Adviento con San Juan de la Cruz 1: Dios es Dios
13.12.07 @ 07:00:35. Archivado en Dios, Teología, Santos, Espiritualidad, Amor
Mañana (14 XII 07) es el día de Juan de la Cruz, poeta del amor enamorado, quizá el mayor teólogo y poeta en lengua castellana. El año pasado (2006) analicé en este blog algunos temas de adviento, y quise acompañar a mis amigos en la espera de la Navidad, comentando las últimas estrofas de su Cántico espiritual. Este año quiero volver al mismo argumento, a lo largo de tres o cuatro días, con el fin de purificar de esa manera la memoria, dejando a un lado temas secundarios de política eclesial, para insistir en el argumento central de las religiones Dios es Dios) y del Cristianismo Dios está presente en la historia de los hombres). Comenzaré con el primero de los temas: Dios es Dios, una "historia o proceso" de amor. Por eso decimos que es bueno que exista y que venga, como un regalo supremo, el único regalo de la Navidad. Que nos podamos amar y que vivamos por amor, eso es Dios. Que nosotros vivamos y que podamos regalarnos la vida unos a otros (¡la vida, no un simple perfume o juguete, cava o pescado de moda!), eso es Navidad. Felicidades anticipadas, con San Juan de la Cruz, cuya fiesta mañana.
Un tema teológico
San Juan de la Cruz es un teólogo profeta. Dejó la universidad de Salamanca a media carrera, porque vió que no enseñaban lo que importa (lo que a él le importaba: Palabra de Dios, experiencia...) y buscó una comunidad ascética y contemplativa donde pudiera vivir de manera más intensa la experiencia de Dios, escuchando la palabra de Biblia. La misma vida le enseñó y de esa forma fue poeta. Pero fue, al mismo tiempo, un pensador, uno de los que más hondamente han penetrado en el misterio del Dios que es amor y por amor ha querido compartir su vida con los hombres.
Con esta ocasión quiero ofrecer a mis amigos del blog el cóntenido de una de mís últimas clases sobre el Dios-Amor, que es Dios-Trinidad, en la Universidad Pontificia de Salamanca, que tuve que dejar también (bastante más viejo que San Juan de la Cruz) por razones de enseñanza. Fue una "clase solemne", impartida ya con cierta nostalgia, sabiendo que sería de las últimas (y sin posible retorno: ¡sin un futuro decíamos ayer!), en el Aula de Grados, en un curso especial sobre San Juan de la Cruz (a finales de mayo del año 2003).
He recogido el tema de aquella "lección" en Palabras de Amor, DDB, Bilbao 2007 (págs. 187-201) y tembién en varios temas del Enquiridion Trinitatis (Sec. Trinitario, Salamanca 2005). La ofrezco con agradecimiento y gozo a mis nuevos oyentes/lectores del blog: no tengo alumnos de Universidad, tras las piedras solemnes de la Solemne Clerecía de Salamanca, pero cada día más de mil lectores abren este blog, que se propaga y se repite en buscadores y redes inesperadas de reflexión cristiana.
A esos nuevos lectores dedico esta reflexión final, que es testimonio de mis treinta años de paso y enseñanza, en la Pontificia de Salamanca, donde siguen enseñando y dictando lecciones solemnes mis antiguos compañeros, a quienes quiero recordar esta mañana. Pero quiero ofrecer mi última clases a los nuevos lectores del blog. Quisiera que ellos pudieran disfrutar, como yo he disfrutado, hablando del Dios/Trinidad.
Quiero decirles que no hace falta que lean todo el texto. A muchos les bastará con mirar la división y distribución de temas, porque éste es un texto de alta teología, sobre el Dios-Trinidad. Pero es un texto de desemboca en San Juan de la Cruz, el mayor teólogo de la Trinidad en los tiempos modernos. Mañana hablaré de su visión de adviento, de su preparación cordial e iluminada de la Navidad. Deseo que mis lectores se reserven para mañana. Hoy seré más "solemne", como toca a una clase de universidad, de la Universidad donde estudió y dejó pronto de estudiar, por cansancio interior y extrior, San Juan de la Cruz. Qué el nos ayude a entender el Dios que es amor, Dios-Trinidad, en este tiempo de adviento ((Debo añadir que este post estuvo colgado en la red por unas horas, por equivocación, cuando lo peparaba como texto para la víspera de S. J. Cruz. Un amigo mañanero lo leyó y lo comentó. Aquí dejo su comentario)).
Introducción
Para los cristianos, Dios no es el cosmos: no es dialéctica de fuerzas o elementos de la tierra que se mueven y mantienen en constante referencia; no es el todo que se impone a cada una de las partes, ni es el juego de las partes que entrechocan, nacen, mueren en el todo. Dios no es sexo: no es la unión originaria de los dos grandes principios de la vida que se expanden y despliegan de manera hierogámica; no es potencia masculina, ni hondura femenina, ni la unión engendradora de ambos. Dios no es eros; no es fuerza de ascenso-anhelo que nos lleva desde el mundo bajo, oscuro, hacia la luz originaria; no es un arriba opuesto a nuestro abajo, ni movimiento que vincula ambos niveles. Tampoco es compasión que se eleva, negativa y silenciosa, sobre todos los valores del mundo… La Biblia le presenta como amor (Juan*) y como amor trinitario le presenta la tradición de la iglesia.
El Dios cristiano ofrece dos rasgos esenciales. (1) Es comunión trinitaria, inmanencia intradivina; (2) es encarnación, economía salvadora. Visto en su inmanencia misteriosa, Dios es amor de Padre-Hijo en el Espíritu. Visto en su «economía» salvadora, es Padre que ha creado (está creando) todo lo que existe por Cristo en el Espíritu. Ciertamente, se pueden distinguir los planos. El amor intradivino pertenece a la «necesi¬dad» de Dios que, paradójicamente, es libertad y comunión personal. El don de Cristo, su vida de Dios-hombre y todo lo que viene a reflejarse en la palabra «encarnación», constituye el despliegue del ser intradivino. Por eso, hay que añadir que, «de hecho», Dios se define como amor intradivino al regalar su vida como amor en Jesucristo.
En ese doble nivel, de Trinidad y Encarnación, de inmanencia y economía, decimos que Dios es amistad, según la espléndida palabra de Aelredo de Rielvaux (Deus Amicitia Est, en De spirituali amicitia: PL 195, 669-670), una amistad que se expresa y concreta en la historia de los hombres. Esta es la verdad bíblica y cristiana que la filosofía oficial de occidente ha tendido a olvidar, presentando a Dios como Esencia y Physis (es decir, como naturaleza) más que como Amor y Persona.
Teologías trinitarias
Desde el fondo anterior se pueden esbozar, desde una perspectiva de amor, las grandes teologías trinitarias de la historia de la iglesia (de occidente). No son formulaciones dogmáticas (de fe), ni pura especulación racional, sino esquemas de pensamiento y vida que pueden ayudarnos a situar mejor el misterio de Dios dentro del pensamiento humano.
1. Trinidad como amor intrapersonal. San Agustín. En obra de impresionante lucidez, titulada De Trinitate (Sobre la Trinidad) que ha inspirado gran parte de la reflexión posterior, San Agustín interpreta la Trinidad a partir del despliegue de la mente humana que se conoce y se ama a sí misma, en proceso de autorrealización consciente. La Trinidad avala y funda el proceso de personalización individual, en conocimiento y amor: soy persona y responsable de mi mismo (como el Padre Dios) al conocerme (haciéndome idea, Hijo) y al amarme (asumiéndome a mí mismo, Espíritu Santo). Es bueno este modelo, que late en gran parte de la teología occidental (Anselmo, Tomás de Aquino). Pero posiblemente margina el aspecto comunitario de la Trinidad, el carácter dialogal de la persona. Es bueno decir que Dios se conoce y ama a sí mismo (y que el hombre tiene que conocerse y amarse a sí mismo); pero debemos añadir que una persona (divina, humana) sólo se conoce y ama en la medida en que conoce a otras personas. En esta línea de San Agustín, Dios aparece como intimidad perfecta, la plena transparencia del Ser que se conoce y ama gozosamente a sí mismo. Lo tiene todo, es el ser plenamente realizado. Pero le falta el gozo del encuentro mutuo, la comunicación interpersonal. Por eso decimos que este modo de ver a Dios no es definitivo, no se puede tomar como el más perfecto, a pesar de que el mismo San Agustín, en otro contexto, haya acuñado la palabra clave sobre el amor trinitario: «Ves la Trinidad si ves el amor» (De Trinitate, VIII, 8, 12).
2. Trinidad como amor interpersonal. Ricardo de San Victor. Desarrollando una línea esbozada por el propio San Agustín, Ricardo de San Victor ha expuesto en el siglo XII el más perfecto de los esquemas dialogales de la Trinidad: sólo es persona (Padre) quien sale de sí mismo, haciendo así surgir al otro (Hijo), para compartir con él un mismo amor (Espíritu Santo). La personalización no es resultado de un despliegue individual (como en la línea anterior) sino proceso de donación y encuentro entre sujetos. Comunidad perfecta, realizada en lo divino, fuente de toda comunión humana, eso es la Trinidad. Si sólo hubiera en Dios una persona no habría todavía ninguna persona. Esto es lo que piensa Ricardo de San Victor. Por eso concibe a Dios a modo de comunión interpersonal, vida compartida. La Trinidad es un misterio de gloria y gozo, amor comunicado, presencia afectiva; pero es misterio que debe profundizarse desde la encarnación (el Hijo de Dios se hace persona en lo humano) y la pascua (pertenece a la persona la muerte, la entrega en favor de los demás).
3. Trinidad como historia del Espíritu. Hegel. Los modelos anteriores definían a Dios como experiencia de amor intra- o inter-comunitario. En contra de lo que había intentado esbozar en alguna de sus obras juveniles, el Hegel maduro prescinde del amor para hablar de Dios. La realidad fundante y plena se define a su juicio como movimiento y vida, en un plano racional (del espíritu entendido como “idea”). En esa línea, la misma realidad divina debe dualizarse (“es” en sí saliendo de sí misma, en antítesis de Padre e Hijo), para superar después la disociación (Espíritu), en proceso que podemos presentar como historia de Dios, que incluye todo lo que existe. Más que un proceso de amor interior (como en san Agustín), más que una comunión de personas (como en Ricardo de San Víctor), la trinidad divina es para Hegel una dialéctica de ideas, un proceso de oposiciones. En esa línea, Hegel corre el riesgo de entender las relaciones divinas en forma de violencia, ratificando así la lucha entre personas. Para Hegel, el misterio trinitario carece en el fondo de amor verdadero, carece de encarnación, no siendo más que una especie de “sistema de oposiciones”, sin ternura ni humanidad, en la línea de la metafísica y política (economía) del marxismo y/o del capitalismo moderno.
4. Trinidad como auto-revelación. K. Barth y K. Rahner. En formas distintas, aunque con esquemas convergentes, Barth y Rahner han vuelto a utilizar el esquema agustiniano del despliegue intra-personal para exponer la Trinidad. Pero no lo han hecho a partir del ser humano que se conoce y ama, sino desde el misterio fundante de la revelación de Dios. Tanto Barth como Rahner afirman que Dios no revela verdades, sino que se revela a sí mismo, regalando su propio ser divino. (1) Se define así como el que se da, saliendo de sí mismo en absoluta transparencia, como Padre. (2) Al mismo tiempo, Dios es el don, lo revelado, pues se da a sí mismo en su totalidad, como Hijo. (3) Finalmente, Dios es el proceso y culmen de la donación, y así aparece como el que recibe y plenifica la revelación, como Espíritu Santo. En esa línea, tanto Barth como Rahner afirman que Dios es un amor “revelante”. Pero ambos tienen gran dificultad en presentar a Dios como encuentro personal, como amor del Padre al Hijo (y viceversa) en el Espíritu.
5. Trinidad como historia de amor. Actualmente, son muchos los autores que, desde diversas perspectivas, están presentando la Trinidad como historia de Dios, una historia de amor, aunque después maticen y distingan sus afirmaciones. J. Moltmann parece haber destacado la implicación escatológica de la Trinidad, vinculada al despliegue total del ser humano. B. Forte pone de relieve el aspecto revelatorio de la historia, con rasgos que parecen conducirnos a la mística del silencio: la verdad de la personas se encuentra más allá de la palabra. L. Boff y los teólogos de la liberación han acentuado la vinculación entre libertad y Trinidad, en camino de donación personal abierta a la participación comunitaria. Estos intentos nos parecen valiosos, pero quizá no han estudiado de forma suficiente la relación entre el despliegue de Dios y el tiempo humano, en claves de encarnación y pascua. Más aún, muchos tienen la impresión de que estos (y otros autores) que quieren definir a Dios como amor en la historia no han elaborado un verdadero estudio del amor, entendido en su realidad radical, como encuentro de personas en la eternidad y en la historia.
Conclusión. San Juan de la Cruz
Avanzando en esa última línea se puede decir que la Trinidad se identifica con el mismo Dios enamorado, que es principio y sentido del amor humano. Más que animal racional o constructor de utensilios, pastor del ser o soledad originaria, el hombre es relación de amor (antropología*), ser que se descubre en manos de sí mismo al entregarse a los demás, en gesto enamorado de creación y vida compartida. El hombre sólo existe de verdad (sobre la naturaleza cósmica, desbordando los sistemas racionales) en la medida en que se entrega o regala, compartiendo su misma realidad con otros hombres. Pues bien, en ese contexto se puede añadir, partiendo de las afirmaciones de la Biblia, que el mismo Dios Amor Enamorado del Padre con el Hijo en el Espíritu, como dice Juan de la Cruz de forma lapidaria, hablando del Padre y del Hijo en el Espíritu, que es el Amor mutuo:
Como amado en el amante uno en otro residía,
y aquese amor que los une en lo mismo convenía
on el uno y con el otro en igualdad y valía;
tres Personas y un Amado entre todos tres avía.
Y un amor en todas ellas un amante los hacía,
y el amante es el amado en que cada cual vivía.
Que el ser que los tres posen cada cual le poseía
y cada cual dellos ama a la que este ser tenía.
Este ser es cada una y este solo las unía
en un inefable modo que decirse no savía
(Romance de la Trinidad 1)
Estos versos (y todo el desarrollo anterior) nos hace paser de la "ontología de una sustancia", propia de un mundo en el que Dios se identifica en el fondo con el Todo, a la metafísica de la relación y presencia, a la metafísica de la Trinidad, en la que el Dios que es amor de comunión, enamoramiento, hace posible que el hombre sea amor. No existe primero el ser propio y después la alteridad, porque en el principio de mi ser (del ser de cada uno) se expresa el ser de Dios que es alteridad y presencia radical de amor (que se nos revela a través de los demás). De esa manera, existiendo en Dios, siendo presencia trinitaria, también los hombres son relación de amor, es decir, iglesia. En este contexto podemos añadir que la iglesia es comunicación de personas: cada hombre (niño o mayor, mujer o varón) nace en ella como Hijo de Dios, dentro de un espacio de amor trinitario. En ese contexto podemos decir que Dios es la hondura y sentido trascendente e inmanente de la vida humana, en su identidad individual (esquema trinitario de San Agustín), en su despliegue racional (modelo de Hegel) y en el diálogo comunitario en gratuidad (Ricardo de San Víctor).
((Aquí donde hoy quedo... seguiré mañana, con el tema más concreto del Adviento en S. Juan de la Cruz)
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Y como no solo de AMOR vive el hombre ,voy a restaurarme un poco que me espera un dia de comidas y cenas ja......ja....!qué vida ...la vida
Un abrazo
Por eso me quedo con la leyenda del niño que quería “meter” el mar en el pequeño pozo que había hecho en la arena.
No niego ni rechazo el que exista quienes sigan insistiendo en tratar de explicarlo y comprenderlo.
Yo hace tiempo dejé de hacerlo.
Y ¡cuidado! no por eso quiero decir que sea mejor que quienes lo hacen. Nada de eso.
Sólo les diré que lo único que me parece importante es que, cualquiera fuese la explicación o interpretación que se tenga sobre Dios (me parece fantástico eso de «Dios es Dios», ya que explica que es inexplicable) es ineludible “caer” en el AMOR, pero al hacerlo no puede ser ya como una simple declamación o anhelo utópico —tal cual se lo viene haciendo desde hace siglos— sino comprendiendo la urgente necesidad de buscar algún medio, REAL Y CONCRETO, en que ese AMOR sea algo que pueda ser vivido EN FORMA EFECTIVA por nosotros.
MARANA-THA
¡Feliz día de San Juan de la Cruz para todos!
Paz y Bien,
Los cruces son frecuentes on line. Lo mejor es que no producen encontronazos.
Sólo cuando alguien se empeña y escupe bilis.
Pero el amor no se ve.
Vemos, la voluntad movida por el amor y este guiado libremente por el querer. Lo que vemos es el fruto de la acción de "AMAR".
Y se ama cuando se sale fuera de sí hacia el otro. En relación amorosa.
Por eso, la visión de Ricardo San Víctor me parece más evangélica pues la sitúa desde la Encarnación y la Pascua. Dios es amor, AMANDO en Cristo.
La conclusión final sobre la Iglesia fundada en la Trinidad me parece magnífica.
Porque parece que la Eclesiología del Concilio Vaticano II se desvanece. La Iglesia es definida como Misterio de Comunión y Pueblo de Dios para la Misión: Misterio, Comunión, Misión.
Sólo después, en segundísimo plano, habla el Concilio de los ministerios.
Lo opuesto a sociedad perfecta que parece la visión a la que volvemos.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Xabier Pikaza Ibarrondo
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