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Gavin D’Costa, Trinidad y diálogo interreligioso

23.03.07 | 12:00. Archivado en Dios, religión-religiones
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El libro se titula Trinidad y el diálogo interreligioso , Secretariado Trinitario, Salamanca 2006. Su autor, Gavin D’Costa es un teólogo católico, nacido en Kenya, de origen hindú (de la India) que ha estudiado el tema del diálogo de las religiones, empleando para ello un esqema o modelo de comunión: Dios es Trinidad (encuentro o relación); también las religiones han de ser espacios de relación, desde lo divino. De esa manera, lo que parece más exclusivo viene a presentarse como lo más abierto. Por ser trinitario, el cristianismo ha de ser dialogal (y no sólo tolerante)

Gavin D'Costa y el diálogo de las religiones

Estudió en diversas universidades de Inglaterra. Escribió dos obras que tuvieron gran impacto en el campo del estudio de las religiones comparadas: Uno se titulaba John Hick's Theology of Religions: A Critical Evaluation (Lanham/New York/London: University Press of America, 1987) y el otro Theology and Religious Pluralism. The Challenge of Other Religions (Oxford/New York: Basil Blackwell, 1986). En ambos se oponía a la visión más extendida del la teología del pluralismo religioso, que parece conceder el mismo valor a todas las religiones. Él se opone también a la visión de los que quieren subrayar de un modo dogmático la identidad y distinción cristiana, sea en línea de inclusivismo o de exclusivismo, poniendo de hecho al cristianismo por encima de las restantes religiones.

A su juicio, tanto los partidarios de un pluralismo de religiones como los partidarios de una religión única (los inclusivistas y los exclusivistas) desembocan en un tipo de imposición religiosa (la imposición de la identidad, de la superioridad o de la diferencia). Así lo ha mostrado en la obra colectiva que él publicó con el título de La unicidad cristiana reconsiderada. El mito de una teología de las religiones pluralista, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2000 (Nueva York, 1990).

Hay diversos tipos de “exclusivismo” (hindú, musulmán, cristiano…); y todos ellos afirman que sólo hay un camino para alcanzar la salvación, un camino que se vincula a la propia experiencia y dogmática del grupo religioso al que se pertenece. En el extremo opuesto se encuentra el “pluralismo” (que puede ser también hindú, musulmán, cristiano…), que tiende a nivelar todas las religiones, buscando aquello que es común en todas, un tipo de experiencia espiritual o moral que sería capaz de unificar a todos los hombres, por encima de sus diferencias religiosas. En el centro estaría un tipo de inclusivismo, que intenta mostrar que las restantes religiones se encuentran “incluidas” en la propia.

Los temas de este libro

En contra de esas dos posturas sitúa Gavin D’Costa el modelo trinitario, que no es pluralistas, ni exclusivista, ni inclusivista, sino comunitario. Como muestran las dos partes de este libro.

a) La primera parte expone la problemática de fondo, a partir de dos autores cristianos, uno protestante (Hick) y otro católico (Knitter), y en comparación con dos religiones (hinduismo y budismo). Hay unas referencias al judaísmo “relativista” de Dan Cohn-Sherbor, pero no se dice nada de la problemática musulmana.

En la línea pluralista, Gavin D’Costa ha querido superar la “intolerancia liberal” de J. Hick, que serviría en el fondo para reducir todas las religiones a un tipo de razón universal, en la línea de los racionalismos ilustrados del siglo XVIII (el Kant de la Crítica de la Razón Pura), pero quizá con un poco más de tolerancia. Tampoco el enfoque “eco-liberador” de P. Knitter le convence, porque reduciría las religiones a un tipo de racionalismo práctico (en la línea de Kant, Crítica de la razón práctica), de tal forma que ellas perderían su identidad, dejarían de ser religiones para convertirse en un tipo de variedades de una moral altruista sin fondo teológico.

En un segundo momento, Gavin D’Costa ha querido dialogar con los modelos más significativos de diálogo de religiones de la tradición hindú y de la budista. En la línea hindú ha puesto de relieve el “pluralismo advaita” de algunos representantes del neo-hinduismo (como Redhakrishnan). El problema de esta visión está en el hecho la “la unidad” advaita de lo sagrado carece de relieve de manera que en ese fondo todas las formas de pluralismo religioso resultan a la postre igualmente valiosas, llevándonos a un puro relativismo. Algo semejante es lo que sucede en el budismo tibetano, representado por el Dalai Lama; en el fondo, todas las religiones parecen igualarse en un tipo de actitud bondadosa ante la vida; pero, al final, no se sabe cuál es el contenido y sentido de esa actitud de bondad, ni puede aplicarse en el contexto real de la vida humana.

b) La segunda parte ofrece la visión propia del autor, exponiendo una “teología trinitaria de las religiones” (o, mejor dicho, relacionando la teología trinitaria y las religiones). De esa manera ha querido interpretar el misterio de la Trinidad como invitación al encuentre religioso. Por eso puede afirmar que lo más propio del cristianismo (lo más exclusivo: la Trinidad) puede y debe interpretarse como lo más abierto al diálogo de las religiones. En esa línea se podría afirmar que la pluralidad de religiones pertenece al mismo corazón de la identidad del cristianismo
Con ese convencimiento ha querido analizar los grandes textos de la tradición cristiana (católica) de los últimos decenios, desde el Vaticano II hasta los últimos documentos de Juan Pablo II y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, reelaborando así la postura de los grandes intérpretes católicos (como J. Dupuis o R. Panikkar). Desde ese fondo ha querido elaborar una doctrina del Espíritu Santo (sobre todo en Jn), entendido como principio.

En un sentido muy extenso se podría decir que una simple “teología” (visión de lo divino en cuanto tal) conduciría al pluralismo, pues lo divino se ha manifestado en muy diversas formas a lo largo de la historia de la humanidad. Por otro lado, y también en un sentido extenso, una simple “cristología” conduciría a un exclusivismo cristológico (pues sólo en Cristo se ha manifestado plenamente lo divino, para sus seguidores). Pero la confesión del Espíritu Santo supera y vincula la visión del pluralismo y del exclusivismo, en línea de comunión de religiones.

La Trinidad implica también diálogo de religiones

Gavin D’Costa pone de relieve la “identidad del cristianismo” (pues sólo en el cristianismo se ha dado esta visión trinitaria), para superar por ella toda pretensión de exclusivismo o de superioridad (o se simple pluralismo genérico): En la misma identidad del Cristianismo, expresado en la experiencia del Espíritu Santo, se expresa y proclama la comunión de las diversas religiones.

En este contexto, Gavin D’Costa ha puesto de relieve el carácter orante de la comunión de las religiones, superando el orden práctico de Knitter y el orden racional de Hick. En esa línea ha podido recuperar la oración musulmana, expresada de un modo ejemplar en la primera Sura del Corán (“En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso…”). Desde la unión amorosa con Dios (desde Dios) los creyentes de las diversas religiones pueden orar, descubriendo en su pluralidad la unidad. Esto es lo que los cristianos descubren cuando hablan de la Trinidad, desde el Dios encarnado que es Jesús, en apertura al Dios universal (que es el Padre), viviendo de hecho la unidad en la pluralidad, sin poder a veces ni tematizarla.

7 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 26.03.07 | 08:40

    Gracias por las intervenciones. Gavin D'Costa es un autor importantes en el diálogo interreligioso. No etá mal la idea de "acuerdo de mínimos" (sobre todo en el campo de la moral). Pero estroy convencido de que en las "grandes" religiones el encuentro debe darse en el plano de los "máximos". En otras palabras, lo que a un cristiano debe llevarle a un acuerdo o diálogo con otras religiones es lo más específicamente" cristiano: la encarnación y la Trinidad. Creo que en este campo avanza nuestro autor.

  • Comentario por emérito agusto 24.03.07 | 20:28

    La "ética" no debe llevar adjetivos si no es el de "humanista". Y por supuesto, Dios no puede concebirse como enemigo del hombre. Aunque... tú lo dices: "su nombre se usa en vano". Yo diría: Se le llena de demasiado contenido.
    Y mi "pregunta" sobre la "abducción" queda en el aire.
    Saludos.

  • Comentario por emérito agusto 24.03.07 | 20:26

    SOFÍA. Estamos en sintonía. Ya había leído esos artículos; pero no está mal el recordarlos. Precisamente esos tres principios "universales" no nos hablan de "religión". No cabe duda de que religión y ética han sido siempre compañeras de viaje. Desde las religiones han surgido interesantes "ideales humanos", nuevos "modos de vida" asumidos por millones de personas. Pero la evolución de las ciencias humanas ha impuesto la necesidad de una "ética universal"; por tanto la evolución de algunas concepciones morales religiosas. Y aquí está el problema. La Iglesia ha mantenido siempre una "moral inalterable" en nombre de Dios y de la "revelación"; y ha impuesto una ética autoritaria en contra de la ética humanista como la de Kant que definió el "imperativo categórico" como norma necesaria para toda la humanidad, sin credos.
    La "ética" no debe llevar adjetivos si no es el de "humanista". Y por supuesto, Dios no puede concebirse como enemigo del hombre. Aunque... tú lo dices: "su nombre s...

  • Comentario por emérito agusto 24.03.07 | 00:54

    ¿Por qué sólo "diálogo de las religiones"? Desde este punto de vista (algo miope), me parece que existe una "apropiación indebida" del HOMBRE y una "exclusión" del HOMBRE por parte de Dios (religiones).
    Si Dios "se hizo HOMBRE",(para el creyente cristiano), ¿no será que dios consideda más "importante" al HOMBRE que a SI mismo? ¿El DIOS HUMANIZADO no se hace HUMANISTA?
    ¿Por qué, entonces, esa "abducción", proceso inverso?

  • Comentario por Joaquim CB 23.03.07 | 23:23

    Soy muy lego en la materia que tocáis, pero lo del diálogo interreligioso siempre me ha parecido una cuestión casi imposible. Procuraré abundar en el tema. Ahora bien, reducir la experiencia religiosa, en aras del diálogo interreligioso, a la idea de la comunidad de orantes no lo acabo de ver. Me parece una idea bonita, pero poco práctica. El diálogo con el judaísmo lo veo posible, con el hinduísmo irrelevante, al menos de momento y con el islam imposible. La práctica virtuosa de cada cual con su religión seguramente facilitaría mucho las cosas. En fin, no sé. Espero que me ilustréis más.

  • Comentario por Jordi Morrós 23.03.07 | 18:26

    Muy agradecido por dar a conocer aportaciones de interés para los que estamos interesados por el diálogo interrelegioso, y también muy interesante la perspectiva orante de la comunión de las religiones.

    Os recomiendo una iniciativa que quizás ya debéis conocer desde el lado benedictino y trapense que es el Diálogo Intermonastico.

    http://monasticdialog.com/index.php

  • Comentario por ignacio soler 23.03.07 | 17:25

    Interesante visión. Es lógico que la publique el Secretariado Trinitario, desde cuya magnifica revista Estudios Trinitarios sigo tus colaboraciones, Xabier. La recomiendo a todos.

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