Los días 22 y 23 del pasado septiembre he planteado el tema de las cárceles, desde una perspectiva cristiana. Quiero recordar que la Iglesia acepta en su plano (en el nivel jurídico y social) la existencia de las cárceles; pero quiere aportar en ellas (y en su entorno) su experiencia de amor y libertad, realizando un apostolado penitenciario y liberador donde se exprese la palabra de Jesús: «He venido a liberar a los encarcelados» (Lc 4, 18-19), «estuve preso y me visitasteis» (Mt 25, 31-46). Desde esa perspectiva desarrollaré en los próximos días algunas directrices cristianas, que pueden dar a conocer mejor el tema y orientar a los que están implicados en esta tarea esencial de la iglesia. Hoy trataré de los agentes de la pastoral penitenciaria, destacando la actualidad del tema de las cárceles, con una aportación publicada ayer en el diario El País, de Madrid.
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San Miguel no es sólo un ángel judío, sino que ha entrado en la tradición cristiana, desde tiempo antiguo, ya en el Nuevo Testamento. Es sin duda el ángel más importante de la iconografía cristiana. Aparece como patrono de miles de pueblos, figura venerada en mil santuarios, desde el Monte Gargano, Italia, hasta Aralar, Navarra, desde Mont Saint Michel, Normandía, hasta cien localidades de Rusia o América Latina. Es el ángel que aparece en gran parte de los pórticos de las catedrales, con la espada de Dios o la balanza del juicio. Es el ángel victoriosa, signo de Cristo (es el mismo Cristo), signo de aquellos que siguen a Cristo. Por eso, a los cristianos se les dice: ¡tú eres Miguel!
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He destacado ayer la presencia e influjo del Arcángel Miguel en los libros apócrifos de Henoc, donde aparece como guerrero de Dios, encargado de combatir y apresar a los ángeles perversos. Pero su figura y su función aparece también en el libro canónico de Daniel, que forma parte de la Biblia Hebrea, donde cumple una función muy destacada, como protector del pueblo de Dios, ángel supremo de Israel. Su figura resulta apasionante y así quiero presentarle hoy, analizando los textos básicos del libro. Quien quiera obtener una visión más popular puede acudir, por ejemplo, al hermoso trabajo de FERMÍN YZURDIAGA LORCA, en http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/09/09-29_S_Miguel_arcangel.htm. Aprovecho la ocasión para felicitar a todos los migueles. Mañana presentaré visión del Nuevo Testamento. Sólo me queda recordar que el lugar donde más ampliamente aparece la figura de Miguel, en el contexto de la gran lucha entre los poderes del bien y del mal es en la literatura de Henoc. En la Imagen, Mikel Deuna de Aralar.
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Desde hace tiempo voy escribiendo mi libro de los ángeles, Gabriel y Rafael, Uniel, Ariel, Raguel y tantos otros, tomados de la Biblia y de los libros apócrifos. Es un libro de narración y contemplación. No entro en temas discutidos, si son o no personas, que tipo de existencia tienen. Dejo que otros los discutan. A mi me basta con decir que ellos existen en un plano espiritual simbólico y que actúan de forma poderosa y sirven para expresar altos misterios de Dios y de la vida, misterios que, de otra manera, resultarían difíciles de decir. Pues bien, entre todos ellos, por devoción y poder, el más importante es San Miguel, cuya fiesta celebramos mañana, día 29. Por eso quiero evocar su figura, en un pequeño ciclo de tres días: en la literatura apócrifa de Henoc, en el Antiguo Testamento (libro de Daniel) y en el Nuevo Testamento (sobre todo en el Apocalipsis. Hoy comienzo por tanto con el tema clave de la apocalíptica judía y de gran parte del “imaginario” de la apocalíptica cristiana: El pecado de los ángeles malos y la guerra del fin del mundo, dirigida y vencida por Miguel, el guerrero de Dios.
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Domingo 26. Tiempo ordinario Mt 21, 28-32. Evangelio escandaloso, vangelio consolador. No se dice que “os precederán” (en el futuro, en el Reino final del cielo), sino que os preceden ya aquí (en este mundo), como Jesús que precede a los suyos en el camino que lleva a Jerusalén, en el camino del Reino. Éste es el escándalo del evangelio: el Reino de Dios no lo construyen los sabios empresarios, sacerdotes de Jerusalén, soldados del imperio sagrado (ellos construyen lo que saben y pueden, sus sistemas económicos, sacrales o políticos). El Reino de Dios lo van construyendo desde aquí, con Jesús, como hijos de Dios, con su fe, los publicanos y las prostitutas. Texto para temblar, texto para saltar de alegría.
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Te digo adiós, Ariel, porque en las pasadas semanas he publicado algunas cosas sobre ti, sobre tu caso. He sentido la inmensa pena de que te prohíban enseñar.
Te digo adiós porque no quiero hablar más de tu caso y de las razones del obispo, que las tiene, sin duda, desde su perspectiva. Quiero ocuparte de tu teología y con tu teología. Por eso me gustaría ir publicando algunas cosas que has escrito y que tengo archivadas, poniendo simplemente Ariel, para que mis lectores se fijen en los temas de fondo, no en la posible polémica, que espero se resuelve con entendimiento.
Desde la próxima semana no hablaré ya de ti, sino de las cosas que tu vas pensando. La serpiente de la imagen con Adán-Eva evoca uno de los temas de la polémica de fondo. ¿Como se entiende a Satán? ¿Cómo se entiende la tentación en la Biblia?
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He dedicado varios días al "caso Ariel" y preferiría no haberlo hecho, publicando sin más sus trabajos, como en otras ocasiones. Me gustaría que no hubiera "caso Ariel", pues lo que importa es el evangelio y no la discusión sobre personas. Me gustaría que él pudiera seguir escribiendo como ha hecho en los últimos años, en paz con la institución de la Iglesia. Pero las circunstancias me han impulsado a escribir sobre su caso, publicando incluso un post sobre sus "dineros", que pienso borrar mañana, pues quiero centrarme en temas de evangelio y no en la economía de personas, aunque también la economía es importante. Sé que mis comentarios han orientado a alguna personas, a éste y al otro lado del mar... Por eso, mientras el caso siga abierto, seguiré manteniendo su memoria. Hoy presento el comentario de un amigo argentino, no el mío. Su autor, Juan Manuel González, sacerdote de la diócesis de Córdoba (Argentina) trabaja y vive en una parroquia popular y pobre de las afueras de la ciudad y dirige los cursos bíblicos de la diócesis. Ha fundado una Escuelas de Estudios Bíblicos, llamada Parresia (confianza audaz), y dirige un blog del mismo nombre ( http://boards2.melodysoft.com/Parresia/61.html ), donde recoge y publica trabajos de diversa procedencia sobre el estudio de la Biblia, gran parte de ellos de mucho interés. Nos conocimos hace casi treinta años (cuando él era un joven estudiante y yo un nuevo profesor) y he compartido con él un curso bíblico hace ya dos años. Nos une una misma pasión por la Biblia… Ambos conocemos a Ariel. Él me ha mandado también la carta pública de la Hna. B. Pasiello, la autoridad máxima de la Iglesia argentina en el campo de la catequesis. Gracias Juané Manuel.
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He sido muchos años mercedario “intra-muros”, ahora lo soy “extra-muros”. Por eso quiero celebrar hoy, 24 de Septiembre, la fiesta de la Virgen de la Merced, felicitando a todos mis amigos mercedarios y mercedarias. Los dos años anteriores (2006 y 2007) he preparado en el blog la fiesta con un tipo de “novena clásica” (que podrán seguir encontrando mis lectores). Este año me he contentado con un “triduo” dedicado al tema penitenciario, que retomaré la próxima semana, ofreciendo una serie de compromisos y tareas cristianas en el entorno de la cárcel. Hoy quiero ofrecer un texto especial, uno de los últimos que escribí siendo mercedario “intra-muros”, el año 2002, a los ocho siglos del nacimiento de la Merced (y que fue publicado en un pequeño folleto que andará por ahí). Es un texto un poco largo, pero no he querido cortarlo ni cambiarlo. Evidentemente, no es para leerlo entero, a no se las personas que tengan interés especial o mucho tiempo. Los que tengan menos tiempo o quieran centrar en el tema mariano, lean sólo el apartado 3: La Merced, regalo de María. Una vez más, dedico estas reflexiones a mis hermanos y hermanas mercedarias, con mi agradecimiento, con mis mejores deseos, con mi felicitación más cordial (La imagen es un cuadro muy famoso de Vicente López donde aparece la Virgen de la Merced con cautivos y/o encarcelados).
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Ayer he presentado la cárcel como “chivo expiatorio” de una sociedad que necesita expulsar y controlar un tipo de violencia y lo hace de un modo jurídico, dentro de un sistema legal. A pesar de que RD no ha funcionado durante unas horas (¡una avería eléctrica en Londres, me dicen, por causa de tormentas), han entrado numerosos comentarios, muchos de ellos muy certeros, presentando desde diversas perspectivas los valores y las limitaciones del sistema carcelario. Mañana presentaré, a modo de contrapunto, el ideal de la Virgen de la Merced, a quien muchos veneran (veneramos) como liberadora de cautivos, patrona de los encarcelados. Hoy quiero responder a diversas preguntas que me han hecho, presentando en cuatro punto el surgimiento y sentido del sistema carcelario. Debo recordar que la cárcel como sistema universal de castigo y rehabilitación de los culpables no tiene más que dos siglos (quizá dos siglos y medio). Antes existían otros tipos de esclavitud y castigo corporal, con muchas penas de muerte. Más tarde surgieron formas distintas de sometimiento social (que podemos definir como cautiverios), también con castigos físicos y penas de muerte. Sólo hace poco ha surgido la cárcel, viniendo a convertirse, en algo más de dos siglos, en sistema universal de cumplimiento de la ley (en línea penitencial) y de sometimiento. De algún modo, todos nosotros hacemos la cárcel. Así puede entenderse lo que sigue. Es evidente que mi perspectiva no es la única y que puede resultar un poco esquemática y parcial, pero me parece importante ofrecerla, en plano de evangelio. La semana que viene expondré cinco o seis respuestas cristianas (no jurídicas sin más, no política, ni estatales o puramente racionales) ante el tema de la cárcel. Ha terminado la tormenta de Londres. Buen día a todos.
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Comienzo hoy 22 de septiembre un triduo sobre cárceles y libertad, para culminarlo el día 24, que es en España y en otros países de tradición católica el día de los encarcelados. He tratado del tema en varias ocasiones, en especial con las “novenas” de la Merced que he desarrollado los dos años anteriores (2006 y 2007) en estas mismas fechas. Allí podrán encontrar los que quieran algunos materiales y reflexiones en torno a este inmenso problema de los encarcelados. Algunos compañeros de RD ya lo han tratado, publicando un mensaje de Mons. Amigo, que también yo había pensado publicar. Hay además largas y buenas exposiciones sobre el tema en los blogs de mercedarios (cf. www.mercedarios.net/) y trinitarios (www.trinitarios.net/). Este año me contento con un triduo. Hoy presento la cárcel como chivo expiatorio y problema fuerte de nuestra sociedad. Mañana sitúo en tema de la cárcel centro de las historias de las opresiones de los últimos tiempos. Y pasado (día 24) evoco el signo de la libertad, reflejado para muchos católicos en la Virgen de la Merced.
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Religiondigital publicó hace unos días un trabajo donde se decía que Cristo pudo ser homosexual. No lo puedo juzgar, pues no lo he visto entero: desapareció de las pantallas, quizá a causa de las críticas que muchos elevaron en contra de su autor. No quiero entrar en el tema, no sé si tenemos datos para afirmar (o negar) lo que aquel texto insinuaba. Por otra parte, es posible que ese tema concreto sea secundario. Lo que importa a los cristianos no es el tipo de amor particular de Jesús (que fue sin duda un amor galileo, de varón israelita), sino poder decir que un amor múltiple y radical, abierto a todos los amores, un amor que puede expresarse en símbolos de matrimonio y celibato, de liberación social e intimidad amante, de curación y de exigencia, griego y judío, de varón y de mujer, homosexual y heterosexual, de eunucos y de muy potentes, de enfermos físicos y de muy sanos... un amor en el que muchos descubrimos el Amor divino. Así lo describe hoy aquí un homosexual cristiano, cuyo nombre (desgraciadamente) no quiero citar, por las polémicas que suscita el tema. Es un hondo amor homosexual en Cristo. Mejor que todas las teorías, este trabajo, que es una confesión personal (una apertura de la más sagrada intimidad), muestra que en Cristo puede haber y hay un amor homosexual liberado, transparente. Gracias, amigo AX, por la carta que me has mandado y por su confesión de "salida pública", desde tu intimidad homosexual.
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Domingo XXV tiempo ordinario. Mt 20, 1-16. Éste es uno de los textos más significativos del evangelio de Mateo, que se sitúa y nos sitúa ante el tema de la gratuidad y del trabajo, en relación con los primeros (los que han sudado) y los que sólo han trabajado unos minutos a la caída de la tarde. Desde un punto de vista sindical y de derecho del trabajo puede ser (y es) un texto escandaloso, pues parece que el señor la viña es injusto con los que han trabajado todo el día. Pero también puede ser (y es) escandaloso para los que sólo han trabajado, un momento, al final de la jornada: ¿por qué no han sido contratados antes? Éste es en realidad, un texto escandaloso y esperanzado para todos, un texto que nos abre a la experiencia social y laboral de la gratuidad, en un mundo en el que puede haber espacio de vida y trabajo para todos. Esta parábola nos invita a superar el puro mundo salarial, superando la pura justicia (sin negarla), para abrir así un tiempo y espacio de vida para todos, sin ventajas ni derechos superiores de aquellos que se creen primeros, sin revanchas ni resentimientos de los últimos. ¡Un mundo de gracia, en medio del mercado! Los más viejos recordamos todavía las plazas de los pueblos donde los jornaleros esperaban la llegada de los capataces para contratarles. En ese espacio de parados y aprovechados, de los que trabajan y de los que no pueden trabajar, en medio de la lucha de la vida, ofrece esta parábola una luz para pensar, para vivir, para soñar. Buen fin de semana para todos, amigos
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He venido tratando estos días de los sacramentos de la vida, relacionados con los sacramentos del culto, a partir de un texto de O. Fortín. Los que hayan seguido mi blog, saben que, a mi juicio, el primer sacramento (em perspectiva de amor) es la comida compartida. Dediqué a ese tema um libro titulado Fiesta del pan, fiesta del vino. Mesa común y eucaristia (Verbo Divino, Estella 2004). En ese contexto quiero acabar, por ahora, esta serie con una pequeña reflexión sobre las comidas sagradas, en el judaísmo y cristianismo (con un excursus sobre el Islam). Acaba esta serie, pero sigue el tema... centrado sobre todo en las siete virtudes sacramentales que propone O. Fortín. Tenemos que seguir pensando sobre.
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Vengo tratando, con la ayuda de O. Fortín, de dos grandes aspectos de la religión: el de los ritos sacramentales y el de los sacramentos de la vida. En ese contexto he puesto de relieve siete virtudes o ritos de la vida que van desde la justicia hasta el amor. Para seguir pensando sobre el tema me ha parecido importante evocar de nuevo el aspecto de los ritos, para relacionarlos con las virtudes. Sigue estando de fondo la pregunta sobre los posibles ritos de Jesús ¿Se puede entender el cristianismo sin un rito? Desde ese fondo he situado dos gestos de danza ritual, que tienen un principio y base religiosa: una danza de occidente y otra de oriente. Podía haber puesto una corrida de toros o incluso un partido de fútbol. Vivimos en un mundo de ritos... ¿Podrá decirse que desaparece el rito religioso y quedan otro tipo de ritos sociales, políticos, deportivos?
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Oscar Fortín presentó ayer el tema de los sacramentos de la vida… La vida entera entendida como despliegue sacramental, que se puede centrar en siete signos o virtudes principales, que iban de la justicia al amor:
Justicia → verdad → humildad → misericordia
→ solidaridad → fe → amor.
Como se verá, aquí se vinculan virtudes que la tradición ha llamado cardinales con virtudes que la tradición ha llamado teologales (aunque falta fortaleza, la esperanza…). Es un tema importante para reflexionar. Pero en este contexto me parece necesario evocar también los principales gesto de culto en el judaísmo y el cristianismo. Quizá hay algo en el culto que no se puede reducir sin más a esa visión general de la sacramentalidad de la vida. Desde aquí preguntamos: ¿cuáles son los nuevos rituales de nuestro tiempo? ¿En qué ritos expresamos nuestra forma de vida? ¿Puede haber una vida cristiana sin ritos?
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No quiero presentaros a Oscar Fortín. Buscadle en su blog, http://humanisme.blogspot.com, escrito en gran parte en francés, pero también en castellano. Es un hispano, escribe en francés (¿desde Canadá? ¿desde Francia? ¿desde Bélgica?); os dejo que lo soñéis y adivinéis. Yo entro con frecuencia en su blog, para respirar de un modo distinto, para gozar. Os invito a que lo hagáis conmigo. Él entra de vez en cuando en mi blog e introduce comentarios pertinentes (como los del pasado seis, con ocasión de mi comentario a Mt 18, 15-20). Escribe más de política y ciencias sociales que de teología, pero también de teología. Hace unos días me ha mandado la reflexión que hoy ofrezco, tal como viene, en francés. Supongo que muchos de vosotros no tendréis dificultades en el texto. Viene precedida por una carta bilingüe, que os ofrezco. Reproduzco luego el texto (que podéis encontrar en su blog), con unas introducciones y comentarios mío, en castellano. Es un texto y un tema fascinante: la relación entre los sacramentos rituales y el sacramento o sacramentos de la vida. Con esta ocasión, O. Fortín nos presenta siete sacramentos de la vida, con una fundamentación bíblica. Al fin os pido que hagáis un comentario, si queréis, los que queréis. Yo le ofreceré un día el mío
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He venido tratando del amor, en varias perspectivas; he hablado luego de la figura de María, según el comentario de Lutero al Magnificat (con un texto de E. Tourón), donde ella (María) aparecía como la creyente. Después he tratado de la Cruz, con ocasión de las fiestas de Septiembre, poniendo de relieve el sentido creyente y activo de la fe. Con esa ocasión quiero seguir reflexionando sobre el tema, desde la perspectiva de la fe. Retomo para ello algunos textos que había comentado con mi Eliseo Tourón, a quien los que siguen este blog ya conocen. Eliseo, de nuevo estamos contigo. ¿Recuerdas nuestras conversaciones de sobremesa en Salamanca? De esto que sigue tratamos un día. He desarrollado el tema con apuntes que tú me dejaste (y que ya presenté otro día, rápidamente, en el blog, como sin darme cuenta). Por eso dejo que sigan los primeros comentarios que entonces nos hicieran. ¡Cuánto me gustaría seguir hablando contigo, ahora que se acerca el otoño! ¡Te sentirías a gusto, en este tu casa! Bienvenido.
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Ayer he presentado el tema desde un fondo más histórico. Hoy quiero evocar el tema de la fiesta de la Cruz de Septiembre, celebrada en mil pueblos y ciudades, desde Ceberio hasta Santes Creus, desde Legazpia a Liébana de Potes, desde Serradilla de Cáceres a Caravaca de Murcia, por hablar sólo algunos lugares más cercanos. Hay algo profundo en esta fiesta de la cruz y así quiero evocarlo este día, desde un fondo teológico. La Cruz es la fiesta de Dios, siendo la fiesta de la pobres y crucificados a los que debemos desclavar y hacer que vivas desde aquí en el gozo de la resurrección. Es la fiesta de aquellos que aceptan el dolor, no para quedar así sufriendo sin más, sino para liberar a los que sufren. Murió Jesús en la Cruz para que nadie más muera en ella. Porque quiso destruir todas las cruces le mataron. Por eso sigue de algún modo en la Cruz, como Dios de amor, hasta que no haya más cruces en el mundo.
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Había en la tradición católica dos fiestas de la Cruz. Una era la Cruz de Mayo (3 del 5) y otra la Cruz de Septiembre (el 15 del 9). Ahora ha quedado sólo la última, recogiendo el tema de la Invención y de la Exaltación de la Cruz, que están vinculadas a la historia de Santa Elena, que se dice que encontró la Cruz de Jesús e hizo construir la Gran Basílica de Jerusalén (el año 320, fiesta de Mayo) y a la victoria del emperador bizantino Heraclio sobre los Persas (a los que tomó la Cruz, que ellos habían llevado quince años antes, llevándola triunfalmente a Jerusalén, el año 626). De todas formas, los historiadores no están de acuerdo sobre la autenticidad de aquella cruz encontrada y recuperada (ni sobre los fragmentos de la cruz extendidos por el mundo). Y por otro lado, los teólogos y creyentes no están tampoco de acuerdo sobre el valor triunfal de la Cruz de Jesús, pues los musulmanes conquistaron Jerusalén el año 638 (nueve años después de la Exaltación de Heraclio, sin que la Cruz de Jesús lo impidiera); por otra parte se dice que, en el momento clave de las cruzadas, el obispo de Jerusalén fue con la cruz a la gran batalla de Hitín, siendo allí vencido por Saladito (año 1187); desde aquel momento, con la caída del reino latino de Jerusalén, se habría perdido para siempre el rastro de la cruz. Desde ese fondo se puede celebrar ahora mejor la verdadera fiesta de la cruz, sin hacerla depender de una posible Invención o descubrimiento (con Santa Elena, año 326) y de una posible y muy inútil victoria de Heraclio con la ayuda de la Cruz (año 629). Ahora nos importa la Cruz-Cruz, no su invención ni exaltación. De ella trataremos hoy y mañana.
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Fue amigo antes que teólogo. Fue mi amigo y el de muchos a los que quiso y que le quisimos. Pero fue también teólogo, y gran teólogo, aunque muchos no se lo quisieron reconocer, en la Facultad de Teología de San Dámaso, de la Diócesis de Madrid, de la que fue el primer Decano. Murió a los sesenta y dos años, en plena madurez, rodeado del amor de muchos alumnos y amigos, amargado por la envidia de algunos, que no es momento de citar. Publiqué su bio-bibliografía en la revista Estudios y en la Revista Española de Teología (en los primeros números del 1997). La recojo aquí de nuevo, después de haber publicado en los días pasados su introducción al Magnificat de Lutero. Lo hago hoy, 12 de Septiembre, día en que él celebraba el Nombre de María, que es el nombre del gran Canto a la Vida de Dios que se ha hecho humanidad por ella, la madre y amiga.
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Eliseo Tourón, cuyo trabajo estoy reproduciendo fue un inmenso cantor de María, cantor de la vida. Supo entender como pocos a Lutero, supo vivir con intensidad la experiencia gozosa del amor y de la solidaridad, expresada en el Magnificat de María. Aquí presento la parte final de su trabajo, aligerada de notas. No es todo lo que se puede decir de Lutero y de María, pero es mucho. Lutero fue sin duda un devoto de María. Mañana ofreceré una semblanza de Eliseo, que fue amigo de Lutero, gran devoto de María.
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Una de las personas que entra y sale en el blog y lo enriquece con su presencia (¿hombre, mujer? ¿qué más da?) me ha mandado dos comentarios privados. Le llamaré Ailod. Por el tono se ve que es amiga. Por el argumento se descubre su forma de pensar. Me ha escrito en privado, pero pienso que puedo poner sus palabras en público, sin decir su nombre. Mi blog no es todo lo “bueno” que ella dice, pero me alegro de que lo diga. Gracias Ailod
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Sigo presentando el trabajo de Eliseo Tourón sobre la visión luterana de María, partiendo del Magnificat. Quiero que este trabajo sirva de recuerdo y homenaje al Prof. Eliseo Tourón, siendo, al mismo tiempo, un punto de referencia en el diálogo católico-protestante sobre María. La Madre de Jesús en el centro de la problemática cristiana: La Gracia de Dios, la pequeñez y la grandeza del ser humano. La lectura de este trabajo puede resultar dura a los no iniciados; por otra parte, la desaparición de gran part | |