Campaña electoral de Jesús. Subió a Jerusalén por el Reino
06.03.08 @ 12:40:27. Archivado en Teología, Jesús, Nuevo Testamento, Espiritualidad, Política
He estado sólo un momento con él, en el portal de la Iglesia. Me ha dicho “felicita a Rouco” y lo acabo de hacer. Le he preguntado ¿qué quieres que ponga en mi blog de mañana? Me ha dicho: «Es cosa tuya, quizá tienes en tu libro alguna página sobre mi subida a Jerusalén . Alguien me dijo que iba de campaña electoral. Si tengo tiempo leeré lo que pongas y hablaremos de ella mañana». Así se ha ido. He vuelto a casa, he felicitado a Rouco, con la foto más hermosa que he encontrado y ahora voy a poner unas letras sobre la campaña electoral de Jesús, subiendo a Jerusalén, pues se acerca también la Semana Santa (no sólo las elecciones). Ya sé que la campaña de Jesús fue muy distinta, pero puede iluminar algunas cosas que dicen los políticos. Varias de las ideas de este post las puse ya otra vez. Pero las he retocado mucho y así las presento de nuevo. En la imagen me dejo llevar otra vez por el humor y digo que “esto es asunto de curas naturales”. Jesús fue natural. Subió a Jerusalén en nombre de todos, también de los políticos.Buen día
¿Qué quería en Jerusalén?
Quería que llegara el Reino de Dios, para extenderse desde allí a toda la tierra. Como profeta de los pobres y excluidos de Israel, estaba convencido de que ese Reino vendría a partir de los pequeños, hambrientos y expulsados de la buena sociedad israelita. En nombre de ellos, como enviado del Padre, subió a la ciudad al acercarse los días de pascua, rodeado de un grupo de discípulos y colaboradores, ratificando así su fe en el Dios de las promesas y en el valor de su mensaje. Vino desarmado y pobre, porque el Reino de Dios no se alcanza con dinero ni con armas, sino con amor a las personas. Así, para trasformar a las personas desde el Reino (para el Reino), vino a la ciudad de la esperanza y las promesas.
Ésta fue su estrategia. Así culminó una campaña mesiánica cuyo final no conocía de antemano (cf. Mc 13, 32), aunque estaba convencido de que le esperaba el Reino, como experiencia de amor ofrecido a los pobres y compartido con ellos. Desde este fondo, recogiendo los argumentos y temas anteriores, quiero ofrecer algunas consideraciones, compartidas por gran parte de la exégesis moderna, que pueden ayudarnos a entender mejor las implicaciones y sentido de ese camino de Jesús:
Subió como aspirante mesiánico.
No para morir en el sentido sacrificial de la palabra, sino para ofrecer y promover el Reino. No quiso que le mataran , como víctima, sino que llegara el Reino de Dios, para los hombres y mujeres de su pueblo, partiendo de los pobres (hambrientos, impuros, expulsados del sistema israelita y romano), a quienes había ofrecido su mensaje en Galilea. Como buen judío, subió a Jerusalén, ciudad de David (del Mesías), en nombre de los pobres, con un grupo de galileos, para anunciar y preparar el Reino, buscando la manifestación de Dios y conociendo el riesgo que implicaba su actitud, como recuerdan las palabras de Tomás: “Subamos y muramos con él, si es preciso” (cf. Jn 11, 16).
Tenía la certeza de que Dios hablaría a través de lo que hicieran (o no hicieran) con él en Jerusalén, pues ésta era la última oportunidad para la ciudad de la promesas y del templo
Conforme a los planes de Dios, era posible que los jerarcas de Jerusalén cambiaran y que los sacerdotes del templo abandonaran su poder sagrado, de tal forma que vinieran a integrarse con los pobres. Sus discípulos y aquellos que le acompañaban desde Galilea apoyarían en principio su proyecto, aunque tenían sus propias opiniones e intereses sobre el Reino. No llevó consigo a todos sus amigos, ni a todos los itinerantes que le habían seguido en Galilea; pero vino con un grupo significativo, centrado en sus Doce, que eran un signo y anuncio de las doce tribus de Israel que empezarían a reunirse desde Jerusalén, abriéndose a todas las naciones.
Vino de un modo público,
pues quería la trasformación o conversión de Jerusalén. No vino de forma privada, sino como pionero y representante de aquellos que esperaban el Reino y así entró abiertamente en la ciudad, por el Monte de los Olivos (cf. Mc 11, 1 ss). Por eso, su venida, en ese tiempo de Pascua, no fue un gesto paarticular e íntimo, sino la expresión externa de sus pretensiones mesiánicas, en Jerusalén, capital y principio de su Reino. Ciertamente, conocía el enfrentamientos de los sacerdotes oficiales con otros grupos de sacerdotes y judíos (como los esenios de Qumrán) y era consciente de los problemas que su gesto podía plantear al gobernador/procurador romano (Poncio Pilato), que también había venido a Jerusalén con un contingente mayor de soldados, para mantener el orden en los días de la fiesta. A pesar de eso (o precisamente por eso), subió a Jerusalén en pascua, porque era momento propicio (hora del Reino), tiempo para que los hombres y mujeres empezaran por fin a liberarse del todo, desde los más pobres, sin prepotencia o dominio (religioso, militar, económico) de unos sobre otros.
En la línea de Jesús, pero de un modo mucho más amenazante, se situará en el Monte de los Olivos un judío de origen egipcio, acompañado según Josefo por muchos seguidores, a quienes prometió la caída de las murallas de Jerusalén y la conquista de la ciudad; pero fue derrotado por el procurador Félix, entre el 52-60 d. C.. Cf. Bell II, 13 5 Guerra de los Judíos II, 12, Iberia, Barcelona 1989, 167-168 y Ant XX, 8, 6. Cf. E. Schürer. Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús (175 a. C.-235 d. C., I-II), Cristiandad, Madrid, 1985, II, 594-595.
No quiso pactar (=repartir el poder) con los sacerdotes.
No vino a la sacristía, para pactar con los sacerdotes. Sabemos que ellos habían pactado con Roma, que nombraba al Sumo Sacerdote y defendía las instituciones sacrales de Jerusalén, en un contexto de equilibrio de poder, compartido entre unos y otros. Pues bien, todo parece indicar que Jesús no quiso pactar con ellos pues no admitía su sacerdocio (ni los sacerdotes se lo habían aceptado, pues no le reconocerían), sino que proclamó sobre su templo, en la gran plaza abierta, la llegada del Reino de Dios, como alianza universal, desde los pobres, un pacto “humano” (de vida compartida) que la Iglesia posterior centrará en la sangre de Jesús (cf. Mc 14, 24 par). Un pacto de todos y para todos, no de algunos dignatarios con algunos, a espaldas del pueblo.
Lógicamente, los sacerdotes no podrían aceptar el pacto que les ofreciera eventualmente Jesús, pues eso implicaría la superación (y abandono) del culto del templo que ellos controlaban. En caso de aceptar a Jesús, ellos deberían disolverse y perder sus poderes, para vivir como hijos de Dios y hermanos de los pobres, renunciando a sus beneficios, cosa que no estaban dispuestos a hacer. Por su parte, Jesús no podía ofrecerles más pacto que el signo de su vida (el pan compartido) al servicio de los pobres, sin violencia, sin venganza, un “pan universal”, de forma que ellos, sacerdotes particulares, perderían sus poderes.
No quiso pactar con Roma.
Desde una perspectiva eclesiástica moderna, Jesús podría, y quizá debería, haberlo hecho, enviando delegados a Pilato, para decirle que venía desarmado, que no quería (ni podía) ocupar la ciudad, ni provocar desórdenes externos, pues él sólo intentaba cambiar la identidad y misión del judaísmo, sin rechazar directamente los intereses de Roma. Así puede pactar Rouco con Zapatero o con Rajoy. Pues bien, Jesús no propuso ese tipo de pacto, pues ni él estaba dispuesto a pedir permiso al gobernador, ni el gobernador tendría interés en pactar con judíos de tercera o cuarta categoría, como parecía ser Jesús. Un representante de Roma sólo hace pactos (concordatos) con sacerdotes superiores o jerarcas laicos, en línea de poder, no con hombres que no toman el poder, como este profeta nazareno.
No quiso pactar (es decir, repartir el poder), pues no quería poder en un plano político. De todas maneras, Jesús no quiso provocar directamente a Roma, de manera que su entrada en Jerusalén, aunque cargada de pretensiones mesiánicas (¡todos los judíos peregrinos en Jerusalén por Pascua celebraban la liberación de Egipto y esperaban el Reino de David!), fue radicalmente pacífica.No insultó a Pilato, no hizo manifestaciones de millones de personas en la plaza. Entró en un asno, con todos los peregrinos, al servicio de la causa de los pore.
¿Qué habría hecho Roma con Jesús?
Roma no podía aceptar a un “rey” como Jesús. Imaginemos que él hubiera logrado mantener su pretensión en Jerusalén. Los sacerdotes tendrían que haberle aceptado, renunciando a su visión particular (sacral) del templo y reconociéndole como “rey simbólico” (no político, imperial) de Israel. Jesús habría sido un rey no-militar, presidiendo una especie de ONG mesiánica, una asociación mesiánica donde todos se tomarían como reyes, dentro del orden militar de Roma, que seguiría imponiendo externamente su imperio. Podrían existir así dos “reinos”: uno para las cosas de Dios, propio de Jesús; y otro para las cosas del César (cf. Mc 12, 17), como han querido los defensores de la teoría de las dos espadas (una del Papa, otra del Emperador).
Pero estas son sólo imaginaciones retóricas. En el organigrama político del imperio, sólo ser rey de los judíos en clave de alianza política, sumisión imperial y colaboración militar, alguien que fuera rey vasallo de Roma, como había sido Herodes el Grande (37- 4 a. C.) y como será su nieto Agripa, poco después de Jesús (39-44 d. C.). En esa línea actuaba en tiempo de Jesús el mismo Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea (del 4 a. C. al 39 d. C.), que intentaba convertirse en “Rey de los judíos”; pero que, a diferencia de su sobrino Agripa, lo hizo de un modo poco convincente para Roma, siendo desposeído y desterrado. Pues bien, Jesús no iba en esa línea y, por todo lo que sabemos, él no se hubiera coronado rey particular, pues él impulsaba un movimiento de Reino sin reyes. Un Jesús coronado Rey al final de su entrada en Jerusalén habría ido en contra de todo su mensaje .
Subida a Jerusalén, un camino abierto.
Vino anunciando y esperando (preparando) la llegada del Reino de Dios a pesar de que, humanamente hablando, parecía imposible conseguir lo que quería (ni los sacerdotes judíos, ni los soldados romanos aceptarían su pretensión, en aquel momento y en aquellas circunstancias). Subió porque le enviaba el Dios de los profetas, en cuyo nombre había preparado e iniciado el Reino entre los pobres y excluidos de Israel, empezando por Galilea, no para ser el único rey, sino para que todos fueran reyes. Subió porque estaba convencido de que Dios le había confiado la tarea de instaurar con su palabra y con su vida el Reino, que ya había comenzado en Galilea y que debía extenderse, desde Jerusalén, pasando de nuevo a través de Galilea (cf. Mc 14, 28 par), a todos los pueblos de la tierra. No vino para quedarse en Jerusalén, recibiendo allí la corona regia, sino para que Jerusalén cambiara, en la línea del Reino de Dios. Probablemente, en caso de una respuesta positiva, habría vuelto a Galilea, porque su Reino era de todos (no suyo) y él no necesitaba actuar como gobernante superior, a la cabeza de un organigrama de poderes. No podía emplear violencia externa, ni poder político, ni sacralidad sacerdotal para extenderlo, porque el Reino de Dios no se logra con violencia, ni se mantiene por medios de poder o sacralidad sacerdotal. Él lo había sembrado; tendría que dejar después que se expandiera por sí mismo
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Cuando ALFONSO te preguntaba por Santiago Oblías, creo que no se refiere al hermano de Jesús, sino a un iluminado que anda por foros de religión y por el blog de Antonio Piñero.
Se trata de un personaje que dice ser la reencarnación de Elías y que dice tener confidencias con María Magdalena. Tiene colgado de internet un libro que debería venderse en las farmacias porque es antidepresivo
La historia de la Iglesia no es precisamente modélica.
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Justamente todo lo contrario, señora. Lo que sí es la historia de la Iglesia es precisamente modélica. No existe (ni ha existido ni existirá) ninguna institución en el mundo que le sea comparable en santidad y bien. ¿Por qué? Pues porque, a pesar de las miserias de algunos de sus miembros, la Iglesia de Cristo es Santa (además de Una, Católica y Apostólica). No sería posible la germinación de santos, como los que usted cita, fuera de la Iglesia. Amémosla apasionadamente, y defendámosla de sus enemigos mundanos, en la medida de nuestras posibilides, en lugar de mancillarla con nuestras desafecciones e infidelidades.
Donde dice
`εκκλησία
debe decir
´εκκλησία
El espíritu en la letra griega ε es suave (por dificultades tipográficas, figura a la izquierda de ε y no encima).
Gracias a usted, don Xabier, por su amabilidad y paciencia para conmigo.
!que vuestro Dios os bendiga a TODOS
Luego si el reino de Dios es la Iglesia, y el reino de Dios 'crece', es inmediato que la Iglesia 'crece'. No puede 'crecer' uno 'a pesar de' la otra, sino cuando y sólo cuando la otra.
Ergo difícilmente (más bien imposiblemente) puede 'crecer' el 'reino de Dios' si no lo hace correlativamente (no 'a pesar de') la Iglesia de Dios, que fue fundada por Cristo-Dios para continuar en todos los tiempos su obra salvadora.
Que Dios la bendiga, doña Pilar.
____________________
Eso es incorrecto. El Reino de Dios es (también) la Iglesia (o la Iglesia es el reino de Dios). En efecto. En las lenguas romances, la palabra con que se designa la Iglesia, se deriva de la palabra latina 'ecclesia', que es a su vez transcripción de la griega `εκκλησία (asamblea, comunidad). La Sagrada Escritura emplea esta expresión tanto en sentido profano como religioso. En sentido profano significa la asamblea popular, la comunidad civil o cualquier reunión de hombres.
No, ellos no creen (ni los de Santiago judeocristiano, ni los del Gnóstico) en la Trinidd en la líena de Nicea... Pero en el fondo se pueden compaginar las tendencias. Lo que importa no es la Trinidad en general, sino la encarnación de Dios en Jesús, históricamente, para salvaciòn de todos. Buenas noches.
Quasimodo, gracias por volver.
Una famosa cita de Hegesipo, recogida por Eusebio de Cesarera, presenta a Santiago, hermano de Jesús, como nazareo ascético: 4. «Santiago, el hermano del Señor, es el sucesor, con los apóstoles, del gobierno de la iglesia. A éste todos le llaman "Justo" ya desde el tiempo del Señor y hasta nosotros, porque muchos se llamaban Santiago. 5
El primero es el respeto ajeno, que exige como condición necesaria -aunque no suficiente- el respeto por uno mismo.
El segundo, no abusar de la paciencia de los demás. Si alguno tiene vocación de blogger que abra su propio blog y allí se desahogue a gusto, pero que nos libre de sus interminables comentarios a los que leemos con atención muchas interesantes aportaciones.
Existe algo llamado autocensura que no es otra cosa que un pequeño porcentaje de madurez psicológica y un mínimo de dignidad.
Donde dice
Y no adjetive escatológicamente (en el sentido peyorativo de la dicción) mi discurso. Refútelo, si puede.
Debe decir
Y no adjetive escatológicamente (en el sentido peyorativo de la dicción) mi discurso.
Pido disculpas por mi ataque de soberbia.
Donde dice
B) Convenit etiam quantum ad exemplum perfectae virtutis.
debe decir
C) Convenit etiam quantum ad exemplum perfectae virtutis.
Ocupa demasiado espacio... total para dejar sus excrementos.
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¡Qué atrevida osadía, Dios mío. Calificar de 'excrementos' las atinadas y profundas reflexiones del Príncipe de los Teólogos!
Que Dios le bendiga, don JMS.
Ex eisdem autem causis apparet quare mortem crucis voluit pati.
A) Primo quidem quia hoc convenit quantum ad remedium satisfactionis: convenienter enim homo punitur per ea in quibus peccavit.
B) Convenit etiam quantum ad sacramentum. Voluit enim Christus ostendere sua morte, ut sic moreremur vita carnali quod spiritus noster in superna elevaretur [...]
B) Convenit etiam quantum ad exemplum perfectae virtutis.
(C. Theol. C. 228)
Unde et Christus pro peccatis nostris voluit mortem pati, ut dum poenam nobis debitam ipse sine culpa susciperet, nos a reatu mortis liberaret, sicut aliquis debito poenae liberaretur, alio pro eo poenam sustinente.
[...]
Mori etiam voluit, ut non solum mors eius esset nobis satisfactionis remedium, sed etiam salutis sacramentum ut ad similitudinem mortis eius nos carnali vitae moriamur, in spiritualem vitam translati[...]
Mori etiam voluit, ut nobis mors eius esset perfectae virtutis exemplum. Quantum ad caritatem quidem, quia maiorem caritatem nemo habet quam ut animam suam ponat quis pro amicis suis, ut dicitur Ioan. XV, 13.
(Comp. Theol. C. 227)
"No para morir en el sentido sacrificial de la palabra, sino para ofrecer y promover el Reino. No quiso que le mataran."
¿Es cierto que Jesucristo no pretendía 'morir' como Cordero sacrificial, que sólo buscaba una especie de 'revolución' social sostenida en el tiempo, que disolviera las estructuras esclavizadoras que el hombre había construido hasta entonces? ¿Podría instaurarse 'El Reino' sin la Muerte de Jesucristo? No, por supuesto. La Muerte de Cristo no fue un accidente aceptado por el Salvador para la Salvación, sino la condición necesaria de la misma.
Es para meditarlo y para cuestionarnos nuestra vida cristiana!
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Pues empiece por cuestionar su propia vida cristiana no despreciando a los legítimos pastores de la Iglesia de Cristo, como el cardenal Rouco, a no ser que usted posea una especie de legitimidad suprapastoral para establecer quién es fiel al Evangelio y quién no.
Y no adjetive escatológicamente (en el sentido peyorativo de la dicción) mi discurso. Refútelo, si puede.
Ocupa demasiado espacio... total para dejar sus excrementos.
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Jesús, cuando se trasladaba a predicar o evangelizar, iba en burro o a pie. Luego el Papa debe ir en burro o a pie cuando se desplace por el mundo (en su viaje a EEUU, por ejemplo). Un día, un protestante me espetó: ¡¿Cómo es posible que el Papa se desplace en avión cuando viaja¿! ¡Debe seguir el ejemplo del Maestro, que iba en burro o a pie! No caigamos en estas ridículas simplificaciones. Jesús no firmó concordatos Iglesia-Estado (o quizá sí, en el pasaje del Evangelio en que ordena 'dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios', donde además establece la 'separación Iglesia-Estado', podríamos decir), entre otras razones porque los Estados no existían tal y como hoy los conocemos.
Uno de sus amigos le traiciona, los demás lo abandonan, los sacerdotes lo tratan de blasfemo y lo entregan al pretor como revolucionario para que este lo crucifique, colgado de la cruz sufre las burlas de judíos y romanos.
Muerto ya, el centurión lo reconoce como hijo de Dios y, a partir de ahí, amanece el sol de la Resurrección!
Es para meditarlo y para cuestionarnos nuestra vida cristiana!
Todo grupo social organizado precisa de una élite rectora más o menos definida. Pretender que la Iglesia carezca de jerarquía (pastoral) es poco razonable.
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Si con 'poderosos de este mundo', y en el con-texto en que lo menciona, se refiere usted a los miembros de la jerarquía de la Iglesia, sepa que no ostentan poder (poder político-social, se quiere decir), sino que ejercen servicio. No son cargos de poder, sino de servicio pastoral a la Iglesia. Sirven a la Iglesia (por ello son siervos de sus propios fieles) sin servirse de Ella (por ello no ostentan poder, ni son servidos por los fieles a los que sirven). Ahora bien, todo ser libre es 'poderoso' (habría que decir, con más rigor, 'potente', pues, en virtud de su inteligencia y volencia, 'puede' hacer algo), y en este sentido todos somos 'poderosos'. Todo grupo social organizado precisa de una élite rec...
Donde dice:
Correcciónn de errata.
debe decir
Corrección de errata.
Esta ventana de redacción, de tamaño cuasi subnuclear, pone a prueba la paciencia de cualquiera. Pido disculpas.
Donde dice:
sucesivamente, hasta la la contemporaneidad
debe decir:
sucesivamente, hasta la contemporaneidad
Si Cristo hubiera pretendido una liberación histórica, política del hombre, habría procedido, en primer lugar y como paradigma de su doctrina-praxis, a liberar de la tiranía romana a los judíos (como ellos pensaban y esperaban, incluso al principio los mismos apóstoles, al/del Mesías), y se habría manifestado no como Cordero sacrificial, sino como líder social. Cristo no es un Mesías histórico, sino escatológico, suprahistórico.
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No puede leerse el Evangelio en clave sociopolítica. La dualidad que constituye la flecha teológica del Evangelio es la de pecado-redención, no la de opresor-oprimido, o rico-pobre, o amo-esclavo o excluido-excluidor, etc. Cristo no nos vino a liberar de nosotros mismos (unos de otros) y de las estructuras sociales de 'opresión' que nos alienan, sino del poder del pecado que desde Adán determinaba nuestra biografía común. Si Cristo hubiera pretendido una liberación histórica, política del hombre, habría procedido, en primer lugar y como paradigma de su doctrina-praxis, a liberar de la tiranía romana a los judíos (como ellos pensaban y esperaban, incluso al principio los mismos apóstoles, al/del...
¿Va a escribir sobre los Judeocristianos?
Soy un fan del blog de cordura,antagonistas,el blog de Antonio Piñero etc...
SABES ¿QUIEN ES SANTIAGO OBLIAS QUE DICE SER UN ENVIADO DE DIOS O, ALGO ASI?
Xabier me refiero a tí a Pikaza-el mercedario.
Cordura en su blog dice que el vaticano es gobernado por el mal.
¿crees eso?
Yo diría que crece a pesar de la Iglesia.
La historia de la Iglesia no es precisamente modélica. Si subsiste aún la iglesia de Cristo es por ese gérmen que lleva dentro, sembrado por Jesús y regado con su entrega y cultivado después por esos testimonios de vida de auténticos seguidores del maestro, por los mártires que gota a gota se desviven entregándose a la tarea del Reino.
Por los locos de atar como San Francisco de Asís, San Juan de Dios, San Antonio Abad, San Juan de la Cruz, San Romero de América, Santa Teresa de Calcuta ...
¿Dónde está pues el Reino?.
No se identifica con la Iglesia como pretenden algunos excluyendo de la salvación a los de "fuera". El Reino está entre nosotros, dentro de nosotros. Y la Iglesia ha de cuidar, al menos, no ser antireino.
Tienes razón, Xabier, Jesús no firmó ni firmaría concordato alguno, acuerdos Iglesia-Estado....
En efecto, creo que hay unas frases evangélicas que resumen tu pensamiento, crítico y no exento de fina ironía. Son aquellas en que a las pretensiones de dos de los discípulos, candidatos a ocupar la derecha y la izquierda en el Reino, Jesús responde diciendo que: “el que quiera ser el primero entre vosotros, sea vuestro servidor” y seguidamente para enseñarnos en la práctica qué quería decir, tomó una toalla y se puso a lavarles los pies a los discípulos.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Xabier Pikaza Ibarrondo
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