunidades eclesiales, y los cristianos con los que trabajaba se reconocían en mí. Veían que conocía la Biblia y que compartía sus valores y cantaba sus cánticos. Pero notaban que una parte de mi permanecía fuera, como un observador en medio de ellos.

Y a la vez, yo también empecé a darme cuenta de que había algo que me faltaba, de que sin un recipiente donde recoger mis creencias, sin un compromiso con una concreta comunidad de fe, en un cierto nivel siempre seguiría estando solo, apartado.
Y si no fuera por los particulares rasgos históricos de la Iglesia Negra, yo podía haber aceptado este destino. Pero según pasaban los meses en Chicago, me sentía cada vez más atraído, no ya a trabajar para la Iglesia sino a estar en la Iglesia.

Entonces creía, y aún sigo creyendo, en el poder de la tradición religiosa afroamericana para espolear el cambio social, una capacidad hecha realidad por alguno de los líderes que están hoy aquí. Debido a su pasado, la iglesia negra entiende de un modo muy íntimo la llamada bíblica a alimentar al hambriento, vestir al desnudo, y desafiar al poder y a los poderosos. Y en sus luchas históricas por la libertad y los derechos del Hombre, fui capaz de ver la fe como algo más que un lugar donde encontrar reposo o una esperanza frente a la muerte, pude entenderla más bien como un agente activo y palpable en el mundo. Como una fuente de esperanza.
Y quizá fuera a consecuencia de este íntimo conocimiento de la fe como lucha, que la iglesia me ofreció un segundo entendimiento, que pienso que es muy importante enfatizar en estos días. La fe no significa ausencia de duda.
Si tienes la necesidad de ir a la iglesia es, antes que nada, precisamente porque tú eres parte del mundo, no algo aparte del mundo. Necesitas abrazar a Cristo precisamente porque tienes pecados que lavar, porque eres humano y necesitas un aliado en este difícil viaje.

Fue como resultado de comprender todas estas cosas que finalmente un día pude avanzar por el pasillo central de la Iglesia Unida de Cristo de la Trinidad en la calle 95 en el Southside de Chicago, y afirmar mi fe cristiana. Vino como una elección, no como una suerte de epifanía. Las dudas no desaparecieron como por arte de magia. Pero arrodillándome ante la Cruz en el Southside, sentía que escuchaba el espíritu de Dios que me llamaba. Me sometí a Su voluntad, y me dediqué a descubrir Su verdad.
Este es un camino que ha sido recorrido por millones y millones de americanos, evangélicos, católicos, protestantes, judíos y musulmanes; algunos desde que nacieron, otros en un determinado momento de sus vidas. No es algo que les mantenga separado del resto de sus ideas y valores. De hecho, es a menudo la fe la que rige sus ideas y valores.

Y es por esta razón por la que, si de verdad esperamos hablar a la gente desde lo que son, comunicar nuestras esperanzas y valores de un modo que llegue a la gente, no podemos como progresistas abandonar el campo del discurso religioso.
Porque cuando despreciamos el debate acerca de lo que significa ser un buen cristiano, judío o musulmán, cuando hablamos sólo de la religión en el sentido negativo de dónde o cómo no debería practicarse, en vez de en el sentido positivo de qué es lo que la religión nos dice sobre nuestras obligaciones para con los otros; cuando nos mantenemos lejos de actos y celebraciones religiosas porque tememos molestar o que sea inoportuno, otros llenarán ese vacío, aquellos con la forma de ver la fe más estrecha de miras, o los que cínicamente usan la religión para justificar fines partidistas.

En otras palabras, si no tendemos la mano a tantos cristianos evangélicos o creyentes de otras religiones y les explicamos qué es lo que representamos, entonces los Jerry Falwells, los Pat Robertsons y los Alan Keyes seguirán dominando.
Peor aún, la incomodidad de algunos progresistas con cualquier cosa que suene a religión nos ha prevenido a menudo de enfocar los temas en términos morales. Parte del problema aquí es de carácter retórico: si despojamos al lenguaje de todo contenido religioso, desperdiciamos las referencias y la terminología a través de la cual millones de americanos entienden tanto la moral personal como la justicia social.
Imagínense el Segundo discurso inaugural de Lincoln sin la referencia al “juicio del Señor”. O el “He Tenido un Sueño” de Martin Luther King sin referencias a “todos los hijos de Dios”. Sus invocaciones a una verdad superior ayudaron a inspirar lo que parecía imposible, y movieron a la nación a abrazar un destino común.

Nuestra incapacidad como progresistas de aprovechar los fundamentos morales de la nación no es sólo retórica, sin embargo. Nuestro miedo a parecer predicadores puede también llevarnos a no tener en cuenta el papel que los valores y la cultura tienen en algunos de nuestros más acuciantes problemas sociales.

Después de todo, los problemas de la pobreza y el racismo, la precariedad y el desempleo, no son simples problemas técnicos en busca del perfecto plan de diez puntos. Son problemas arraigados en la indiferencia social y en la insensibilidad individual. En las imperfecciones del hombre.
Resolver estos problemas exigirá cambios en las políticas gubernamentales, pero también requiere cambios en los corazones y en las mentes. Yo creo en la necesidad de mantener las armas fuera de nuestras ciudades, y creo que nuestros líderes deben atreverse a decir esto a la cara de los lobbys de los fabricantes de armas. Pero también creo que cuando un pandillero dispara indiscriminadamente porque alguien le ha faltado el respeto, tenemos un serio problema moral. Hay un agujero en el corazón de nuestros jóvenes que el Gobierno por sí solo no puede reparar.
Por supuesto que yo creo en el vigoroso refuerzo de nuestras leyes contra la discriminación. Pero también creo que una transformación de las conciencias y un verdadero compromiso con la diversidad por parte de los altos directivos de las compañías de este país podrían traer el cambio mucho más rápido que toda una legión de abogados. Y en cualquier caso, no debemos olvidar que ellos siempre tendrán más abogados que nosotros.

Creo que deberíamos invertir más dinero de nuestros impuestos en la educación de chicos y chicas pobres. Creo que la labor que Marian Wright Edelman ha hecho durante toda una vida nos muestra cuáles deben ser las prioridades a la hora de destinar los recursos de la nación más próspera sobre la Tierra. También pienso que deberíamos dar más información a los jóvenes sobre anticonceptivos, que pueden prevenir embarazos no deseados, disminuir el número de abortos, y ayudar a garantizar que cada niño que viene al mundo es deseado y querido.
Pero, ¿Saben?, mi Biblia me dice que si enseñamos a un niño cuál es el buen camino, cuando crezca no se saldrá de él. Por eso, creo que la fe y el acompañamiento espiritual pueden ayudar a fortalecer el sentido de sí mismo de una adolescente, el sentido de responsabilidad de un joven, y el respeto que todos los jóvenes deberían tener por las relaciones sexuales.

No estoy sugiriendo que todo lo progresista deba ir de repente ligado a terminología religiosa. Eso podría ser peligroso. Nada es más transparente que las falsas expresiones de fe. Como Jim ha dicho, algunos políticos vienen de palmeros –fuera de ritmo, por cierto- al coro de la iglesia. No necesitamos eso.

Más bien, como no creo que los creyentes tengamos el monopolio de la moralidad, preferiría que alguien con sólidos fundamentos morales afirmase sus valores sin pretender que son algo que en realidad no son. No hace falta. A ninguno de nosotros nos hace falta eso.

Lo que yo sugiero es que los laicistas se equivocan cuando piden a los creyentes que dejen su religión en la puerta antes de ingresar en la plaza pública. Frederick Douglas, Abraham Lincoln, Williams Jennings Bryant, Dorothy Day, Martin Luther King –en realidad, la mayoría de los grandes reformadores de la historia americana-, no basaron su actuación en motivaciones exclusivamente religiosas, pero reiteradamente usaron un lenguaje religioso para fundamentar su causa. Por eso, decir que los hombres y las mujeres no deberían inyectar su “moral personal” en los debates políticos es una afirmación absurda. El Derecho es, por definición, la codificación de unos valores morales, en gran parte enraizados en la tradición judeocristiana.

Más aún, aunque los progresistas nos despojemos de parte de esas tendencias, podríamos reconocer la coincidencia en ciertos valores que tanto creyentes como no creyentes compartimos cuando se trata de las directrices morales y materiales que han de guiar nuestro país. Podríamos reconocer que la llamada a sacrificarnos a favor de la siguiente generación, la necesidad de pensar en términos de “Tú”, y no sólo de “Yo”, resuena en las comunidades religiosas de todo el país. Y deberíamos darnos cuenta de que tenemos la capacidad de tender la mano a la comunidad evangelista e involucrar a millones de creyentes americanos en el ambicioso proyecto de la renovación americana.
Parte de esto ya está comenzando a realizarse. Pastores, amigos como Rick Warren y T.D. Jakes, están utilizando su enorme influencia para combatir el SIDA, aliviar la deuda del Tercer Mundo, o el genocidio de Darfur. Pensadores religiosos y activistas como nuestros buenos amigos Jim Wallis y Tony Campolo están invocando la llamada bíblica a

ayudar a los pobres como un medio para movilizar a los cristianos contra los recortes presupuestarios en los programas sociales y el crecimiento de las desigualdades.
Por cierto, necesitamos cristianos en la Colina del Capitolio, judíos en la Colina del Capitolio, y musulmanes en la Colina del Capitolio, hablando del impuesto de sucesiones. Cuando te encuentras con un debate que propone quitar miles de millones de este impuesto de programas sociales para que vayan a manos de un grupo de gente que no lo necesita, y que ni siquiera lo ha pedido, te das cuenta de que necesitamos una inyección de moralidad en nuestro debate político.
Por todo el país, iglesias individuales como a la que yo pertenezco están sufragando programas de atención social, construyendo centros para mayores, ayudando a ex delincuentes a rehacer sus vidas, o reconstruyendo la costa del Golfo tras el Huracán Katrina.
Así que la cuestión es ¿cómo construir esta aún naciente alianza entre creyentes y no creyentes de buena voluntad? Esto va a dar trabajo, más del que llevamos hecho hasta ahora. Las tensiones y sospechas en cada lado tendrán que ser cuidadosamente encauzadas. Y cada parte tendrá que aceptar algunas reglas básicas para hacer posible la colaboración.
Ya hemos dibujado parte del trabajo pendiente para los líderes progresistas. Quiero también hablar un poco sobre lo que haría falta que los líderes conservadores hicieran también. Algunas verdades que creo que es necesario que conozcan.

En primer lugar, es preciso que entiendan el papel fundamental que juega la separación entre iglesia y estado, no sólo como garantía de la democracia, sino de la fortaleza de nuestra propia práctica religiosa. La gente tiende a olvidar que, en nuestra fundación como país, no fueron los ateos ni los activistas por los derechos civiles los más efectivos paladines de la Primera Enmienda. Fueron las minorías perseguidas, los baptistas como John Leland que no querían que las iglesias establecidas impusieran sus puntos de vista a la gente que estaba feliz viviendo en el campo y enseñando las Escrituras a los esclavos. Fueron los evangelistas los más activos en no mezclar gobierno y religión porque no querían una religión patrocinada por el Estado, lastrando su capacidad para vivir la fe tal y como ellos la entendían.

Por otro lado, dada la creciente diversidad de la población Americana, los peligros del sectarismo nunca han sido mayores. Dondequiera que estemos, ya no hay solo una nación Cristiana; somos también una nación judía, musulmana, budista, hinduista, una nación de no creyentes.

Pensemos en la hipótesis, incluso, de que sólo hubiera cristianos, de que expulsáramos a todos los no cristianos de los Estados Unidos de América, ¿Qué Cristianismo enseñaríamos en las escuelas? ¿El de James Dobson, o Al Sharpton? ¿Qué pasajes de las escrituras guiarían nuestra vida pública?

¿El Levítico, que afirma que la esclavitud está bien, pero comer almejas es una abominación?
¿Qué tal el Deuteronomio, que sugiere lapidar a tus hijos si se apartan de la fe? ¿O simplemente deberíamos apoyarnos en el Sermón de la Montaña, un pasaje tan radical que es dudoso que nuestro Departamento de Defensa sobreviviera a su aplicación?

Así que antes de ir demasiado lejos, hagamos una lectura cuidadosa de la Biblia.
Esto me lleva a un segundo punto. La democracia exige que las motivaciones religiosas trasladen sus preocupaciones a lo universal, más que a valores de religiones concretas. Esto requiere que sus propuestas estén sujetas a la crítica, y se acomoden a la razón.

Yo puedo ser contrario al aborto por motivaciones religiosas, pero si pretendo que se apruebe una Ley que lo prohíba, no puedo conformarme con invocar las enseñanzas de mi iglesia o la voluntad divina. Tendré que explicar por qué el aborto vulnera algún principio asumible para todas las personas con independencia de su credo, incluso para los que no tienen ningún credo en absoluto.

Esto será difícil para los que creen en la literal infalibilidad de la Biblia, como muchos evangélicos. Pero en una democracia plural, no hay elección. La política depende de nuestra capacidad de convencernos los unos a los otros de objetivos comunes basados en una realidad común. En los niveles del fundamentalismo, la religión excluye esta capacidad de compromiso. Es el arte de lo imposible. Si Dios ya ha hablado, los seguidores no tienen otra cosa que

hacer más que seguir sus dictados, sin mirar las consecuencias. Basar la vida en esta insobornable fidelidad debe de ser sublime, pero basar nuestra política en esos principios podría ser peligroso. Y si lo dudan, les voy a poner un ejemplo.

Todos conocemos la historia de Abrahán e Isaac. Dios ordena a Abrahán que sacrifique a su hijo en ofrenda, y éste, sin discutir, se lleva a Isaac a la cima del monte, lo pone sobre un altar, y eleva el cuchillo, preparado para actuar tal y como Dios le ha mandado.
Por supuesto, al final Dios manda a un ángel que intercede en el último minuto, y Abrahán aprueba el examen de Dios.
Pero para ser justos, hay que admitir que si cualquiera de nosotros al salir de esta iglesia viera a Abrahán en lo alto de un edificio empuñando un cuchillo, lo mínimo que haríamos sería llamar a la policía, y esperar que el Servicio de Protección de la Infancia y la Familia quitara a Abrahán la custodia de Isaac. Actuaríamos así porque nosotros no oímos lo que oye Abrahán, ni vemos lo que Abrahán ve, por verdaderas que puedan ser sus experiencias. Así que lo mejor que podemos hacer es actuar de acuerdo con aquello que todos vemos y oímos, ya sean las leyes o el sentido común.

Por último, cualquier reconciliación entre fe y pluralismo democrático exige un cierto sentido de la proporción.

Y esto vale para ambas partes.
Incluso para quienes, admitiendo la infalibilidad de la Biblia, son capaces de distinguir entre pasajes esenciales –los 10 mandamientos, o la divinidad de Cristo, por ejemplo- mientras entienden que otros pasajes son elementos culturales ligados a una época y una mentalidad, y pueden ser acomodados a la vida moderna.
El pueblo Americano intuitivamente entiende esto, y es la razón por la que la mayor parte de los católicos practican el control de la natalidad, o muchos de los que se oponen al matrimonio homosexual son igualmente contrarios a una enmienda constitucional para prohibirlo. Los líderes religiosos puede que lamenten que su rebaño no siempre siga sus enseñanzas, pero tienen que admitir su sabiduría en el modo de proceder.

Este sentido de las proporciones debería guiar también a quienes postulan la separación entre Iglesia y Estado. No toda mención de Dios en público es una grieta en el muro de separación, dependerá del contexto.
Es cuando menos dudoso que los niños que rezan en la escuela la “Promesa de Fidelidad” se sientan oprimidos o se les lave el cerebro por recitar la frase “sometidos a Dios”. Yo desde luego no me sentí nunca así. Que haya grupos de estudiantes que usen las instalaciones del colegio para reunirse a hacer oración no debería ser visto como una amenaza, como no debe ser una amenaza para los demócratas que se reúnan los estudiantes republicanos. Y podemos ver cómo ciertos programas de atención a ex delincuentes basados en la fe ofrecen una vía incomparablemente vigorosa de resolver este tipo de problemas.

Así que todos tenemos trabajo por delante aquí. Pero tengo la esperanza de que podemos tender puentes que unan las separaciones y superar los prejuicios que cada uno traemos a este debate. Y tengo fe en que millones de creyentes americanos quieren que esto suceda. No importa hasta qué punto sean o no religiosos, la gente está cansada de ver cómo se usa la fe como arma arrojadiza. La gente no quiere ver como se utilizan los sentimientos religiosos para minusvalorar al otro o para dividir. Están cansados de oír cómo se aprovecha el sermón para “dar caña”. Porque, a fin de cuentas, esa no es la manera en la que la gente entiende la fe en sus propias vidas.

Aborto

Por eso, déjenme acabar con otra anécdota que tuve durante mi campaña. Pocos días después de ganar la nominación por el Partido Demócrata para las elecciones al Senado, recibí un correo electrónico de un profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chicago, que decía lo siguiente:

“Enhorabuena por su irresistible e ilusionante victoria en las primarias. Estoy feliz de haber votado por usted en las primarias, y le diré que estoy considerando seriamente la posibilidad de votarle en la elección general. Le escribo para expresarle las preocupaciones que pueden, al final, impedirme votarle”.

El profesor me explicaba que se consideraba un cristiano comprometido, y que su compromiso era “totalizador”.
Su fe le llevó a oponerse al aborto y al matrimonio homosexual,
aunque me contaba que su fe también le hacía cuestionar la idolatría del mercado libre y el rápido recurso al militarismo que parecen caracterizar gran parte del ideario republicano.

La razón por la que se planteaba no votarme no era simplemente mi posición respecto al aborto. Había leído un artículo colgado en la web de mi campaña que sugería que yo combatiría a los “ideólogos de la derecha” que quieren impedir el derecho de las mujeres a elegir. El doctor seguía escribiendo:

“Siento que usted tiene un fuerte sentido de la justicia, y también que es usted una persona sin prejuicios y con un gran sentido común. Cualesquiera que sean sus convicciones, si verdaderamente cree que aquellos que se oponen al aborto son todos ideólogos guiados por perversos deseos de infligir sufrimiento a las mujeres, entonces usted, a mi juicio, no es justo… Usted sabe que estamos en unos tiempos cargados de posibilidades para el bien o para el mal, tiempos en los que luchamos para encontrar un sentido a una organización política en un contexto de pluralidad, cuando nos sentimos inseguros de los fundamentos que tenemos para hacer algunas reivindicaciones que implican otras… En este sentido, yo no le pido que se oponga al aborto, tan sólo que trate de este tema sin palabras cargadas de prejuicios”.

Así que miré en mi web y encontré las palabras ofensivas. Para ser justos, tengo que decir que mi equipo había escrito aquello usando el típico lenguaje estereotipado demócrata para resumir mi posición pro derecho a decidir durante las primarias, a la vez que algunos de mis oponentes cuestionaban mi compromiso para proteger la doctrina Roe vs. Wade.

Releyendo la carta del doctor, sin embargo, sentí una punzada de vergüenza. Es la gente como él la que está buscando un diálogo más profundo y pleno sobre el papel de la religión en nuestro país. Puede que no cambien sus posiciones, pero están abiertos a aprender de quienes estén dispuestos a hablar sin prejuicios. Es la gente que sabe el impresionante y vital lugar que ocupa Dios en las vidas de tantos, y rechazan tratar la fe simplemente como otro tema político con el que sumar puntos.

Por esta razón contesté al doctor, y le agradecí su consejo. Al día siguiente, difundí un correo electrónico entre mi equipo y cambié el lenguaje de mi web para explicar, en términos claros y simples, mi postura a favor del derecho a decidir. Y esa noche, antes de acostarme, recé una oración, pidiendo a Dios que me conceda aplicar a los demás la misma presunción de buena fe que el doctor me había aplicado a mí.

Y esa noche, antes de acostarme, recé una oración, que creo que comparto con muchos americanos. Y es la esperanza de que podamos vivir juntos de un modo que reconcilie las creencias de cada cual con lo mejor de los demás. Es una oración que merece la pena ser rezada, y un diálogo que merece la pena afrontar en este país en los meses y años venideros. Gracias.

57 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Irene Medici 17.12.08 | 23:59

    Por lo que la mayoría sabemos la poligamia le esta permitida solamente a los varones.
    De nacimiento los humanos traemos en nuestro cerebro para cuando alcanzamos la madurez de ese órgano comprobaciones de la integridad, lealtad, fidelidad,sinergia,equilibrio etc entre la pareja principal MONÓGAMA(PITUITARIA) Y EN EL MISMO CUERPO HUMANO Y EN FUNCIONES VITALES otras parejas monógamas acordando continuamente para nuestro bien-estar energético físico y mental, pero también hoy se sabe de la existencia de genes mutados y memes mutados y la ayuda de terapias cognitivas para lograr buenos resultados y vida plena gracias a la plasticidad de nuestro maravilloso cerebro.Para copiar modelo de par-eja mejor copiar el original.

  • Comentario por a 14.11.08 | 19:23

    1

  • Comentario por El Aguafiestas 08.11.08 | 12:26

    Tengo que reconocer que en la marea de las noticias referentes a Obama, he cometido un error referente a las abuelas (surgida en un periódico) y, posiblemente, otro más, en cuanto a si el cuidado del “polígamo” se refería a Obama padre o hijo, porque El País habla del hijo, pero del contexto general, pienso que tiene que referirse al padre. La cosa quedaría así: debió ser Obama padre el que fue cuidado por una abuela, que no era la madre física, sino la tercera mujer de su abuelo polígamo. Releyendo prensa, pienso que en ella misma, “se han liado” entre “Obamas”. No es tan impresionante como si fuese el Obama que es ahora Presidente de EEUU (eso sí que le ocurrió a un Secretario de las Naciones Unidas, africano), pero los argumentos siguen siendo los mismos: la poligamia sucesiva lleva a la desintegración de las familias y el odio y la simultánea a familias más grandes con amor. Y si no hay amor ni funciona, no vamos a explicar a Occidente qué es el divorcio.

  • Comentario por El Aguafiestas 07.11.08 | 20:24

    Y he leído que los jesuitas ya no hacen eso de obligar a los polígamos a abandonar a sus mujeres. Si es cierto, es otro detalle que muestra que están a favor de la pobre gente.

  • Comentario por El Aguafiestas 07.11.08 | 20:21

    En la historia de Obama hay otro detalle tremendo. He leído que el padre se hizo musulmán (y tuvo tres mujeres). Podemos oír desde aquí los comentarios: “Se ha hecho musulmán para practicar la poligamia”, lo que nos lleva a esa horrible práctica de los misioneros católicos (creo que no otras confesiones cristianas) de hacer a los polígamos abandonar a las otras mujeres, con las que también tienen hijos, amenazándoles con el infierno. Luego el padre fue monógamo y abandonó a su mujer, lo que alguno diría que es un “mal menor” y es la práctica de los países avanzados y “cristianos”. Y ahí, gracias a que el abuelo había “practicado la poligamia”, Obama tuvo una abuela (3ª mujer de su abuelo polígamo), cuando murieron todas las demás, que fue quien lo cuidó. Mi pregunta es: ¿De qué vamos, de la “Ley”, como los fariseos o de la caridad, como predicó Jesús. Y para mayor inri, la “Ley” no es la mosaica ni la del Evangelio, sino la pagana greco-romana.

  • Comentario por El Aguafiestas 07.11.08 | 20:14

    Y una excursión por la estadística matemática: en el caso de Obama, la poligamia “ha salido bien”, porque la tercera mujer del abuelo es la que ha dado amor a su nieto cuando faltaron su verdadera abuela y su madre. Ergo, como sería demasiada casualidad que el único caso positivo sea éste, eso quiere decir que, en contra de todo lo que se dice en Occidente, hay miles y millones de casos en los que la poligamia, en vez de oprimir a las mujeres, crear celos, formar familias mal avenidas, etc., lo que sirve es para que la familia sea más grande y haya más personas a dar amor a hijos y nietos; luego, las varias mujeres de un hombre también se quieren y son felices, porque, si no, como vemos todos los días a nuestro alrededor, al llevarse mal los adultos, lo pagarían también los niños. Se derrumba la afirmación de que el divorcio en cadena sea un mal menor, porque ése sí que crea resentimientos y odio.

  • Comentario por Hector 06.11.08 | 20:35

    He leído en algún sitio de esta web que “Satanás coge siempre, siempre a los que destacan por la lujuria”. Pienso que Satanás coge siempre a cada uno por donde puede: a unos por la gula, a otros por la lujuria y así sucesivamente. Pero si comento esto es porque me parece típico del Evangelio deformado que nos han enseñado, que no es Evangelio, sino proyección de los problemas greco-romanos, por ejemplo en la frase: “Los enemigos del alma son mundo, demonio y carne”. Leamos el Evangelio: ¿Contra qué vicios arremete más a menudo Jesús? No contra la lujuria, que casi ni la nombra, sino, en primer lugar, contra los fariseos y en segundo contra los ricos. Luego la frase debería ser. “Los enemigos del alma son fariseísmo, riquezas y demonio”. Fijémonos también que el que habla de lujuria es San Pablo. Obviamente, porque es medio romano. ¿Por qué? Porque como los judíos admitían la poligamia, todos estaban casados, y como los romanos no la admitían, la fornicación hacía estragos.

  • Comentario por Hector 06.11.08 | 20:26

    Y hacía estragos por todas partes: de las mujeres que no se podían casar (San Pablo dice que “para evitar la fornicación cada mujer tenga su (idio-posesivo como cuando se dice ésta es su ciudad) marido y cada hombre su (heaute-posesivo como cuando se dice éste es su manto) mujer”. De los hombres que disfrutaban de las que no se podían casar, de las lesbianas (palabra griega, porque al estar todas las mujeres casadas, ni existe como tal cosa especializada entre los judíos) y de los homosexuales, que ante ese barullo no van a ser menos.

  • Comentario por El Aguafiestas 05.11.08 | 19:56

    Dice Javier Zabala Zubero: “¿O crees que la poligamia es de Dios?. Cristo dijo que no”.
    ¿Cuándo dijo eso Cristo? Ni Cristo ni ningún apóstol dijo jamás nada contra la poligamia, que era normal en el mundo judío del Antiguo Testamento. En el Nuevo no se habla para nada de la vida privada de ninguno de sus personajes: nos enteramos de que Sanpedro está casado de rebote, porque su suegra se pone enferma. Y aún más: la poligamia aparece como algo santo en más de un pasaje (por ejemplo, el de las 10 Vírgenes) y cuando S Pablo arremete contra los pecados sexuales, por supuesto que no la nombra. Quien se opone a la poligamia es el mundo indoeuropeo-greco-romano, desde 2.000 años antes de Cristo, quien la prohibe a los no romanos es Diocleciano, el que quemó “los originales” del Nuevo Testamento y fue el mayor asesino de cristianos y el mismo San Agustín dice. “Ahora que con la ley romana no se puede tener más de una mujer”.

  • Comentario por El Aguafiestas 05.11.08 | 00:01

    Bueno, pues es así: la familia del abuelo de Obama era polígama y ahí había amor, hasta el punto de que una de las mujeres ha hecho de abuela sin serlo. Esto demuestra que en este caso la poligamia simultánea ha sido mejor que la sucesiva y que las amantes o prostitutas que es como se la sustituye en Occidente. En cuanto a que es machista decir que de no haber sido la tercera esposa hubiese sido amante o prostituta, porque podría haber sido geóloga o bibliotecaria, es salirse por la tangente, porque las geólogas y bibliotecarias quieren normalmente tener sexo e hijos, por lo que repito lo mismo. Es machista imponerle a las mujeres la poligamia, pero lo es igualmente el prohibírsela a las que la quieran. A ver si dejamos de decir que somos liberales y demócratas, pero sólo si los demás piensan y quieren como nosotros.

  • Comentario por Fernando 24.10.08 | 11:38

    Y como de hecho sucedió, la misma forma poligámica clásica generaba en ocasiones relaciones monogámicas, lo cual no deja de ser paradójico. En todo caso, con independencia de los criterios en defensa de la polifamilia con el fin de evitar el adulterio (criterios no decisivos, erráticos, equívocos y de todo punto especiosos), en mi opinión, éste último es un problema que va más allá de soluciones “numéricas”. Creo modestamente, que una sociedad avanzada, como supuestamente es la nuestra (o deseamos que lo sea) es la que mejor está capacitada para fomentar la autodestrucción de estas formas polifamiliares. Por el contrario, una sociedad socialmente más retrasada convive mejor con estos modelos poligámicos (= de muchos lechos), aun a costa de convertir una práctica afectiva en forma de dominio.

    Abrazos a Sofía

  • Comentario por Fernando 24.10.08 | 11:26

    Ahora bien: dejemos a un lado la forma poligámica clásica, y ofrezcamos una solución más modernizada: el pluriamor. Efectivamente, si un grupo de mujeres -u hombres- quieren este tipo de convivencia, no hay legislación fundada en principios de corte liberal-democrático que pueda impedirla, dado que es una elección libre y adulta por parte de sus integrantes.
    Sin embargo, por ese mismo estatuto de libre convivencia poliamorosa, su mayor riesgo de supervivencia temporal, es que las mujeres que conviven con un solo hombre (pongamos el caso de que seas tú, Taiel), o viceversa, podrían pedir que se multiplicase las opciones en este sentido, dada su condición de libre expresión afectiva: que se sumaran más “esposos” para esas mismas mujeres. En consecuencias, la polifamilia acabaría siendo una comuna convivencial de estructura disipante, en donde se formarían núcleos de relaciones aisladas en su mismo seno plural.

  • Comentario por Fernando 24.10.08 | 11:24

    Reconóceme Taiel, que el argumento que ofreces a favor de la “poli”-familia no es bueno.
    En primer lugar no está demostrado que esa solución elimine las prácticas adúlteras -de hecho lo hubo en la poligamia histórica-;
    y en segundo lugar, podría argumentarse lo mismo de las prácticas pede*rásticas [rompo la palabra para que pase el comentario]: dado que existen, podría justificarse en determinas circunstancias y edad, y así podríamos multiplicar sus numerosos casos incluso con independencia de esas mismas condiciones iniciales (es un ejemplo).

    En suma, como parece demostrar la historia, las unidades poligámicas & poliándricas no dan resultado. Son gravosas socio-económicamente, requieren de estructuras comunitarias muy cerradas y poco permeables a las influencias exógenas, son fuentes de variadas distorsiones en orden a la convivencia interna y, por último, en la mayoría de los casos fueron incentivos de estructuras de harem.

  • Comentario por sofía 24.10.08 | 00:50

    “me inclino por esto”: Como dije hay mucho machista que piensa en lo cómodo que resulta tener las amantes metidas en casa.
    Pero qué morro tienes Taiel: "A mí no me importaría..." (¡¡¡si fuera rico!!!)

    Pues va a ser que no. Tu dinero no va a comprar "esposas". No somos esclavas para el reposo del guerrero, somos personas, y no hay vuelta atrás.
    ¿Por qué le llamas amor cuando quieres decir sexo?
    Cuando el sexo está unido al amor sólo mira por el o la amad@, es exclusivo naturalmente, aunque se prolongue en los hijos y no se agote en la familia. Lo que pasa es que tú eres el típico machista incapaz de ver a una mujer por otro prisma que el de la utilidad que le reporte.
    Espero que nadie se enamore jamás de ti, pues no te lo mereces.
    Y si alguna vez te casas que ella lo haga por interés y que te ponga los cuernos. Es lo que deberías tener en justa reciprocidad por tu actitud hacia la mujer.

  • Comentario por Taiel 24.10.08 | 00:14

    No es por incordiar, pero Xabier Pikaza dice con razón que "eso es familia, familia que se quiere". Y bien pensado no está tan mal. En una familia asi no se dará el caso de los niños huérfanos, que para un niño es un trauma casi imposible de superar. No es que yo quiera hacer apología de la familia con varias mujeres, pero tampoco creo que se deba admitir una condena tajante, así sin más. A mi no me disgustaría tener varias si contase con los medios suficientes. Yo soy capaz de mucho amor. Entre tener, como muchos tienen, líos escondidos o tener varias mujeres abiertamente integradas en la familia, me inclino por esto.

  • Comentario por Javier Zabala Zubero 23.10.08 | 23:39

    Taiel fijate si Dios mira con ojos benebolentes al mundo que:

    "De tal manera amo Dios al Mundo que mando a su hijo unigenitito para que todo el que en Él crea no se pierda, mas tenga Vida eterna".

    Envio a su Hijo para que pagara el precio reservado para ti y para mi. Porque todos hemos pecado. Dios es Bueno y Justo y en la Cruz la misericordia y la Justicia se besaron como dice el Salmo profetico.

    Como bien señala hermana la poliandria es la compra de una sola mujer para varios hombres, generalmente hermanos, que por su pobreza no pueden pagar por más mujeres".

  • Comentario por sofía 23.10.08 | 19:00

    No es que unas sociedades sean monógamas y otras polígamas, sino que unas sociedades son más personalistas y tienden a la igualdad de derechos, deberes y oportunidades y otras son claramente machistas y opresoras de las mujeres, a las que se les asigna siempre un papel dependiente del varón, y no se les da la oportunidad de ser independientes.

  • Comentario por sofía 23.10.08 | 18:56

    ¿No dije yo que siempre había machitos dispuesto a sumarse al chollo?

    Claro que hay poliandria, y en casi todos los casos es aún más machista que la poligamia.
    Yo no digo nada de que la organización sea de Dios o de los hombres, que no es el tema, en mi opinión. Lo que yo digo es que las mujeres no debemos estar dispuestas a aceptar instituciones poli-nada. O bien creemos en el matrimonio de dos personas, en igualdad de condiciones, por amor, para formar una familia, o bien en las relaciones libres entre personas independientes, como una cuestión privada. Pero no en la institución de privilegios masculinos.

  • Comentario por Taiel 23.10.08 | 16:45

    Creo Javier Zabala que Dios ve el mundo con mucha más benevolencia que tu. Me parece que tú andas un poco envenenadillo con esa idea de la lepra del pecado y del principe de este mundo. Olvida eso. ¿En cuanto a la poligamia y la monogamia son cosas de Dios o de los hombres?. Unas culturas son monógamas, otras polígamas, ¿No hay en ninguna poliandria? Señal que sigue vigente la cultura patriarcal y machista.


  • Comentario por sofía 23.10.08 | 15:59

    Bien por Fernando, así se habla.
    Aquí sólo nos gustan las empanadas gallegas, como dice Arcoiris.
    Claro que me tomo a guasa a los que nos quieren aguar la fiesta, aunque tenga "guasa". ¡No pasarán! :D

  • Comentario por Javier Zabala Zubero 23.10.08 | 14:17

    Taiel:
    Confundes el mundo y las culturas con las personas.
    A las personas hay que verlas con los ojos de Dios, como ovejas sin pastor y llevarles el evangelio VIENDO como seran cuando limpios de la lepra del pecado sean siervos de Dios.
    Claro que a las personas hay que verles la potencialidadad de sus cualidades dadas puestas al servicio de Dios.
    Pero al MUNDO hay que saber quien es su Principe (Satanas) y las culturas hay que discernir que tienen de hermoso, de aprovechable de admirar y que tienen de Satanico. ¿O crees que la poligamia es de Dios?. Cristo dijo que no.

    Y en este tema me uno a logo en su fluir desde la prehistoria hasta hoy, pero siempre usando a siervos de Dios que no quiere decir que no pecaran.

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 23.10.08 | 12:34

    No, el Pseudo-Vicente Haya era Gonzalo Haya, amigo y colaborador de este blog (¿recordáis trabajos suyos?) La identidad de los apellidos ha hecho que "la máquina" los confunda. Vicente Haya me ha escrito diciendo que estaba feliz de que le hubieran atribuido cosas de su querido Gonzalo, que él también habría firmado. Xabier

  • Comentario por Arco.Iris 23.10.08 | 12:05

    Fernando ,creo que aquí han demostrado tener "una empanada mental ...mucho más los hombres que las mujeres ...YO LE HE DICHO A hECTOR ,EN EL POST SIGUIENTE "QUE ME PARACIA QUE TENIA UNA GRAN EMPANADA MENTAL ..pero lo que tu escribes está en este post ...quizá haya fuga de ideas ....ja...ja

  • Comentario por Fernando 23.10.08 | 11:58

    Sofía, yo también quedo estupefacto del post sobre el aborto, los barcos, la poligamia y el desmadre sexual. Confieso que no poseo la suficiente capacidad intelectual como para condensar y analizar tanta “idea” junta. ¡Qué se le va a hacer!

    Comillas aparte, creo querida Sofía, que haciendo llamados tan rotundos a la unidad de la ciudadanía femenina (acudiendo nada menos que a la persona de Olimpia de Gouges, de guillotinado colofón), lo que haces es otorgar una entidad a su post que tal vez no lo merezca. Estas cosas o se toman con cierta mirada zumbona o uno acaba padeciendo de cálculos y piedras en el cerebro. Salvo señoras con grave empanada mental, supongo que la mayoría de mujeres que son inteligentemente libres y desean seguir siéndolo -dato este importante-, no se les ocurre transitar por el “pluriamor” o poligamia, como tan eufemísticamente se dice hoy en día. Te envío muchos besos desde el silencio.

  • Comentario por Taiel 23.10.08 | 11:34

    Ceguera espiritual es otra cosa, Zabala. Hay que tratar de ver el mundo como lo ve Dios, como lo quiere Dios... hay que caminar progresivamente a hacer realidad la civilización planetaria, una civilización de diálogo y de respeto entre todos las culturas que poblamos la Tierra. Y no andar viendo el mal en aquellos que no piensan como nosotros y tratar de destruirlos

    Creo que Obama tiene esa actitud y es un buen principio.

  • Comentario por Arco.Iris 23.10.08 | 01:29

    Javier Zabala ,eres el mismo que Pedro Zabala ?

  • Comentario por Arco.iris 23.10.08 | 01:18

    Javier Zabala , aquién se refire usted en su comentario ,al que escribe a los que escribimos ...a quién ? me gustaria que contestase ,pues no me queda nada claro ,Gracias

  • Comentario por Javier Zabala Zubero 23.10.08 | 01:05

    !Pues no ver al mundo como enemigo si que es ceguera espiritual!
    Supongo que a Satanas lo verá como a un cachondo y a las propia carnalidad o apetencias como la verdad verdadera que hay que seguir.

    Vivis en el mundo pero no sois del mundo.
    Como ovejas en medio de lobos.


  • Comentario por Arco.Iris 23.10.08 | 00:57

    !pués quién va a ser ...algún gilipo--llas gracioso de los que pululan de vez en cuando

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 23.10.08 | 00:36

    Me quedo con el deseo de saber quien era el pseudo-vicente Buenas noches. Xabier

  • Comentario por Taiel 23.10.08 | 00:34

    Me ha sorprendido gratamente en el fondo y en la forma este discurso de Obama que me he leído entero.

    Entre su apertura y el integrismo ciego al que nos tiene acostumbrados Bush hay una distancia como del cielo a la Tierra, que después en la práctica no será tanta, pero habrá cambios y serán de agradecer.

    Obama no le da miedo el mundo ni ve en él a un enemigo, y eso es muy bueno.



  • Comentario por sofía 22.10.08 | 23:57

    Me alegro de ver la luz del arcoiris. No podrán con nosotras. :)

  • Comentario por José Carlos Enríquez Díaz 22.10.08 | 23:50

    La existencia humana se mueve en una continua gravitación teológica como consecuencia y expresión de su referencia ontológica hacia Dios. La vivencia agustiniana es permanentemente valida:”Nos has hecho, señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta descansar en ti”.para el hombre que piensa: “la vida es cosa seria”, dios se le descubre como la única posibilidad auténtica definitiva. Este descubrimiento es facilitado porque “LA DIVINA PROVIDENCIA tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios y se fuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de dios (L.G, 16). Tomar la vida en serio es haber entrado ya en un contacto personal con Dios .

  • Comentario por Arco.iris 22.10.08 | 23:29

    !Sofia ...que alegria que estás de vuelta ,cómo te vá ? Tranquila que las mujeres que estamos aquí ,creo que tenemos unas ideas bastante cimentadas ,aunque no tienen por que coincidir con la de muchos "hombres que por aquí vés .
    Un abrazo

  • Comentario por Javier Zabala Zubero 22.10.08 | 23:20

    A esto es precisamente a lo que me referia. A disfrazar a Cristo en algo humanista. Obama vende un discurso que nos pueda agradar a los cristianos y a los ateistas o humanistas. Y lo hace porque no presenta deidad sino buen rollito. Le da lo mismo utilizar el nombre de Dios pero de una forma que los ateistas vean que no esta.
    En fin, muy escamao me tiene Obama. Ojala tuviera un encuentro con Cristo transcendente; y no una elección por una religión enrrollada de la que conoce sus muchos traumas y necesidades. ¿A que cristiano no le gusta oir lo que dice Obama?, y ya ven que a los ateistas no les molesta. Mosqueante.

    Porque efectivamente Emerito, los creyentes estamos seguros que del hombre no sale nada bueno sino es dado previamente por Dios y por eso pedimos aconfesionalidad y no laicismo (que no es más que una religión de sustitución)

  • Comentario por Emérito Agusto 22.10.08 | 21:18

    “Dar a Dios lo que es del César”.
    Dicho de otra forma: el laicismo o es divino o no es humano.
    Deducción: No se puede ser honesto ciudadano si no se es creyente.

    Del discurso de Obama, que me agrada en conjunto, me quedo con lo subrayado: “Debido a su pasado, la iglesia negra entiende de un modo muy íntimo la llamada bíblica a alimentar al hambriento, vestir al desnudo, y desafiar al poder y a los poderosos. Y en sus luchas históricas por la libertad y los derechos del Hombre, fui capaz de ver la fe como algo más que un lugar donde encontrar reposo o una esperanza frente a la muerte, pude entenderla más bien como un agente activo y palpable en el mundo. Como una fuente de esperanza.” En esto consiste el Humanismo. En la parábola evangélica no se mencionan “valores religiosos”. Es netamente laica.
    Saludos

  • Comentario por Emérito Agusto 22.10.08 | 21:17

    Salvando las distancias, no sólo espaciales sino mentales, este discurso de Obama me recuerda el encuentro entre Sarkozy y Benedicto XVI (que comenté en “Humanismo sin credos” el 29 -09 -08. Perdón por la inmodestia)
    En aquel “coloquio político” (más “circunloquio” que otra cosa) se suscitaron los mismos talantes. Obama y Sarkozy interpretan idéntica sinfonía. Algo que el Papa aprovechó para poner la guinda: “Es legítima una sana laicidad del Estado en virtud de la cual las realidades temporales se rigen según las normas que les son propias, pero sin excluir las referencias éticas que encuentran su último fundamento en la religión.
    Y es aquí donde radica la artimaña del BXVI y, por consiguiente quienes defienden la creencia como “protectora del orden establecido” O sea, que el laicismo es positivo, sano, justo, equitativo y saludable cuando tiene su “último” fundamento en la religión.
    Esto significa, ni más ni menos y enmendando la plana al Divino Maestro, “Dar a Dios...

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 22.10.08 | 20:53

    El que escribe a nombre de Vicente Haya... le agradezco que nos diga que no es él... Pero en sus dos comentarios no sólo sale el nombre de Vicente Haya sino que en mi pantalla aparecen como enviados desde el email particular de Vicente Haya (a quien he llamado y me dice que él no ha sido). No sé cómo ha sido, pero debe haber una interferencia que sería bueno conocer. ¿Se puede presentar el autor de estos correos, si le parece? ¿Será mejor que comunique el caso a la ªdirección" de religiondigital? Xabier

  • Comentario por sofía 22.10.08 | 19:53

    ¿Pues a nombre de quién tenía que haber salido el comentario?
    Porque sigue saliendo a nombre de Vicente Haya (blogger) De modo que si no es Vicente Haya el que habla sino otro blogger u otro Haya, o qué sé yo qué, más vale que escriba otro comentario diciendo que no es vicente haya sino quien sea.
    Cosas que pasan en la red.

  • Comentario por Vicente Haya [Blogger] 22.10.08 | 19:28

    No sé por qué ha salido el comentario a nombre de Vicente Haya. Rectifico si me equivoqué. No quiero cargarle a nadie mis opiniones discutibles.

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