Domingo 9 XII Adviento 2007. Se amarán el lobo y el cordero
08.12.07 @ 11:00:31. Archivado en Iglesia Instituciones, Tierra, ecología, Antiguo Testamento, Domingo, dia de la Palabra, Utopía, esperanza
Domingo 2 Adviento. Ciclo A. El adviento cristiano es un tiempo poderoso de esperanza: es el tiempo de la llegada (advenimiento), tiempo de la utopía, que los fieles de Jesús recrean cada año con los israelitas y con todos los pueblos de la tierra. En este tiempo del año, que el Papa Benedicto XVI ha querido iluminar con su encíclica Spe Salvi, seguimos buscando en la liturgia las fuentes de la más honda esperanza. El llamado “Antiguo” Testamente se hace “Nuevo”, el más nuevo de todos los Testamentos de Dios, y así lo muestra de un modo especial el libro de Isaías, que volvemos a escuchar, de alguna forma, como Primer Evangelio. Vimos el domingo pasado el tema de la superación de la guerra (de las espadas forjarán arados); este domingo insistimos en la pacificación cósmica, desde la perspectiva de todos los vivientes: se amarán (pastarán juntos) el lobo y el cordero. Estamos en el lugar de la más honda imaginación religiosa, de la fantasía creadora del adviento. Cuando la utopia es fuerte puede volverse más fuerte el compromiso creador de los creyentes
Texto: Is 11, 1-10
Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada
Evangelio del Emmanuel. El árbol de Jesé
El libro del Emmanuel o Dios con nosotros (Is 7-12) constituye uno de los textos más significativos de la historia y la esperanza universa. Está fundado en textos y pasajes anteriores, como el de Is 2, 2-5 (la paz universal en Sión) y, sobre todo, el de la vocación de Isaías (Is 6, 1-13) donde se habla del tocón o raíz de Jesús, que ha sido talado, peo que podrá volver a convertirse en tronco nuevo, semilla santa de humanidad. El pasaje de hoy se entiende así como un texto de contraste:
Realidad actual: el reino de Judá se encuentra destruido o, por lo menos, muy amenaza. Es como el tocón de un árbol talado, como las raíces trincadas y secas de un bosque antaño poderoso. Ha pasado la guerra, se ha extendido el incendio, el leñador ha cruzado por los campos con el hacha justiciera y, al final, no quedan más que unos “tocones”, bases de árboles cortados, sin tronco y si ramas. Pues bien, del tronco seco o raíz truncada del árbol de Jesé (el Padre de David) brotará un renuevo, crecerá nuevamente un árbol y al árbol se hará bosque, bosque y pradera de paz para todos los pueblos de la tierra, incluso para los animales.
El árbol de Jesé. En las representaciones medievales (por ejemplo en Silos o Santiago de Compostela) aparece el árbol de Jesé que crece y crece, hasta “dar a luz” a María y a Jesús. Ese es el árbol mesiánico. Ahora está seco, pero va a florecer. Tendrá un “renuevo santo” que es el príncipe de la justicia, el hombre mesiánico. Vendrá el Espíritu de Dios (su ruah creadora) y renovará, recreará, el árbol de la historia humana, centrado en el Mesías, que es un hombre concreto, siendo toda la humanidad ya renovada. Así lo ha sentido Israel; de esa forma lo ha vivido. Por eso ha trazado un cuadro impresionante de futuro abierto, de nueva humanidad. El presente está cuajado de opresión, de esclavitud, pecado y desengaño. Pero la ruah de Dios es poderosa. Su acción debe suscitar algo que es nuevo.
Los siete dones del Espíritu, el Hombre Nuevo
Como expresión de la fuerza creadora de Dios, que da vida al árbol seco de la historia anterior surgirá el rey mesiánico, con sus seis/siete dones, surgirá el hombre reconciliado.
Saldrá un vástago del trono de José,
y brotará un retoño de sus raíces.
Reposará sobre él la ruah de Yahvé,
ruah de sabiduría e inteligencia, ruah de consejo y fortaleza,
ruah de ciencia y temor de Dios... (Is 11, 1 2).
En principio, los dones o “signos del Espíritu” son seis, pero la tradición católica ha puesto más bien siete, siguiendo la traducción latina de la Vulgata (la traducción litúrgica que se emplea en la misa antigua).. El texto original habla más bien de seis, como he dicho: «El espíritu de Yahvé es espíritu de sabiduría y entendimiento, de consejo y fortaleza, de conocimiento y temor de Yahvé.Le inspirará el temor de Dios». Éstos son los dones del buen “gobernante” final, del hombre sabio, de todos los hombres y mujeres, renovados por Dios.
Pues bien, la traducción de la Vulgata ha interpretado el texto, diciendo, poniendo siete dones
«Et requiescet super eum spiritus Domini: spiritus sapientiae et intellectus, spiritus consilii et fortitudinis, spiritus scientiae et pietatis et replebit eum spiritus timoris Domini».
Al final del texto hebreo se repetía el espíritu de “temor: Los seis dones anteriores, que culminaban en el “temor” se volvían a resumir en el temor…, es decir, en el respeto ante Dios, el respeto ante la vida… Pero el texto latino los distingue ha puesto «piedad» donde estaba el primer “temor”, haciendo así que haya siete dones del Espíritu, siete virtudes de Adviento: sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, conocimiento y piedad…y temor de Dios.
Adviento, nueva humanidad
Éste es el cambio de la humanidad, esta es la promesa del adviento… El hombre antiguo ha sido un hombre sin sabiduría ni entendimiento, un hombre sin consejo ni temor de Dios… Pero vendrá un hombre nuevo, encarnado en el “mesías”, en la nueva humanidad, un hombre lleno de sabiduría y entendimiento, un hombre de paz…
Estos son los “dones” del Espíritu de Dios, éstas serán las virtudes de la nueva humanidad, ahora caída, como un tocón seco de un bosque talado. En este contexto vuelve a situarnos el evangelio de este día, evangelio que recoge las palabras del Bautista: «Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego…» (Mt 3, 10-12).
Así aparece el Dios leñador que destruye y tala el bosque de la vida humana… Pero el Dios recreador de Isaías (que recogerá el mensaje de Jesús) es más fuerte y poderoso que ese Dios de la tala y destrucción universal. Por eso se dice que “brotará un retoño…”. Todos nosotros somos ese retoño… En principio, deberíamos haber sido destruidos por la ira de la guerra que sin cesar suscitamos, destruidos por la gran catástrofe ecológica y social que estamos suscitando…Pero hay un Espíritu más fuerte, el Espíritu de Yahvé… que es fuente de entendimiento y amor, de consejo y piedad, de vida humana.
Hombres y animales, el lobo y el cordero.
La tradición de Israel ha puesto de relieve el peligro de las fieras y ha contado la historia humana partiendo, muchas veces, del terror que suscitan los grandes animales indomables. Leones y panteras, lobos y toros salvajes… Pues bien, en ese contexto recoge el profeta el “mito universal” de la pacificación de las fieras, que habitarán en concordia, entre sí, con los hombres. Éste es el mito de Orfeo, que amansa con la música a las fieras, el simbolismo del Tao, con la armonía de todos los animales. Éste es el simbolismo que está al fondo del Génesis (Gen 2) que supone que al principio todas las fieras y animales del bosque y la pradera habitaban en la paz, dialogaban de algún modo con el hombre. Pero aquel equilibrio se ha roto y el mundo se ha vuelto lugar de enfrentamiento y veneno.
Así dijo Dios a los hombres: Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla (Gen 1, 28), pero no para imponer vuestra dictadura sobre ella, sino para compartir de un modo fraterno la comida, hombres y animales, todos los vivientes. Hombres y animales comparten según eso una misma dieta vegetariana (Gen 1, 29-30). La comida primordial de hombres y animales deberían ser las plantas que dan fruto de un modo espontáneo, sin tener que morir para volverse alimento. Por eso, el hecho de que los hombres y muchos animales sean carnívoros (alimentándose unos de otro) es para la Biblia un rasgo derivado y pecaminoso. En el principio no pudo ser así, ni será al final, como saben los profetas, pues se juntarán lobo y cordero, alimentándose de hierba sobre el campo (Is 11, 2-9; 65, 25; cf. Ez 34, 25). El Génesis eleva de esta forma su protesta contra la existencia actual de un mundo donde hombres y animales viven de la muerte (matándose y comiéndose o aprovechándose unos de los otros).
Surge de esa forma el gran ideal del “mundo nuevo”, un mundo gobernado por el “niño de la paz”
«Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado.
Lleva en su hombro el principado, y su nombre es: Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la Paz » (Is 9, 4-6). Éste es el “niño” de la armonía universal de nuestro texto:
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito,
el novillo y el león pacerán juntos:
un muchacho pequeño los pastoreará.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas;
el león comerá paja con el buey.
El niño jugará con la hura del áspid,
la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
El profeta Isaías nos ofrece así su utopía de reconciliación universal, abierta al cosmos entero a los mismos animales… La ciencia de Dios se extiende a todas los planos de la vida. Ésta es la ciencia de la vida, la sabiduría del amor, que comienza con los niños que juegan en paz, sobre un mundo recnciliado…
Mediación israelita, mediación eclesial
El texto de Isaías termina diciendo que todo esto se realizará por la mediación de Israel: «Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada». Para nosotros, los cristianos, todo esto se realizará a través de la mediación de la Iglesia, que puede y debe presentarse, en este adviento, como signo de reconciliación:
1. Reconciliación personal y social. Sigue el tema del domingo anterior. El cambio cósmico se expresa en la transformación de los corazones de los hombres: Is 2, 2-4: de Sión (es decir, de la Iglesia) saldrá la Ley, la nueva experiencia de comunión universal, de forma que de las espadas forjarán arados… La Iglesia de adviento debe ser para todos los pueblos un signo y palabra de reconciliación política y social, económica y cordial… La Iglesia ha de ser signo de un “conocimiento nuevo”, de un tipo de sabiduría y consejo (los siete dones) que sirvan de enseñanza y estímulo universal de paz.
2. Reconciliación cósmica, ecológica. La reconciliación personal y social puede abrirse y se abre en forma de utopía cósmica. La más honda profecía de Israel expresa en el “mito” de la reconciliación universal (Is 11: lobo y cordero se unirán), vinculado a la 'ley mesiánica', que permitirá superar la violencia en Jerusalén (Iglesia). De esa forma se encarna en la Iglesia la esperanza y tarea de la reconciliación de todos los vivientes, asumiendo rasgos que aparecen en el fondo de Gen 1-2. Donde los hombres se reconcilian en sabiduría y amor puede y debe esperarse la reconciliación cósmica.
3. Transformación escatológica. La historia humana, envuelta por los siglos en enfrentamientos y discordias, puede convertirse en hogar de reconciliación final, esperanza de Reino de Dios.
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Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Antonio Machado (Soria, 1912)
Machado, luego de la "tala", descubre como poeta-profeta, la mínima señal de la esperanza. Como Isaías, el Bautista o Machado, "hemos de dar razón de la esperanza" (1Pedro. 3,15)
........................................
A UN OLMO SECO
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
...
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría".
El cristianismo es una "alegropeya" (Leopoldo Marechal, argentino), y el creyente es "un desertor de la Elegía".
El desafío de adviento es pasar de la "pusilanimidad" a la "magnanidad"
Galeano lo describe muy bien de manera parecida a la paradoja de Aquiles y la tortuga .... sólo que en este caso la utopía corre bastante más.
"Defensa de la alegría
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas.
Defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos.
Defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias. Defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres. Ddefender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
la verdad más íntima de la realidad es lo "posible" (Moltmann),
sin utopía no hay adviento (para creyentes y/o increeyentes)...
¿Y qué es la Utopía?
Ventana sobre la utopía
Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.
E. Galeano
Nosotros hacemos cualquier cosa: pesebres y arbolitos embonbillados, turrón y sidra, empachos y borracheras, villancicos y misas de gallo, regalos y cortesías...
Adviento y Navidad: Esperanza y conversión!
Pero la mediación eclesial, será verdadera mediación en cuanto que, como un sólo cuerpo unido y sano, despleguemos en la historia el cuerpo mismo de Cristo, siendo otros cristos.
Para eso hemos de nacer al hombre nuevo que tan bien definido está en el texto.
Conversión y renacimiento son las claves de esta inigualable utopía.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Xabier Pikaza Ibarrondo
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