18º domingo de tiempo ordinario. Ciclo A, año par. Mateo 14, 13-21. Lo más “espiritual” que es el Reino de Dios se vincula a lo más “material”, que es la comida. Así lo indica el evangelio de hoy, que forma parte del gran ciclo de los panes, que Marcos ha situado en el centro de su obra (Mc 6, 6b – 8, 21) y que Mateo ha reproducido también a su manera, de un modo más condensando, pero igualmente intenso (Mt 13, 53 – 15, 12). El texto de hoy pertenece a la versión evangélica de Mateo y quiero presentarlo desde la perspectiva del pan, que se comparte y multipolica, situándolo en el centro del mensaje de Jesús, como expresión del Reino de Dios, como auténtico “milagro” cristiano. Cristo es Pan, el pan compartido es evangelio, y Dios el creador de todo y toda v vida.
Texto. Mt 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer." Jesús les replicó: "No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer." Ellos le replicaron: "Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces." Les dijo: "Traédmelos." Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
El Reino de Dios se expresa aquí en dos signos “materiales”: curar y alimentar. Este Jesús ya no enseña, no establece una escuela de altas lecciones teóricas, sino que se limita a curar y alimentar. Ésta es su signo, ésta es su tarea. Jesús cura a los enfermos para que puedan comer, compartiendo entre todos el pan (el pan de todos) como destacaremos.
Ciertamente, Jesús ha hablado del Reino de Dios en un mundo donde se extiende el hambre y la opresión. Por eso, tras haber dicho que el hombre no sólo vive de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4; Lc 4, 4), él ha debido traducir su palabra en forma de pan.. Muchos campesinos galileos vivían bajo la amenaza del hambre; por eso, la llegada del Reino de Dios (que incluía la palabra de ¡bienaventurados los hambrientos!) debía expresarse en forma de comida (¡serán saciados!: Lc 6, 21).
Pan compartido, pan de la vida
En aquel tiempo, en un plano social, la comida separaba a puros de impuros, a ricos de pobres, a nacionales (judíos) de extranjeros (gentiles), haciendo imposible una comunión universal. Pues bien, en contra de eso, Jesús quiere y promueve una comida que vincule a todos. De esa manera, el tema del reino nos introduce en el centro real de la conflictividad máxima, en un tiempo de hambre y de fuertes divisiones sociales y sacrales. Desde ese fondo queremos decir que el mensaje y camino de Reino, que Jesús ha iniciado es “mensaje y camino de pan”, como aparece en los textos de las multiplicaciones (=alimentaciones, pan compartido) y, de un modo definitivo, en la Última Cena (la misma vida hecha para los otros).
Reino de Dios, una comida.
El Reino es Banquete para los hambrientos (Lc 14, 16-24; Mt 22, 1-14; cf. Ev. Tom 64). Conforme a la Escritura de Israel, Dios había preparado desde antiguo su comida para todos, ofreciéndola de forma preferente a los buenos judíos (representantes de clases superiores, elegidas de Dios). Pero, siguiendo la inspiración y experiencia del Bautista, Jesús ha descubierto que los invitados preferentes han rechazado la llamada: no han venido, ni quieren que otros vengan. En ese contexto, él se ha sentido enviado por Dios para ofrecer la invitación a los “cojos, mancos, ciegos”, a los expulsados por razones económicas, sociales y/o religiosas (a los que vagan por plazas y caminos: cf. Lc 14, 21-23 par). Precisamente ellos, artesanos, oprimidos y negados del sistema social (los que llamamos prescindibles), son privilegiados de Dios. Los imperios se construyen partiendo de los ricos, nobles, propietarios (las clases superiores); Jesús, en cambio, ofrece la comida del Reino a los expulsados del sistema social dominante, a los enfermos e impuros que vienen a seguirle.
Ésta es la comida de Jesús, a campo abierto, sobre el ancho mundo… Es la comida que él y sus discípulos tienen que compartir con todos los que vienen, sin distinción de puros e impuros. Jesús, Mesías que da su propia vida, viene a presentarse en la Iglesia como Mesías del Pan compartido, a campo abierto, para todos los que van y vienen y de un modo especial para los enfermos (no en un ámbito cerrado de Iglesia).
Comida de Dios, un conflicto.
La misma comida del Reino que Jesús ofrece a todos (que vincula de esa forma a todos) ha suscitado un conflicto que divide las poblaciones galileas. Jesús no ha querido anunciar el Reino en las ciudades (Séforis, Tiberíades…), porque su estructura social, expresada en forma de dominio de unos sobre otros, va contra del Reino, una comida que divide por rangos de riqueza y de honor a los habitantes de la tierra. Pero el evangelio supone que el tipo de banquete de Jesús y sus primeros seguidores acabó fracasando también (al menos de un modo general) en las zonas rurales de Galilea y después en Jerusalén.
El movimiento del Reino (banquete ofrecido a los expulsados del sistema) suscitó un rechazo en el conjunto de la población, como sabe Jesús cuando dice que la reina del sur y los habitantes de Nínive se alzarán contra esta generación (cf. Mt 12, 41 s; Lc 11, 31 s), porque ellos, sin ser israelitas, aceptaron a Salomón y a Jonás, mientras que ahora los israelitas galileos no han acogido el mensaje del Reino En esa línea avanza la acusación de Jesús contra las poblaciones (¡no ciudades!) de Corozain, Betsaida y Cafarnaún por no haberse convertido al mensaje del Reino (cf. Lc 10, 13-15; Mt 11, 21-24), mientras que las ciudades paganas de Tiro y Sidón lo habrían acogido, en caso de haber escuchado a Jesús.
El programa y camino de Jesús que es “pan para todos” suscita el rechazo de los privilegiados que quieren un pan para sí mismos, un pan separado, de puros y ricos, mientras los otros pasan hambre. Por eso, Jesús saca a sus discípulos del ámbito social resguardado de los sistemas sociales y económicos, para iniciar con ellos un camino de pan universal y compartido, desde fuera de la sociedad establecida (en un campo desierto….).
Respuesta de Jesús. Pan para todos.
Ese camino y programa de pan para todos suscita y despliega una utopía universal de salvación, en la que podrán integrarse zonas y personas consideradas en general como enemigas (Nínive, Tiro y Sidón), como muestra el pasaje programático de la mujer siro-fenicia que pide, para su hija, las migajas de la mesa de los hijos del reino (cf. Mc 7, 28). Avanzando en esa línea, un texto común de Mateo y Lucas (de la tradición Q) afirma que vendrán para el banquete del Reino gentes de todas las naciones (norte y sur, levante y poniente), mientras los hijos del Reino (israelitas, elegidos) quedan excluidos (Mt 8, 11-12; Lc 13, 28).
Podemos distinguir y vincular así tres rasgos.
(a) Hay banquete abierto para todos, el banquete de la vida, vinculado a la curación y al pan.
(b) Ese banquete, que ha de comenzar a campo abierto, en un lugar donde todos puedan vincularse, suscita un conflicto con la sociedad establecida de aquellos que quieren asegurar sus panes materiales y espirituales, sociales y religiosos.
(c) Desde ese fondo se establece la nueva apertura, es decir, el camino universal del pan compartido y de la curación humana.
Nosotros, miembros de una sociedad opulenta, entendemos esta experiencia con dificultad (aunque siga habiendo muchos desnutridos, que mueren por falta de alimento). En este nivel, el mensaje de Jesús es promesa de comida, como los artesanos y prescindibles de Galilea saben, pues sin pan no hay Reino, ni bienaventuranzas (Lc 6, 21-22), ni Padrenuestro (“danos hoy nuestro pan...”: Lc 11, 3).
Lo más urgente sigue siendo el pan, vinculado a la salud: que los hombres y mujeres puedan comer y beber y relacionarse, que no estén condenados al miedo perpetuo del hambre y la marginación, como los artesanos galileos. Pues bien, como acabamos de indicar, ese regalo de pan puede suscitar y ha suscitado la oposición de los acomodados, de manera que la llegada del Reino puede ser causa de rechazo para aquellos que no quieren compartir el pan. Pues bien, superando ese rechazo, la Iglesia helenista de Jerusalén descubrirá tras la pascua que el mensaje de Jesús sólo se puede mantener en línea de comunión de pan.
Conclusión. Las multiplicaciones, un “milagro distinto”.
Volvemos así al texto del evangelio de hoy, que más que multiplicación del pan debería llamarse “alimentación universal”, solidaridad mesiánica. El centro del “milagro” no es un aumento material de panes y peces, sino el aumento de la solidaridad y de la acogida humana. Los evangelios de Marcos y Mateo recorten dos “multiplicaciones”, como expresión y signo de la abundancia y bendición de la comida, en un contexto de discipulado más judío, es decir, en un contexto básicamente israelita (cf. Mc 6, 31-46; Mt 14, 13-21), o más gentil, es decir, fuera de las fronteras de Israel, como gesto de comunicación abierta a todas las naciones (Mc 8, 1-12; Mt 15, 32-39).
Ellas multiplicaciones/alimentaciones evocan la fraternidad que surge y se despliegan allí donde los hombres y mujeres son capaces de dar y compartir lo que tienen, desde la pobreza, anunciando así la llegada del Reino que será un banquete de abundancia. La conversión de las piedras en pan, que el Diablo promete a Jesús, habría un prodigio satánico de magia (cf. Mc 4, 1-4 par), pero no sería milagro, pues el milagro de Jesús consiste en comunicarse la vida con (desde) los pobres, en fraternidad mesiánica.
Según eso, el signo de las multiplicaciones no consisten en la posible reproducción o incremento material (de panes y peces), sino en la comunicación fraterna, que es anuncio del Reino. Ése es el signo de Jesús, un cambio de los hombres, no del pan; pero ese cambio de los hombres puede transformar los mismos panes, haciendo que ellos sean un medio de encuentro y bendición para los hombres..
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compartir el pan ....y con los enemigos también .....a qué me suena esto ? pues a purita retórica ...sí, comemos con quienes nos gustan y compartimos con quién nos dá la gana ...de vez en cuando hacemos "una caridad para quedar en calma nuestras conciencias y ...tán chulos ...porque creemos que "esto es eterno que estaremos siempre ,sín pensar que la vida es un TEATRO ...que aveces no dura ni tres actos ,,,convirtiensose en un "ENTREMES
...compartir es algo mucho más complejo y simple a la vez ..es un acto de generosidad por un lado y de puro egoismo personal ,por otro ,así nos sentimos bién primero nosotros ..quizá matemos de un tiro dos pájaros ?
5º
Unos buscan "sabiduría y poder" en la Iglesia, otros buscan el "prodigio" de una santidad consumada. Pero la Iglesia de Jesús lleva en su corazón el escándalo de la cruz de su Señor (1 Cor 1,17-31). y el Espíritu que resucito a Jesús de entre los muertos, da también vida al pobre cuerpo de la Iglesia (Rom 8,11)
4º
Al cristiano lúcido le toca una difícil misión: luchar desde la Iglesia para transformarla evangélicamente, aceptar su pecaminosidad y caminar continuamente hacia la conversión, mantener a un tiempo la fidelidad y la libertad crítica, tender hacia el reino pero no olvidar que todavía estamos en tiempo de agonía. el cristiano ha de tener los ojos limpios para reconocer y amar a está Iglesia, que a pesar de sus años, sus arrugas y sus debilidades, es la madre que nos ha engendrado en la fe y nos ha comunicado el misterio de Jesús. Lo mejor de la Iglesia de hoy es fruto de un pasado quizás poco glorioso, pero que ha fomentado la historia. En último término, el escándalo de la Iglesia sólo es superable desde una postura de fe. No de fe en la Iglesia, sino de fe en el espíritu de Jesús, que ha escogido lo plebeyo y despreciable del mundo para confundir a los fuertes.
3º
El seguimiento de Jesús es comunitario y eclesial, en continuidad con la tradicción. El intento de "ser cristiano por libre" es una patología eclesial y teológica. La fe no es ni una ideología racionalista, ni una moral, sino una experiencia eclesial del Resucitado, formando parte de su cuerpo comunitario que es la iglesia, una Iglesia que se edifica por el bautisno y se nutre de la eucaristía.
2º
No faltan en nuestra Iglesia fariseos y saduceos de turno, que bajo capa de motivaciones religiosas, la utilizan para sus intereses, se sirven de ella, abusan de ella; no faltan tampoco los que llenos de celo y de buena voluntad la denuncian como adúltera, la abandonan buscando a Jesús fuera de ella, "liberandose" de todo el tinglado institucional y de todo el peso de pecado; algunos permanecen en la Iglesia tras justificarse pomposamente: "por qué no dejo la iglesia"... sin embargo todo intento de separar de forma maniquea Jesús de la Iglesia o de rechazar la "institución" para edificar una alternativa eclesial al margen de la Iglesia de Jesús está condenado al fracaso de las sectas.
La iglesia, nuestra Iglesia, constituye un grave obstaculo y un escándalo doloroso para muchos cristianos comprometidos: calla cuando debería hablar, habla cuando debería callar, dice y no hace, refleja en su seno la compasión clasista de la sociedad, y sucumbe con demasiada frecuencia en las tentaciones mesiánicas de riqueza, prestigio y poder que Jesús rechazo. Evidentemente se puede replicar que la Iglesia no sólo es la jerarquía, que hay otros sectores eclesiales más vivos, que dentro de la misma jerarquía hay personas realmente evangélicas, etc. aun siendo esto verdad, no cabe duda de que el problema subsiste y que existe una verdadera crisis de identidad eclesial.
Todavía recuerdo el sentimiento de que se había cometido un sacrilegio cuando un dia, hace años, las noticias nos comunicaron algo que hoy he encontrado en Google: "Un líder indígena le espetó a Juan Pablo II en su visita a Brasil:“Santidad, tenemos hambre”. Juan Pablo II respondió con gran sensibilidad pastoral y humana: “Tu pueblo, Señor, tiene hambre de pan y de Dios".
Pero Jesús dijo bién claro."dadles vosotros". Nadie, y menos el Papa, podemos escaquearnos de esto.
3-de Roser9 Últimamente abundan las personas que no tienen la documentación regularizada, lo que les impide acceder al mundo laboral legal. Viven en una habitación alquilada o comparten piso. Crece el numero de personas mayores con pensiones insuficientes a causa de la temporalidad que desde siempre ha reinado en el trabajo insular, especializado en los servicios o la construcción. Supongo que se parecen al perfil de las personas que rodeaban a Jesús ese día de la multiplicación de los panes y peces:”atrtesanos galileos” según Pikaza.
Nora aparte: Las noticia de hy es el agradeciemiento de la Vicepresidenta del Gobierno por la labor social realixzada por la Iglesia " con gran precariedad de medios, en muchasocasiones". No creo que el Cardenal haya captado la indierecta.
2- de Roser) Tengo en mis manos la Memoria de Cáritas del 2007(cuando todavía no se hablaba de “crisis). Según ella, ese año se había atendido a 5.700 personas, contando a las mujeres y los niños. Se resalta que había habido un incremento de un 14% con respecto al año anterior. Familias enteras y personas solas que son la expresión de una realidad de pobreza y de peligro de exclusión total lo cual dificulta, e incluso niega, el acceso a los derechos fundamentales de la persona. Cáritas, en cooperación con otras entidades de la Iglesia Católica, y en conexión con ongs laicas y de otras confesiones, atiende a personas/familias que sufren situaciones de necesidad social o desarraigo de su propio entorno. Se tiene en cuenta sus dificultades carencias y limitaciones y se trata de potenciar sus habilidades y conocimientos. El 20% de las personas atendidas son madres solas con hijos.(sigue)
Si hoy los ciegos siguen sin ver, los cojos permanecen en sillas de ruedas, los muertos no resucitan y a los pobres no se les anuncia el evangelio es porque falta el amor de Dios en quienes decimos ser de Dios.
No digo esto para que nos autocondenemos, sino para que reflexionemos sobre lo que es realmente importante en nuestras vidas como cristianos. No sea que las muchas letras y los muchos debates nos alejen del verdadero motivo por el que Dios nos ha dado su vida eterna.
Lo dice San Pablo: el amor, como tal, nunca deja de ser si permanecemos en Dios. Dios es amor y en Él podemos amar. De hecho, conocemos verdaderamente si estamos en Dios si somos capaces de amar como Dios nos pide que amemos.
A fuerza de equivocaciones, he ido aprendiendo en qué consiste el "compartir". Mejor dicho, en lo que no consiste. Compartir no es de ninfuna manera "dar limosna a los pobres" de lo que nos sobra. Si nos sobra, ya no es nuestro y entonces lo único que hacemos es devolver lo que nos hemos apropiado injustamente (auqnue sea con un trabajo honrado). Creo que Jesus nos exige dar de lo necesario para nsotros y para el otro/a. En una comunidad autónomsa como esta en la que yo vivo,con una renta "per cápita" a nivel europeo, parece que no debería haber pobres. Pues los hay.Pobres cuyos ingresos están por debajo de lo que la ONU estipula que es el humbral de la pobreza. Tsmnién hay marginados sin esperanza de recuperación por parte del sistema, con sus consiguientes picarescas para sobrevivir. Pero yo hablaré de lo que oficialmente se entiende como "pobre".(sigue)
Siempre que la Iglesia se ha planteado con cierta urgencia la solución de los problemas sociales, se ha llamado la atención sobre este milagro de Jesús. Pero es evidente que la Iglesia no puede multiplicar panes y peces. Ahora bien, si renunciara a multiplicar el amor fraterno y a repartir entre los pobres todo lo que tiene, la Iglesia no entendería este evangelio y el auténtico significado de su misión. Tampoco celebraría debidamente la eucaristía.
Jesús empieza "compadeciéndose" de la multitud y termina "compartiendo", que es la terminación normal a donde no llega casi nadie. Compadecerse, todos, sí. Todos tenemos un alma finísima y lloramos mucho por poca cosa. En seguida compadecemos a cualquiera. ¿Y compartir? ¡Hombre, eso ya es cosa de los elegidos! Pues no. Quien compadece y no comparte, ni compadece ni nada. Hace teatro.
La compasión de Jesús es una actitud total y liberadora. La compasión en Jesús supone, en ese momento preciso de la vida diaria, una doble actuación: llegar, desde la necesaria convivencia, a dar una respuesta a las necesidades de los hombres; curar a los enfermos y saciar de pan a los que tenían hambre. Nada más lejos que nuestra realidad de lástima y enternecimiento. Compasión no es enternecerse el corazón; es comprometerse para que la realidad necesitada de unos hermanos nuestros pueda sufrir una transformación. Es evidente que en el amor es más importante el obrar que el simple decir. No son palabras, son las acciones las que muestran lo que es el amor. Seguimos estando bajo el peso de una mentalidad verbalista y nominalista. Está tan lejos nuestro prójimo, que sigue resultando fácil y enternecedor pronunciar palabras de amor.
¿Qué tiene, pues, de extraño que desconozcamos la abundancia milagrosa de lo poco compartido? La compasión a la que el texto invita al discípulo debe moverse en cualquier orden de la vida, pero no es ni mucho menos ajena al Reino de Dios la compasión en el orden de las necesidades básicas, como son la salud y la comida. La compasión de Jesús se movió también en este orden de necesidades.
Xabier estoy de acuerdo contigo en que para jesús lo fundamental también es la fraternidad y el compartir el pan.
Un cordial saludo.
Compasión es mucho más que un sentimiento. Compadecerse es salir de uno mismo llevando consigo lo que uno tiene, por poco que sea, para compartirlo con el que no lo tiene y que por eso mismo sufre. Lo poco pueden ser cinco panes y dos peces; eran todas las existencias alimenticias del grupo formado por Jesús y sus discípulos.La compasión así entendida es signo de que el Reino de Dios ya ha llegado. La compasión, pues, construye el Reino. Pero como un elemento esencial de la compasión es compartir gratuitamente lo que uno tiene, muy a menudo tengo la impresión de que el Reino de Dios debe estar lejos todavía, pues "gratis" parece ser una palabra que sólo tiene existencia en los diccionarios de la lengua.
sigue:
Descansemos y observemos a nuestro Señor hacer grandes milagros con nuestra vida y a través de nuestra vida. Por su palabra fue hecho todo lo que se ve, de lo que no se veía. el profeta conocía el poder de esas palabras: " aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Carlos, gracias por tus invervenciones... pero estoy convencido de que el "milagro" de Jesús se dirige en primer lugar al hambre material y social... y solo después al hambre espiritual. Para Jesús, lo espiritual es que los hombres coman en fraternidad (y vivan curados).
Jesús estaba con sus discípulos y una gran multitud en un lugar desierto (Lucas 9: 10-17). Debieron enfrentarse a la necesidad porque hacía días que la gente no comía. Allí no había dónde comprar, nada que recoger para comer. Un muchachito que andaba entre la gente trajo a Jesús cinco panes y dos peces. Fue necesario reposar, recostarse, descansar para ser testigos de un milagro. Cinco mil personas, sin contar mujeres y los niños, comieron aquel día. Y sobraron dos cestas de pedazos. Si aquella ocasión no se hubiera puesto en las manos del señor, de haberla consumido, habría alcanzado para una sola persona, una sola vez. Si la hubiera retenido en la bolsa, se habría echado a perder sin aprovecharse. Pero no sucedió lo uno ni lo otro. En las manos de Jesús fue quebrado, bendecido y partido. Cuando estamos en el desierto, descubrimos lo poco que tenemos para ofrecer a Jesús. No debemos desanimarnos.
El milagro de la multiplicación de los panes tiene el propósito de ilustrar una necesidad espiritual, la cual consiste en que así como el pan material produce la vida física, el pan espiritual, el cual es Cristo, produce la vida espiritual. En el Evangelio de Juan, Cristo se presenta como El Pan De Vida, para dar a entender que solamente por la absoluta fe en Él, el hombre puede tener la esperanza de la vida eterna.
Sin embargo, no debemos pasar por alto que Jesús proveyó también el pan material para enseñarnos que Él no solamente se preocupa por nuestras necesidades espirituales, sino también por nuestras necesidades materiales.
Dios es refrescante.Dios es hospitalidad.La multiplicacion de los peces es la multiplicacion de los dones de Dios.Hoy disfrutamos de muchos dones de Dios.Como la democracia y los derechos humanos.Los dones de tener un trabajo,mujer e hijos,amigos,unas vacaciones.DIOS QUIERE QUE TENGAMOS VIDA y vida en abundancia.Despues del concilio esta descartado que la espiritualidad pase por la negacion del yo.El don de tener una vida de sensaciones.Pero el mayor don es la trascendencia.EL MILAGRO DE LA VIDA ES EL MILAGRO DEL HOMBRE.
Cristo, que es el Pan de Vida, es bendecido por el Padre, pues por Su Sacrifico nos hace partícipes de Su Cuerpo, de Su Esencia espiritual, de Su Amor hacia el mundo. Este es el único pan que sacia, "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Juan 6.35) al igual que le dijo a la Samaritana en Juan 4.14.
1ª de Samuel 21.3-4: "Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas. El sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común a la mano, solamente tengo pan sagrado". Esta es la actitud que Dios quiere de nosotros, que nos consideremos que estamos en el estado espiritual , que necesitamos de su ayuda, pues así podremos recibir el Galardón de la Salvación y comeremos del Pan de Vida por los siglos de los siglos.
Jesús da de comer a cinco mil hombres adultos, cifra que alude a 1Re 18,4.13 y 2Re 2,7.16, donde los grupos proféticos se forman de "cincuenta hombres adultos"; cincuenta y sus múltiplos es el número de la nueva comunidad profética, regida por el Espíritu (Nm 11,29);
Jesús bendice cinco panes y dos peces. "Cinco" es el número de los libros de la ley o Pentateuco; "dos" podría apuntar a los restantes libros del Antiguo Testamento, reunidos en dos bloques: nebi'im y ketubim, Profetas y Escritos. En todo caso, cinco más dos (= siete) indica la totalidad del alimento.
Sobran doce cestas, siendo doce el número de las doce tribus de Israel: una cesta por cada tribu del nuevo pueblo.
Estos números cambian en el segundo reparto de panes (Mc 8,1-8) que refiere Marcos, donde los destinatarios de esta nueva enseñanza ya no son judíos, sino gentiles, pues este reparto tiene lugar fuera del país judío (7,24: comarca de Tiro; 7,31: Sidón y la Decápolis)
Jesús es el nuevo pastor que da de comer al nuevo pueblo, como Dios lo había hecho, por medio de Moisés, en el camino del Éxodo, enviando el maná (Ex 16, base sobre la que se asentará el discurso de Jesús sobre el pan de vida en el evangelio de Juan en 6,22); o por medio de Eliseo en el libro segundo de los Reyes (4,42-44), que dio de comer a cien personas con veinte panes, renovando el milagro del desierto. Jesús, sin embargo, sobrepasa a este último, pues da de comer a cinco mil (Mateo añade "sin contar mujeres y niños", cf. Mt 14,21) a partir de cinco panes y dos peces. No se trata de un profeta cualquiera, sino del profeta por excelencia. La frase con la que termina el relato "comieron todos hasta saciarse" reproduce la expresión del Salmo 77,29
Como no hay trabajo o el trabajo que hay no da para comer, vivimos hoy, como ayer y como siempre, el deprimente fenómeno de la mendicidad: quieren unas monedas los que en cada esquina limpian los cristales del auto, los “tragafuego”, los faquires improvisados que se acuestan sobre vidrios, los vendedores del metro, los que acaban de salir del reclusorio y prefieren pedir que robar, los que nos presentan a un niño siempre enfermo y una receta que urge surtir, los que tienen a una mamá muerta y necesitan enterrarla, los que acaban de ser robados y requieren unas monedas para regresar a su casa que siempre queda lejísimos. Todos nos piden y nosotros hemos aprendido a desconfiar de todos. Si damos, lo hacemos tan sólo para que ya no nos molesten, lo menos que podemos dar. Y no es que no tengamos un corazón capaz de compasión, es que ya no creemos en la veracidad de la gente. Y, ciertamente, hay gente que tiene una verdadera hambre, pero no sabemos reconocerla.
Dice X. Pikaza:"este banquete, que ha de comenzar a campo abierto, en un lugar donde todos puedan vincularse, suscita un conflicto con la sociedad establecida de aquellos que quieren asegurar sus panes materiales y espirituales, sociales y religiosos." Viendo en las noticias de ayer la preocupción de R0uco Varela por las medidas "laicisras" del Gobierno que amenazan los priviegios del sector católico en España, me pregunto si les es dado a esos señores la comprensión del Evangelio, o bien si el Espítiu les ofusca deliberdamante el entendimiento. Todos hemos tenido noticias de la "batalla" que se ha traído su eminencia contra la parroquia de S. Carlos Borromeo de Madrid por causa de unas rosquillas.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman