Homosexualidad y sacerdocio. En la casa del amor hay muchos caminos
02.05.08 @ 09:13:50. Archivado en Iglesia Instituciones, Justicia, Amor, Papa, obispos
Ayer presenté el caso de un seminarista, violado por un sacerdote, que quiere ser sacerdote. Más de dos mil personas han leído directamente el tema (sin contar los que lo hacen a través de las copias realizadas en otros portales). Sin ser absolutamente central para el evangelio, el tema inquieta e interesa, por lo que tiene de morbo y también de riesgo y ruptura (perversión) del amor. A mí me interesaba, sobre todo, por lo que tiene de posibilidad afectiva y de apertura en el camino de los “ministerios” cristiano, es decir, en la transmisión del evangelio. Varias personas me han llamado, pidiéndome mayor información y les he remitido a mi libro ayer citado Palabras de Amor- Homosexualidad 2, Desclée de Brouwer, Bilbao 2006 (págs. 295-299). Allí lo encontrará quien lo desee, en su contexto más amplio. Pero he pensado que algunos lectores agradecerán su inclusión en este blog, para seguir así pensando en lo que dije ayer. Quiero decir desde aquí que el tema central no es la homosexualidad posible de los clérigos, sino su madurez afectiva y su entrega al servicio del evangelio de Jesús. El tema es el “ministerio”, es decir, el servicio de amor a los demás.
Introducción
El tema del amor homosexual sigue planteando numerosas dificultades en la iglesia católica, tanto en plano personal como social. Éste es un amor que resulta difícil de desarrollarse abiertamente en la Iglesia Católica, no sólo porque ella se opone al matrimonio de los homosexuales, sino porque les niega el acceso a los ministerios. El tema del “matrimonio homosexual” (con o sin ese nombre: ¡uniones de hecho!) parece civilmente decidido, al menos en occidente: la sociedad está dispuesta a reconocer la unión legal de dos homosexuales y la iglesia católica no debe oponerse a ello, sino pedir a Dios que los así casados se amen gratuitamente, con generosidad, poniendo su amor al servicio de los demás, que en eso se centra el evangelio. Más difícil resulta el tema de acceso de los homosexuales a los ministerios de la iglesia y para ello se esgrimen dos razones principales: (1) la homosexualidad va en contra del amor cristiano; (2) los ministros homosexuales corren el riesgo de caer en la pederastia. Éste es un tema que se sigue discutiendo en los círculos jerárquicos de la Iglesia. En este contexto se pueden hacer algunas afirmaciones de principio, para poner de relieve que “en la casa del Padre hay muchas moradas y en la subida al monte del amor muchos caminos”:
Unas tesis
1. Dentro de la iglesia católica, la homosexualidad, tanto masculina como femenina, es un hecho. No empieza siendo buena ni es mala. Simplemente existe: la vida nos ha hecho así (a unos hétero- y a otros homo-sexuales), y así debemos aceptarla, como un elemento de nuestra complejísima y hermosa existencia, un elemento que puede ser muy positivo, si es que nos conduce a más amor (de los homosexuales entre sí y de ellos con el resto de la sociedad humana, en ambas direcciones). Por eso, es necesario que empecemos dando gracias a Dios por los homosexuales cristianos (y no cristianos). Es una buena noticia el hecho de que muchos homosexuales puedan presentarse como tales, es decir, como personas, con sus valores y problemas, que es claro que los tienen, como los otros grupos de hombres y mujeres. Si un cristiano se avergüenza de ellos o los vuelve a meter en el armario, se avergüenza del mismo Dios creador.
2. Dentro del clero (y de la vida religiosa) el porcentaje de homosexuales es más alto que en el resto de la sociedad, quizá por el tipo de vida célibe de sus miembros y también por una forma especial de filantropía y de sensibilidad ante la vida que ellos muestran. No hay porcentajes fiables sobre la iglesia española, pero sí sobre la norteamericana, según el libro de D. B. Cozzens, que ha sido uno de los responsables de la formación de los presbíteros católicos en USA. Dentro de la mejor tradición jerárquica de aquella iglesia, Cozzens considera normal que, en las circunstancias actuales, casi la mitad de los seminaristas y presbíteros católicos de USA sean homosexuales, un porcentaje muy superior a la media de la sociedad americana (entre un 10 y un 15 por ciento). Mientras el clero mantenga su tipo actual de vida, tendrá una media más alta de homosexuales que el resto de la sociedad.
3. La mayor parte de los presbíteros y religiosos homosexuales han llevado y llevan una vida digna, trabajan a favor de los demás con honradez, son buenos pastores de la iglesia, cuidadosos profesionales, al servicio del evangelio, de manera que el mismo amor homosexual les permite asumir la exigencia pastoral de Jesús, como indica Jn 21, 15-24. Estos homosexuales no son buenos pastores a pesar de su homosexualidad, sino en virtud de ella. Es evidente que tienen sus problemas afectivos, lo mismo que los heterosexuales y que, a veces, sus problemas de integración son mayores. Pero también suelen ser mayores sus aportaciones de tipo afectivo, social y espiritual. Por eso, la homosexualidad puede ser una bendición para ellos y para el resto de la sociedad, en línea de amor.
4. Una minoría de ministros homosexuales de la iglesia han realizado prácticas delictivas, seduciendo a menores, sobre todo en lugares donde el contexto social resulta más cerrado o asfixiante, en seminarios, internados y grupos juveniles. Muchos de esos casos podrían resolverse sin acudir a los tribunales, con la ayuda de personas más expertas y/o amigas (médicos, sicólogos etc.). Pero a veces la seducción ha sido más intensa o delictiva, de manera que los responsables pueden y deben acabar en los tribunales. Si así fuere, cuando hay escándalo real, sean culpables o no, los clérigos implicados (presbíteros y obispos, religiosos o religiosas) deberían abandonar su función pública, al menos por un tiempo, por razón de transparencia, pues que la vida clerical no es honor, ni ventaja, sino un servicio.
5. El porcentaje de clérigos culpables de seducción homo- o hetero-sexual resulta “normal” según las estadísticas. Pero, en muchos casos, esa seducción ha podido resultar más perniciosa y grave, porque se ha realizado utilizando el prestigio sacerdotal o religioso de los agresores, de manera que ellos han herido con más fuerza a sus víctimas. En este campo han sido y son muchas las tragedias, lo mismo que en otros ámbitos de patología y/o violencia sexual (violaciones y trata de blancas etc.). Ésta ha sido, y quizá seguirá siendo, una herida sangrante para la vida de la iglesia, pues se supone que su misma opción evangélica debería haber ayudado a los clérigos o aspirantes, haciéndoles hombres y mujeres de gratuidad. Pero la vida ofrece sus dificultades y, en ciertos ambientes de reclusión afectiva, suelen producirse reacciones violentas. Pero esto no supone que se deba condenar al clero en su conjunto, ni a los homosexuales que lo componen.
6. Parece aconsejable que los clérigos homosexuales se muestren como son, pero no a bombo y platillo, pues en algunas circunstancias, dentro de la vida afectiva, la mejor actitud sigue siendo la discreción bondadosa, sin mentiras ni ocultamientos, pero sin alardes propagandísticos, siempre que no tengan que esconderse delitos o injusticias graves. Posiblemente puede haber cierta responsabilidad de los medios de comunicación, cuando publican temas de este tipo. Pero quizá es mayor la responsabilidad de la estructura clerical. Como persona pública en la iglesia, el clérigo tiene que estar dispuesto a que su vida se conozca. Si una institución religiosa, que debería ser ejemplo de gratuidad, se empeña en defenderse a ultranza, protegiendo su poder y su secreto, es digna de ser condenada y de acabar disolviéndose (o de ser abandonada por el conjunto de los fieles), sin más retrasos, para bien del evangelio y, sobre todo, de la sociedad en su conjunto.
Para una reflelxión posterior.
1. Un Juicio problemático de la Congregación para la educación cristiana. Conforme a lo anterior, los ministros de la iglesia pueden ser homo- o heterosexuales (y evidentemente casados o solteros), siempre que sean capaces de amor, comportándose no sólo como personas afectivamente maduras, sino también como amigos, en la línea de Jn 21, 15-17: sólo quien ama a Jesús, es decir, sólo aquel que se ha dejado trasformar por el amor del evangelio, puede servir en amor a los demos. Jesús no busca un determinado tipo de amor, sino amor. En sí mismo, el amor no es homo- ni hétero-sexual, sino entrega gozosa de la vida, de manera que lo que importa en este campo no es la coloración, sino la intensidad del amor. Por eso puede resultar problemático y quizá apresurado (además de ineficaz y quizá injusto) el juicio de la Congregación para la Educación Católica:
2. «Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional» (Congregación para la Educación cristiana: del 4, XI, 2005):
Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy diversos documentos del Magisterio y especialmente el «Catecismo de la Iglesia Católica» han confirmado la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad. El «Catecismo» distingue entre los actos homosexuales y las tendencias homosexuales. Respecto a los «actos» enseña que en la Sagrada Escritura éstos son presentados como pecados graves. La Tradición los ha considerado siempre intrínsecamente inmorales y contrarios a la ley natural. Por tanto, no pueden aprobarse en ningún caso. Por lo que se refiere a las «tendencias» homosexuales profundamente arraigadas, que se encuentran en un cierto número de hombres y mujeres, son también éstas objetivamente desordenadas y con frecuencia constituyen, también para ellos, una prueba. Tales personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza; respecto a ellas se evitará cualquier estigma que indique una injusta discriminación. Ellas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en sus vidas y a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que puedan encontrar. A la luz de tales enseñanzas este Dicasterio, de acuerdo con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cree necesario afirmar con claridad que
la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay Dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres.
De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Si se tratase, en cambio, de tendencias homosexuales que fuesen sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada, ésas deberán ser claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal» (Num 2)
3. Un camino abierto. Éste juicio parece ineficaz e injusto, no sólo porque va en contra de la realidad (¿qué puede hacerse con los miles de presbíteros y obispos homosexuales de la actualidad?), sino porque condena un tipo de tendencia afectiva. La cuestión no es la existencia de presbíteros homosexuales en la iglesia, sino su madurez personal, su capacidad de amor y de servicio evangélico. Lo que importa no es que haya homosexuales en el clero (cosa normal y clara, según las estadísticas), sino que sepan amar y lo hagan de un modo cristiano.
A modo de conclusión, podemos afirmar que, al menos en occidente, parece que está acabando una fase clerical. El celibato de los presbíteros, que en otro tiempo ha tenido una función social, parece haberla perdido, al menos en parte: lo que importa no es que el presbítero sea célibe o casado, homo- o hétero-sexual, sino que sea fiel al amor y a la vida, que sea persona de gozo y evangelio, de hondura personal y de servicio cercano y libre a los demás. En la nueva etapa de la iglesia, el celibato será opcional, para quienes quieran vivirlo como carisma o como resultado de unos caminos peculiares, quedando reservado de un modo especial a las diversas formas de comunidades religiosas, de tipo carismático. Vincular el celibato a un tipo de poder clerical parece contrario al evangelio, por más que se sigan buscando razones de tipo ideológico o espiritualista.
Pero esto no significa cerrar el problema, sino precisamente abrirlo. Es ahora, desde esta nueva perspectiva, desde la que puede y debe plantearse el tema de los ministerios cristianos, partiendo del evangelio, en este momento de la vida cristiana y de la sociedad.
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Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
20. Finalmente, no dudes de mi afecto por ti... y no me hagas dudar del tuyo convirtiéndome en tu enemigo. Mi vida es buena y valiosa y tengo que vivirla tal cual es, incluso a pesar de ti.
Porque de artistas, de Santos y de locos; de todos tenemos un poco.
Por cierto, el "habemos" con el que comienza el punto 6º es un error del autor, no mío, que he olvidado corregir.
Paz y Bien,
Mudejarillo
17. No soy homosexual porque aún no haya encontrado a la 'persona adecuada' del otro sexo. No me atrae ni me interesa tener relaciones sexuales con personas de sexo diferente al mío, así como a ti no te atrae el tenerlas con alguien de tu mismo sexo. Tampoco ando persiguiendo heterosexuales: prefiero relacionarme emotiva y sexualmente con una persona homosexual de mi mismo sexo.
18. No tengas temor de preguntarme lo que sea acerca de mi vida sentimental o sexual, y en general, de mis aspiraciones como persona. Yo estoy deseando que me conozcas mejor y, comunicándonos, te sorprenderás de lo parecidos que somos.
19. No estoy pidiéndote que me entiendas y me toleres, si...
14. Antes de usar términos como 'aberrante', 'desviado', 'anormal' o 'depravado', consulta el diccionario. No hagas gala de tu ignorancia.
15. Nadie es 'culpable' de que yo sea homosexual. Yo no 'me volví' homosexual porque alguien 'me pegara' sus mañas. Si las preferencias sexuales fueran contagiosas, todos seríamos heterosexuales porque ustedes son mayoría. Ni tú ni nadie se volverá homosexual por convivir conmigo.
16. Las historias que has oído o leído acerca de que los homosexuales somos violadores de niños son falsas. Más del 80% de los violadores de menores de edad son heterosexuales ...
12.Muy pocos médicos, psicólogos y psiquiatras están capacitados para entender y valorar la sexualidad humana, ya que sus programas de estudio no la incluyen. No me pidas ponerme en manos de ignorantes. Si quieres entender mi homosexualidad, acude tú con un sexólogo.
13. Hay muchas te...
8. Si alguna vez me has dicho que me amas, demuéstramelo: ya era homosexual cuando me lo dijiste y yo te correspondí con mi cariño. No me entusiasma que me menciones lo mucho que me querrías 'si yo fuera diferente'. No tienes ningún derecho a exigirme ser como tú para que me consideres valioso o digno de tu afecto: eso se llama discriminación y es un delito.
9. No digas necedades como que me preferirías alcohólico, asesino o violador. Si en tu familia deseas asesinos, alcohólicos o violadores, no me consideres pariente tuyo. Yo aspiro a ser una persona productiva y útil, digna de confianza y de respeto. Tus comparaciones me ofenden y me agreden.
10. Si quieres que te respete, tú también tendrás que respetarme. El respeto es la capacidad de considerar el valor de los demás y no tiene importancia cuando no es mutuo.
11. Yo sé que la iglesia católica -y muchas otras que se dicen...
4. El asco, desprecio, horror y desconfianza hacia los homosexuales se llama homofobia. Una fobia es un rechazo irracional y, por lo mismo, una perturbación mental. Ya es tiempo de que sanes de ella.
5. No soy un bicho raro: soy una persona como cualquiera otra. En la medida en que me rechaces, me iré alejando de ti. Si soy tu familiar o amigo, no me conviertas en un extraño.
6. Habemos homosexuales de todos tipos, edades, razas, nacionalidades y clases: nos encontrarás en el gobierno, las fuerzas armadas, la iglesia, las instituciones de enseñanza, las empresas públicas y privadas y en todas las profesiones y actividades. Aunque no lo creas, aproximadamente la quinta parte de la humanidad somos homosexuales.
7. Si todos y todas las homosexuales desapareciéramos del planeta, te sentirías muy mal: desaparecerían muchas de las personas que quieres o admiras y muchos de tus amigos y familiares. Es posible, incluso, que no hub...
Acabo de ver esto y me parece oportuno compartirlo:
DECÁLOGO DEL HOMOSEXUAL
1. Soy homosexual desde siempre y nada puedo hacer para cambiarlo. Quien diga que puede es un mentiroso, un iluso, un ignorante o quizas sus miedos lo hacen pensar que si.
2. No me rechaces por ser como soy. Mi homosexualidad no es un deseo de ofender ni de lastimar: es mi orientación sexual natural y constituye un rasgo fundamental de mi personalidad. Es la manera que tengo de entregar mi afecto y de ejercer mi sexualidad y tengo tanto derecho a mi sexualidad como tú a la tuya.
3. Si a veces he deseado ser heterosexual o he actuado como si lo fuera, no es porque mi homosexualidad me haga infeliz sino porque creí que era la única manera de sobrevivir en medio del prejuicio y del odio generales. Me daña muy gravemente que los demás se sientan con derecho a hacerme objeto de su desprecio, burla y agresiones tan sólo porque soy diferente de ...
Estos medios són un poco "escurridizos " y si a veces no nos entendemos "cara a cara ......yo me acabo de enterar que en "lugar de ALFONSO HE PUESTO FERNANDO (que no aparece en ningún comentario de este post ....tenia la cabeza ,con la pinza puesta .
Un abrazo lleno de colores ,te enviaré algo bonito
Espero que estos dos artículos hagan mucho bien a quienes son aún incapaces de vernos como seres humanos.
¡Cuánto bien le hubieran hecho a mi maestro de novicios! ¡Cuánto sufrimiento y error se hubiera evitado!
Paz y Bien,
Mudejarillo
Pido disculpas por este lío.
Otra cosa, Arco, no creo que Alfonso y Fernando sean la misma persona, aunque ambos tienen en común la intolerancia. A diferencia de Fernando, Alfonso empezó a postear gritando. Fernando es más papista que el Papa mientras que Alfonso es preconciliar, profundamente antisemita, homófobo, ha llegado a insultar incluso a todos los psicólogos (mi novia, por ejemplo) y tiene muy mal concepto del Papa y de la jerarquía eclesiástica.
Claro que es muy bueno que se haya destapado esto. Pero un simple traslado como se ha hecho en Estados Unidos, no es solución al problema. Es volverlo a ver desde el punto de vista del cura, y no desde el lado de las víctimas. El pederasta sigue en activo.
Sí hay curas pederastas fuera de Estados Unidos. Lamentablemente los curas "tocones" que mencionaba Xabier el otro día los hay en todas partes.
No se perdona a nadie que sea un "hijo de put.. con un niño o un adulto ,no se perdona que vivan como reyes ,no se perdona ,que predique la justicia y para ellos tengan otra medida ......SI SE PERDONA ,QUE SEAN PERSONAS "NORMALES " Y TAMPOCO SE PIENSA TANTO SI SE ACUESTAN CON UNO U OTRO " EN LIBERTAD "....LA GENTE SENCILLA SABE QUE TODOS TENEMOS SEXO Y LO VEN CON MAS NORMALIDAD DE LO QUE PENSAMOS .......siempre que "sean " en su vida PERSONAS INEGRAS Y BUENA GENTE ....ESO LO SABEMOS DISTINGUIR MUY BIEN
Gracias de todas formas
siento que tengas ese concepto de mi.
Pero tambien se dice que no hay nadie mas sectario que un liberal.Y tambien se dice que la verdad siempre es dolorosa.
Si en un foro o en un blog de internet hay un troll lo mejor que puede hacer uno es callarse, pues un troll no soporta que se le ignore. Si se discute con él, gana. Si se le insulta, gana. Lo mejor es el silencio.
Si hay un fanático que dice tonterías, la sabiduría popular dice que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.
Por último, Groucho Marx dijo que nunca discuta con un tonto, pues puede que la gente no note la diferencia.
Saludos cordiales
Por tanto, no deben pasarse por alto los casos delictivos. En las demás ocasiones, comprensión y apertura.
SOFIA ,ya te he dicho que total de acuerdo contigo ..y ahora prefiero mejor callar ,aunque sea por una vez ,prefiero no decir la verdad ,es decir ...no decirla ..porque mentir no lo suelo hacer .
un abrazo
De todas formas creo que se deben matizar los criterios. De entrada, aclarar que no es lo mismo “pedofilia” que “pederastia”. Segundo. No confundamos “amor” con “atracción sexual”. Tercero. El “celibato” no esteriliza ni la sexualidad y la afectividad. Cuarto. El “Amor” no tiene sexo. Me arriesgo a ser temerario: ¿El amor mutuo y recíproco entre el Padre, el Hijo y el Espíritu es sexual? “¿?” Por tanto, Dios no puede rechazar la homosexualidad.
Yo centraría el dilema en la “madurez afectiva”. Hay muchos sacerdotes con un grave conflicto en su afectividad. La “sublimación” del amor a “todos/as” por el Reino no suplanta la fuerte tendencia afectiva de las personas. La autosugestión de la “paternidad espiritual” no gratifica ni reemplaza...
Gracias.
Ramón
GAY EN EL OPUS DEI
“Descubrir tu orientación sexual siendo numerario del Opus Dei”
http://opusvalladolid.wordpress.com/2008/04/15/gay-en-el-opus-dei/
Creo que el sacerdocio no debe de desaparecer,porque el SACRIFICIO DE LA NUEVA ALIANZA ES PERPETUO.Ahora bien,si creo que el actual ESTADO LAICAL es claramente degradante y medieval.EL BAUTISMO deberia de otorgar un MINISTERIO DE PREDICACION.No hay que olvidar que JESUS FUE LAICO e incluso se enfrento con los sacerdotes.Pero sobre todo,no olvidar que EL MINISTERIO DE JESUS FUE DE PREDICACION y no de liturgias interminables.Las cuales el aborrecio y fue EXPULSADO DE LA SINAGOGA.
Las chicas y los chicos abusados, violados, irrespetados son los que tienen que ser defendidos. A los pederastas, sean curas o no, que los retiren de esas funciones donde pueden seguir causando daño.
La sociedad civil lo hace con sus pederastas, ¿por qué la religiosa, no?
En este tema como en muchos otros una sana conversión al Evangelio es la mejor garantía para evitar superficialidades y/o ocultamientos de cualquier tendencia.
Yo conozco casos en ambos “bandos”, pero no dejo de reconocer que soy más “comprensivo” con los hetero que con los homo. Me da las sensación —leyendo la Biblia— que el plan de Dios iba por otros caminos.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Xabier Pikaza Ibarrondo
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