El blog de X. Pikaza

Las bienaventuranzas de Mateo 5, 3-9: un programa de paz.

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El evangelio de Mateo ha reinterpretado las tres primeras bienaventuranzas de Lucas (Lc 6, 20.21), desde la perspectiva de su propia iglesia (hacia el 80 d. C.), presentándolas como un programa de pacificación cristiana. Ciertamente, son palabras de anuncio gozoso de Reino, pero, al mismo tiempo, ellas ofrecen el más hondo programa de pacificación social del cristianismo. La Iglesia posterior ha pactado con muchos poderes políticos y sociales, defendiendo incluso la “guerra justa”. Para el Jesús de Mateo no hay guerras justas, ni pactos militares capaces de crear la paz. Su propuesta de paz es más honda, más actual que todas las propuestas posteriores de los documentos de la Iglesia.

Presentación.

Suponemos conocidas las tres primeras bienaventuranzas de Lc 6, 20-21 (bienaventurados los pobres, los hambrientos, los que lloran…). Mateo parte probablemente de ellas, pero aumenta su número hasta siete, presentándolas así como un programa de vida y de pacificación cristiana. Prescindimos aquí de la 8ª (la 4ª de Lucas), que trata de la persecución, para analizar las siete anteriores, como propuesta básica de paz de la Iglesia. En esa línea las presentamos, de un modo unitario, como siete peldaños de una gran Escala de Paz, como la Via Pacis del Evangelio.
El mismo orden de las bienaventuranzas va marcando su avance y sentido, desde la primera (los pobres) hasta la última (los pacificadores). No es posible ser pacificador, crear la paz, a no ser recorriendo ese camino de pobreza, mansedumbre, capacidad de sufrimiento etc. Así lo iremos viendo, mientras vamos trazando un recorrido de paz para la Iglesia, para el conjunto de la humanidad.

Las siete bienaventuranzas: Mt 5, 3-9

(1) Bienaventurados los pobres de Espíritu. Sólo se puede hablar de paz donde se empieza poniendo en el centro a los pobres. Mt 5, 3 ha dicho pobres de espíritu donde Lc 6, 20 decía simplemente pobres. Con eso, Mateo no ha negado la bienaventuranza de la pobreza material, pues él sigue hablando en su evangelio de pobres, vencidos y pequeños (cf. Mt 18, 1-14), pero ha querido referirse en especial a los cristianos. En ese sentido, habla de los pobres de espíritu, esto es, de aquellos que no se limitan simplemente a sufrir una suerte que les viene marcada de fuera (porque han sido derrotados por otros, vencidos por la vida), sino que habla de aquellos que, pudiendo vivir de otra manera, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad y, sobre todo, por servicio a los demás, como Jesús, que, pudiendo haberse puesto al lado de los vencedores, se unió a los pobres, iniciando con ellos un camino de salvación (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11). Así aparece como el siervo que no grita, no se ensalza, no esclaviza (cf. Mt 12, 15--21), iniciando un camino de solidaridad humana desde la pobreza. Quien quiera vivir como rico no puede hacer la paz. Donde se busca dinero se logran otras cosas, no se puede hablar de paz.

(2) Bienaventurados los que sufren. Sólo aquellos que sufren y saben sufrir pueden ser constructores de paz. Lucas hablaba de aquellos que lloran (hoi klaiontes), destacando quizá el llanto físico, aceptado o no (en la línea de la pobreza material). Mateo, en cambio, dice hoi penthountes, término que parece referirse más en concreto a los que “saben” sufrir, es decir, a los que aceptan el dolor, más aún, a quienes lo comparten con otros y así lo convierten en fuente de vida fecunda. Ciertamente, podemos decir con el texto de Lucas, que son bienaventurados todos los que lloran, por la razón que fuere, sin distinguir la forma en que asumen o no su sufrimiento. Mateo en cambio parece haber puesto de relieve el valor de maduración e incluso de “revolución radical” del sufrimiento. Sólo aquellos que, quizá con miedo, saben aceptar el sufrimiento pueden ayudar a los demás, abriendo con ellos y para ellos un camino de vida. Quien no sabe sufrir terminará siendo un dictador. Quien hace sufrir a los demás (por hambre o terror, por guerra o dictadura) no podrá ser hombre de paz. Sólo aquellos que se ponen en el lugar de los que sufren y sufren con ellos pueden iniciar el camino de paz del evangelio.

(3) Bienaventurados los mansos… (Mt 5, 5). Ésta es una bienaventuranza nueva, que Mateo o su iglesia han creado, siguiendo el testimonio de Jesús, que ha sido pobre y pequeño (sin poder económico o social), pero que ha sabido elevar y enriquecer a los pequeños, convirtiendo su pobreza en fuente de gracia y de vida para muchos. Mansos son los que actúan sin imponerse, los que ayudan a los demás desde su pobreza. Así ha dicho Jesús: «Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumamos, que yo os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde…» (Mt 11, 28-29). Siendo pobre (manso, no violento), Jesús puede ayudar a los pobres. Pues bien, esa bienaventuranza (tomada del Salmo 37, 11, expresa una experiencia radical, de tipo político: “los manos heredarán la tierra”, no al modo actual (por posesión violenta), sino al modo de Dios: “por herencia de gracia”. Esta palabra (los mansos heredarán la tierra) proclama una utopía de pacificación “política”, que invierte todos los principios y táctica de guerra. Sólo los mansos, los que renuncian a toda imposición militar para “conquistar la tierra” podrán poseerla de verdad, pues tierra no se conquista por guerra, sino que se “hereda”: la recibimos de aquellos que nos han precedido y queremos ofrecerla como regalo a quienes nos sigan. La tierra que se conquista y somete por la fuerza se vuelve un infierne de guerras; cuanto más la dominemos más la destruiremos. Sólo los mansos podrán heredar y disfrutar la tierra en paz; los otros, los violentos, la destruyen y se destruyen entre sí.

(4) Hambrientos de justicia. En vez de hambrientos sin más (como Lc 6, 21), Mt 5, 6 dice hambrientos y sedientos de justicia. Ciertamente, son bienaventurados los carentes de comida, como supone Mt 25, 31-46 (pues el mismo Jesús habita y sufre en ellos), pero Mateo sabe también, como indica ese pasaje, que hay hambrientos mesiánicos, que entregan la vida por los otros, dando de comer a los necesitados, buscando así la justicia de Dios que es la liberación de los oprimidos (Antiguo Testamento) y la justificación y perdón de los pecadores (San Pablo). Esta bienaventuranza habla de los hambrientos creativos, de aquellos que habiendo descubierto la presencia de Dios en los necesitados se empeñan en ponerse al servicio de ellos. Éstos son los verdaderos “justos”, los portadores de justicia (cf. Mt 25, 37). Es evidente que entre ellos se sitúa Jesús, Mesías de la justicia del reino (cf. Mt 6, 33). En este contexto se entiende su palabra: “no sólo de pan vive el hombre” (cf. Mt 4, 4)… No hay sólo “hambre de pan”, sino también de “justicia”. Sólo a través de esta justicia, que es la liberación de los pobres, se puede hacer la paz.

(5) Bienaventurados los misericordiosos (Mt 5, 7). Ellos aparecen vinculados al Dios de Israel a quien la Escritura presenta como «clemente y misericordioso, lento a la ira…» (Ex 34, 6-7). La fe en el Dios misericordioso y clemente ha definido y marcado la historia de Israel, viniendo a culminar, según el evangelio, en Jesús de Nazaret, a quien Mateo ha definido, de un modo muy intenso, como el Mesías misericordioso, Hijo de David que tiene piedad de los perdidos y excluidos de la tierra (cf. Mt 9, 27; 25, 22; 20, 30-31). Desde ese fondo se entiende su novedad mesiánica, conforme a las palabras centrales de Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9, 13; 12,17; cf. Os 6, 6). Eso significa que la “religión” (sacrificio) de Jesús es la misericordia. Éste es el sacrificio que Jesús pide a los suyos: que sean misericordiosos, que sean capaces de compartir la vida con los otros, creando así la paz. Desde ese fondo, la religión de Jesús se hace política y la política se hace “misericordia”, dirigida por la ternura de corazón, por el amor gratuito, y no por la dureza de la ley implacable o la venganza. Ésta es la dicha más honda de Jesús, su felicidad mesiánica: compartir desde el corazón la suerte de los pobres, ayudar a los necesitados. Ésta es la nota fundante del evangelio, el principio de la política cristiana: la misericordia que hace felices a los hombres y que crea la paz. Aplicando las palabras de Mt 7, 1, se podría decir: “sembrad misericordia y la misericordia llenará vuestra vida…”.

(6) Bienaventurados los limpios de corazón (Mt 5, 8). Un judaísmo bastante extendido en tiempos de Jesús tenía miedo de aquello que mancha al hombre y puede separarle de la santidad de Dios. A su juicio, la limpieza básica se logra través de la ley: es pureza de manos que se lavan de acuerdo con el rito, de observancias que se cumplen realizando lo mandado, en vestidos y comidas etc. Es religión de normas exteriores (de prestigios nacionales o sociales, de insignias, de banderas...). Pues bien, en contra de esa pureza de ley, puesta al servicio de los fuertes (piadosos y cumplidores), Jesús ha destacado la pureza del corazón, abierta en forma solidaria a todos los hombres, especialmente a los expulsados del sistema. El mensaje de Jesús, tal como lo viven los cristianos de la Iglesia de Mateo, exige que superemos un sistema de purezas que se centran en las manchas de la piel o en la forma de cumplir el sábado (cf. Mc 1, 4-0-45; 2, 23-3, 6), tabúes de sangre y sexo (cf. Mc 5), de pureza externa y comidas (cf. Mc 7). Jesús quiso ofrecer a sus amigos y seguidores un programa distinto: la pureza del corazón misericordioso que se abre a los necesitados, por encima de toda ley o patria particular (de tipo político o religioso). Así podemos decir que la patria de Jesús (su nación política, su iglesia) es la misericordia universal, desde los más pobres. Sólo así, desde el corazón, se puede iniciar un camino de paz, pues los limpios de corazón no sólo “verán a Dios” (en el futuro), sino que pueden ver ya a los demás (incluso a los enemigos) con los ojos de Dios. El limpio de corazón no hará nunca la guerra, pues no verá jamás a los enemigos como enemigos, sino como personas.

(7) Bienaventurados los hacedores de paz (Mt 5, 9).
Otros tipos de judaísmo podían tener sus propios bienaventurados: los guerreros de Dios que conquistan el reino (celotas), los buenos sacerdotes con su ritual de sacrificios, los cumplidores de la ley… (en línea farisea). Pues bien, para Jesús, judío mesiánico, la bienaventuranza verdadera culmina allí donde los hombres son capaces de “hacer” (poiein) la paz del Reino, regalando generosamente la vida a los demás. De los pobres de la primera a los pacificadores de la séptima bienaventuranza discurre así un camino recto: la Via Pacis, el camino triunfal de la paz, que se opone no sólo a otras formas de judaísmo, sino al ideal de victoria del imperio romano. Aquí culmina el mensaje de Jesús, aquí se condensa su proyecto mesiánico, centrado en el surgimiento de unos hombres y mujeres que sean hacedores de paz (eirenopoioi.

Conclusión.

Estos hacedores de paz sólo pueden aparecer claramente al final del despliegue de las bienaventuranzas que empieza con los pobres y continúa con los sufridos y los mansos etc. Estos pacificadores de Jesús siguen siendo, según eso, los pobres y excluidos que renuncian con un gesto de paz a la violencia del ambiente. En contra de la política oficial de Roma y de los reyes herodianos, la paz no es obra de los emperadores y monarcas que instauran su dominio por la fuerza, como Augusto, que edificó en el centro de Roma su Ara Pacis (Altar de la Paz), para expresar su soberanía (y soberbia) mundial. A los ojos del Cristo de Mateo, los portadores de la paz de Augusto, simbolizado en su Altar central de Romo, serían unos engañados e impositores. La verdadera paz viene de abajo, desde el perdón de los más pobres, a través de aquellos que van suscitando comunidades de personas que se aman y se abren en misericordia activa hacia todo el mundo. En ese sentido, la tradición cristiana dirá que el pacificador por excelencia ha sido Cristo (él es nuestra paz: Ef 2, 14-15), pues ha querido reunir con su gesto de entrega no violena todos los hombres. Ésta es la paz que no se logra con poder y dinero (desde arriba), sino a partir de los pobres y de aquellos que sufren, abriendo un camino de concordia gratuita y amorosa por donde pueden caminar todos los hombres.
Éste es el proyecto y propuesta de las bienaventuranzas, que ha empezado en los pobres para culminar aquí, en una paz que aparece, como ya hemos indicado, en forma de espada mesiánica, en la línea de Mc 13, 12-13: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra. No he venido para traer paz, sino espada. Porque yo he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra” (Mt 10, 34-35). La paz de Jesús rompe las vinculaciones impositivas (de tipo familiar o social) de los privilegiados del sistema para abrirse a todos los hombres y mujeres, desde los más pobres, reuniéndolos en la gran familia de los hijos de Dios.
La Iglesia de Mateo ha proclamado así la paz familiar y social de Jesús. Siglos de espiritualismo sacral e idealista nos han impedido abrir los ojos y entender el evangelio como programa de gozo salvador y libertad dichosa, como movimiento de paz que se expresa y expande en un plano social y político. El evangelio es un programa de pacificación, desde los más pobres, un programa intenso de no-violencia activa, fuerte, que vincula a todos los hombres. Hemos identificado a veces evangelio con ley, santidad con sacralidad, fidelidad a Dios con represión del sexo o los placeres. Pues bien, en contra de eso, las bienaventuranzas son un programa de dicha política y social, capaz de vincular en un gesto de paz a todos los hombres

23 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Pere 15.07.07 | 02:41

    [...]

    No sólo existen los casi siete mil millones de habitantes... afuera hay otra realidad... la mística y espiritual... formada por almas, ángeles, demonios y santos... que son decenas de miles de millones... y que sabemos que existen y nos podemos comunicar (o defender) a través de la gracia de Dios...

    ¿Nos vamos a perder todo este gran mundo místico y espiritual?

  • Comentario por Pere 15.07.07 | 02:40

    Hay dos realidades que son simultáneas y que están en planos paralelos pero intercomunicadas:

    1. Tocar con los pies en el suelo para ayudar a las almas y los cuerpos de los que vivimos en la Tierra: las almas más necesitadas de la Divina Misericordia.

    2. Tocar con los pies espirituales en el suelo místico del Reino del Padre para ver que existen más almas, ángeles y demonios:

    a) Las almas del Purgatorio, que son muchas más que los habitantes de la Tierra, y necesitan de nuestras oraciones y sacrificios... y ellas también nos ayudan.

    b) Los demonios, que con nuestros ángeles, son miles de millones, y unos nos tientan y oprimen y otros nos dan gracias.

    c) Los santos, que son miles de millones, que ven directamente a Dios, cara a cara, que interceden ante Él por nuestro bien.

    No sólo existen los casi siete mil millones de habitantes... afuera hay otra realidad... la mística y espiritual... formada por almas, áng...

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 14.07.07 | 21:08

    La mismas propuestas y respuestas han ido aclarando el tema. Para mí, lo espiritual es inseparable de lo "coporal", es decir, de lo social... El tem que más me ha impresionado es el que propone v34itkl (¿por qué no ponéis nicks más sencillos?)... El evangelo es pura gracia... y de la pura gracia brota una vida gozosa, amorosa, justa...Sobre este tema trata toda la teología de San Pablo. Yo no podría decir cosas más hermosas que las que él dijo

  • Comentario por Galaika 14.07.07 | 20:15

    Perdona, Pere:
    No me había dado cuenta de que estabas de cachondeo, de guasa y tal... Es que el sentido del humor, pore escrito, se escapa a veces. A punto estaba de responderte en serio de nuevo y decirte que "no sólo de pan, pero TAMBIÉN Y LO PRIMERO de pan" y que "..el pobre sin comida, sin casa, sin familia, sin trabajo, sin libertad, sin dignidad es quien más necesita ser asistido espiritualmente y quien debe ser objeto de nuestras oraciones" pero al mismo tiempo facilitarle casa, comida, trabajo, etc..
    Lo siento de nuevo; creía que ibas en serio y me estaba poniendo borde; pero qué gracioso y qué vacilón que eres, colegui...

  • Comentario por Pere 14.07.07 | 17:33

    ... De pobres siempre habrá...

    ... No sólo de pan vive el hombre...

    La pobreza material tiene una solución humana, y tiene diferentes causas:

    - es un problema económico de distribución científica de los recursos escasos,

    - es un problema político de corrupción moral de los políticos y de los ciudadanos (fraude fiscal, terrorismo, mafias, crimen organizado, drogas, armas, prostitución, pornografía, esclavitud...)

    - es un es problema natural causado por las calamidades naturales (sequía, inundaciones, terremotos...).

    El pobre sin comida, sin casa, sin familia, sin trabajo, sin libertad, sin dignidad es quien más necesita ser asistido espiritualmente y quien debe ser objeto de nuestras oraciones...

    sin olvidarse de las santas y pobres almas del Purgatorio, las más pobres entre las pobres.


  • Comentario por Galaika 13.07.07 | 23:58

    Pere:
    No intentes impresionar. Nadie odia tu fe, ni a ti, ni nada por el estilo y menos hasta el punto de llevarte al martirio.¡Por Dios, qué retahíla nos has soltado! Por supuesto que las bienaventuranzas pueden (y deben) leerse espiritualmente... "también". ¡Pero qué manía tenéis los de tu cuerda con que se os persiga! Que no, que no, que no os persigue nadie. ¡Si lo que queremos es convertiros, que pongáis los pies también en la tierra! Es que dais mucho la lata con tanta presunta mística. Tanto espíritu, tanto espíritu que parece que los pobres (no los de espíritu, los de verdad) se tienen que alimentar de vuestra palabrería. Y no: se siguen muriendo de hambre.

  • Comentario por Pere 13.07.07 | 23:47

    [...] Los otros tres caminos llevan hacia el heroismo: la persecución por creer en Cristo:

    1. Misericordia: sentir en mí y compartir el Amor y Caridad de Dios.

    2. Un corazón limpio de pecado.

    3. La paz entre yo y Dios.

    Esto conduce a la 2ª justicia, la confesión de la fe y el martirio frente a la persecución por odio a la fe.

  • Comentario por Pere 13.07.07 | 23:46

    Las bienaventuranzas se relacionan también con Dios, y fueron y son dirigidas para todo tipo de personas:

    patricios, esclavos, griegos, persas, árabes, mineros, presos, reyes, militares, casados, ancianos...

    Las bienaventuranzas no se agotan en su interpretación, y pueden leerse espiritualmente.

    Yo y Dios tenemos un camino que hacer. Voy con María y la Iglesia, su Cuerpo Místico; voy con mi ángel de la guarda; voy con la Iglesia Triunfante y Purgante.

    Así, tengo tres vías místicas:

    1. Ser pobre de espíritu: ser humilde ante Dios, un espíritu ligero de equipaje.

    2. Llorar: Arrepentimiento y dolor de mis pecados personales.

    3. Ser manso: Jesús, confío en Tí en toda circunstancia, buena o mala, no perderé el ánimo ni el aliento.

    Esto lleva a la 1ª justicia, la santidad, que Dios nos saciará (quedaremos hartos), con su Pan (Carne), Vino (Sangre) y Agua.

    Los otros tres camino...

  • Comentario por Galaika 13.07.07 | 12:39

    Pere:
    Las interpretaciones estpirituales son muy queridas por quienes no padecen ninguna dificultad materias. Por ejemplo: soy pobre (de espíritu) porque aunque estoy forrado, no tengo "apego" al dinero. ¡Qué curioso, eso dicen siempre los del Opus! Pues si no tienes apego, dáselo a otros pobres, no los de espíritu, sino los pobres,pobres, pobres, los de verdad, dales la oportunidad de ser pobres de espíritu, como tú, para que puedan acogerse, como tú, a la buienaventuranza.

  • Comentario por Galaika 13.07.07 | 12:34

    Joan:
    O sea, que como Sto. Tomás dijo algo (lo que sea) queda irrevocablemente establecido per saecula saeculorum. Hombre, busca otro argumento.

  • Comentario por Pilar 13.07.07 | 09:48

    Si Pere, es una interpretación.
    También se pueden aplicar a la otra vida. Allí gozaremos de la paz y la plena bienaventuranza, mientras aquí, cada uno a su bola. Así se leyeron hasta hace bien poco. El buen cristiano tenía que resignarse y sufrir y llorar que en la otra vida se haría justicia.
    Conozco muchos pobres de espíritu que disfrutan de todos los lujos porque nada tienen a su nombre. Y que bien viven en "su" pobreza.

  • Comentario por Pere 12.07.07 | 23:51

    También hay una visión espiritual de las bienaventuranzas: la relación de hombre con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

    - "Pobres": infancia espiritual; humildad ante Dios; no aferramiento al dinero.

    - "Lloran": arrepentimiento de los propios pecados y apenado por los ajenos; sufrimiento reparador.

    - "Mansos": sufrimiento paciente frente a la persecución injusta.

    - "1ª Justicia": hambre y sed de "santidad"; pedir los carismas, dones y frutos del Espíritu Santo.

    - "Misericordiosos": querer al prójimo con sus defectos; empatía, alegrarse y sufrir con las alegrías y dolores ajenos; dar limosna a los pobres.

    - "Corazón": don de Dios para amar y ver las cosas según Dios.

    - "Pacíficos": la paz con Dios; la paz en uno mismo y en los otros con Dios.

    - "2ª Justicia": heroismo frente a la persecución por razón de Cristo.

  • Comentario por Joan 12.07.07 | 23:30

    La guerra justa es lícita y moral, porque desde Santo Tomás de Aquino se concretó su legitimidad:

    1. Iusta causa

    2. Intentio recta (p.ej., la violación grave y sistemática de los derechos humanos en Kosovo 1999)

    3. Probatio (probar la justa causa)

    4. Admonitio (avisar antes de hacer la guerra)

    5. Ultima ratio (la guerra como último recurso)

    6. Auctoritas principis (la guerra la declara la ONU o los Estados)

    7. Subsidiariedad (si la guerra justa no la declara la ONU, los Estados están legitimados subsidiariamente)

    8. Submissio (sumisión al derecho bélico y humanitario y a los organismos internacionales y tribunales de derechos humanos)

    9. Manentia y coadjuvatio: el Estado agresor debe ser reconstruido y reconducido hacia la democracia.

  • Comentario por Carmen (Almendralejo) 12.07.07 | 21:30

    continua
    Las mujeres llevamos siglos sintiéndonos las pobres de espíritu, pues se nos negaba, las que sufríamos hasta la misma hora de dar vida, y de sentirnos culpables e impuras, de ser mansas y que nos condenarán a muerte y enjuiciando nuestra asumida mansedumbre, de sabernos injustamente tratadas por la sociedad y religión…
    De ser fieles cumplidoras, limpias de corazón y alma con la familia, los estados: social y religioso,
    De ser hacedoras de paz entre padre y madre, hijos y padres, suegra y marido… en definitiva hemos sido hacedoras por el bien familiar, a costa de no romper y gritar que quienes éramos o necesitábamos, sin romper la paz familiar
    Carmen

  • Comentario por Carmen (Almendralejo) 12.07.07 | 21:29

    La Bienaventuranzas, era un decir “No” a las muertes lícitas del A.T
    Un no a las guerras, por miseria, pobreza o preventivas, a una sangra asperjada al pueblo y otra sangre derramada entorno al pueblo, y ofrecida en un Altar a dios judaico
    En definitiva, Jesús quiso recoger, en ellas toda enseñanza, sin vieja moral y sin principios absolutistas… nadie sobraba y todo-as fuimos asumidos en ellas
    Desde el rico más pobre, hasta la miseria más integra de la persona humana, desde la injusticia más justa, hasta la justa injusticia con valores del todo poderoso dios, que era quien nos enjuiciaba y condenaba en vida.
    Somos afortunado quienes Creemos en Dios-a, Revelado por Jesús en la Bienaventuranzas y no en el del decálogo del monte Sinaí, el Job etc
    Con ellas rompió toda traba y obstáculo hacía la libertad de sentirnos hijas-os sin tener que pedir perdón por haber nacido allí o aquí, en esta u otra familia, haber nacido hombre o mujer, hetero u homo
    sigue<...

  • Comentario por luis_r 12.07.07 | 20:42

    Gracias por el texto Xabier.

  • Comentario por Jordi 12.07.07 | 18:35

    La guerra justa es lícita; es compatible ser católico y matar a un enemigo que guerrea injustamente.

    Y es lícito matar en defensa propia, en estado de necesidad o por otra circunstancia justa.

    Los movimientos de retorno hacia una iglesia primitiva tienen el peligro de caer en la radicalidad ciega del "empobrecerse" ("vende todo y dalo a los pobres") y dejarse matar ("no matarás").

    Sobre las consecuencias de esta ideología radical y extremista, véase el ejemplo del libro de los Macabeos:

    --- un grupo de judíos no se defendió de un ataque helenista porque era "sábado" y, según la interpretación rígida de la ley judía, en sábado no se podía ni defenderse contra un ataque injusto.

    Consecuencia: cientos de familias judías fueron exterminadas en sus refugios.

    Reacción: el descanso sabático tuvo la excepción de la legítima autodefensa para evitar ser exterminados.

  • Comentario por Pilar 12.07.07 | 16:55

    ... romper con los esquemas de poder, riqueza, lucha, control, seguridad, dominio ...
    Pero Jesús lo deja bien claro, no hay otra.

  • Comentario por Pilar 12.07.07 | 16:53

    Xabier, para mí esta es la clave: "La verdadera paz viene de abajo ... a través de aquellos que van suscitando comunidades de personas que se aman..."
    Las bienventuranzas son un verdadero programa de vida comunitaria alternativo al de la sociedad en que vivimos. El espíritu de las bienaventuranzas no es para vivirlo en solitario. El cristiano no es un creyente que busca "su" salvación mediante prácticas religiosas y el cumplimiento de la ley. Eso ya lo hacían muchos judíos piadosos.
    Cristiano es aquel que vive como digno hijo de Dios y hermano de Jesús, según la nueva ley y el nuevo mandamiento del amor: como yo os he amado.
    Jesús formó una comunidad de iguales e intentaba introducir a los suyos en este espíritu, aunque ellos eran torpes y lentos para comprender. Iban camino de Jerusalén cuando todavía preguntan, ¿es ahora cuando vas a instaurar tu reino? ¿quién será el primero entre nosotros?..
    Desde el principio, es difícil también para la Iglesia, romper con ...

  • Comentario por JMS.- 12.07.07 | 14:37

    La pacificación cristiana del mundo puede verse como un río que nace en la montaña (Sinaí o Tabor) baja por la ladera, ahonda su cauce, riega las orillas y desemboca en el mar inmenso de la paz, para volver a subir a la montaña y reiniciar el riego de la tierra, haciéndola fecunda en justicia, paz y amor.

  • Comentario por Betel 12.07.07 | 13:48

    Estoy completamente de acuerdo, me siento dichosa de haber descubierto este blog, GRACISA Jabier por compartir tu vida con nosotros!!!!!

  • Comentario por Joaquim 12.07.07 | 13:46

    Haces bien en reinterpretar teológicamente el término mansedumbre, pues no me parece que Jesús fuese manso. Y manso no es equivalente a no violento sino a muermo. Si es una creación de Mateo me quedo más tranquilo.

  • Comentario por v3rTiKl 12.07.07 | 13:25

    Ante tal despliegue de exposición cristiana, esto es la teología que todos necesitamos antes o despues, solo le cabe hacer una pregunta.

    En su ultimo parrafo usted dice:"Hemos identificado a veces evangelio con ley, santidad con sacralidad, fidelidad a Dios con represión del sexo o los placeres." si esto es así ¿como se explica que todos los evangelistas recojan las instrucciones o lecciones de Jesús sobre la importancia de no caer en el libertinaje ni en la fornicación, lecciones estas recogidas por San Pablo en algunas de sus cartas y que se resumen en la frase dicha por el mismo San Pablo "todo os esta permitido pero no todo bueno para vosotros"?

Miércoles, 15 de febrero

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