Celebramos el segundo domingo de Pascua del ciclo C y se lee el evangelio de Juan (Jn 20, 19-30), con dos partes principales: (a) Primera experiencia de pascua (20, 19-23): la comunidad reunida (sin Tomás) “ve” a Jesús que le ofrece su paz y le concede la gracia del Espíritu Santo, para perdonar. (b) Segunda experiencia (20, 24-29): la pascua es memoria y preencia de Jesús crucificado. Sigue la primera conclusión del evangelio (Jn 20, 30) de la que aquí no trataremos. Este evangelio responde a los dos grandes problemas de la primera comunidad cristiana: el perdón cristiano y la visibilidad de Jesús. Esos siguen siendo hoy nuestros problemas: ¿Cómo expresar el perdón de Jesús? ¿Cómo tocarle?.
a. Primera experiencia. Los discípulos sin Tomás. El perdón de Jesús (Jn 20, 19-23)
Está reunida la comunidad de los amigos de Jesús, que le recuerdan y le aman, pero no creen todavía en su resurrección. Podemos suponer que en ella se ha integrado, ofreciendo su mensaje, María Magdalena, la primera creyente (cf. 20, 11-18); también parece estar el discípulo querido, que no ha visto Jesús pero cree, pues le basta la experiencia del sepulcro vacío (cf. 20, 8). Debe hallarse igualmente Pedro (del que también se ha ocupado el texto anterior (cf. Jn 20, 2-4). De los demás no se sabe nada. El texto les presenta como “hoy mathêtai”, los discípulos, en sentido extenso. Son toda la Iglesia reunida, que recuerda a Jesús, pero no acaba de creer y vive llena de miedo.
Estos discípulos están reunidos, en una casa cerrada, por medio de los judíos (20, 19). Forman comunión, pues Jesús les ha convocado y por fidelidad a él están reunidos. Son iglesia en frágil, oración y dudas, son comunidad que necesita la presencia del Señor. En este contexto se inscribe la primera experiencia eclesial de la pascua que, lo mismo que en Lc 24, 23-48, se dirige a toda la iglesia y no sólo a los Doce, cosa que tendrá gran importancia:
A la tarde de aquel día primero de la semana,
y estando cerradas las puertas del lugar donde estaban los discípulos,
por el medio a los judíos,
vino Jesús y se colocó en medio de ellos diciendo:
¡La paz con vosotros!
Y diciendo esto les mostró las manos y el costado.
Los discípulos se alegraron viendo al Señor. Y les dijo de nuevo:
- ¡La paz con vosotros!
Como me ha enviado el Padre os envío también yo.
Y diciendo esto sopló y les dijo:
- Recibid el Espíritu Santo,
a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados;
y a quienes se los retengáis les serán retenidos (Jn 20, 19-23).
Los discípulos forman un grupo amenazado, miedoso, pero viene Jesús y les conforta con su palabra y su poder de perdonar. No son los Doce, como a veces se ha supuesto, de forma equivocada (para defender que sólo los Doce y sus sucesores obispos pueden perdonar y decir misa), sino la comunión de todos los creyentes. Es toda la iglesia (formada por hombres y mujeres) la que está reunida y la que recibe la gracia de la experiencia pascual y la tarea de realizar la misión (envío y perdón) del Señor resucitado. La Pascua se expresa como presencia y envío de Señor resucitado que se muestra a sus discípulos, haciéndoles testigos de su gracia, enviados de su reino. El signo primero y más fuerte de la pascua es esta “presencia” de Jesús en la comunidad de los creyentes reunidos por miedo a los que hace salir de su encierro, enviándolos al mundo como mensajeros de su perdón.
- La Pascua es ante todo paz. Jesús saluda a sus discípulos dos veces, con la misma palabra: paz a vosotros (eirênê hymin: 20,19.21). Sobre un mundo atormentado por la guerra y la violencia, ofrece Cristo paz fundante, creadora. Sobre una comunidad encerrada por el miedo extiende el Cristo pascual la gracia de su vida hecha principio de misión universal.
- La pascua es presencia gloriosa del crucificado. El Señor resucitado es el mismo Jesús que se entregó por los hombres. Como señal de identidad, como expresión de permanencia de su pasión salvadora, Jesús mostró a sus discípulos las manos y el costado (20, 20), en gesto que después va a recibir nuevo contenido ante el rechazo de Tomás (cf 20, 24-29). Creer en la pascua es descubrir que el mismo Jesús crucificado (no un espíritu celeste) es el Señor glorioso. En contra de todo espiritualismo, no hay pascua sin “memoria de Jesús asesinado”, sin memoria de los asesinados…En el fondo está la misma experiencia teológica de Lc: ¡Era necesario que el Cristo muriera...! (Lc 24, 26.46).
- La misma Pascua aparece así como Pentecostés. Jesús resucitado sopla sobre sus discípulos diciendo recibid el Espíritu Santo (20, 22), en gesto de nueva creación. El mismo Dios había soplado en el principio sobre el ser humano, haciéndole viviente (Gen 2, 7). Ahora sopla Jesús, como Señor pascual, para culminar la creación que en otro tiempo había comenzado. Recordemos que Lucas 24 y Hech. 1 habían separado cuidadosamente los matices, poniendo primero la Pascua y después Pentecostés, Juan ha vinculado ambos momentos, uniéndonos en un único misterio: la misma aparición pascual se vuelve efusión del Espíritu de Dios (que es Espíritu del Cristo resucitado) sobre el conjunto de la iglesia.
- La pascua se vuelve misión: ¡como el Padre me ha enviado así os envío yo! (20, 21). A lo largo de todo el evangelio, Juan ha presentado a Jesús como enviado de Dios: misión es toda su existencia. De ahora en adelante, los discípulos de Jesús en cuanto tales (no los Doce como grupo cerrado) son enviados de Jesús. Realizan una obra que es propia del Señor resucitado: expanden y despliegan su camino, realizan su misterio sobre el mundo.
- El texto culmina en un signo de perdón: a quienes perdonéis los pecados... (20, 23). El camino de Jesús se expresa en el perdón. Éste es el tema, ésta la tarea de la iglesia: en el mundo no hay perdón, los hombres se encuentran divididos, destruidos; carecen de medios para expresar el perdón, todo se hace por ley y por venganza, en una espiral de violencia y contra-violencias. Pues bien, sobre ese desierto de pecado (falta de perdón), Juan ha interpretado la pascua como experiencia de perdón. Por eso presenta estas palabras en las que Jesús dice a todos sus discípulos (sin distinción de clérigos y no clérigos): “a quienes perdonéis…”. Éste es el perdón pascual de la Iglesia, el perdón de todos los cristianos, pues todos, varones y mujeres, sin distinción entre posibles sacerdotes consagrados y no consagrados, aparecen aquí como mensajeros y testigos del Perdón de Jesús, de su Espíritu Santo.
- ¿Perdón y no perdón? Ciertamente, el texto divide a las personas de una forma que parece simétrica (a quienes perdonéis, a quienes retengáis...), de tal modo que alguno pudiera pensar que la iglesia es una institución neutral, que reparte perdón o no perdón de forma indiferente. Pues bien, en contra de eso, a la luz de todo el evangelio, debemos afirmar que la iglesia es sólo signo y fuente de perdón, de un perdón abierto a todos: ella misma viene a presentarse así como encarnación del perdón, por encima de todas las imposiciones, leyes y venganzas del mundo. Pues bien, llevando al límite esa experiencia, abierta a todos los hombres, se puede decir y se dice que allí donde ellos (los hombres, los cristianos) no se perdón no puede expresarse el perdón de Dios.
Esta experiencia de gracia pascual, que se expresa en forma de perdón, pertenece a todos los cristianos, pero no como privilegio de algunos (unos pueden perdonar, que son los curas; y otros no pueden perdón, que son los legos), sino como gracia y tarea para todos. Esta gracia y tarea del perdón es la que funda a la Iglesia y la presenta como “pueblo distinto”, entre todos los pueblos de la tierra. La iglesia es el pueblo de aquellos que perdonan, se perdonan entre sí y perdonan a los otros, a todos… De esa forma expresan el perdón de Dios y han de hacerlo con una responsabilidad inmensa: allí donde los hombres y mujeres no se perdonan no puede expresarse en el mundo (de manera visible) el perdón del Dios de Jesús, que es perdón de toda la comunidad (no de unos presbíteros u obispos, aunque ellos podrían quizá reservarse en algunos casos la visibilidad de un perdón oficial). La iglesia entera, desde el don pascual de Cristo, es signo y principio de perdón sobre la tierra; si ella no expresa y expande este perdón, de manera fuerte, se corre el riesgo de que el mundo quede sin perdón, se encierra en su violencia sin fin.
b. Segunda experiencia: discípulos con Toma. Tocar a Jesús (Jn 20, 24-29).
Bastaban las señales anteriores: la paz de Cristo, el recuerdo de su entrega (manos y costado), el perdón en el Espíritu. Pero el texto sigue diciendo que faltaba Tomás, precisamente uno de los Doce. No es un cristiano normal el que ha dejado de participar en la asamblea; es uno de los antiguos compañeros de Jesús, de sus Doce seguidores. Los otros discípulos le dicen hemos visto al Señor (20, 25), pero él duda: pide un signo (si no veo en sus manos la huella de los clavos...) y Jesús se lo concede:
Y ocho días después, estaban de nuevo sus discípulos en casa
y Tomás con ellos;
llegó Jesús, estando las puertas cerradas,
se puso en medio y dijo:
- ¡Pas a vosotros!
Luego dijo a Tomás:
Trae tu dedo aquí y mira mis manos,
trae tu mano y métela en mi costado
y no seas incrédulo sino fiel!
Respondió Tomás y dijo:
¡Señor mío y Dios mío!
Y Jesús le dijo:
Porque has visto has creído.
¡Felices los que no han visto y han creído!
(20, 26-29).
En medio de la comunidad reunida, como signo supremo de falta de fe y de confesión creyente, ha destacado el Cuarto Evangelio la figura de Tomás, elaborando en torno a él esta bellísima escena pascual. Tomás es la expresión del ser humano al que le cuesta creer o cree sólo de un modo “espiritualista”, con una fe de tipo gnóstico (de pura experiencia interior, sin la visibilidad de un cuerpo muerto, sin la necesitad de seguir tocando la llagas de aquel que ha muerto por los demás, las llagas de todos los muertos).
Se trata de “tocar al Logos de Dios”, como sabe la primera carta de Juan: “Lo que existía desde el principio, lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos sobre la Palabra de la Vida, y la Vida se ha manifestado y hemos visto y damos testimonio... Eso que vimos y oímos os lo anunciamos ahora” (1 Jn 1, 1-3). Esto es lo que “queremos todos”, tocar a Dios. Posiblemente, Tomás le ha tocado de un modo puramente espiritual, en visión interior, de manera que no necesita contacto “real” con los otros creyentes, con la comunidad, con los diversos tipos de pobres. Posiblemente Tomás tiene una fe “gnóstica”, de tipo new age, de puras melodías interiores.
Pero la pascual no es pura melodía interior, un caminar a solas, en visiones y revelaciones intimistas… La fe pascual es compromiso con los hermanos (con los demás hombres y mujeres), compromiso con los que mueren… Ciertamente, los cristianos podemos y debemos afirmar que tocamos a Jesús resucitado con las manos de la fe, en un espacio nuevo de corporalidad mística. Pero no podemos tocarle sólo en un plano de “ideas”, de bellas experiencias interiores, sino en la realidad de la carne, de la vida concreta: tenemos que tocarle las llagas de los crucificados, en la vida concreta de los rechazados de la sociedad. Allí está Jesús, no como un fantasma, sino como un hombre que nos sale al encuentro como promesa de vida.
En este fondo, nuestro pasaje recoge unos rasgos que aparecen también en Lc 24, 40, donde se decía que Jesús mostraba a sus discípulos pascuales las manos y el costado (igual que en Jn 20, 20). Allí se decía que hay que “comer con Jesús” (es decir, comer con los demás, compartir el pan: ¡ese es el signo de la Pascua!). En ese sentido más profundo, el Jesús pascual sigue estando en la comida de los hombres y está de un modo especial en sus sufrimientos, allí donde las llagas de los enfermos y oprimidos empiezan a mostrarse como signo y promesa de resurrección.
He dicho que Tomás podía ser el “discípulo gnóstico”, que sólo cree en visiones interiores, sin preocuparse del mundo externo, de la comunidad de los discípulos, de las llagas de los enfermos y oprimidos. Pues bien, mirada desde aquí, esta escena de pascua puede entenderse como “escena de conversión”, que se sitúa y nos sitúa muy cerca de la experiencia de Pablo, cuando encuentra a Jesús resucitado en la vida y sufrimiento de aquellos a los que está persiguiendo: Éste es el Jesús que le muestra sus llagas y le dice: ¡Saulo, Saulo! ¿por qué me persigues? (cf. Hechos 9, 4).
Las llagas de Jesús, en su costado y en sus manos, son las llagas de un perseguido. Eso significa que el Jesús resucitado no es un “fantasma”, sino el mismo Jesús que ha sido crucificado. Si esto se olvida, se olvida la pascua. A hacer que Tomás toque “las llagas de Jesús” (que haga experiencia de su muerte), el Evangelio de Juan nos está mostrando su más alto mensaje: allí donde más elevada resulta la Palabra (la experiencia interior, la sublimidad de la mística), más fuete tiene que se la experiencia de la corporalidad concreta, del dolor de los hombres. Sin llagas de Jesús no hay Pascua. Sin corporalidad del Resucitado no existe cristianismo.
Ya sé que son muchos los que “sienten el escándalo” de este evangelio: ¿Pero es que Jesús resucitado tiene llagas externas? ¿es que se le puede tocar como se tocan las heridas sangrantes de un torturado, las manos hirvientes y frías de un moribundo? ¡Ciertamente, Jesús resucitado no tiene ya las llagas externas que tenía cuando le crucificaron! Pero sigue siendo el mismo crucificado. Por eso es necesario “tocarle” allí donde él sufre en los que sufren. La fe pascual viene a expresarse de esa forma como experiencia mística (pero realísima) del sufrimiento y muerte del Mesías, que sigue muriendo en los crucificados y enfermos del mundo. Los mismos signos de muerte (clavos que han atado a Jesús de pies y manos al madero, lanza que ha cortado su costado) vienen a mostrarse ya como señal de vida, pero no para olvidarnos de ellos, sino para tenerlos siempre presentes en la vida de la comunidad, en la experiencia de amor activo que nos lleva a descubrir el camino pascual en todos los que sufren en el mundo..
Jesús ha respondido mostrando la herida: mete tu dedo aquí, mete tu mano... (Jn. 20, 27). Sólo así, en contacto de corporalidad a corporalidad, en encuentro con la Vida triunfante del Cristo, puede realizarse la experiencia de la pascua. Lo que importa de verdad no es el aspecto externo de la herida, la forma en que Jesús ofrece pecho y manos en nivel de carne antigua. Nueva es la experiencia de corporalidad trasformada: el cuerpo de muerte se ha vuelto principio de pascua.
El mismo viejo cuerpo del amor concreto y de la entrega, el cuerpo al que han matado (con heridas de lanza y clavos), se convierte así en un signo de resurrección, signo que sigue en la realidad de los hombres.. Frente a los riesgos de un falso espiritualismo gnóstico que quiere olvidarse de la carne, frente a todos los intentos de entender la pascua como puro cambio de conciencia (algo que sucede en el nivel interna de la transformación mental), el Evangelio de Juan ha querido poner de relieve la corporalidad mística del Cristo de la pascua, que nos lleva a seguir encontrando a Jesús en las llagas de todos los hombres.
De esa forma ha combatido el evangelio de Juan la gran herejía de aquellos que afirmaban: Cristo no ha venido en carne, es sólo un mero espíritu (cf 1 Jn 4, 2-3). El evangelio supera también la herejía de aquellos que añaden: Cristo fue carne cuando estaba sobre el mundo, pero ahora, en su gloria pascual, es puro espíritu; ha dejado atrás las ataduras y miserias de su cuerpo. Pues bien, en contra de eso, nuestro texto ha querido resaltar la corporalidad de la resurrección y lo ha hecho de esta forma, destacando el valor concreto de las llagas de manos y costado. La muerte de Jesús no ha sido un puro accidente del pasado, no es algo que se olvida, señal de pura imperfección y vida baja de la tierra. Por eso, el Señor resucitado sigue siendo aquel que lleva en sus manos y costado las heridas de su entrega, los signos de su amor crucificado en favor de los hombres. El Señor resucitado sigue siendo aquel que sufre en todos los que sufren sobre el mundo, como sabe y dice, en perspectiva convergente Mt 25, 31-46.
Muchas gracias Sr Pikaza por meter lo que faltaba de mi comentario ,parecerá una tonteria pero soy incapaz de repetir lo que escribo de corrido y cón el corazón ,preferia que saliera esactamente lo que escribí ,Gracias ,gracias
Recojo el tema del perdón y de las "llagas" de Jesús, vinculados ambos... Lo que propone Jesús lo propone a todos los cristianos, aunque en la Iglesia puede y debe haber unas formas visibles de expresar el perdón, curar las llagas... Para eso estamos todos nosotros. Habéis mostrado buenos caminos, seguiremos en ellos.
(Final de Luz):
La visibilidad de Jesús ? pués sin didarlo en nuestro projimo ,no hace falta que nos enseñen "sus llagas " el que más o el que menos ,tenemos llagas ,unos en nuestro cuerpo ,otros en nuestras almas ,que és indudable que puede ser ,no tengan mucha curación ,pero si alguién y especialmente a quién se quiere,mira esas llagas ,las limpia las desinfecta un poco ,las venda ....comparte las del alma ,dando la esperanza de que algún dia esas llagas serán gloriosas ,porque han servido para algo más que sufrir ,han servido para la propia resurrección y la de otros ...creo ha merecido la pena tenerlas .Si todas las vendas nos las ponemos nosotros ,sintiéndonos siempre los heridos ,los ofendidos ,´no tendremos resurrección y por tanto los demás no podrá verla .
Yá ,yá ,Pikaza ,sé que ustedes lo enfocan religiosamente ,pero le pido que acepte la mia ,por mí parte seria incapaz de escribie de algo que no lo vivo así .
Una cosa es cierta, somos enviados también nosotros a perdonar, en una acción mucho más costosa que la que realiza sacramentalmente la iglesia, donde el sacerdote que absuelve no se pilla los dedos en las llagas del otro (afectivamente se mantiene al margen). Algo que no sucede con el perdón que pedimos y recibimos unos de otros y cuyo ejercicio retuerce a veces las entrañas como apunta Tomasito Bull. En realidad la paz es el fruto del perdón, como la guerra es fruto del no perdón y de la venganza. Una paz que no se puede imponer a nadie (recordad el pasaje de Mt. 10, 11-15) y que volverá a los enviados si los destinatarios no son dignos de recibirla como dice el texto.
Creo que hay muchos niveles en la comprensión del hecho que nos propone Xabier. Aparte de las razones “colaterales” a las que da pié la lectura del texto y que han comentado Sofía y Mudejarillo, está la visión de quien quiere ayudar a curar heridas sociales y no puede porque el herido no quiere. Pero hay más, mucho más, lo que demuestra que la religión, mejor diría la fe, sigue siendo un tema de vital importancia para el que la tiene: ¿cómo dar el perdón de Jesús? Y para el que no la tiene: ¿cómo tocarle? Ambas cosas producen dolor, un dolor que nos recuerda que estamos aquí y ahora, en camino y que tener fe o no tenerla no es un seguro de nada. Somos como ellos, frágiles, llenos de miedos y dudas, unos y otros.
Tomasito bull,te entiendo y no te entiendo,por descontado ,es más gratificante y más humano ,oir :Gracias ,pero si lo que hacemos en todos los órdenes de la vida ,esperamos "reconocimeinto en palabras o hechos "mal asunto " porque seguro que nos derrumbaremos ,si lo hacemos ,al menos, para sentirnos nosotros bien ,no nos sentiremos nunca defraudados ,
Lo de los "cerdos "sé a que frase te refieres " no sé si "eso "son palabras de Jesús ,seguro que como las hemos interpretado ,NO. Permite que te diga que LAS PERLAS HASTA LOS CERDOS LAS DEFECARIAN ,POR NO PODELAS DIGERIR
Cuando voy a curar las llagas de la sociedad con quienes normalmente me encuentro es con las llagas que no quieren curar porque se les acaba "el negocio". He tocado las llagas de Cristo pero aún así no estoy dispuesto a realizar una cura y al darme la vuelta escuchar el susurro: ¡Imbécil, no sabes el tiempo que has perdido!
No está bien echar mis perlas a los cerdos ni tampoco caer en la tentación de convertir a los cerdos en corderos, como a las piedras en pan. ¡No tentarás al Señor, tu Dios!
Qué lindos comentarios!
Sobre todo la semidiscusión de Mujaderilloo y Sofía sobre la seriedad de la Eucaristía!
Sr Pikaza ,por favor ,puede usted meter lo que falta ,me gustaria que saliera tal como lo he escrito ,gracias .
El perdón cristiano y la visibilidad de Jesús (dice Pikaza)un texto francamente bello y profundo ,el perdón también para los no cristianos o carentes de religión ,es básico para la páz con uno mismo ,sin perdón no hay generosidad ,ni limpieza de espíritu,el corazón se endurece ,la mirada pierde luz ,no hay "gratuidad "(palabra muy querida y usada por Pikaza )ni misericórdia etc.....PERO NO ESE PERDON "PERDONAVIDAS " que a veces somos muy dados a ejercer ,te perdono "pero,,," el perdón con "peros ,no és pedón .Sinceramente es bastante dificil ,aquí, hablar sobre esto , menos en la clave que yo lo enfoco .
La visibilidad de Jesús ? pués sin didarlo en nuestro projimo ,no hace falta que nos enseñen "sus llagas " el que más o el que menos ,tenemos llagas ,unos en nuestro cuerpo ,otros en nuestras almas ,que és indudable que puede ser ,no tengan mucha curación ,pero si alguién y especialmente a quién se quiere,mira esas llagas ,las limpia las desinfecta un poco ,las venda ....compart...
Tomarse en serio el Sacramento, si nos creemos de verdad el relato del Centurión que pide la sanación de su siervo-amante curado por Jesús y repetimos lo de "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme". Si Él sana ¿quién me va a negar esta sanación?
Paz y Bien,
Mudejarillo
Pero te pongo un ejemplo más. Si tan importante es la Eucaristía para algunos "puristas" ¿por qué un celiaco no puede comulgar? ¿por qué hay que darle, a escondidas un pan distinto? ¿por qué tenemos que poner el acento en el tipo de pany no en que, sea el pan que sea, Jesús se hace presente entre nosotros' ¿Es que podemos encerrar a Dios en lo contingente?
Y créeme, me tomo tan en serio el sacramento que por eso me fastidia que una Teresa de Jesús o una Teresa de lisieux no pudieran acceder a él cuando quisieran porque en esas épocas era impensable "comulgar" todos los días. Teresa de Lisieux tenía que pedir permiso para hacerlo.¿Eso era tomarse en serio el sacramento? ¿Es tomarlo en serio el negárselo a divorciados u homosexuales y no a Pinochet, por poner un ejemplo?
Tomarse en serio el Sacramento, si nos creemos de verdad el relato del Centurión que pide la sanación de su siervo-amante curado por Jesús y repetimos lo de "Señor, no soy digno de que entres en...
Querida Sofía:
No creo que el realizar una liturgia distinta sea atacar, no tomarse en serio o no creer en los sacramentos. Lo que afirmo es que sacramento fundamental es la Eucaristía, tan fundamental que Jesús "obliga" a dejar la ofrenda ante el altar, reconciliarse con el hermano y sólo despues de hacer esto, volver a la mesa a partir el pan. Yo creo que, cuando no hacemos esto, cuando somos capaces de "comulgar" sin reconciliarnos con el hermano separado o herido, no nos tomamos en serio el sacramento. Y eso es pan de cada día entre nosotros.
Pero también es sacramental la presencias de Jesús en el pobre y el herido. También cuando aquí, en el blog, discutimos y compartimos ideas en su nombre. Yo, por lo menos lo siento así.
Pero te pongo un ejempolo más. Si tan importante es la Eucaristía para algunos "puristas" ¿por qué un celiaco no puede comulgar? ¿por qué hay que darle, a escondidas un pan distinto? ¿por qué tenemos que poner el acento en el tip...
Gracias Xabier, mila esker, por el alimento cotidiano.
Paz y Bien,
Mudejarillo
Por otra parte, me llama la atención la actitud de Jesús, tan distinta a la de la Jerarquía. Sabe que Tomás no está, sabe que le va a costar acercarse, sabe que no cree mucho en lo que ha pasado, sabe que se "evade" ante el auténtico Dios que no está en las alturas sino muy cerca de él, en lo llagado y herido de la sociedad. Pues bien, Jesús no excomulga, no lanza un canon de obligado cumplimiento, no obliga a creer, no le dice que revise sus pensamientos y que va a recibir un a admonición de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe....Simplemente le mira con cariño,le toma de la mano y se la acerca al costado; simplemente le dice "cree".
Cuánto tenemos que aprender de la actitud, de los gestos, de Jesús. Mientras tanto, el perdón, entre nosotros, se dosifica, se lo apropian unos pocos e incluso, se seleccionan pecados que sólo pueden perdonar unos pocos (el aborto sólo lo puede perdonar el Canónigo Penitenciario de la Catedral, el genocidio¿cualquier sacerdote?)....
¿Cuando uno lee Mt 25, puede comulgar tranquilamente con todas las de la Ley y olvidarse del desnudo, del encarcelado, del pobre....? Lo digo porque la mayoria, inmensa mayoría de los cristianos, "comulgamos" legalmente, nos quedamos tan satisfechos y nos olvidamos de los textos evangélicos comprometedores que nos debieran empujar a servir a los demás. Somos como Tomás: muy espiritualistas pero muy poco dados a meter el dedo en la llaga(en el mejor sentido de la palabra y de la Palabra).
Me duele especialmente que a tanto obispo y neocon sólo les moleste las "irregularidades" liturgicas y derechocanónicas. ¿Es que la vida no es Liturgia viva?.¿Es que podemos encerrar a Dios, a Jesús, en el sagrario y rodearlo de toda una "adoración nocturna" o diurna, lo mismo da, que más parece estar puesta para impedir que salga? Por cierto, si tan importante es el "sagrario" para la Iglesia ¿por qué están siempre cerradas las iglesias?
Por otra parte, me llamma la atención...
Enjundioso comentario como para el poco espacio de que disponemos: Poco hay que decir pero sí quisiera incidir en la "sacramentalidad" de la presencia de Jesús. A ciertos espiritualistas y jerarcas se les hace la boca agua afirmando, ciertamente, la presencia de Jesús en la Eucaristía. Pero pocas veces se recuerdan los relatos pascuales en los que se reafirma la presencia, también absolutamente "sacramental" de Jesús en las llagas y heridas de la sociedad, o en ese "cuando dos o más (no especifica si tiene que haber un presbítero, obispo o cualquier ministro consagrado) os reunáis en mi nombre, ahí estoy Yo".
Digo esto porque, la que se ha montado con el caso de la parroquia de San Carlos Borromeo es de traca y de un cinismo rayano en la demencia. ¿Va a resultar que es un escándalo "comulgar" de forma no "legal" y no lo es el no reconocer a Jesús en los llagados y excluídos? ¿Cuando uno lee Mt 25, puede comulgar tranquilamente con todas las de la Ley y olvidarse del desnu...
Viernes, 27 de noviembre
Manuel Mandianes
Juan Fernandez Krohn
Julián Moreno Mestre
Jaime Vázquez Allegue
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Vicente Haya
Mario Bruzzone
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo