Vía de Pascua 13. Las mujeres de la resurrección (Mt 28, 5-10)
24.04.08 @ 08:36:58. Archivado en Jesús, mujer, Amor, Pascua
La tradición evangélica sabe que, en contra de la norma rabínica del tiempo, Jesús andaba acompañado por mujeres. Pues bien, ellas, las amigas de Jesús, han sido las primeras creyentes; su experiencia y testimonio pascual es el principio de la Iglesia. Mientras huyen todos los varones y se rompe el grupo de los doce, ellas se quedan cerca de la cruz de Jesús (Mc 15, 40-41 y par) y participan de su entierro (Mc 15, 47). Lógicamente, vuelven a la tumba para honrar, recordar y embellecer el monumento de su amigo muerto. Desde ese fondo quiero releer el texto de Mateo 28, 5-10, que ha reelaborado el texto paralelo de Mc 16, 1-8,pero diciendo que Jesús se ha aparecido de hecho a las mujeres, abriendo para el mundo un camino de pascua.
Presentación. Las mujeres del sepulcro
El comienzo del texto (Mt 28, 1-4) habla en forma simbólica de la resurrección de Jesús, que nadie ha contemplado, ni siquiera las mujeres. La resurrección pertenece al misterio del Ángel de Dios, que es el mismo Dios que actúa.
Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María para ver el sepulcro.
2 Y he aquí, hubo un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendió del cielo, y al llegar removió la piedra y se sentó sobre ella.
3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura era blanca como la nieve. 4 Los guardias temblaron por miedo de él y quedaron como muertos (Mc 28, 1- 4)
El Angelos Kyriou, es decir, el Ángel del Señor no es un espíritu cualquiera. Es el mismo Malak Yahvé, que la tradición judía ha interpretado siempre como presencia actuante de Dios. Más que un simple angelofanía (o manifestación de un espíritu, mensajero del cielo) tenemos aquí una verdadera teofanía. Quizá mejor, esta es la teofanía o revelación definitiva del Dios cristiano. El joven pascual de Mc 16, 6-7 había transmitido a las mujeres el mensaje completo de la pascua, diciéndoles que fueran a Galilea, para allí encontrar a Jesús resucitado, en compañía de los discípulos y Pedro. El Ángel del Señor de Mt 28 repite y amplia aquella palabra, pidiendo a las mujeres que se vuelven mensajeras de la buena nueva de la pascua:
No temáis, sé que buscáis a Jesús el crucificado.
No está aquí, pues ha resucitado, como dijo.
Venid, mirad el lugar donde yacía.
Pero yéndoos de prisa decid a sus discípulos que
ha resucitado de entre los muertos y os precede a Galilea.
Allí le veréis (28, 5-7).
Este es el anuncio del Ángel poderoso de Dios, esta la palabra decisiva que han oído junto a la tumba las mujeres. No han visto a Jesús, pero ellas han escuchado el mensaje de Dios que les lleva a descubrir al resucitado. La pascua es misterio personal de encuentro con Jesús que no puede describirse con palabras. Nadie puede vivir esa experiencia en lugar de otro, ni entender el misterio desde fuera. Por eso, en el primer momento, conforme a la visión de estas mujeres, la iglesia se limita a situarnos en aquel camino que conduce a Galilea: hacia el encuentro con Jesús, en unidad con los discípulos.
Experiencia de Cristo.
Conforme a la escena anterior (y a todo el testimonio de Mc), parece que al principio la tradición evangélica había renunciado a presentar apariciones de Jesús. Pero en un momento dado, quizá por imperativos de la misma narración del misterio, los evangelistas quisieron fijar por escrito los recuerdos de las apariciones de Jesús en el principio de la iglesia. Pues bien, en esa línea, el evangelio de Mateo ha sentido la necesidad de poner en el principio de todas la aparición de Jesús a las mujeres. Ellas no han huido en el vacío, como podía suponerse a partir de Mc 16, 8. Ellas no han sido unas simples transmisoras de una voz que se cumple en Pedro y los restantes discípulos. Conforme al texto que ahora sigue, han sido y son las primeras testigos de la pascua:
Ellas, saliendo con rapidez del sepulcro,
con temor y alegría muy grande,
corrieron para dar el anuncio a sus discípulos (de Jesús).
Y he aquí que Jesús salió a su encuentro diciendo:
¡Alegraos!
Ellas, acercándose, tomaron sus pies y le adoraron.
Entonces Jesús les dijo :
No temáis; id y anunciad a mis discípulos
que vayan a Galilea: allí me verán (28, 8-10).
Las mujeres se hallaban de algún modo preparadas para el encuentro de la pascua. Han escuchado al Ángel y le han creído. Han dejado que el anuncio de pascua les transforme. Por eso, envueltas en gran miedo, pero recreadas por una alegría aún mayor, van a decir a los discípulos aquello que han visto y oído. Saben mucho, conocen casi todo: son las mensajeras de la pascua. Tienen mucho, pero les falta algo esencial: encontrarse con Jesús. Pues bien, ellas están preparadas y Jesús viene a buscarlas.
Esta es la palabra: Jesús sale a su encuentro (hypêntêsen autais). Han dejado el sepulcro, no se cierran a llorar sobre la tumba. Descubren así que el cristianismo no es piedad de cementerio, no es culto ofrecido al recuerdo de los muertos. El evangelio es camino de vida y tan sólo allí donde se tiende hacia esa vida puede revelarse el Señor resucitado. Han dejado el sepulcro y procuran cumplir bien su encargo; no se ocupan de ellas mismas, no se cierran en sus propios problemas (de gozo o desaliento); dejan todo y buscan a los viejos amigos de Jesús, para llevarles el mensaje de dicha de su pascua. Precisamente entonces Jesús sale a su encuentro, como alguien que refuerza su camino y les anima en la tarea.
Palabras del Cristo. El saludo de gozo pascual
Las mujeres corrían llenas de miedo y alegría. Estaban desconcertadas ante la novedad del mensaje, como dominadas por eso que suele llamarse el misterio religioso (mysterium tremens et fascinans, aterrador y fascinante). Pues bien, en esa situación, descubren que Jesús sale a su encuentro y les dice palabras que concuerdan con sus necesidades.
La primera es alegraos (khairete). Es el término clave que sirve para anunciar y transmitir el gozo pascual de Dios sobre la tierra. Sobre un mundo que parece condenado a la tristeza de la muerte ha proclamado Jesús su gran mensaje de alegría, como expresión de plenitud escatológica. Este es el primero de los dones de la pascua, que Gal 4, 22 ha interpretado como regalo del Espíritu Santo: Amor, gozo, paz... Todos los misterios de Dios y de los hombres se condensan ahora en la alegría de la pascua: ha resucitado Jesús y se proclama sobre el mundo su esperanza gozosa para todos los que estaban dominados por el miedo de la muerte.
Esta es la palabra del saludo pascual de alegría (khairein) que se traduce inmediatamente en fuente de gracia (kharis); es la palabra de deseo bueno que de ahora en adelante deben dirigirse los cristianos, conforme al uso que encontramos ya en Pablo: Gracia y paz de parte de... (cf Rom 1, 7; 1 Cor 1, 3; Gal 1, 3; Ef 1, 2). Jesús viene a expresarse con palabra de alegría, en gesto de evangelio, diciendo a las mujeres que se alegren, que sepan gozar, que sientan por dentro (en cuerpo y alma) la experiencia transformante de la pascua.
Esto será pascua desde ahora: saludo de alegría, deseo de gozo profundo, experiencia de vida mesiánica. Así había saludo el ángel de la anunciación a la madre de Jesús: Khaire kekharitômenê (alégrate agraciada: Lc 1, 28)... Así salude ahora el mismo Cristo de la pascua: Khairete, alegraos. Ha terminado el luto y la tristeza de la tierra. Ha llegado el tiempo de gozo para los humanos.
Ellas responden echándose a su pies, en gesto de cariño cercano (le agarran, le acarician) y de fuerte reverencia (le adoran). Este es una actitud que encontramos en otros textos paralelos, especialmente en las escenas de la unción (Lc 7, 38: Jn 12, 3) y de la pascua de María Magdalena (cf Jn 20, 27).
Es como si quisieran aferrarse a los pies de Jesús, que no se escape nunca, que no les deje solas. Es como si quisieran llenarse del gozo de presencia resucitada, de la cercanía del cuerpo glorioso y amigo. Ya no necesitan perfume, todo Jesús es perfume. No necesitan nada. Quedarían de esa forma para siempre, en gesto de pascua convertida en eternidad.
Pues bien, Jesús les responde diciendo no temáis (mê phobeisthe). Es como si en el fondo de la misma experiencia de tocar los pies, de aferrarse a la carne pascual hubiera un miedo, un temor a perder al querido. Les ha dicho Jesús que se alegren, ellas se han lanzado a sus pies; Jesús tiene que decirles de nuevo que no teman, que confían en el futuro, en su misión de mujeres, en su tarea de discípulas cristianas.
No hay ningún reproche, no hay ninguna palabra de condena. Todo es gesto de amor austero y fuerte, entre el Jesús pascual y estas mujeres. Conforme a la experiencia del Antiguo Testamento, la manifestación de Dios produce miedo: los que reciben su visión suelen morirse. Pero aquí, la visión de Cristo pascual es principio de gozo y amor. Las mujeres tienen miedo porque han estado demasiado tiempo sin amigo, sin seguridad, sin confianza, traídas y llevadas por la violencia de un mundo donde todo parece dominado por varones. No tienen miedo a morir sino a quedarse sin Jesús, temen perder el evangelio de la paz y alegría que acaban de recibir. Por eso les consuele Jesús, les asegura diciendo que no teman y les confía su misión, la más alta de todas las posibles tareas de la tierra.
Misión de mujeres, misión de Iglesia.
El Ángel del Señor les había hecho mensajeras de la pascua. Jesús ha venido de un modo personal a fortalecerles con su presencia, a ofrecerles su cariño y a confiarles de nuevo su tarea. Alguien pudiera pensar que esta aparición pascual resulta inútil: las mujeres ya estaban cumpliendo lo que tenían que cumplir, lo que el ángel les había mandado. Parece innecesario que venga ahora Jesús y les diga lo mismo. Pues bien, en el fondo de su inutilidad, esta es una de las más hermosas apariciones pascuales. No vale para nada en el sentido externo; vale y sirve par fortalecer a las mujeres, para ofrecerles un excedente de cariño, de presencia misteriosa del Jesús amigo.
Las mujeres reciben el refuerzo del Jesús pascual y se convierten ya del todo en apóstoles fundantes, transmisores de la resurrección ante los Doce y ante el resto de la iglesia. Para reunir a sus antiguos amigos y llevarles a la pascua, ha querido visitar y fortalecer Jesús a estas mujeres en el camino que va de la tumba vacia al surgimiento de la iglesia: ellas serán ministros de su acción liberadora sobre el mundo.
Ciertamente, la iglesia posterior ha destacado la función de los varones: sólo ellos anuncian de manera oficial la palabra y presiden la celebración. Pero en el principio las cosas fueron diferentes: el mensaje fundante de la iglesia, el primer apostolado de la pascua vino a realizarse a través de estas mujeres. Ellas siguen siendo testigos de Jesús para todos los restantes fieles de la iglesia. Ellas nos siguen llamando todavía: dicen que vayamos al encuentro de Jesús, en Galilea. Nosotros, cristianos del siglo XXI, estamos apoyados en su experiencia y palabra apostólica.
En estas mujeres se compendia el mensaje y vida de la iglesia. Ellas siguen ofreciendo el testimonio de su encuentro con Jesús a quien adoran, echándose a sus pies, en gesto de profundo cariño, de inmensa reverencia. Buscaban un cadáver en la tumba, pero han encontrado al amigo, al fundamento de su vida. Así le veneran, reverentes, en gesto de misterio religioso: han sido las primeras que descubren la presencia de Dios en Jesucristo. Sin necesidad de una teoría cristológica dogmática, ellas realizan el gesto que después asumirá la iglesia, cuando adore a Jesús como divino (Hijo de Dios resucitado).
Pero más que simples adoradoras (como religiosas posteriores de silencio y clausura), ellas son portadoras de la palabra, mensajeras de la pascua. Antes que reciban palabra los apóstoles varones la tienen ellas. Antes que pueden proclamar el anuncio salvador los misioneros y obispos posteriores de la iglesia lo han predicado ellas, no sólo María Magdalena sino todas las mujeres de la pascua.
La pascua se hace, según esto, adoración y palabra, misterio reverente que se venera en silencio (a los pies de Jesús) y mensaje que se debe extender. Por eso, ellas tienen que andar, dejar los lugares conocidos, recorrer los países, por todos los caminos.... Tienen que andar, como mensajeras de una palabra que se les ha confiado y les desborda. No les deja Jesús en la clausura cerrada de una casa, tras las rejas de un adoratorio eterno. Las manda al camino de la vida, para anunciar su pascua a los discípulos.
Ellas saben adorar, pero su pascua se convierte sobre todo en palabra de anuncio: decid a mis discípulos... No Han recibido y deben cumplir un encargo pastoral en el sentido más estricto de la palabra: tienen que apacentar y guiar a los mismos discípulos varones, conforme a un modelo que después sólo han cumplido en general los ministros ordenados de la iglesia.Volver al principio de la pascua significa descubrir la función de estas mujeres y realizarla de nuevo, en formas renovadas. Ellas, las antiguas y las nuevas mujeres de la pascua, son conforme a este pasaje de Mt 28, 8-12 las primeras testigos de Jesús a quien adoran, cuya palabra extienden en el centro de la iglesia.
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Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Y por supuesto para nada voy contra aquellas personas que como yo luchan para que la igualdad no tenga sexo, ya sean varones o féminas...
Por desgracias dentro de mi género hay más primates colaboradores de lo deseable...
Pero en relación a la historia nadie puede negarme, que hemos sido aniquiladas, y otra cosa y aún más grave es que subsistimos porque engendramos y parimos, de no ser así hace miles de años que hubiésemos sido exterminadas y por supuesto no históricamente que ya fuimos y somos, sino realmente es decir físicamente, nuestra espécimen como fémina estaría hoy como los dinosaurios “algo para ver en museos”
Carmen
Un abrazo
Si creemos, está claro que otra mujer y despúes otras dos (para dar refuerzo siempre son necesarios tres testimonios)fueron quienes buscarón al Resucitado, en fin se encontrarón con la Resurrección...
Da igual, la mujer nunca tendrá razón porque eso es reconocer que dejarán privilegios adquiridos por la fuerza de la sinrazón, es decir por la fuerza primate
Carmen
En cambio qué hermoso encontrar escritos como el de hoy que nos llenan de una renovada esperanza y nos permiten enfrentar todo lo que este siglo XXI nos depara sin miedo, con amor austero y fuerte, con seguridad, confianza, sin violencia.
Gracias por transmitirnos este mensaje de alegría y gozo que nos hace sentir amigos de Dios y de todos los que nos rodean
A lo largo d la Historia ,se han ido adquiriendo "derechos tanto para hombres como mujeres " el avance en el PAPAL DE LA MUJER ,va lento ,pero vá ....resuta que en la IGLESIA, HA ODURRIDO AL REVES....se han ido poniendo ELLOS LAS FALDAS y a las mujeres "poco más que en "cueros " .....en fín ,,,,,,,MISTERIO DE LA VIDA
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Xabier Pikaza Ibarrondo
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