La secta del Imperio de los ciegos (Jesús y E. Sábato)

Permalink 02.03.08 @ 11:00:18. Archivado en Teología, libros, Espiritualidad, Ángeles y demonios, Literatura

El evangelio de ayer (Jn 9) trataba del ciego de nacimiento al que Jesús cura, poniéndole barro ensalivado en los ojos y mandándole a la piscina de Siloé, para que se limpie y vea. Este pasaje es una parábola de la condición del hombre, amenazado por la ceguera natural (el ciego de nacimiento) y la ceguera cultural/religiosa, representada por un tipo de fariseísmo (judío, cristiano, capitalista….) que quiere mantener a los hombres a oscuras, para dominarles. En este contexto se sitúa y se entiende una de las parábolas más fascinantes y dolorosas de la literatura moderna: el Informe sobre ciego de E. Sábato (que forma parte de su novela Sobre Héroes y tumbas). Jesús viene a curar al ciego de nacimiento, quiero que todos vean y vivan un mundo luminoso, abierto al diálogo y a la lucidez, en la que está Dios. En contra de Jesús se había elevado la Secta de los ciegos que dominan y dirigen el mundo.

Introducción. ¿Dominan el mundo los ciegos perversos?

Quiero ofrecer una páginas de ese informa sobre ciegos, del que hizo una tesis de licenciatura un alumno de Salamanca, cuyo nombre no voy a citar. Allá, debajo del Gran Buenos Aires, estaba el mundo de los ciegos, dominando con sus hilos de locura y perversión toda la tierra. Allá entró Fernando Vidal Olmos, uno de los personajes clave de la novela, para descubrir, en alucinación durísima, los poderes que dominan sobre el mundo.
Jesús quiso que los ciegos vieran. Hay otros, sin embargo, que parecen querer que los ciegos sigan ciegos y así desde la ceguera dominan el mundo.
Este informe sobre cieglos, que se puede leer por separado, constituye la descripción metafórica de un mundo dominado por la ceguera, por una Secta de Ciegos demoníacos. Es como si Sábado encarnara en la figura de toda la perversión de un “fariseísmo” demoníaco e infernal, que quiere dominar el mundo desde la ceguera, creando un submundo de ciegos que lo dirigen y destruyen todo, desde el subsuelo de Buenos Aires. Hay una edición on line del informe en : http://librosabato.blogspot.com/ . Si alguien tiene tiempo y quiere leer puede hacerlo. Le recomiendo que, al final, vuelva a leer Jn 9, para descubrir el mundo de la luz del evangelio. Aquí van algunos fragmentos de informe de Sábato.

Aviso: estos ciegos que dominan sobre el mundo, de un modo infernal, no tienen por qué ser ciegos "materiales". Se hacen ciegos demoníacos para así imponer su imperio sobre el mundo... Esta es, al menos, una lectura de la paràbola de E. Sábato, que os invito a compartir conmigo. Están en la línea de los "fariseos" de Jn 9, que quieren dominar la religión y vida de los demás, desde su ceguera, imponiéndose así sobre el ciego de nacimieno y sobre todos los habitantes de la ciudad perversa (que puede ser Madrid o Buenos Aires). Dostoievsky vio al Diablo en en subsuelo de Sevilla. Sábato lo ha visto en Buenos Aires. Otros pueden verlo en Jerusalén o en Nueva York. El riesgo está ahí, pero también está ahí la voz de Jesús y de muchos que dicen: ¡quiero que veas, porque Dios es luz". Lo que sigue es de Sábato.

Comienzo: Invocación

¡Oh, dioses de la noche!¡Oh, dioses de las tinieblas, del incesto y del crimen,de la melancolía y del suicidio!¡Oh, dioses de las ratas y de las cavernas, de los murciélagos, de las cucarachas!¡Oh, violentos, inescrutables dioses del sueño y de la muerte!

I. El mundo de los ciegos. Una logia infernal

Vigilaba y estudiaba los ciegos, sin embargo. Me había preocupado siempre y en varias ocasiones tuve discusiones sobre su origen, jerarquía, manera de vivir y condición zoológica. Apenas comenzaba por aquel entonces a esbozar mi hipótesis de la piel fría y ya había sido insultado por carta y de viva voz por miembros de las sociedades vinculadas con el mundo de los ciegos.

Y con esa eficacia, rapidez y misteriosa información que siempre tienen las logias y sectas secretas; esas logias y sectas que están invisiblemente difundidas entre los hombres y que, sin que uno lo sepa y ni siquiera llegue a sospecharlo, nos vigilan permanentemente, nos persiguen, deciden nuestro destino, nuestro fracaso y hasta nuestra muerte. Cosa que en grado sumo pasa con la secta de los ciegos, que, para mayor desgracia de los inadvertidos, tienen a su servicio hombres y mujeres normales: en parte engañados por la Organización; en parte, como consecuencia de una propaganda sensiblera y demagógica; y, en fin, en buena medida, por temor a los castigos físicos y metafísicos que se murmura reciben los que se atreven a indagar en sus secretos.

III Hay una fundamental diferencia entre los hombres que han perdido la vista por enfermedad o accidente y los ciegos de nacimiento. A esta diferencia debo el haber penetrado finalmente en sus reductos, bien que no haya entrado en los antros más secretos, donde gobiernan la Secta, y por lo tanto el Mundo, los grandes y desconocidos jerarcas. Apenas si desde esa especie de suburbio alcancé a tener noticias, siempre reticentes y equívocas, sobre aquellos monstruos y sobre los medios de que se valen para dominar el universo entero. Supe así que esa hegemonía se logra y se mantiene (aparte el trivial aprovechamiento de la sensiblería corriente) mediante los anónimos, las intrigas, el contagio de pestes, el control de los sueños y pesadillas, el sonambulismo y la difusión de drogas. Baste recordar la operación a base de marihuana y de cocaína que se descubrió con los colegios secundarios de los Estados Unidos, donde se corrompía a chicos y chicas desde los once a doce años de edad para tenerlos al servicio incondicional y absoluto.

Si, como dicen, Dios tiene el poder sobre el cielo, la Secta tiene el dominio sobre la tierra y sobre la carne. Ignoro si, en última instancia, esta organización tiene que rendir cuentas, tarde o temprano, a lo que podría denominarse Potencia Luminosa; pero, mientras tanto, lo obvio es que el universo está bajo su poder absoluto, poder de vida y muerte, que se ejerce mediante la peste o la revolución, la enfermedad o la tortura, el engaño o la falsa compasión, la mistificación o el anónimo, las maestritas o los inquisidores. No soy teólogo y no estoy en condiciones de creer que estos poderes infernales puedan tener explicación en alguna retorcida Teodicea. … Después me ponía a cavilar sobre el sentido general de la existencia, y a pensar sobre nuestras propias inundaciones y terremotos. Así fui elaborando una serie de teorías, pues la idea de que estuviéramos gobernados por un Dios omnipotente, omnisciente y bondadoso me parecía tan contradictoria que ni siquiera creía que se pudiese tomar en serio. Al llegar a la época de la banda de asaltantes había elaborado ya las siguientes posibilidades:

1°) Dios no existe.
2°) Dios existe y es un canalla.
3°) Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.
4°) Dios existe, pero tiene accesos de locura, esos accesos son nuestra existencia.
5°) Dios no es omnipresente, no puede estar en todas partes. A veces está ausente ¿en otros mundos? ¿En otras cosas?
6°) Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.
7°) Dios fue derrotado antes de la Historia por el Príncipe de las Tinieblas. Y derrotado, convertido en presunto diablo, es doblemente desprestigiado, puesto que se le atribuye este universo calamitoso. Yo no he inventado todas estas posibilidades, aunque por aquel entonces así lo creía; más tarde, verifiqué que algunas habían constituido tenaces convicciones de los hombres, sobre todo la hipótesis del Demonio triunfante.

XXXIV
A medida que iba descendiendo sentía el peculiar rumor del agua que corre y eso me indujo a creer que me acercaba a alguno de los canales subterráneos que en Buenos Aires forman una inmensa y laberíntica red cloacal, de miles y miles de kilómetros. En efecto, pronto desemboqué en uno de aquellos fétidos túneles, al fondo del cual corría un arroyo impetuoso de aguas malolientes. Una lejana luminosidad indicaba que hacia el lado donde corrían las aguas habría una de las llamadas "bocas de tormenta", o un tragaluz que daría a una calle o acaso la desembocadura a uno de los canales maestros. Decidí encaminarme hacia allá. Había que marchar con cuidado sobre el estrecho sendero que hay al borde de estos túneles, pues resbalar ahí puede ser no sólo fatal sino indeciblemente asqueroso. Todo era hediondo y pegajoso. Las paredes o muros de aquel túnel eran asimismo húmedas y por ellas corrían hilillos de agua, seguramente filtraciones de las capas superiores del terreno.
Más de una vez en mi vida había meditado en la existencia de aquella red subterránea, sin duda por mi tendencia a cavilar sobre sótanos, pozos, túneles, cuevas, cavernas y todo lo que de una manera o de otra está vinculado a esa realidad subterránea y enigmática: lagartos, serpientes, ratas, cucarachas, comadrejas y ciegos. ¡Abominables cloacas de Buenos Aires! ¡Mundo inferior y horrendo, patria de la inmundicia! Imaginaba arriba, en salones brillantes, a mujeres hermosas y delicadísimas, a gerentes de banco correctos y ponderados, a maestros de escuela diciendo que no se deben escribir malas palabras sobre las paredes; imaginaba guardapolvos blancos y almidonados, vestidos de noche con tules o gasas vaporosas, frases poéticas a la amada, discursos conmovedores sobre las virtudes patricias.
Mientras por ahí abajo, en obsceno y pestilente tumulto, corrían mezclados las menstruaciones de aquellas amadas románticas, los excrementos de las vaporosas jóvenes vestidas de gasa, los preservativos usados por correctos gerentes, los destrozados fetos de miles de abortos, los restos de comidas de millones de casas y restaurantes, la inmensa, la innumerable Basura de Buenos Aires.

XXXVI
Mientras fui avanzando, aquella claridad aumentaba, hasta que comprendí que la caverna en que creí haber estado era un gigantesco anfiteatro que se levantaba sobre una planicie bañada por una luminiscencia entre rojiza y violácea de un astro muchísimo más grande que nuestro sol, pero cuyo desfalleciente brillo indicaba que estaba cercano a su fin. Uno de esos astros que, con los últimos restos de su energía, bañan frígidos y abandonados planetas, con una luminosidad semejante a la que, en la oscuridad de una gran sala silenciosa, produce una chimenea cuyos leños se han casi consumido y en la que escasamente perduran brasas casi apagadas por las cenizas; misterioso resplandor que, en el silencio de la noche, nos sume en pensamientos nostálgicos y enigmáticos: vueltos hacia lo más profundo de nuestro ser, cavilamos sobre el pasado, sobre leyendas y países remotos, sobre el sentido de la vida y de la muerte, hasta que, ya casi totalmente adormecidos, parecemos flotar a la deriva en una balsa sobre aguas apenas vivientes.
¡Comarca de melancolía! Abrumado por la desolación y el silencio, quedé largo tiempo inmóvil. Hacia el poniente, sobre el crepúsculo de un cielo tormentoso pero paralizado, como si una tempestad hubiese sido cristalizada por un signo, contra un cielo de nubes de desgarrados algodones empapados en sangre, se recortaban unas torres derruidas por los milenios y acaso por la misma catástrofe que había desolado aquel fúnebre continente. Esqueletos de altas hayas, cuyas siluetas cenicientas contrastaban sobre los rojos violáceos de las nubes, hacían suponer que todo habría comenzado o terminado por un incendio planetario.

Entre las torres se levantaba una estatua tan alta como ellas. Y en su ombligo brillaba un faro fosforescente que parecía parpadear, si la muerte que reinaba en aquella comarca no indicara que ese parpadeo no era más que una ilusión de mis sentidos. Tuve la certeza que allí acabaría mi largo peregrinaje y que, tal vez, en aquel aciago reducto encontraría por fin el sentido de mi existencia. Hacia el septentrión, el páramo terminaba en una cordillera lunar, como la esquina dorsal de un monstruoso dragón. Hacia el borde meridional, en cambio, sobresalían cráteres apagados, que probablemente eran los restos de volcanes que en otro tiempo calcinaron esa comarca con sus torrentes de lava. El Ojo Fosforescente parecía llamarme y de pronto sentí que estaba destinado a marchar hacia la gran estatua. Pero mi corazón parecía haber entrado en una existencia latente, como la de los reptiles en los largos meses de invierno: apenas latía, y tuve la sensación de que se hubiese encogido y endurecido.
Ningún sonido, ninguna voz, ningún rumor ni crujido se oía en aquel imperio, y una melancolía se levantaba como una bruma en el fúnebre territorio. Volví a contemplar las torres, preguntándome sobre su misión, antes del cataclismo. ¿Podrían haber sido el reducto de feroces y misántropos gigantes? Durante un tiempo que me es imposible computar, porque el astro permanecía fijo en el firmamento, marché hacia ellas, y cuanto más me acercaba mayor era su majestad y su misterio. Las conté: eran veintiuna, dispuestas sobre un polígono que debía tener un perímetro tan grande como el de una enorme ciudad. Estaban construidas en piedra negra

La Gran Deidad

En el centro de aquel colosal polígono distinguía ya con nitidez la estatua de la Gran Deidad, terrible y nocturna, con poder sobre la vida y la muerte. Las torres hacían guardia en torno de ella. Estaba hecha con piedra ocre, su cuerpo era de mujer, pero tenía alas y cabeza de vampiro, en brillante basalto. Sus manos y sus pies terminaban en garras. No tenía rostro. La fosforescencia del Ojo se debía, tal vez, al reflejo de un fuego interior, porque ya era intenso, ya vacilaba o disminuía. La gran planicie que la rodeaba mostraba restos calcinados, como un estático museo del horror: ídolos de ojos amarillos en mansiones abandonadas, diosas de piel veteada como las cebras, imágenes de una taciturna idolatría con indescifrables inscripciones. Era una comarca donde sólo parecía celebrarse una sola ceremonia de la muerte. Me sentí de pronto tan desamparado que grité. Y mi grito se perdió en aquel silencio absoluto. Proseguí mi marcha, porque el Ojo me llamaba inequívocamente, hasta llegar a la muralla poligonal donde guardaba a la Deidad. Calculé que tenían la altura de una catedral gótica. Pero las torres eran muchísimo más altas. YO SABÍA que debía haber una entrada para que yo pudiese pasar, y quizá sólo para eso. En ese momento mi espíritu estaba dominado por la certeza de que todo aquello (las torres, la desolada comarca, muralla, el astro declinante) había estado esperando mi llegada y que únicamente por eso no se había derrumbado ya hacia la nada. De modo que una vez que yo lograra penetrar en el Ojo todo se desvanecería como un milenario simulacro.

Después de marchar durante agotadoras jornadas di finalmente con la puerta. En ella se iniciaba una escalinata de piedra que seguramente conducía al Ojo. Miles de escalones habría de subir. Temí que el vértigo y la fatiga pudieran vencerme, pero el fanatismo y la desesperación me poseían y así inicié el ascenso. Durante un tiempo que no podía precisarse, porque el astro permanecía siempre en el mismo lugar, mis pies destrozados y mi corazón midieron, en cambio, aquel esfuerzo inhumano, en medio del silencio. Nadie me ayudaba con sus plegarias, ni siquiera con su odio: era una lucha que yo solo debía librar. Muchas veces desfallecí y hasta perdí el conocimiento, pero al despertar reemprendía el ascenso.

El Ojo aumentaba su tamaño y eso me daba ánimos y a la vez pavor. Y cuando por fin llegué ante El, caí de rodillas, y permanecí de ese modo largo rato. Hasta que una Voz que salía o parecía salir de aquel Ojo, dijo estas palabras:

"Ahora entra. Este es tu comienzo y tu fin".

Me incorporé y, ya enceguecido por el resplandor, entré. El fulgor intenso pero equívoco, como es característico de la luz fosforescente, que diluye y hace vibrar los contornos, bañaba un largo y estrechísimo túnel de carne, en que me fue preciso trepar reptando sobre mi vientre. Tuve la impresión de que aquel fulgor provenía de lo alto, que adivinaba como una gruta submarina. Fulgor acaso producido por algas, semejante al que en las noches de los trópicos, navegando en el mar de los Sargazos, había entrevisto mirando hacia las profundidades oceánicas; combustión fluorescente que en el silencio de esas fosas alumbra regiones pobladas de monstruos, que no salen a la superficie sino en ocasiones, propagando la consternación entre los tripulantes de los barcos que tienen la fatalidad de pasar en sus cercanías; sucediendo que esos hombres enloquecen y se arrojan al agua, de modo que esos barcos, abandonados a su suerte, como mudos testigos de la calamidad, navegando durante décadas a la deriva, fantasmas, llevados y traídos al azar por las corrientes marinas y por los vientos, hasta que las lluvias, los tifones, el sol de los trópicos y el tiempo pudren y desgarran sus cascos y sus mástiles, para concluir carcomidos por la sal y por el yodo, por los hongos y los peces, desapareciendo finalmente en las profundidades.

XXXVII El dominio de la Secta

Ignoro el tiempo que permanecí sin sentido. Cuando poco a poco desperté, no comprendí dónde me hallaba, ni recordaba mi peregrinaje, ni los episodios que lo habían precedido. De espaldas en una cama, mi cabeza me pesaba corno si estuviera rellena de plomo y mis ojos apenas podían ver: sólo alcanzaba a advertir esa fosforescencia que era la misma que había en el cuarto de la Ciega antes de mi fuga. Mis músculos no podían moverse. Paulatinamente mi memoria comenzó a reorganizarse, como una central de comunicaciones después de un terremoto, y empezaron a reaparecer fragmentos de mi vida anterior: Celestino Iglesias, la entrada en el departamento de Belgrano, los pasadizos subterráneos, la aparición de la Ciega, el encierro en el cuarto, la fuga y, finalmente, la marcha hacia la Deidad. Sólo entonces comprendí que la fosforescencia que dominaba aquella habitación era idéntica a la de la gruta o vientre de la gran estatua; a medida que mis ojos iban vislumbrando el techo y las paredes, sospeché que me encontraba en el mismo cuarto del que creía haber escapado. Aunque no me atrevía a volver mi mirada hacia la puerta, tuve la sensación de que allí estaba la Ciega. De manera que todo mi peregrinaje por los subterráneos y cloacas de Buenos Aires, mi marcha por aquella planicie planetaria y mi ascenso final hacia el vientre de la Deidad habían sido una fantasmagoría desencadenada por las artes mágicas de la Ciega, por órdenes de la Secta. Y sin embargo yo me resistía a admitirlo, porque todo aquello tenía la fuerza y la precisión carnal de algo que realmente había vivido. En aquel momento no tenía ni la lucidez suficiente ni la calma para analizarlo, pero ahora tengo la certeza de que el viaje hacia la Deidad lo había vivido, y que, aun en el caso de que mi cuerpo no hubiese salido del cuarto de la Ciega, mi alma había recorrido verdaderamente aquella asombrosa región. Sentí que aquella mujer se acercaba a mi cama.

Todavía ahora, con los plenos poderes de mi mente, no sé cómo explicarlo: era verdad que yo era prisionero de la Secta y que aquella mujer, con la que tendría el más tenebroso de los ayuntamientos, era parte del castigo que la Secta me tenía destinado, pero, también, el punto final de una persecución que yo, por mi propia voluntad, había convocado a lo largo de años y años. Una compleja sensación me paralizaba y me incitaba a la vez, una mezcla de miedo y ansiedad, de náusea y de maligna sensualidad. Y cuando por fin pude abrir los ojos vi que estaba desnuda ante mí: de su cuerpo irradiaba un fluido que llegaba hasta mis vísceras y desataba mi lujuria. Con esperanza que debería llamar negra —la que debe de existir en el infierno—, comprendí que aquella serpiente se echaría sobre mí. Porque en un relámpago tuve la revelación: ¡era Ella! Aquel universo de Ciegos resultaba ser un instrumento para satisfacer nuestra pasión y, finalmente, para ejecutar su venganza. Inmóvil, quieto como un pájaro bajo la mirada paralizadora de una serpiente, vi cómo se acercaba lenta y lascivamente.

[[Final. De X. Pikaza

Volver a leer Jn 9: Jesús abre los ojos al ciego]]

Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/148240

Comparte esta información
  • delicious
  • meneame
  • digg
  • yahoo
  • talk bubble

Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
El bien y el mal. La luz y las tinieblas.
Ya que el diablo entra en liza y por seguir con Saramago (admiro su lucidez, lo reconozco), me viene a la memoria su libro "El evangelio según Jesucristo", en concreto el diálogo entre Dios, Jesús y el diablo en el lago Tiberíádes. En la oscuridad del lago se lanzan al aire preguntas duras e inquietantes sobre la culpa, el mal y el bien, la justicia, las tentaciones, los temores .... dejando a cierta visión del Dios cristiano, felizmente sepultada por el Concilio y la teología posterior pero resucitada hoy por el magisterio, en muy mal lugar.
Enlace permanente Comentario por Pilar 04.03.08 @ 10:19
¿Recordáis el tema de la visiones que proponía Ariel Álvarez? Se trata de aprender a ver. Hace años pase unos días en Buenos Aires leyendo a Sábato (no todo se puede leer). A las tardes salía a respirar junto al río. PUede tener razón César Augusto con lo Tolkien, pero no creo en el Dios que tenda en una mano al hijo bueno y en otra al malo (Jesús y el Diablo)... Sí, todo es Dios, pero las tinieblas no han podido "apagar" la luz, ni encerrarla, como sabe Jn 1, 5. En esa lucha estamos. Xabier
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 03.03.08 @ 23:48
Yo personalmente prefiero a Tolkien y su Saga de El Señor de los Anillos. Es más rica en términos metafóricos, más cercana a la manera de entender hoy a El Gran Poder del Príncipe de este Mundo y sobre todo, más divertida.
Sólo es custión de "abrir los ojos" y leer la saga (o verla en la magnífica adaptación cinematográfica de Jackson) para "darse cuenta" de la lucha que desde tiempos remotos el hombre ha sostenido con el Lado Oscuro de Dios....Aunque de todos modos, hombres de poca fe, si el Hijo se sienta a la diestra del Padre, imaginaos quién se sienta a la siniestra.
Todo es Dios.
Enlace permanente Comentario por César Augusto Torres 03.03.08 @ 18:17
Como el que vé es el CEREBRO ,no nos dejemos "comer el coco por nada ,ni nadie"....si necesitamos GAFAS ...PUES VAMOS AL OCULISTA .
Enlace permanente Comentario por Arco-Iris 03.03.08 @ 17:55
.... pagan el impuesto del comino pero no obdedecen la ley de Dios.... se sirven de los demás, les gusta alargar los flecos de sus mantos y ensanchan las filacterias haciendo alarde de su superioridad....
Cuidado con ellos.
Enlace permanente Comentario por Pilar 03.03.08 @ 10:52
Tienes razón, sofía. Nos dice San Pablo que ahora vemos como en un espejo, es decir, tomamos los espejismos por realidad.
De todas formas la realidad es abierta. Cada uno ve la suya. Como dice Rubén, los niños ven la realidad de una manera, los adultos de otra. La mirada no es la misma nunca. Lo que yo veo, no lo verás tú jamás. Por eso es bueno el intercambio, la comunicación y el encuentro, porque nos dan diferentes perspectivas de la realidad, nos abren los ojos a otra mirada y de esa manera podemos tener una comprensión más amplia de lo que son las cosas.
El poder busca siempre la ceguera del pueblo porque la necesita para sostenerse. Y el poder religioso de manera absoluta. Cuidado, mucho cuidado -nos advierte Jesús- con los líderes religiosos. Haced lo que os dicen pero no lo que ellos hacen, porque tiranizan, echan sobre las espaldas de otros pesos insoportables mientras ellos no son capaces de llevar cargas ni con un dedo, pagan el impuesto del comino pero no obded...
Enlace permanente Comentario por Pilar 03.03.08 @ 10:45
Gracias por las aportaciones de Saramago, Sacks... y por las vuestras. Sofía, he presentado el tema precisamente porque pienso que está abierto... Ciertas instituciones pueden convertirse en causa de ceguera.... Jesús presentó el fariseísmo de algunos personajes religiosos de su tiempo... Sábato hablaba de un sistema de poder-sacralidad- violencia que dominaba en su tiempo... El símbolo de la ceguera-oscuridad como pdoer maléfico está en casi todas las culturas. Me hubiera gustado llegar al antro de la diosa del subsuelo... para ls buena Madre, al buen Dios de la luz que quía sobre el mundo a los hombres... Gracias por las reflexiones Xabier
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 03.03.08 @ 09:18
Quiero resaltar lo siguiente respecto del comentario sobre los casos clínicos estudiados por Sacks:
Los problemas que tienen aquellos que vuelven a tener visión son reales y nada despreciables: él habla de que al parecer los colores aparecen como chillones, como manchas que se te echan encima poco más, las perspectivas devienen angulosas, etc. Uno se pone en su piel y comprende sus en verdad terribles dificultades.
Por otra parte, ¿es igual la mirada de un niño pequeño que la de un adulto? ¿la mirada mía que la mirada del de al lado?
Enlace permanente Comentario por Rubén 03.03.08 @ 08:23
Rubén, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
La costumbre de no ver hace incómodo "ver" hasta el punto de desear seguir siendo ciego.
Parece increible pero es cierto y lo peor es que así ocurre con todo. Por eso es difícil la conversión, por la maldita costumbre.
Borges decía que "morirse es una costumbre que tiene la gente". Y seguro que es cierto.
Enlace permanente Comentario por Pilar 02.03.08 @ 23:32
Algo curiso: leyendo a Oliver Sacks, contaba de algunos ciegos que habían recuperado la vista después de años a oscuras. Sin embargo, no ocurría lo que preveíamos que iba a pasar, es decir, que sería recibido como una bendición. ¡Qué bien, ya veo! No, en el caso que presentaba, que yo recuerde, el hecho de ver le traía al ciego tantos problemas que prefería quedarse como estaba.Quiero decir, había todo un cambio de...dimensión al que no era nada fácil acostumbrarse. Un brutal cambio de dimensión, por así decir. Como si te cambiaran por entero la escenografía de la vida...y hasta el argumento.
Enlace permanente Comentario por Rubén 02.03.08 @ 22:29
"Ensayo sobre la ceguera" de Saramago es una buena alegoría de la ceguera colectiva que sufrimos. El mundo de los ciegos por contagio, segregados y condenados a suerte, reproduce con un realismo trágico la sociedad absurda en que vivimos. El egocentrismo salvaje, el "sálvese quien pueda", las relaciones humanas pervertidas, el poder, el miedo, la violencia, el sexo ... todo lo toca Saramago con su pluma brillante y profunda, tanto que estremece ver reflejado en el relato un mundo como el nuestro que va directo al caos. Al caos de los ciegos.
Pero Saramago resuelve la tensión asfixiante de la novela en un final milagroso y "salvador" para los ciegos, parece darles una segunda oportunidad por medio de una lluvia-bautismo que lava la suciedad (también moral) de los ciegos y hace que los ojos recuperen la capacidad de VER.
El simbolismo del agua hace nacer de nuevo, que hace que los ciegos vean, está presente como en la piscina de Siloé, aquí por la lluvia que cae del cielo.
Enlace permanente Comentario por Pilar 02.03.08 @ 21:39
"los ciegos que dominan y dirigen el mundo "...siempre les habido y simpre les habrá ..por los siglos de los siglos .Antes ,mucho antes de MIRAR a estos CIEGOS .....veamos primero, que CEGUERA TENEMOS NOSOTROS : DE LOS OJOS? DEL CORAZÓN? DE LA RAZON? quizá sin darnos cuenta de nuestra propia cegura "queramos de alguna manera DOMINAR a OTROS ...no dándonos derecho por tanto a "llamar a nadie ciego" si no somos capaces de ABRIR EL CORAZON Y LOS OJOS ...A NOSOTROS ....PARA QUE NADIE NOS LOS PUEDA CERRAR NUNCA .........prefiero ser ciego de los OJOS que de LA RAZON .

Enlace permanente Comentario por Arco-iris 02.03.08 @ 17:21

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Hacer comentario:
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.
Tu email no se mostrará en la página.
etiquetas XHTML permitidas: <p, ul, ol, li, dl, dt, dd, address, blockquote, ins, del, span, bdo, br, em, strong, dfn, code, samp, kdb, var, cite, abbr, acronym, q, sub, sup, tt, i, b>
URLs, email, AIM y ICQs serán convertidos automáticamente.
Opciones:
 
(Saltos de línea se convierten en <br />)

Blogs
El club de los amigos malos

El club de los amigos malos

Cuando una bomba explotaba cada noche en La Habana y Fidel Castro se convertía en el mayor terrorista de latinoamérica*

Julio San Francisco

Contracorriente

Contracorriente

El sufrimiento de los cristianos en Argelia y Egipto

Rodrigo del Pozo Fernández

Iglesia en América Latina

Iglesia en América Latina

Xtojesus.com

Daniel Salsamendi

Diálogo sin fronteras

Diálogo sin fronteras

Santiago no quiero enviarte un SMS

Carmen Bellver

MASS Bierzo

MASS Bierzo

Escuredo: “Ha sido un año malo, irresponsable y de vocación caciquil”

Angel Escuredo

Corrupción global

Corrupción global

175 ¿Còmo salir de la crisis?. Mix de las visiones de: economistas de prestigio, de expertos en competitividad, Opiniones de comentaristas en PD, declaraciones del Gobierno, en medios de comunicaciòn y bloggers de Periodista Digital.Parte IV.

Luis Llopis Herbas

Escaño 351

Escaño 351

El cheque-bebé es discriminatorio

La cigüeña de la torre

La cigüeña de la torre

Los bobos de Coria (XX)

Francisco José Fernández de la Cigoña

Entre el Cielo y la Tierra

Entre el Cielo y la Tierra

XXVIII CORREO: ANA Y LAS PALABRAS DEL PAPA BUENO

Francisco Baena Calvo

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

¿Qué hacer contra el paro?

Enrique Arias Vega

El barón rampante

El barón rampante

Obispos, rabinos e imames salen a la calle contra la pobreza en Londres

Jesús Bastante

Ciencia

Ciencia

El mayor yacimiento de ámbar está en Cantabria

Periodista Digital

El alma del haiku

El alma del haiku

¿Proselitismo en el haiku?

Vicente Haya

Un país a la deriva

Un país a la deriva

¿Y qué si hay crisis?¿Le importa a alguien?

Vicente A. C. M.

[AD] Actualidad Digital y Tecnología

[AD] Actualidad Digital y Tecnología

El "Rey del Spam" se suicida tras asesinar a su mujer y a una de sus hijas [ENG]

Sección de Actualidad Digital de PD

Dinero

Dinero

El pesimismo económico se quintuplica desde la llegada de Zapatero al poder

Dinero

Más claro, agua

Más claro, agua

¡Santiago y cierra España!

Eduardo Cruz

Protestantes

Protestantes

¡Peligro!, llegan las vacaciones

Pedro Tarquis

Electroduende

Electroduende

Prostitutas de lujo en Antena 3

Electro Duende

24/7

24/7

El guarrete de Max Mosley gana la batalla judicial a News of the World

Haz de PD tu página de inicio | Sugerir enlace | Informa a un amigo | ¿Quiénes somos? | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Denuncias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias