Vengo ofreciendo una serie de reflexiones cristianas sobre la cárcel y, en especial, sobre el tipo de presencia de la Iglesia dentro de ella. En ese contexto me ha enviado
M. E. Bruzzone, abogado y profesor, una serie de comentarios y observaciones que, con su permiso, quiero hoy ofrecer a mis lectores, antes de finalizar esta serie. Bruzzone piensa que lo que yo digo es importante, pero insuficiente. Hay que profundizar en la verdad de cada caso, en el conocimiento real de los presuntos delincuentes y de los encarcelados y para eso, él ofrece, como ayuda, su visión del detector de mentiras.. Sólo conociendo la verdad se puede ayudar al delincuente; sólo reconociendo la verdad se puede rehabilitar el reo. Estamos ante una confesión laica, una confesión civil, forzada. La Iglesia inventó un orden penitencial, que comenzaba con la confesión de los pecados, como ayer vimos. En la praxis actual, la penitencia de la Iglesia se recude casi a la "confesión" personal y voluntaria. Pues bien, el Estado debería recurrir a una confesión obligatoria y científica, poniendo el detector de mentiras en el lugar del confesonario de nuestras iglesias. Del viejo confesonario al nuevo detector de mentiras. Ése sería un paso en la buena dirección (evidentemente, sin cerrar el confesionario y la dirección espiritual para los que escojan ese camino de reconciliación con la sociedad y con Dios). Éste podría ser en el fondo el argumento de Bruzzone. Pro lean, por favor, su aportación. El texto es lago, pero puede servir de referencia para los interesados en el tema.
Introducción. De una carta de Bruzzone
Querido hermano Xabier
El problema de la situación de las penitenciarías que has tocado, es realmente muy importante.
Pero, simultáneamente, también es algo “sumamente” difícil.
Y no hay duda de que lo comprendes perfectamente, ya que las opiniones que se han efectuado a tus escritos, son significativamente menores que las que aparecen normalmente en los textos de tu blog.
Y en ese sentido me parece muy bien todo lo que has planteado, aún cuando no coincida “plenamente” con la argumentación que empleas, fundamentalmente porqué no me parece posible que una simple actuación tan espiritualista como la que mencionas pueda ser “completamente correcta”, ya que —por un lado— parece como si implicase el desconocer la realidad de vida del ser humano, con todas las “incorrecciones” que a diario comentemos, y —por el otro lado— hasta me atrevería a decir que no se corresponde plenamente con lo que significa en verdad el mensaje del Evangelio, dado que —por lo menos en mi concepción— un mero accionar de ayuda irrestricta (al igual que el realizado por Teresa de Calcuta, Francisco de Asís, o cualquier otro) será “aplaudido” por “el mundo” y no “perseguido” por él, por lo cual me da la impresión de que no sería (al menos plenamente) coincidente con lo “profundo” del pensamiento y accionar de Jesús.
Sin duda alguna que el actual sistema carcelario es injusto e inhumano. En nuestra Constitución Nacional hay un artículo que dice: «las cárceles son para seguridad, y no para castigo de los delincuentes…»
Sin embargo, es obvio que sobrevivir allí no sólo es casi imposible, sino que también constituyen un verdadero “semillero de maldad”, a punto tal de que son muchos los que las consideran como las “universidades del delito”, ya que no sólo no sirven de forma alguna para la recuperación de los internos, sino que, además, al menos en una enorme proporción, quienes tienen la desgracia de caer allí salen peores a como eran cuando ingresaron.
Y un enorme porcentaje de “ése” problema (como también de muchos otros que afectan a la humanidad) tiene su origen en que el dinero que todos aportamos con nuestros impuestos para que existan y funcionen, sólo llega hasta ellas en una proporción muy reducida, ya que una enorme cantidad del mismo se “desvía” hacia otros lugares.
Y creo que eso ocurre, en razón de las enormes dificultades que existen en la actualidad para “probar” el accionar incorrecto de muchos “grandes señores”, que desde distintos ámbitos de la actividad humana (políticos, gremialistas, empresarios, policías, miembros del poder judicial, etc. etc. etc.) en lugar de actuar “en pro del bien común”, en beneficio de la comunidad, lo hacen para favorecer sus intereses personales o de algún grupo.
Por eso hace ya muchos años que creo, que la ÚNICA SOLUCIÓN posible a esa situación (así como también para muchos otros problemas que nos aquejan) es el uso del “detector de mentiras”, dado que la presunción de inocencia, sumada a la mala interpretación que se ha efectuado del principio “nadie está obligado a declarar contra si mismo”, son las causas fundamentales del incremento de las acciones injustas e incorrectas que vemos a diario, tanto de parte del que delinque, como de quien debería cuidar la seguridad de la sociedad.
Por tal motivo te remito adjunto un libro que publiqué, ya que pienso que —tal vez— en tu espíritu mercedario, asumas como conveniente (aunque más no fuese) el defender su implementación, por lo menos a raíz de los centenares de miles de inocentes que se encuentran allí purgando por delitos que no cometieron, sea por simples errores judiciales o, lo que es peor aún, por haber sido inculpados injustamente para evitar que “caigan” los verdaderos culpables.
Espero que puedas considerar útil el texto que te envío. Y lo hago junto con otro más breve, que remití a muchos periodistas con la esperanza de que tomarían en serio el asunto.
Pero obviamente no sucedió de esa forma.
Recibe mi constante gratitud, y un fuerte abrazo de mi parte.
MARANA-THA
Mario
Libro
Mario Enrique Bruzzone.
EL DETECTOR DE MENTIRAS
fin de la inseguridad y la impunidad
Más de una vez me parece vivir “dentro” de una verdadera pesadilla.
Enviamos un hombre a la luna y lo traemos de vuelta. Planeamos trasladarnos hasta Marte, e incluso más allá.
Encendemos el televisor y podemos observar hechos que ocurren en este mismo momento al otro lado del mundo.
Mediante nuestra computadora, o con un pequeño teléfono celular, podemos contactarnos con personas que están en cualquier lugar del planeta.
En medicina contamos con aparatos que nos permiten observar el interior del cuerpo humano, casi como si se lo estuviese seccionando con una máquina de cortar fiambre. Y además poseemos otros, que los médicos usan para efectuar complejas operaciones en el corazón, arterias, cerebro, u otros órganos de la anatomía humana.
Pues bien; frente a tanta maravilla tecnológica cabe preguntarse:
¿Es lógico suponer, que no se cuente con ningún elemento que nos permita solucionar con mayor rapidez y eficiencia los delitos que nos afectan?
¿Y que también evite que tantos problemas políticos sigan resolviéndose mediante falsedades y favoritismos?
Y la respuesta a esas preguntas es que SÍ EXISTEN, y uno de ellos es el detector de mentiras o “polígrafo”.
INTRODUCCIÓN
He redactado estas páginas, tratando de colaborar en la búsqueda de alternativas con las cuales los seres humanos podamos vivir un poco mejor.
Por supuesto; hay muchos que piensan que la vida es bella, que se vive bien, y otras cosas por el estilo.
Sin embargo, creo que para un gran número de personas —me animaría a decir que para la mayoría de ellas, o al menos para una enorme cantidad— las cosas no siempre resultan “tan” así, sino que las dificultades, injusticias y frustraciones que afrontamos a lo largo de cada jornada, son demasiadas.
Y lo más grave es que se incrementan constantemente.
Pues bien; como siempre tuve un concepto cristiano de la vida, y dado que desde chico me resultó difícil “entender” esa situación, he tratado de descubrir las causas profundas de muchos conflictos y también —¿por qué no?— buscar mecanismos para mejorarlos.
Hace unos años comencé a bosquejar algo, y publiqué un pequeño folleto mediante el cual invitaba a meditar sobre la posibilidad de recrear el estilo de vida de Jesús, es decir, una forma de vida que fuese realmente cristiana, comunitaria, y que, por supuesto, implique también la participación DE TODOS en los bienes materiales.
Lo envié a todos las curias del país, así como también a los distintos grupos, parroquias, colegios y comunidades de la Arquidiócesis a la que pertenezco (Bahía Blanca) y además, a muchos miembros y “dirigentes” de distintas Iglesias Reformadas (Protestantes).
Sólo obtuve tres respuestas, y no dudo en calificarlas como INTRASCENDENTES.
Ante ese hecho, y pensando que no se comprende que ese fue, no sólo el verdadero mensaje de Jesús (su “yugo suave”, el afrontar los problemas en forma comunitaria es muchísimo más sencillo que hacerlo aisladamente) sino que también constituyó lo que yo denomino el “motivo oculto” de su ejecución (su estilo de vida, el compartir vivencias y bienes, habría significado el fin de la esclavitud, que era el “motor” de la economía de aquella época, tal cual como hoy lo haría con la desocupación, la relación de dependencia y el consumismo) publiqué un libro titulado «¿PORQUÉ MATARON A JESÚS?».
Tampoco obtuve RESPUESTA motivo por el cual, continué investigando y redactando centenares de páginas, recurriendo esta vez a una forma novelada con el objeto de facilitar su lectura pero, ante las dificultades económicas que existen para poder editarla (las empresas no asumen el riesgo de hacerlo, sino que piden al escritor que abone el costo) a raíz de su extensión no me resulta “tan” sencillo hacerlo en estos momentos.
Por otro lado, insistiendo en mis ideas, he redactado una serie de artículos en “EL OBSERVADOR SERRANO” (semanario de la ciudad de Tornquist) y también los envié vía Internet a gran cantidad de curas, monjas, y a distintos amigos.
El silencio continúa siendo “notable”.
Por eso resolví “combinarlos” en un texto único y con él, y algunos puntos de dicha novela que estimo más “urgentes”, publicar dos libros breves.
Uno es éste que tienen entre sus manos, en el cual propongo utilizar el “detector de mentiras” (o polígrafo) como un medio de prueba válido en los procesos administrativos y judiciales.
Como mínimo en forma voluntaria, es decir, como un elemento de prueba en favor del acusado.
Y quiero aclararles que el contenido de este pequeño libro es, en realidad, sólo uno de los temas de la novela que mencioné antes.
Es por esa razón que encontrarán párrafos, y notas al pie de página, que hablan del Topo, Rorri y algunas otras cuestiones (incluidas “malas palabras”) que aparentemente no tendrían demasiada relación con el texto que estarán leyendo.
Sin embargo, para no perder la “frescura original” del escrito, preferí dejarlo tal cual lo había redactado .
O tal vez, lo hago con la ilusión de generar en el lector el deseo de leer esa novela.
Y sinceramente les aclaro que, si fuese por esta última causa, no me movería un simple aspecto comercial, o de publicidad de la misma, sino porqué considero que lo que expongo en ella es mucho más importante que lo que señalo en estas líneas, pues las ideas que propongo incluyen otros aspectos que considero fundamentales, planteando la posibilidad de establecer UNA NUEVA FORMA DE VIDA, que no sólo resulte más acorde a las necesidades del ser humano, sino que hasta favorezcan el desarrollo de la paz mundial.
El segundo libro que publicaré, no tan corto en realidad, posiblemente será considerado por muchos como de carácter “prioritariamente” religioso, ya que comprende tanto mi propuesta de vivir comunitariamente, como también los argumentos BÍBLICOS en los que baso mi opinión, de que no puede existir en el uso de los bienes materiales ninguna diferencia entre “laicos” (el pueblo común, los que “laburamos” y aportamos esos bienes) y “consagrados” (o dedicados a predicar el Evangelio, como curas, monjas, pastores etc.) que usan y disfrutan de ellos.
Y menos aún que se justifique la permanencia del “Estado” Vaticano.
Dios mediante, más adelante publicaré la totalidad de las páginas que he venido redactando, con las cuales, basándome especialmente en los textos bíblicos y en otros libros de la antigüedad, planteo que la “elección” que Dios hizo (y todavía hace) de algunos seres humanos, no significa PARA NADA que ellos puedan pretender también un predominio temporal (de “poder” en este mundo) y, por consiguiente, que nadie puede alegar derecho a vivir en tal o cual lugar, o que pueda hacerlo con menos dificultades que el resto, ya que todos somos exactamente iguales.
Y les aclaro, que estoy absolutamente convencido de poder demostrarlo.
Pero no crean que por tener ese fundamento (la Biblia) he escrito sobre cosas de carácter “místico”, sobrenaturales o como prefieran llamarlas.
Nada de eso. Yo diría que he escrito sobre lo verdaderamente religioso, sobre los aspectos profundos y al mismo tiempo sencillos de la vida, y no sobre cuestiones de culto, ritos y otras similares, algunas de las cuales, por lo menos en mi opinión, llegan a “rozar” lo mágico y hasta lo ridículo.
Y tan es así que, por ejemplo, planteo los fundamentos éticos por los que considero que no se debe abonar las deudas injustas (tanto internas como externas) la restitución de bienes que deberían hacer los estados (y las empresas) del “primer (¿?) mundo”, la ilegitimidad de jubilaciones de privilegio, y muchas otras cuestiones más, muchas de las cuales considero de gran actualidad, y que pueden contribuir a la concordia y a la paz entre los hombres.
Una doble aclaración más.
Si consideran conveniente efectuar algún comentario sobre este libro no duden en hacerlo, aún cuando el mismo fuese únicamente crítico (y completamente “ácido”) dado que posiblemente existan algunos errores en mis apreciaciones.
Asimismo, y como para evitar mayores costos no hice revisar estas páginas desde el punto de vista “gramatical o literario”, es probable que encuentren hasta equivocaciones en ese sentido (ortografía incluida). Si así fuese, también les agradeceré que me las hagan notar, para corregirlas.
Me despido de ustedes con el tradicional saludo del MARANA-THA, palabra del idioma arameo (que era el que se hablaba en Palestina, en época de Jesús) y que significa “Ven Señor” (Jesús) ó “el Señor viene”, invocación con la cual terminaba cualquier oración de los primeros cristianos.
MARIO ENRIQUE BRUZZONE
Von Bulow s/nº - 8168 Sierra de La Ventana (Pcia. de Bs. As.)
Tel. (0291-4915050)
mbruzzone@intersierra.com.ar
NOBLEZA (ETIMOLOGÍA)
NOBLE: nobilis, contracción de noscibilis y nocere (conocer)
ENCICLOPEDIA DE ETIMOLOGIA, de Martín Alonso – Aguilar S.A. 1958 Madrid
Similar significado etimológico (ya que todos hacen referencia a «CONOCER») registran, entre muchos otros, los siguientes textos:
Joan Corominas – Gredos Madrid 1990 – pag. 415
Enciclopedia Espasa Calpe S.A. Tomo 38 (NEC-NULLY) – pag. 891
Diccionario Enciclopédico MONLAU Pedro – Joaquín Gil Ed. Bs.As. 1946 pag. 885
Diccionario General Etimológico de la Lengua Castellana – D. Roque Barcia – Alvárez Hermanos Madrid 1881 T. III pag. 931
El concepto de "NOBLEZA"
"...Por eso ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y su plebe y su turba gozosa... "
Is.5,14 (B.Jer.)
"...Hermanos, tengan en cuenta quienes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles... "
1Cor.1,26 (B.L.)
"...Este otro, al darse cuenta de que aquel hombre lo había vencido con nobleza... "
2Mac.14,31 (B.Jer.)
COMENTARIO: Dentro de las diferentes actividades que puede realizar el ser humano, la docencia presenta algunas ventajas con respecto a muchas otras.
Una de ellas consiste en que, quienes osamos realizar esa misión (que si se intenta ejercer “medianamente bien” es, por cierto, extremadamente difícil) tenemos la posibilidad de hacerles preguntas que pueden resultar extrañas a nuestros alumnos, sin que ninguno de ellos piense por tal motivo, que uno es “raro”.
O por lo menos, que no es “demasiado raro” por el sólo hecho de habérselas efectuado.
Y eso sucede ya que, al recibirlas, los pobres jóvenes que deben soportar nuestras aburridas clases, entienden que es un mecanismo a través del cual, tratamos de "presentarles" de una forma más original, y no tan rutinaria, los “saberes” o conocimientos que ellos (teóricamente al menos) están "deseosos" de adquirir.
Por supuesto que pese a lo afirmado no es posible pensar, que en la honorable actividad de educar todo sea “color de rosa”, ya que tal profesión presenta también un sinnúmero de desventajas, si la comparamos con otros quehaceres del ser humano.
Y dicho esto sin entrar siquiera a mencionar, los bajos aspectos “monetarios” con los que se la retribuye, ya que si lo hiciésemos, seguramente habría mucho para hablar.
Sin embargo, como ese “déficit” es una cuestión que prácticamente en toda cultura y época fue bastante similar, estimo prudente no inmiscuirme en él, evitando que esta reflexión pueda ser considerada como una “reivindicación gremial”, fundamentalmente por cuanto eso último (por lo menos para mí) es “casi una mala palabra”, dado que desde hace tiempo las actividades de ese tipo, son utilizadas muchas veces para beneficio económico de quienes actúan en ese ámbito, o en el mejor de los casos, como “catapulta” para intervenir luego en la política, ambiente que, por supuesto, resulta “más rentable” aún que lo gremial.
Por otra parte, y aún cuando es posible que me recuerden el viejo refrán: «mal de muchos, consuelo de tonto», no hay duda alguna que frente al deterioro en los ingresos y la desocupación, dicho aspecto no resulta tan deprimente hoy en día.
Pero dejando de lado todo eso, debo decirles que a raíz de las respuestas que pude obtener en una “encuesta” que realicé, referida al significado de la palabra “nobleza”, estimo conveniente redactar esta breve reflexión.
Las contestaciones que recibí de mis alumnos, y a las cuales me atrevería a calificar como “importantes o serias”, fueron ampliamente coincidentes relacionando a dicho término en un “doble” sentido.
El grupo mayoritario señaló que era una referencia a los «nobles», es decir, a los «reyes y sus familiares» o, mejor dicho, a todos aquellos que podríamos señalar como el “elenco estable” de personas que rodean los “tronos” terrenales (y por supuesto, dicho también eso en el buen sentido de la palabra).
El otro sector de las respuestas “sensatas”, por el contrario, estuvo centrado en que con ella se indicaba la «forma correcta de actuar».
He hice esa aclaración con respecto a la “calidad” de las respuestas que recibí, dado que como es típico en cualquier grupo de adolescentes, no faltaron unas cuantas contestaciones “jocosas”, enlazando ese término con la marca de una yerba, la letra de una canción y otras cosas (o gansadas) por el estilo.
No obstante —¡gracias a Dios!— ese segmento resultó ampliamente minoritario por lo cual, teniendo en cuenta sólo las respuestas “juiciosas”, creo no equivocarme demasiado si afirmo que, sí realizásemos el mismo sondeo con un carácter mucho más amplio y masivo, es decir, haciéndolo en el ámbito de la población en general, la enorme mayoría de las personas que podemos observar a diario caminando por la calle, al ser consultadas sobre ese tema responderían aproximadamente lo mismo.
Y casi está de más decirles, que ante la existencia de una opinión tan generalizada, sí yo les mencionara que “nobleza” significó algo muy diferente, posiblemente, más de uno afirmaría: «evidentemente, este tipo sí que es raro del todo».
Sin embargo, aún corriendo el riesgo de que se produzca tal interpretación sobre mi persona, y dado que mi objetivo es tratar de enseñar a mis alumnos que lo importante es desarrollar la mente (en lugar de intentar llenárselas con conocimientos inútiles) me vi en la necesidad de decirles que, en rigor de verdad, en su origen dicho vocablo no tenía “nada que ver” con el grupo de personas que gobernaban, sino que es exactamente a la inversa.
Y menos aún, que se relacionara con “lo correcto” del comportamiento que solían utilizar.
En efecto. Quienes se encuentran vinculados con la monarquía, y a los cuales solemos señalar como "los nobles", es decir, los que “gozan” de ese nombre, designación, o apodo con el que actualmente los conocemos, lo poseen verdaderamente como una derivación de tal palabra.
Y lo más grave al respecto, es que generalmente se interpreta que una “actitud noble”, es decir, lo que usualmente se considera como “el accionar correcto”, sería el resultado de los actos que ese grupo de personas (los reyes y sus cortesanos) realizaban normalmente.
La vinculación, o asociación mental que se produce, pensando que “actuaban correctamente”, y que “por ese motivo mandaban a los demás” resulta evidente.
Sin embargo, la verdad sea dicha, poco tiene que ver con el término en sí.
El vocablo, NOBLEZA, proviene de la raíz latina "notio-onis", la cual a su vez viene de «nocere», que significa «conocer».
De esta última palabra, es perfectamente obvio el origen o raíz latina «cun-gnocere», o sea, "con nocere" (conocimiento) lo cual me eximiría de mayores comentarios, ya que indudablemente tal expresión en su idea original, con respecto a gobernar (reyes) o actitudes “correctas”, no guarda relación alguna.
Es decir que, sencillamente, a tal raíz lingüística no podemos asimilarla a esta bendita cuestión de las “testas coronadas”, con las cuales hoy la inmensa mayoría de los seres humanos relaciona.
El asunto es, entonces, cómo “conectar” el concepto de NOBLEZA, que hoy prácticamente todo el mundo emplea (¡y piensen lo que pudo haber sido en otras épocas!) con este otro del CONOCIMIENTO.
Y creo que es conveniente hacerlo ya que, por un lado nos permitirá comprender mejor el verdadero sentido de dicha palabra y, por el otro, y esto es para mí, MUCHO, MUCHÍSIMO MÁS IMPORTANTE AÚN por cuanto, más allá de lo que podríamos considerar como simplemente anecdótico, científico o académico, nos ayudará a entender también uno de los motivos por los cuales, en reiteradas ocasiones se producen graves errores de interpretación en el accionar de los seres humanosm cosa que, de más está decirlo, no es sólo con respecto a ese término donde sucede, sino que también existe idéntico problema en algunos otros.
En efecto, en más de una oportunidad, por desconocer el origen primitivo de un vocablo, es decir cómo "ha venido", cómo se ha originado, cómo ha llegado a incorporarse en nuestro lenguaje, atribuimos como correcta una idea actual cuando, en rigor de verdad, y como sucede en este caso que les estoy mencionando, se ha arribado a ella, no en razón de su primigenia significación, sino como una derivación de la misma.
En realidad, afirmar que el origen de esa palabra no guarda relación alguna con la monarquía (los reyes, sus familiares, y otras personas que se encuentran vinculados con ellos) tampoco debe ser considerado como “absoluto”, ya que verdaderamente no es “tan” así.
En efecto; quienes fueron posteriormente conocidos como "los nobles", (todo ese conglomerado humano relacionado con los se atribuyeron —o se les atribuyó— el "comandar" y dominar a los demás ) formaron parte de un limitado segmento de la humanidad, a los cuales se los mencionaba con “esa” palabra, con el único objeto de indicar que ellos tenían "sangre noble", expresión con la que sólo se señalaba que SE SABÍA QUIENES HABÍAN SIDO SUS PADRES, ABUELOS, ETC., ES DECIR, SE “CONOCÍA” A SUS ANTEPASADOS.
Es por esa sencilla razón que eran “nobles”, tenía sangre o cuna “noble” (conocida) y no en razón de realizar acciones correctas o valiosas.
Obviamente, menos aún venía a significar que tuviesen cualidades especiales, “superiores” a las que poseían los demás seres humanos que formaban su grupo (tribu, o como lo quieran llamar) como para permitírseles por tal razón, ser considerados con “facultades o poderes” de mando.
En efecto, el conocer quienes eran sus antecesores no los hacía mejores, pues en realidad podían ser unos “perfectos atorrantes”.
Y de hecho muchos lo fueron, conforme cualquiera puede verificarlo tranquilamente, con el sencillo procedimiento de dedicar unas pocas horas de su vida a leer, acerca de lo que durante las suyas realizaron muchos de esos famosos “personajes coronados”.
Sin embargo, tal situación (el hecho de tener “origen biológico” conocido) les otorgó en otro sentido un real y efectivo privilegio sobre el resto de los mortales, el cual consistió en que, por tener padres que se ocupaban de ellos, se encontraron en un ambiente de mayor protección que los demás.
Para nosotros, para nuestra realidad vital actual, puede resultarnos “relativamente simple” desarrollar nuestras vidas, a punto tal de que —casi podría decirse— nos resulta también “relativamente sencillo” vivir.
Y es por esa vivencia que nosotros tenemos ahora, que asumimos que siempre fue así, y que las dificultades de antaño eran similares a las actuales.
Nada más alejado de la realidad.
Y no quiero que piensen, que por expresarme de esa forma me estoy refiriendo a la circunstancia de que centenares (o miles de años atrás) no existían ni la luz eléctrica, ni los medios de comunicación y transporte que tenemos ahora, así como tampoco he querido mencionar el hecho de que el promedio de vida era muy inferior al actual, dado que se carecía de los adelantos que presenta la medicina en nuestros días, u otras cosas similares que, por supuesto, constituyen también situaciones que transformaban la vida de aquellos años, incluso en esos sentidos, en algo mucho más complicado que como se nos presenta a nosotros.
Pero no. No me refiero para nada a esos aspectos.
Lo que deseo significar, es que la estructura socio–política de antaño era bastante más insegura que la que actualmente existe, ya que cada uno debía ineludiblemente defenderse sólo, pues no existía una “fuerza pública” (justicia y policía) como existe hoy, que actúa en forma “independiente” (por lo menos, en teoría debería hacerlo).
Eso hacía que quienes no tenían padres que los cuidase, quedaban sujetos al atropello de cualquiera que tuviese un poco más de “fuerza” (sobre todo, si contaba con un grupo que lo apoyaba) fundamentalmente por cuanto no existían labores remuneradas que pudiesen ser realizadas por las mujeres , por lo cual éstas poco y nada podían aportar en beneficio del desarrollo de su prole.
Tampoco existía por aquel entonces un sistema de educación formal, al cual pudiese acceder “todo el mundo”, como el que se brinda hoy las escuelas, y consiguientemente, la única forma de adquirir conocimientos, aún los más elementales, era a través de la experiencia, por lo cual resultaba muy importante contar con personas mayores que pudiesen transmitirla.
Basta recordar al respecto, que hasta la aparición de la imprenta de tipos móviles, que facilitó la publicación de los libros, eran muy pocos los seres humanos que podían aprender a leer y escribir.
Por todos esos motivos resulta evidente que, quienes contaban con la ventaja (el “privilegio”) de tener abuelos y padres que los cuidasen y educasen (transmitieran sus sapiencias) seguramente tenían también en su favor, una vida algo (muchísimo) más tranquila y positiva, que la que debieron afrontar aquellos que carecían de ellos.
Y no eran “privilegiados” solamente por esa causa, sino que además ese simple hecho (“conocer” a sus padres y demás antepasados) les otorgaba la posibilidad de acrecentar paulatinamente, generación tras generación, los bienes de los que disfrutaban (por los mecanismos de lo que denominamos “sucesión o herencia”) mientras que los demás, todos los no-nobles, no sólo nacían casi siempre sin poseer absolutamente nada, sino que difícilmente lograban conseguirlos a lo largo de sus cortas vidas , ya que a duras penas obtenían lo necesario para la subsistencia.
Por supuesto que también resulta absurdo pensar, que en esas épocas pudiera producirse una “superación” a través de un “ascenso en la escala social”, mediante el matrimonio, ya que cada grupo, o segmento de la humanidad, era total y absolutamente “hermético” (el cuento de la Cenicienta es sólo eso, un bonito cuento ).
Y lo más importante del caso es que resulta necesario entender, que la gran mayoría de la población se encontraba en esa situación de inseguridad, por el sólo hecho de carecer de datos precisos sobre sus ascendientes.
Para comprenderlo basta recordar, las múltiples situaciones a lo largo de la historia humana, derivadas de las invasiones que grupos humanos realizaban en los territorios de otros, durante las cuales los hombres vencidos morían, y las mujeres eran violadas por los vencedores.
Y no debemos olvidar tampoco que tiempo después, los “Señores” (¿nobles?) consideraban que todos los que habitaban en “sus” tierras era de “su propiedad” (algo así, como un “accesorio” de las mismas) lo cual les permitía recorrer sin limitación alguna sus dominios y, por supuesto, cuanta mujer encontraban por allí, quedaba sujeta a sus “requerimientos amorosos” o, mejor dicho, y para no ensuciar la palabra “amor”, a sus impulsos sexuales.
Ese fue, por ejemplo, y no obstante la influencia que pudo haber ejercido el cristianismo en las costumbres, el motivo por el cual existió en muchos lugares el llamado “Derecho de Pendana” (u otro nombre por el estilo) según el cual el Señor Feudal, por el sólo hecho de serlo, tenía “derecho” a desvirgar a todas las doncellas no-nobles de su feudo.
Tal vez resulte útil recordar también, que el popular profiláctico (nombre con el cual se lo conoce generalmente hoy por su función para “prevenir”, por lo menos relativamente, algunas enfermedades) se llamó originalmente “condón”, designación que recibió por ser el apellido del médico que lo inventó, quien lo hizo, no para “patentarlo y llenarse de guita” con su comercialización, sino por expreso pedido del Rey, que estaba “muy preocupado” por la cantidad de hijos ilegítimos, que en sus correrías sembraba a lo largo y ancho de sus tierras.
Y no es que le efectuó ese encargo “afligido” por las mujeres “afectadas”, o por los niños que procreaba, sino por el alto “costo” que debía afrontar manteniendo a esos hijos bastardos, ya que para esa época había pasado a ser “socialmente mal visto” el no atenderlos debidamente (al fin y al cabo, ellos también tenían “su sangre real”, eran de sangre noble, ¿no?).
Resulta obvio además, que ese tipo de actitudes no eran realizadas exclusivamente por él, sino que también la adoptaban sus cortesanos, guardias, y otras personas, a los cuales el monarca se lo toleraba, ya que era uno de los motivos con los que lograba su apoyo y, casi está de más decirlo, éste le resultaba imprescindible para poder dominar a las “clases bajas”, a los no-nobles (con antecesores desconocidos) grupo que, por supuesto, constituían la enorme mayoría de la población.
Y es evidente que con semejantes condiciones de vida, no eran tantos los que podían “saber” cuál era el verdadero nombre de sus antepasados.
Finalmente debo decir, ratificando que el término “nobleza” está relacionado únicamente con el hecho de conocer a los progenitores, que podemos corroborarlo incluso en la actualidad, observando que cuando se habla de los animales de “pedigrí” (o pedigree) sean caballos de carrera, animales que se exponen en Palermo, etc., se suele mencionar que son de «sangre noble» (o “pura” sangre) dado que de ellos también se lleva, y con absoluta escrupulosidad, el registro de su “origen”, es decir, de sus ascendientes.
Pues bien. Creo que estas líneas sirven, a modo de ejemplo, para advertir que muchas veces se producen errores similares al interpretar el sentido de algunas palabras que empleamos constantemente como, por ejemplo, el atribuirle a la famosa garantía constitucional, del “nadie está obligado a declarar contra sí mismo”, un alcance que seguramente no existió en la mente de quienes la redactaron, pues con la interpretación que se utiliza actualmente, sólo se permite, o mejor dicho “se legitima la mentira”, mientras que los “padres” de nuestra Constitución, sólo procuraron con esa declaración, evitar que se continuase con la práctica de someter a tortura a quienes resultaban sospechados de haber cometido algún delito...
Adulterio
COMENTARIO: Los romanos, mejor dicho, casi todos los pueblos de la antigüedad, sólo prohibieron y castigaban el adulterio de la mujer, mientras que se toleraba el que podía realizar el hombre.
Eso, para nosotros, para nuestra mentalidad actual, o moderna, suele ser considerado un signo de “machismo”, es decir, una legislación que habría sido establecida favoreciendo a los hombres y en contra de las mujeres.
Sin embargo, y aún cuando estoy dispuesto hasta a admitir que algo de eso pudo existir, no cabe duda alguna de que el sentido fundamental que tenía, era el de preservar la pureza de la descendencia (la “nobleza” de la sangre) y no el “castigo” que “podía” corresponderle a la mujer, por haber buscado un “placer prohibido” fuera del matrimonio.
Algo similar ocurrió con los famosos “cinturones de castidad” que se utilizaron sobre todo durante la Edad Media, cuando los señores feudales debían afrontar acciones bélicas que los mantenía alejados de sus castillos durante largo tiempo.
En efecto, tales adminículos que les colocaban a sus mujeres, para impedirles que tengan relaciones sexuales, no eran un mecanismo para evitar que “les pongan los cuernos”, sino que tenían únicamente el sentido de impedir que se pudiese “introducir sangre extraña” en su linaje, adjudicándoles hijos que no eran de su propia y “noble” (conocida) sangre.
Y eso es obvio, ya que su “amada esposa” —pese al famoso cinturón— podía recurrir a muchos otros sistemas para “adornarle la frente”, aspecto que los famosos “nobles” sabían perfectamente, pero que no era lo que ellos más temían.
El DETECTOR DE MENTIRAS Y EL SIGLO XXI
La garantía constitucional que se establece en el Art. 18 de la Constitución Nacional, según la cual «Nadie está obligado a declarar contra sí mismo», tiene su raíz en evitar las torturas para obtener la confesión.
En la antigüedad, la confesión era llamada la PRUEBA POR EXCELENCIA, o como se solía decir, la “probatio probatissima” y tal sistema (la tortura) perduró en forma absolutamente generalizada hasta el siglo XVIII, .... siendo paulatinamente establecida (la garantía) en las distintas leyes y constituciones merced a la prédica que, en contra de dichos medios inhumanos para lograr “conocer la verdad”, fuera expuesta por Voltaire, Montesquieu, Beccaria y otros.
DATOS DEL LIBRO “Tratado de Derecho Constitucional” de Miguel Ángel EKMEKDJIAN, Ed. Depalma – 1994 – Tomo II – Pag. 315 y sigtes.
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“NADIE ESTÁ OBLIGADO A DECLARAR CONTRA SÍ MISMO”
“Establece un principio de profundo contenido humano.... Evita así colocar a la persona culpable en la disyuntiva de mentir en su declaración para eludir el castigo, o acarrearse su propia condena siendo fiel a la verdad. Además, impide que, con el pretexto de llegar a la verdad, se obtengan confesiones ... empleando tormentos, torturas, drogas u otros procedimientos de la técnica moderna que disminuyen la capacidad mental y desarticulan física y psíquicamente al hombre....”
ZARINI, Helio Juan – “Anales de la Constitución Nacional” – Ed.Astrea – agosto 1991 pag.118
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“No ser obligado a declarar contra sí mismo. Significa esto que no se puede compeler a una persona a que confiese un hecho o acto y, menos aún, torturarlo para obtener la confesión, que es «declaración contra sí mismo con el ánimo de dar una prueba». Se trata, naturalmente, de la confesión en juicio penal .. porque en juicio civil .... es prueba esencial. En épocas pasadas, la tortura era el medio empleado con frecuencia para arrancar confesiones...”
BIELSA, Rafael – Derecho Constitucional – Ed. Depalma – 1959 pag.429/430
“Declaración contra sí mismo. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo.. Quedan abolidas para siempre... toda especie de tormentos y los azotes..” Esta declaración es una de las conquistas más valiosas de la libertad y de la cultura en las leyes. Las leyes antiguas, erróneas y despóticas, pretendían arrancar al reo por el dolor, o por el miedo, la confesión del delito acusado, y la historia de esta horrible costumbre es la historia de las torturas y de los tormentos, en que tan ingeniosa ha sido siempre la mente de los tiranos. Las leyes de Partidas definían al tormento diciendo que es “una manera de prueba que fallaron los que fueron amadores de la justicia, para escudriñar y saber la verdad por él, de los males fechos que se facen encubiertamente e non pueden ser sabidos, nin probados por otra manera” (Partida III Ley 1 Tit.3). Los progresos de la razón humana han borrado tan fea mancha de la legislación; y uno de los primeros actos del gobierno revolucionario argentino, fue mandar despedazar en la plaza pública de Buenos Aires los instrumentos de la tortura en 1813...”
Manual de la Constitución Argentina. Joaquín V. González. Ed. Estrada vigésimo sexta edición 29-12-71 Pag. 198
COMENTARIO: Más allá de lo pintoresco que resulta el último texto por el uso del castellano antiguo, en toda esa literatura jurídica es posible observar, que la idea que sustenta al famoso principio de que “NADIE ESTÁ OBLIGADO A DECLARA CONTRA SÍ MISMO” consiste, simplemente, en evitar las torturas.
Es decir que aparece en forma diáfana, que dicha garantía constitucional no estuvo pensada para “defender la posibilidad de mentir”, sino que fue el resultado de tratar de impedir la degradación del ser humano, a la que se arribaba mediante la aplicación de los tormentos.
Y se la consagró, no sólo con el fin de evitar ese menoscabo a la dignidad humana, sino también porque se había advertido que, aplicándolos, tampoco se lograban los resultados buscados ya que, en muchísimas oportunidades, quienes se veían sometidos a torturas, declaraban haber cometido cualquier hecho, aún los más absurdos que uno pueda imaginar, con tal de liberarse del dolor que sufrían.
O sea que tal principio, defendido acérrimamente por muchos filósofos y pensadores de los siglos XVIII y XIX, y consagrado más tarde en los textos constitucionales, venía esencialmente a señalar, que EL FIN, POR MÁS BUENO Y DESEABLE QUE PUEDA SER (lograr conocer la verdad y esclarecer los delitos) DE FORMA ALGUNA JUSTIFICA EL EMPLEAR MEDIOS INCORRECTOS PARA LOGRARLO (la tortura).
Pero sería necesario meditar profundamente, sí esos pensadores de aquellas épocas hubiesen utilizado el mismo texto, es decir, si hubiesen empleado los mismos términos, las mismas palabras, sí por entonces hubiese existido un mecanismo que permitiese descubrir la verdad de los hechos, la exactitud, o falsedad de las expresiones que emitan los seres humanos, SIN CAUSARLES TORMENTO ALGUNO.
Sinceramente, tengo mis dudas, mis MUY SERIAS dudas al respecto, y por eso creo que habrían utilizado otra expresión, menos amplia que el famoso «nadie está obligado a declarar contra sí mismo» que tenemos consagrado en los distintos textos constitucionales, y que es en definitiva, lo que se esgrime como argumento fundamental contra del uso del detector de mentiras.
Y más aún si hubiesen sido conscientes de las consecuencias que esa frase acarrearía, ya que nuestra sociedad ha quedado poco menos que indefensa ante el accionar de quienes comenten delitos.
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“Detector de Mentiras” Detector, como detective, proviene de la raíz latina detegere, que significa descubrir, evidenciar, poner de manifiesto. El llamado detector de mentiras es un aparato destinado a descubrir la verdad, empleado en la investigación policial o en los interrogatorios judiciales. Los hay mecánicos y químicos. Los primeros son dispositivos electromagnéticos que se fijan al pecho, brazos o muñecas del sujeto y permiten registrar sus reacciones involuntarias. Las variaciones de presión sanguínea, los cambios del ritmo respiratorio, etcétera. De este modo, apoyándose en principios psicofisiológicos, se deduce, a través de los cambios funcionales registrados, las alteraciones emotivas suscitadas por determinadas preguntas que sirven de estímulo. El polígrafo de Berkeley, usado por la policía de EE.UU. es el aparato más frecuentemente utilizado. Los medios químicos, también llamados “sueros de la verdad”, son ciertas sustancias, inyectables o no, que actúan sobre la zona cortical y mesoencefálica de tal modo que el sujeto pierde sus inhibiciones ideoafectivas, y entonces habla sin los contralores habituales en él. Estos productos suelen ocasionar estados de somnolencia (narcosis). Los interrogatorios o exploraciones psíquicas efectuadas con este sistema reciben el nombre de narcoanálisis (v.). El producto usado con mayor frecuencia es el pentotal sódico. Se discute la legitimidad del procedimiento y el grado de veracidad de las respuestas. Las legislaciones modernas proscriben estos sistemas de extorsionar la verdad contra la voluntad del sujeto. Desde el punto de vista científico se sostiene que no es posible, por medios mecánicos o químicos, hacer confesar a quien está decidido a no hacerlo. Esto, aparte del principio generalmente constitucional e inquebrantable en el Derecho penal liberal, de que nadie está obligado a declarar contra sí mismo, porque la inocencia se presume siempre, mientras no se pruebe fehacientemente lo contrario. Por consiguiente, será el acusador quien haya de probar la culpabilidad del imputado, no éste su propia inculpabilidad”.
“Diccionario de Derecho Penal y Criminología” de GOLDSTEIN – Ed. Astrea 1978 – Pag.258/259
COMENTARIO: Al asunto del detector de mentiras, yo lo veo de la siguiente forma.
Como primer punto conviene anotar algunas cosas con relación a la “confesión del acusado”, que leí cuando estudiaba y que procuraré recordar, ya que pueden ser útiles para clarificar el problema.
No hay duda de que en toda época y lugar donde se ha juzgado la conducta de un ser humano, quienes asumen la responsabilidad de hacerlo siempre han expresado gran satisfacción, o tranquilidad de conciencia, cuando entre los fundamentos con los que contaban para basar la sanción que se resolvía aplicar, se encontraba la propia confesión del acusado, ya que tal elemento implicaría el reconocimiento pleno de su culpabilidad.
Obviamente entonces, quienes asumen el deber social de juzgar la conducta del inculpado (es decir los jueces, pero sobre todo los jurados populares) logran “dormir con mayor serenidad” cuando sucede de esa forma, ya que tal declaración les permite interpretar que no se han equivocado y que, quienes resultan condenados por ellos (sobre todo si se aplica la pena de muerte) fueron correctamente castigados a “pagar” por algo que efectivamente hicieron.
También recuerdo que se mencionaba que por factores psicológicos, a veces los inculpados adoptaban la actitud de confesar su culpa, como una forma de “liberar” o “descargar” su conciencia.
Sin embargo, no faltaban tampoco opiniones adversas, ya que se indicaba que esa actitud constituía algo “anormal”, ajeno a la universal predisposición del ser humano pues, en verdad, todos por igual tratamos de eludir la responsabilidad de nuestros errores.
Y en este último sentido debemos reconocer que es así, ya que desde muy chicos resulta completamente natural el adoptar actitudes “exculpatorias”, negando nuestras malas acciones.
Así, por ejemplo, es realmente difícil encontrar a un chico que reconozca haberle sacado los caramelos a su madre, ser el responsable del ojo amoratado de su hermano menor, no haber estudiado por el sólo hecho de ser vago, o cualquier otra cosa “incorrecta” que podamos imaginar.
Y creo que tal actitud la adoptamos constantemente ya que, en general, todos por igual, no sólo tratamos de evitar el castigo que por haber cometido acciones “defectuosas” mereceríamos, o por temor a perder la estima o el afecto que tanto necesitamos, sino además por cuanto pensamos (interpretamos o “SABEMOS”) que, al realizar esas acciones que se consideran “incorrectas o malas”, normalmente no las realizamos con ese objetivo, es decir, para hacer algo malo o indebido , sino sencillamente por cuanto quisimos obtener algo positivo, algo que fuese “bueno” para nosotros mismos (por lo menos subjetivamente hablando) como puede ser el “disfrutar” del rico sabor de los caramelos, o castigar a nuestro pequeño hermano que «se lo merecía, porque no hizo lo que le pedíamos», o bien por cuanto al dejar atrás nuestra obligación escolar, lo hicimos únicamente porqué el partido de fútbol que estábamos protagonizando «nos “impedía” abandonar nuestro puesto en el equipo, pues si lo hacíamos caíamos derrotados».
Es decir, que “siempre” existiría algo valioso detrás de nuestra conducta “incorrecta” y, por ende, de una forma inconsciente (o subconsciente) también cuestionábamos la “legitimidad” del castigo que se nos venía encima, pues obviamente nuestra madre no mediría de la misma forma que nosotros, esos “tan importantes” aspectos que tuvimos en cuenta al actuar.
Y eso, que ocurre en la infancia, de una u otra forma se repite luego, en toda etapa de la vida.
Y a raíz de esa “predisposición”, o actitud natural del ser humano, muchos ponen en tela de juicio la posibilidad de utilizar el detector de mentiras, ya que afirman que “atentaría” contra la propia naturaleza humana.
Sin embargo, aún aceptando la existencia de esa «natural y lógica actitud», presente en todo integrante de la raza humana, creo que no podemos dejar de comprender que “hay casos y casos”, es decir, que sin pretender transformar la vida en algo que fuese un constante empleo del detector de mentiras (tratando de concretar una sociedad con un contenido “ideal”, con un accionar ético perfecto ) no cabe duda alguna que tampoco podemos asumir que, por la existencia de esa condición innata del ser humano, debamos descartar por completo el empleo del mencionado aparato.
Tratando de ser un poco más explícito al respecto, diría que resulta obvio que no intento en este momento pensar como “razonable”, su utilización por cualquier pavada (pequeños delitos, engaños, u otras cosas que tenga una entidad similar) pero que, por el contrario, en aquellos casos en los cuales existe gran conmoción social, o cuando su utilización pueda significar un gran beneficio para la sociedad, tanto desde el punto de vista económico, como socio—cultural, yo diría que, por lo menos en principio, no encuentro razón alguna por la cual no pueda ser empleado.
Es más. En forma absolutamente inversa afirmarían que, no sólo no veo ninguna causa que impida, o justifique rechazar su utilización, sino que desde mi punto de vista, el principio debe ser exactamente al revés, es decir, que interpreto que DEBERÍA SER UTILIZADO .
Por otra parte, estimo que dentro de nuestra sociedad existe un “sentimiento de frustración”, es decir, una generalizada “sensación” referida a que en esta época que nos toca vivir, “algo” está fallando.
En efecto. Podemos observar por televisión lo que sucede al otro lado del mundo, o mirar con toda tranquilidad, fotos detalladas de lugares ubicados en otros planetas.
Estamos proyectando la forma de enviar gente a Marte, e incluso más allá. Tenemos posibilidades de conectarnos instantáneamente, por teléfono o computadora con cualquier persona, independientemente del lugar del planeta donde habite.
Y existen muchos otros adelantos técnicos asombrosos que todos conocemos, y que hasta hace poco sólo podíamos ven en películas de ciencia-ficción-
Sin embargo, pese a todos esos elementos tan sofisticados, que podemos observar y utilizar a diario, cuando nuestra sociedad procura investigar y conocer la verdad referida a los hechos delictivos, continúa empleando mecanismos de prueba que poco tienen que ver con el alto grado de perfeccionamiento “técnico” que posee nuestra civilización.
Por lo menos, diría que soy yo, personalmente, quien tengo esa sensación de insatisfacción.
Pero me parece que no es algo exclusivamente individual, sino que resulta fácil observarlo en la gran mayoría de los mortales comunes y corrientes, es decir, en los “simples seres humanos” que transitamos todos los días por la calle, reclamando mayor seguridad y justicia.
Y para explicar mejor esa impresión yo diría que, mientras para algunas cosas nos desplazamos utilizando aviones supersónicos, para otras, en cambio, continuamos haciéndolo a pie, o en el mejor de los casos a lomo de mula, ya que me parece que, en esta materia de la investigación de las acciones delictivas, ni siquiera podemos decir que lo estemos haciendo en carreta.
Y es fundamentalmente a raíz de eso que creo necesario reflexionar un poco en este asunto, y para poder hacerlo con “cierta” seriedad, se hace imprescindible que veamos primero, los puntos que se suelen usar para rechazar la utilización del famoso detector de mentiras.
Pues bien, mencionaría que son de dos tipos bien distintos ya que, mientras uno es de naturaleza exclusivamente “técnica”, el otro es eminentemente “jurídico” y, por consiguiente, conviene examinarlos por separado.
Cuestiones técnicas:
El primer aspecto que alguna vez escuché, consiste en negar directamente la existencia de ese dispositivo, es decir, que a veces se afirma que «no existe ningún aparato, o elemento que permita conocer, sí la declaración que se presta corresponde, o no, a la verdad».
Y ese tipo de afirmación he podido oírla, pese a que hay mucha información con relación a su existencia. Incluso, es un dispositivo que ha sido patentado, y periódicamente se mencionan los adelantos que se logran perfeccionándolo, como es fácil leer cada tanto en diarios u otras publicaciones. Y también resulta muy sencillo verificarlo por Internet.
Asimismo debemos recordar, que a principios del 2001, no sólo se publicó la noticia de que el mismísimo presidente Bush de los EE.UU. de Norteamérica dispuso «dar por superado un problema de espionaje, previo someter al detector de mentiras a los agentes involucrados», sino que un diputado de ese mismo país, que había alcanzado notoriedad por las críticas que le efectuó a Clinton durante el caso Lewinsky, de pronto se vio involucrado en una situación similar, o más grave aún, ya que en este “nuevo problema” la dama en cuestión desapareció.
Pues bien, para demostrar su inocencia se sometió voluntariamente a la prueba del polígrafo, si bien hubo quienes rechazaron la validez del estudio realizado (un alto jefe policial mencionó que no se habían cumplido los requisitos necesarios para asegurar que se lo había usado correctamente).
También hace poco se citó la eventual utilización de un detector de mentiras para prevenir secuestros de aeronaves, con el simple procedimiento de observar en los aeropuertos norteamericanos a través de una máquina, los ojos de los pasajeros que las abordarían.
En fin. No sé si serán “completamente” ciertas todas esas cuestiones.
Pero, sin duda alguna, “algo” de verdad deben tener.
Y no es sólo con tales informes (que están al alcance de todo el mundo) donde resulta sencillo constatar la real existencia del aparato, sino que además, me parece descabellado plantear una negativa absoluta con respecto al mismo ya que, si así fuese, es decir, si “no existiese”, resulta obvio que “semejante” elemento sólo tendrían cabida en historietas o películas.
Y de ser así, deberíamos decir que no existiría referencia alguna sobre tales “chirimbolos”, no ya en los medios masivos de difusión, sino en los libros de derecho, pues sencillamente bastaría que en ellos se expresara, o se dejaran constancia de su inexistencia, para que no se pudiese volver a hablar del asunto.
Es decir, que sería suficiente con señalar que tal elemento constituiría una simple fantasía, con lo cual no habría absolutamente nada más que decir al respecto.
Sin embargo, es sencillo ver que no es eso lo que acontece sino que, por el contrario, diversos libros de doctrina jurídica analizan el tema del detector de mentiras o polígrafo, así como también de ciertos elementos químicos, a los que se suele denominar “sueros de la verdad”.
Y es por eso que debemos descartar de plano una “negativa absoluta” al polígrafo, y por ende, reconociendo que existe efectivamente, se hace necesario analizar el otro aspecto “técnico” que se suele mencionar para rechazarlo.
El mismo consiste en que, un obstáculo, o problema para su uso radicaría en que adolece de distintas falencias, es decir que, como cualquier otro elemento inventado por el hombre, presenta defectos, por lo cual se menciona que su utilización no implicaría tampoco una garantía absoluta de los resultados que se obtengan con él.
Inclusive se suele mencionar, que existen personas a las cuales por motivos personales, "fallas" psicológicas, o por una especie de gimnasia o ejercitación para combatir sus efectos, no podría aplicárseles el polígrafo, ya que no produciría los efectos deseados, o que no lo haría plenamente.
Sin duda que todo eso es real, es decir, que ese elemento constituye algo “imperfecto”, y negarlo sería absurdo de mi parte.
Pero el mismo argumento es perfectamente válido, y utilizable, con respecto a muchos otros elementos de prueba que usamos actualmente.
Eso es así ya que en muchas oportunidades, los resultados que se obtienen con el uso de los elementos de prueba considerados válidos en los procesos judiciales, no son tampoco demasiado satisfactorios y, los pocos que se consiguen, sin duda están muy alejados de aquello que la generalidad de los habitantes de este convulsionado mundo en que vivimos entendemos que correspondería cosechar, por lo menos, si nos atenemos a tanta maravilla tecnológica que vemos, y que empleamos constantemente.
Asimismo, la metodología que seguimos en materia de pruebas para “descubrir la verdad”, presenta una lentitud que resulta exasperante, dado que transcurren AÑOS entre la fecha en que se comete un delito y el respectivo juicio.
Y eso en el mejor de los casos, ya que, por “falta de pruebas”, son innumerables los casos que terminan en la más absoluta impunidad.
Por consiguiente, utilizar ese argumento para rechazar el uso del polígrafo (afirmar que es “imperfecto”) en mi opinión no alcanza a tener entidad suficiente como para que, por eso sólo, se lo deba dejar de lado.
Por lo menos, diría que no sirve para satisfacer, o justificar, una oposición total y absoluta a su utilización.
Por otra parte entiendo que, si la razón fundamental para negar su uso radicase en las posibles deficiencias técnicas que posee, creo que es hacia allí hacia adonde se debería “apuntar”.
Es decir que, lo que se debería hacer, es destinar una buena suma de dinero para mejorar sus cualidades, para perfeccionarlo, en lugar de limitarse a rechazarlo, que es lo único que se hace actualmente.
Y el mejor argumento en tal sentido es sencillo comprenderlo ya que, si analizamos la enorme cantidad de dinero que utiliza el Estado manteniendo el sistema en vigencia, el cual no sólo es muy imperfecto, sino que también es sumamente lento, resulta fácil aceptar que el método actual es mucho más costoso que la cifra que se debería invertir para que, en distintos centros de estudio (universidades, CONICET, etc.) se efectúen las investigaciones necesarias para perfeccionarlo.
En realidad, y como todos los países desembolsan montos igualmente significativos, creo que si todos resolviesen adoptarlo, y destinasen fondos para hacerlo, la “inversión” podría ser compartida y, seguramente, resultaría insignificante si lo comparásemos con el que se gasta (o, mal gasta, diría mejor) en la actualidad.
Por otra parte, la deficiencia de los actuales sistemas investigativos hace que, no sólo una enorme cantidad de delitos, defraudaciones por falta de pago y muchas otras cosas queden impunes, sino también, y esto es lo fundamental, constituye la principal razón por la cual existe el mal accionar de muchos funcionarios, públicos y privados, quienes no dudan en enriquecerse groseramente, incumpliendo las obligaciones para los cuales fueron designados, pues saben que resultará casi imposible que se descubran sus corruptas actitudes.
Sinceramente estimo que, aún si fuera cierto que dicho aparato funciona “tan” mal, utilizando sólo una mínima parte de las erogaciones que se realizan en los actuales procedimientos de investigación se lograría perfeccionarlo bastante, de forma tal que trabaje con la suficiente exactitud como para lograr resultados muy superiores a los que obtienen ahora .
Y afirmo eso por cuanto para mejorar lo que existe se necesitaría muy poco ya que, insisto en esto, la clara sensación que tenemos es que, si se logra “poner en su lugar” a los asesinos, los chorros y fundamentalmente a los corruptos, es algo que sucede por pura casualidad.
Finalmente creo que, aún con todas las falencias técnicas que se le pueda achacar (y hasta probar) igual debería ser estudiado y tenido en cuenta ya que, en muchos casos existen otros elementos que tienen problemas similares y, sin embargo nadie, ni en chiste, deja por eso de emplearlos.
Eso también es fácil comprenderlo ya que, por ejemplo, todos sabemos que a raíz de las falencias técnicas que presentan, muchas veces los aviones se caen, los trenes chocan o descarrilan, los buques se hunden, los colectivos o automóviles colisionan etc., y en la enorme mayoría de esos hechos se producen graves daños y la muerte de miles de personas.
Sin embargo, aún conociendo que ocurren tales catástrofes, eso no constituye razón suficiente para dejarlos de utilizar.
Se podrá decir que a partir de tales acontecimientos se procura perfeccionarlos. Pero ni en sueños encontraremos a persona alguna que proponga dejar de usarlos, ya que, pese a todos los problemas que presentan, los beneficios que reportan a la humanidad son muy superiores a todos los daños o trastornos que puedan ocasionar.
Pues bien. Creo que los párrafos anteriores son suficientes como para “avalar”, por lo menos de una forma “razonable”, que desde ese punto de vista exclusivamente “técnico” es “posible” utilizar el detector de mentiras, por lo cual se hace necesario que consideremos ahora los eventuales “conflictos” que, desde el otro punto de vista, el jurídico, se suelen plantear.
Cuestiones jurídicas:
En realidad, este es el aspecto que más se utiliza para rechazarlo, y es mucho más importante que lo meramente técnico, toda vez que radica en la existencia de la garantía constitucional, que dispone que «NADIE ESTA OBLIGADO A DECLARAR CONTRA SÍ MISMO», la cual parecería establecer que no hay razón alguna que justifique, como un reclamo socialmente valedero y lógico, que el culpable se auto incriminar, es decir, que reconozca su culpabilidad cuando así correspondiese .
Pues bien, diría que en principio eso es “parcialmente” correcto ya que, al existir LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA, es la sociedad la que debe probar que alguien es culpable, y no uno, en forma personal, quien esté obligado a reconocer su culpa o acreditar su propia inocencia, por resultar “sospechado” de haber cometido un delito.
Entiendo que tales razones son perfectamente válidas.
Pero sólo como un principio general.
En efecto, estimo que no pueden ser consideradas de por sí como algo perfecto, ineludible e inmutable, sino que, por el contrario, se hace necesario analizar las razones que justifican tales enunciados.
Es decir, no basta la simple existencia de un principio o postulado, para que sea admitido en sí mismo como algo absoluto.
Por el contrario, es necesario entender correctamente cuáles fueron las razones, o causas, por la que se lo enunció, lo que motivó su consagración legislativa como norma y doctrina constitucional, para poder, de esa forma, comprenderlo cabalmente y, simultáneamente, aplicarlo en su justa y correcta medida.
De la misma manera que, por ejemplo, debemos entender que la existencia de los “fueros” o privilegios de los que gozan determinados miembros de los poderes del Estado, han sido consagrados en la Constitución para evitar que puedan ser arrestados indebidamente, coartándoles su libertad de acción o expresión, en favor del pueblo.
Pero, por el hecho de que existan dichos “fueros”, o privilegios, nadie asume que estén establecidos “para cualquier cosa”, es decir, que obviamente no están para que puedan cometer tranquilamente cualquier delito sino todo lo contrario, para que puedan emitir sus opiniones, juzgar con independencia, o actuar conforme mejor corresponda a los intereses de la comunidad, sin tener que vivir atemorizados pensando en que, por el hecho de hacerlo, puedan ser arrestados injustamente.
Pues bien; algo similar existe detrás de los principios antes transcriptos, referidos tanto a la presunción de inocencia, como a no declarar contar si mismo, y que constituirían los escollos más serios para que se admita la aplicación del detector de mentiras.
O sea que es necesario comprender, que detrás de cada ley, de cada norma, de cada principio jurídico, debe existir siempre un contenido, una razón, un motivo ético, algo socialmente valedero, el respeto al ser humano, a la convivencia y a la sociedad, y que es eso, precisamente, lo que constituye el trasfondo que explica y justifica su existencia.
Por consiguiente, teniendo en cuenta eso, corresponde que analicemos en primer lugar, cuáles son los motivos que dieron origen a los mencionados principios constitucionales que, insisto una vez más, se suelen esgrimir pretendiendo “justificar” la opinión de que «no es posible emplear el detector de mentiras, porque afecta garantías constitucionales».
Ante todo debemos recordar, que ambas disposiciones constituyen frases que fueron redactadas en salvaguarda de la dignidad de la persona, es decir, que fueron consagradas con jerarquía constitucional, para evitar que quien detente el poder abuse de los individuos, alegando defender intereses comunitarios para hacerlo.
Y tampoco debemos perder de vista, que fueron establecidas para evitar ciertas acciones, como las que antiguamente utilizaban los monarcas que actuaban en forma despótica (basta recordar al respecto, la opinión de Joaquín V. González que antes transcribí).
Con respecto a la presunción de inocencia debemos decir, que constituye una forma de evitar que un simple elemento, o una mera sospecha cualquiera puedan ser utilizados para incriminar gravemente a una persona y, fundamentalmente, para evitar que se la someta a la vejación de la detención o encarcelamiento injustificado.
Es decir que nuestros constituyentes, actuando con absoluta justicia, establecieron que para someter a proceso, o privar de su libertad a una persona, no basta una mera suspicacia, o conjetura personal que pueda tener quien ejerce la autoridad (fiscal, juez, policía, etc.) asumiendo que alguien “es” culpable de un delito sino que, por el contrario, deben existir elementos que OBJETIVAMENTE permitan, tanto el procesamiento, como la eventual detención, de la persona de quien se sospecha.
Va de suyo entonces que, lo que el principio de presunción de inocencia significa, es que no alcanza con que una persona no pueda “probar” que no hizo tal, o cual cosa, para considerarlo, por esa mera circunstancia, como culpable.
Por el contrario, lo que se exige es que existan pruebas reales, concretas, diría mejor “contundentes”, que permitan incriminarlo objetivamente, y no un simple “convencimiento” personal, que al respecto pueda tener el funcionario policial o judicial actuante.
Por caso, si alguien estuvo pescando sólo, sin ningún “testigo” que pueda acreditar esa circunstancia, no será considerado por eso sólo “culpable” de un delito que se le impute, sino que deben existir elementos que, en forma clara y concreta, lo señalen como autor penalmente responsable del mismo.
Pero evidentemente, en la actualidad se ha extremado tanto su significación, que resulta fácil verificar en los medios de prensa, que cualquier malandra alega ese principio como una verdad absoluta, pese a que las explicaciones que suministra al ser interrogado resultan ilógicas.
En efecto. Hemos podido observar, que el simple afirmar «yo no lo vi, no lo sabía, no escuché», o cualquier frase similar, basta para eludir la responsabilidad que le corresponde, y eso aún en el caso de que, quien la pronuncia es una persona que ocupó la función pública, y a quien difícilmente se le puede haber “escapado”, los hechos o delitos que se investigan.
Con relación al otro principio, que incluso es el que mayor peso puede presentar en esta cuestión, y que establece que «NADIE ESTA OBLIGADO A DECLARAR CONTRA SÍ MISMO», presenta la particularidad de haber sido sancionado, tal cual como lo indican los textos de doctrina constitucional, (algunos de los cuales he mencionado al inicio de este escrito) sólo como una fórmula para evitar la tortura del detenido.
Es decir que, frente a una práctica que se venía realizando en muchos ámbitos (yo diría que se recurría a ella en forma sistemática) procurando obtener la “m
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Hola Mario!!No puedo creer que todavía estés con el tema del Detector de Mentiras como una especie de panacea social!-El tema es mas prosaico,lento ,duro y real que recurrir al hacer Pilates con las neuronas,como si pudiéramos extraer de allí verdades últimas.Eso es tributario de una mentalidad hegeliana que confunde los "racional con lo real."Educación, empatia ,solidaridad,tiempo para que las cosas sean y las personas entiendan es lo único razonable...No hay "soluciones" para todos los problemas,ni religión alguna brinda el recetario para vivir...
Un abrazo
Ya le expliqué a Xabier que el texto salió incompleto, y me dijo que no había sido esa su intención, y que cuando él volviese de un viaje que está realizando le enviase nuevamente la parte que faltó publicar, y que la volverá a colocar en el blog.
No obstante eso, te aclaro que si prefieres recibirlo antes, en el texto del escrito que le mandé a Xabier —y que tuvo la amabilidad de publicar— está mi correo electrónico, así que si lo prefieres, me envías un mail y yo inmediatamente te lo mando para que lo puedas leer íntegramente con más tranquilidad.
No lo puedo poner yo en estos mensajes, ya que son algo más de 37.000 caracteres.
Cordiales saludos
Hisopo
Tal vez estemos viviendo los dos un mal entendido.
Y de ser así, no sólo lo lamento, sino que creo que se puede originar en que el texto de mi libro (que quiso transcribir íntegro Xabier) salió incompleto, ya que precisamente lo que se “cortó” es el análisis de la dificultad que se esgrime desde el punto de vista jurídico para rechazar su aplicación.
Y te diré que básicamente ES UNA SOLA, y consiste en el famoso principio de "nadie está obligado a declarar contra sí mismo".
Ésa, y no otra, es la razón por la cual NO SE LO ACEPTA como medio de prueba.
Y con eso creo responder a tu pregunta, referida a cuál es la razón por la que no se lo admite en “ningún” país. Aunque creo que no es así, y que en China lo aplican (al menos para ciertos caso) y que en Norteamérica lo usan varios Estados como un requisito ineludible para OTORGAR EL BENEFICIO DE LA LIBERTAD CONDICIONAL (tras cumplimiento parcial de la condena, y buena conducta en prisión).
(sigue) Aunque está todavía en el hilo, vuelvo a repetir mi comentario; los cuerpos policiales de EEUU... "no son precisamente ejemplo de eficacia. No quiero decir que ello sea consecuencia del empleo del detector, simplemente que su nivel (que no es ni mucho menos el que vemos en las películas de Hollywood) no es precisamente de primera división. Tienen muchos medios y recursos, como nadie, pero no son muy finos". ¿Qué te hace sentirse dolido? ¿Que no son modelo de eficacia? ¿Que su nivel real (y observa que excluyo como causa al detector) no sea el que vemos en las películas? ¿Que tienen más medios y recursos que nadie pero que no son muy "finos", o sea, no obtienen en muchísimos casos el resultado que cabría esperar de esos medios?
Un cordial saludo
(sigue) Como después de mi contestación a Xabier ayer no es posible achacar esta "acusación" a una mala lectura de mis palabras, no me va a quedar más remedio que pensar que eres tú el que lo está empleando como un recurso para descalificar mis posiciones. Por la sencilla razón de que de lo que yo escribí no puede colegirse que te estaba diciendo que a tu edad no te debes creer lo que pasa en las películas (cosa que se le debe suponer al espectador adulto de cualquier edad) porque simplemente me refería a la "eficacia" que tu pregonabas de los cuerpos policiales de EEUU como argumento a favor del uso del detector.(sigue)
Mario, no hacemos los dos más que rebatir los argumentos del otro. Que los argumentos no nos parezcan suficientes es otra cosa. Repito, el detector me parece no fiable (que no es que no funcione en absoluto) para el proceso penal. Y a tu argumento de que "si no funciona, ¿por qué lo usan todos los organismos de inteligencia del mundo, en especial los de Norteamérica?" se le podría contestar con este: y si funciona, ¿por qué ningún país del mundo lo acepta en el proceso penal? Por cierto, sigues utilizando (el pie te lo dio Xabier) mi referencia a las películas, ahora en clave victimista: como un intento de descalificar tus opiniones, además de ser un argumento poco calificado desde el punto de vista jurídico.(sigue)
El caso de Robert Hanssen, por ejemplo, fue TAN FAMOSO que hasta se hizo una película sobre él. Y a raíz de su traición el FBI resolvió aplicar RUTINARIAMENTE el polígrafo a sus agentes ¿investigaste si eso es así, y que no miento? ¿crees que lo aplican aún sabiendo que no funciona correctamente?
Insisto, ¿analizaste las noticias sobre el invento de Jennifer Vendemia, por el cual Bush le dio una “beca” de CINCO MILLONES DE DÓLARES para que continúe con su investigación?
Y el no hacerlo, creo que es limitarse a seguir negando su eficacia, para luego ir a dormir tranquilo, negándote a pensar que hay MILES Y MILES DE INOCENTES en las prisiones, como si eso no te tocase de ningún modo.
Yo, que creo en la “Comunión de los Santos”, me siento en parte responsable de esa situación, y por ende OBLIGADO a tratar de buscar alguna solución, ya que “si un miembro sufre, todos los demás sufren con él”.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Insisto, ¿no crees que llegó la hora de buscar algún medio más acorde a los adelantos técnicos que tiene nuestro mundo en la actualidad, en lugar de tratar de seguir empeñados en mantener el sistema “de la época de las carretas” con la que se maneja el sistema judicial?
Insisto, si no funciona, ¿por qué los gobiernos no destinan para mejorarlo, “algo” del dinero que se malgasta en una justicia ineficiente y un sistema de seguridad (policial y compañía) que tampoco funciona correctamente?
Insisto, si no funciona, ¿por qué lo usan todos los organismos de inteligencia del mundo, en especial los de Norteamérica?
Y para que vuelvas a meditar sobre el tema —que es lo fundamental del asunto— te invito, por ejemplo, a que mañana dediques algunos instantes de tu tiempo y leas los diarios de mi país (La Nación, Clarín, La Prensa, etc.) ya que —sin ser adivino— casi podría asegurarte que saldrá en ellos una noticia que acabo de escuchar por TV, y que señala que la Corte Suprema de Justicia resolvió anular un proceso penal, pues aceptó que las "pruebas" que acusaban al condenado HABÍAN SIDO "PLANTADAS" POR LA POLICÍA.
Hasta allí, diríamos que está todo bien, que realmente se hizo JUSTICIA.
Salvo por el hecho de que quien había sido condenado por un homicidio que no cometió, en base a esas pruebas “plantadas” (inventadas) por la policía para encarcelarlo, LLEVA MÁS DE DOCE AÑOS PRESO!!!!!!!!!!!!!!!!!
Hisopo
Entiendo que asumir mis argumentos (que dicho sea de paso, no has rebatido en forma alguna, pues te has limitado a seguir insistiendo en que no se usa el detector de mentiras porqué "no funciona") mencionando que mi indicación de que es empleado por los cuerpos policiales norteamericanos, y tu referencia a que eso acontece en las películas, me parece un argumento muy poco "calificado" desde el punto de vista jurídico para seguir empeñado en justificar el hecho de que no se lo use.
Y desde el punto de vista humano, me parece que reclamarme que no piense que lo que sucede en las películas es real —a mi edad— me ha dolido bastante, y te diría que me parece, por lo menos, un intento de descalificar indebidamente mis opiniones, que —te lo puedo asegurar— me han llevado largas horas de investigación (aunque de todas formas, reconozco que no soy un especialista ni mucho menos).
(sigue) Aunque todavía se puede leer, repito mi comentario: "no son [los cuerpos policiales de EEUU] precisamente ejemplo de eficacia... simplemente que su nivel (que no es ni mucho menos el que vemos en las películas de Hollywood)...Tienen muchos medios y recursos, como nadie, pero no son muy finos". ¿Dónde hay en estas palabras, Xabier, ridiculización o condena a Mario?
Xabier, comprendo que tus múltiples ocupaciones te impidan dedicar el tiempo suficiente para leer con detenimiento los comentarios que se mandan al blog (por cierto, algo de eso te pasa con tus escritos, cuando no son las habituales autocitas: frecuentemente se les nota redactados con cierta premura y poca reflexión). Comprendo, además, que aproveches la ocasión para criticar al discrepante (cosa que en lo que a mí respecta me gustaría que fuera más frecuente). Porque si te hubieras fijado, mi alusión a las películas de Hollywood se refería a los cuerpos policiales de EEUU que Marío citaba: simplemente para decir que su eficacia real no tiene nada que ver con lo que las películas nos muestran. Por lo tanto no comprendo a qué viene la reconvención por ridiculizar o condenar a las personas. ¿O es que el que no tiene argumentos eres tu? (sigue)
(sigue) Mario, aduces como argumento que en la mayoría de los servicios de inteligencia y en "aspectos laborales" se utiliza el aparato. ¿Y en los procedimientos penales? ¿Qué países lo admiten como prueba? ¿Y si hay algunos, lo admiten como prueba suprema, o debe ir acompañado de otros medios de prueba? De los países de que tengo noticias, ninguno acepta el polígrafo en el ámbito penal. Para terminar, no me dedico al ejercicio de la abogacía en la jurisdicción penal, así que sobran tus insinuaciones sobre bastardos intereses profesionales (no sé como serán los abogados argentinos...).
Mario, me he limitado a exponer mi opinión: lo cual ni implica que mi postura sea jurídicamente un "dechado de virtudes" ni que por ende la tuya sea un "mamarracho". Deberías tener ya asumido que la discrepancia con la opinión propia no es desprecio del otro; es, simplemente, una discrepancia. A mi juicio, el argumento de los 100 culpables libres apoya el no uso del detector; pero, repito, es solo mi opnión. Tal vez sea porque tu partes apriorísticamente de que casi todos los candidatos al detector son inocentes; yo, por aplicación del principio de presunción de inocencia y del derecho a no declarar contra sí mismo, incluida la excepción a favor del imputado de la obligación de decir la verdad, además de la posibilidad de "engañar" a la máquina simplemente considero no conveniente su inclusión en el proceso penal. (sigue)
Gracias de nuevo a Marío. Se nos ha roto en algún lugar el texto.. Procuraré ponerlo entero la semana que viene, si lo recupera.
A “Hisopo” quiero decirle ni Mario ni yo nos hemos sentido “del todo bien” ante su mención de las películas de Hollygood, ya que la postura defendida en el post un basamento (aunque más no fuese) "un poco" más profundo que ese tipo de cosas...
Es honrado disentir, pero con argumentos. Se puede disentir, pero sin ridiculizar ni condenar nunca a las personas.
Creo que sabiendo eso deberías recapacitar en lo que afirmas.
Salvo que seas como muchos de mis colegas (que por supuesto ganan cifras muy abultadas con su dedicación a lo penal, es decir, haciendo la defensa de los acusados por delitos) los cuales, cuando les he propuesto su uso sólo me han respondido «a sí, mirá que sos piola vos. Pero entonces yo, ¿de qué vivo?» a lo que les contesto diciéndoles «laburá de cualquier cosa, agarrá la pala y ponete a laburar, pero evitemos que haya tantos inocentes presos, y tantos delincuente libres, y no nos limitemos a encogernos de hombros diciendo que se equivocan los jueces, y que no es un problema nuestro».
Cordiales saludos
MARANA-THA
Y por otro lado, e INSISTO una vez más en esto, ¿cómo puedes seguir diciendo que dudas de su fiabilidad, sabiendo que LO USAN TODOS LOS ORGANISMOS DE INTELIGENCIA DEL MUNDO, QUE Y SE LO EMPLEA CONSTANTEMENTE EN ASPECTOS LABORALES?
¿Puedes creer que todos sean “tan” estúpidos de hacerlo, si en verdad fuese “tan” poco confiable?
Por otra parte, si lees las argumentaciones de mi libro, verás que allí sostengo que —si eso que aseguras fuese real— lo que habría que hacer es dedicar una pequeñísima porción de las ENORMES cifras que todos los Estados destinan a la “seguridad” (¿?) y la “justicia” (¿?) para perfeccionarlo y listo.
Es obvio que si se lo hiciese se lograría “mejorarlo”, y todos podríamos vivir mucho mejor, con más seguridad, con menos delincuencia y fundamentalmente CON MÁS JUSTICIA dentro de las prisiones.
Hace poco, dos chicas argentinas pasaron largos meses en una prisión de España por haber confiado en quien las contrataba como modelos, quien se aprovechó de ellas colocándoles droga en sus valijas.
Cómo creo que el caso es conocido, pienso que no vale la pena insistir sobre él.
Obvio que NO PUEDO ASEGURAR que fue como ellas dijeron (y como en definitiva terminó resolviéndolo la justicia española, ya que el proceso concluyó con su libertad).
Pero ESTOY CONVENCIDO de que si se usase del polígrafo, ellas, o no habrían tenido que soportar la humillación de tantos meses en prisión, o habrían estado “justamente” en la misma por todo el período que hubiera correspondido.
El segundo es el «in dubio pro reo» (en caso de duda hay que estar a favor del reo, o del sospechado de haber cometido algún delito) argumento que —según tengo entendido— es el que se usó precisamente en ese caso para resolver su liberación.
Hisopo
Ya que planteas el rechazo del detector de mentiras como si tu postura fuese un dechado de virtudes desde el punto de vista jurídico (y que —por ende— la mía sería un “mamarracho” en tal sentido) y atendiendo a que creo que algo sabes de derecho, te diré que sin duda alguna debes conocer los principios básicos y elementales del “derecho penal liberal”, que es el que —se supone— rige en la actualidad.
Al menos en todos los países “civilizados” (léase como mínimo en occidente).
Y siendo así, me permito “recordarte” dos de esos principios.
Uno es el que dice «es preferible que queden libres 100 delincuentes, a que vaya a prisión un solo inocente», el cual —siendo tan claro en su enunciación, y origina el nombre de la doctrina— creo que no requiere ningún comentario para tratar de explicar mi postura que —en definitiva— tiene como uno de sus basamentos fundamentales el hecho de SABER POSITIVAMENTE que hay miles de detenidos por error.
Quiero compartirles que sin ser fanático y tener un sobrino condena de por vida, al cometer una fechoría a los 19 años y drogado. ¿Pueden leer lo siguiente: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_7510000/7510682.stm ?
Muchas gracias
(sigue) El argumento tecnológico tampoco me parece de recibo, porque por la misma razón podríamos acudir a la utilización de drogas, por ejemplo. De todas formas, repito que hay más medios de prueba que con la confesión pueden coadyuvar al conocimiento de la verdad (como paso previo a la convicción del juez). En fin: no rechazo la utilización del aparato en otros campos, pero sí en el ámbito penal. Y sobre la cita a los cuerpos policiales de EEUU, te diré por experiencia propia que no son precisamente ejemplo de eficacia. No quiero decir que ello sea consecuencia del empleo del detector, simplemente que su nivel (que no es ni mucho menos el que vemos en las películas de Hollywood) no es precisamente de primera división. Tienen muchos medios y recursos, como nadie, pero no son muy finos.
Bruzzone, mis reticencias al polígrafo se deben a su no fiabilidad. El derecho a no declarar contra sí mismo (tratándose de un culpable) sería suficiente para excluirlo. Pero por su inseguridad se correría el riesgo de que quien quisiera usarlo como prueba a favor se viera "acusado" por el detector. Incluso esa prueba voluntaria, que para los partidarios del polígrafo sería señal de inocencia, podría usarse torticeramente por culpables dando pie a sospechar de su funcionamiento si éste revelara que miente (porque si alguien es culpable ¿por qué habría de consentir en someterse a la prueba?) (sigue)
Mi buen hermano Xabier
Tal vez —sólo tal vez— las "novedades" suelen retraernos un poco.
Por otra parte es lógico "desconfiar".
Muchas veces pensamos «No puede ser cierto. Si lo fuese, seguramente ya se lo habría aceptado, y como no ocurrió así, “sin duda” que algún problema existe».
Y los titubeos que desde el punto de vista de la moral pueden planteársenos, interpreto que frente al estado de cosas en el que vivimos deben “ceder”, para tratar de encausar un poco este mundo tan caótico.
Pongo un ejemplo.
De habérselo aceptado, Bush, ¿se habría animado a mentir tan descaradamente para iniciar la guerra contra Irak?
Muchos miles están injustamente en las cárceles.
Y MILLONES son los que mueren a diario por hambre, guerras, enfermedades y otras cosas similares, que tiene origen en las MENTIRAS de quienes deberían “cuidar al pueblo”.
Y no lo hacen, ya que saben que es tremendamente difícil que se descubran sus engaños.
Cord...
No entiendo como en el nombre de Dios y teniendo los evangelios,ha existido la inquisición, Jesús siempre hablo de amor,de verdad, de fraternidad, de verdadera justicia...como en el nombre de Dios y de Jesús,han crucificado a tanta gente. La iglesia ha mejorado mucho en la iglesia de antes, tambien estaba la gente de antes...pues en la iglesia de ahora,estamos la gente de ahora...y si somos mejores demostremos que somos mejores, no criticando sino ayudando,...Hace años tube un sueño muy bonito, los cristianos se llevaban mejor,existia una gran fraternidad entre todos,aunque en algunas cosas se pensara diferente se respetaban,y existia un mundo mejor,DIOS LO QUIERE ASI...y creo que eso es lo que esta por cumplir...UN MUNDO MEJOR.
Gracias, Mario.Con personas como tú, y como otros muchos, no podrán cargarse el blog, ni aunque lo quieran. Mario, no he quedado del todo convencido de tu argumento, no sé qué me hace resistir un poco... Pero admiro lo que dices y sé que entre la tortura para sacar confesiones... y el detector de mentiras hay un abismo. De todas formas, no estoy convencido de que haya un detector contra todo tipo de mentirosos (aunque ello se puede deber a una ignorancia mía)... Pero una vea más, gracias Mario.
Y es evidente que, si no es la panacea universa, el detector de mentiras puede ayudar muchísimo. Buenas noches a todos.
Mario Enrique, no creas que no te he hecho caso, es que se me resiste dialogar con semejante compañía. Están consiguiendo lo que se han propuesto: cargarse el blog de Pikaza. ¿No hay manera de evitar esto?
Comentario por Roser Puig F 08.10.08 @ 22:44
Sí hay manera de evitarlo. NO ENTRAR AL TRAPO.
internet. Esto facilitará el camino para la Democracia directa, con la cual podremos, finalmente introducir en el texto de las Leyes lo que la Sociología ha verificado experimentalmente: que la sensatez (sentido común) de una ley viene marcada por su relación directa con el número de los que elaboran su texto, y viceversa, mientras menos elaboran una ley, menos sentido común contendrá.
Se trata de lo contrario que el Espíritu de Dios, que debe transmitirse
de uno a uno, como Cristo lo hacía, no siendo posible 'creer' que lo tenga una Institución o persona jurídica.
Queridas hermanas Roser Puig y Arco Iris
Muchas gracias por vuestras palabras.
Y si, lamentablemente muchas veces tropezamos con algunos “obstáculos”, que obviamente no están para "edificar", sino para entorpecer y destruir.
Aunque los más “religiosos” dicen, que aún de esos "tropiezos" debemos aprender a sacar cosas buenas.
Pero a mi también muchas veces se me sube "la tanada", y suelo olvidarme de las palabras de Jesús, que “distribuyó” Amor a diestra y siniestra, y "entro a desparramar" otras cosas, bastante diferentes por cierto.
En fin. ¡ÁNIMO!
Nuevamente muchas gracias.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Lo que no parece posible es la vida en comunidades que apoya, cosa que en principio se fundamentó en Hechos de los Apóstoles, pero que resultó un fracaso ante el otro 'hecho' de la naturaleza y de la sociedad: "ca uno es ca uno", que decía un torero español
: algunos cristianos se dedicaban a vivir 'a costa' de otros, con lo que Pablo puso pié en pared de tanto socialismo repartidor, y lo volvió todo al Sistema antiguo, al que Dios Viviente estableció desde hace tres mil millones de años está escrito en todas las piedras y yacimientos del planeta: esto os ordeno, quien no quiera trabajar, tampoco coma. Es necesario establecer un INCENTIVO de poder adquisitivo a cada uno que trabaje a la altura de lo que produce, y ello se traduce SIEMPRE en desigualdad que corrobora la naturaleza, y también el Dios creador.
Otro adelanto digital que ya es necesario, y al que se ha referido algun candidato en otras elecciones a la Casa Blanca, es el voto directo de los ciudadanos por ...
Don Mario, ahora en serio: su estudio de la nobleza está a la altura de nuestro caballero sinpar don Quijote de la Mancha, quien departiendo con su entrañable escudero Panza le decía: Sancho amigo, ¿nobleza?, cada uno la de sus obras.
El detector de mentiras se acabará imponiendo, es parte de esa ola imparable que se llama alta tecnología aplicada a todos los campos del ser humano. Y hay otro 'invento' que muchos
deseamos que se introduzca en el tráfico de los hombres: un medio de pago que sustituya al dinero. No es difícil, pues todos nuestros jovenes tendrán desde su infancia su conexión continua a Internet en su teléfono móvil y los apuntes contables serán el medio. Con este medio de pago, que asegurará a cada persona su poder adquisitivo, y su inmediata disponibilidad, con la ventaja añadida de que nadie podrá 'robarlo' por ser patrimonio de la persona y no traducible en 'billetes' se acabará con el noventa por ciento de las actividades delictivas.
L...
De acuerdo ROSER, con todo lo que dices y "con todo lo que callas "
No sE si será una "norma del derecho " pero siempre he oido ,desde pequeña :ES MEJOR QUE UN CULPABLE ESTE EN LA CALLE QUE UN "SOLO INOCENTE EN LA CARCEL"efectivamente que eso no puede resarcirse JAMAS .
Espero que estés de acuerdo que HAY QUE TENER MUCHO CUIDADO (sobre todo el blogger ) cuando llega "gente nueva al blog ..RECTANDO COMO LAS SERPIENTES ...malo ...malo ...malo
Se puede ser ,imbecil ,ignorante etc....pero "mala persona " eso es muy fuerte ..y eso és lo que són ESTA PANDA ....lo digo muy alto y para mi EL PEOR INSULTO QUE PUEDE HACER NADIE ES PRECISAMENTE : MALA PERSONA
Un abrazo enorme
De acuerdo ROSER, con todo lo que dices y "con todo lo que callas "
No sE si será una "norma del derecho " pero siempre he oido ,desde pequeña :ES MEJOR QUE UN CULPABLE ESTE EN LA CALLE QUE UN "SOLO INOCENTE EN LA CARCEL"efectivamente que eso no puede resarcirse JAMAS .
Espero que estés de acuerdo que HAY QUE TENER MUCHO CUIDADO (sobre todo el blogger ) cuando llega "gente nueva al blog ..RECTANDO COMO LAS SERPIENTES ...malo ...malo ...malo
Se puede ser ,imbecil ,ignorante etc....pero "mala persona " eso es muy fuerte ..y eso és lo que són ESTA PANDA ....lo digo muy alto y para mi EL PEOR INSULTO QUE PUEDE HACER NADIE ES PRECISAMENTE : MALA PERSONA
Un abrazo enorme
El detector de mentiras es un
atraso para el derecho.
Ciertamente, porque existe un método seguido en la ley de ritos de enjuiciamiento penal con más solera y mucho más 'fiable' que aquel: se trata de la Bula Ad Extirpanda, que además de llevar la consagración de un Papa que la dictó, ha podido obtener la
'verdad' de cientos de miles de sospechosos incluso de delitos de
'opinión': por ella quedó LEGALIZADA
la TORTURA para la obtención de la confesión, con tanta fortuna, que nos hemos liberado con la purificación (de pur:fuego)en la hoguera de muchedumbres
de gentes que no se merecían vivir por no someterse a la santa madre iglesia que Dios tenga en su gloria. Una Ideología 'buena' (inmutable) que llamaba 'a cuestión' a los disidentes.
En España se aplicaba hasta bien entrado el siglo XIX en que las bayonetas de Napoleón acabaron con la Inquisición volando con pólvora el edificio de los dominicos.
Mario Enrique, no creas que no te he hecho caso, es que se me resiste dialogar con semejante compañía. Están consiguiendo lo que se han propuesto: cargarse el blog de Pikaza. ¿No hay manera de evitar esto? Si por lo menos razonaran defendiendo sus ideas, pero no saben hacerlo. Solo saben ofender. En cuanto al tema que presentas, debería ser posible detectar cuando alguien (imputado o testigo) está diciendo la verdad. Debe ser algo horrible ser encarcelado siendo inocente. Desde luego, al salir no puede ser el mismo- Las cárceles son, efectivamente, “universidades” del delito. No se si el detector de mentiras es la solución, pero ante otros sistemas como se han venido empleando para arrancar confesiones, parece el más inocuo
Le dije públicamente a Pikaza ,que NO ENTRARA PARA NADA A TEMAS "COMO EL DE IRENEO " pero no sabe que distingo a los demonios desde una legua ?
!sois una pandilla de víboras !!estoy sorprendida de como actuais los CATOLICOS APOSTOLICOS Y ROMANOS ....de todas formas habeis ido y bebeis de buenas fuentes .
Priemro !vete al cuerno Gregorio con los perdones ,si tuvierA QUE PERDONER de esta manera yo a Ireneo ...lo tenia claro .....primero TIENE QUE APRENDER A CERRAR ESA BOCAZA Y DESPUES A SER UNA PERSONA MEDIANAMENTE NORMAL
cOMO VISTE QUE TE CONTESTÉ ESTA MAÑANA PPUES TE SIGO DANDO EL MISMO ARGUMENTO.
Mariano ,perdonamé porque prometí que entraria a tu tema y no me ha dado tiempo a leerlo todo ,si te digo a grandes rasgos que TODO LO QUE PUEDA BENEFICIAR A QUE SE HAGA JUSTICIA ...DE LA BUENA PUES BIEN...pero hoy dia se cuenta con métodos muy sofisticados y creo que más seguros que los "detectores de mentiras " ....en cuanto a las cárceles ,la verdad que cada PAIS TIENE SU PROPIA REALIDAD ....pero seria más largo de comentar y tengo cosas que preparar para mañana que vamos al hospital ...una brazo Mario
Pero no lo usan para ser utilizado como “prueba”, sino cuando voluntariamente el sospechoso acepta someterse al polígrafo, como una forma de descartarlo como sospechoso (con lo cual dirigen su investigación en otra dirección, para no perder tiempo de gusto).
Asimismo creo que conocerás, que su rechazo por los jueces NO ESTÁ FUNDADO EN LAS POSIBLES FALLAS que puede tener su aplicación, es decir, por ser “poco fiable”, sino por la interpretación “literal” que hace años viene haciendo la jurisprudencia, de esa bendita cláusula constitucional que dice que “nadie está obligado a declarar contra si mismo”, la cual, como podrás comprender leyendo los primeros textos de doctrina jurídica que hay en mi libro, NO TENÍA NINGÚN OTRO OBJETO MÁS QUE EL EVITAR LA TORTURA DE LOS DETENIDOS.
Pero nunca se la consignó como un medio para convalidar la mentira.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Hisopo, te hago una sola pregunta (aunque te agradecería que, previamente, verifiques lo que mencioné antes).
Si consideras que el detector de mentiras es un “retroceso” para el derecho, ya que sería OBLIGAR A DELATARSE a quien delinque, yo te pregunto, entonces, ¿cuál es el motivo por el que está prohibido INCLUSO COMO PRUEBA A FAVOR, es decir, cuando es el propio inculpado quien solicita someterse a ese sistema?
Y creo que deberías pensar un poco en ESE ASUNTO ya que, evidentemente, en ese caso nadie obligaría absolutamente nada a nadie.
Y te diré que si analizaras un poco el tema, sin preconceptos, ni actitudes simplemente negativas, podrían averiguar que su uso es casi rutinario en muchísimos cuerpos policiales de los E.E.U.U. de Norteamérica y de muchos otros países.
Y que también pierdan algunos minutos de su tiempo y busquen “detector de mentiras * Robert Hanssen” y allí podrán observar algunos aspectos importantes al respecto, como por ejemplo, que luego de ser descubierto, el FBI estableció que sus agentes se debían someter —periódica y rutinariamente— a la prueba del polígrafo (supongo que en la actualidad utilizarán el sistema descubierto por Jennifer Vendemia).
Y no sólo eso, sino ¿cuál es la razón por la cual la Justicia de los E.E.U.U. de Norteamérica, sin dar ninguna explicación al respecto, ha resuelto que las leyes de defensa de los derechos a la libertad de las personas (léase Habeas Corpus y demás) no se aplican a los que están detenidos en la base de Guantánamo, quienes, como es sabido, están allí SIN ESTAR SUJETOS A PROCESO JUDICIAL ALGUNO?
Asimismo sería interesante reflexionar, sobre cuál puede ser la razón por la que en ese país se ha prohibido su uso por cuestiones laborales … excepto para los empleados de la administración pública.
Además, ¿por qué causa lo utilizan muchísimos empleadores en todo el mundo?
Yo les recomendaría a todos que, por ejemplo, pongan en cualquier buscador (yo uso Google) las palabras “detector de mentiras * Jennifer Vendemia” y lean lo que dice allí.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman