Domingo de Ramos. 16 III 08. La llegada del Rey
15.03.08 @ 12:00:05. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento, Pascua
La liturgia de este domingo tiene dos partes principales. (1) La procesión popular, con la entrada del Señor en la ciudad de Jerusalén realizada conforme a la lectura de Mt 21, 1-11. (2) La solemne eucaristía, centrada en la lectura de la pasión (Mt 26, 14-27, 66). Quiero centrarme hoy en la primera parte destacando algunos elementos históricos y teológicos de la subida de Jesús a la ciudad donde Dios va a manifestarse, donde se deciddirá el sentido de su mensaje, la llegada de su reino.. Mi reflexión será más breve que otros domingos. No es tiempo para largos discursos, es tiempo de contemplación y seguimiento
Lectura
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
-- Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.
Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: "Decid a la hija de Sión: 'Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila'." Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
-- ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: -- ¿Quién es éste?
La gente que venía con él decía: -- Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea (Mt 21, 1-11)
Las señales de su venida.
Jesús entró en Jerusalén de un modo pacífico pero muy provocador, porque proponer la paz que él proponía, desde lo que había hecho en Galilea, era un reto al judaísmo del templo y al sistema de Roma. Subió a pleno día, en el momento y lugar de más concurrencia (en la preparación de Pascua, desde el monte de los olivos) y así llegó a la ciudad, como Mesías o pretendiente davídico, rodeado de peregrinos, para entrar en los atrios del templo, como hijo del hombre (un simple ser humano, en nombre de la misma humanidad), realizando un gesto que simboliza el fin del mismo templo, es decir, del tiempo antiguo, tanto en plano social como religioso.
1. Sube como Mesías de David, portador de una esperanza social para Jerusalén y para el conjunto del judaísmo (cf. Mc 11, 9- 10, con cita de Sal 118, en línea davídica), como rey de un Reino en el que todos son reyes, con otros muchos peregrinos, para celebrar las fiestas de Pascua, como reyes mesiánicos, herederos de las promesas de David. Estrictamente hablando, su gesto se sitúa dentro de las perspectivas (y expectativas) mesiánicas del conjunto de Israel, pero Jesús lo entiende a la luz de su mensaje y de todo su camino anterior. Vino con una pretensión de tipo social, como nazareo, pero no quiso conquistar la ciudad por las armas, como hizo David, en otro tiempo (pues si lo hubiera querido su mensaje tendría que haber siso muy distinto). No quiso (ni pudo) luchar contra los romanos y, por eso, los soldados del César pudieron seguir tranquilos sobre la Torre Antonia, bajo el mando de Pilatos. Pero el mismo Pilatos tuvo miedo y por eso le hizo condenar, poniendo al lado de su cruz un letrero que decía: “Jesús Nazoreo, Rey de los Judíos”. Significativamente, los sacerdotes protestaron por la segunda parte de la sentencia (Rey de los Judíos), pero no por la primera (Jesús Nazoreo; cf. Jn 19, 20-22). Sólo así, renunciando a la conquista militar de la ciudad, pudo ser quien era y actuar como actuaba.
2. Viene en nombre del Señor del Templo, que es Dios, para culminar su tarea mesiánica, en la línea de Salomón (¡hijo de David!), constructor del santuario, para que se expandiera una religión o, mejor dicho, un movimiento universal de solidaridad entre todos los hombres, desde el templo de Jerusalén. No vino a re-formar o re-forzar ciertos detalles o ritos, sustituyendo a unos sacerdotes por otros mejores, como intentaban los separados de Qumrán, pues no quiere hacerse sacerdote, ni intervenir en un culto que no le corresponde, sino mostrar, gráficamente, que la era del templo ha terminado. Con esa intención «comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas» (Mc 11, 15). Estos gestos, vinculados a los “dichos” correspondientes (yo derribaré este templo, construido por los hombres…: cf. Mc 14, 28), son un elemento esencial de su mensaje: sólo superando el culto del viejo santuario de Israel puede llegar la “religión” universal, como revelación de Dios Padre y solidaridad interhumana .
Subir a Jerusalén, esperar la llegada del Reino de Dios
Vino anunciando y esperando (preparando) la llegada del Reino de Dios a pesar de que, humanamente hablando, parecía imposible conseguir lo que quería (ni los sacerdotes judíos, ni los soldados romanos aceptarían su pretensión, en aquel momento y en aquellas circunstancias).
Subió porque le enviaba el Dios de los profetas, en cuyo nombre había preparado e iniciado el Reino entre los pobres y excluidos de Israel, empezando por Galilea, no para ser el único rey, sino para que todos fueran reyes. Subió porque estaba convencido de que Dios le había confiado la tarea de instaurar con su palabra y con su vida el Reino, que ya había comenzado en Galilea y que debía extenderse, desde Jerusalén, pasando de nuevo a través de Galilea (cf. Mc 14, 28 par), a todos los pueblos de la tierra.
No vino para quedarse en Jerusalén, recibiendo allí la corona regia, sino para que Jerusalén cambiara, en la línea del Reino de Dios. Probablemente, en caso de una respuesta positiva, habría vuelto a Galilea, porque su Reino era de todos (no suyo) y él no necesitaba actuar como gobernante superior, a la cabeza de un organigrama de poderes. No podía emplear violencia externa, ni poder político, ni sacralidad sacerdotal para extenderlo, porque el Reino de Dios no se logra con violencia, ni se mantiene por medios de poder o sacralidad sacerdotal. Él lo había sembrado; tendría que dejar después que se expandiera por sí mismo .
El ascenso de Jesús a Jerusalén fue un acto de fe y un camino mesiánico abierto a la sorpresa de Dios y a la respuesta humana (no estaba definido y cerrado de antemano). Jesús no fue porque sabía lo que iba a pasar, sino para que pasara aquello que debía pasar, en un gesto en el que pueden distinguirse tres niveles:
1. Nivel social: entró en la ciudad como pretendiente mesiánico, en la línea de David, pero no para triunfar él, ni para tomar “su”, sino para que reinaran ellos, los antes pobres y excluidos. En Cesarea de Felipe le habían preguntado si era rey y él no había respondido, pero Pedro había tomado la delantera, declarando abiertamente que era el Cristo (Mc 8, 29). Jesús había respondido pidiéndole silencio y añadiendo que no quería “hacerse rey” (tomar el poder), sino hacer reyes a los otros (dar la vida por ellos). En esa línea se mantiene y, abandonando las prevenciones anteriores, entra en Jerusalén de un modo abierto, como Mesías/Rey, en forma pacífica, sin armas, rey de un Reino donde los reyes son todos los antes pobres (cf. Mc 11, 1-10), pues a ellos les ha dicho “es vuestro” (Lc 6, 20).
2. Nivel de entrega y promesa personal. Precisamente cuando parecía que su empresa había fracasado, pues ni los sacerdotes ceden ni los habitantes de Jerusalén le acogen, Jesús reúne a sus discípulos y se despide de ellos compartiendo una copa de vino y prometiendo que la siguiente la beberían en el reino (Mc 14, 25). Esa promesa de Reino se puede entender de forma histórica inmediata (no me matarán, Dios intervendrá y mañana mismo iniciaremos el Reino) o de forma retardada (podrán matarme, pero Dios me hará volver y tomaremos juntos el vino del Reino). En ese contexto se entienden sus palabras de “retorno a Galilea” (Mc 14, 28 par), que pueden tomarse en sentido postpascual (¡le verán resucitado en Galilea!), pero también en sentido histórico: si su movimiento hubiera “triunfado sin su muerte”.
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Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Si se molesta en leer los comentarios que he colocado en este blog de Xabier, verá que yo JAMÁS puse en duda la existencia de Jesús, razón por la cual le agradeceré que no me adjudique eso, ni cualquier otra cosa que no se condice con mi pensamiento.
Por tal motivo le diría que lea sin preconceptos lo que escribo, ya que así podrá advertir que en lo que usted contesta, tampoco existe ninguna referencia a las cuestiones que plantea.
Por otra parte le diré algo más.
Si Jesús hubiese sido TAN CONOCIDO como usted afirma, ¿qué sentido tiene el hecho de que Judas deba señalarlo con el famoso beso “identificador”?
No lo tome a mal pero le daré un consejo.
No prejuzgue, y razone lo que dicen los demás.
Y menos aún acuse gratuitamente de “falsedad” en el pensamiento de otros.
Como mucho, le diría que exprese que tienen un error, están equivocados o cualquier otra fórmula menos ofensiva.
Cordiales saludos
MARANA-THA
...
su argumento es falso.JESUS ERA CONOCIDO.Y dio pruebas mas que suficientes de su divinidad,a sus discipulos y a las multitudes.
Las descabelladas teorias de que Jesus "ni existio" o que fue "uno mas" claramente no se sostiene.
SI JESUS NUNCA HUBIESE EXISTIDO NO SE HUBIESE PRODUCIDO EL CISMA EN ISRAEL.
Cuando una Religion se parte en dos:LA IGLESIA llena de Gracia y de Verdad,NUEVO Y DEFINITIVO ISRAEL,y la otra cara de la moneda,LA RELIGION MUERTA,la Sinagoga,vacia de esperanza.
Feliz domingo de ramos y semana ¿santa?, ya que muchos se "ramificarán" por todo el territorio nacional.
Primera. A propósito de la frase “Jesús no fue porque sabía lo que iba a pasar, sino para que pasara aquello que debía pasar.”. JMS comenta: “Pasa y efectivamente pasa lo que Dios quiere que pase.” La “voluntad de Dios” no creo que fuera la muerte de Jesús. ¿Dios “condenando” a su hijo? Me parece que esta idea se atribuye a san Anselmo y la teología la tiene ya muy superada. Como dice Xabier, “pasó lo que tenía que pasar”. Así, a secas.
Segunda. Respecto a la frase que cita Bruzzone: «Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada —¿Quién es este?» En principio estoy de acuerdo con su interpretación más que con la del otro Xabier comentarista. Si seguimos el evangelio de Juan, Jesús no llega a Jerusalén más que el “final” de sus correrías. Por tanto, no era conocido en la ciudad; quizás sólo por rumores.
Pero además quisiera iniciar otra reflexión al hilo de la frase. Muchas expresiones evangélicas no son “históricas...
No tengamos "desaliento" siempre habrá una luz ,por muy pequeña que parezca ,para alumbrar el camino ,hacia la verdadera vida
Pero el versículo dice con mucha claridad que "TODA la ciudad preguntaba", lo cual parece indicar que no sólo eran los que estaban "de visita" o peregrinando por la fiesta de la Pascua, sino también los habitantes normales de Jerusalén los que no sabían nada de Jesús.
Cordiales saludos
MARANA-THA
FELIZ DIA DE RAMOS.
Y lo hago para que se reflexione sobre la idea que en general existe sobre Jesús.
Obviamente, si tenemos en cuenta ese versículo, parece evidente que Jesús era un "PERFECTO DESCONOCIDO" en Jerusalén.
Y eso es importante para comprender también, porqué se prefirió la libertad de Barrabás y muchas otras cosas por el estilo.
MARANA-THA
Los Tres Azores siguen libres...
http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/posts
El Blog de Cordura
Testimonios del crepúsculo
Pasa y efectivamente pasa lo que Dios quiere que pase. Y nosotros no tenemos, si creemos en su obra, otra salida sino rezar el padrenuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.
Frente a la voluntad de muerte de los hombres, la voluntad de Dios es la resurrección (la vida eterna). En el tiempo triunfan los hombres (la tierra acabará, morirá), en la eternidad, en el Reino, rige Dios.
Llama la atencion,sin embargo,esa frase terrible:su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.
En estos tiempos de "fraternidad universal" con tufillo a panteismo,hoy ya nadie habla de este versiculo.
El Papa Pio XI si lo comento,dijo:aquel pueblo que prefirio condenarse para todo el porvenir,antes de reconocer a Jesus como Mesias.
En esto subyace el hondo misterio del PECADO DEL MUNDO,ese misterio,el del pecado del mundo,hoy un dogma bastante olvidado.Pero el PECADO DEL MUNDO es el drama de:vino a los suyos y los suyos no le recibieron.(Jn 1,11)
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Xabier Pikaza Ibarrondo
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