El blog de X. Pikaza

La iglesia, una ciudad junto al río

  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Conté el otro día la parábola de el faro y la ciudad de salvamento, de la que ayer han seguido discutiendo en la era (como en los buenos veranos de pueblo) Eremita y Alberto, Arco Iris y Sofía (y otros que están, que van y vienen). A vosotros, y a otros muchos, que no puedo contar (pues la máquina de contar entradas se ha roto ¡como está el patio!), quiero repetir hoy la parábola de la ciudad junto a un río. Es una ciudad, no sé si es Iglesia o Estado (o ambas cosas); no sé si su emisora es la Santísima P. COPE (no la oigo), ni si tiene un partido llamado P. Pe y otro llamado P. Soe, no sé si hay cardenales y papas, cristianos y moros. Sólo sé que por el río de su vera pasan muertos, simplemente muertos. ¿Quieren seguir leyendo?

Encuadre, introducción

De la ciudad iglesia elevada sobre el monte habla Mateo 5, 14 (y toda la Biblia); de la ciudad casa elevada sobre roca hablaba el evangelio del domingo (Mt 7, 24-29). De ciudades sobre ríos está llena la política y la iglesia, empezando por Roma, donde a tiro de piedra del Vaticano pasa el Tíber... Y tiro de pidra de mi casa en Abadiño pasaba y el Ibaizabal... y por Salamanca, bajo el muro de la Catedral baja el Tormes con sus lazarillos. Pues bien, nuestra parábola habla de una ciudad viva (¿vida?) y de un río de muerte. Sigamos.

Parábola

Había en otro tiempo una ciudad edificada a la orilla de un gran río. Un día, unos niños de la ciudad, que estaban jugando al lado de la orilla, descubrieron tres cuerpos flotando en al agua. Corrieron pidiendo ayuda y, rápidamente, vinieron algunas personas de la ciudad y sacaron los cuerpos fuera del río. Uno de los cuerpos estaba muerto y, por consiguiente, lo enterraron. Otro estaba vivo, pero muy enfermo y así lo llevaron a un hospital. El tercero resulto ser un niño con buena salud y así los habitantes de aquella ciudad lo confiaron a una familia que se preocupó por él y que le envió a la escuela.

Desde aquel día, descubrieron que bajaban flotando una y otra vez, algunos cuerpos de heridos muertos por el río; y cada día la buena gente de la ciudad salía a buscarlos, los sacaba de la corriente y los empujaba a la orilla y se ocupaba de ellos – llevando a los enfermos a los hospitales, poniendo a los niños en manos de familiar y enterrando a los muertos –. Así sucedió durante años: cada día llegaba cierto número de cuerpos y los habitantes de la ciudad no sólo los esperaban cada día, sino que se esforzaron por construir unos sistemas más precisos para sacar esos cuerpos del río y traerlos a la orilla.

Muchos habitantes de aquella ciudad llegaron a ser muy generosos en la atención de aquellos cuerpos y hubo incluso algunos, más extraordinarios, que abandonaron sus trabajos con el fin de estar siempre dispuestos para esa labor. Más aún, la misma ciudad llegó a sentir un sano orgullo por su generosidad.

Sin embargo, durante todos esos años, a pesar de su generosidad y de todos sus esfuerzos, nadie pensó en caminar río arriba, más allá de la curva que les impedía ver lo que había en la parte superior de la corriente, para descubrir la razón por la que, diariamente, aquellos cuerpos bajaban flotando por el río Alguno llegó a pensar que eran las mismas fuerzas ocultas de la ciudad las que organizaban las matanzas, río arriba… Parecía que la ciudad no estaba en guerra, que los heridos y muertos no venían de batallas lejanas de otras ciudades… (Ronald Rolheier, The Holy Longing: The Search for a Christian Spirituality, Doubleday, New York 1999, 168; Groody, Globalization, NY 2007).

Preguntas y reflelxiones

1. ¿Dónde está ese río de muertos que pasan delante de los muros de nuestra ciudad?

a. Un área donde los cuerpos flotan regularmente en el río es la frontera de USA con México, en torno al Río Grande. Los cadáveres de los inmigrantes indocumentados pueden hallarse no sólo en el río y sus canales, sino también en las montañas y en desiertos, donde muchos mueren cuando intentan entrar en USA buscando trabajo.
b. Un río de ese tipo es el mar del Estrecho de Gibraltar… donde primero creamos divisiones y luego muros y policías… en el único mundo-ciudad… y después creamos patrullas de salvamento. Me han hablado de admirables patrullas de de guardias civiles y policías que ayudan a los paterados del gran río de junto a Canarias… Uno de aquellos policías me dijo: ¡Esto no lo tenemos que arreglar nosotros, hay otros… ¿Quiénes: el obispo, el gobernador)

2. ¿Qué ciudad es esa?

Puede ser la "buena" ciudad del Estado, que tiene obligación de ayudar a los heridos… Un Estado de Bienestar, que asume los principios de la cultura racional (ilustrado) del servicio al hombre….
¿Será la ciudad de la Iglesia, edificada sobre una roca firme, pero a la orilla de un río de muerte? Será esa la ciudad del Buen Samaritano en el río-camino junto a Jerusalén… Será la ciudad de los que tienen como norma Mt 25, 31-46: “vine flotando casi muerto por el río y me socorristeis?
¿Quién tiene que encargarse de los heridos/muertos del río? ¿El Estado o es la Iglesia? Ciertamente, la caridad, entendida como ayuda directa, comienza cuidando de los cuerpos que bajan flotando por el río. Pero la misma caridad, entendida como justicia, se dirige también, en primer lugar, a la transformación de las estructuras sociales que son las causantes de que los cuerpos bajen flotando por el río.

3. ¿Qué se tiene que hacer para evitar que vengan muertos por el río?

Hay cosas que pasan porque pasan: porque hay riadas y gente que se cae al agua y enfermedades… miserias naturales
Hay cosas que pasan porque las hacemos pasar: ¿quiénes son los responsables de millones de muertos en los ríos? ¿Los políticos? ¿La economía global.
¿Para qué está ese ciego ahí, junto al agua del río? ¿Quién pecó, él o su padre? ¡Está para que le ayudemos! (Jn 9)

4. ¿Qué tendremos que crear para ayudar de verdad a los cuerpos?

¿hospitales y escuelas
un buen ejército para ir río arriba
una policia de frontera
unos paras- hábiles
politicos sagaces
buenos escritores y periodistas
mejores obispos....?

Dede luego, quizá haya que empezar dejando que los niños vean, como supone la parábola.

4. Colofón con Papa

El Papa Benedicto XVI en su primera encíclica, Deus Caritas Est , habla de la “caridad social”, diciendo que la llamada cristiana para la realización de acciones caritativas nace del amor, pero que “el amor necesita también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado” (Deus Caritas Est 20). El Papa indica que la caridad social se dirige hacia la transformación del orden social, aunque, en este proceso, el Estado y la Iglesia tienen funciones diferentes:

La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de conseguir una sociedad que sea lo más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que exige también siempre renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, a la Iglesia le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien (DCE 28).

Según eso, la misión social de la Iglesia se expresa en la línea de la liberación de los oprimidos. La Iglesia busca
a) la conversión de los opresores
b) y la eliminación de las estructuras de opresión.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Lunes, 1 de septiembre

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Agosto 2014
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
        123
    45678910
    11121314151617
    18192021222324
    25262728293031

    Sindicación