José Ignacio Tellechea (1928-2008). Tapices de la memoria
10.03.08 @ 10:25:31. Archivado en Teólogos, Espiritualidad, Amigos, la voz de los, Literatura
Acaba de morir (8 de Marzo del 2008), en San Sebastián, donde había nacido. Está ya plenamente en la memoria de Dios, en quien todos los hombres y mujeres viven, pues él es la Vida. Está de un modo especial,porque especial y fuerte ha sido su biografía, al servicio de la memoria histórica, en un tiempo que parece perder muchos de sus recuerdos, muchas de sus raíces.
Las noticias fundamentales de su vida pueden encontrarse en Ecclesia digital, en Religióndigital y en el Diario Vasco de ayer (9 del III del 2008). Sus más de cien libros de historia pueden encontrarse en el buscador de ISBN o en otros buscadores (Casa del Libro, etc). Su figura ha llenado casi cincuenta años de investigación histórica, centrada en su tierra vasca, en la Iglesia española del siglo XVI o en los divesos acontecimientos políticos y religiosos de los últimos siglos. Algunas de sus semblanzas biográficas, como la de Ignacio de Loyola (Solo y a pie, Sígueme, Salamanca )se han convertido ya en obras clásicas de historia y literatura. Yo quiero ofrecer aquí una breve semblanza de su vida, a partir de su libro autobiográfico Tapices de la Memoria (Sígueme, Salamanca 2003).
Un recuerdo
Le conocí el 1973, cuando llegué como profesor a Salamanca, donde él era ya una celebridad. Allí hemos sido compañeros muchos años. He viajado alguna vez con él, hemos tenido ocasión de compartir muchas cosas de la vida. Era un hombre recio, como persona, como historiador. Vinculado a Ituren, el pueblo de sus antepasados, en la zona del Bidasoa Navarro. Vinculado a Vitoria y a San Sebastián, donde empezó a dar clases, arraigado en Salamanca, donde ha sido maestro de generaciones de historiados, sin perder nunca su hogar en Donosti. Sus alumnos le han admirado y querido. Sus compañeros hemos gozado su amistad. ¡Descansa en la memoria de Dios, José Ignacio! Tu vida ha sido un regalo, ha merecido la pena que fueras y seas como eres.
Su vida estuvo marcada por una gravísima enfermedad, que le tuvo postrado en los años 1981/1982. En contra de todos los pronósticos, en contra de los malos pronósticos de los que fuimos a visitarle a la Residencia Sanitaria de San Sebastián, siguió viviendo veinticinco años más de plena lucidez, de trabajo incansable. Desde aquí quiero recordar emocionado, recordando su libro.
Un libro: Tapices de la Memoria
Son muchos los que conocen a Tellechea como investigador en estado puro: hombre de archivos, editor de textos, especialista máximo en los grandes temas de los diversos pueblos de España entre el siglo XV y XIX. Pero son menos los que le conocen como un hombre especial y querido, que ha amdo y soñado, ha vivido y sufrido, a lo largo de unos años de biografía fuerte. Eso es lo que podrán encontrar en este libro denso y largo, pero apasionante y literariamente muy bello, de biografía personal, historia social y análisis clínico: Tapices de la Memoria, Sígueme, Salamanca 2003.
Este es, ante todo, un libro de literatura biográfica , a medio camino entre unas confesiones y unas memorias. Tellechea pasó un largo período de muerte, aparcado en el hospital de San Sebastián, tocando con los dedos la hora final. Por eso, como reacción, decidió escribir su experiencia, en un libro agradecido,, confesando así que había merecido la pena pasar la enfermedad y vivir. Y lo hizo con agradecimiento a Dios, con recuerdo de muchos amigos, con belleza; porque, al final de todo, lo que queda es la belleza y la memoria agradecida.
Este es un libro de biografía personal en la que se va cruzando casi todo el siglo XX. En su base está el recuerdo de Ituren, en la montaña de la zona vasca de Navarra; está la naturaleza, el ritmo de la vida milenaria y el deseo de cultura, vinculada al seminario de Vitoria y a la diócesis de San Sebastián. Esas páginas primeras, morosas a veces, siempre sorprendentes, del niño que sueña y busca un camino ditinto, en Ituren, en Vitoria, en Roma siguen siendo lo más bello del libro, que es una memoria de la sociedad y de la vida de la Iglesia vasca y universal. Son páginas para el recuerdo, pero también para la deflexión de lo que ha sido la vida rural, hasta ayer, en muchas de nuestras tierras.
Este es un libro de historia social. Por sus años de estudio en Vitoria y Roma, por sus años de docencia en Vitoria y Salamanca, Tellechea va apareciendo como un testigo de la iglesia y sociedad española a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Todos decían que le habían querido nombrar obispo de Bilbao y que no acepto, pues creía tener otras funciones y tareas en la vida. Cuando se lo recordábamos se limitaba a sonreír. Pero en el fondo de su sonrisa había un conocimiento preciso, certero, luminoso de los valores y fallos de la Iglesia de los últimos años. Al mismo tiempo, sus estudios de historia nos permiten recuperar de un modo especial el rostro antiguo de la historia de España y de Europa, sobre todo en los años centrales del siglo XVI. Nadie ha conocido mejor que él el proceso de B. de Carranza; nadie ha investigado como él la vida intelectual y social de la Iglesia del renacimiento y del barroco, con sus grandes luces (Ignacio de Loyola, Francisco Javier…) y sus sombras (incluida la inquisición)
Este es, finalmente, un libro de análisis clínico, una historia “de mis enfermedades” (la enfermedades del paciente 279.952 del hospital de San Sebastián). Quien ha vivido como él la enfermedad y puede contarla, contándose a sí mismo, día a día, los dolores e impotencias de dos años de enfermedad mortal (un virus misterioso...) conoce lo que es la vida, la presencia de Dios en quien sabía hallarse siempre. El que ha vivido después de la enfermedad, como alguien que viene de más allá de la muerte, para escribir de nuevo más de 30 libros de trama apasionada de historia y vida social…. ése es un privilegiado de Dios, y Tellechea lo ha sido. Así me lo ha recordado las últimas veces que le he visto, diciéndome: “me trajiste al hospital el libro de el P. Elías Gómez sobre Falconí ¡qué importante. Era aquello que yo necesitaba, una mano de mística”
Así ha sido el libro de la vida de Tellechea y el libro del recuerdo de la primera parte de su fuerte marcha por la tierra (Tapices de la Memoria), que hoy he querido recordar y recomendar, con motivo de su muerte. Agur, José Ignacio. Tu libro es largo, puede asustar por su volumen. Pero no hace falta leerlo todo de seguido, porque también ha sido largo y bendita tu vida. Se pueden escoger capítulos, revisar escenas, escoger motivos... Quien entre en sus páginas lo leerá del todo; se sentirá enganchado, gozoso por vivir y compartir lo que tú nos has dicho, José Ignacio, que ya estás en la Memoria de Dios para siempre y en el recuerdo de aquellos que te hemos conocido.
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Testimonios del crepúsculo
Tellechea fue conpañero mío de estudios en Vitoria. Volví a verlo cuando iba a Roma en compañía de Setién. Lekuona y Laboa; nos despedimos en Lourdes. Más tarde me mandó el libro de San Ignacio. Le contesté que escribiera otro de san Francisco Javier y la inculturación del cristianismo y ya no supe más de él. Gracias por su recuerdo; veo que lo conociste muy bien.
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Xabier Pikaza Ibarrondo
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