Los cristianos han de ser desertores

Permalink 11.07.07 @ 11:14:12. Archivado en Iglesia Instituciones, Jesús, Israel, Nuevo Testamento, Amigos, la voz de los

Los primeros cristianos no fueron a la guerra, sino que desertaron de los diversos tipos de ejércitos. Más tarde, tras la unión de la Iglesia y el Estado, la Iglesia ha presentado como un “deber” la defensa militar de la nación, exaltando de esa forma un patriotismo militar. Ha llegado la hora de volver al principio y de decir a los cristianos que, en cuanto tales, ellos deben ser unos desertores. Ellos han de promover un movimiento fuerte de no-violencia activa, como hicieron los primeros cristianos conforme al testimonio escalofriante de Marcos 13

Abominación de la desolación: la paz de los desertores.

El texto anterior decía que los perseguidos (seguidores de Jesús) debían mantenerse firmes y responder con la palabra a la violencia de sus perseguidores, apareciendo como testigos de una “gratuidad” abierta a todos. Los violentos podían pactar siempre con otros violentos, buscando con ellos un reparto de poder, un equilibrio de fuerzas, en el interior de una guerra desigual entre opresores y oprimidos. Pues bien, el texto nos sitúa ahora ante una guerra muy distinta, de unos violentos contra otros, de manera que los portadores de la paz quedan indefensos en medio de ellos. ¿Qué pueden hacer? ¡Desertar, escaparse!
Esta invitación a la “huida” constituye un cambio esencial dentro de la política nacionalista de muchos judíos, que se sentían comprometidos a luchar por Jerusalén y a morir por defender su templo y sus instituciones. Pues bien, en este contexto, el evangelio supone que Jerusalén y su templo ya no son signo de Dios, ni hogar de los pobres, sino un poder violento entre otros poderes violentos del mundo. Por eso, los cristianos no pueden comprometerse a defenderla, sino que deben huir, aunque corran el riesgo de que otros judíos les llamen anti-patriotas. Ésta no es ya su guerra, pues ellos son defensores de una “no-violencia” activa, que no se puede aliar con ningún poder de violencia. Por eso, en este caso, su respuesta tiene que ser la huída:

Cuando veáis la Abominación de la Desolación estando allí donde no debe (quien lea entienda), entonces los que estén en Judea que huyan a los montes; el que esté en la azotea, que no baje ni entre a tomar nada de su casa; el que esté en el campo, que no regrese en busca de su manto. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Orad para que no ocurra en invierno. Porque aquellos días serán de tribulación como no la ha habido igual hasta ahora desde el principio de la creación que Dios creó, ni la volverá a haber. Si el Señor no acortase aquellos días, nadie se salvaría. Pero, en atención a los elegidos que él escogió, ha acortado los días (Mc 13, 14-20).

Este pasaje recoge, desde una perspectiva cristiana, el tema bien atestiguado de la lucha final de los pueblos paganos en contra de Jerusalén y de su templo. Recordemos que, conforme a la escenografía de conjunto del pasaje (Mc 13), Jesus y sus cuatro discípulos preferidos están sentados frente al templo (cf. Mc 13, 3), que el judaísmo normal toma como centro de la crisis decisiva de la historia, según el texto clave de Daniel 9, 27: “Cuando veáis la abominación de la desolación (=ídolo o altar abominable) estando allí donde no debe (= en el Templo...)”.
Ésta será la gran señal: la profanación y destrucción del santuario de Jerusalén. Esa destrucción del templo, que el Jesús de Marcos había expresado antes de un modo profético (cf. Mc 11, 12-26), viene a presentarse ahora como resultado de una invasión militar, de un conflicto político, anunciado en la Escritura: “quien lea entienda” (ho anagignoskôn noeitô: Mc 13, 14, cf. Dan 9, 27).

Huir, no entrar en la guerra

Ciertamente, esa destrucción, profetizada desde antiguo, anticipada por el gesto de Jesús (en Mc 11, 12-26) y realizada dentro de la lucha militar del mundo, es para Marcos la expresión suprema de la injusticia y violencia de los hombres, porque el templo ya no lo destruye Dios sino los enemigos de Sión, partidarios del ídolo abominable, en este caso, los romanos. Pues bien, el templo ya no es “lugar” de Dios, un lugar que debe defenderse aún a riesgo de perder la vida, sino que el templo del verdadero Dios son los pobres y perseguidos del mundo entero. Por eso, el Jesús de Marcos no quiere que sus discípulos se queden y defiendan con armas este templo de Jerusalén (ni éste, ni algún otro). Por eso les dice que escapan
En este contexto, lo más significativo del mensaje de Jesús y de todo el evangelio es la invitación a la huída.

Los cristianos no tienen que quedar en Jerusalén, para defender, hasta la muerte, la ciudad y santuario, como harán los celotas y otros judíos llenos de patriotismo, sino que el mismo Jesús les dice que “huyan” (pheugetôsan) a los montes, es decir, a las zonas deshabitadas. Ésta no es ya la guerra de Dios, a favor de una ciudad que sería suya, una ciudad donde (conforme a la apocalíptica normal: cf. 4 Es 13) debería manifestarse su Mesías y destruir a los enemigos de su pueblo. Ésta es una guerra política, en la que no deben tomar parte los cristianos. Jerusalén es una ciudad como las otras.
Desde ese fondo debemos afirmar que este pasaje es paradójico. (a) Por una parte utiliza una terminología sacral, de tipo israelita, en la línea de Dan 9, 27: así dice que colocarán el ídolo/altar abominable en el santuario de Yahvé, como hicieron en el tiempo de los macabeos, manchando así la sacralidad israelita. (b) Pero, en contra de la tradición judía, el evangelio no promete salvación al templo, ni a la ciudad, de manera que Jerusalén en su conjunto queda en manos de los poderes de destrucción de la historia. Tanto los celotas y sicarios judíos como los legionarios gentiles, que se enfrentarán de un modo implacable por el templo, en la guerra del 67/70 d. C., forman parte de los poderes de destrucción del mundo, no son testigos del evangelio. Los cristianos no pueden tomar partido en esa guerra, ni en ninguna: se les pide que huyan a los montes (que sean desertores).

Los cristianos como desertores

Ésta es una de las imágenes más fuentes del evangelio: estamos ante unos cristianos desertores, que abandonan la ciudad antes sagrada, en tiempos difíciles (¡también es difícil la huida!), con los riesgos añadidos que supone el frío o la presencia de mujeres (embarazadas o lactantes). Huir significa perder todo, quedarse sin nada, a la intemperie, en un mundo en el que todos los restantes luchan, unos contra otros. Huir es renunciar a la defensa armada de una ciudad donde otros, muchos otros, optarán por mantenerse con violencia. Estos “desertores” de Jesús no son unos cobardes, sino los más valientes de todos, son hombres y mujeres que (como anunciaban los mejores textos de Jeremías) buscan una ciudad distinta (¡en este mundo, no fuera del mundo!), una ciudad que no está fundada en la violencia, aunque para ello tengan que abandonar todo lo que tenían dentro del sistema.
Leído así, el texto conserva un fuerte tono judío (vinculado, sobre todo a Jeremías), pero hay algo que desborda la ideología tradicional del judaísmo y de todos los grupos que quieren defender lo que tienen por la guerra. Aquí no se habla de una lucha armada de los justos contra los injustos, ni se anuncia una “defensa sobrenatural” de Jerusalén contra los enemigos (como en muchos salmos). Ciertamente, el asedio a la ciudad "santa" ha sido traumático para los cristianos de origen judío, pues el Dios de Jesús (el Jesús Mesías de Israel) no ha venido a defender su ciudad, como habían creído muchos de sus seguidores, ni quiere que ellos, judíos mesiánicos, la defiendan con sus armas. A Jesús le mataron en la ciudad por razones políticas y la ciudad puede “caer” igualmente por razones políticas, conforme a la experiencia más radical de la Escritura.
Los seguidores de Jesús no pueden luchar por el santuario de Israel, no tienen ciudad que guardar, no pueden responder con violencia a la violencia. Su única respuesta es la paciencia y la huida. En esta situación se encuentran los cristianos del tiempo en que Marcos ha escrito su evangelio, presumiblemente en esos años (en torno al 70 d. D.). Ellos siguen escapando de Jerusalén y desde entonces viven sobre el ancho mundo, perseguidos por unos y por otros, sin ciudad que guardar (contra los celotas), sin patria o nación particular que construir (contra los judíos rabínicos). Así ha interpretado Marcos el evangelio de la paz de Jesús .


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Comentarios:
Hola. Me parece muy interesante el articulo. Quisiera saber si alguien de los que lean este comentario, puede darme alguna razon teologica para que cristianos puedan portar y usar armas de fuego. Que pensarian si hay pastores que portan armas de fuego, para defenderse en caso de que enemigos que los han amenazado a ellos y sus familias, las llegaran a usar. De antemano gracias por sus comentarios.
Enlace permanente Comentario por Manuel 10.08.07 @ 06:52
Hola... escribo de casi todo, ya lo sé... Pero no tengo respuestas hechas. Jesús no huyó, sino que quedo en la boca del lobo, de un modo provocador... hasta que le mataron. Quizá los cristianos de la Jerusalén sitiada debieron quedarse sin huir, dando testimonio de una paz más alta, en la misma ciudad llena de luchas...Esa hubiera sido una buen respuesta cristiana. Pero algunos parece que huyeron (dejamos ahora el tema de los montes o Pella lejana, más allá del río). En este caso, huir sería buscar una respuesta, empezar a crear otra criudad distinta. La propuesta de Mc 13 no tiene por qué ser universal, para seguirla al pie de la letra, pero será bueno tenerla en cuanta, como hacemos en este blog.
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 14.07.07 @ 21:00
Me vienen a la mente las escenas finales de la película "La misión" sobre las reducciones del Paraguay colonial. En ellas mueren los dos jesuitas protagonistas, uno empuñando la espada, otro empuñando la custodia con la Eucaristia. Ambos movidos por la misma pasión de amor hacia los indígenas, desvinculados de lo político pero vinculados a la vida. Ambos mueren igualmente a fuego, en el mismo frente, por la misma causa pero en distinta postura. El Evangelio sembrado por ellos ¿supervive en los dos niños que consiguen huir en una barca, rumbo a la selva?
La deserción es un concepto demasiado fuerte. Si se deserta del ejército, se puede desertar también del pago de impuestos, de la escuela y de cualquier institución social. Todas estas realidades forman parte del entramado social y fuera de él podemos convertirnos en secta.
Enlace permanente Comentario por Emilita 14.07.07 @ 13:02
Querido tocayo: hace años, cuando existía la "mili", objeté de conciencia alegando razones religiosas, pues entendía que siendo cristiano no debería aprender a matar, aunque, por supuesto, respeto a los que son cristianos y militares al mismo tiempo. Por mi condición de ex objetor de conciencia, me ha gustado mucho tu escrito.

En cuanto a lo de que Marcos escribió después de destruido el templo, si esto es así los cristianos que huyeron de Jerusalén no hicieron caso a Jesús, puesto que huyeron a Transjordania en lugar de a las montañas, que estaban tomadas por los romanos según Josefo.
En lo que sí hicieron caso a Jesús fue en lo de rezar para que no ocurriese en invierno, pues Dios hizo que la destrucción del templo fuese en verano.
Enlace permanente Comentario por Xabier 13.07.07 @ 13:21
Aunque nuestras limitadas capacidades no den más de sí, deberíamos tener siempre presente en nuestra vida la intención de construir la Ciudad de Dios. El problema está entre el querer y el poder.
Enlace permanente Comentario por Joaquim 12.07.07 @ 12:10
Cuando Marcos escribe esto ya había sido destruida Jerusalén. ¿Qué pretende decirnos Marcos? Quizás que hicieron bien los cistianos de la diáspora. ¿Tiene un sentido como descripción del final escatológico? La huida podría significar que el castigo no alcanza al nuevo pueblo de Dios.
Enlace permanente Comentario por Gonzalo 11.07.07 @ 19:30
Cuando posteo en el blog me siento muchas veces como un tertuliano radiofónico, escribiendo sobre casi todo sin conocer a fondo nada...pero en fin este tema es tan delicado...No sé: normalmente en una situación de guerra o de violencia el cristiano será víctima o prójimo de la víctima.Huirá o se abstendrá o se alineará en la causa del prójimo al que le están fastidiando la vida. Recordando ayer la tragedia (para algunos) de Miguel Angel Blanco, tenemos una muestra de qué ocurre con las víctimas, los débiles, los fuertes, los poderosos, y los indiferentes. Lo jodido es que cada si el espectro de lectores de este post se asemeja al del país, uno pondrá a unos en una casilla y a otros en otra. Y ese el el tema: no la deserción sino la opción. Y ahora: hombre, se hizo el silencio.
Enlace permanente Comentario por luis_r 11.07.07 @ 19:22
... en el abandono y la renuncia de lo que se tiene, para construir algo nuevo. Sólo cuando se trata de defender el buen nombre de Dios y la verdad de su hijo, el santuario sagrado que es el ser humano, los mismos discípulos se entregarán hasta morir como el maestro.
Enlace permanente Comentario por Pilar 11.07.07 @ 19:18
Yo interpreto tu exposición de la siguiente manera..
Si hay algo contra lo que Jesús lucha abiertamente es contra la manipulación del nombre de Dios. De su Padre. Por ello, se manifiesta contra la ley, ( su interpretación), y contra el templo.
La defensa del Templo no es otra que la del poder absoluto político-religioso, con la pretensión, además, de ser un poder refrendado por Dios mismo. Supone la perpetuación del sistema y el orden establecido. No van los seguidores de Jesús a luchar por mantener algo que ha de ser destruido, precisamente, para que surja la nueva Jerusalén.
Hay que huir porque esta no es una lucha contra la injusticia, no es la lucha por el reino, al contrario, se lucha por el poder, para favorecer el orden injusto, la idolatría de los que han convertido en Templo en cueva de ladrones.
En este caso es necesaria la huida.
La lucha cristiana nunca va de la mano del poder sino que se plasma incluso en el abandono de lo que se tiene para...
Enlace permanente Comentario por Pilar 11.07.07 @ 19:17
Ej problema de los comentarios de txirimbolo ya está resuelto
Enlace permanente Comentario por JMS.- 11.07.07 @ 16:08
Artículo provocador!
De qué contienda hay que huir? De los revolucionarios contra los conservadores? De la montada entre la Iglesia y el Estado? De los sacralistas contra los laicistas? De Cañizares contra Zapatero? De la cigüeña contra la urraca?
No es factible concretar esta huída dentro de las circunstancias actuales. Es mejor el santo y seña de: «Alejarse de donde nada se puede arreglar»
Enlace permanente Comentario por JMS.- 11.07.07 @ 15:57
Estoy relativamente de acuerdo con usted sr.Pikaza y digo relativamente porque concuerdo plenamente con la idea resumen que se puede extraer del tercer punto del capitulo undecimo de la Doctrina Social de la Iglesia que basicamente es: todo ejercito o grupo armado debe existir con la finalidad exclusiva de garantizar la paz y la seguridad de los individuos procurando no realizar crimenes de guerra, que se entienden como tal toda acción violenta o sanguínaria que no este dentro de una situación de combate o el uso de armas de mayor calibre que las del grupo rival.
Enlace permanente Comentario por v3rTiKl 11.07.07 @ 15:53
Querido Javier, no estoy en contra de lo que has escrito hoy, creo que ninguna guerra para un cristiano pueda tener justificacion alguna, pero eso de huir (que yo lo haria sin pensarlo dos veces!) no me parece que sea lo que ha heco Jesus, el no ha reacionado con la violencia, pero nisiquiera ha huido, el luchava para algo mas importante del Templo, el ha luchado para cada hombre, ha luchado tan intensamente que ha muerto en la cruz... no entiendo estas dos cosas, si hay que huir o si hay que quedarse y donar la vida.Perdoname Javi muchas veces no comprendo ni la mitad de lo que escribes y quizas hoy sea una de estas veces que meo fuera de tiesto.
Tened paciencia con migo.
Saludos a todos BETEL
Enlace permanente Comentario por betel 11.07.07 @ 14:46
Las cosas son más complicadas en la dura realidad. El cristianismo simepre tiene dentro utopía, y es necesario. Pero aunque no tiene ciudad, tiene principios. ¿Debieron los cristianos europeos o americanos huir ante al invasión pagana e inhumana de los nazis? ¿Huir para que impusieran su reino de horror? ¿Dejar que exterminaran razas y pueblos? ¿Huir aquí no es colaborar con el mal, no es renunciar a la dignidad, no es cobardía, no es bajeza?
Enlace permanente Comentario por terraneus 11.07.07 @ 13:07

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