Jueves Santo (20 0 08) . 1. La próxima copa en el Reino

Permalink 20.03.08 @ 08:51:17. Archivado en Jesús, Oración, espiritualidad, Utopía, esperanza, Pascua

Este jueves celebra la Iglesia la cena de despedida de Jesús, vinculada a la eucaristía y al amor fraterno. Se trata de una cena enigmática y luminosa, cena de la traición y de la gran invitación de Jesús, que se despide de los suyos prometiéndoles que la próxima copa la beberá con ellos en el Reino de los Cielos. Éstos son los aspectos que voy a desarrollar este Jueves central de la Semana de Jesús, dejando otros en penumbra (sobre todo el de la Eucaristía en sí misma).

1. Cena de ruptura. El movimiento mesiánico fracasa.

Los exegetas han querido y quieren saber si la Última Cena fue o no Cena de Pascua judía. No lo sabemos. Lo que sabemos es que fue cena de despedida de Jesús y de traición de los discípulos.

1. Deseo de los Doce: que sea Pascua. Significativamente, la celebración de la Cena de Pascua es una propuesta de los Doce (cf. Mc 14, 12. 17), que quieren sacrificar el cordero, al modo judío, es decir, formando con Jesús una comunidad limpia, de puros observantes varones (que, según Marcos) no han entendido la novedad mesiánica. Ellos, los Doce (representantes de la esperanza nacional israelita), proponen a Jesús la celebración de la cena pascual y Jesús acepta, pero no para aclamar con ellos la gloria de la identidad ritual, de los judíos puros, sino para mostrarles, en el mismo centro de su comida, que ellos van a rechazarle (cf. Mc 14, 18-21.27-31), mostrando así que la pascua “pura” (de limpios cumplidores nacionales) ha perdido el sentido, dentro de su movimiento de Jesús. Sólo superando ese nivel de pascua (vinculado a la negación de los discípulos) podrá entenderse la afirmación de Jesús, que, a pesar de eso, abriendo un espacio nuevo de esperanzas, les invita al nuevo vino del Reino (cf. Mc 14, 25).

2. El gran contraste: Traición de los discípulos. El evangelio de Marcos quiere mostrar la novedad de Jesús frente a las instituciones anteriores y por eso presenta esta “cena de pascua”, que los discípulos proponen a Jesús, como momento de traición y negaciones, en el que culmina y pierde su sentido el mesianismo oficial y la función intra-judía de aquellos Doce (a quienes Jesús había elegido para “ser-con-él” y proclamar el reino; cf. Mc 3, 13-19). Por eso, la misma cena de afirmación de Jesús (que mantiene y culmina su propuesta de Reino, como veremos en el apartado siguiente) viene a presentarse como reunión de ruptura mesiánica y entrega de sus discípulos. Así lo recuerda de forma dramática el texto de Pablo, el más antiguo de todos los que conservamos sobre el tema: “El Señor Jesús, en la noche en que fue entregado…” (1 Cor 15, 23). Allí donde sus discípulos le entregan y venden, Jesús les regala su vida (eucaristía). En la misma cena de pascua que ellos quieren ofrecerle (o compartir con él en Jerusalén) los Doce en cuanto tales (discípulos varones/oficiales) rechazan a Jesús, se desmarcan de su movimiento.

3. Ruptura del movimiento de Jésús. Los discípulos no han sido un elemento secundario, sino parte esencial de su mensaje y camino. Ellos están vinculados de un modo esencial al proyecto de Jesús y así los hemos ido viendo, a lo largo de este libro (especialmente desde cap. 16). Pues bien, ahora descubrimos que son un “proyecto fracasado”. Jesús les invita al Reino (¡la próxima copa…! Mc 14, 25) y ellos le abandonan. Jesús les entrega su “cuerpo” (Mc 14, 22-24) y ellos le entregan a él para la muerte. En el fondo de estos signos de contraste hay un recuerdo histórico: la unidad de la trama mesiánica de Jesús, vinculada a los Doce, se ha roto precisamente en la reunión de despedida (donde Jesús quería ratificarla). Por eso, su movimiento continuará, pero de otra manera, porque él les seguirá esperando en Galilea (Mc 14, 28; 16, 7-8), para empezar otra vez desde su entrega personal (su muerte) y no en la pascua nacional judía que sus discípulos buscaban (pues ellos mismos le entregan a la muerte, le traicionan). En esa línea, la Iglesia posterior recordará que la historia de Jesús empezó otra vez a partir de unas mujeres, que permanecerán con él ante la Cruz (cf. Mc 14, 40-41 par). Esa entrega/negación de los discípulos, que rechazan a Jesús en la misma Cena que él les ofrece, tiene en los textos del evangelio tanta importancia como la institución eucarística. En sentido redaccional (y teológico e incluso histórico) la Cena de Judas, de Pedro y los Doce culmina en la huída de Getsemaní (Mc 14, 50 par) y en las negaciones finales de Pedo (Mc 14, 66-72 par).

4. Las mujeres. En el contexto anterior ha de entenderse la presencia y/o ausencia de las mujeres. Si aparecen con Jesús en la cruz (el día siguiente), es lógico que hayan estado la víspera a su mesa. Éste es un tema importante para algunos teólogos, porque de la presencia o ausencia histórica de las mujeres en la cena de la institución (de la que hablaremos después) deducen la posibilidad de que ellas puedan ser o no ser “ordenadas”. Para el evangelio, el problema no está en que esas mujeres hayan estado o no en la Cena (¡puede suponerse que sí!), sino en que los varones oficiales (podríamos decir, los “ordenados”, que serían los Doce) han rechazado la pretendida ordenación, negando a Jesús y abandonándole s la muerte, de manera que la nueva historia mesiánica empezará de otra manera, desde las mujeres. Pienso que ella “tuvieron que estar” en la cena, pero no como los Doce, pues en todo el relato esos Doce aparecen como aquellos que van a entregar y negar a Jesús, mientras él les invita a culminar su obra (cf. Mc 14, 17-21. 25-31 par).

Jesús mantuvo hasta el final su proyecto, incluso en contra de los suyos, y los suyos le abandonaron, no por simple miedo (¡cosa que sería muy respetable!), sino porque tenían otros propósitos de reino, en la línea tradicional del mesianismo nacional judío. Parece que cenaron con él, pero tuvieron que “discutir” y enfrentarse y, al final, se fueron (al final de la Cena o en Getsemaní). Ni Jesús, enviado mesiánico, pudo evitar la ruptura. Él les invitó a su Reino, de la manera más honda posible (como veremos en el próximo apartado): Pero ellos tenían otra visión de reino y pudieron pensar que se habían equivocado con Jesús y, por honradez a sí mismos (o por disensión con Jesús) tuvieron que marcharse: Su visión del mesianismo era más importantes que su fidelidad personal a Jesús. Esa fue una de máxima crispación. Los Doce mantuvieron su coherencia (y su distancia mesiánica) hasta el final. Ninguno siguió ya a Jesús en la cruz para morir por él, mientras Jesús les había dicho que estaba viviendo y muriendo por ellos.
Los Doce tenían una buena razón, una clara coartada: ¡Querían ser fieles a lo que para ellos implicaba la Cena de la Pascua Nacional Judía! No eran los únicos. Tenían de su parte a los sacerdotes del templo, se apoyaban en la historia del judaísmo nacional. Pues bien, en este momento Jesús mostró del todo sus cartas mesiánicas y ninguno de los suyos (¡de sus discípulos oficiales!) se arriesgó por él (con él) y le siguió hasta el final. Dejaron el cenáculo, salieron de su grupo, abandonaron el huerto de Getsemaní, el salón de juicios de los sacerdotes y se marcharon. Todos siguieron el camino de Pedro o de Judas. Había llegado el momento de optar y optaron por los sacerdotes del culto oficial de Israel.
Pues bien, en contra de eso, fiel a todo su movimiento, el Jesús del evangelio de Marcos, que, a mi juicio, ha sabido reflejar la trama de los hechos (¡no sus rasgos anecdóticos!) se ha mantenido fiel a su proyecto de Reino, incluso con el riesgo de quedar solo.

2. Cita con Dios y despedida: La próxima copa en el Reino

No fue una comida de paz sagrada, cuando todo está ya resuelto y apaciguado y los invitados de Jesús están comprometidos a entregar la vida por el movimiento, sino todo lo contrario. Fue cena de contrastes entre unos discípulos que seguían aferrados a sus intereses más “sagrados” y un Maestro que les ofrecía su más honda lección de solidaridad (su cuerpo y sangre), en los signos del pan y el vino, empezando por la promesa de “la próxima copa en el Reino”.
Jesús ha sido un profeta de los marginados (a quienes ha ofrecido la bienaventuranza del Reino), pero no ha sido un enemigo de la vida, sino todo lo contrario, un hombre que ha sabido beber y ha bebido, compartiendo con los hambrientos de su pueblo, el vino de la promesa del Reino. Desde ese fondo ha de entenderse su manera de asumir la muerte. Sintiéndose amenazado, la última noche, Jesús quiso convidar a sus amigos y beber con ellos y les dijo: ¡La próxima copa en el Reino!:

En verdad os digo que ya no volveré a beber del fruto de la vid
hasta el día aquel en que lo beba nuevo en el reino de Dios (Mc 14, 25 par).

Este logion o sentencia escatológica, que anuncia su abstinencia de vino hasta que llegue el reino, se sitúa bien en el contexto de una fiesta, que Jesús habría querido celebrar con sus discípulos al final de su camino de ascenso, en Jerusalén, esperando, de manera emocionada, la llegada del Reino. No es una palabra que cuadre en un contexto de pascua tradicional judía, pues no trata del pan sin levadura, de las hierbas amargas o el cordero (que son los elementos normales de esa pascua), sino del vino, que aparece como signo supremo de su vida. En la última etapa del camino, ya en Jerusalén, Jesús condensa su vida y su mensaje en una copa que comparte (quiere compartir) con sus discípulos, ahora que empieza el Reino (a pesar de que ellos quieran abandonarle y/o traicionarle).

Jesús quiso celebrar así, con sus discípulos (¡aquellos que le negarán!), un tipo de fiesta en recuerdo de la entrada en la tierra prometida. Desde ese fondo se entiende su alusión al vino nuevo, que será el vino del Reino, es decir, de la culminación de la vida. El último gesto de Jesús no ha sido llorar (por su posible fracaso), ni rezar oraciones de tipo ritual, ni hacer penitencia, ni simplemente recriminarles su traición, sino tomar con ellos una copa de vino, esperando otro mejor. En este contexto dice que no beberá ya más, con sus amigos, hasta que llegue el Reino. Ésta es una palabra clave de la historia de la Última Cena, un recuerdo antiguo, pues no ha sido elaborado litúrgicamente por la tradición posterior, como las palabras de la Institución de la Eucaristía (¡esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre) .

Es una palabra perfectamente lógica dentro del contexto de la vida de Jesús y de sus ideales de reino, vinculados al pan y al vino (especialmente al vino), dentro de la tensión escatológica de su mensaje y de su movimiento, que culmina precisamente aquí (en lo que suele llamarse el Jueves Santo de Jerusalén). Jesús ha llegado al final de su camino y se encuentra perseguido y con el riesgo de que sus discípulos le abandonen. Por eso les reúne y les ofrece el signo más hondo de su vida, una señal de solidaridad y de esperanza definitiva, una especie de juramento sagrado por el que promete (y en el que se compromete) a beber la próxima copa con ellos en el Reino .

Este compromiso final de Jesús nos permite conocer su conciencia escatológica, expresada en una especie de fiesta del vino, que él ha querido celebrar con sus discípulos en Jerusalén, donde ha subido y donde permanece, esperando la llegada del Reino, mientras sacerdotes y Pilato buscan la forma de matarle. De esta forma ha expresado su decisión final, a favor del Reino, en medio de unos discípulos que, como señala el texto anterior (Mc 14, 3-9, cena de Betania) no acaban de entenderle y como precisa todo el contexto (Mc 14, 12-50) van a traicionarle. Estos son los elementos básicos del texto (Mc 14, 25):

1. Promesa o compromiso de Reino: «En verdad os digo…». He traducido el comienzo del texto de la manera más sencilla: “En verdad os digo...”. Pero su forma original es más sonora y compleja, con una triple negación (ouketi ou mê), que debe interpretarse en forma de voto o compromiso firme (cf. Mc 9, 1.41; 10, 15; 13, 20), un voto por el que Jesús pone al mismo Dios como testigo de lo que sucederá (debe suceder), utilizando para ello una fórmula tradicional, que podría traducirse: “así me haga Dios si no...”. En el momento más solemne de su vida, rodeado por sus discípulos vacilantes, tomando con ellos la última copa, Jesús se compromete a no beber más hasta que llegue el reino.

2. Voto de abstinencia: «No volveré a beber del fruto de la vid…». Este compromiso ha de entenderse como voto de abstinencia escatológica, en línea de los nazareos (que no beben vino: cf. Num 6), de tal manera que, de ahora en adelante, Jesús vendrá a presentarse como un nazir del reino. El vino (con el pan) ha sido un signo importante de su vida y esperanza. Lógicamente, al acercarse el momento decisivo, Jesús proclama que ya no beberá más en este mundo viejo, en este orden de cosas, porque podrán matarle y, sobre todo, porque llega el Reino de Dios. Hemos aludido ya a Jesús (con Juan Bautista) como “nazir”, pero no en línea ascética (de abstinencia), sino de vinculación mesiánica. Jesús pertenece al “nezer” o raíz mesiánica de Jesé, el padre de David. Así le hemos venido presentando como “nazoreo” de Dios (cf. cap. 2 y 5). Pues bien, ahora aparece no sólo como “nazoreo” (pretendiente mesiánico), sino también como nazir/nazireo escatológico (ha hecho al el voto de abstinencia ante el reino). De esa forma ha culminado su camino, ratificando su propuesta. Ha venido a Jerusalén y allí se queda, sin moverse, como signo elevado y final, hasta que llegue el Reino. Así lo proclama de un modo solemne ante sus discípulos/amigos a quienes ofrece una copa que ellos beben (al menos por ahora) a traición, de un modo mentiroso .

3. Vino nuevo del Reino: «Hasta que beba (con vosotros) el vino nuevo del Reino”. Ha puesto su destino al servicio de la viña de Dios, es decir, de la vida en plenitud. Levantando la copa con vino de este mundo, en la fiesta de su despedida (de su entrega), Jesús ha prometido fidelidad a sus “amigos” (a los mismos que van a entregarle), prometiéndoles el vino nuevo (la nueva cosecha) del Reino. Esta promesa y compromiso es la culminación de su camino. A lo largo de su vida, Jesús ha ofrecido su mesa (pan y peces) a los marginados y pobres, a los publicanos y multitudes. Ahora, en el momento final, asumiendo y recreando la mejor tradición israelita, declara y proclama ante de sus amigos (los mismos que van a entregarle) que ha cumplido su camino, ha terminado su tarea: sólo queda la respuesta de Dios, la cena del Reino. Así pasa del vino de esta fiesta de despedida (que el ritual de la institución eucarística interpretará después como sangre de alianza: Mc 14, 23-24) al “vino nuevo” de la promesa de culminación mesiánica: al beber así la última copa, en compañía de sus discípulos, Jesús les está invitando a tomar la “nueva copa” en el Reino .

Recordando esa palabra sobre el vino, la tradición evangélica sabe que Jesús se ha mantenido fiel a su proyecto de Reino, hasta la muerte. Sin esa fidelidad hubiera sido imposible el camino posterior de sus discípulos, el nacimiento de la Iglesia. La mujer del vaso de alabastro había expresado con perfume el sentido de su cuerpo, preparándole para la muerte. Ahora es el mismo Jesús quien lo expresa, ofreciendo a sus discípulos la copa del vino de esta tierra, esperando la fiesta del Reino. Aquella mujer (como las mujeres de Mc 15, 40-41) se mantendrá fiel al proyecto de Jesús, mientras que sus Doce (a quienes ha invitado al Reino) van a abandonarle.

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Gracias Sofi ,la verdad que ultimamente me he vuelto muy desconfiada y no me fio de casi nada ni casi nadie ,no me importa decirlo ,aunque te digo que lo tengo que trabajar porque crea mucha inseguridad .
Veo que Pikaza está más optimista que otras veces ,todos tenemos momentos así ..y otros que miras y oyes etc.....y vés que hay mucha mierda que quitar en este mundo ...pero en este post de del dia del AMOR FRATERNO ....buena gana de ponerse mal....Pikaza no estoy de acuerdo que cuando el amor "se encierra en sí mismo ..pueda llegar a ser fetichismo ........eso és "la esencia del egoismo ,pero tu sabes más o quizá no hablemos de lo mismo ,tu lo enfocas más "religiosamente y yo más laicamente .....ja...ja...
Enlace permanente Comentario por Arco-Iris 22.03.08 @ 22:47
Gracias Quasimodo por tu erudición. Gracias Emérito por tu humor... Con mi ordenados de vacaciones... no me sale la firma normal de bloger... Creo en la presencia real de JESÚS en la vida, en el evangelio, en los demás, en el camino de la IGLESIA, en el mundo entero... y de un modo especial donde se celebra la vida con con pan compartido, con el pan y vino celebrado... Separado el pan y vino de la comunión y de la vida de la iglesia, separado de la misión y el amor a los demás, ritualizado sin más y cerrado en mismo, sólo en sí mismo, puede voverse fetichismo. Recuperar la eucaristía de la vida, eso es la vida cristiana, por encima del jerarquicismo y ritualismo actual... ese es el futuro de la Iglesia. Buendo día a todos
Enlace permanente Comentario por xp 22.03.08 @ 11:59
!que raro firma el Selor Xabier Pikaza Ibarrondo (bloger)
Enlace permanente Comentario por Arco-Iris 22.03.08 @ 00:32
QUASIMODO. Infinitas gracias por tus exhaustivos esclarecimientos teológicos. Pero es que resulta que yo no comprendo ni el latín ni el griego. Meharías un gran favor si me lo reproduces en arameo, que era la lengua que hablaba Jesús y en la que seguramente los textos serán más fieles a sus palabras. De esa forma sí que entenderé tus argumentos, porque es uno de los pocos idiomas que domino.
Así que me he quedado como estaba. A eso se llama razonamiento inútil, o más vulgarmente, quemar cartuchos.
Enlace permanente Comentario por Emérito Agusto 21.03.08 @ 23:11

(texto amputado y con-texto)

(Discúlpenseme las acentuaciones incorrectas, la falta de acentos circunflejos, la inadecuada grafía de espíritus, etc.)


..........
Enlace permanente Comentario por Quasimodo 21.03.08 @ 22:11
La principal prueba bíblica de la presencia real de Cristo en la Eucaristía la tenemos en las mismas palabras de la institución (de la Eucaristía), referidas por cuatro narradores (Mt, Mc, Lc y San Pablo):

a) Palabras pronunciadas por Cristo sobre el pan:

a.1) Mt y Mc: τοΰτό ´εστίν τό σωμά μου ("Hoc est corpus meum").

a.2) Lc y San Pablo: τουτό ´εστίν τό σωμά μου τό `υπέρ `υμών διδόμενον ("Hoc est corpus meum, quod pro vobis datur"). En San Pablo falta el participio διδόμενον .
El sentido de las palabras es el siguiente: Esto que os ofrezco es mi cuerpo, que se entregará por vosotros.

(Discúlpenseme las a...
Enlace permanente Comentario por Quasimodo 21.03.08 @ 22:09
(texto amputado y con-texto)

c) El sentido con que lo interpretan los oyentes de Jesús, y que Él no corrige, como hace en otras ocasiones con las torcidas interpretaciones de su auditorio (Ioh 3, 3ss; 4, 32ss; Mt 16, 6ss).
d) La propia interpretación de los padres.
Enlace permanente Comentario por Quasimodo 21.03.08 @ 22:04

Los adversarios de la presencia real entienden que estas palabras se refieren en sentido figurado a la muerte redentora de Cristo en la Cruz. Sin embargo, en favor de la interpretación literal abogan las siguientes razones:

a) El sentido natural de las palabras. Jesús usa las expresiones realistas: ´αληθής βρώσις (comida verdadera, real); ´αληθής πόσις (bebida verdadera, real); τρώγειν (roer, masticar).
b)La dificultad de dar una interpretación metafórica, porque 'comer la carne' de alguien y 'beber su sangre', si se interpretan en sentido metafórico, significan, según el lenguaje bíblico, 'perseguir sangrientamente' o 'destruir' a una persona (Is 9, 20; 49, 26; ...)
c) El sentido con que lo interpretan los oyentes de Jesús, y que Él no corrige, como hace en otras ocasiones con las torcidas interpretaci...
Enlace permanente Comentario por Quasimodo 21.03.08 @ 22:03
B) Por su clara fundamentación escriturística.

Jesús afirma que el verdadero pan del cielo es su carne, y hace depender la vida eterna de que se gusten o no los manjares de su carne y de su sangre:

Ego sum panis vivus, qui de caelo descendi. Si quis manducaverit ex hoc pane, vivet in aeternum; panis autem, quem ego dabo, caro mea est pro mundi vita ”.
Litigabant ergo Iudaei ad invicem dicentes: “ Quomodo potest hic nobis carnem suam dare ad manducandum? ”.
Dixit ergo eis Iesus: “ Amen, amen dico vobis: Nisi manducaveritis carnem Filii hominis et biberitis eius sanguinem, non habetis vitam in vobismetipsis.
Qui manducat meam carnem et bibit meum sanguinem, habet vitam aeternam; et ego resuscitabo eum in novissimo die.
Caro enim mea verus est cibus, et sanguis meus verus est potus.
Qui manducat meam carnem et bibit meum sanguinem, in me manet, et ego in illo. ”. (Ioh 6, 51-56)
Enlace permanente Comentario por Quasimodo 21.03.08 @ 22:02

¿Por qué la Iglesia ha hecho tanto hincapié en la “presencia real” de Jesús en el pan y en el vino
____________________
A) Porque es uno de los Dogmas de Fe nucleares del Catolicismo.

El Dogma de Fe reza: "En la Eucaristía se hallan verdadera, real y sustancialmente presentes el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo".

El Concilio de Trento hizo la siguiente declaración contra todos los que niegan la presencia real:
"Si quis negaverit, in sanctissimae Eucharistiae sacramento contineri vere, realiter et substantialiter corpus et sanguinem una cum anima et divinitate Domini nostri Iesu Christi ac proinde totum Christum, sed dixerit, tantummodo esse in eo ut in signo vel figura aut virtute, anathema sit"(DZ 883)
Enlace permanente Comentario por Quasimodo 21.03.08 @ 22:00
Un saludo de Viernes Santo a Todos. Lo que he dicho no se puede probrar al detalle sin mucha "exégsis", pero creo que es asíii. Dejamoos la discusión para otro momento. Estoy covencido de que los Doce, de un modo uotro, traicionan a Jesús. De lo contrario hubiera muerto con él, como él. La misma traición se vuelve en Jesús principio de compromiso más hondo.
Eméritico, creo que hubo el comienzo de las Iglesias diversas formas de eucaristía... entre otra una fracción del pan (sin vino), por pobreza... La eucaristía con vino era sólo para días especiales. Pero hoy no trato de eso. Buenas tarde, buen día de Jesús.
Enlace permanente Comentario por x. Pikaza 21.03.08 @ 17:38
En los textos de Lucas se habla de la “fracción del pan”. ¿No es posible que en algunas comunidades se celebrara la “cena-recuerdo” sin “vino”? Luego se eliminaría la “necesidad” litúrgica del pan y del vino.

Concluyo que, como los apóstoles, la Iglesia no ha entendido “nada” del verdadero sentido de la “Cena”.

Perdonad mi rollo. No os quiero hacer la pascua. Felices y Santas fiestas a tod@s.
Enlace permanente Comentario por Emérito Agusto 21.03.08 @ 00:16

¿Por qué la Iglesia ha hecho tanto hincapié en la “presencia real” de Jesús en el pan y en el vino (¡puro rito mágico vinculado a unas “palabras enigmáticas”!) mucho más que en el “lavatorio de los pies”, como hace el evangelio de Juan?
De aquí sí que podría “originarse” no la “dignidad sacerdotal” (los “sacerdotes” eran los “magos” de otras religiones), sino “el ministerio del servicio” que abarcaría a tod@s l@s creyentes. También a las mujeres.
Y por descontado, no creo que Jesús jugara a exclusivismos como hace la Iglesia. Ni con las mujeres ni con el resto de discípulos. Porque los evangelios hablan de “discípulos” que preparan la cena. ¿No estarían implicadas ahí las mujeres?

Según las palabras evangélicas, tú vinculas el reino escatológico principalmente “a la copa de vino”. Es cierto que hay muchos textos bíblicos que lo hacen así; pero cuando algunos profetas hablan del “banquete del reino mesiánico”, no explicitan el vino. En los textos de Luc...
Enlace permanente Comentario por Emérito Agusto 21.03.08 @ 00:14
XABIER. Como siempre, aprecio tus comentarios; tanto más cuanto que no te quedas en pura “exégesis” doctrinal. Los haces vida y vivencias…

Pienso que “el proyecto fracasado” al que abocas a los discípulos se puede aplicar francamente a la Institución Iglesia. Jesús no instituyó (fundó) nada: ni la Iglesia, ni la Eucaristía, ni el Sacerdocio tal como se viene explicando. Todo es obra del laberinto en el que se ha extraviado la Iglesia a lo largo de tantos siglos.

Jesús celebra la “cena de despedida” dentro del marco de la Pascua judía. Sería interesante abrir un diálogo sobre si la muerte de Jesús se produjo “históricamente” en las fiestas pascuales o los evangelistas la colocan en esas fechas por “intereses doctrinales”. Lo mismo que Lucas acopla la “venida del Espíritu” en las fiestas judías de Pentecostés. Creo que la cuestión cambiaría muchos esquemas demasiado tópicos.

¿Por qué la Iglesia ha hecho tanto hincapié en la “presencia real” de Je...
Enlace permanente Comentario por Emérito Agusto 21.03.08 @ 00:13
JMS....de los mejores ELOGIOS que he leido y oido de LA MUJER !!!si señor !!luego viene la vida y vemos que hay HOMBRES para quitarse el sombrero delante de ellos o taparse la cara para no verles ...lo mismo pasa con las MUJERES ....que podemos ser la FLOR Y NATA (como por ejemplo ,yo misma ) o "purito veneno " ,,no me dirás que LA MUJER MALA ,no solo somos malas ...somos malísimas .
Emilita ,ya va siendo hora que nos "EDUQUEN EL LA ALEGRIA " pues parece que el creer el ser bueno y todo eso vá unido a lo oscuro ,triste campanas de muerte etc....
Estos dias estoy pensando más que nunca en los pueblos por donde anduvo Jesús !!!madre mia si volviera y viera el PANORAMA y para más INRRI ...LAS BOCAS TAPADAS DE ESOS PAISES SALVADORES DE TODOS Y TODO
Enlace permanente Comentario por Arco-Iris 20.03.08 @ 22:13
Lo que intento decir, es que quizás debemos recuperar ese inapreciable sentido de fiesta frente a un mundo entristecido por la opacidad de las cosas, insatisfecho y hastiado, cuando no desilusionado o apasionado.
La actitud de Jesús prometiéndonos otra copa (en el Reino), aún cuando sabe que le vamos a entregar, es conmovedora hasta el extremo, y es ahí donde podemos hundir los cimientos del sentido festivo de la Pascua, por encima incluso del dramatismo de los hechos históricos (porque nos apoyamos en “su” promesa, ratificada con una copa).Así podremos ofrecernos unos a otros un testimonio más amable, más alegre, más amistoso y fraterno. También yo deseo a todos ¡FELIZ! y santa Pascua.
Enlace permanente Comentario por Emilita 20.03.08 @ 13:51
La copa del Reino, está indisolublemente unida a una promesa, y por tanto a la esperanza y la fiesta, como dices, Xabier. Me gusta cómo destacas ese sentido festivo del Reino que manifiesta Jesús en la cena, condensándolo en la copa que tiene pendiente con nosotros, aún cuando es innegable su tristeza. Quizás habría que incidir más en este hecho, en medio de una Semana Santa marcada por las emociones fuertes que despierta la Pasión. De hecho siempre me ha llamado la atención, que el pueblo cristiano haya vivido con mucha más intensidad simbólico-litúrgica e incluso vital, la Cuaresma que la Pascua, la “madrugá” del Viernes, que la Vigilia del Domingo. Aunque en realidad no viene a cuento sorprenderse, cuando ni siquiera los discípulos entendían esa conciencia escatológico-festiva de Jesús, inmersos en la vorágine de los hechos.
Enlace permanente Comentario por Emilita 20.03.08 @ 13:48
Creo entender en tu explicación que Jesús, en la última cena, esperaba como muy próxima la implantación del Reino, y emplazaba a los apóstoles para beber juntos la nueva copa. Sin embargo esa misma noche, antes de la llegada de Judas, pide que pase de él ese cáliz. Parece que preveía el sufrimiento inmediato más que la implantación gozosa del Reino. ¿Esperaba Jesús una intervención del Padre? ¿Esperaba ver en su vida terrena la manifestación gozosa del Reino?
Enlace permanente Comentario por Gonzalo Haya 20.03.08 @ 12:51
CRISTO SE ENCARNA EN TODO HOMBRE.
Esa es la REVOLUCION DEL AMOR.Aunque estos no lo sepan.Aunque estos vivan alejados de Cristo:aunque le odien.EL AMOR DE CRISTO CRUCIFICADO POR SUS VERDUGOS FUE INCONDICIONAL.Esa es la REALEZA DEL HOMBRE desde el misterio de la Encarnacion.
QUE DIVINO ES EL HOMBRE,QUE ESTA INVITADO AL BANQUETE DIVINO.¡Hasta Dios! quiso encarnarse en su criatura mas perfecta:EL HOMBRE.
Cristo es la borrachera del Amor.Dejemonos embriagar con el VINO NUEVO de Jesus.
Enlace permanente Comentario por ALFONSO 20.03.08 @ 11:34
Sigue o pasa a primer plano la Gran Paradoja: la infidelidad de los Doce y la fidelidad de las Mujeres! Hay que arañar la pátina de los evangelios para llegar a esta dramática revelación. Es el Gran Misterio de la paternidad y maternidad de Dios. Por más que tratemos de pasar a primer plano la hombría del varón (la flor y nata) lo que vale, lo que nutre la vida (el fruto de la fidelidad) se oculta en la hombría de la mujer.
Enlace permanente Comentario por JMS.- 20.03.08 @ 11:33
Que no traicionemos a nadie nunca .
Celebro el dia DEL AMOR FRATERNO ,muy de acuerdo con Sofia .....mucho mejor si puede ser todo los dias del año
Enlace permanente Comentario por Arco-Iris 20.03.08 @ 11:25
Dos breves cuestiones:
1ºMás allá de la intención de Jesús y del deseo de los doce ¿la cena pascual era siempre en sábado? Lo que está claro es que era jueves y que era una cena de despedida.
2ºNo dudo de la presencia de mujeres en la última cena, tampoco dudo de que estaban presentes con un estatus diferenta al de los doce y, por tanto, no creo que su presencia o ausencia determine la posibilidad del sacerdcocio femenino. Lo que lo determinaría hubiese sido la presencia en un estatus similar a los doce ¿me equivoco?
Feliz y santa pascua
Enlace permanente Comentario por max kolbe 20.03.08 @ 11:02

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