Domingo 13. 1. 08. Bautismo de Jesús. Tuvo un gurú llamado Juan

Permalink 12.01.08 @ 10:30:29. Archivado en Iglesia Instituciones, Teología, Jesús, Nuevo Testamento, Domingo, dia de la Palabra, Oración, espiritualidad

(Mt 3, 13-17) Gurú es un iniciador, un maestro de religión. Se llamaba Juan. Era judío radical, pudo haber sido de otra religión, si es que hubiera vivido en otra parte. Tuvo un guru que le enseñó e hizo con él lo que todo gurú ha de hacer: ponerle en manos de Dios; así aprendió y vivió su religión partiendo de otra religión, con la que estuvo siempre en contacto. Ésta es la lección final de la Navidad. En Reyes veíamos a unos Magos que "enseñaban" (le ofrecían sus dones) a Jesús. Hoy celebramos su Bautismo, su mayoría de edad. Pues bien, también aquí su "maestro e iniciador" es un hombre de "otra" religión. Éste es el comienzo de todo diálogo y aprendizaje cristiano, tanto en plano de doctrina (¡hablarían de algún modo de Dios o lo divino y de los pobres/pecadores de la tierra!) como de ritual de vida (Juan bautizó a Jesús, no al revés).

Jesús aprende

Jesús, hijo de Dios, aprende de un profeta de la tradición religiosa de su entorno, que le pone en el camino de Dios. No le llevan como niño. Se ha hecho "grande" en Nazaret y ha ido a buscar a Dios por sí mismo, hasta el río Jordán, al lugar donde un profeta, llamado Juan Bautista, elevaba su voz y anunciaba el juicio de Dios. Ha dejado a su familia, su trabajo de artesano, y,lleno depreguntas, llevando a cuestas el dolor de los hombres, ha venido al río a dialogar con Dios y para ello busca la ayuda del hombre de Dios, junto al río. Sabe algo, pero viene a que le digan. Busca, viene a que le encuentren. Éste es para los cristianos el principio de todo "diálogo religioso": Jesús aprende "su religión" a partir de un maestro de otra religión. Un no-cristiano (Juan ¿podía ser Buda?) le pone en el lugar donde él puede y debe escuchar a su Dios. Por "saberlo todo" tiene que aprender de los que saben. Así empieza siendo el primero de los cristianos, entre los hombres y mujeres de su tierra

1. Lo que Jesús buscaba. Reparos de Juan

Vengo hablando estos días de la "teología del dialogo religioso", es decir, del pluralismo de los caminos de Dios que, para nosotros, cristanos, culminan en Jesús. Pues bien, las fiestas de la Navidad terminan presentándonos a Jesús como "discípulo" de un hombre de "otra religión", de un profeta judía. Jesús sólo pudo escuchar la voz de Dios que le llamaba Hijo... poniéndose en el camino de las historia de las religiones, representadas en aquel momento y lugar por el judaísmo apocalíptico y moral (judicial) de Juan Bautista.

Juan estaba ofreciendo una terapia de choque: situaba a los hombres ante la venida de Dios, pero daba la impresión de que ellos no podían hacer nada para cambiar la realidad: sólo bautizarse y esperar el juicio. Pues bien, durante un tiempo, Jesús aceptó esa “terapia”, confesando así que este mundo no tiene sentido ni salida, en su actual perspectiva. Aprendió de Juan, iniciando así el primero y más profundo de todos los diálogos religiosos de la historia cristiana. Jesús aprendió de un profeta judío, de tipo apocalíptico...¡Aprendió de un homre de otra "religión"! No rechazó el diálogo

El mensaje de Juan incluía un elemento de destrucción, expresada en el bautismo, como signo de pecado (asumido por los pecadores) y de preparación para la muerte. Significativamente, entre los que fueron a bautizarse, la tradición cristiana ha recordado, de un modo especial, a los publicanos y prostitutas (cf. Mt 21, 32), que parecían pecadores sin remedio. Pues bien, entre ellos, asumiendo la suerte de su pueblo, como pecador entre pecadores (¿y como portador de un proyecto mesiánico?), vino Jesús de Galilea. Vino Jésús y aprendión. Sólo así, aprendiendo, pudo ofrecer después su respuesta personal, haciendo un camino distinto, pero no contrario al de Juan (a quien nunca condenó como hereje o infiel)
Todo nos permite suponer que, al menos en un sentido, Jesús vino al Jordán para “morir” (confesar los pecados del pueblo y preparar con Juan la caída de la vieja humanidad), aunque llevara en su interior una semilla de tradiciones davídicas. Pues bien, después de haber un tiempo, él volverá a Galilea con la certeza de que el juicio ha llegado (o ha pasado) y de que, en su lugar, puede y debe iniciarse el anuncio del Reino de Dios (una nueva vida para los hombres). Parece claro que, entre ida y vuelta, hubo en Jesús un cambio fuerte, una experiencia desencadenante, que los evangelios vinculan al bautismo (a la culminación de su aprendizaje con Juan), e interpretan como “unción” mesiánica (cf. Mc 1, 9-11).

La tradición es clara al afirmar que Jesús recibió el bautismo de Juan (cf. Mc 1, 9), a pesar de los problemas que ese dato podía causar a la iglesia, como lo muestran las “excusas” del Bautista en Mt 3, 14-15 y el hecho de que Lc 3, 21 y Jn 1, 29-34 eviten citar ese bautismo de un modo directo, porque les parece "menos digno" que Jesús (que todo lo sabe) venga a aprender en la escuela de un hombre de "otra" religión. Veamos el texto de Mateo, el de este día:

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: "Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?" Jesús le contestó: "Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere." Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: "Este es mi hijo, el amado, mi predilecto (Mt 3, 13-17)

Juan pone reparos, pero, al final, acepta su fucnión de maestro e iniciador del mismo Hijo de Dios. Precisamente porque sabe "todo", Jesús puede aprender de todos... Y aprende en serio. El comienzo de su actividad mesiánica será un momento clave de "diálogo" religioso. Las aguas del Jordán puede ser las del Ganges o las Mar Austral: son las aguas en la que Jesús asume la historia humana, aprende de Jesús... y de esa forma, acogiendo el gesto de Juan, puede escuchar la voz de Dios, su voz,la del Padre.

2. La experiencia del Bautismo de Jesús

Aquí no he querido evocar el hecho del Bautistmo de Jesús en cuanto tal, conforme a la visión de los evangelios de Marcos o Mateo, sino que he preferido poner de relieve aqullo que pudo ser la experiencia de la vocación de Jesús, su encuentro básico con Dios, encuentro que la tradición cristiana ha vinculado a su bautismo.

Debió ser un momento de “estado naciente”. Jesús era un hombre maduro: Lc 3, 23 afirma que tenía unos treinta años, edad ya avanzada en aquel tiempo. Había recorrido muchos caminos, pero los más significativos se hallaban aún latentes y necesitaban expresarse a través de una experiencia nueva, que le permitiera llegar hasta el fondo de sí mismo, escuchando y acogiendo así la llamada de Dios.

La mayoría de los historiadores y exegetas suponen que el bautismo en el Jordán, no fue un dato pasajero, sino un acontecimiento que marcó la “historia de su vida”, trazando una ruptura respecto a lo anterior y permitiendo que asumiera hasta el final (y superara) el juicio del Bautista, definiendo su nueva opción profética y mesiánica al servicio del Reino de Dios (retomando, de forma distinta, la tradición de David) . Éstos son algunos de rasgos que pueden ayudarnos a entender esa experiencia:

1.El bautismo de Juan era una acción profética única de muerte-juicio (de paso) que ponía a cada bautizado a puerta de entrada de la tierra prometida. Era una experiencia de gran significado escatológico: el mismo Juan, como profeta final, introducía al iniciado en las aguas del río del límite, ante la tierra prometida; por su parte, el que se bautizaba asumía la historia del pueblo de Israel, vinculada a la salida de Egipto con Moisés (paso del Mar Rojo) y a la entrada en la tierra prometida (paso del Jordán, con Josué). Entendido así, el bautismo era una experiencia de “juicio” que expresaba y ratificaba la superación del pecado de los hombres (que así “morían”) y la nueva acción trasformadora de Dios. No conocemos la manera en que otros hombres y mujeres recibieron y entendieron el bautismo de Juan, pero todo nos permite suponer que para Jesús lo tomó como momento clave de renacimiento: Dios le estaba hablando y haciendo nacer en el gesto del Bautista.

2.El bautismo de Jesús fue una experiencia de iniciación. Juan le abrió una puerta en el agua... y él entró. Jesús entró por la puerta del agua que le abría su maestro y asi, de su mano, vio cosas y escuchó palabras: vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios que se presentaba como Padre (diciéndole ¡tú eres mi Hijo!) y que le confiaba su tarea creadora y/o salvadora (¡ofreciéndole su Espíritu!). Ciertamente, esa escena, que forma un momento clave en nuestros evangelios (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada desde la vida posterior de la Iglesia, pero en su fondo puede y debe haber existido un núcleo fiable, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado” .

3. Experiencia de inversión, es decir, de cumplimiento profético y revelación mesiánica. Quizá buscaba una cosa y encontró una distinta. Sea como fuere, en esa expresarse un Dios que, conforme a la mejor tradición israelita, actúa a contrapelo de los hombres. Precisamente allí donde, llegando hasta la meta de su mensaje apocalíptico de juicio, Juan colocaba el final (juicio y destrucción), experimenta y descubre Jesús la verdad más alta de su misión, recuperando, de un modo más hondo, su vocación “familiar” davídica. No niega por eso la experiencia de Juan, sino todo lo contrario: sitúa y entiende esa experiencia profética como impulso y llamada para su tarea mesiánica. Es como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo ha terminado (nada se espera en línea de juicio) puede comenzar ya todo, de un modo distinto, en línea de vida y no de muerte .

4. Fue una experiencia de comienzo, un nuevo punto de partida. Jesús se arriesgó, vino, vivió, recibió a través de Juan una experiencia superior de vida y de misión. No queremos decir que las cosas sucedieran exactamente de esa forma. Nadie lo sabe ni podrá saberlo jamás, pues no tenemos una autobiografía de Jesús. Pero todos los hilos posteriores de su vida se entienden desde aquí: estamos en la línea que lleva del antiguo Elías, profeta del juicio (como Juan Bautista), al nuevo Elías, mensajero de la brisa suave y del nuevo comienzo (un Elías que sana a los necesitados). Sólo en este segundo contexto (como profeta carismático), Jesús ha podido superar un tipo mesianismo davídico antiguo (vinculado quizá a la visión apocalíptica del juicio de Juan), para descubrir el verdadero mesianismo, en línea de gracia y de amor a los enfermos. Sólo en este contexto, allí donde se sabe que todo lo anterior se ha cumplido y terminado (ha muerto), puede hablarse de un nuevo comienzo, que empieza precisamente con la voz del Padre, que le dice “tú eres mi hijo”, y con la brisa del Espíritu (que le envía a realizar su obra).

5. Experiencia “visionaria”, vocación filial. No ha sido un proceso “racional” en plano objetivo, algo que puede “demostrarse” por medio de argumentos, sino un tipo de “intuición” vital, que ha trasformado las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, de su forma de estar en el mundo y de su decisión de trasformarlo. En ese sentido decimos que, teniendo un elemento visionario, el bautismo ha sido una “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser. No es imposible que, en este momento crucial, Jesús haya escuchado la voz de Dios que le llama “Hijo” y haya “descubierto” la experiencia del Espíritu, haciéndole asumir su tarea davídica de Reino. Todo el transcurso posterior de su vida se entiende a partir de esta experiencia visionaria entendida de forma filial.

3. Conclusión

Los cinco elementos anteriores marcan, a mi juicio, el bautismo de Jesús. Sabemos que en este campo resulta muy difícil trazar suposiciones de tipo psicológico, pero a veces lo más obvio y sencillo es lo más verosímil.

Jesús fue donde Juan cargado de experiencias y preguntas sociales a las que, en ese momento, él no sabía responder. Pensó quizá que por el bautismo podía introducirse de un modo personal en el camino del juicio, para dejar que fuera Dios quien resolviera los problemas. De esa forma se unía a los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano israelita, en una sociedad que se desintegraba.

Venía a bautizarse para asumir el proyecto de Juan, abandonando otros proyectos; venía quizá para decirle “adiós” al Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (cf. 1 Rey 19).

Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos creadores, salió a su encuentro en el agua y en la brisa suave del Espíritu, para engendrarle de nuevo como Hijo y confiarle su tarea más honda. Aquel fue el momento y lugar de su verdad, su verdadero nacimiento. Por eso, la Iglesia posterior ha sseguido realizando el gesto del bautismo de Jesús como expresión de la llamada que Dios dirige en amor a todos los hombres, haciéndoles sus hijos y ofreciéndoles su tarea creadora sobre el mundo.

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.... mediador entonces, pero no de manera arbitraria, no cierra puertas, no es árbitro ni censor, sino que se siente enviado ( como acabamos de ver en su bautismo) a dar a conocer a Dios, como él lo conoce y lo ama, a toda la humanidad.
Y por eso nosotros somos mediadores también, en la medida que llevemos, con nuestra vida sobre todo, el amor de Dios a los demás.
Saludos cordiales
Enlace permanente Comentario por Pilar 15.01.08 @ 11:05
Jesús nos da conocer al padre y en ese sentido se puede entender como intermediario. La carta a los hebreos magnificará luego y equiparará su sacerdocio al de los judíos.
Pero Jesús nos enseña a llamar a Dios, también nosotros, padre nuestro y a pedirle directamente el perdón de los pecados y sobre todo la venida del reino ....
No nos mantiene en el infantilismo religioso de aquella y de todas las épocas. Ni acepta castas de ningún tipo.
Nos transmite su experiencia filial de hijos y adultos en la fe y ningún poder del mundo nos arrebatará nuestra filiación y el amor de Dios. Yo prefiero verlo como el primogénito de todos nosotros, como el que abre un camino nuevo que cada uno de nosotros debe descubrir y recorrer por sí mismo, con su compañía y la de los demás hermanos pues la intermediación también está en la comunidad. Donde dos o más se reunen en mi nombre ......
El es nuestro hermano, nuestro Goel, como vimos en algún post de este blog, mediador entonces,...
Enlace permanente Comentario por Pilar 15.01.08 @ 11:01
Yo creo que Jesús no tenía ninguna religión tal y como entendemos las religiones.
Él no hacía diferencia entre lo profano y lo sagrado y no aceptaba la intermediación sacerdotal, ni aceptaba el poder del templo ni el poder de la ley tal y como era aplicada.
Por tanto, la idea de religión vinculada a la ley y al templo la tira por tierra.
Su religión es la vinculación a Dios como hijo, la filiación, el amor a su padre y a los hombres como algo inseparable.
Por eso no fundó una nueva religión sino que nos transmitió una forma de entender la vida, de entender a Dios como amor entregado hasta el extremo. Y nos dijo que hiciéramos lo mismo en memoria suya.
Enlace permanente Comentario por Pilar 14.01.08 @ 23:20
Copio del comentario de Xabier:

"las fiestas de la Navidad terminan presentándonos a Jesús como "discípulo" de un hombre de "otra religión", de un profeta judío".

La espiritualidad de Jesús supongo que podía diferir de la de Juan Bautista [de hecho en aquel momento entre esenios, saduceos (aquí no cuentan por ser casta sacerdotal noble), zelotas y fariseos (algunos investigadores incluyen a Jesús aquí dentro)]ya que el pupurri de diferentes espiritualidades era considerable junto con la de la mayoría del pueblo que probablemente no compartía estrictamente ninguna de ellas, ¿pero de ahí se puede llegar a decir que el guru Juan y Jesús eran de "religiones" distintas?

No lo tengo claro, pero agradezco mucho estos comentarios de Xabier.

Hasta la próxima.
Enlace permanente Comentario por Jordi Morrós 13.01.08 @ 12:52
Acepto las precisiones de Sofía y de Augusto. Sin duda, tienen razón, en un sentido... Pero, aún así, puede ponerse de relieve algunos puntos que pueden valernos en el tema del encuentro de las religiones:
1. Juan (que no creía lo mismo que Jesús, en sentido externo) abre un camino para Jesús... que de la mano de Juan se encuentra con Dios.
2. Jesús asume desde Juan el camino de la radicalidad (¡sólo Dios!) y el de los pobres (¡los publicanos, prostitutas y expulsados... que iban donde Juan!). Así lo recuerda el evangelio.
3 Jesús era un purista del amor de Dios y del amor a los demás.... Le importaban Dios y/o los otros, en amor y esperanza de Reino... no la verdad de su religión como institución cerrada.
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 13.01.08 @ 08:59
Pilar,

¿Como sentirmos hijos amados de Dios si todavia nos siguen metiendo miedo con el infierno? Me dicen que es un dogma de fe que el que muere en pecado mortal va al infierno, fíjate tu. ¿Como puedo entender si Dios es Padre y Madre de infinita ternura que sólo salve a los católicos y deje condenarse al resto de la humanidad? ¿No es una forma distorsionada de entender y de vivir nuestra filiación divina? ¿Es posible creer que sólo unos pocos católicos somos amados? ¿y el resto de la creación para qué ha sido creada, por puro divertimento?

Me parece imposible creer en todo esto a la vez, algo no puede ser cierto, algo está mal...
Enlace permanente Comentario por Maria 13.01.08 @ 03:46
Ventana sobre la llegada

El hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado.
Recibió una caracola:
- Para que aprendas a amar el agua.
Abrieron la jaula de un pájaro preso:
- Para que aprendas a amar el aire.
Le dieron una flor de malvón:
- Para que aprendas a amar la tierra.
Y también le dieron una cajita cerrada:
- No la abras nunca, nunca. Para que aprendas a amar el misterio.

Eduardo Galeano
"Las palabras andantes"
Editado en 1993
Enlace permanente Comentario por Juan Manuel González 13.01.08 @ 02:55
¿Cuántos de nosotros nos sentimos hijos predilectos de Dios, hijos en los que Dios se complace?
Esa es la experiencia de nuestro bautismo: somos hijos amados, Dios nuestro padre se complace en cada uno de nosotros.

Si viviéramos así nuestra filiación divina.....
Si tuviéramos el sentido de misión que tuvo Jesús en el Jordán, nuestra fe lograría dar a la vida el mismo sentido que le dio Jesús: morir para vivir, entregar la vida por el reino, dejarnos amar por Dios padre para derramar su amor sobre el mundo....
Es bueno meditar sobre todo esto cuando celebramos el bautismo de Jesús de manera que veamos su bautismo como prefiguración del nuestro.
Enlace permanente Comentario por Pilar 13.01.08 @ 01:51
XABIER. Encuentro “ponderaciones” que no encajan sobre los textos evangélicos. Por ejemplo, la más chocante, que Jesús aprendió de un maestro de otra “religión”. Es una interpretación original, epistemológica, condescendiente, “tolerante”, pero no se ajusta, o por lo menos contrasta, con la vida del Jesús fiel a las tradiciones de Israel. Porque, aunque a Juan se le considere “radical” y a Jesús “tolerante”, no se les puede separar de la creencia judía.
¿Revelación mesiánica? Si las cosas se vieron y se oyeron tan “claramente”, y Juan no dudó en quién era su “discípulo”, ¿por qué posteriormente envía a preguntar que quién es, que si es el mesías o deben esperar a otro…? ¿No está todo dentro de una posterior reflexión de la comunidad como “inicio” de la “exaltación divina” de su maestro?
Enlace permanente Comentario por Emerito Agusto 13.01.08 @ 00:49
Preparación y realización: ese es el interminable proceso de la vida; lo demás
es marginal y aleatorio. 30 años de preparación y 3 de realización; 0,3de pasión 0.03 de consumación; 0,003 de muerte y 0,0003 de vida... eterna!
No es curioso cómo juega el número 3?
La vida mística es quedarse con ese resto (diezmo?) progresivo que lleva al "nada = todo".
Kabalístico? Tal vez!
Enlace permanente Comentario por JMS.- 12.01.08 @ 13:13
Bien...se ha agotado la esperiencia de jesús en el Jordán o todavía se puede esperar a otro Hijo de Dios en la Historia
más allá del camino de sufrimiento de la humanidad, más allá del cautiverio de tener que existir?...más allá de todos los evangelios de la historia?. Dios se ha agotado en Jesús?. Dónde está el nuevo Jordán?
Enlace permanente Comentario por Serafín de Sarov 12.01.08 @ 11:45

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