Como si no existiese Dios (J. L. Herrero del Pozo)

Permalink 21.02.07 @ 11:14:47. Archivado en Dios, Amigos, la voz de los

Como si Dios no existiera… significa asumir el mundo como creación, es decir, como realidad autónoma. No podemos probar que existe Dios empleando para ellos los métodos de la ciencia, porque Dios es más grande que la ciencia. Un Dios que pudiera probarse no sería divina. Y sin embargo Dios es lo más real que existe. Nos sigue ofreciendo su palabra Juan Luis Herrero, en su libro Religión sin Magia, Almendro, Córdoba 2007, págs. 147-152

Dios es,

sin duda, la urdimbre del cosmos, la fuerza dinámica que lo empuja
hacia adelante, la luz que alumbra toda luz, el espíritu que anima
todo espíritu, la Diosa Madre que porta eternamente en su tibio
80 Ya veremos lo que se puede pensar del concepto religioso de revelación, comofuente de conocimiento. En nuestra tesis sólo admite ser entendida como una experienciareligiosa natural de la mente humana.
Dios, “el más íntimo de mi ser profundo” seno el universo mundo, el Amor que estalla en galaxias infinitas y en millones de ternuras humanas de escalofriante entrega, la gallinita que cobija celosamente bajo sus alas los inquietos polluelos, el TÚ que da consistencia de diálogo al YO más modesto de cada uno. . .

Sí,todo esto es Dios...¡pero no se le nota!

Nada, ni un ápice de realidad,
ni un atisbo de novedad ocurre en ningún espacio intergaláctico,
en ningún rincón del corazón humano que, por naturalmente
inexplicable, deba ser atribuido a Dios. Más bien, al contrario, el
mal y el sufrimiento nos abruman ¿Quién no vivió con el corazón
encogido por la desmesurada e imponderable tragedia del maremoto
en el océano índico? ¿Dónde te escondes, Dios? ¡Nadie responde!
¿A qué andas jugando con nosotros, desvalidos hijos de mujer? ¡No
entendemos tus bromas, Dios! Realizas algún que otro milagrito que
las Hermanitas de no sé qué instituto necesitan para canonizar a
su venerable fundadora y dejas llorar a miles de madres la pérdida
de sus hijos y a media humanidad explotada por la otra media ¿No
merecería esto último algún milagro más serio? ¿Dónde te escondes,
Dios? ¡nadie responde!

Reconozcamos los creyentes que no les falta razón a los que no lo
son.
Y les asiste no poca cuando nos juzgan demasiado primarios e
infantiles a estas alturas del avance del espíritu crítico y del simple
sentido común. La insidiosa carcoma de la magia ha llegado hasta
el último rincón de nuestros viejos patrones religiosos de creencias
y comportamientos y andamos por ahí viendo a Dios por todas las
esquinas, ¡Flaco servicio hacemos a la religión!
Es esencial al espíritu religioso adulto tomarnos en serio que
Dios está ausente, que el Dios de la magia ha muerto.
Que no nos
va a sacar de ningún atolladero, ni va a impedir los seísmos, ni va a
enviar la lluvia, ni la oración nos va a preservar de un accidente de
tráfico, ni nos va a ayudar en un examen, ni nos va a iluminar en
ninguna vocación (de casado, soltero o religioso), ni va a dar agua y
pan al Tercer Mundo. Todo eso es pura magia y la imagen de Dios
perdura, en este ámbito de cosas, tan distorsionada como en tiempo
de los homínidos.

En una palabra, Dios no interviene en el curso natural de los
acontecimientos.

Éstos son autónomos, se desarrollan según sus reglas
o por la libre acción humana. Éste es el espacio de la responsabilidad
de la que, con harta frecuencia, nos hemos zafado escudando
en Dios nuestra pereza. Aquí estamos solos, irremediablemente
solos, en pleno desierto o a la intemperie. El concepto cristiano de
providencia o, de modo nada diferente, el “está escrito” del mundo
islámico es una perversión del concepto de Dios o de la idea de su
amor que deriva fácilmente en atonía y fatalismo. ¿Qué aspecto de
verdad queda en la noción de providencia? Que Dios es interior al
cosmos y funge como espíritu impulsor, desde el núcleo inicial del
big-bang, hacia la plenitud de todas las cosas. Y, al darse sin medida,
es origen del mejor de los mundos posibles, por cuanto de Dios
depende. Supuesto que el Don es total, por lo que de Dios depende,
cualquier limitación se debe a la negatividad inherente a lo creado.
Y aquí, sin duda, todos andamos a oscuras, físicos y metafísicos.

Con ello estamos diciendo que cualquier variación, defecto o
bondad, progreso o retroceso, no es resultado de alguna nueva y
directa disposición o intervención divina, sino efecto de la enigmática
maleabilidad de la naturaleza y de la libertad que se despliega
y acoge o se resiste y se cierra. Poco más se puede decir. Y qué duda
cabe que tal dialéctica entre Presencia y Ausencia se vive en tensión
permanente, una tensión existencial a cuyo equilibrio sirve y ayuda
la serenidad psicológica y espiritual que es parte de la capacidad
humana positiva mediante procesos y técnicas variados de cualquier
cultura.
Cualquier creyente adulto en la fe hace la experiencia de esta
tensión conforme a intensidades diversas de la Presencia y la Ausencia.
Hay etapas y momentos de mayor presencia, tiempos de
consolación, que sólo proceden de Dios indirectamente, a través de
los complejos mecanismos de la psicología humana, a su vez tan
dependiente del entorno. Dar por ello gracias a Dios es oración legítima,
Es la forma humana, sencilla y humilde, de reconocerle como
la fuente de todo bien-

Todo es gracia”, aseguraba Bernanos. Pero
nada es ‘gracia’ al margen de la ‘naturaleza’ o por encima de ella.

No existe sobrenatural por encima de lo natural.
De forma que la consolación
seguirá siendo todo lo ambivalente que es lo humano. Un
biólogo dirá que es movimiento de neuronas y que se puede medir
y no le faltará razón. Un psiquiatra explicará los estigmas, úlceras
en las manos o los pies de ciertos personajes, desde factores de hipnosis
o sugestión. Y harto insensato es el promotor de una causa de
canonización si no considera que, desconocidos los enigmas de las
posibilidades naturales, nunca podrá asegurar que no hay explicación
natural para un fenómeno concreto.
Parecido tratamiento merece el tiempo espiritual llamado desolación
o, incluso, la noche oscura del alma. Por descontado, quien vive
la superficie de la realidad personal sin ninguna intensidad espiritual
o se limita a una religiosidad de prácticas rutinarias desconoce
tanto la consolación como la desolación, estados que pertenecen a
la experiencia propiamente espiritual. En ésta, la presencia de Dios
es la propia conciencia como crisol del comportamiento humano.
La conciencia es vida que crece y se afina, que orienta y reconduce
la opción fundamental, sanea los más escondidos rincones del corazón
y lo empuja sin cesar hacia cotas más altas y clarividentes de
honestidad en todos los campos de la existencia. Queda, de entrada,
excluido cualquier pacto con la mediocridad de vida. La presencia
de Dios actúa como una llama que quema la escoria e inflama el
anhelo de felicidad. El espíritu se hace consciente de la conexión
entre Dios y la alegría de vivir, en constante progreso, aunque sin
complaciente narcisismo. Consciencia gozosa de la acción de Dios
sería la descripción del estado de consolación.

No es Dios quien varía su don

esu repercusión psicológica en la conciencia (aquel “caer en la cuenta”) la que la inunda de gozo.
Pero los estados psicológicos son inestables y variables.
Por diferentes causas llega un momento en que su
campo de percepción es anegado por toda esa escoria restante que
salta a primer plano. Y el “caer en la cuenta” de Dios parece que
entra en zona de niebla. Correlativamente, la escoria parece encenderse
y quemar más en el alma. Ésta lo vive como dolorosa ausencia.
“¿Dónde te escondiste, amado?”, se quejaba Juan de la Cruz.
“Padre ¿por qué me has abandonado?”. se lamentaba amargamente
Jesús, hundido en un abismo de sufrimiento y fracaso, quién sabe
si dudando de su fidelidad o, al menos, de su acierto en la forma de
anunciar e instaurar el Reino. Si las palabras de Juan y, más aún, las
de Jesús hubieran sido no la expresión del dolor, sino del desamor
de Dios, habrían sido blasfemas, habrían constituido la negación
del salto a la trascendencia de la fe. Pero en el caso de la noche oscura
manifiestan una radical purificación interior. Los momentos de
desolación son tan fecundos como cualesquiera otros. Nada tienen
que ver con la depresión, fruto de un desajuste fisiológico o de una
mala gestión de los avatares de la vida. Ningún creyente de relativa
afinada espiritualidad está al abrigo de la desolación y, dado que
no existe punto de referencia y comparación con el secreto interior
de otros, la persona no sabe discernir su experiencia como simple
desolación o bien como oscura ‘noche interior’. Cosa, por lo demás,
de importancia menor.

No debemos creer que la experiencia de la ausencia de Dios se
limita a períodos episódicos de desolación.

En buena medida forma la trama de la vida, sobre todo cuando se ha superado el pensamiento mágico, logro que tal vez no abunda.
“¿Por qué me ha mandado Dios esta desgracia?”, “hasta mañana, si Dios quiere”, “Dios te ha castigado”. . .
ésta y otras mil quejas parecidas salpican el lenguaje
popular carcomido hasta los tuétanos por la magia. Los representantes
oficiales de la Iglesia siguen haciendo rogativas, augurando
buenas cosechas, ganado saludable y exitoso negocio con bendiciones
de todo tipo; están convencidos de que Dios va a intervenir
con un milagro más o menos ostentoso, requisito indispensable,
como sabemos, para declarar santo a un cristiano. Si están realmente
convencidos de todo esto ¿cómo no blasfeman en su corazón,
a ejemplo de Job, cuando Dios no evita las horrorosas catástrofes
naturales que, de vez en cuando, asolan el planeta? Esta imagen de
Dios es aborrecible. Que no añadan, por favor, más abominación a
lo abominable de los ‘misterios insondables’, palabrería con que los
jerarcas disfrazan su pensamiento religioso mágico de burda y estúpida
doctrina. Estupidez que provoca tantos ateísmos: ¿cómo puede
creer un espíritu sensato en un Dios malabarista o mago de circo?
Dios no juega a los dados. Estamos irremediablemente a merced
de lo positivo y lo negativo de la evolución cósmica y remitidos a
nuestra exclusiva responsabilidad en todo cuanto de la humana voluntad
depende. En la vivencia de este polo doloroso de la dialéctica,
el creyente no goza de ningún privilegio sobre el agnóstico. Ambos
están solos -y debieran darse la mano- para construir la historia
“como si Dios no existiese”. A decir verdad y siendo sincero, cuanto
más caigo en la cuenta del Dios tan escondido en la trama del ser
que parece ausente, “más íntimo que mi más escondida intimidad”
(interior intimo meo) mejor entiendo y más empatizo con tantos
agnósticos que afrontan con valentía y honradez el “como si Dios
no existiese”. La sensación de intemperie, la soledad y abandono que
se acrecientan con la eliminación de la magia me descubren que
Dios está más allá de nuestros ídolos y que es muy triste pronunciar
el nombre de Dios en vano. Por su parte, en el diálogo con amigos
agnósticos, algunos manifiestan añorar a algún Dios cercano. Dado
que estamos en un ámbito de vivencias tan incomunicables, en tales
casos opto por el silencio respetuoso. Lo único que arguyo en alguna
ocasión es que, para mí, la fe es la esperanza tercamente activa que
me impide arrojar la toalla cuando faltan razones para esperar. Si
con alguno de ellos se da el caso de una conversación más dilatada,
me atrevo a sugerir que para quien “cae en la cuenta” de que Dios
está ahí, pese a todo, en la espesura y la niebla del dolor humano, de
las catástrofes de la naturaleza, del error y hasta de la maldad. . . todo
adquiere una posibilidad de sentido, una confianza en que existe
salvación.
Por todo lo que va dicho, no es difícil advertir que la supresión
del pensamiento mágico no sólo reestructura el pensamiento religioso
en general, sino que transforma el enfoque de la existencia entera
del creyente. No se trata, pues, de cambios cosméticos, de reformas
menores, sino de una metamorfosis radical de la vida creyente que,
sin dejar de serlo, se abre a la comprensión y sintonía con todos
aquellos, los más numerosos, que, sin conciencia explícita de haber
dado el salto a la trascendencia, la viven en la honestidad de vida y,
sobre todo, en la apuesta por una humanidad más feliz. Al menos,
desde la creencia, ésta es una perspectiva legítima sin dejar de ser
respetuosa de cualquier otra.

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Me atrevo a disertar sobre Dios.

Aunque sin quererlo siempre caigo en blasfemia, siento una profunda tribulacion espiritual al no poder vertir una aseveracion mas dogmatica y menos pigmentada de una escaza presencia de endorfinas en mi organismo y un aumento en mi frustracion realista del mundo en el que vivimos.

Quisiera ser dogamtico por un momento y no pensar con la mente; ya que independientemente de no cuestionar la irracionalidad de querer entender lo inentendible; si entiendo en cambio, lo que a mis sentidos es notable y lo son las consecuencias funestas del libre albedrio sin una direccion superior; la falta de direccion de este mundo, la miseria y el sufrimiento generalizado, el materialismo por el materialismo, el consumismo, y la guerra, entre otras tantas fuentes de histeria e inagotable sufrimiento, y a la vez una indiferencia contextual global en un mundo lleno de supereficialismos y evasiones de realidad a travez de toda clase de deformaciones ...
Enlace permanente Comentario por LOBO NEGRO 05.07.07 @ 11:15
Abandonamos la magia y caemos en el espiritismo... Me parece una posibilidad inquietante... Pero creo que JLH no va en esa línea. Ni magia ni espìritus caprichosos: nosotros y/en Dios, Dios encarnado en nuestra vida. El Maestro Eckhart no es mala compañía.
Enlace permanente Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 26.02.07 @ 07:28
A Dios no se le puede negar porque exista el Mal,sino que este es la prueba de la existencia del miso mal,del diablo7belcebú
Enlace permanente Comentario por jl 23.02.07 @ 09:50
Sin embargo me rindo ante la evidencia de experiencia de abandono contada por Juan de la cruz en su «noche» o de Cristo elevado en cruz y de tantos otros. No creo que la sensación de intemperie, soledad y abandono sea una consecuencia exclusiva de la eliminación de la magia. Basta contemplar el paso lento pero inexorable de la historia humana para darse cuenta de nuestra débil grandeza. Y como siempre, tenemos que arribar a la tierra del silencio respetuoso porque como dices tú estamos ante vivencias tan incomunicables que no cabe otra postura. Pero yo me sumo a ese talante de respeto por los que no creen o creen de otra manera, porque el hombre entero es el resplandor de Dios. Y creeré en la desmitificación religiosa si como consecuencia apunta a una antropología de dignidad y excelencia.
Enlace permanente Comentario por Emilita 22.02.07 @ 12:03
¿Puede entonces Dios estar más cerca de nosotros de lo que está, si como argumentas es más íntimo a cada uno que nuestra más escondida intimidad? En realidad creo que el proceso de limpiar de magia el rostro divino debería ir en sentido contrario al que enuncias, siendo reconocido como más cercano a medida que en nosotros se purifica su imagen y sentido, nuestra percepción “debería” ser la de estar acompañados, habitados, juntos en un ser y no tanto la soledad. Teresa de Jesús describe en sus Moradas este aspecto con un realismo aún mayor que el tuyo querido J. Luis. Todo el párrafo segundo de las Primeras Moradas y especialmente el nº 8 es un canto atrevido, incisivo y desmitificado de quién es Dios, quien el hombre y cómo y dónde se encuentran ambos para ser una Morada, ¡y qué morada!
Enlace permanente Comentario por Emilita 22.02.07 @ 12:02
Si Dios no me "sirve" para confiar plenamente en su "providencia", ni su omnipotencia puede "evitar" que caiga un pelo de mi cabellera, ¿para qué lo "necesitamos"? ¿Para unirnos a él místicamente (misteriosamente)? Abandonamos la magia y caemos en el espiritismo.
Enlace permanente Comentario por emérito agusto 22.02.07 @ 01:04
Este texto de J.L. Herrero me ha retrocedido al pensamiento del maestro Eckhart ('Pido a Dios (Divinidad) que me quite a Dios').
Y no he visto por ninguno lado en el texto el alarmismo que comenta Rodrigo del Pozo.
Si en los templos y mezquitas se predicarán más cosas de las que han experimentado y escrito los místicos quizás nos iría mejor en cuanto al nivel general de cultura religiosa, y de paso quizás reduciríamos el alarmante nivel de fundamentalismo que a menudo anda suelto en más de una tradición religiosa.
Enlace permanente Comentario por Jordi Morrós 21.02.07 @ 20:29
"Dios no juega a los dados con el Universo".
Einstein
Enlace permanente Comentario por Carmen Bellver [Blogger] 21.02.07 @ 18:58
Se ha deslizado un error en el texto:
En la línea 4 hay que saltar a la 8 o 10 de esta manera "...la Diosa Madre que porta eternamente en su tibio> seno al universo mundo"
Enlace permanente Comentario por jlherrero 21.02.07 @ 17:18
MAGISTRAL !!!
Dios nos es misterio y querer hacerlo comprensible es idolizarlo: reducirlo a nuestra dimensión contingente y, por lo tanto, falsearlo. Nosotros no somos dios!
Es cuestión de compaginar la soberanía divina (creadora) con la autonomía de nuestra libertad. En el fondo, empequeñecer a Dios es abdicar de nuestra responsabilidad con artilugios de magia que terminan destruyéndonos como personas.
Las consecuencias de esta actitud pueden asustarnos pero el miedo nunca es solución para nada.
Las cosas son como son son, nos gusten o no y esto es lo que Juan Luis plantea en todos sus escritos.
Enlace permanente Comentario por JMS.- 21.02.07 @ 13:11
No falla, es Sr Herrero sigue el guión al pié de la letra:
1º- se rechaza a la Iglesia
2º- se cuestionan las escrituras y la enseñaza sobre Jesús que nos ha transmitido la tradición de la Iglesia
3º- se niega la acción de Dios en la Historia, es decir el misterio de la encarnación.
El siguiente paso, (que no suele ser explicito sino implicito y por omisión)
4º- como consecuencia se omite el mandato divino (actualizado por la Iglesia) del compromiso cristiano por la caridad política.

Lamentablemente ésta es la historia de tantos sacerdotes y militantes obreros cristianos que primero rompieron con la Iglesia, luego se secularizaron y por último traicionaron a los pobres subiéndose al carro del poder (no hay más que mirar las listas del PSOE y IU o dónde están ahora personajes como Boff.).
Enlace permanente Comentario por Rodrigo del Pozo Fernández [Blogger] 21.02.07 @ 12:50

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