Hormonas y toma de decisiones (Emilita)

Permalink 26.02.07 @ 11:00:00. Archivado en hombre, Amigos, la voz de los

Emilita es una amiga entrañable, psicóloga profesional (terapeuta ocupacional, consejera familiar) y asidua de este blog, cosa que agradezco de todo corazón, igual que muchos de nuestros lectores. Quienes hayan seguido sus intervenciones la conocerán ya, de manera que no necesito presentarla. Sus ideas suelen ser precisas, profundas y claras, en línea antropológica (y cristiana). Ella retoma hoy un motivo que había iniciado el día 5 de este mes (II 2007), a raíz de un artículo anterior de Testos (“Proceso menstrual y sensibilidad femenina”: 3. II 2007). El tema quedaba pendiente y Emilita lo plantea aquí de un modo riguroso, como antropóloga cristiana. Gracias Emilita. y buen trabajo a todos

Presentación

El pasado día 4 de febrero aparecía en este blog un artículo sobre «Proceso menstrual y sensibilidad femenina» introducido y comentado por Testos. Quiero dejar claro que esta página de hoy sigue siendo un comentario a la intervención de Testos en ese artículo, aunque tomando una nueva dirección para nuestras discusiones. Me refiero al tema de la «toma de decisiones» que, de una manera implícita aparecía en el estudio americano. Más de un amigo/a del blog mostró su interés por el tema, incluidos Xabier Pikaza y yo misma, por eso dejo aquí mi reflexión.

El estudio hablaba de elecciones (no decisiones) hechas por las mujeres en función del momento hormonal del ciclo en que se encuentren (atracción femenina por el hombre más o menos viril) como resultado de la activación del sistema de recompensa cerebral, responsable del placer, la alegría y la estimulación positiva. Todo lo cual, viene a decir, es «determinante» (el subrayado es mío) en los comportamientos que elegimos o rechazamos según éstos afectan a nuestro sistema de recompensas. El estudio concluía así:

«La activación hormonal del circuito de recompensa antes de la ovulación, puede modular tanto el comportamiento de aproximación como el hedónico y consumatorio.»

En cuanto al comentario de Testos, decía:

«No podemos reducir el caso de las mujeres aquí comentado, ni el de los hombres con problemas hormonales a simple cuestión de hormonas. Nuestro ámbito cultural puede pesar más que la droga más potente. Creo que encierran a la mujer en una serie de conductas que son más patrones culturales que hechos fisiológicos.»

Ahora sigo yo (=Emilita).

En realidad sabemos poco sobre nuestro cerebro. Pero lo que sí sabemos es que además de un sistema límbico para las emociones, tenemos el neocortex que nos ayuda a interpretar y comprender ese flujo constante de química que recorre nuestro organismo.
Lo bueno de estos estudios es que nos valen para comprendernos un poco mejor y consecuentemente actuar con mayor precisión. Lo malo es querer sacarlos del contexto –siempre parcial– en el que se mueven, para resolver problemas de mayor envergadura.

No hablaré de toma de decisiones como mecanismo interno que nos lleva a conseguir la gratificación en cualquier aspecto de la existencia, ni siquiera en el plano sexual, porque eso no es toma de decisiones. Es cierto que el artículo apunta en esa dirección, pero no lo haré porque lo que me interesa es destacar la gran cantidad de variables que se dan en la decisión, ya sea femenina o masculina, contando con los cambios y variaciones que impone nuestro estado fisiológico y emocional a la hora de elegir. Así tomo distancia respecto al estudio comentado por Testos y, aunque aparente ser menos científicamente, doy un giro al tema.

La primera vez que un bebé llora por hambre, está obedeciendo a una señal cerebral y lo hace de la única manera que puede, llorando. Su madre responde alimentándole. En este preciso instante acaba de realizarse «el primer aprendizaje». Se han unido la señal cerebral de hambre, la conducta exploratoria del bebé y la respuesta alimenticia de la madre. A partir de ahí nuestra historia personal de aprendizaje, como interacción con el medio, se ira enriqueciendo con la maduración de las funciones cerebrales y complicándose por los circuitos de relación con el medio. Curiosamente es así como se rompen los estereotipos, porque no hay dos historias de aprendizaje iguales, ni siquiera entre hermanos. Con esto quiero decir que, más que la química de nuestro cerebro, será el ámbito cultural y las experiencias los que nos determinen.

Dicho esto, saltemos a nuestra razón,

no en abstracto sino en lo que tiene de concreto como aspecto psicológico. Xabier decía que: «la razón es necesaria pero cerrada en sí misma se bloquea en un sistema de necesidades». Es cierto en cuanto que la libertad es un don, pero hay otro aspecto que quiero resaltar: y es que antes de pisar la tierra sagrada de la libertad, hay que sentarse y dar de comer a la multitud hambrienta. A un estómago vacío o un corazón herido no se les puede mirar de frente para hablarles de libertad sobre lo que pueden hacer. Hay que responder con concreción, porque las necesidades son parte muy importante de nuestro sistema de aprendizaje, dado que introducen un nuevo aspecto en este puzzle: las motivaciones y sus expectativas. A estos niveles se conforman muchos comportamientos humanos y más decisiones de las que se pueden contabilizar en un estudio de neuroimagen sobre niveles sexuales de hormonas.

Pero sigamos avanzando. Demos por supuesto que tenemos controlado este nivel, que más de media humanidad lo tiene descontrolado, y nos encontraremos ante un dilema de decisión no ya de elección, pues ésta sin aquella es agua de borrajas. La decisión, por su parte, es un acto de libertad, de consecuencias imponderables por encima del cual creo que sólo quedan las leyes naturales que gobiernan el cosmos. Incluso determinada por principios hormonales, tiene impactos en el hombre que van más allá del recorrido puramente instintivo: recordemos el caso bíblico de David y Betsabé. En el hombre el «instinto básico» que podemos llamar «elección», lleva siempre parejo un complicado mecanismo mental de decisión porque está ligado al sistema emocional y éste, por definición, es desencadenado por la percepción de una situación interna o externa que llega a un primer tamiz formado por otro proceso, ya dual, de evaluación valorativa. Como consecuencia se origina la activación emocional, compuesta por una experiencia subjetiva o sentimiento, una expresión corporal o comunicativa, una tendencia a la acción o afrontamiento y unos cambios fisiológicos que sirven de base a todas las actividades anteriores. Sin embargo, las manifestaciones externas de la emoción, o sea nuestro comportamiento, es fruto de un segundo filtrado. De este modo imperceptible pero complicado, la cultura y el aprendizaje hacen que las conductas emocionales se vean sensiblemente modificadas. Esto implica que la mayoría de las veces nos equivocaremos al juzgar a los demás, ya que las experiencias subjetivas que podamos percibir en ellos pueden ser exageración, minimización o incluso negación de las mismas.

Cualquier leve alteración emocional en el hombre, ya sea positiva o negativa, está automáticamente ligada a un proceso mental de evaluación, que dada la rapidez con que se produce puede pasarnos inadvertido pero no por eso está ausente. Y la inclinación de la balanza recaerá entonces sobre lo que a cada uno nos parece «mejor», según principios aprendidos sobre creencias, valores o simples necesidades. Baste esta somera explicación del proceso emocional, que acompaña a la toma de decisiones, para resaltar dos cosas: el hombre es más que una respuesta a estímulos, pues en sus procesos químicos, cognitivos y conductuales es tremendamente complicado. Por otro lado, la hormona nunca puede prever los impactos de su propia acción, ya que a ella no le corresponde la valoración última y social de las acciones humanas. Para eso está la razón.

Y dicho esto, con la suficiente sencillez para que lo entienda cualquiera, podemos dar un paso más y adentrarnos en lo que la psicología llama proceso de toma de decisiones.


Toma de decisiones

Por definición «tomar una decisión» hace referencia al proceso, digo bien, «proceso», de elegir un determinado curso de acción. Y si hablamos de «proceso» ya hemos renunciado al esquema de simple estímulo-respuesta. Componen este proceso una valoración, estimación e inferencia de lo que ocurrirá y cuál será la reacción evaluativa del que decide según los resultados obtenidos. No hay que confundir el proceso de toma de decisiones con la elección que es un elemento más dentro del proceso. Para no alargarme enuncio brevemente esos pasos:

1º.- elección de elementos relevantes e irrelevantes analizando las relaciones entre ellos;
2º.- generación de acciones alternativas, imaginando el resultado final y evaluándolas según su valor y grado de incertidumbre; y...
3º.- de acuerdo con las consecuencias, «elección» de la conducta más idónea, llevándola a efecto, lo que constituye propiamente una decisión.

Cada persona afronta este proceso de forma diferente, basándose en su experiencia e historia de aprendizaje. Y aquí es donde aparecen los puntos negros en la toma de decisiones. Me refiero a la preocupación que genera preparar este proceso que suele producir ansiedad, sea cual sea la decisión a tomar. Porque los humanos podemos crear estrés para excluir un dolor posterior mayor, y esto puede ser automático o consciente. Y aún más, pueden aparecer los bloqueos por un conflicto de valores. Como veis esto se complica por momentos, porque habría que hablar también del afrontamiento, de los valores y de las creencias personales.

Aspecto religioso

Hasta aquí nos hemos movido en el campo de lo personal, pero la toma de decisiones tiene una faceta social, de interacción con el medio y una doble relación por un lado con la ética y por otro con los valores y creencias de cada uno. Dejo a los filósofos del blog el aspecto ético y a los teólogos el moral. Y para terminar introduzco de refilón el aspecto religioso, que para eso estamos en una página dedicada a él.

La Biblia abre con un gesto de Dios que podríamos llamar «decisión». Un acto libre y gratuito que llamamos crear, de imprevisibles consecuencias, debido al principio de libertad que introduce en él. Hay un plural misterioso en ese texto: «hagamos» al hombre a nuestra imagen y semejanza (Gn 1,26) altamente significativo por lo que entendemos como proceso dubitativo de toma de decisiones: pienso, elijo, decido y ejecuto). Y una evaluación/valoración explícita: «vio Dios que todo estaba muy bien» (Gn 1,31), valoración que lo acerca tremendamente al proceso que nosotros manejamos como toma de decisiones (ya se que no es así, pero no me negareis que es una coincidencia encantadora). El otro gran episodio bíblico de toma de decisiones es la muerte de Jesús. En ese texto queda claro hasta qué punto el hombre Jesús es libre y responsable cuando toma la decisión más importante de su vida. Leído bajo este prisma el resto de hechos y consecuencias en la vida de Jesús es deslumbrante y magnífico. El texto es de (Jn 10,18): «Yo doy mi vida, nadie me la quita, la doy voluntariamente». Entre otras cosas nos está remite a un aspecto singular de la toma de decisiones que es la responsabilidad. En este caso no hay automatismos: hay conciencia plena y por tanto voluntad (decisión). Por eso, desde ahí, se hace hermoso estudiar el proceso de toma de decisiones en ese arquetipo humano que es Jesús.

Pero la libertad tiene una contrapartida que no es ni don, ni gratuita. Me refiero a la responsabilidad. Ésta se aprende y se conquista con esfuerzo, y sin ella no hay libertad que valga. Y doy un paso más. Recientemente voy descubriendo, gracias a alguien que me es querido, algo novedoso: la providencia como decisión. He pasado de una comprensión estática de providencia como «dádiva» a otra más dinámica, interactiva y arriesgada que se realiza en el punto donde se enredan las decisiones personales y la acción de Dios, como esa chispa de vida que nos salpica cuando hacemos uso responsable de nuestra libertad. Esto sí es importante, pues vislumbro que más que subordinarnos a Dios, como se ha dicho, hay que buscarle y provocarle con las propias decisiones haciéndole acudir en nosotros y afectándole en su ser divino. Pero esto lo dejamos para otra ocasión.

Conclusión

Y desde ya, podemos dialogar en otra dirección con las hormonas en la alforja, en el lugar que les corresponden, como parte, una entre otras, de esa fantástica construcción que llamamos «hombre». Mi intención al escribir esto ha sido dar una idea general, aunque no exhaustiva de la complejidad del sistema humano de recompensa, ligado inexcusablemente a la toma de decisiones. Este proceso, que en parte explica la psicología, se ve afectado por los valores, la cultura y la responsabilidad personal, aspecto éste indeclinable por ser la voluntad humana el criterio definitorio de construcción o destrucción de la propia vida.

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No pensaba entrar más por hoy, pero tu historia me sugiere y reclama. Esa decisión tuya de ayudar (yo diría que más que eso, porque te jugabas el tipo) que no está guiada por la expectativa de ningún tipo de recompensa, habla de actitudes y de gratuidad. Tu voluntad de volver a hacerlo, a lo sumo la mantiene el deseo y la esperanza de que hagan contigo o tus hijas lo mismo que tú has hecho por otra mujer. Pues aunque lo enmarques en el terreno de la empatía, no deja de ser algo más, ya que has pasado del plano de los sentimientos compartidos y del servicio a las necesidades de los demás, al de la acción gratuita con riesgo de tu integridad. Este hecho está incluso por encima del plano solidario. A mi modesto modo de ver es el acto que no tiene precio; por eso pasas por encima de la decepción. De esto te he venido hablando. Buenas noches Testos.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 22:53
(final)
No sé si tenían o no mucho dinero su familia, no le pedí nada.
Pero ella sabía que había perdido "mucho" dinero por defenderla.

Si yo hice aquello, fue porque si algún día tengo una hija y está en una situación parecida, espero que haya cerca alguien que haga lo que yo hice.

Y tras ello, me informaría sobre el chico, sobre los trastornos causados, y intentaría reponer el daño económico, y si no tuviera posibles, al menos, llamarle y hablar con él, darle las gracias y decirle que si alguna vez le puedo ayudar, lo haré.

Ni su madre, ni su padre, ni ella, me llamaron jamás para darme las gracias o para preocuparse por el trastorno causado. O sólo para charlar y agradecerlo.

Volvería a hacerlo, pero la decepción no me la quita nadie.
De héroe nada.
Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 19:45
Yo le dije a la chica que si era necesaria mi declaración en un juicio, la tendría, pero que si se podía evitar, que lo evitase por mi seguridad. Pero que si era necesario ahí estaría.

Yo me fui y seguí llamando a la chica unos días después para ver como iba todo, y que tal estaba.
Ahí entendí el porqué siendo de Zamora, su madre la traía a medio curso a estudiar a Salamanca... la alejaba de él.
Entendí el miedo que ella pasó, el no atreverse a pedirnos ayuda.

Pero el irme de esa forma del piso, me costó un dinero que no tenía: perder el mes pagado y la fianza.
Pero hay una parte más triste para mi en todo esto.
Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 19:39
(II)
Una vez allí con la policía yo me retiré a mi habitación, pero con la puerta abierta.
Escuché las excusas que el ponía, decía que sólo habían discutido, y yo había oído un golpe atroz: la cabeza de ella golpeando el suelo y después una patada en la barriga.

Llamé a un policía y le dije que los pusieran en coches separados y hablaran con ella. Me dijo que lo harían... que estaba claro.
Fue cuando ella, sin sonido, me dio las gracias.

Cuando ella volvió, nos contó lo que llevaba pasando un mes: el la amenazaba de muerte si no le abría, mientras que nosotros pensábamos que era el novio. Nos contó lo de la orden de alejamiento, y que familia era la del chico.

Ahí comencé a hacer las maletas.
Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 19:33
Voy a aclarar una cosa, porque no me ha gustado el calificativo de héroe que me ha puesto Emilita, aunque sé que no es peyorativo.

Creo que lo que hice en esa ocasión y repetiría a pesar de sus consecuencias (que ahora contaré), se basa en la empatía con el prójimo. No es una heroicidad.

Llevábamos días oyendo en el piso ruidos, golpes, gemidos. También risas, llantos.
No sabíamos si era sexo, u otra cosa.
Hasta que ese día fue evidente.

El primer impulso fue el de entrar cuchillo en mano y hacerle salir de casa, pero me vi clavándoselo si la cosa se ponía fea (no sabía que era gitano), pero era de una urgencia tremenda.

La policía tardo 5 minutos en llegar.
Les esperé en el portal, les expliqué lo que sabía... me quise mantener al margen, pero no les abrían la puerta de casa... así que no me quedo más remedio que subir y abrirla yo, cara a cara con el agresor.
Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 19:28
Con JMS, que me fue a ver a Córdoba desde el otro extremo del país (¡eso es un amigo!) os doy ànimco a los dos, Emilita y Testos. No sabría decir nada mejor que lo que decís...Quizá sólo que a veces me cuesta creer en la libertad del ser humano, a no ser desde la "fe" en una presencia personal (en el fondo divina) que nos llama e impulsa. La mayor parte de las veces en que se nos dices que "seamos libres" se nos está manipulando... Por otro lado, no hay libertad sin condicionamientos... No concibo una libertad humana (encarnada) que pueda serpararse de hormonas y demás asepectos biológico... La libertad no está fuera de la biología, en un espacio idológico puro, sino que se expresa a través de la biología y de los concionamientos etc. Bravo Emilita (gracias de nuevo por haber escrito el Texto), bravo Testos.
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 01.03.07 @ 16:31
Veo que se juntaron el hambre con las ganas de comer: Animo!
Cordialmente.-
Enlace permanente Comentario por Jms.- 01.03.07 @ 15:35
Testos, creo que no diferimos mucho en lo esencial. Admiro al héroe que te sale de dentro cuando alguien te necesita y creo sinceramente que es observando como se aprende. Creeme. Gracias, Testos.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 13:24
(III)

Por eso, me extraño cuando alguien intenta aportar una luz más a una mesa de estudio sobre la conducta humana, como puede ser la de las hormonas, o la de la recompensa en el núcleo accumbens o en la zona tegmental ventral.

¿Que pasa? ¿Que nos jode pensar que no somos tan de libre albedrío como creíamos?

No es que tenga dentro del gusanillo de la psicología, es que tengo dentro un gusanillo peor: el de la observación y la comprensión humana, y para eso, la psicología solo es una lupa en mitad de un laboratorio.

Saludos.
Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 13:06
(II)

No quiero reducir el caso del maltrato a una conducta programable, pero lo es.
También es una conducta con bases en la infancia del maltratador (analítica), también con sus bases culturales, también con la extrema necesidad de afecto del maltratado y su baja autoestima, también...

En el tema de la teología moral no entro. Cae fuera de mi tiesto. Pero creo que ahora estamos ya un poco lejos en jovenes de 18 años (esa edad tenían los dos chicos de los que te hablo) como para pensar en San Pablo... pero el macho era gitano y si es antropología.

Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 13:02
Emilita, sin ser terapeuta, ya me ha tocado escuchar bastante a mujeres en es situación y a otras que la han roto, con mucha ayuda.
También me ha tocado jugármela impidiendo una paliza y llamando a la policía, para que alguien con orden de alejamiento no matase a su ex-novia.
Con la policía en casa, la chica solo se atrevió a acercarse a mi y decirme con los labios "gracias...".

Dos horas después yo hacia las maletas para irme de ese piso, porque había metido en la cárcel a un gitano cuya familia se dedicaba al tráfico de cocaína y proxenetismo.

De estas ya he tenido varias, porque como me dicen mis hermanos, es que me gusta creerme el héroe que está en todos los lados. (sic)
Enlace permanente Comentario por Testos 01.03.07 @ 12:57
(Termino)
No somos sin más, cautivos del mal (como reza el famoso título peliculero). Y en muchas ocasiones es el medio externo el que debe ayudar a romper estas esclavitudes. Nos encontramos ante una oscuridad del comportamiento social y afectivo de las personas que demanda para ser iluminado de la ayuda de todos.

(Antes se ha repetido un envío. Lo siento, pero eso no es por mi causa)
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 11:57
El maltrato a las mujeres ha existido siempre y ha quedado como una prevalencia más o menos oculta, que hoy se denuncia, y que responde, creo, a una función social del varón como amo. ¿Estamos ante una costumbre con base biológica? Sinceramente Testos, no lo sé. Personalmente sigo creyendo que las bases biológicas no explican el amplio espectro de situaciones personales y complejidades sociales que intervienen en la evolución humana, aunque sean siempre un referente. Si es verdad lo que decía Fromm, el miedo a la libertad y a la responsabilidad lleva a muchos a servidumbres terribles. Afirmar que en el estado de miedo de las mujeres maltratadas se descubren algunas veces componentes de obsesión, fijación, dependencia e incluso admiración, es no decir nada.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 11:54
Sólo quiero dejar claro que estamos en un terreno en el que intervienen otro tipo de aprendizajes además del que establecen los programas conductuales de refuerzo. Aquí hablaríamos ya de la necesidad de un cambio conceptual o lo que llamamos “reestructuración de lo aprendido” que por ser la forma más compleja de aprendizaje, es el proceso menos investigado y conocido a nivel divulgativo. Estamos en una época de terremotos cognitivos, que sacuden los cimientos de nuestro propio yo y hacen emerger nuevas vías terapéuticas. Si alguna vez tienes la suerte de hablar con una mujer maltratada te darás cuenta de lo complejo que resulta esbozar los motivos de su comportamiento. Para saberlo, habría que compararlo con aquellas que “han decidido” poner fin a esa situación.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 11:52
Según esto, es irrefutablemente cierto que el C.O. explica determinados pasos en al aprendizaje de conductas, que en el caso de refuerzos de intervalo variable se convierte en un factor de las conductas adictivas. Pero aplicar ese esquema sin más, al caso de las mujeres maltratadas, me parece incompleto. Cuando más arriba te comentaba que la psicología también necesita de conocimiento moral, no era broma. Te cito un texto de Vitoria, célebre dominico salmantino: “Se prueba que los maridos pueden dar preceptos a sus mujeres. De otra suerte no podría construirse la familia, pues faltaría una cabeza a la que obedecer. Eso cabalmente es el varón, cabeza de la casa y de la mujer, como dice san Pablo: las mujeres estén sujetas a sus maridos como a su señor, y la mujer tema a su marido” (Relecciones). Esto crea una mentalidad que llega a convertirse en cultura, capaz de modelar una sociedad.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 11:48
Del condicionamiento operante se ha escrito mucho. El mismo Skinner decía que su esquema era una “descripción operativa”, no un modelo universalizable. De hecho, algunos etólogos le criticaron porque su modelo de condicionamiento operante (C.O.), no refleja los hechos naturales tal como son en realidad, pues le falta la complejidad de la variable “medio”. En resumen, Skinner decía que el refuerzo incrementa la probabilidad de que aparezca la conducta operante pero como buen psicólogo tuvo cuidado en precisar que hablaba de probabilidad. El C.O. es un modo de aprender entre otros. También existe el aprendizaje social, en el que se engloban aspectos tan importantes como el aprendizaje de actitudes y representaciones sociales, sin hablar ya del aprendizaje y comprensión de conceptos.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 11:47
Hola Testos. Ya veo que llevas dentro el gusanillo de la psicología, pero ten cuidado. La psicología no es una ciencia exacta. Puede dar explicación, parcial, junto a otras, del comportamiento humano, pero nunca de un modo completo ni definitivo. Junto a ella están la psiquiatría, la filosofía, la sociología y la antropología sin olvidad la pedagogía. En mi caso añadiría que incluso las matemáticas, las Bellas Artes y la historia. También la ética y la teología moral, cada una de las cuales aporta su granito de arena en la comprensión más o menos global de la persona humana.
Enlace permanente Comentario por Emilita 01.03.07 @ 11:45
(III)
Para nosotros, para los que lo vemos desde fuera, nos resulta incomprensible como mujeres (y hombres) capaces, inteligentes, bien preparados, etc, son incapaces de romper el círculo que sigue permitiendo al agresor o a la agresora, físico/a o psíquico/a, perpetuar su posición y comportamiento.

¿Hasta donde en casos así no queda patente que nuestras elecciones y decisiones están, especialmente en este tema, condicionadas por mecanismos iguales a los que se usan para adiestrar perros?

¿Libre albedrío?
¿Resiliencia patológica?
¿Razón y libertad?

Un saludo.
Enlace permanente Comentario por Testos 28.02.07 @ 22:29
(II)
La autora del libro, pone el ejemplo de la chica que espera ansiosa la llamada de ese chico "malo" que sólo le da muestras de afecto de vez en cuando... aleatoriamente para ella -seguramente cuando él pretenda conseguir algo nuevo- y lo fuerte de esa conducta.

Cuando vemos casos de maltrato continuado, normalmente de mujeres por parte de maridos, y que sin embargo no son capaces de reaccionar contra ello, aparte de los condicionantes de libertad económica del sujeto y otros circunstanciales... ¿no crees que hay en esa conducta un condicionamiento operante con refuerzo aleatorio?
Enlace permanente Comentario por Testos 28.02.07 @ 22:24
Emilita, me he acordado de tu post leyendo un nuevo libro. Como psicóloga seguro que conoces casi todos los contenidos del mismo, aunque esta redactado para divujgar y reflexionar. Se llama "Cuerdos entre locos" y habla de los experimentos psicológicos mas famosos de la historia, desde los de Skinner a los de difusión de la responsabilidad, o la ejecución de órdenes inmorales por el hecho de ser "orden de una autoridad".

Hay un fragmento en que habla del momento en que Skinner decide no darle el refuerzo positivo a sus animales de forma cíclica, sino aleatoriamente.

Y como ese hecho hace que la conducta premiada irregularmente sea mas difícil de extinguir, es decir, queda mucho más grabada esa conducta.
Enlace permanente Comentario por Testos 28.02.07 @ 22:20
Por supuesto que no tengo problema alguno en aceptar las consecuencias de la interacción con el medio.
Y la lectura de ese libro, si no te quedas en lo comercial del título, no te deja más opción que aceptar la importancia de ambas cosas. Y en cada capítulo, al final, reflexiona de nuevo sobre ese punto: ¿genes o aprendizaje? Y siempre dice lo mismo: los dos.

No me caen demasiado bien los conductistas, pero les acepto... porque funcionan. Ni le otorgo la verdad absoluta a ningún paradigma, porque creo que sólo con partes de todos ellos, podemos explicar aceptablemente el comportamiento humano.

Pero dentro de ese grupo de paradigmas, habrá que aceptar tarde o temprano, con un peso muy elevado, a la neurobiología.
Enlace permanente Comentario por Testos 27.02.07 @ 14:03
Y termino
Si tú admites como dices “ciclos complejos y completos en la activación/desactivación neuronal, debidos a sustancias bloqueadas, inhibidas o generadoras”, supongo que no tendrás ninguna reticencia en admitir la complejidad de los procesos emergentes de nuestro cerebro y de sus interacciones con el medio, que es más o menos lo que he intentado decir, además de otras cosas.
Enlace permanente Comentario por Emilita 27.02.07 @ 12:25
sigo
El intento es que esas situaciones personales, determinadas a veces por los hábitos y sufrientes para muchas personas, puedan ser modificadas hasta el punto de hacerse soportables. Lo que no significa que se eliminen, a lo sumo, que sean sobrellevadas, lo que ni explica ni demuestra ningún tipo de dualidad mente-cerebro. Esta distinción mente/cerebro no la asumo. Porque ni está en la base de mi formación, ni conscientemente me guía. Creo que, 1º es una distinción escolar más propia de cierta filosofía, 2º que además no demuestra nada, y 3º que no ve a la persona como una unidad activa, algo que he tenido especial interés en mostrar. Hasta el conductista más radical sabe que entre el estímulo y la respuesta hay un mundo de variables intervinientes, capaces de hacer virar el desenlace del proceso en direcciones diferentes.
Enlace permanente Comentario por Emilita 27.02.07 @ 12:23
Y sigo
Si así fuera, nos encontraríamos ante la respuesta condicionada de un autómata y no ante la responsabilidad de quien es capaz de ejercer con su conducta actos de moderación y decisión, aún en contra de una tendencia más o menos consciente guiada por su inclinación genética.
Creo que la ira puede indicar que el acto derivado se ha visto condicionado por ese impulso, pero no justificaría el campo de responsabilidad derivado, so pena de mutilar en la persona humana otros aspectos. Trabajo con personas, no con ratones de laboratorio o con el oso “perezoso” (que por cierto no reconocería estar cometiendo un pecado, ni admitiendo la señal del despertador como estímulo para romper su tendencia natural).
Enlace permanente Comentario por Emilita 27.02.07 @ 12:22
sigo
Creo que honestamente, no se puede dar el salto desde los condicionantes a los justificantes, porque entonces estaríamos hablando de que el condicionante además de justificante sería dirimente. Dicho de otro modo, significaría que no hay otra opción que justifique la conducta e ipso facto quedaríamos exculpados. Esto es una falacia si de quien hablamos es de la persona humana, libre y responsable. Los condicionantes no son justificantes, es decir, no aportan una valoración completa de todo el campo de elementos (situaciones, pensamientos, sentimientos, expectativas, acciones, valores y creencias, etc.) que entran en juego en torno a ellos, (conste que no rechazo su importancia).

Enlace permanente Comentario por Emilita 27.02.07 @ 12:20
Respecto al libro que me recomiendas, he leído su reseña. El título me parece muy comercial, sí. Un salto en toda regla en cuanto a cualidad se refiere. Reconozco que es un tema difícil de resolver, que termina a menudo en un tira y afloja de opiniones más o menos interesadas.
Enlace permanente Comentario por Emilita 27.02.07 @ 12:19
(II)
Creo que peca de dos cosas.
Mantener la dualidad cerebro/mente a un nivel que no es el que parece que estamos descubriendo.

Y la otra: yo pensaba en eso como tú.
¿Como va una hormona, neurotransmisor, o activador de un gen a sentirse realizado en su función?
En algunos casos simplemente con la activación del sistema de recompensa, y en otros más complejos que he descubierto hace poco, en toda una secuencia de activaciones/desactivaciones que se dan de sustancias que bloquean, inhiben, generan, etc.
Son ciclos completos y complejos.
Te recomiendo "El gen y los siete pecados capitales".

Seguro que añade una perspectiva a tu visión que no imaginaste que podríamos tener.
Enlace permanente Comentario por Testos 26.02.07 @ 23:29
Muy bueno tu texto Emilita. Me ha gustado mucho aunque difiero en algunas cosas.
Puntualizo una: el estudio del que yo hablé, no trataba sobre la elección de hombres más o menos viriles. Ese lo saqué a colación como ejemplo de otros estudios.

Meter la dicotomía de la elección y la decisión como lo has hecho, abre un ampo interesante, pero es un cierto modo de esconderse de ciertas elecciones/decisiones.

Y por último, este fragmento tuyo:
"Por otro lado, la hormona nunca puede prever los impactos de su propia acción, ya que a ella no le corresponde la valoración última y social de las acciones humanas."
Enlace permanente Comentario por Testos 26.02.07 @ 23:24
Admitid sin rubor que estoy clasificado X. Pues soy XY.
Enlace permanente Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 26.02.07 @ 16:40
Nos hacía falta una religión desinhibida que reconozca la igualdad entre los amantes/diferentes. Vosotras no podéis ser varones: os ganan. Nosotros no podemos ser mujeres: carecemos de las capacidades necesarias.
Ya sabemos que Dios-a no es un patriarca, pero no nos lo creemos.
No es un problema hormonal: es tan sencillo como que las mujeres puedan sentir su participación de la divinidad sin dejar de ser mujeres y sin humillarse como esclavas.
Algunas personas pueden vivirlo así. Bendit@s sean: que no se les crucen los cables y que se perdonen mutuamente.
Enlace permanente Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 26.02.07 @ 16:36
Gracias por la claridad con que se hace patente nuestra indeterminación (por ese juego libre de las condiciones fisiológicas con nuestra conciencia) y nuestra libertad, que conoce las consecuencias y la situación de l@s otr@s.
Pero el problema de fondo sigue mordiéndonos: por qué hemos tenido que sufrir el fracaso de las relaciones entre los géneros sin ser responsables... o por no ser perfectos.
En una novela compleja pero muy bien construida de Paul Auster (Laviatán) se hace ver lo terrible que ha resultado para aquellos varones de la generación perdida, pacifistas, practicantes de la ternura, abiertos, el juicio condicionado (cultural) de las mujeres que los seguían clasificando según el modelo aprendido de los ancestros. ¿Interactúas con otras mujeres?: me engañas; ¿quieres tener hijos?: me explotas; si quieres ser apóstol, hazte cura o puritano. Así encajas. O muérete. También encajas.
Nos hemos destrozado la intimidad: nos hacía falta una religión desinhibida pa...
Enlace permanente Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 26.02.07 @ 16:21

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