Viernes Santo (21 03 08). Un grito en la cruz y unas mujeres a sus pies
21.03.08 @ 11:00:30. Archivado en Jesús, mujer, Nuevo Testamento, Pascua
El Nuevo Testamento ha destacado el sufrimiento y pasión de Jesús (cf. Heb 5, 7; Mc 14, 34; 15, 34-37; Lc 12, 50) y recoge, de un modo especial, su llamada de muerte en la cruz: “Y dando un gran grito expiro” (Mc 15, 37). Pues bien, la tradición cristiana ha interpretado esa voz con las palabras del salmo 22, 1 (Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?: Eloi, Eloi. Lema Sabaktani: Mc 15, 34), pero ha citado es ese mismo contexto la opinión de aquellos que dicen que llamaba a Elías (Mc 15, 35-36). De ese grito quiero hablar este día, grito de muerte de miles y millones de personas que siguen sufriendo con Jesús, personas a las que hoy recordados estremecidos, sin aliento. Ese es el grito que han escuchado las mujeres fieles, las únicas que han seguido a Jesús hasta la muerte. Ellas, las mujeres del Viernes Santo, son las fundadoras de la Iglesia de Jesús (Imagen: E. Munch, El Grito).
1. Un grito en la cruz.
Muchos exegetas han interpretado ese grito como invento de la iglesia (los crucificados mueren por asfixia y son incapaces de gritar). Otros lo han entendido como un signo apocalíptico del fin del mundo (como aparece en el Apocalipsis, libro de las últimas voces: Ap 4, 1; 5, 2; 8, 13 etc; cf. también Mc 1, 11). Pues bien, pensamos que ese grito constituye un recuerdo histórico. Precisamente porque los crucificados no suelen gritar, la tradición cristiana ha conservado el recuerdo de ese grito, a pesar de los problemas que podía plantear a los creyentes. Desde ese fondo se entienden los otros signos que los evangelios han vinculado a la muerte de Jesús.
La tradición recuerda que Jesús no ha muerto como un desesperado, pues en ese caso no podría haberse mantenido su recuerdo salvador. Pero sabe también que, en otro aspecto, su muerte en cruz ha sido un fracaso, aunque ella sepa que, mirando las cosas desde una perspectiva más alta, ese fracaso ha sido culminación de su vida, un momento del Reino que llega. Un Jesús externamente victorioso debería haberse colocado en la línea de los vencedores del sistema, es decir, de los reyes y los sumos sacerdotes, de los ricos y fuertes, los prepotentes. Un Jesús triunfador no podría seguir siendo Mesías de los pobres, expulsados y asesinados, por quienes y con quienes ha proclamado e iniciado un camino de Reino.
Sólo quien sabe perder puede amar de verdad a los demás y acompañarles. Los que quieren ganar siempre y tener siempre razón, acaban siendo dictadores, al servicio del sistema. Desde ese fondo queremos evocar la voz final de Jesús (“dando un fuerte grito, expiró”: Mc 15, 37), que requiere una aclaración, como sabe Marcos que ofrece dos interpretaciones diferentes.
1. Algunos pensaron que Jesús llamaba a Elías, para que viniera y le ayudara (15, 35). Esta opinión se sitúa en la línea del mensaje del propio Jesús, que se había presentado en forma de profeta-como-Elías y responde a la esperanza de aquellos que pensaban que el mismo Elías le sostenía y protegía (cf. Mc 6, 15 y 8, 28). Entendido así, este grito podría ser signo de fracaso: Desde su patíbulo de muerte, Jesús llamó al profeta de los milagros y de la justicia salvadora, pero Elías, el mensajero de Dios (cf. Mal 4, 5), no vino a liberarle. Pues bien, este grito puede interpretarse también en un sentido positivo: Jesús llama a Elías y Elías vendrá, de una forma u otra, avalando la misión profética de Jesús, en la línea que había iniciado Juan Bautista.
2. La iglesia ha escuchado en ese grito unas palabras dolientes del salterio («¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?»: Mc 15, 34; cf. Sal 22, 2), reinterpretadas como llamada al Dios Padre, pues el testigo y protector de Jesús en su agonía no ha sido Elías, sino el mismo Dios, que le había ungido, diciéndole: ¡Tú eres mi Hijo querido, en ti me he complacido! (Mc 1, 11). Ese Dios del Reino parece abandonarle ahora. Por eso, Jesús le invoca, dolido, con la voz del Sal 22, 2: «¡Dios mío, Dios mío!...». No le abandona Elías, sino el mismo Dios Padre. Por eso, Jesús le llama, elevando su última palabra, haciendo suyo el grito de los condenados que acuden a Dios desde el mismo borde de su muerte.
–- Mc 15, 34- 37 supone que Jesús murió dando un grito (una voz: fônê), que puede ser un signo apocalíptico, una voz de del fin de los tiempos… o el recuerdo de un grito histórico, de una llamada última de Jesús, desde el Calvario. Ciertamente, en ese contexto se suele recordar que los crucificados no gritan (mueren de asfixia). Pero no es imposible que ellos se esfuercen por decir su última palabra y Jesús debió decirla. Desde ese fondo se entienden las observaciones siguientes. (1) La tradición ha mantenido el recuerdo del grito, que fonéticamente habría contenido un sonido parecido a “eli”, que podía interpretarse en relación con Dios o con Elías. No se puede demostrar que llamaba a Elías, pero esa llamada tiene un sentido dentro de la tradición. Tampoco es fácil demostrar que llamaba a Dios, pero ella se sitúa también dentro de toda la historia de Jesús y de la tradición israelita. (2) Desde la perspectiva cristiana, lo más normal es pensar que Jesús llamaba a Dios, pero algunos pensaron que llamaba a Elías. Ellos habrían confundido la palabra “Eli” (Dios mío) con un tipo de Eli-yah (mi Dios es Yahvé) o con un Eliya-ta (Elías ven). Desde el punto de vista puramente filológico es difícil resolver la cuestión y, además, la venida de Elías y la de Dios se encuentran vinculadas. (3) El tema nos sitúa quizá ante una controversia entre seguidores y no seguidores de Jesús. Los cristianos tenderían a pensar que Jesús llamó a Dios, mientras que los no cristianos pensarían que llamó a Elías (que no vino a ayudarle).
El evangelio de Marcos recoge la interpretación de los que pensaron que murió llamando a Elías, pero sin rechazarla expresamente. Algunos exegetas piensan que Marcos quería oponerse a la opinión de los que afirmaban que Jesús murió llamando a Elías, aunque esa figura le había acompañado desde el comienzo de su ministerio (desde su contacto con Juan Bautista; cf. también Mc 9, 4).
En esa línea, la referencia a Elías está llena de sentido: humanamente hablando, resulta lógico que Jesús llamara al profeta de los milagros, al testigo de Dios, en cuyo nombre había salido a proclamar la llegada del Reino. Pero, como hemos vito ya (en cap. 1), Elías esta también profeta de la venganza y del fuego del cielo (cf. 1 Rey 18, 38; 2 Rey 1, 10), de manera que podría creerse que, en el momento final, Jesús le habría invocado para que realizara el juicio de Dios sobre sus enemigos. (4) El evangelio ha interpretado el grito de Jesús como invocación a Dios, con las palabras del salmo 22, 1: “Díos mío, Dios mío….”. Así lo suponen aquellos que, según Marcos, están ante la cruz.
Los sacerdotes han acusado a Jesús diciendo que Dios le ha rechazado (cf. Mc 15, 29-32; más expresamente en Mt 27, 39-43). Jesús responde llamándole: “Dios mío, Díos mío: ¿por qué me has abandonado?”. Así lo han entendido los cristianos, interpretando esas palabras desde una perspectiva teológica, iluminando así la muerte de Jesús desde el Salmo 22, donde el orante israelita llama a Dios desde su abandono. Sea como fuere, Marcos no ha espiritualizado la muerte de Jesús, sino que ha dado testimonio de su dureza, añadiendo, sin embargo, que se mantuvo firme en la prueba, sin morir desesperado.
En este contexto debemos recordar los personajes de fondo de la historia de Jesús: Moisés, Elías, David… Parece que Jesús ha muerto como un David fracasado. Como a rey falso le han condenado, poniendo como razón de la condena este letrero: ¡Rey de los Judíos! Como rey derrotado y falso perece Jesús fuera de su ciudad (cf. Mc 15, 26 par). También muere como falso Moisés, pues ha sido condenado por los sacerdotes, custodios de la Ley mosaica. Muere, finalmente como falso Elías, como parecen suponer los que dicen: ¡está llamando a Elías!
Estos datos nos sitúan ante la necesidad de interpretar la muerte de Jesús. El evangelio no ha querido responder de una manera teórica, no ha escrito un libro de “tesis” sobre Jesús, ni ha propuesto un conjunto de dogmas, sino que ha contado una historia, para que los lectores se decidan.
(1) Unos pueden pensar que Jesús ha fracasado. Empezó poniéndose en camino como Elías, para ser verdadero Rey-Mesías, en la línea de David. Pero no ha logrado su intento: Le han condenado como a rey falso. Ha llamado a Elías desde la cruz, pero Elías, profeta del fuego y la venganza, no ha venido .
(2) Otros han descubierto precisamente en la cruz la presencia más alta de Dios. En un nivel externo, Dios no responde, de manera que la pregunta de Jesús la siguen gritando millones de torturados y angustiados, sin escuchar una respuesta. Con ellos muere Jesús. Eleva su grito y Dios calla. Llama y nadie la responde. Pero los cristianos confiesan que Dios le ha respondido en un nivel de Pascua. Dios ama a Jesús, le sostiene en la Cruz y le asiste, haciéndole capaz de entregar hasta el final la propia vida, sin deseo de venganza. Por eso, hay que seguir leyendo el siguiente capitulo del evangelio: Mc 16, 1-8 .
2. Unas mujeres ante la cruz.
En el contexto de la muerte de Jesús, como culmen de la pasión y comienzo de la confesión pascual, ha introducido Marcos el dato de las mujeres. Ellas forman el eslabón más firme de la unión entre Jesús y la Historia de los primeros cristianos (de los que trataremos en el próximo libro). En éste libro apenas las hemos citado (aunque todo lo que hemos dicho de los discípulos de Jesús se refiere a varones y/o mujeres). Pues bien, aquí las encontramos de un modo sorprendente, como lazo de unión entre la muerte y la pascua de Jesús, entre la tumba y el sepulcro abierto, no sólo en el evangelio de Marcos (y de Mateo y Lucas), sino en el de Juan. La presencia de estas mujeres en la muerte de Jesús y en el comienzo de la Iglesia tiene que vincularse al abandono de los discípulos varones “oficiales” (tema del que hemos hablado en el cap. 21: Última Cena) y al nacimiento de la comunidad. Ellas forman un elemento clave de la historia de Jesús :
1. Presencia ante la Cruz: «Había unas mujeres mirando de lejos, entres las cuales estaban María Magdalena y María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé. Las cuales le habían seguido cuando estaba en Galilea y le habían servido, con otras muchas, que habían subido también con él a Jerusalén» (Mc 15, 40-41). Éstas son las verdaderas discípulas de Jesús, las que van a servir como enlace entre su vida y el surgimiento de la iglesia pascual. El evangelio de Juan introduce el mismo dato tradicional: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María esposa de Cleofas y María Magdalena” (Jn 19, 25). Creo que el dato es histórico. Mientras los hombres le abandonan, hay unas mujeres que siguen a Jesús hasta la cruz. Ellas son el signo y principio de la Iglesia cristiana.
2. Fue sepultado, mujeres ante la tumba: «Y María Magdalena y María la de José miraban donde le enterraban» (15, 47). Según Marcos, el entierro lo dirige un hombre rico, José de Arimatea. Pero las que de verdad conservan el testimonio de la sepultura, para transmitirlo a la comunidad (ofreciendo el mensaje de la tumba vacía) son estas mujeres. Todo parece indicar que esta “María la de José” es la misma “madre de Santiago el Mejor y de José” del pasaje anterior. Los hombres no han seguido a Jesús hasta el final, no pueden dar testimonio de su muerte y sepultura. La iglesia cristiana nacerá del testimonio de unas mujeres.
3. Ha resucitado, mujeres de la tumba vacía y del menaje pascual. Fueron muy de mañana «María Magdalena, y María la de Santiago y Salomé» (16, 1). Ellas compraron los perfumes y vinieron para ungir a Jesús, descubriendo la tumba vacía y recibiendo el mensaje del joven de la pascua: «Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo habían colocado. Pero id, decir a sus discípulos y a Pedro que él os precede a Galilea, que allí le veréis, como os dijo» (16, 6-7). También aquí suponemos que María la de Santiago es la misma María de José del texto anterior. Estas mujeres aparecen también en el relato de pascua (Mc 16, 1-8)..
Este final de Marcos, con la presencia de las mujeres ante la cruz (en el entierro y el primer testimonio de la pascua), constituye uno de los temas más ricos y enigmáticos de la literatura cristiana primitiva y reproduce, con todo cuidado, la secuencia de la confesión de fe de Pablo en 1 Cor 15, 3-7: «Cristo murió, fue sepultado, resucitó...». Estas mujeres de la cruz y de la pascua, las que han escuchado el grito de Jesús llamando a Dios y le han buscado en la tumba para verle lleno de vida tras la muerte, son las fundadoras de la iglesia.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/151296
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Un beso.
Un abrazo lleno de energia.
no había visto tu mensaje ni el de Sofia porque estaba escribiendo el mio anterior. Dentro de lo terrible del atentado, tus padres están bien, eso es lo principal, y que no haya habido ningún fallecimiento que lamentar.
No te dejes llevar del desánimo, que necesitarán mucho del soporte que puedas darles en estos días hasta recuperar su ritmo de vida normal.
Y también es un hecho que hoy seguimos siendo las mujeres las que celebramos estos acontecimientos mucho más que los hombres. Ayer, Jueves Santo, en la celebracion de mi parroquia (a las 7.30 de la tarde) el 90% eramos mujeres. Los hombres eran tan pocos que casi no se veían dentro de la iglesia (tuve que esforzarme para contarlos). Se lavaron los pies a 10 mujeres y un hombre. Hicieron ellas casi todas las lecturas y distribuyeron la Eucaristia. Pena que no tengamos más autonomía.
Hoy Viernes Santo había más hombres, pero no creo que llegasen al 20%. A lo mejor en otras parroquias no es así, pero en los sitios donde yo voy siempre encuentro muchisima más presencia de discipulas que de discipulos.
Sólo sé que no se trata sólo de fracasos, desesperaciones o de presencias compasivas. Ahora puedo decir que el mal ha pasado rozando los umbrales de los míos, aunque sólo sea en sus bienes materiales. Y yo, desde aquí, poco puedo hacer, salvo quedar pensativo y apesadumbrado ante los que viven y se alegran de la destrucción. Estoy pasando mala tarde, lo siento.
“Mientras los hombres le abandonan, hay unas mujeres que siguen a Jesús hasta la cruz. (¡¡Como en la actualidad!!). Ellas son el signo y principio de la Iglesia cristiana.” Y yo añadiría: y la continuidad, y la estabilidad, y el fervor, y las animadoras…
No tengo tiempo de hacer de La Saeta ...un paso a paso de nuestra misma VIDA ....o un paralelismo entre la VIDA DE JESUS Y LA NUESTRA ,no solo la "de los olvidados o que parecen olvidados (nos hemos preguntado cómo es su vida interior ? creo que la vida de TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES ,PODEROSOS Y DEBILES ,OLVIDADOS Y RECORDADOS ,CON PODER Y SIN EL ..........todos hemos de AFRONTAR EL CAERNOS Y VOLVERNOS A LEVANTAR .....pero si encontramos ALGUIEN QUE NOS ARRIME UNA ESCALERA PARA LLEVAR LA CRUZ DE LA VIDA Y TAMBIEN PARA PODER SUBIR A NUESTRO MONTE ......JESUS NOS LA DARIA A TODOS SIN DISTINCION NINGUNA .....SABE MUY BIEN LO QUE ES EL VERDADERO AMOR
Si no habiais ESCUCHADO las SIETE PALABRAS .....pues a leerme un poquito que ya os las he dicho yo ....ja...ja....ja
Ese es el mensaje que merece revivirse y resucitarse.
Redimamos la marginación de las mujeres pero no sustituyamos el machismo por el feminismo; machos y féminas han de vivir unidos en el respeto y en el amor cristiano.
Dijo una voz popular ¿quién me presta una escalera para subir al madero ,para quitar los clavos a Jesús el Nazareno?
Oh, la saeta al cantar ,al Cristo de los gitanos siempre con SANGRE EN LAS MANOS SIEMPE POR DESENCLAVAR....
Cantar del pueblo andaluz que todas las primaveras ,anda pidiendo escaleras PARA SUBIR A LA CRUZ
Cantar de la tierra mia que echa flores al Jesús de la Agonia y es la FE DE MIS MAYORES
Oh ,eres tu mi CANTAR no puedo cantar ni quiero a ese JESUS DEL MADER SINO AL QUE ANDUVO EN LA MAR !!!!!!!
porque no hay nada tan desintersado
como el Amor de una madre
aquella mujer que sentimos en nuestros
dedos mientras rezamos el Rosario
amando del todo
a quien del todo nos ama
aquella mujer
que con su gesto de entrega
tan lleno de Amor dijo
Si a Dios
Maria es Auxilio de las madres
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Xabier Pikaza Ibarrondo
autor
Contacto








