Jesús, la historia de una tumba no resuelta

Permalink 28.02.07 @ 11:00:22. Archivado en Jesús, Nuevo Testamento

Jesús habría formado parte de una familia burguesa, enterrada en una tumba noble, también burguesa, del entorno de Jerusalén. Éstas serían las conclusiones del “documental” de J. Cameron, que ayer comenté en mi blog. Al presentar la tumba de Talpiot como tumba familiar de Jesús, con los restos de su madre, de su esposa y de su hijo, se habría resuelto uno de los enigmas más importantes de la historia: Jesús sería un hombre como tantos otros, con tumba rica y familia honorable, cuyos restos esperaban la resurrección final de todos los muertos en el entorno de Jerusalén, lugar del juicio, según las mejores profecías de Joel. Esa visión es posible, pero no responde a los hechos que sabemos de la historia del movimiento cristiano. La comprensión que tengamos de Jesús depende de una tumba, como en las mejores historias de suspense.

De esto hable en el blog de ayer. Sofía aceptaba en principio mis reflexiones, pero replicaba que la hipótesis del enterramiento por José de Arimatea le parecía más probable. Juan Manuel González distinguía sabiamente el aspecto arqueológico, literario y teológico del tema. Joaquín destacaba la importancia del testimonio de las mujeres en la tumba. Finalmente, Angeline hablaba de una especie de complot de aquellos que intentan desacreditar la fe en Jesús con fantasías sobre tumbas. Teniendo en cuenta esas observaciones, he querido seguir reflexionando sobre el tema, primero de un modo general, después analizando los textos de los evangelios.

1. Una reflexión introductoria

1. No quiero entrar en el tema arqueológico, porque no soy especialista y porque existen ya estudios sólidos sobre el tema. Ninguno de ellos, que yo sepa, defiende la interpretación de Cameron. No se puede afirmar, en modo alguno, que los restos y osarios de la tumba de Talpiot pertenezcan a la familia de Jesús. Sea como fuere, en ese plano, quiero dejar el tema abierto. Que lo resuelvan, en la medida en que pueden, los mismos arqueólogos.
2. No tengo problemas dogmáticos en el plano de la resurrección. Creo que Jesús es Hijo de Dios y que ha resucitado de los muertos. Más aún, como ayer decía, pienso que los restos de Jesús fueron colocados en una fosa común y que su resurrección no implica desaparición del cadáver. Por eso, si por un imposible, encontráramos un día restos de su cuerpo (algunos huecos), ello no iría en modo alguno en contra de la fe cristiana. Como ayer decía, el cristianismo no es culto de tumbas ni de reliquias materiales de muertos.
3. No tengo problemas dogmáticos en el plano de la familia de Jesús. Tengo el convencimiento de que fue soltero, aunque pudo querer de un modo especial a Magdalena y al Discípulo amado. Conocemos demasiado bien las relaciones familiares de aquel tiempo, conocemos bien la familia de Jesús en la comunidad primitiva (la veneración de su madre como “gebîra”, la función de sus hermanos en la iglesia…). Me parece imposible que la Iglesia no hubiera hablado de una esposa de Jesús y de un hijo suyo. Para los primeros cristianos, eso no era un problema como es para nosotros. Jesús podía haber tenido esposa e hijos, siendo hijo de Dios; yo seguiría siendo cristiano. Pero estoy convencido de que no los tuvo y todo intento de hacer que los tuviera me parece carente de sentido (no en plano de fe, sino en plano de historia).
4. Jesús murió y fue enterrado… Fue enterrado por mandato legal (para que su cuerpo no quedara al aire, contaminando la fiesta de la pascua). Estoy convencido de que lo enterraron por orden de los sacerdotes de Jerusalén, con el consentimiento de Roma. Es muy posible que su “enterrador” se llamara José de Arimatea, al que después los cristianos han querido convertir no sólo en un “consejero honorable” del Sanedrín, que “esperaba el Reino de Dios” (Marcos), sino en un cristiano (Mateo). Ni familiares ni discípulos directos participaron en el sepelio de Jesús.
5. Las mujeres amigas de Jesús buscaron su tumba, intentaron recuperar su cuerpo… pero no lo consiguieron, porque no tenían acceso a la tumba… Fueron ellas, sin embargo, las primeras que experimentaron una presencia de tipo de superior, descubriendo que Jesús estaba vivo. La historia de estas mujeres caminando hacia la tumba, sin conseguir el cuerpo físico de su Maestro y Amigo, pertenece a la entraña de la fe cristiana… y forma parte de la historia del origen del cristianismo.
6. El tema de la tumba “vacía” (de un Jesús sin tumba conocida) debió ser importante en el comienzo de la Iglesia. De todas formas, los primeros cristianos conocidos no le dan importancia. Como dice en Gal 1-2, a los cinco o seis años de la muerte de Jesús, San Pablo estuvo en Jerusalén para visitar a Pedro y a Santiago (¡el hermano del Señor!), pero no dice nada de la tumba. Fue a visitar a los primeros cristianos, para dar testimonio de la resurrección (como repite en 1 Cor 15, 4-9). Pero le interesó la posible tumba vacía o llena de Jesús. En el mensaje primitivo de la Iglesia no aparece el tema concreto de la tumba, sino sólo la afirmación de que “fue enterrado”.
7. A partir de aquí deben entenderse los datos que ofrecen los evangelios, que han escenificado de un modo impresionante el tema de la tumba, no para avalarlo y confirmarlo, sino para decir que la fe en Jesús no está vinculada con esa tumba, sino con la experiencia de su resurrección y de su mensaje en Galilea. Y con esto venimos ya al tema de Marcos 16, 1-8


2. Redacción de Marcos (Mc 15, 42-16, 8).

Este evangelio ha sido fijada hacia el 70 d. C., es decir, pasados casi 40 años después del entierro de Jesús, y su testimonio ha modelado poderosamente la experiencia y teología posterior de la iglesia. Marcos sabe que a Jesús no le han enterrado sus discípulos, ni sus familiares, cosa que probablemente le hubiera gustado contar (como en Mc 6, 29, cuando habla del entierro honorable del Bautista; cf. Hechos en 8, 32: sepultura de Esteban). En su relato confluyen y culminan diversas tradiciones, propias de la comunidad de Jerusalén y de las mujeres, pero Mc las ha recreado desde su propia teología, poniéndolas puesto al servicio de su propia visión de Jesús y de la pascua, de manera que resulta imposible separar la historia y las interpretaciones. Así sabemos ya, por Mc 14, 3-9, que el cuerpo de Jesús había sido ungido para un tipo de entierro distinto del realizado por José de Arimatea (15,42-47) y del que han intentado realizar después las mujeres, ungiendo el cuerpo ya enterrado (16, 1). Desde ese fondo, y situando el tema en el conjunto de Mc, podemos destacar dos elementos más significativos:

. a. José de Arimatea y el entierro de Jesús (15, 42-47). Marcos sabe que Jesús no fue enterrado por sus parientes o discípulos, sino por las autoridades judías. Pues bien, en este contexto introduce a un “consejero honorable”, es decir, rico y respetado, que se llamaba José de Arimatea. ¿De dónde ha sacado ese nombre? Es posible que pertenezca a la tradición y que realmente fuera él quien se encargó, como delegado del Sanedrín, de la sepultura de Jesús. Mc 15, 43 afirma que "esperaba el Reino de Dios", quizá para insinuar que era un hombre bueno y que cumplió la voluntad de Dios al enterrar al crucificado. En sí misma, esa frase (¡esperaba el Reino!) no exige que fuera discípulo de Jesús. Más aún, el hecho de que formara parte del “consejo judío” (del Sanedrín) supone que fue uno de los que condenó a Jesús a Muerte. Todo eso supone que tuvo que realizar el entierro por orden superior, como delegado del mismo Sanedrín.
Por otra parte, su acción suscita una pregunta básica. ¿Por qué se dice que se ocupa sólo de Jesús y no a los otros crucificados, que también ensuciaban la tierra? Desde un punto de vista personal (¡y teológico!) no podría entender que se enterrara sólo a Jesús, de un modo noble, mientras que los otros dos crucificados habían sido arrojados en una fosa común. Se como fuere, el tema ha sido “recreado” simbólicamente desde una perspectiva cristiana, para evocar así mejor el sentido de la resurrección. El texto dice que José entierra a Jesús en un sepulcro noble, excavado en la roca, símbolo de profundidad cósmica, poniendo a la entrada una piedra corredera, que parece signo de las puertas del “infierno”? (Mc 15, 46); de esa manera, está anunciando ya la experiencia pascual de la que seguirá hablando el texto. Hemos pasado así de la historia (una fosa común para los tres ajusticiados) a la simbología teológica (un sepulcro de Jesús que es signo del Hades o la Muerte que será vencida por Jesús.
Sea como fuere, el texto supone que José era importante y que tenía influjo para hablar con Pilatos y disponer de un sepulcro de ese tipo. José de Arimatea pudo haber sido el judío encargado de enterrar a los crucificados, con permiso de Pilato. Los datos restantes (sábana nueva, sepulcro noble en la roca, piedra corredera sobre la tumba) puede ser un embellecimiento simbólico de la tradición previa a Marcos o un elemento propio de la teología de Marcos, como indicaremos.

b. La experiencia de las mujeres. Podemos suponer que han tenido una participación mayor en la historia pascual, de la que Mc sólo conserva un torso. Ellas resultan esenciales en el final de la historia de Marcos, como testigos creyentes de la muerte y sepultura (15, 40-41. 47) e iniciadoras de la experiencia pascual (16, 1-8). Parece históricamente probable que buscaran el cuerpo de Jesús y no lograran encontrarlo, por las razones arriba expuestas, pues los romanos o judíos le enterraron en una sepultura común, quizá custodiada, de forma que resultaba irrealizable desenterrar y ungir el cadáver. Es posible, pero menos probable, que hubiera una tumba especial de Jesús, que ellas conocieran (15, 47) y que la buscaran y hallaran abierta y vacía y sin cadáver (conforme a la letra actual del texto). Sea como fuere, Marcos rechaza y supera la intención de las mujeres: buscaban un cadáver, pero han encontrado algo mayor, la Palabra de pascua. Querían un muerto para embalsamarlo y encuentran (escuchan) la voz que les manda proclamar la Vida: no está aquí, ha resucitado y os precede a Galilea (16, 6-7). Quieren llorar sobre la tumba, como plañideras de la muerte, pero el ángel de pascua (=joven de blanco) les cambia, diciendo que Jesús nazareno, el crucificado, ha resucitado, invirtiendo así el signo del jardín de muerte (de Gén 2-3) y suscitando la nueva humanidad sobre la tumba de Jesús. El final del relato (no dijeron nada a nadie, pues tenían mucho miedo: Mc 16, 8) acentúa aún más la visión histórico-teológica de Marcos, como indica el próximo apartado.

La tradición que está al fondo de Mc 15, 42-16, 8 parece suponer que algunos cristianos de Jerusalén añoraban la tumba de Jesús: querían fijar su memoria en una sepultura concreta, visible, excavada en la roca. Es posible que estuvieran deseando instaurar un tipo de culto funerario. Pues bien, en contra de eso, el texto actual de Marcos confiesa con toda su fuerza que el sepulcro de Jesús está vacío, en su más hondo sentido: no tiene valor sacral. Por eso, los discípulos de Jesús deben superar la tentación de mantenerse vinculados a una tumba de Jesús, esperando su venida mesiánica (como Cristo celestial o Hijo de humano). Marcos ha recogido y recreado así la posible tradición de una tumba, pero no para sacralizar en ella la memoria de Jesús, sino para superarla, rechazando la visión de una iglesia centrada en los signos de Jerusalén (ley nacional, templo, tumba), para conducirnos a la iglesia verdadero del mensaje y vida de Jesús, desde Galilea.
Lógicamente, las mujeres y todos los creyentes mesiánicos deben abandonar el sepulcro, que en el sentido más profundo está vacío, para volver al lugar del mensaje de Jesús que es Galilea, donde encontrarán al resucitado, presente en lo que podría llamarse su “cuerpo eclesial” (cf. 1 Cor 12). A Marcos no le importa la desaparición física del cadáver, ni concede importancia a la tumba, sino todo lo contrario: los discípulos deben abandonar la búsqueda del posible cadáver y tumba de Jesús, para encontrarle allí donde se anuncia y expande su evangelio. Por ironía de la historia, casi toda la tradición eclesial sobre la tumba vacía y la “desaparición” física del cadáver de Jesús se funda en un texto que dice lo contrario de lo que esa tradición ha ido buscando.

3. Tradición posterior de los evangelios.

Se apoya básicamente en Marcos y no aporta datos nuevos, de manera que sus aportaciones no pueden entenderse en perspectiva física o biológica, ni siquiera de historia, sino de experiencia creyente. Sólo Juan evangelista puede aportar, y quizá aporta, algunos recuerdos históricos originales (como el ya indicado sobre la iniciativa de los judíos en el entierro de los condenados: cf. Jn 19, 31-32).

1. Lucas supone que José de Arimatea era un hombre bueno y justo y, precisando un dato que permanecía en Marcos más oscuro, afirma que no había colaborado con el Sanedrín en la condena de Jesús (Lc 23, 50), añadiendo y añade que el sepulcro donde enterró a Jesús no había sido utilizado previamente (Lc 23, 53. Por su parte, Mt 27, 60 dirá que era nuevo; cf. Jn 19, 41). De esa manera quiere superar la objeción más normal de los lectores de Marcos: ¿cómo se explica el hecho de que José condenara primero a Jesús con el resto del Sanedrín, para enterrarse después como amigo? Es evidente que en el fondo de la tradición se había elevado ya esta pregunta, que es obvia desde un punto de vista histórico. Lucas responde diciendo que José no había condenado a Jesús y que, por tanto, le enterró como amigo y no como representante del Sanedrín.
Por otra parte, el hecho de que José “enterró a Jesús en un sepulcro nuevo” va en contra de fosa común de los ajusticiados y quiere poner de relieve el carácter “visible” de la resurrección de Jesús. Este dato sirve para destacar el carácter honorable y legal del entierro de Jesús, pues su sepulcro no había sido contaminado por cadáveres previos y, sobre todo, para destacar el hecho de que se hallara totalmente vacío tras la resurrección de Jesús, sin huesos de cuerpos anteriores. Estos hechos son importantes desde una teología de la iglesia posterior, que quiere expresar simbólicamente la resurrección de Jesús. Ellos evocan el triunfo final de la vida sobre la muerte, pero desde una perspectiva histórico-teológica, aplicados a un Jesús que había sido condenado como maldito y, por tanto, impuro (cf. Gal 3, 10), al lado de otros condenados (no separándose de ellos), resultan, por lo menos, sospechosos, no van en la línea del Jesús que compartía la vida con los impuros de su pueblo. Tomada en sí misma, la teología de fondo del “sepulcro puro” no es mesiánica (es decir, no es cristiana).

b. Mateo añade que José de Arimatea había sido un discípulo de Jesús (Mt 27, 57). Con esto resuelve un problema: el entierro de Jesús no tiene nada que ver con una fosa común. Pero añade un problema mayor: ¿por qué no colaboran las mujeres? Si José es cristiano ¿por qué no busca a otros cristianos para que le ayuden? Por otra parte, si las mujeres le conocen y son sus amigas (¡todos amigos de Jesús!) ¿por qué no le buscan el día de pascua y van todos juntos al sepulcro para culminar el enterramiento?
Por otra parte, la mayor novedad de Mateo está en el hecho de añadir que los sumos sacerdotes y fariseos, pidieron a Pilato que pusiera una guardia militar junto al sepulcro de Jesús, para evitar que sus discípulos robaran el cadáver (cf. Mt 27, 52-66; 28, 11-15). En el fondo de ese dato puede hallarse el recuerdo histórico de unos soldados que custodiaban las fosas comunes donde solían arrojar a criminales y ajusticiados, para evitar algún tipo de robo o rebelión. Esos soldados aparecen aquí como signo de un sistema de violencia militar que, al fin, no tiene más función que la de vigilar sobre los muertos. Por su parte, la referencia al dinero que las autoridades judías pagan a los soldados romanos, para que controlen la tumba de Jesús, refleja una polémica posterior: algunos judíos acusan a los cristianos de haber robado el cadáver de Jesús y otros cristianos les contestan diciendo que ellos, los judíos, han querido sobornar con dinero a los romanos.

c. Juan ofrece muchas novedades. Jn 19, 38-41 ha detallado el entierro, añadiendo un nuevo personaje, llamado Nicodemo, que había sido discípulo oculto de Jesús (cf Jn 3, 1-21). Por su parte, Jn 20, 15 sitúa el sepulcro en un huerto, signo de gran distinción, pues sólo los muy ricos podían poseerlo en Jerusalén, para recibir allí una sepultura honorable, separados de la masa de los pobres y los ajusticiados. En ese fondo se sitúa la escena de María Magdalena que busca el cadáver de Jesús en ese jardín que recuerda el paraíso original. Pero también en este caso, lo mismo que en Mc 16, 1-8, ella tiene que dejar el huerto-paraíso, que es lugar de muerte, para ofrecer el testimonio de la experiencia pascual al resto de los discípulos (cf. Jn 20, 11-18). También es importante y simbólica la escena Pedro y el Discípulo amado (Jn 20,1-10). Ambos corrieron hacia el sepulcro, llegó antes el Discípulo amado, pero entró primero Simón Pedro "y comprobó que las vendas de lino estaban allí y también el paño que habían colocado sobre la cabeza de Jesús, pero no con las vendas, sino doblado y colocado aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó" (Jn 20, 3-8).
El cuerpo ha desaparecido, pero queda en el sepulcro vacío una sábana extendida (unas vendas) y un sudario enrollado, que parece conservar el hueco donde había estado la cabeza. Sábana y sudario son reflejo de la corporalidad del resucitado (no era un fantasma), símbolo de una fe que ha de encarnarse en el seguimiento de Jesús. Partiendo de relatos medievales, una tradición piadosa, pero a mi juicio poco evangélica, ha identificado aquel paño con la “Sábana Santa” de Turín: al desmaterializarse con gran calor, Jesús habría dejado en el lienzo una figura de su cuerpo. Por todo lo que venimos diciendo, es evidente que el texto de Juan no pueden entenderse de esa forma, en sentido histórico, sino como catequesis teológica, para indicar que no podemos asirnos al cadáver físico de Jesús; a ese nivel sólo nos queda el vestigio de su ropa, que tiene un sentido simbólico (lo mismo que la túnica de Jn 19, 23-24) y evoca, sobre todo, la ausencia de Jesús. El deseo de cerrarse en el sentido material de la sábana, para fijar y demostrar a través de ella la resurrección de Jesús va en contra del mensaje del Nuevo Testamento y en especial de Juan (cf. 4, 22-23).

4. Conclusiones. Sentido histórico y teológico.

Estos son los textos básicos sobre la tumba vacía, que la Iglesia ha transmitido no como prueba histórica de la resurrección, como signo de una fe pascual, que ella confiesa ya por su experiencia de las apariciones. Lógicamente, esos textos poseen más valor simbólico que histórico. Por eso, en un plano de biología debemos tener mucha sobriedad, pues resulta difícil alcanzar conclusiones fiables. Con los medios de la exégesis, parece imposible afirmar que Jesús tuvo un entierro honorable y que su tumba (propia de un rico y famoso judío) se encontró vacía. Resulta más probable que fuera enterrado como un ajusticiado político peligroso y que ninguno de los suyos pudiera llegar hasta su tumba (que era maldita, quizá protegida por una prohibición), distinguiendo su cadáver y separándolo de los demás crucificados o ajusticiados, que se iban consumiendo sin honor.
Interpretando la experiencia pascual de un modo distinto al que le ha dado la gran tradición de la iglesia, los evangelistas, a partir de Marcos, han querido atribuir a Jesús una tumba honorable y rica, siguiendo quizá una tendencia de la iglesia de Jerusalén que esperaba su vuelta inmediata precisamente allí, en el lugar de su sepultura. Pero, de forma sorprende, ellos no han evocado esa tumba para fundarse en ella, sino para negar su valor, diciendo que Jesús resucitado no se encuentra allí (ni vendrá desde la tumba a culminar su obra), sino que está presente en su mensaje. Pues bien, nosotros, que hemos superado esa polémica sobre Jerusalén o la misión de los gentiles, nos sentimos más a gusto con un Jesús que ha sido enterrado en una fosa común, con otros muchos crucificados y expulsados de la sociedad. Nos parece que así culmina mejor su mensaje: se puso de parte de los pobres y expulsados; con ellos, con los crucificados de la historia, en una “fosa impura”, entre cuerpos de crucificados, ha terminado su historia externa.
Esta visión de la tumba concuerda con la opción de Jesús a favor de excluidos e impuros. Por ellos ha muerto, con ellos ha sido enterrado. En este sentido puede recuperarse el signo de la apertura pascual de esa tumba, que aparece como principio de esperanza para todos los excluidos y expulsados de la humanidad. Así puede leerse el relato simbólico de Mt 28, 1-4 (y el despliegue más extenso del Evangelio apócrifo de Pedro), que evocan la acción escatológica de Dios, que ha empezado a romper las tumbas de la vieja historia de muerte, para ofrecer de esa manera una esperanza a los crucificados y muertos de la historia (cf. Mt 27, 51-53). No sabemos qué pasó físicamente con su cadáver. Pero la tradición que él “bajó a los infiernos”, entró hasta el fin en el reino de la podredumbre y muerte, para iniciar desde allí un camino de pascua, que la iglesia celebra, mientras espera la resurrección final de los cuerpos, con el de Jesús, germen de vida en medio de la muerte (cf. 1 Per 3,18-22).
Histórica y teológicamente, pensamos que no debe hablarse de una “desaparición físico-biológica” del cuerpo. Parece más coherente y probable que el cadáver de Jesús sufriera un proceso de descomposición, igual que los cadáveres de otros ajusticiados. Desde ese fondo puede y debe proclamarse el mensaje pascual de la resurrección “al tercer día” (al final del tiempo viejo), cuando todos los cuerpos resuciten, de manera que culmine al fin la historia de la creación, como afirma 1 Cor 15 y como indicaremos en el próximo apartado. Ciertamente, podemos y debemos añadir que Marcos 15, 42-16, 8 puede evocar un hecho histórico (las mujeres hallaron vacía la tumba de Jesús y nadie pudo humanamente explicar lo que pasó con su cadáver, que había desaparecido). Pues bien, aunque tuviéramos la certeza de que a Jesús le enterraron en una tumba honorable, que apareció después vacía (sin que podamos encontrar la causa de ello), debemos añadir que ese dato físico (negativo, intramundano) de una tumba vacía no sería prueba de la resurrección de Jesús, que sólo tiene sentido en un plano creyente, de fe y esperanza escatológica, es decir, de Conocimiento de la Vida, entendida como don que se recibe y entrega, de forma que el hombre se vuelve persona por gracia y alcanza su propia identidad en ella, a través de una mutación que desborda los límites del tiempo y la corporalidad antigua. El nuevo tiempo y espacio personal constituyen la aportación y novedad principal de la pascua cristiana .

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Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Admirado Xabier: tu interpretación de la resurrección corporal de Jesús "al tercer día" como final del tiempo viejo, con la misma suerte de los que duermen,¿no implicaría la aceptación de una escatología intermedia, como afirma el magisterio? Pues antes de ese momento, mientras el cuerpo de Cristo permanece yerto, sufriendo ya los procesos de descomposición, los discípulos "sienten la invasión de convencimiento, la inundación de certeza de que Jesús está vivo, y lo experimentan y ven y tocan". Y eso, análogamente, ocurrirá con nosotros. Las implicaciones escatológicas, por tanto, se dirigen a afirmar el estado intermedio, que ha sufrido cierto debate teologico frente a otras interpretaciones como la resurrección en la misma muerte.
Enlace permanente Comentario por ignacio soler 09.03.07 @ 18:33
continua
Cuado penetramos y miramos, ¡Vemos...! que está vacio solo entendemos como hasta el sufrimiento puede quedar impune ante la misma muerte que hacen desaparecer hasta el cuerpo, ¡Nuestros cuerpos!
que tan poco vale ante cualquier comunidad, pueblo o país... solo cuando volvemos a interiorizarnos entramos denuevo y damos la vuelta para encontrarnos con el Jardín... con el hombre mudo que intenta labrar el Paraíso, pero que a la vez no sirve de mucho... es nuestro Nombre el que nos despertará y ará ver que el Sepulcro lo hemos dejado Vacio de una Vez... El SMS de Jesús está presente desde Nuestro encuentro con la Palabra, Qué él Nos restauró a los ojos propios y que la Resurrción es no dejar que nos asesinen sin voz y modelo propio a seguir...
Un abrazo del día del Dios-a
Carmen
Enlace permanente Comentario por Carmen (Almendralejo) 04.03.07 @ 11:46
Quizás dejar la tumba vacia sea muchas veces no asumir cuanto "la gente, nuestros conocido,
"amigos-a y familiares" queiran ver dentro de nosotros mismo... Lo prueban los textos de los distintos Evangelios "Mujeres que traspasan toda ley o costumbre de su tiempo" que no fueron educadas para labores y funciones que no fueran la de llevar a cabo tareas domésticas o humanitarías ¡pero sin placas en las puertas o edificios!
Hoy como entoces seguimos buscando en sepulcros vacios, parte de Nosotras mismas... el SMS que nos dejó impreso Dios-a en nuestra Consciencia, la Ruaj que sigue impulsandonos a la Transcendencia y del Saber.
No importa tanto encontrarnos con la Parusía de asesiando, sino con el cuerpo doliente que amamos y que seguimos queriendo dar consuelo más allá de la Muerte de algunos jueces de la Ley-Moral.Religión...
sigue
Enlace permanente Comentario por Carmen (Almendralejo) 04.03.07 @ 11:45
Resucitar es vivir.
Sin sangre en las venas y sin venas para la sangre; con fe, esperanza y caridad. Esta es nuestra Trinidad: la paternidad de la fe, la filiación dinámica de la esperanza y la espiritualidad de la caridad!
Todo lo demás puede ir al infierno o al sepulcro de los muertos.-
Enlace permanente Comentario por JMS.- 02.03.07 @ 13:03
Si Cristo no ha resucitado porque cuesta creerlo, resulta aún mucho más difícil creer en Él si no ha resucitado. Apaga y vámonos. Hay una fe por convicción, uno ya no necesita pruebas,por ejemplo en la resurrección, y otra por obligación porque lo dice la Iglesia, cuando nos cuesta creer algo, pero asentimos. Esta es aún más meritoria. Por eso se dice: "Señor ya creo, pero auméntame la fe".
Enlace permanente Comentario por Jaume 01.03.07 @ 19:58
Gracias, Hirundo, quizá quería decir eso... A lo que vuelvo otra vez es a que no podemos estar cerrados en el dualismo platónico (o materia o idea), ni en el intelectualismo cartesiano (o mente o materia). Jesús se sitúa en otro plano de realidad, que no es Dios sin más, pero que tampoco es esta física atómico-molecular... y que, sin embargo, es real, la misma realidad... Siguiendo el esquema de Emilita diría que, en el fondo, si somos cristianos, sabemos más del "cuerpo resucitado de Jesús" (que el nt vincula a la iglesdia y a la eucaristía) que del mismo cuerpo físico de la ciencia. Sigo con Emilia "si Jesús no ha resucitado vana es nuestra fe"..., pero Pablo no habla nada de una tumba físicamente vacía. Lo que a mí me chocaría es saber que Jesús no ha querido correr en el viejo mundo la suerte de sus dos compañeros crucificados... y de los millones de crucificados o asesinados de la tierra.
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 01.03.07 @ 16:22
La interpretación es inquietante pero a mi me resulta filosóficamente repugnante. Creo que Jesús resucitó, como dicen los evangelios. Esta claro que aceptar un Jesús atado por la ley natural significa rechazar muchos de sus "milagros" como hechos objetivos, pero aun así estoy de acuerdo con San Pablo... si no ha resucitado nuestra fe no tiene sentido y en la anagnorisis (reconocimiento) de Cristo intervienen elementos del cuerpo "antiguo", precisamente para reconocerlo, esto es las llagas de la crucifixión. Aceptar una resurrección metafórica (o sea , no físico-atómica) para mi en estos momentos no es posible. Creo que sólo hubo un milagro, quizás dos ( resurrección y concepción virginal) pero sin el primero toda la fe se desvanece
Enlace permanente Comentario por Emilio Navarro 01.03.07 @ 15:02
Entiendo que cuando superamos la credulidad y nos planteamos el credo en libertad, ni siquiera entonces podemos prescindir (para bien o para mal) de la fuerza que ejerce el nicho social de la fe de los otros. La fe no nace de la nada, nace de la predicación-confesión de otros a los que aceptamos, en este caso a los que “vieron y creyeron”, sin que esto desmerezca nuestro acto voluntario y decisorio de aceptación de un determinado predicado que suena: “Cristo ha resucitado de entre los muertos el primero de todos, por tanto no busquéis entre los muertos al que vive”. Fuera de este testimonio, entramos en el terreno de lo opinable, sin que nadie pueda asegurar a ciencia cierta si estamos ante un hecho histórico (tumba vacía) o ante un argumento que como afirma Xabier, apunta en la dirección de que Jesús no vendrá del sepulcro a terminar su obra.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 13:13
Es curioso contemplar los diferentes planteamientos sobre un dato objeto de fe. Y cuando digo esto no me refiero naturalmente ni a comprensión, ni a justificación, ni a demostración. ¿De qué hablamos cuando hablamos de resurrección? Creo sencillamente que de algo que no sabemos, ni podemos demostrar. Desde luego no de tumbas y cementerios, pero tampoco de las cualidades del cuerpo resucitado de las que habla la teología. Evidentemente esta afirmación mía no es óbice para que tanto antropólogos y teólogos por un lado como creyentes y agnósticos por otro, tratemos de investigar un tema en el que nos va tanto.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 13:12
yo creo firmemente y pido a Dios que me mantenga en esta fe: que Jesús fue resucitado por el Padre y vive para siempre; donde está Él estaremos todos los que creemos en Él, esperamos y le amamos.
Enlace permanente Comentario por Vicent 01.03.07 @ 12:24
Habiendo celebrado muchas veces la Pascua rusa, entiendo lo que quiere decir el místico ruso citado.
Al principio de la celebración se canta el "kanon" poético de Juan Damasceno, que más o menos dice:
purifiquemos nuestros sentidos y veremos a Cristo salir luminoso de la tumba y le oiremos decir gozoso "alegraos". No sé cual era la experiencia de los antiguos cultos mistéricos paganos, pero he siempre pensado que era algo así: la gente se abraza y besa en la iglesia sin distinción de sexo ni edad, y tras haber gritado centenares de veces: "Cristo ha resucitado" sales de la iglesia borracho.
Enlace permanente Comentario por Hirundo Romana [Blogger] 01.03.07 @ 11:27
Para quienes sigáis interesados en el tema, os recomiendo el blog del Prof. A. Piñero, de la Univ. Complutense, máximo especialista en temas de historia y crítica literaria, buen conocedor de la arqueología y, sobre todo, de la cultura del entorno de Jesús. No os defraudará
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 01.03.07 @ 09:09
Gracias, Emérito, por poner de relieve lo que yo dejaba implícito; seguiré pensando sobre lo que me dices... ¿Sabes? En último término está la fe d ela Iglesia en la que vivo y la Eucaristía que comparto: Ahí es donde finalmente "toco" algo de la resurrecciòn (como quería Tomás). Testos, eres agudo, como un rayo; también gracias... Y a tí, Juan Manuel: me alegra que lo quedigo te ayude a pensar de una forma tan coherente... En fin, Emilio: entre lo intelectual y lo físico hay un "medio", que es lo real... Yo diría que resucita el "cuerpo físico", pero no en forma "físico-atómica", sino en forma "eclesdial"... El tercer día es precisamente eso: el día del despliegue pascual de la vida... Pero necesitamos una nueva fenomenología, algo que supere los esquemas de Platòn y de Espinoza. Seguiremos pensando en este, si me ayudas. Gracias.
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 01.03.07 @ 09:06
Jaume, si no entiendo mal tu post, es de una perspectiva bastante pobre.
¿Ahora resulta más fácil creer?
¿Y se lo debemos a la Sabana Santa?

¿A esa misma Sabana que la propia iglesia no reconoce como sudario de Cristo, aunque permite el culto a la misma?

Creo que la visión que ofrece Pikaza sobre la resurrección de Jesús, en la que ni excluye ni incluye una resurreción de su cuerpo físico, es desde luego mucho más rica, posiblemente más real, e infinitamente más bella.

Y te lo dice un agnóstico.
Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 04:30
Las apariciones. "Se me ha aparecido", "Hemos comido con El". Y los evangelistas van desgranando apariciones "individuales" y "comunitarias". (Cada una donde les parece mejor)
Todo esto, lógicamente, se produce en el plano de la FE, para intentar demostrar un "verdad inventada".
Y de aquí se derivan las dos posturas. La creyente. "El crucificado ha sido resucitado por Dios y exaltado a la derecha del Padre". Bueno, pues vale.
La incrédula. Fundar la fe en un hecho improbable e improbado nos lleva a la credulidad más irracional.
Perdón por mis conclusiones.
Enlace permanente Comentario por emérito agusto 01.03.07 @ 00:37
No sé si mi aportación servirá de algo, puesto que proviene de alguien "desde fuera".
En términos generales, a la hora de interpretar el dogma fundamental del cristianismo, me inclino más por el pensamiento y la exégesis de Xabier que por que me hagan creer en la "resurrección" de un cadáver. Y añadiría una interpretación que me extraña no la haya insinuado Xabier:
Hecho: la resurrección.
Prueba: los testigos
Fundamentos de la prueba: la experiencia personal y comunitaria.

Si no recuerdo mal (Xabier échame una mano), los judíos necesitaban como mínimo DOS testigos para probar la veracidad. Los discípulos (y las mujeres) aportan esos dos testimonios:
Uno. El sepulcro vacío. No está el cadáver. Pero, claro, eso no prueba nada. Un sepulcro, con cadáver o sin él, será signo de muerte, nunca de resurrección. Por eso echan mano del segundo testimnonio:
Las apariciones. "Se me ha aparecido", "Hemos comido con El". Y los evangelistas van desg...
Enlace permanente Comentario por emérito agusto 01.03.07 @ 00:35
¿Se defiende aquí entonces una resurrección intelectual de la figura de Jesús? ¿ El cuerpo no resucita pero si su mensaje? ¿ Sería esta, entonces, una forma de resurrección? ¿ Y el tercer día? ¿ Qué simbolismo tendría desde esta visión?
Enlace permanente Comentario por Emilio Navarro 01.03.07 @ 00:18
Sofía, no sé si Joaquin te ha respondido. Yo concuerdo con lo que dice. Por eso, cuando Jaume dice que "no creo en la resurreción", será que no creo en lo que él piensa de la resurrección... Respondiéndole a él respodne al Serafín de Sarov, tan santo, tnn amigo. Tienes roda la razón: la experiencia pascual es una nueva "fenomenología" de Jesús, una forma nueva de situarse ante la vida y la muerte. Ver a Jesús resucitado es "descubrir" supresencia creadora y personal sobre la muerte. La resurrección no es una cosa más en la que se cree, sino que es la "fe total" del cristianismo, la experiencia de la vida mortal que trasciende a la muerte, del amor personal que perdura y crece en la historia... Es la experencia del Dios de la Vida, que se expresa en Jesús, para los cristianos. Gracias Serafín, gracias Jaume por vuestas aportaciones
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 28.02.07 @ 23:21
Xabier y amigos todos:
1. Creo que la postura teológica del articulo es impecable: jamás sel sepulcro vacío fue "prueba" de nada: me remito a la obra -ya clásica- de W. Kasper (Jesús, el Cristo) y al Catecismo de la Iglesia Católica, dónde insiste que el sepulcro vacío está en la categoría de "signo" (con toda la ambigüedad" del signo: algunos creyeron otros no). Marcos es sumamente irónico: el cristianismo no nació "para embalsamar un muerto"...
2. Creo que el problema, para una mayor claridad del artículo, está en la "interpretación" de los textos evangélicos (la cual comparto plenamente). No estamos acostumbrados a leer los evangelios, dentro de un proceso hermenéutico: Mt, Lc y Jn hacen una relectura de Marcos y de otras tradiciones (1Cor.15).
Llama la atención (y es admirable) la libertad creadora de los redactores de los evangelios para recrear la tradición. Leer es interpretar. Toda lectura es una relectura. Los pruimeros cristianos interpretaron; Mc, Mt, Lc ...
Enlace permanente Comentario por Juan Manuel González 28.02.07 @ 23:17
Sofía, reo que la resurrección empieza en esta vida, pero no se cierra en ella, sino que la trasciendo y fundamenta, como supone indica Juan.
Hirundo, lo que ofrezco es una lectura crítica y, a mi juicio, coherente de los relatos de la tumba vacía. Supongo que a Jesús le enterraron por "orden superior" (para no contaminar la fiesta...). Sigo pensando que "no encontraron" el cadáver... después de buscarlo. Los relatos de la tumba vacía se han escrito para impedir que se busque a Jesús en una tumba... El relato de la sábado-sudario de Jn tiene sentido teológico, no biológico o físico-químico... Sea como fuere, mis argumentos no convencen a todos, de manera que las cosas pueden entenderse también de otras maneras. Pero la resurrección de Jesús no es un dato desmostrable, sino una experiencia de fe.
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 28.02.07 @ 23:14
Pikaza no cree en la resurrección de Jesús como la ha creído la Iglesia durante dos milenios. Ya se ve que unos u otros estamos equivocados, pero hoy nos resulta mucho más fa´cil creer en la resurrección de Jesús. Primero, lo de la tumba vacía es puro rollo, noconvence a la Magdalena ni a nadie, porque pueden haber robado el cuerpro de Jesús.Lo que importa és que los lienzos y el sudario estaban allanados, y entonces al verlo Pedro y Juan se maravillaron y creyeron al acto. El cuerpo de Jesús envuelto en la sábana se esfumó, se irradió al exerior dejandolo todo intacto e imprimiendo la imagen misteriosa de la Santa Sábana de Turín. Seguro que los que no creen en la resurrección, si leyeran los libros sobre la Síndone, como el del P. Jorge Löring, creerían, pero, a pesar de ser lectores empedernidos, no habrá manera que los lean, no fuera caso que tuvieran que cambiar de opinión y se ...
Enlace permanente Comentario por jaume 28.02.07 @ 23:03
Pikaza no cree en la resurrección de Jesús como la ha creído la Iglesia durante dos milenios. Ya se ve que unos u otros estamos equivocados, pero hoy nos resulta mucho más fa´cil creer en la resurrección de Jesús. Primero, lo de la tumba vacía es puro rollo, noconvence a la Magdalena ni a nadie, porque pueden haber robado el cuerpro de Jesús.Lo que importa és que los lienzos y el sudario estaban allanados, y entonces al verlo Pedro y Juan se maravillaron y creyeron al acto. El cuerpo de Jesús envuelto en la sábana se esfumó, se irradió al exerior dejandolo todo intacto e imprimiendo la imagen misteriosa de la Santa Sábana de Turín. Seguro que los que no creen en la resurrección, si leyeran los libros sobre la Síndone, como el del P. Jorge Löring, creerían, pero, a pesar de ser lectores empedernidos, no habrá manera que los lean, no fuera caso que tuvieran que cambiar de opinión y se ...
Enlace permanente Comentario por jaume 28.02.07 @ 23:03
Hay dos cosas que un ateo no puede entender aquí, porque lo que no comprende no lo entiende...Por que el evangelio recoge cosas como las de José de Arimatea o la de las mujeres frente al sepulcro...?
Son composición literaria,...?, mitologica?...es un nuevo recurso teológico?. Un supuesto fundacional que transmitir a la posteridad?. Otra: en que consiste eso de "ver a Jesus resucitado"?. Existe una nueva fenomenología de la presencia de Jesús?. Existe algo que se pueda apreciar como resucitado desde un enfoque de amor o de desesperación?
Lo que es realidad siempre es expresivo y vivenciable de algún modo. Y la resurección de Jesús ¿como?. Tenemos que fiarnos del testimonio de una tradición cuyos contenidos son falibles? Que me dejen meter los dedos en la llaga de jesús y creeré.
Enlace permanente Comentario por Serafín de Sarov 28.02.07 @ 18:58
El problema del nuevo "descubrimiento" lo van a tener los tour operators: ¿el Santo Sepulcro o la tumba de Cameron?
Enlace permanente Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 28.02.07 @ 16:17
La revisión de los textos que hace Xabier convence de que la imagen de la tumba vacía es una metáfora de la Resurrección, mientras que la búsqueda de las mujeres contra la última maniobra de los ejecutores tiene un sentido existencial y simbólico mucho más profundo.
La figura de los desaparecidos, tan cercana a nosotros, es iluminada por este Jesús que no escapa al poder de los crucificadores para que Dios-a destruya el sistema del terror.
Las mujeres no encuentran el cadáver de Jesús, sino la novedad del Resucitado.
La pregunta de Sofía supongo que se dirige a Dios-a (esper@ respuesta): hasta dónde llega la Resurrección? Hasta dónde podemos derribar el poder de la muerte instituida: el poder del terrorismo, el humanicidio programado, la esperanza robada de vida, el amor hecho imposible por nuestra esclavitud, la anihilación de l@s impur@s y l@s discapacitad@s, la violencia contra las mujeres, el infanticidio y el aborto indeseables, la hipocresía de la muerte en vida...
Enlace permanente Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 28.02.07 @ 16:15
Esta vez tu post me deja muy perplejo. Reescribes una historia partiendo de presupuestos teológicos lógicos, pero interpretando negativamente los datos en los detalles contradictorios pero en lo esencial concordantes de los cuatro evangelios. Para mi los vendajes que Pedro y Juan ven "en su sitio" (keimena) envolviendo ya un espacio vacío siguen siendo apodícticos.
Enlace permanente Comentario por Hirundo Romana [Blogger] 28.02.07 @ 16:04

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