(PP 4) ¿Qué hará a los asesinos? ¿Pena de muerte, cárcel perpetua? Hay otro camino.
06.10.08 @ 08:26:54. Archivado en Iglesia Instituciones, Teología, Nuevo Testamento, Merced-libertad, Política
El evangelio de ayer (Mt 21, 33-43) planteaba esta pregunta. Los malos renteros habían matado a los inocentes para apoderarse de la herencia. Cuando llegue la justicia, cuando llegue Dios ¿cómo tratará a los asesinos? La respuesta de la gente era clara: pena de muerte, matará a los asesinos. La respuesta del Derecho moderno es también clara: pena de cárcel, encerrará para siempre, de una forma eficaz, a los culpables. En esa última línea se situaba según derecho el Catecismo de la Iglesia Católica, tal como he puesto de relieve en el post del 03. X (PP 3) Una teología de las cárceles. Pero el evangelio ofrece en forma de parábola otra respuesta: hay una “piedra nueva”, un nuevo edificio de amor, fundado en Jesús, que puede transformar y curar a los mismos asesinos (dentro de una transformación y curación de todos). De ese camino distinto quiero tratar hoy, retomando motivos de algunos de mis libros. No se trata de negar el Derecho (el Catecismo aceptaba incluso la pena de muerte), sino de ofrecer un camino más excelente, como el evocado por Pablo en 1 Cor 13. Ésta no es la Cárcel de Amor de Diego de San Pedro, pero el titulo de aquel hermoso libro clásico sigue siendo significativo
Punto de partida, el Catecismo.
Conforme a lo dicho el día 3, podemos volver a las afirmaciones del Catecismo (num. 2266), para evocar y recrear sus objetivos. El Catecismo recoge una larga tradición de la Iglesia occidental, que ha ido creciendo en buena relación de vecindad e influjo mutuo con estructuras jurídicas de origen romano y racional (ilustrado). Éste es un dato que debemos valorar, superando el fundamentalismo religioso de aquellos que quisieran que la iglesia ocupara todo el espacio de la vida social.
El Catecismo reconoce la autonomía del poder civil en el plano penitenciario y eso nos parece muy positivo; pero tiene el peligro de identificar ese nivel racional con la novedad del cristianismo. Desde ese fondo quiero fijarme en las cinco finalidades que atribuye a la cárcel, que pueden ser buenas en un plano de ley natural (racional) pero que no responden a la novedad del cristianismo: Éste es, a mi juicio, el camino que se apoya en Jesus, piedra desechada, pero convertida por Dios en principio y cimiento de un nuevo edificio de justicia superior.
1. Preservar el orden público. Una nueva piedra
El catecismo afirma que cárcel, que sirve para colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Esa finalidad parece en principio justa y resulta necesario mantenerla, en la línea del sistema judicial, pero suscita dos problemas. (1) Muchas veces, los pretendidos agresores son también (y sobre todo) víctimas de la sociedad a la que responden de un modo violento. (2) Jesús no ha venido a preservar el orden publico, sino a proclamar la gracia de Dios sobre todos, superando así el nivel del juicio.
Pero el Catecismo, siendo muy legal (y favoreciendo de hecho a las autoridades establecidas), tiende a olvidar que la sociedad, representada por esas autoridades, puede volverse agresora e injusta (cf. Mc 10, 38-45). Resulta imposible hablar de la cárcel, si se olvida la injusticia de fondo de muchas sociedades, con sus violencias previas, a las que responde la violencia del encarcelado. Para preservar el orden público hace falta “cambiar de piedra de cimiento”, buscar otros principios sociales.
En ese contexto debemos recordar que encarcelado suele ser víctima de la sociedad antes que agresor o delincuente. Por eso, en perspectiva cristiana, sólo se puede hablar de las cárceles integrando el tema de los encarcelados dentro de una visión mesiánica y liberada de la sociedad. Ni el bien común medido por las autoridades, ni el orden público en general provienen del evangelio, que está centrado en la caridad de Cristo y en la experiencia de la gracia. Orden público y bien común pueden tener y tienen un valor en plano de ley civil y derecho racional (=estatal), pero en clave evangélica han de ser reinterpretados desde la gratuidad del mesianismo de Jesús. Por eso, más que principios son consecuencias que brotan de la más alta experiencia de gracia cristiana, como estamos indicando.
2. No basta la justicia del talión (matar a los que matan)
El Catecismo afirma que las penas impuestas al agresor (encarcelado) deben compensar con un castigo proporcional el desorden introducido por la falta. De esa forma ofrece una versión judicial de la "ley" del chivo emisario, centrada en el derecho y deber de la venganza, ignorando o negando la novedad del Sermón de la Montaña (cf. Mt 5, 21-26.38-48 par). Es posible que el Estado no pueda gobernar con el Sermón de la Montaña, pero allí donde la Iglesia lo ignora se vuelve no-cristiana. Pues bien, eso es lo que hace el Catecismo, que no apela al Evangelio (donde Cristo redime por los otros), sino que aplica en el entorno de la cárcel la ley de la venganza: la violencia social (justa) responde a la pretendidamente injusta del agresor, introduciendo así un orden (evidentemente no evangélico, sino civil) sobre el mundo.
Parece que Catecismo divide realidad en dos campos o planos: en un nivel de ley civil reina el talión (no se aplica el evangelio); sólo en el plano interno de la Iglesia se aplican la gracia y perdón de Jesús. Como venimos indicando, esa división puede ser buena; pero hay que añadir que el evangelio no puede emplearse para justificar el talión o principio-revancha, en un plano social, sino para abrir, sobre ese plano social, un camino más alto de gracia o misericordia (Mt 9, 13; 12, 7; cf. J. SOBRINO, El principio misericordia, Sal Terrae, Santander 1991). Es aquí donde se sitúa la aportación de Jesús, la nueva piedra para el edificio. No una piedra para construir nuevas cárceles (que parecen necesarias, se dice, en España…), sino una piedra para superar las cárceles, respondiendo con amor a los que no han puesto amor.
La Iglesia no ha nacido para defender el talión, sino para lamentarlo y anunciar el perdón y la paz, la reconciliación definitiva, a través del amor gratuito. Una visión de la cárcel como lugar donde se aplica el talión para castigar a los agresores ha sido superada no sólo por el Evangelio, como he señalado en Antropología cristiana, Sígueme, Salamanca 1993, 255-338, sino también por una filosofía de inspiración bíblica, como la de E. LEVINAS en Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 1977. He estudiado el tema en Dios como Espíritu y Persona, Sec. Trinitario, Salamanca 1989, 323-338.
3. Cárcel medicinal, otra medicina que cambia la vida.
El Catecismo concibe la cárcel (el castigo) como una medicina que debe contribuir a la enmienda del culpable como lugar adecuado para educar al agresor o culpable, a quien toma como ignorante (no sabe lo que hace) o enfermo (hay que darle una medicina). La cárcel aparece también como escuela de humanidad y justicia donde aquellos que son sabios en ambas especialidades (los no delincuentes) enseñan a vivir a quienes necesitan enmendarse.
Esta finalidad resulta buena, pero sólo alcanza su objetivo si la separamos de una visión del castigo entendido en forma de talión. Para que ese objetivo medicinal se cumpla y la cárcel pueda convertirse en escuela de renacimiento, es necesario que los pretendidos justos (representantes del orden social) abandonen su seguridad orgullosa y sean capaces de dialogar en amor y respeto con los supuestos delincuentes. Resulta absolutamente necesario que el supuesto culpable se descubra amado, protegido, potenciado por el resto de la sociedad, que no busca venganza, sino concordia. Sólo si la sociedad le responde en amor, ofreciéndole un gesto de confianza, el detenido podrá re-descubrir el sentido de la vida y madurar, en un ambiente apropiado de trabajo, comunicación y diálogo.
Son muchos los que piensan que las cárceles normales de nuestra sociedad no están preparadas para cumplir judicialmente esta función, de manera que deben cambiar en forma radical (hasta ser abolidas). Hacia ese cambio de la cárcel, con la abolición del sistema penitenciario actual, debe tender la presencia y acción cristiana. En el Convegno di Pastorale Sociale, organizado por OASI (cf. documentazione@oasifirenze.it) y celebrado en Florencia del 2 al 4 de junio de 1995, el Senador MARIO GOZZINI, autor de La giustizia in galera, Editori Riuniti, Roma, 1997, y relator de la Ley Social que lleva su nombre (Parlamento de Italia: 16/10/1986) señaló de manera magistral la contradicción de la ley italiana (o española). Por un lado, ella pide que la cárcel sea lugar de reeducación liberadora de los condenados.
Por otro lado, las condiciones sociales y económicas, humanas y educativas de la cárcel hace muy difícil (casi imposible) que se cumpla esa exigencia. Como única salida realista apeló al trabajo renovador de todos: jueces y funcionarios, voluntarios carismáticos (en gran parte cristianos) y fuerzas sociales de la población, para que pueda cumplirse el objetivo de la ley penal italiana. En esa línea se sitúan las palabras de un gran especialistas hispano sobre el tema:
«Al entrar en la cárcel el preso se despersonaliza. Comienza un proceso de degradación motivado por el ambiente, la compañía de otros delincuentes, algunos veteranos y peligrosos; conoce con el tiempo las mafias que regulan aquella gente; siente la lejanía de sus seres queridos, si los tiene; sufre el desarraigo, la incomunicación, la falta de valores personalizadores y el hacinamiento. Sumado todo con la condena, a veces de muchos años y con la ociosidad, acaba con la persona más resistente a la erosión del mal. A todas estas descripciones y palabras más o menos abstractas, podemos ponerles nombres, muchos nombres, cuantos entramos habitualmente en las prisiones. No se puede negar que hay excepciones y que la cárcel ha salvado la vida de no pocos, al darles comida, un techo y cierta atención sanitaria. Incluso alguno ha tocado fondo en la cárcel y allí dentro ha comenzado a ser otra persona. Pero son excepciones; es más normal el proceso descrito anteriormente. El que lo dude, que pregunte a cualquiera que haya pasado un tiempo en la cárcel»; L. TOUS, «El Dios de la Cárcel», Éxodo, 44 (1998) 39-40; edición virtual: http://www.exodo.org/textos/10.htm.
4. Más que expiar, enseñar a amar
El Catecismo propone esta nueva finalidad diciendo que, para aquellos que reconocen su culpa y aceptan el castigo, la cárcel puede convertirse en lugar y tiempo de expiación (B2). Este lenguaje, de fondo sacrificial, ha recibido aquí un sentido cristológico, al aplicarlo a Jesús, diciendo que "se dio a sí mismo en expiación" (Núm 615). Este es, sin duda, un lenguaje profundo que podemos aceptar, pero debemos entenderlo en sentido evangélico, separándolo de todo tipo de violencia sacrificial y de toda imposición de la sociedad (en este caso de la Iglesia) sobre los encarcelados.
Decir que los culpables deben expiar su culpa, recibiendo el castigo que merecen sus pecados, significa quedarse en el nivel de algunos textos del Antiguo Testamento (¡no de todos, ni los más valiosos), sin haber comprendido la gracia de Jesús, la Nueva Alianza de su perdón gratuito, su muerte en favor de los demás. Cuando se dice que los culpables deben expiar por lo que han hecho se está utilizando un lenguaje no cristiano: no se puede afirmar que los posibles "culpables" tienen que "sufrir" (expiar) para purificarse, pues les ha purificado el mismo Cristo, que ha expiado por ellos (por todos), regalándonos gratuitamente su vida..
Ciertos pasajes de la Biblia pueden haber vinculado la expiación a la experiencia de venganza y violencia divina: el Señor Todopoderoso necesitaría la sangre o sufrimiento de la víctima, para así aplacarse. De esa forma, el delincuente, interpretado como chivo expiatorio de la comunidad, asumiría su culpa y se purificaría sufriendo el castigo. Pero el conjunto de la Biblia y en especial el Nuevo Testamento ha re-interpretado este lenguaje. Dios no quiere sangre de víctimas, no sacia su deseo de venganza con violencias (con la muerte de los culpables). Por eso ha invertido por Jesús ese tipo y forma de expiación: no ha exigido la muerte del pretendido culpable (=que expía por su culpa), sino que ha muerto él mismo, asumiendo la culpabilidad (y expiando) por todos, para que puedan vivir en gratuidad.
El Dios de Jesús no nos hace pagar por lo que hicimos, para que expiemos nuestra culpa, sino que “ha pagado por nosotros”, perdonándonos gratuitamente, muriendo por nosotros, no para echarnos en cara esa muerte o pasarnos recibo por ella, sino para ofrecernos el misterio y gozo de su gracia. Puede hablarse de un mecanismo de expiación allí donde el pretendido culpable declara ¡acepto el castigo para así rehabilitarme o purificarme!. Más aún, ese mecanismo puede tener un valor para aquellos que lo asumen de un modo libre y consciente. Pero resulta contrario al evangelio el imponerlo sobre los demás y de un modo especial sobre los encarcelados, pues Cristo ha muerto por todos, de manera que ya no tenemos que expiar, ni purificarnos por sacrificio o cárcel, sino que podemos reconciliarnos gratuitamente.
5. Cárcel de amor, amor de Dios.
Parece que el Catecismo se sitúa al exterior de la cárcel, como si los buenos ciudadanos y cristianos fueran los que están libres, aquellos que han sido pretendidamente ofendidos por los encarcelados a quienes, generosamente, como en un exceso de bondad, conceden un tiempo y lugar para que penen por aquello que han hecho y así se rehabiliten. Pues bien, esa actitud va en contra de lo que hizo Jesús (asumiendo el pecado y violencia, para superarlo con su amor) y de lo que hizo la Iglesia primitiva (de lo que hablaremos mañana).
. Sólo se puede hablar cristianamente de la cárcel allí donde se supera el talión y se borran las fronteras entre el dentro y fuera, de tal forma que emerja la comunidad de creyentes como lugar de salvación en cuyo interior ocupan un lugar especial los encarcelados. En esa línea puede y debe decirse no sólo que los libres evangelizan a los pobres, sino que los pobres evangelizan a los libres, dentro de la única Iglesia, entendida como espacio de salvación o encuentro universal (cf. Mt 11, 6). Sólo si pasamos de una Iglesia asistencial (que ayuda a los encarcelados como si estuvieran fuera de ella) a una Iglesia de salvación compartida (donde todos se ayudan, siendo comunidad de Jesús) podremos entender el evangelio.
Reinterpretados así, los elementos básicos del Catecismo de la Iglesia Católica, pueden servirnos de su inspiración (de la inspiración del Catecismo y, sobre todo, del Evangelio) para plantear el tema, como haremos en los días que siguen. Sin duda, los cristiano pueden y deben convertirse (conforme a la palabra esencial de Mc 1, 14-15: «convertios y creed en el evangelio»), pero ese gesto ha de aplicarse a todos los creyente (y no sólo, ni en primer lugar, a los encarcelados), sabiendo, además, que el principio de la conversión y cambio no es la expiación penitencial, sino la gracia de Dios ( «¡ha llegado el Reino!»). Una sociedad que se justifica a sí misma, expulsando y encerrando en la cárcel a los pretendidos culpables, para hacer que ellos expíen su pecado, sigue en un nivel pre-cristiano y, además, se encuentra humanamente enferma: sigue empleando mecanismos de violencia “legal” para justificarse a sí misma; no sabe que Cristo nos ha purificado ya, nos ha perdonado de una vez y para siempre con su amor gratuito. Por todo eso y como conclusión podemos decir que resulta peligroso aplicar a los encarcelados una disciplina simplemente penitencial. La respuesta cristiana no es la de los que escuchan a Jesus y responden desde el talión (matará a los asesinos). La respuesta cristiana no es tampoco la cárcel que se aplica actualmente, según justicia. La respuesta cristiana es el amor creador. «la piedra que rechazaron los arquitectos se ha convertido en piedra angular…». Edificar sobre la piedra de Cristo. Ése se el tema.
Comentarios:
Y es logico que sea asi. Cuando falta empleo y sueldo y techo y buena comida y se anda todo el dia vagando por ahi rebuscando lo que sea, con hambre y frio, hay que ingeniarselas para sobrevivir. Y de esa necesidad surgen los carteristas, los camellos, la prostitución etc, etc, etc.
La pobreza es un mal que genera muchos otros males y hace la vida insoportable para quien la sufre.
Sin embargo, mejore usted el nivel de vida de esa gente, con viviendas decentes, salud, educación y un trabajo bien remunerado y verá como esos males sociales van desapareciendo.
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[2003]
Me alegro de que el magisterio corrigiera un error que atentaba contra la dignidad humana.
Logos, ¿por qué no dejas de decir tonterías?
La Pena de Muerte: para los que maquinan los medios de producción para alterar el precio de las cosas.
Este, por cierto, es un tipo delictivo que estaba vigente en tiempos de Adolfo Hitler, de Joseph Stalin, Franco los metía en la cárcel, y esto, señores, NO lo han practicado, ni aquellos señalados criminales políticos de derecha, izquierda, y centro, ni ningún ensayo de la humanidad hasta el presente que denominados Sistema de Ganancia.
Pero para eso tienen ustedes que hacerse Legisladores, porque no esperen que el Pontífice que fijaba las directivas del Clero y Nobleza iba a ordenar tal cosa para perseguir la Acumulación Ilimitada de Dinero, que era, y es, es el motor de toda aquella maquinación de medios de PRODUCCIÓN.
la Iglesia Católica por delitos de opinión en unos quinientos mil asuntos seguidos bajo tortura LEGAL, ordenada por Bula de su santidad Ad Extirpanda; la pena de muerte está vigente en países que buscan el orden; la pena de muerte está aquí para quedarse.
Lo único que no dice el Papa, el Catecismo, el Sr. Rajoy, y los progres del Socialismo, es que la Pena de Muerte debe aplicarse contra aquellos que producen mayor número de daños, los que destruyen un mayor bien protegible. Así las cosas, si han visto ustedes las noticias, pueden calcular el número de niños que han muerto de hambre mientras nosotros hablamos de teorías jurídicas; al día de hoy han muerto cuarenta mil personas de hambre, y más de tres mil quinientas se han suicidado. ¿Sabían ustedes que los indios de la amazonía practica...
Sea señor, Sr. hisopo, y entre en el fondo de la cuestión, en vez de servirse del argumento ad hominem e insultar, que lo que aquí se expone se dice sin decirle la persona que lo dice, sino que se hace por la IDEA.
¿Tiene usted alguna idea propia?
Norteamericana, por cierto, con ocasión de una crisis similar, si bien menor, a la actual.
Los asesores en Economía y Sociología de que se asiste el Sr. hisopo nos exponen que todos esos despreciables que hoy se encuentran dedicándose a 'la prostitución', al tráfico de hachis, a robo de viviendas, y cosas así, tienen vocación de eso, y que desde luego aborrecen un puesto de trabajo remunerado con un poder adquisitivo excelente que les otorgara una bellísima vivienda, una familia bien vestida y con buenos modales, es evidente que les disgusta vivir en una urbanización distinguida, y desde luego
son activos contra una educación de vanguardia para sus hijos, como la que se merece una humanidad que se ha esforzado tanto como hasta hoy, y que no se merece estar bajo el yugo de una criminalidad organizada bajo la LEY bend...
Esto dijo un Canciller de Inglaterra.
El Sr. Rajoy, que es allegado al Sr. Papa, ante el hecho de que la crisis que todos disfrutamos se ha cocinado, no ciertamente por los socialistas, sino por el Capitalismo que fija su divisa en el medieval auri sacra fames, la sagrada hambre de dinero, sabe que el problema está en la acumulación ilimitada de DINERO que hace que las Empresas, otrora de producción, ahora tengan como interés la acumulación de ganancia... y no dice
nada, parece que se han puesto de acuerdo los del PP y los que el Sr. hisopo nos sugiere como sabios y doctores de Economía que habitan en el Vaticano y nada dicen por aquí, prefieren dejar como está la divisa
'esa', como normal, y nada sugieren de la Ley que podría acabar fulminantemente con el problema ECONÓMICO actual (incluido el deficit Usa): fijar un Límite a la Riqueza Personal en la suma de doscientos millones de dólares, cosa que ...
Se limita a decir que el mundo es
'normal', y que desde luego el Vaticano con toda suerte de hisopos echando agua bendita al aire cuando tenía el poder bajo las riendas del Clero y Nobleza, lo hacía mejor. Esto que sigue es de cuando el Clero Católico tenía el poder de establecer el Sistema Económico en Inglaterra:
"El HAMBRE es la mayor de las causas de delincuencia que existe en las grandes poblaciones, y si nosotros estableciéramos la pena de muerte para quien delinque, estéis seguros que esa medida sumaria no la detendría, pues la ley de la horca puede, sí, ejecutar a uno o varios, pero los otros muchos preferirán siempre seguir delinquiendo antes que morir bien ciertamente de...
Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.
Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo "suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos."
2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar perjuicio. Por este motivo, los que tienen autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad. (sigue)
"derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte" (2266)
Se justifica el hecho de matar a una persona desarmada, apresada. Como dije antes, se me ocurren pocas explicaciones a la defensa de la pena de muerte y ninguna acorde con la dignidad humana (no hablo siquiera de cristianismo).
"no sabe / no contesta"
Si el magisterio romano no muestra respeto a la vida, no me interesa nada del resto de lo que diga.
Debo declarar y declaro INOCENTE a, Señor. Don. Xabier Pikaza Ibarrondo de todos mis errados infundios calumniosos y sospechas sucias e infamantes, que muy a conciencia e vertido descaradamente sobre él.
Ya que como dice Lucrecio: "qui tacet consentire videretur" ( Quién calla, consiente ).
Y después de haber hablado, hago mutis por el foro, solicitando benevolencia.
Humildemente, Ireneo.
Comentario por Ireneo 06.10.08 @ 09:25
deduzco que:
Ciertamente he pecado "mucho" contra Don . Xabier Pikaza Ibarrondo y he visto demonios, donde solo había seres angélicos y puramente celestiales.Por todo lo cual me doy profundos golpes de pecho, me abomino a mi mismo y me visto de saco y ceniza hasta el día 5 de Noviembre 2008, San Zacarias ( gran santo y muy perdonador).
Soy sabio y sé que: "qui inconsiderate loquitur sentiet mala" ( Suetonio). ( "Quién habla sin reflexión sufrirá perjuicios" )
Y me apresuro a marchar presto y diligente al Blog de Xabier Pikaza Ibarrondo para rectificar (rebosante de amor cristiano) y pedir convenientemente su público perdón a los 4 vientos mundanales, solicitando humilde la máxima absolución y una penitencia justa, pero si fuera posible, algo indulgente.
Y le pido a la Virgen de la Merced me ayude a romper las cadenas de ignorancia y tenaz impertinencia que apresan mi turbulenta conciencia... ...
Has implicado a Xabier Pikaza. Le has agraviado, deshonrado. Le has llamado "mentiroso", y muchas cosas más. Es a él a quien debes desagraviar.
SÍ que has hablado de un tal "Ramiro" cuando has "tridentificado" a Pikaza = Emérito = Ramiro, la "trinidad". ¿Recuerdas? Relee lo que escribes, "scriptum manet".
Tu mente calenturienta y febricitante te ha hecho ver "demonios" donde había "ángeles". Yo no te absuelvo hasta que no rectifiques públicamente en el blog de Pikaza. El pecado lleva consigo la penitencia. No hay perdón si no hay amor.
Tus palabras y comentarios para mí ya no tendrán ningún valor si, de verdad, no se ve tu gesto expiatorio, compensador.
Por lo que a mí toca, te digo lo que diría Ciceron Maccarroni: "Manduco me flumen de te".
Comentario por Emerito Agusto 05.10.08 @ 23:55
Hisopo, no hay tal “silencio”. Léete a logos y te enterarás de cuales son los mecanismos sociales ( a nivel mundial) que fabrican pobreza y hambrientos y, consecuentemente, delincuencia Si aún no te has enterado, no será porque él no lo venga repitiendo con tesón y constancia.
- revanchismo-linchamiento-talión
- amor a la muerte-nada-caos-odio
- ...
En este momento no se me ocurre otra explicación. ¿La hay, defensores del catecismo?
El que lo sepa que lo explique (en este blog debe haber varios, empezando por Xabier). Y si hay silencio entonces será que quienes hablan no saben argumentar sus palabras.
Adelante, espero ansioso.
Digamos que aqui en la tierra vienen los angeles , y los pecadores, y viven en cuerpos humanos, DIOS ve así,quién es verdad que esta arrepentido de sus pecados y desea mejorar...
No es lo mismo el alma de un angel,que el alma de un pecador.
He leído un libro hace poco que decia esto: No somos seres humanos con una experiencia espiritual,somos seres espirituales con una experiencia humana.
Arco-iris he leido un poquito de lo que me decías ,te doy la razón en muchas cosas de las que dices,otro dia leere mas detenidamente esos trabajos.
Besos Roser, y Arco-iris
Porque, desde mi experiencia en materia de Acción Social, también creo que “debemos recordar que encarcelado suele ser víctima de la sociedad antes que agresor o delincuente”. Cada cual, según sus posibilidades, debemos empujar para que la sociedad, que fabrica tanta delincuencia, cambie.
Gracias y que tu Señor nos ayude a todos ,para sobre todo no creernos a veces como "dioses " a veces nos creemos "estrellas "...cuando yá no somos conscientes de que nuestra luz la hemos apagado nosotros mismos con nuestros comportamientos .
Dice en la Biblia que en el AMOR,no hay temor.
Y no me negaras "que pasar mucha hambre es otra forma de infierno".Ese lo ponen los hombres,y es injusto.
Y te pido disculpas por poner en tu boca cosas que no has dicho.
Pero si lo he leído antes en este blog,y puse,que una cosa es ayudar a las personas y otras CONFUNDIR.Estoy de acuerdo en que se ayude a las personas que estan en la carcel.Pero el que se merezca estar en la carcel que lo esté.
Y tambien estoy de acuerdo en que hay carceles injustas, cuando se ha metido a inocentes en la carcel, eso es injusto.
El otro día observé la discusión parecida en que un teòlogo le decìa a un ateo aquello de que "no me disteis de comer cuando uno de estos pequeños tenian hambre, no me vestisteis cuando no lo hicisteis a uno de estos pequeños... etc. a la izquierda TODOS vosotros, al infierno!; Y el otro le respondìa: mie' usted, y Dios, que es todopoderoso y tiene todas esas cosas, viendo a aquellos tantos hambrientos en el canibalismo tantisimos años, còmo es que no les diò de comer no habiendo allÌ nadie que les ayudara? Còmo no les alumbrò la agricultura? lo mandará vuesamerced tambièn con nosotros a que arda en ese lago de azufres y sulfuros?
Es mejor ir a Dios por amarlo que por miedo.
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