Dios judío, Dios cristiano, Dios musulmán ¿Tres dioses o un Dios?

Permalink 11.03.07 @ 11:00:14. Archivado en Dios, Israel, religión-religiones, Islam

La experiencia israelita de Dios (¡Yo soy!, Soy el que soy), que ayer comenté en mi post, está en la base de gran parte de las interpretaciones posteriores de Dios, como indican las reflexiones que ahora siguen. Por un lado, Dios no es judío, ni cristiano, ni musulmán: Es el que Es. Por otrolado, es Dios de los judíos, cristianos y musulmanes (y de todos los hombres) Esta reflexión se inscribe dentro del diálogo y discusión que vengo manteniendo en este blog sobre el congreso cristiano-musulmán que celebraremos en Cuando los próximos 15-16-17. Respondo aquí en parte a las observaciones de compañeros de blog como Fernando, Disidente etc, con quienes quiero seguir dialogando, no sólo por la importancia del tema, sino por la hondura y pertinencia de sus aportaciones, desde diversas perspectivas.


Punto de partida.

Para los judíos, Yahvé (Soy el que Soy)se ha hecho Nombre de misterio, de manera que no lo pronuncian. Los gnósticos antiguos y modernos se sienten molestos con Yahvé, no aceptan su presencia liberadora, su opción por los pobres: prefieren un Dios de interioridad, separado de la historia, sin comprometido de justicia. La filosofía ilustrada intepretó el ¡Yo soy! como ontología: expresión del Ser Supremo o de la Idea Fundante (de la mente que se dice a sí misma), separando así a Yahvé de nuestra historia de liberación humana. Los cristianos afirman que el Nombre de Yahvé se ha expresado plenamente, como misterio de liberación, por medio de Jesús, viniendo a presentarse al fin como Padre… Los musulmanes identifican al “Yo soy el que Soy” con Allah, de quien hablé con cierta extensión en un post anterior, que ha sido enriquecido por muchos participantes y en especial por Disidente y Fernando.

Las interpretaciones de esta palabra originaria (Yahvé: Yo-Soy) han sido y siguen siendo diferentes, definiendo de algún modo las más hondas visiones de Dios en occidente. Destacaremos las más importantes, para fijarnos al final en la cristiana. Evidentemente, ofrecemos una visión muy general del tema, que debería matizarse con muchísimo cuidado.

1. Judaísmo

Los judíos han destacado el valor de este Nombre, condensando en Yahvé su experiencia de misterio. Por un lado, han seguido vinculándolo al pueblo, como dice el Shema (Escucha, Israel, Yahvé, tu Dios es un Dios único....: Dt 6, 4-9), retomado por el doble mandamiento de Mc 12, 28-34 par.. Por otro, lo han sacralizado, de tal forma que procuran no escribirlo ya ni pronunciarlo, en signo de respeto religioso. Yahvé [D''S, G’’D, YHWH] es Dios en sí, en su absoluta plenitud y lejanía, separándolo así de su pueblo.

De esa manera, al separar el Nombre de Dios y dejarlo fuera de la "circulación" social y religiosa, los judíos posteriores han tenido que buscarle "sustitutos". Por eso han dicho y siguen diciendo en su lugar palabras más o menos equivalentes (pero nunca iguales) como Adonai, Kyrios, Dominus o Señor (the Lord) y, sobre todo, Ha-Shem (El Nombre). Así expresan de algún modo la grandeza de Dios, pero sin expresarla. Estas palabras ya no actúan como "nombres" (no expresan lo que es Dios), sino como adjetivos que evocan de algún modo su grandeza. Los judíos han optado por divinizar de algún modo el Nombre (Yahvé), dejándolo así, distinto, separado, como expresión de absoluta transcendencia.

Como guardianes de la Lejanía divina, testigos de la separación inefable de su Dios, han querido mantenerse a lo largo de los siglos los judíos. Este es su tesoro, esta su grandeza: ellos conocen un Nombre que no puede pronunciarse, pero que les hace distintos y ricos sobre el mundo. Las traducciones cristianas de la Biblia han seguido la costumbre judía poniendo (y algunas lo hacen todavía) Señor o su equivalente allí donde la Biblia Hebrea dice Yahvé. Es buena esta reserva, si ayuda a descubrir y explicitar mejor el contenido misterioso del Dios personal de la historia israelita, pero quizá nos impide recordar que Yahvé es ante todo un Nombre propio de redención, signo de la presencia liberadora de Dios entre los humanos, como ha vuelto a descubrirlo el evangelio.

2. Gnosis

Los gnósticos (quizá de origen judío y cristiano) de los siglos II y III d. de C. han invertido esa visión del judaísmo, interpretando el nombre de Yahvé no como señal del más alto misterio, sino como expresión de un "dios opresor", que mantiene a los humanos sometidos. Así tienden a identificar este Nombre con el principio divino del error y el egoísmo, es decir, con un Dios falso: Yahvé, Dios del AntiguoTestamento, sería en el fondo un demonio (=Satanás); sólo el Padre de Jesús o un Dios puramente espiritual es para ellos verdadero.
Por eso, allí donde en la Escritura israelita (Ex 3, 14) el Dios Yahvé proclama Yo soy (o sus equivalentes), algunos textos gnósticos hacen que se escuche la voz del "Verdadero Dios" (superior y contrario al Dios israelita) que le responde ¡Te equivocas, Samael, Dios ciego! . Así llaman a Yahvé con nombres despectivos, como Dios de vergüenza (Samaél), Dios ciego de lucha y egoísmo, Yavaot, Yaldabaot, Yaot, o salvador material que sólo se ocupa de las cosas externas, incapaz de iluminar a los humanos, ofreciéndoles una experiencia espiritual de superación del mundo. En esa línea, podemos añadir que la crítica del Dios israelita constituye el principio de todo antisemitismo religioso. Conforme a la visión de esta Gnosis el Dos judío sería seria egoísta, estaría vinculado sólo a un pueblo, como fuerza irracional que mata con violencia a los contrarios: a los egipcios en el Mar Rojo, a los cananeos en Palestina. Los gnósticos entienden el ¡Yo soy! de Jahvé en la línea de ¡Nosotros, los judíos, somos! como pueblo separado de los otros). Por eso, frente al ¡Yo soy! judío, materialistra y tribal, quieren situar el Absoluto de la divinidad universal
Conforme a la visión gnóstica carece de sentido la encarnación cristiana: Dios no podría intorducirse de verdad en este mundo. Precisamente para defendere la encarnación han aceptado los cristianos el Antiguo Testamento, entendiendo el ¡Yo soy! de Dios no en forma egoísta, sino liberadora. De todas formas, debemos recordar con todos los auténticos judíos y cristianos que el ¡Yo soy! no puede interpretarse en la línea de una autoridad arrogante y egoísta, como expresión de un Señor que se afirma a sí mismo en contra (a costa) de los otros. Al contrario, nosotros sabemos que el Yahvé israelita sólo dice Yo soy para afirmar Yo estaré con vosotros, os libraré devuestras opresones. ("Sobre el origen del mundo" en J. M. Robinson (ed.), The Nag Hammadi Library in English, Brill, Leiden 1977, II, 5, 103, 5-19. Para lectura ulterior: F. García Bazán, Gnosis.La esencia del dualismo antiguo, Castañeda, Buenos Aires 1978; H. Ch. Puech, En torno a la Gnosis I-II, Taurus, Madrid 1982).

3. Islam. Religiones monoteístas

Los musulmanes han evitado en general la hondura del "Yo soy", afirmando que Dios se ha expresado para siempre por Mahoma, de manera sencilla y segura, para todos los humanos, sin distinción de razas o culturas. El mensaje teológico ha sido siempre el mismo, desde Moisés hasta Jesús, pero los receptores no han sabido conservarlo limpio, lo han mezclado con palabras que no vienen de Dios, lo han adulterado. Por eso ha sido necesaria la profecía de Mahoma, como hemos puesto de relieve en otro post.:

La piedad no estriba en que volváis vuestro rostro
hacia el Oiente o hacia el Occidente (=rezar mirando a Jerusalén o la Meca)
-sino en crer en Dios y en el ültimo día,
-en los ángeles, en la Escritura y en los profetas,
-en dar de la hacienda, por mucho amor que se le tenga,
a los parientes, huérfanos, necesitados, viajeros, mendigos y esclavos,
en hacer la azalá (oración) y el azaque (=la limosna)... (Corán 2, 177).

Estos son los pilares de la fe musulmana. En ella quedan incluidas las Escrituras (las antiguas están contenidas en el único Corán, manifestación suprema de la Suprema Verdad de Dios) y los profetas (enviados de Dios, tal como culminan en el mismo Mahoma), con los ángeles que son signo del misterio. De esa forma, los musulmanes universalizan y simplifican de algún modo la confesión de fe judía o Sahadá, diciendo: La ilaha illa Allah: no hay más dios que Allah, no hay más divinidad que el Divino.
En esa línea, el Islam se encuentra cerca del judaísmo. No hay en el Islam teología intradivina: no puede haber especulación sobre Dios, pues Él sigue siendo un misterio; ha revelado su Libro/Palabra en el Corán, pero su esencia sigue estando escondida, de tal forma que resulta imposible decir que Jesucristo es su "Hijo", como afirman los cristianos. Para el Islam la esencia de Dios sigue siendo misteriosa, incognoscible. Lógicamente, judíos y musulmanes se sienten vinculados en su teología más profunda, tanto en la visión del Dios trascendente (no trinitario), como en la visión de su revelación (por la ley de Moisés, por la profecía de Mahoma). Esta vinculación es tan honda que algunos llegan a sostener que judaísmo e Islam son variantes de una misma religión de fondo: afirman unos que el Islam es herejía (simplificadora, universalizadora) del judaísmo; añaden otros que el judaísmo es una herejía (concretización nacional) del Islam eterno. Pero los judíos siguen manteniendo en el fondo de su experiencia y recuerdo el "Yo soy" de Yahvé en la montaña sagrada, como secreto de libertad, mientras los musulmanes apelan al conjunto del Corán, evitan ese misterio del Nombre secreto, limitándose a decir que "no hay más dios que Allah".
Esta Sahada o confesión de fe musulmana, proclamada desde todos los almuédanos y repetida sin cesar por los creyentes, resume la fe musulmana. Ella sola basta para expresar la sumisión religiosa y expresar que un hombre (o mujer) es musulmán. Dios ya no tiene un nombre especial (como el Yahvé de los israelitas), ni aparece vinculado de forma intradivina (trinitaria) a su mesías o revelador (como el Padre de Jesús para los cristianos). Pero debemos añadir que, siendo transcendente, Dios habla (revela su Corán/Libro eterno) a su profeta o enviado que es Mahoma. Esto es confesar la fe para un musulmán: someterse a Dios y aceptar su manifestación por medio de Mahoma
Es normal que judíos y musulmanes rechacen la encarnación de Dios en Jesús, viendo en ella una especie de recaída en el politeísmo pagano. Lógicamente, ellos rechazan también la Trinidad: piensan que Dios se ha revelado, pero no ha penetrado de verdad en el mundo, no se ha identificado con la persona y obra de Jesús de Nazaret. En ese sentido, Judíos y musulmanes parecen más humildes: piensan que Dios está arriba y que nunca podemos conocerle del todo. Por el contrario, los cristianos se atreven a definir a Dios como Padre de Jesús (Trinidad), arriesgándose a penetrar en su misterio, afirmando que en el origen y base de todo está el amor del Padre al Hijo en el Espíritu.

4. Filosofía

La filosofía occidental, fundada en la experiencia griega del Ser (vinculando así helenismo y judaísmo) ha interpretado el ¡Yo soy! (Soy el que Soy) israelita en perspectiva de trascendencia (Dios separado) y plenitud ontológica (el ser divino es lo absoluto). De esa forma, el Nombre de Dios pierde su referencia salvadora (su raíz israelita, su vinculación a Moisés) y viene a convertirse en expresión de la Realidad en sí, de eso que pudiéramos llamar la identidad ontológica.
Lógicamente, Yahvé deja de ser el Nombre propio de aquel con quien debemos dialogar de un modo personal, presencia liberadora, y viene a interpretarse como Ser en sí (=Aseidad ontologica). Al presentarse como Yahvé, Soy el que soy, Dios se vuelve Ser Supremo, Esencia pura y plena, el primero y más alto de todos los Conceptos. Decir Yahvé es decir Divinidad, como puede verse en San Anselmo: es el Ser más alto, la más perfecta realidad que puede ser pensada.
Gran parte de la crítica moderna anti-teísta ha combatido al Dios de la filosofía, que aparece como Gran Ser (ontología original) y/o como Concepto Supremo (idea perfecta). Este es el Dios separado de la historia (no es salvador), impasible (no sufre con el sufrimiento de su pueblo), autosuficiente (no se vincula a los humanos). Contra ese Dios en sí (Yo soy ontológico o ideológico), contra ese Señor autosuficiente donde que se vinculan (e identifican) un tipo de Ser del pensamiento griego y un Yo soy israelita vaciado de su fuerza salvadora, se dirige gran parte de la crítica religiosa de la modernidad
Gnosis antigua y filosofía moderna se vinculan de algún modo: ambas vacían al Dios israelita (a su Yo soy) de la experiencia y fuerza de la historia. La gnosis criticaba a Yahvé porque no acepta su revelación en la historia y porque quiere elaborar una visión religiosa partiendo de una sabiduría intimita, propia de los iniciados sabios. La filosofía moderna ha rechazado a Yahvé porque ha querido vincular a Dios con el Ser de su pensamiento y de sus obras (con el Todo del Mundo) o con el propio pensamiento, olvidando también el sufrimiento de los pobres.
Pues bien, en contra de eso, después de treinta siglos de dolor y esperanza, judíos y cristianos (unidos en esto y separados de los musulmanes) seguimos vinculados a la experiencia israelita de Yahvé, a quien vemos como Dios liberador. Yahvé no es para nosotros un simple signo de identidad ontológica o interioridad sagrada, sino el Nombre personal de aquel que se revela (despliega su presencia) liberando a los pobres y oprimidos de la tierra. No es alguien que se impone desde arriba, exigiendo sumisión (como parece buscar el Islam), sino Aquel que nos quiere y por querernos dice Yo soy, es decir, Estoy con vosotros en medio del camino de la vida. Sobre esta base seguimos vinculados judíos y cristianos, aunque luego interpretemos a Yahvé en perspectivas diferentes, como indicaremos en todo lo que sigue ((No podemos entrar en la gran polémica entre Dios judío y Dios filosófico. Siguen siendo significativos en este campo trabajos como los de H. Mühlen, El concepto de Dios, en Varios, Trinidad ¿mito o misterio?, Sec.Trinitario, Salamanca 1973, 153-179; E. Jüngel, Dios como misterio del mundo, Sígueme, Salamanca 1985.))

5. Cristianismo

Los cristianos interpretamos a Yahvé como presencia salvadora (liberadora) que se compromete en favor de todos los hebreos oprimidos. Seguimos, por eso, en la línea de la Biblia Israelita. Pero damos un paso más y añadimos que el mismo Yahvé, Nombre supremo del Dios liberador, se identifica con el Padre de Nuestro Señor. Jesucristo. Por eso, en un sentido, los cristianos seguimos vinculados a la revelación del Sinaí: nos situamos con Moisés ante la Zarza Ardiente, escuchamos su palabra de liberación, nos comprometemos a seguir su camino. Pero pensamos que eso resulta al fin insuficiente.
No es que la experiencia israelita de Yahvé sea falta, sino todo lo contrario: es verdadera. Más aún, es de tal modo verdadera que debe profundizarse, llegando hasta sus últimas consecuencias, como ha hecho Jesús, nuevo Moisés, verdadero intérprete y hermeneuta del Yahvé israelita Allí donde Moisés ha escucha el Yo soy de Dios, que se dice a sí mismo salvando a los oprimidos, Jesús ha seguido escuchando la voz más profunda que sigue hablando, la misma voz que continúa y le dice ¡Tú eres mi Hijo! porque yo mismo estoy contigo; tú Eres mi Hijo y yo quiero que digas a todos que ellos son también mis hijos. En el Tú Eres mi Hijo de Jesús se escucha la voz de Dios que dice “todos sois mis hijos, todos sois hermanos”… De esa manera, la libertad que ofrece el Yo-Soy del Dios presencia liberadora viene a entenderse como presencia actuante, identidad en el camino (en un camino que los cristianos han ido precisando con sus diversas herramientas hermenéuticas, siempre deficientes, en Nicea, Calcedonia etc. ))
En el paso y despliegue del ¡Yo soy! de Ex 3, 14 al ¡Tú eres, vosotros sois! de la experiencia bautismal (cf. Mc 1, 9-11 par) y pascual (cf. Rom 1, 3-4; Hebr 1,5) de Jesús culmina la teología israelita, nace el cristianismo. Siendo el auténtico ¡Yo soy!, Dios viene a definirse para los cristianos como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo y de todos los hombres y mujeres que han sido vinculados y recreados por ese mismo Cristo. De esta forma se amplia el Yo de Dios, asumiendo en su interior el Tú de Jesús (y el Tú-Nosotros de los humanos oprimidos) en el Nosotros del misterio trinitario (del Espíritu Santo), es decir, en el despliegue total de la Comunicación de amor. En este contexto, los musulmanes sienten un gran respeto y prefieron decir no hay mas dios que Allah. La experiencia de base sigue siendo la misma: tanto el Yahvé de Moisés como el Padre de Jesús se introducen en la historia humana, asumen el dolor de los pobres, abren un camino de liberación. Pero los cristianos creemos que esa presencia salvadora de Dios en el mundo ha culminado en forma de encarnación: en el fondo de la experiencia básica de Jesús (de su misterio de liberación y de su comunión trinitaria) sigue estando el más profundo y verdadero Yahvé del judaísmo; pero este es un Yahvé que ha venido a desplegarse como Padre, abriéndose en amor, por medio del mismo Jesús (que es su Hijo) a todos los humanos.

6. Conclusión. Moisés, Jesús, Mahoma

Conforme a la visión de Hebreos, que debería situarse en su contexto, Moisés fue un Siervo, alguien que recibe la palabra de Dios desde fuera; Jesús, en cambio, es Hijo y pertenece a la Casa (=Familia) del Padre (cf. Heb 3, 5-6). En esa línea, podríamos concluir diciendo que Mahoma es el representante de la creación, el hombre de fuego que retoma las visiones de Moisés y de Jesús para dejar de nuevo a Dios en su Trascendencia, como Allah sentido y misterio de todo lo que existe.
Pienso que las tres experiencias pueden vincularse… El verdadero Moisés del camino de la liberación nacional no puede oponerse al Jesús de la filiación, ni al Mahoma del sometimiento radical. Por eso, en el principio de Dios, en el mismo Yo-Soy (plano de Antiguo Testamento), está el Tú-Eres que dice el Padre divino suscitando desde el fondo de sí mismo al Hijo Jesucristo. Y en el fondo de ese Tú-Eres de Dios a Jesús puede y debe escucharse el “sólo Allah” de los musulmanes.
Eso significa que los cristianos podemos llamarnos israelitas, pero israelitas que han reformulado el misterio del Dios de Moisés a través de la palabra y experiencia del Dios de Jesucristo. En el lugar donde estaba Moisés viene a situarse Jesús, que más que un legislador/profeta es Palabra que brota del misterio de Dios, pues pertenece a su identidad originaria (está en el seno del Padre: cf. Jn 1, 18). Pero en el mismo lugar donde están Moisés y Jesús hay un espacio para Mahoma/Muhammad (¡Dios sea con él!), que recoge y resume desde la experiencia milenaria de los pueblos la radicalidad de la trascendencia de Dios, diciendo de nuevo: No hay más Dios que Allah, Sólo Dios es Grande. No niego a Jesús cuando digo que “no hay más Dios que Allah”, pero no destruyo tampoco a Allah cuando afirma que ese Dios es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, siendo Ha-Shem, el Nombre que no puede nombrarse y que dice “Yo soy”, es decir, “Yo estoy con vosotros”. (En esta línea se sitúan mis reflexiones, desde un libro antiguo titulado Dios como Espíritu y Persona, Sec. Trinitario, Salamanca 1990, hasta uno más reciente, Teodicea Cristiana, Sal Terrae, Santander 2003).

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Recuerdo una charla del sacerdote y catedrático Orlandis en la que decía: “Nadie podía imaginarse en el siglo VII que fuese a surgir el terremoto que desató la aparición del Islam”. A mí me recordó unas declaraciones de otra persona que afirmó: “Nadie podía imaginar la revolución de los claveles en Portugal. Estaba todo tan bien”.

Pues por eso surgieron ambos: porque estaba todo “demasiado bien” para unas personas, pero se había convertido en insoportable para la mayoría de los pueblos del sur del ex-Imperio Romano, en el caso del Islam, a los que la transformación del Cristianismo original en una nueva versión –si queremos dulcificada- del antiguo mundo greco-romano era insoportable: se había cambiado el “evangelizad a todos los pueblos” por “greco-romanizad a todos los pueblos” y se había impuesto como mandamientos cristianos las costumbres y mentalidad greco-romanas.
Enlace permanente Comentario por Sota de Bastos 24.11.07 @ 23:47
El Islam es una religión sincrética entre el judaísmo y el cristianismo y los pueblos islamizados se creyeron que tenían el mismo derecho a cristianizar la mentalidad semita que los europeos la greco-romana. Yo diría que más aún, porque, al fin y al cabo, el judaísmo es una religión monoteísta y el paganismo greco-romano de cristiano tenía bien poco.

No nos olvidemos de eso: nuestro diálogo con el Islam puede traernos el beneficio de darnos cuenta que fue nuestro alejamiento del Evangelio y nuestra conversión al paganismo greco-romano lo que hizo inevitable su aparición. Cuanto más nos volvamos a acercar al Evangelio, mejor los entenderemos.
Enlace permanente Comentario por Sota de Bastos 24.11.07 @ 23:46
hola sofia con mucho respeto te hago esta pregunta .Has leido la biblia integramente? has leido el Coran? .Si es negativo te ruego que empieces por la biblia y despues que busques una traduccion del Coran reconocida por el centro islamico de tu pais y hagas comparacion en todo y de todo antes de opinar sobre el islam hay que beber de su fuente no buscar articulos de personas que no tienen ni idea sobre el Islam y vas tu dando una opinion basado en lo que has leido de las fuentes ajenas al islam .El profeta muhammad o mahoma de las fuentes ajenas no ha sido un paso atras ,ha sido ,es y sera una luz para la humanidad .España ha sido en la epoca musulmana una luz resplandeciente mientras europa estaba metida en la teniebla y la oscuridad .En España musulmana se desarrollo todo tipo de ciencias como matematicas algebra astrologoa astronomia filosofia etc etc sin olvidar la madre de las ciencias de la epoca que es la medicina .Mientras en europa se perseguia a cientificos por herejes
...
Enlace permanente Comentario por B.Eguibar 06.11.07 @ 01:37
Con mucha prudencia y cuidado entro en el tema, del que se me escapan completas todas las claves teóricas, pero sí que me resultan muy sabrosas las vinculaciones al final del texto Móisés-Jesús-Mahoma. Eso es tender puentes, arañar el muro apretado que nos separa, abundar en lo que nos une, soplar como dicen, en la llama en vez de soplar en la ceniza, en fin: ser pacificadores. ¿cómo llama a éstos Jesús en el monte?. Una síntesis de las tres creencias basada en literales del texto: Creer en Dios (incognoscible) que podemos amar, en el último día,en los profetas,en dar de la hacienda, en hacer oración y la limosna. ¿qué puede incomodar si hay buena predisposición?
Enlace permanente Comentario por Luis_R 13.03.07 @ 00:27
Confieso no haber llegado a terminar una primera lectura del apasionante artículo suyo. Deseo sin embargo, antes de volver al mismo con una lectura más pausada que siendo alumno de los salesianos en Sucre, Bolivia,escuché no sin cierto desprecio por los musulmanes los relatos de la batalla de Lepanto y aquello de "hoc signo vincis". Quedé convencido por mucho tiempo que nuestros enemigos eran "los moros" y que había que dar fin con ellos. Pero, pasaron los dias y comprendí que Dios es amor, no es guerra, no es odio, no es destrucción del enemigo, por tanto estoy convencido que al encontrar coincidencias entre los creyentes de las monoteístas y profundizar el mutuo conocimiento estaremos contribuyendo al Plan de Dios, que es de Paz, de Unión de amor entre todos los hombres
Enlace permanente Comentario por Mauricio Aira 12.03.07 @ 02:54
Toda religión o profeta que busca al Dios-a, según sus percepciones y las transmite para compartirla y no para adueñarse,y hacer de esto una autocracía dónde impere la ley humana bajo el chamanismo del dios impuesto.Ese-a es Profeta y nos habla de Dios-a sin nombre o pueblo que lo limite.
Entiendo que las religiones que por desgracia tenemos ningua cumple esto...
Y de ahí la incomodidad de quién proclamaba libertad para Hablar con Dios Padre que nos amaba con Entrañas de Madre... Se puede hablar más alto pero no más claro, de ahí que pasara lo que pasó...

Carmen (Almendralejo)
Enlace permanente Comentario por Carmen 11.03.07 @ 20:36
Ante tal barahúnda de teorías, credos e ideas sobre Dios, no nos vendría nada de mal el repetir todos, cristianos, judíos y musulmanes, aquellas dulces palabras del místico sufí nacido en Murcia (España):

Dice Ibn Arabí: «Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo, si su religión no era como la mía. Ahora mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas: Es pradera de las gacelas y claustro de los monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, Tablas de la Ley y Pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor».


Enlace permanente Comentario por Torres_pizarro 11.03.07 @ 17:08
Sofía
Veo que no eres muy amiga de Mahoma.
Abominemos el pecado y listo, prmero que nada en nosotros mismos.-
Enlace permanente Comentario por JMS.- 11.03.07 @ 16:37
Los que creemos y seguimos a Jesús no abominamos de las personas de Moisés, Mahoma, israelitas y musulmanes; todos ellos queridos por Dios y, consiguientemente, por nosotros.
Lo que abominamos son las divisiones y las guerras de religión: ser diferentes en ningún caso justifica guerrear entre sí.
Los cristianos, para ser tales, debemos amarnos todos y entre todos (esa es la iglesia verdadera) llevar el amor a todos los que necesitándolo carecen de él.
Los dogmas (de uno y otro lado) son como la tabla de multiplicar: se aprenden para poder calcular y, en el cado cristiano, para poder amar.
Enlace permanente Comentario por JMS.- 11.03.07 @ 12:51

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