El blog de X. Pikaza

Día de la Palabra. 27. 05. 07. Vigilia de Santa María de Pentecostés

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La Madre de Jesús había ya vivido su primer Pentecostés conforme al misterio de la Anunciación, cuando vino a su entraña el Espíritu Santo, cubriéndola con su sombra (Lc 1, 26-38). Ella sabía ponerse en manos del Espíritu, diciendo fiat y dejándose recrear por su presencia. Unida ahora con los otros miembros de la Iglesia, animando a todos en la intensa, nueva, gozosa y fuerte travesía de Dios, María se dispone para recibir su segundo Pentecostés, la gran Fiesta del Comienzo de la Iglesia. Os animo y me animo en esta Vela/Vigilia, con Ella, es decir, con todos, amigos y amigas de Jesús, vecinos y parientes, obispos y nuncios, bloggeros y curiosos, Papa y "conferencistas" de Aparecida, con los indígenas autóctonos de América y los que han llegado de otros sitios (colonizadores, conquistadores o peregrinos en busca de tierra...). A cada uno según su tarea y a todos como hermanos de todos: ¡Fuerte Pentecostés!.

Ausencia de Jesús, promesa del Espíritu

Han pasado los cuarenta días. Han sido gozosos, pero no unánimes ni claros o fáciles. Está en el fondo la gran inquietud por la restauración del reino de Israel que ellos (incluida quizá la Madre de Jesús) habían esperado en los días de la Pascua, suponiendo que ¡todo ha terminado! Pues bien, allí donde todo ha terminado debe empezar todo, porque tiene que venir por Jesús y con Jesús la gloria de Dios sobre la tierra! Pues bien, en ese tiempo de cambio, en el hueco que ha dejado Jesús (que no viene o que viene de otra forma) ha debido elevarse con María la comunidad de los creyentes (cf. Hech 1, 6-9).
Éste es el hueco mayor: ¡la ausencia de Jesús! Los tres grupos de discípulos de los que habla Hech 1, 13-14 (apóstoles, mujeres y parientes de Jesús) pueden reunirse y se reúnen sólo cuando advierten que no pueden tener a Jesús como habían deseado. No está allí físicamente, no vuelve con gloria externa, todo sigue como estaba.
El final del evangelio de Luchas y el comienzo del libro de los Hechos han interpretado la Ascensión de Jesús como una glorificación, una elevación: ¡está en Dios!. Pero, al mismo tiempo la presentan como una gran ausencia a la que tienen que acostumbrarse, para empezar una nueva etapa. Sólo cuando los tres grupos de la Iglesia, distintos pero en comunión, con María, la Madre, se dan cuenta de que Jesús “se ha ido” definitivamente, sólo cuando interpretan esa separación como principio de nuevo compromiso en favor del reino, puede empezar la iglesia (puede esperarse la llegada del Espíritu, conforme a una experiencia teológica que Jn 13-17 ha desarrollado de forma admirable).
Ellos, los tres grupos, están con María de la espera de Pentecostés, es decir, con la Madre de la “no llegada” del exterior del Reino, con la Madre del Jesús ausente. Pues bien, el mismo dato que podía aparecer ante sus ojos pura decepción, signo de fracaso definitivo, se convierte para ella y para el resto de los fieles en principio de identidad, fuente de vida de la Iglesia. Se ha dicho a veces que la Iglesia ha nacido de la ausencia del reino, de la tardanza de la parusía, expresada en Hech 1, 6. Pues bien, en contra de eso, nuestro pasaje afirma que ella ha nacido de una experiencia superior de plenitud creadora que brota precisamente allí donde nos damos cuenta de que la renuncia (¡no llega aquello que habíamos querido de un modo egoísta!) se hace fuente de nueva realidad:

Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros
y seréis mis testigos en Jerusalén
y en toda Judea y Samaría
y hasta con los confines de la tierra (Hech 1, 8).

La madre se prepara para su Segundo Pentecostés

Las palabras anteriores reasumen, en un contexto nuevo, aquello que María había ya escuchado y aceptado en Lc 1,35: el Espíritu Santo vendrá sobre ti; te cubrirá la sombra del Altísimo; por eso, lo que nazca de ti será llamado Santo, será Hijo de Dios.
Antes, en el primer Pentecostés del nacimiento mesiánico, vino el Espíritu Santo sobre María, convirtiéndola en Madre del Hijo de Dios; sobre el gran hueco creador de su virginidad (¡no conozco varón!, Lc 1,34) venía a inscribirse la más alta fuerza engendradora del Espíritu.
Ahora, en este segundo Pentecostés del nacimiento eclesial, viene aquel mismo Espíritu de Dios (pero anunciado y prometido por Jesús) sobre los miembros de la primera iglesia, haciéndoles predicadores y testigos de Jesús en todo el mundo. También aquí, la carencia grande (¡no se restablece el reino de Israel!) viene a convertirse en fuente de una plenitud mucho más grande, pues el testimonio de Jesús, partiendo de Jerusalén y superando la barrera que divide a los judíos de los samaritanos, se debe predicar e implantar en todo el mundo.
Como garantía de verdad de esa promesa y expresión de la continuidad que surge entre el origen de Jesús y la emergencia de la Iglesia, recibiendo en ambos momentos, y de formas distintas, el mismo Espíritu de Dios, hallamos a María. Por eso, ella sobresale entre todos los discípulos del Cristo: así la encontramos en los dos momentos clave de la historia de la salvación. En el primero tuvo que empeñar su fiat a solas, en intimidad con Dios y en nombre de todos los humanos (Lc 1,38). En el segundo no está sola: ha de ayudar y acompañar a los restantes fieles de la Iglesia, para que ellos digan juntos, todos, el gran fiat del nuevo Pentecostés, confiándose unidos en manos del Espíritu del Cristo.
En un sentido, su responsabilidad ahora es menor. En el primer Pentecostés estaba sólo, no tenía ni siquiera un hombre a su lado que fuera capaz de explicar lo que pasaba; los hombres no entienden, tuvo que ser ella la que todo lo entendiera. Pero en otro sentido su responsabilidad es aún mayor: ¡María, la Madre, ya tiene experiencia, ya sabe lo que pasa cuando hay que iniciar un camino nuevo. Por eso, según Hech 1, 13-14 y todo lo que sigue ella, con las mujeres que le acompañan, tiene que ayudar a los apóstoles y parientes, para que aprendan, para que acojan, para que escuchen; tiene que ayudarles a estar firmes y decir fiat!
No es fácil acostumbrarse a la ausencia de Jesús. Ahora que le hemos conocido ya del todo quisiéramos tenerle para siempre. Por eso miramos hacia el cielo, como deseosos de parar su marcha. Pero el ángel de la Ascensión dice que volvamos: ¡Jesús se ha ido por siempre y es inútil, peligroso, evocarle en forma de visiones fantasiosas! Debemos asumir su partida y sólo entonces, cuando aceptemos de verdad que ya se ha ido, podremos esperarle de un modo distinto.
Únicamente sobre el hueco fuerte de la marcha de Jesús (¡conviene que se vaya!, cf Jn 16,6) puede edificarse una existencia diferente, fundada en su palabra, abierta a la esperanza de su Espíritu. Los discípulos y amigos del Cristo se descubren al fin solos, interpelados por la gran necesidad de responder a su tarea. Volvemos de nuevo a los motivos de Jn 19, 25-27: sobre la muerte de Jesús debían vincularse en amor y solidaridad la madre y el discípulo querido. Sobre la ausencia del Jesús que asciende al cielo (¡se va de forma ya definitiva!) sus variados seguidores deben encontrarse, vincularse, prepararse para la dura tarea de predicación de su mensaje.

Se ha ido Jesús, los discípulos y la Madre quedan para cumplir su obra

Esos discípulos y amigos y amigas de Jesús podían haber dicho: ¡se ha ido Jesús, nos disolvemos! Pero han decidido lo contrario: ¡nos ha confiado el Cristo su tarea, tenemos que cumplirla! Se sienten por primera vez adultos, varones y mujeres, responsables, abiertos hacia un futuro esperanzado pero enigmático. ¿Qué pueden hacer? El texto de Hech 1,12-15 lo marca con claridad meridiana. Leámoslo de nuevo con cuidado:

- Vuelven a Jerusalén. No se quedan sobre el monte esperando un prodigio. Rompen así con la añoranza de un retorno hacia el pasado. Saben que el antiguo Jesús de sus sueños de poder no volverá (¡vendrá uno nuevo, el verdadero!) y entran otra vez en la ciudad que le ha matado (Jerusalén) para iniciar precisamente desde allí la nueva andadura de la Iglesia.
- Se reúnen en la habitación superior..., en una estancia que suele llamarse cenáculo o lugar donde un grupo numeroso puede congregarse para dialogar, comiendo juntos. La iglesia de Jesús no nace del agua que lava (el Jordán de Juan Bautista), ni tampoco del desierto de los predicadores apocalípticos o del templo de los sacerdotes... Ella no surge tampoco en la montaña de las experiencias pascuales (en contra de Mt 28, 16-20). Según Hech 1, 13-14, la iglesia mesiánica nace en la habitación superior y común de una casa ordinaria donde el grupo de discípulos y amigos puede reunirse en memoria del Cristo.
- Forman comunión, como expresamente dice el texto: “estaban homothymadon” manteniéndose unidos con gran fuerza. El Cristo muerto vinculaba en amor al Discípulo y la Madre en Jn 19, 25-27. Aquí ha integrado, en unión más extensa, a los diversos grupos de cristianos. Ellos se encuentran ahora haciendo experiencia de vida compartida. Aprenden a dialogar los grupos tan distintos; procuran comunicarse desde Jesús, en transferencia comunicativa abierta a lo largo de los siglos, con María la Madre de Jesús.
- Oran como sigue diciendo el mismo texto (están en proseukhê). Este era el nombre que solían o podían tener en aquel tiempo las sinagogas: proseukhê o casa de plegaria. Pero ahora nace por el Cristo una nueva sinagoga, una casa de reunión (que eso significa el nombre). Se trata de una nueva sala de cena o morada donde se mantiene el recuerdo de Jesús y se espera la venida del Espíritu Santo, en gesto de oración recreadora.

¿Cómo oraban los discípulos y amigos de Jesús? No lo sabemos bien, pero debían hacerlo dialogando, como parece indicar el texto que sigue (Hech 1, 15-26). En medio de la plegaria se levantó Pedro y propuso: falta un testigo; tenemos que elegir al decimosegundo, en lugar de Judas. La asamblea reunida (unos 120) discutieron, compulsaron las diversas perspectivas y eligieron a aquellos que pensaron más idóneos (José y Matías); luego, conforme a una vieja costumbre judía, echaron a suerte..., orando sobre el que acabó siendo escogido.
Entre los que ofrecieron su parecer y votaron aquel día estaba la Madre de Jesús, conforme al texto. Ella fue una de las hermanas (cf Hech 1, 15) responsables de la primera asamblea constituyente de la Iglesia. Quien más tarde excluya a las mujeres de la iglesia docente o impide que ellas puedan votar para algún puesto (diácono o presbítero, obispo o papa) parece que se está haciendo un agravio a esta memoria de María.

El primer Pentecostés de la Iglesia

Es evidente que los discípulos y amigos/amigas oraban también preparándose para la celebración, pues se añade que llegaba el día de Pentecostés y que se hallaban todos sentados (en postura solemne de plegaria), ocupados en lo mismo (homou epi to auto: Hech 2,1). Precisamente sobre el grupo ya compacto, donde mujeres, apóstoles y hermanos de Jesús, reunidos con su Madre, forman la nueva comunidad irrumpe la promesa del Espíritu Santo (cf. Hech 2, 1-4):

- Viene como viento que llena la casa, fecundando así la conjunto de la comunidad donde se incluye la madre de Jesús.
- El viento se vuelve lenguas de fuego que se posan sobre cada uno de los participantes, que rodean a la madre de Jesús, para ofrecerles así la nueva y más alta experiencia de Dios, haciendo que la casa de la iglesia sea el verdadero Sinaí donde habita y actúa ya por siempre el Espíritu de Dios (cf Ex 19-24).
-Las lenguas de fuego se convierten en palabra, para dar testimonio de Jesús en todas las culturas de la tierra, a todos los pueblos que habitan en el orbe (cf. Hech 2, 1-4).

No queremos comentar ahora con detalle lo que sigue. Pero es evidente que en todo ese despliegue de la iglesia, en el sermón de las múltiples lenguas (Hech 2, 5-13) y en la explicación posterior de Pedro (2, 14-36), con la conversión de los primeros fieles y su vida de intensa comunión (2, 37-47), está influyendo en un nivel muy hondo la presencia de la Madre de Jesús.
Ella no aparece ya nunca más en lo que sigue. Ni el libro de los Hechos ni ningún otro libro del Nuevo Testamento dice cuando muere. Pero es evidente que ha sido importante (está presente) en este primer día de Pentecostés eclesial que, en algún sentido, continúa perdurando e influyendo como un hoy permanente de la historia cristiana. Seguimos viviendo allí donde nos ha dejado Pentecostés: nos reunimos los diversos grupos de creyentes (discípulos oficiales, grupos de parientes de diverso tipo, hombres y mujeres del gran río de la vida), recordando todos a Jesús, convocados por su palabra y su pascua, animados por la memoria/presencia de su Madre; nos reunimos para orar y recibir el Espíritu Santo, en camino que nos abre a todos los pueblos (lenguas y experiencias) de la historia.
De esa forma, los pequeños grupos dispersos, los apóstoles nerviosos por encontrar el numero doce, las mujeres fuertes como la vida, los parientes de Jesús (¡hoy tendrían que ser los judíos…), podemos reunirnos esperando el Espíritu. Conforme a la visión teológica de Lucas, en la escena de Hech 2 se ha anticipado aquello que irá siendo la historia de la iglesia: la apertura misionera a los diversos pueblos (lenguas) de la tierra. Éste es un proceso que sigue todavía. El día de Pentecostés no ha terminado aún: estamos en el largo tiempo en que María (siendo la mujer concreta, en Nazaret de Galilea) viene a presentarse como compañera de camino, animadora y madre de todos los creyentes de la historia.

Un recuerdo final a María

María sigue estando en Pentecostés, en representación de todos os que aman a Jesús, con parientes, amigos, amigas y apóstoles. Ningún grupo puede secuestrar al Espíritu de Jesús porque es de todos. Y entre todos sobresale ella, no por ser más, sino por ser de todos. Por eso es lógico que en Siria la hayan concebido como siria y en Bizancio como bizantina. Ella se ha hecho europea para los europeos en las miles de advocaciones y títulos de Europa. Ella es mexicana para los mexicanos en Guadalupe, india para millones de indios en Copacabana, africana para africanos y asiática para los asiáticos en las antiguas y nuevas devociones de esos pueblos.
Es buena esta expansión pentecostal de la figura de María, siempre que ella conserve y aún aumente sus raíces de evangelio. Por eso es necesario mantener y potenciar lo que venimos diciendo en estas reflexiones sobre el Evangelio de María. Ella, la Madre de Jesús, ha sido y sigue siendo una figura única, de modo que no puede repetirse. Sólo ha podido darse una vez en la historia, en el lugar donde ella encuentra su culmen y sentido:

- Ha sido Antiguo Testamento, una mujer judía muy concreta, preparada como Hija Sión por la historia anterior del judaísmo y como Madre de Jesús por obra del Espíritu divino (Lc 1, 26-38).
- Ha sido compañera del Cristo, siguiéndole en un largo y fuerte camino de fidelidad que ha culminado en el Calvario.
- Finalmente, ella ha sido miembro de la Iglesia y así ha formado parte de la primera asamblea de los fieles.

Es hermoso pensar que ella no cierra su tarea. Ni Jn 19, 25-27 ni Hech 1, 13-14 hablan de su muerte. La sitúan en el centro, en las raíces, de la iglesia; allí la dejan para siempre. Por eso, como elemento importante de la vida de Jesús la han seguido recordando los cristianos. Ella es, por un lado, una figura bien concreta, una mujer individual y bien precisa del pasado que enriquece con su vida dedicada al Cristo toda la trama de la historia. Pero, al mismo tiempo, puede presentarse como signo de la humanidad reconciliada: mujer hermosa, madre buena, hermana liberadora, redentora de todos los cautivos... así vienen a invocarla los cristianos.

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 27.05.07 | 03:19

    Xabier, amigo. Qué conmocionante sentir que el-la Espíritu sale esta vez de las entrañas de María para entrar en las nuestras y convertirnos en ternura expresada, ya no oprimida por los "códigos domésticos" subordinantes. Un temblor nos agita de alegría... y una corriente de vida.
    Aprovecho para recordar que hoy las mujeres siguen siendo silenciadas en intento pero el-la Espíritu no se calla. Para "globalizar la solidaridad" hay que empezar por un "ecumenismo interior" que deshaga los prejuicios y los impedimentos canónicos a la unidad en el ministerio: un mismo Cristo ha asumido los roles atribuidos a las mujeres (el cuidado) para que puedan en igualdad realizar uno o muchos servicios públicos. Unos y otros son signos mesiánicos. Amén.

  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 26.05.07 | 20:48

    Gracias, Luis. Este es un buen lugar para ese tipo de convocatoras... Yo lo conocia ya por el bellísimo post de nustro amigo Joaquín (http://blogs.periodistadigital. com/romances.php). Esta noche todos estamos de vigilia de luz, noche de rocío, noche de gracia. Le he dicho a Joaquin que me hagáis un hueco en vuestra luz, en vuestro corazón. Ora con vosoros. Xabier

  • Comentario por lucho_rgi 26.05.07 | 20:37

    Sigue:
    Salamanca y Barcelona, Justicia y Paz, Misioneras de la Unidad, Comunidad Tierra, Movimiento Focolar, Fraternidad Ecuménica Internacional (IEF), CCV Madrid (Cdad. Pueblo de Dios), Cdad. Ultreia et Suseia, Grupo Musical Al Haraca, ONG Familia Franciscana Internacional, Parroquia de Santa Teresa y de San José. Entre otras cosas se decía: “Nos unimos en esta noche de oración a todos los cristianos y cristianas de cualquier confesión, a todas aquellas pequeñas comunidades de barrios y pueblos encarnados en los más débiles y esparcidos por toda España (...) Nos unimos especialmente a los cristianos y cristianas de toda Europa por la renovación y la unidad convocantes de la 3Asamblea Ecuménica de Iglesias de Europa, organizada por la Conferencia de Iglesias de Europa (KEK) y el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE).”

  • Comentario por luis_rgi 26.05.07 | 20:35

    buenas, no sé si este blog es el ámbito para publicar convocatorias y para colmo sin antelación suficiente...pero bueno, corto y pego para los que vivimos en Madrid, ahí va: hoy se celebra una Vigilia Interconfesional de Pentecostés en la iglesia de Jesús de la Iglesia Evangélica Española (IEE) en la calle de Calatrava, 25, de Madrid. En ella participan: católicos, ortodoxos, anglicanos y evangélicos.

    cinco Foros: Unidad entre cristianos, Migración, Justicia y Paz, Diálogo Interreligiosos, El Arte de la unidad, que se impartirán en los diversos salones de esta Iglesia. Finalizados los Foros todos participarán en un ágape fraterno y las 22h. se iniciará el acto litúrgico en el templo de este centro.

    Hace unas semanas se hizo una convocatoria firmada por los grupos que han preparado el acto: Iglesia Ortodoxa Griega, Iglesia Evangélica Española, Iglesia Ortodoxa Rumana, Iglesia Española Reformada Episcopal, Centros Ecuménicos de Madrid, Salamanca y Barcelona, ...

  • Comentario por JMS.- 26.05.07 | 19:56

    Toda la dinámica de esta exposición reside en el FIAT.
    El día en que aprendamos a pronunciar ese FIAT estamos salvado/as. Es cuestión de confianza y entrega a la acción del amor creador, redentor y santificador: esa acción que opera en la conciencia, más al fondo que el subconsciente.
    Y pensar que esa acción opera por igual tanto en el Papa como en el panadero del barrio y que no podemos juzgar quién responde mejor!

  • Comentario por Joaquim 26.05.07 | 19:36

    Bella síntesis del temario de este trimestre: alianza e iglesia de fieles unidos en el Espíritu.

Miércoles, 15 de febrero

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