El Padrenuestro de Fernando
08.08.07 @ 12:00:07. Archivado en Dios, Justicia, Teología, Jesús, Nuevo Testamento, Amigos, la voz de los
El día 28 de julio, con ocasión del Evangelio del domingo, introduje un comentario al Padrenuestro de Lucas, situado en su contexto, presentándolo como oración de Jesús, relacionada con la oración del Bautista y de su grupo. Comenté el pasaje, sencillamente, palabra a palabra y lo dejé estar, al lado de otras reflexiones de Jesús sobre la oración. El día siguiente intervino Emilita y yo pensé que ella entendía el Padrenuestro desde una perspectiva trascendimiento mesiánico y teológico:
¡Sólo hay Dios o sólo Dios basta! Fue una reflexión que nos puso ante la total desnudez, ante la gracia más honda de la oración cristiana. Hoy sigue Fernando, mi amigo, con su mejor reflexión sobre el Padrenuestro. Sólo os pido un tiempo de silencio y atención cordial para escucharle, como si fuera a un Jesús que, sin ser teólogo de oficio, se hacía a veces teólogo, cuando le ponían ante las cuerdas. Fernando, amigo, gracias. Este blog sigue siendo tu casa
Sigue la introducciòn
En aquel contexto, respondiendo a la primera intervención de Emilita yo había esbozado otra pequeña reflexión, destacando el arraigo “terreno” de la oración de Jesús, donde no sólo “hay Dios”, sino que hay y debe haber realidades concretas: pan y perdón… El tema daba y seguirá dando para mucho más… Hoy dejo la palabra ha Fernando, que ha tardado unos días en responder (lo ha hecho el 5 de este mes).
El comentario de FErnando se inscribe entre los grandes comentarios al Padrenuestro que conozco, desde el hacía Orígenes hasta el que mi compañero S. Castro ha colgado en internet y que os recomiendo (http://www.mercaba.org/DicES/P/padrenuestro.htm) Dejo hablar a Fernando… Al final añado dos reflexiones, también admirables, que han añadido después sofía la sabia (escribe su nombre en minúscula) y de nuevo Emilita. Me tomo un día para seguir reflexionando.
Fernando
Querido Xabier. Hubiera querido intervenir antes en este post sobre el Padrenuestro junto a los comentarios de Emilita, y evitar la distancia de días, pero creí oportuno pensar más detenidamente lo escrito. Y como sabes que soy de pensamiento pausado, me he tomado algunos días en reflexionar lo que iba a decir.
He leído lo que escribiste y el resto de intervenciones. Me sorprende, si te digo la verdad, que no haya dado más de sí. Hay una cuestión que nadie se ha planteado en torno a la petición al Padre, y eso me ha dejado algo perplejo. Dices que llamamos a Dios y éste responderá de otra manera (y añades: «de un modo mejor»). Si te digo la verdad, me permito discrepar de esta conclusión, aunque tengas razón por la experiencia de la vida y la historia de la espiritualidad y la teología. De hecho en el Padrenuestro no se hace esta composición; ahí se piden cosas muy concretas que parecen demandar una respuesta igualmente concreta, y no otra cosa.
Dar el Espíritu santo, como dices, tiene su plasmación en una liturgia de la vida –sigues diciendo- que expresa el alcance de Dios a cada persona. Probablemente eso quiso decir Emilita con su tremenda expresión: «sólo hay Dios» (del verbo “haber”, que no “existir”). Por otro lado, realizas una lectura solidaria que brota de la exigencia de un Dios que apela al pan, la convivencia, el perdón, etc., y no al ensimismamiento que da la espalda a la historia. De acuerdo. Pero si me permites, prefiero adentrarme en otros territorios.
Cuando leemos el Padrenuestro, obviamente lo recitamos en el orden que aparece en los evangelios. Así:
1º la invocación universal al Padre, que es santo (y por tanto soberano), que posee el Nombre (capacidad) y de hecho lleva a cabo de modo ilimitado el cumplimiento de su voluntad como reino que viene.
2º las peticiones concretas que afectan en la vida: el pan diario (subsistencia y existencia: en este orden), el perdón de las ofensas & deudas (¿la comunidad?), la protección ante la tentación, a imagen de esos vaivenes que nos acucian y zarandean (la paz como su contrario) y el peligro real del mal, ante el que alzamos la esperanza última de la liberación.
¿Y si fuera al revés? En realidad lo es. Creemos que la referencia al Padre, como voluntad de salvación en la tierra y el cielo, y el advenimiento del Reino son los universales, mientras que la segunda parte destaca su particularización activa en la existencia.
Pero no es así. Decir que Dios es «Abba» no es ni mucho menos universal. Como tú bien sabes, es una particularidad de la fe cristiana que en modo alguno puede extenderse a otras confesiones. Que su voluntad sea en el “cielo” y en la “tierra” y que su reino venga, es igualmente incomprensible para muchas creencias.
Pienso entonces que es la segunda parte de la oración la que lleva la carga de la universalidad. Todos anhelamos tanto la subsistencia (se hacen grandes sistemas económicos y políticos para garantizarla), el perdón (la comunicación ilimitada), como la paz y la liberación (la utopía). El Padrenuestro no implica por ello que lo universal o “Théos Patér” acampe sobre algo particular como consecuencia de su acción universal, sino que existe una realización concreta en cada sujeto (pan, perdón, paz y liberación) que se despliegue en lo general.
Jesús no hace del Padre una alta tecnología teológica. La alta tecnología teológica se basa, entre otras cosas, en formular la diferencia entre absoluto y relativo. Me explico. No quiero decir que Jesús no sea, a su modo, un “teólogo”. Ya sabes que C. Duquoc acuñó la expresión «Jesús, el no-teólogo». El problema sería discernir antes de qué teología hablamos para asegurar con tanta rotundidad que Jesús NO es teólogo. No lo es sacerdotalmente, y muy probablemente tampoco le convengan los modelos teológicos-religiosos de piedad laical que antaño y hogaño brotan aquí y allá. Pero sí habla de Dios de forma constante, como presencia omnímoda, lo que permite entender que lo que él llama «Padre» adquiere una entidad mucho más rica y compleja que los simples contenidos y formulaciones a los que estamos acostumbrados.
Pero una baja tecnología no implica una menor dificultad. En absoluto. La alta tecnología teológica elaborada a lo largo de los siglos tal vez sea más sofisticada, pero en absoluto más compleja de la que concibió Jesús respecto del Padre. Sofisticación aquí significa distanciar el objeto. Jesús no evita hablar del Padre con palabras aparentemente sencillas, pero son discursos difíciles si examinamos detenidamente sus parábolas a la luz de sus gestos y otros dichos. La diferencia es que Jesús rechaza distanciarse del objeto del que habla, que es el Padre. Muy al contrario, lo intima de tal manera, que lo revela si cabe más paradójico que en la alta tecnología teológica. En ésta, preocupada por el rigor conceptual, la expresión simbólica más plena y la definición menos confusa, obliga constantemente a distanciarse del objeto y preocuparse -con toda razón por otra parte-, por las mil y una complejidades que tejen la imbricación entre la vida y la fe.
Jesús no resuelve esta cuestión. Y no la resuelve, porque al final, como dice Emilita, la realidad de Dios como Padre es para Jesús lo único de lo que cabe hablar con razón. Los creyentes en general quieren conocer el sentido de los hechos con un sentido ordenado. Una persona religiosa querrá ver las huellas, las presencias de ese Dios al que invoca y otorga su vida gracias a la convicción de que es un Padre cuidador y amoroso. Bien, y por eso mismo ve las cosas dirigidas hacia Dios, es decir, las observa «sub specie divinitate» con dirección tal vez compleja, pero siempre consciente de que hay una acción o existe cierto plan que le confiere sentido. En Jesús parece ocurrir a la inversa: ve a Dios dirigiéndose a las cosas, marchando y balanceándose entre el sin fin de situaciones y personajes que tan bien describen las parábolas.
Cuando Mt pone en boca de Jesús el cumplimiento del porqué de las parábolas (Sal 78,2: «proclamaré lo que estaba escondido desde la creación del mundo»), creo que no trata de desvelar un secreto –que sería lo que nosotros pretendemos– sino poner al Padre en proyección a las cosas. En general queremos ver y entender que la realidad tiene algo de paternal. La alta tecnología teológica así lo asegura, y lo repite incansablemente, pero sólo puede poner una plantilla sobre esa realidad para confesar, desde la plantilla, la enigmática presencia del Padre. ¿Pero son los hechos paternales? Si volvemos nuestra mirada al Padrenuestro, sabemos que muchas personas mueren de hambre, que el perdón no es visible, que los vaivenes (tentaciones) arrastran y conmueven la existencia, y que si bien el mal no vencerá, son muchos los que caen en el presente, con su irrepetible singularidad y concreción, aplastados por él.
Ninguno decimos que la realidad sea “paternal”, así como suena, sino que “sólo” hay un Padre que nos cuida, ama, etc., y que Jesús ha revelado como Hijo por mediación del Espíritu, etc. Ni tú ni yo nos atrevemos a decir que los hechos “son” paternales. A lo sumo que el Padre se ocupa de nosotros, que es bien distinto. Pues bien, el Padrenuestro parece forzar implícitamente a entender a Dios proyectado sobre las cosas y los hechos (decir “realidad” suena demasiado filosófico). No se está diciendo que cada cosa “es” Dios indiferenciadamente, sino que el movimiento del Padre enunciado como pan, perdón, paz y liberación, es capaz de penetrar de paternidad a todo lo que acontece. El Padre no es todas las cosas, sino que “hay” Padre en todas las cosas, que es bien distinto. Por eso se dice en Mt 6,33 buscad primero el Reino y luego la preocupación por el vestido, la casa y la comida. Pedid y se os dará, se insiste.
No es una preocupación dicotómica, pero tampoco equivalente. Conviene leerla en otro sentido. El Reino está, es un “hay” en las cosas y en la vida, y como derivado, todo lo demás se da por añadidura. ¿Añadidura? ¿Qué es esto? El pan es vital para el Padrenuestro, como vitales son el perdón y la protección ante las tentaciones. Es lo más concreto. ¿Qué pasa cuando esta añadidura providente no se hace visible con la rotundidad deseada? ¿Qué el Reino “no es”? Si el día de mañana no debe preocuparnos, la cuestión es el hoy en el que acampa el mal («kakía»: Mt 6,34). Y si el Reino es como una semilla que crece sola (Mc 4,26-29), es decir, por sí misma sin que el hombre sepa cómo, es que hay un numeroso campo de acción que no podemos controlar a pesar de nuestra buena voluntad en ser solidarios y compañeros de los que sufren la carencia de estas “añadiduras”.
Jesús, como sabemos, se siente heraldo del Reino, y es un sentimiento que se traduce en convicción firme como palabras, vida y hechos (milagros). Pero Jesús, ni ninguno de nosotros, es capaz de llegar a todos los hechos (en los que “hay” Padre) que traen consigo la no presencia del pan, la paz y la liberación, y aun cuando se llega, tarde o temprano, la no presencia de estos dones se hará palpable. Mt enmarca la oración del Padrenuestro en la consideración de los rectos orantes: ni hipócritas ni parlanchines (Mt 6,5-8): Dios escucha siempre. Lc, por su parte, lo resalta desde la eficacia, incluso comparada con la imagen del amigo fastidiado que presta sus panes (Lc 11,5ss.). ¿Por qué esta insistencia? En realidad sospecho que no todo es tan sencillo en la oración de petición que es el Padrenuestro. Se invoca la insistencia y el modo idóneo, pero nada se dice del tiempo de respuesta. ¿Por qué?
Porque ni siquiera el Hijo sabe el día y la hora. El Hijo no domina el tiempo, lo que es una manera de decir que el campo abierto por la imbricación entre el Padre y los hechos no tiene para Jesús una consideración separada sino problemática. Para eso están las parábolas, para saber discernir la NO DISTANCIA entre el Padre y lo que somos y nos rodea. Esto entraña la interpretación de los signos del Padre, una interpretación que nos lleva al enigma del misterio del Reino («mystéria tes Basileías»: Mt 13,11), desvelamiento que, por cierto, debe ser dado y no obtenido. El Padrenuestro es un reconocimiento tácito de que Dios está proyectado en las cosas. En ellas “hay” el Padre que las atrae hacia la conversión del Reino. Pero Jesús no resuelve el problema que nosotros, sofisticados por la alta tecnología teológica, queremos desvelar: ¿los hechos siguen siendo paternales cuando no aparece la paz, el pan y la liberación incluso con nuestras buenas acciones?
Como sabes, al «Abba ho Patér», el Abba Padre de Mc 14,36, le sigue la afirmación de la omnipotencia de Dios, pues todas las cosas («panta») son posibles para él. Un posible algo extraño, como destaca la parábola de los obreros de Mt 20,1-15. No entro en la disquisición de la sinonimia entre «Abba» y «Abunah» (nuestro Padre). «Abba» e «imma» (padre y madre) son los primeros balbuceos del niño, con una carga afectiva y emocional importante, atestiguada ya por el Targum de Is 8,4. Pero «Abba» también servía para referirse al abuelo u otras personas familiares, incluso el mismo rabino. A primera vista destaca familiaridad, que es la parte de ese algo profundo y que revela la no distancia entre el Padre y las cosas. Jesús parece inmerso en esta convicción, y cuya matriz no es simple éxtasis –a pesar del Tabor– ni iluminación intelectual, sino apremio de un reinado-reino que está ahí, cerca, en las cosas, como la semilla de la mostaza.
Volvamos a la parábola de los obreros. Es importante para lo que quiero mostrar. Si el obrero que llega a última hora cobra lo mismo que los que trabajan desde la mañana, solemos interpretarlo como la poca consideración que Dios tiene de los méritos del hombre en contraste con su respuesta bondadosa. ¿Pero es ésta la interpretación correcta? En parte sí, pero cabe preguntarse si la parábola busca más bien acentuar el sentido que Dios tiene de lo justo en función de algo menos previsible: que Dios hace lo que quiere con lo “suyo” (v.15), mientras que los obreros están sometidos a un “suyo” –su salario– determinado invariablemente por el trabajo invertido y un periodo de tiempo concreto.
Esta consideración me lleva a que si para Dios todo es posible, lo es precisamente porque no hay escalas, contabilidades o registros que puedan consignar o delimitar su acción. No se está diciendo que el obrero de la tarde cobre lo mismo que los obreros que trabajan desde la mañana, destacando el tradicional significado de la parábola: que los primeros serán los últimos, y viceversa… Es un añadido innecesario, en mi opinión. Se nos dice más bien que no hay una relación, entendida según nosotros, que permita asignar la equivalencia entre un periodo X (en este caso una jornada de trabajo) y un valor Y (el salario por dicha jornada). Esto no tiene expresión factible como cálculo valorativo, dado que en Dios esta hipotética relación es superada intencionadamente. Pero me temo que ni siquiera una formulación religiosa podría comprender su sentido.
Dios no está, repito, determinado por ninguna curva de conveniencia, si me permites este ejemplo, dentro de un eje de coordenadas entre un hecho dado y el valor que tradicionalmente le damos. En la religión, como en otras muchas facetas humanas, suele suceder que a las cosas se aplican toda una constelación de valores, generalmente jerarquizados, que las definen como valiosas o prescindibles según sea el caso. Para hablar de Dios necesitamos de palabras, contenidos o símbolos, y gracias a ellos decimos algo y actuamos con cierta consecuencia. El absoluto y relativo es un buen ejemplo. Para Jesús las palabras no están para definir, sino para parabolizar, es decir, para crear una expectativa misteriosa de algo que una definición cualquiera no sabría representar: que sólo hay Dios en las cosas, feliz expresión de Emilita. Vemos cosas, y entendemos los valores asignados, pero ignoramos ese “hay” que es aplicado por Dios. ¿Entonces qué no-distancia existe en verdad?
Creo barruntar que debido a nuestra complejificación teológica por necesidad de distancia, según he dicho, tendemos a elaborar ejes y campos de diferencia en los que modelamos la intensidad de lo que estas palabras traslucen. Decir que hay distancia entre Dios y nosotros es fácil por la historia de las religiones. Decir a su vez, que hay inmediatez entre Jesús y Dios, es igualmente fácil gracias a la dogmática cristiana. Y, por último, afirmar que estamos en contacto con el Padre ya que nos hacemos personas moviéndonos en esa vida que es el don de Dios,... pues también es fácil, pero seguimos en plena sofisticación teológica. Jesús probablemente aceptaría todo esto, pero tal vez –y digo “tal vez”–, le daría la vuelta dado que ninguna de estas explicaciones da en el clavo de lo que es esa no-distancia. ]
Sólo “hay” Dios, decía Emilita. Esto se puede entender de muchas maneras, incluso de forma musulmana, como tú dejaste entrever. No obstante, lo único que demostraría es que hay una corriente subterránea, un hilo rojo que une a muchas personas en esa misma impresión, que si me permites llamaré de GRANDEZA. Decía E. Schweizer que Jesús no tuvo más que una preocupación: hacer aparecer a Dios como el único absoluto (“L’unique Absolu”. Cita de «Pour que Dieu sois tout en tous», en J. Coppens, La Notion biblique de Dieu», Le Dieu de la Bible et le Dieu de les philosophes, BEThL, Leuven 1976, 286). A él no le preocupaba ninguna teo-logía del Hijo. No es la magnitud del cosmos ni la majestad de los monumentos (acuérdate de lo sublime kantiano). Tampoco es la pesantez de la que hablaba Simone Weil para describir el mundo. ¿Sería la impresión de un Dios como «ser» e incluso «supra-ser» que ocupó y preocupó a la filosofía? No lo sé.
Yo creo que Jesús no dice qué es la GRANDEZA en sí. Y es que el Padre «ve en secreto». ¿Es porque era la Segunda Persona de la Trinidad y poseía ciencia infusa? A decir verdad, es muy posible que Mahoma tuviera la misma e idéntica percepción de grandeza que Jesús, como esa no-distancia entre Dios y su persona o sus palabras. La diferencia es que para Jesús la grandeza no está al margen, o a distancia, de todas las diversas “encarnaciones” que somos todos. Para Mahoma, que era un genio, esa misma grandeza son palabras o «verba» de una revelación como Logos que pide “distancia” de todos nosotros para expresar su universal verdad [“universal” para el creyente o muslim, porque el Corán es universal, y precisamente por ello es sólo para los musulmanes, como el Evangelio lo es para los cristianos. ¡Qué extraño choque de trenes “universales”!].
Hay en la historia occidental otros muchos personajes que poseyeron esta impresión a su modo y con no pocas contradicciones. Pablo tal vez. Desde perspectiva judía, posiblemente Baal Chem Tov. Muchos me dejo en el tintero. Pero saber qué es esa no-distancia entre Dios y el hombre según Jesús, es lo que no conocemos. Jesús la explica inversamente, o de forma indirecta, por medio de las parábolas, los dichos, las acciones y su misma vida. El Padrenuestro deja a nuestra libertad valorar, gozar o soportar los problemas que se derivan de este “sólo” hay Dios, de su no-distancia real –según Jesús– y del enigma en el que nos movemos cuando somos incapaces de interpretar los hechos a la “distancia” de la voluntad salvadora de Dios, según es confesada. El sólo “hay” Dios de Emilita, si ella me permite interpretarlo, creo que es la punta del asombro ante esa GRANDEZA a la que el propio Padrenuestro invita.
GRANDEZA que puede ser también llamada horizonte, dilatación, etc. Son nombres poco creativos. Jesús lo llama «Reino», y que es un "bien que se espera" («Hoffnungsgut», según Schmithals en «Das Ev. nach Mk.» [Güttersloh-Würzburg, 1979] en glosa a Mc 12,26-27), un bien que se invita desde el pan cotidiano, el perdón obtenido y dado, la lucha y la empresa frente al mal, todo con expectativa de acción de gracias. GRANDEZA que existe igualmente cuando el hambre y la enfermedad abunda, el perdón es inexistente o es manipulado en provecho de unos pocos, y el mal destruye rostros concretos. El Padrenuestro no resuelve este trance. Probablemente tendríamos que poner nuestros ojos en las Bienaventuranzas. Desde el Padrenuestro se deja a nuestra composición cómo enlazar el universal de nuestras condiciones particulares esa concreción de un Dios que viene diciendo que los hechos manifiestan paternidad.
El Padrenuestro, como he indicado antes, no revela el tiempo de respuesta del Padre, ni qué respuesta será, pero sí intenta insertar la grandeza en los orantes. Si los hechos y la realidad entera “son” paternales (pues eso y no otra cosa es decir que sólo “hay” Dios visto desde Jesús), posiblemente no se afirma meramente que el Padre nos cuida, sino que exige de nosotros la inteligencia en ver esos hechos bajo un sentido parabólico, pues nada dice directamente: «he aquí al Padre». Sólo sus obras, sus mediaciones, las palabras interpretadas... Y eso es un problema, porque nadie está exento de concebir una relación entre vida y Dios tan trastornada que, por altísima exigencia supuestamente evangélica, la parábola resultante sea indigna tanto para Dios Padre como para nosotros. En realidad, el Padrenuestro es muy manipulable.
El Dios de los cielos y la tierra sirve para consagrar a los coronados, muchos de ellos tiranos. Su nombre es excusa para cualquier tipo de acción, porque “nombres” sagrados hay demasiados, tantos como entendimientos de lo santo en las culturas, las geografías y las historias. El pan y el perdón pueden esclavizar, o tal vez, manipular sutilmente. Hoy se habla mucho de solidaridad, exclusión y pobreza, y se hace de esto casi una dogmática, que según parece, algunos la llevan a conclusiones tan pavorosas como esa desdichada fórmula de que «fuera de los pobres no hay salvación». De esos lodos vienen postreros fanatismos. De la tentación se hizo toda una gran tradición moralista que basculaba entre el laxismo más absoluto y el rigorismo escrupuloso. Y el mal..., ¿qué es el mal? El mal es el asesinato originario de Abel a manos de Caín... salvo mandato expreso de Dios, como se aprecia en las guerras de los viejos y nuevos Josués.
El mal se tiñe de grandes reflexiones metafísicas y teológicas tan tremendas, con incursiones escogidas en la historia terrible del mundo, que nos deja con la idea de que el mal es tan oscuro y complicado que no seríamos capaces de hacerlo. Pues sí, lo somos. Y no es tan complicado. Al principio siempre es difícil, pero si lo repites a todo se acostumbra uno. Y de su voluntad sólo puede decirse que cabe tanto la doble predestinación, al decir de Calvino, como el indiferentismo más absoluto en ciertas actuales espiritualidades cuyo juicio moral es bastante dudoso. En el pasado parece que la voluntad de Dios era emprender una guerra en tierra de Sarracenos. Hoy que todos parecemos buenos, ocurrencia bondadosa de carácter cosmopolita que olvida que hay ciertos buenos menos parecidos a otros buenos.
El sentido de GRANDEZA que invita el Padrenuestro es que si sólo “hay” Dios –insisto en la declaración de Emilita– es que éste no puede tomarse en vano. Que es importante, y su importancia exige cuidado, vigilancia y un más que notable sentido de la comprensión, la justicia, el perdón y la verdad. Si Jesús resaltó la no-distancia del Padre respecto de las cosas, y esa no-distancia se expresa a través del Padrenuestro mostrando insistentemente que los hechos “son” paternales, es que la dirección que debemos tomar es ésa en la oración y en la vida. A partir de ahí que cada cual haga el bien que quiera y ame cuanto quiera. La grandeza es llevarlo a cabo. ¿No será el Padrenuestro un motivo para entender que en realidad los límites de Dios y de los hombres los ponemos nosotros?
Me quedan cosas en el tintero, pero creo que ya me he excedido. Gracias a ti –si me lees – y a Emilita.
sofía
Yo tengo que confesar que he leído el ultimo megacomentario con la sensación esa de "¿Para qué hacerlo fácil si se puede complicar?" Sin embargo, la pregunta final demuestra que el pensamiento ha llegado a buen puerto, aunque no sé cómo -problema mío, el no saberlo, sin duda. Me quedaré con la conclusión: "¿No será el Padrenuestro un motivo para entender que en realidad los límites de Dios y de los hombres los ponemos nosotros?"
Sin duda.
Éste es un escaparate público e interactivo, con todas sus ventajas y desventajas. De forma que vuestros elaborados comentarios se ven expuestos a la mirada descarada de cualquier paseante de blog.
Así que, sin la menor intención de pisarte el poncho, Emilita, recojo la toalla: Creo que sí lo tenemos bien aprendido, cuando lo pronunciamos desde Jesús. En ese caso, el Padrenuestro es un camino para el aprendizaje de la vida en Dios, "que conlleva una determinada creencia con expresión de determinadas actitudes" y "una dimensión afectiva y otra cognitiva, unidas ambas por la congruencia" Todo esto lo encontramos ya desde las primeras palabras.
"Padre nuestro
que estás en el cielo
santificado sea tu nombre"
En estas tres líneas encontramos ya inmanencia y trascendencia, éxtasis por inmersión, y asombro ante el vértigo de la distancia. Y compromiso: que todos te santifiquen, te alaben, al ver nuestras obras, que proceden de ti.
Las dimensiones afectiva y cognitiva son absolutamente congruentes.
Perdonad este abuso de nutrirme de vuestros pensamientos y, además, recortarlos para que me sirvan. Pero gracias.
Me despido por unos días.
Emilita
Querido Fernando. Ante todo gracias por tu interés en aclarar y desvelar lo que en mí era una simple intuición. Desde luego lo tuyo es de encaje de bolillos y pienso como he dicho otras veces que éste no es el mejor escaparate donde exponer tus muy elaborados comentarios. Pero dicho esto y puesto que has intentado interpretar lo que yo decía, me siento en la necesidad de responderte un par de cosas.
La primera es que mi intención al escribir sobre el Padrenuestro no iba tan lejos como has llegado tú. Ya dije y lo repito ahora, que la pretensión era sonsacar a Xabier algo más, y para eso hay que hacerle objeciones.
La segunda cosa que deseo decirte es que en algo sí me parece que me has entendido. Algo,
que no supe decir con la claridad que lo dices tú cuando escribes: el “sólo hay Dios” de Emilita creo que es la punta del asombro ante esa GRANDEZA a la que el Padrenuestro invita. Grandeza que sigue existiendo cuando el hambre y la enfermedad abundan, cuando el perdón no existe y cuando el mal destruye rostros concretos. Porque en efecto, el Padrenuestro deja en nuestras manos el cómo unir el universal de nuestras condiciones particulares con esa concreción de un Dios que viene diciendo que los hechos expresan su paternidad.
Efectivamente, el Padrenuestro es como un iceberg, del que sólo vemos la punta de su grandeza pero del que desconocemos la anchura y la profundidad, dimensiones que pueden hacernos saltar por los aires en mil pedazos, cuando nos “tropezamos” con ellas. Creo que los discípulos necesitarían más de una conversación sobre el tema, pese a que el enunciado aparece sencillo y comprensible. También lo eran las parábolas y la gente no las entendía, ni siquiera los discípulos. Orar no es fácil, y Dios lo es todavía menos.
Los psicólogos definen el aprendizaje a través de rasgos prototípicos, ya que son esos rasgos los que nos lo garantizan. En este sentido hablan de: “un cambio duradero y transferible a nuevas situaciones, como consecuencia directa de la práctica realizada”. Habría que añadir que en el caso del Padrenuestro al ser un aprendizaje que conlleva una determinada creencia con expresión de determinadas actitudes, tendrían que darse también, una dimensión afectiva y otra cognitiva, unidas ambas por la congruencia. Trasladando estos principios de aprendizaje al Padrenuestro, yo creo que no lo tenemos bien aprendido, salvo que alguien me diga y justifique lo contrario.
Sencillamente creo que de tan manido (recuerdo los viejos tiempos en que los confesores imponían de penitencia rezar un número arbitrario de Padrenuestros) ha perdido en parte la capacidad de asombrarnos, su fuerza para comprometernos, y su innegable poder para hacernos caer en éxtasis. Algo falla.
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Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Sr. Pikaza, muy acertado el dibujo que ilustra el post. Son las notas de una partitura las que crean la música de las grandes melodías, como las reflexiones de Fernando hacen con el Padrenuestro. Sin esas notas, por aburridas que parezcan, no hay música!
En general, los blogs de religión de Periodistadigital, parecen más una réplica de los programas televisivos refrescantes y entretenidos, donde no importa tanto lo que se dice sino quién lo dice y cómo lo dice. Asomarse a cualquiera de estos blogs, es descubrir un calco, en versión religiosa, del “Aquí hay tomate” o “Sé lo que hicisteis…”( programas de entretenimiento de telecinco y de la Sexta, cadenas televisivas de España, respectivamente).
Estamos lejos de la gran tradición católica donde teólogos como Tomás de Aquino, se tomaban tan en serio lo que creían, que dedicaban su vida entera a crear un entendimiento entre razón y fe, cosas que no están en dicotomía, Señor JMS.
No sé serán cosas del populacho a los que no nos llegan las alturas teológicas o de los apartados de Dios ¿?
yo qué sé , pero no puedo ¡¡¡¡...!!!
Eres divino (=inconmensurable) por tu infinitez elucubrativa.
Parábola = para la bola.
Te veo echando agua en un jarro sin fondo y, oh sorpresa!, algo queda: la mojadura en los costados.
El padrenuestro invita a vivir, no a entender, el misterio de la gratuidad. Dios es Dios y las criaturas son lo que Dios quiere que sean. Los hombres son libres de vivir o de morir y los males que vemos son las opciones mortales que es bueno que lo veamos para comprobar cuan libres somos
Un abrazo a Todos
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Xabier Pikaza Ibarrondo
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