Iglesia y mezquita: ¿desconfianza o amistad? (Fernando)
31.01.07 @ 12:00:59. Archivado en religión-religiones, Nuevo Testamento, Islam
En días anteriores hemos mantenido un diálogo sobre la Catedral/Mezquita de Córdoba. Ahora interviene de nuevo Fernando, que ha sido profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, que es amigo, especialista en historia de la cultura.
Él ha querido ofrecer para este blog una reflexión de fondo sobre la historia y actualidad de templos y mezquitas, de pasado y de presente musulmán y cristiano. Muchas intervenciones que se vienen haciendo sobre el tema en la prensa nacional son repeticiones, lugares comunes y, a veces, simplezas. Fernando nos sitúa ante los orígenes del tema.
He mantenido aquí un diálogo sobre la catedral/mezquita de Córdoba en los días 14, 15, 16, 17 y 23 de enero. Las primeras proposiciones fueron recogidas, con mi consentimiento, en webislam (cf http://www.webislam.com /?sec= google&domains= www.webislam.com&q= Pikaza&sitesearch) y difundidas en varios medios por Europa Press. Siguieron unas ampliaciones mías y luego unos comentarios y explicaciones de Fernando (y sobre Fernando), que culminaron en sus dieciocho propuestas sobre el tema del día 16 (introducidas en el blog el día 27).
Las proposiciones de Fernando resulta iluminadoras para quienes quieran seguir pensando sobre el tema, desde una vertiente cristiana, musulmana o simplemente humana. Me parece básico su respeto a la historia, su distinción entre “templo cristiano” y “mezquita musulmana” y su rechazo de una intervención del Estado (a quien y consideraba posible árbitro, no “dictador”) entre los disputantes. Gracias, Fernando, la gente de este blog te admira, aunque algunos dicen que eres un poco “difícil” de entender, a pesar de tu espléndido castellano. Aquí resultas más claro. Me gustaría ofrecerte un lugar más de más influjo mediático para tus aportaciones, pero lo que nos ofreces es de lo mejor que conozco sobre el tema. Desde aquí, todo es de Fernando:
[Fernandus dixit]: He preferido, Xabier, escribir estas respuestas sobre el tema de la Mezquita cordobesa pasados los días, vista la polémica suscitada. Quedan ahí estas palabras, que tal vez leas o tal vez no. Disculpa por haberme alargado más de lo debido, pero la explicación lo exigía. Hay lagunas, lo sé, pero quedan para otra ocasión. Espero que no se rompa el hilo cuando incruste las intervenciones.
1. Como sabes, la idea de que el Templo «no hecho con manos humanas», en el sentido de «manufacturado» (Mc 14,58), que supliría al antiguo Templo, fue argumento utilizado por el sanedrín en su contra, lo que junto al anuncio de su postrer ruina (Mt 23,38ss; 24,2 par.) y la expulsión de los mercaderes (Mt 21,12-17 par.; Jn 2,16ss.), parecería indicar una crítica fuerte contra el sistema sacral fundado en la casta (sacerdotes) y la separación (Templo exclusivo), revalidaría el carácter de condena por parte del viejo sistema religioso. Pero, a mi entender, de estos datos no se desprende un rechazo a la idea del templo, ni tampoco, y esto es importante, una afirmación implícita de que la idea de templo, rebajada si quieres de su carácter hipersacral y convertida en una especie de “casa del pueblo”, sea la alternativa que mejor cuadre con el sentido dado por Jesús.
2. De igual modo, los defensores hipotéticos del templo, tampoco pueden basar su argumento en que Jesús lo llamó «casa de “su” Padre» (Lc 2,41-50; Jn 2,14, etc.), en el sentido de que puede conservarse el carácter sagrado en el marco de una purificación y elevación de su sentido hacia lo espiritual (cfr. 1Co 3,10-17; 2Co 6,16ss.; Ef 2,20ss.), como un modo indirecto de dejar las cosas tal y como están. Ef 2,14-22, cuando defiende que la cruz derriba la hostilidad y la separación entre judíos y paganos, viene a dar la clave de lo que significa la hipotética “casa” de reunión de aquellos que creen en Jesús. Ya no sólo porque los «dos se hacen uno» (2,16-17) o que haya paz para cercanos y lejanos (2,17), sino porque todos tienen ya «acceso» (prosagôgèn) al Padre en el «único» (en henì) Espíritu (2,18).
3. «Acceso» en el «único» Espíritu significa para el autor de Efesios que ya no hay extranjeros, es decir, apartados o alejados, sino con-ciudadanos (sympolîtai - “ciudadanos en acuerdo”) y familiares (oikeîos - “de la misma casa”) de Dios (Ef 2,19-20). Por tanto, la palabra clave es “acceso” en un sentido bien concreto: cualquiera puede, con la confianza que le otorga el deseo de ser uno con el Espíritu de concordia y amistad, acceder al hipotético lugar, físico, ideal o espiritual fundado en Cristo, no porque sea un lugar que “pertenezca a” sino porque ya todo lugar está arraigado en ese Espíritu de acuerdo, ciudadanía común y casa accesible. Aquí es donde quiero llegar, haciéndome eco de tus palabras: consagrar una casa física como lugar de reunión para arraigar en el Espíritu de concordia no está en contra del sentir evangélico.
4. Y no está en contra, porque tanto la presencia física de las iglesias como su ausencia pueden, según las circunstancias y necesidades, permitir más idóneamente esta idea de “acceso” a todos los que quieran dejarse poseer por ese Espíritu. Tan evangélico es construir iglesias como no construirlas, conservarlas como renunciar a ellas, cuidarlas, engalanarlas, enajenarlas o simplemente dejarlas morir de viejas. La cuestión no es directamente que sean o no más lujosas o más históricas – lo que en ocasiones se pierde de vista – sino que permitan el acceso a todos. La forma idónea de ejemplificar esto es reconocer como postura cristiana tanto la entrega radical («vended vuestros bienes y dad limosnas», Lc 12,33), como la de realizar un gasto para consagrar la vida a Jesús: la unción de Betania (Mt 26,6-13), donde está la famosa frase: «se mencionará lo que ella ha hecho en cualquier parte».
5. Si sigues el argumento, verás que mi preocupación no es que los templos representen la salvaguarda del sistema sagrado o que se conviertan, andando el tiempo, en «cuevas de ladrones». Todo se puede convertir en “cueva de ladrones”, pero la solución no es la pala y la piqueta, sino el cambio de polaridad. Y este cambio, convendrás conmigo, es permitir que el lugar cristiano, sea como fuere, de construcción original, transformada, libre, de protección oficial, provisional o dúplex, sea “casa accesible” a todos sin restricción, porque éste es el Espíritu de Jesús y no otro. En ella debe haber tanto entrega como realización de gasto, desposesión e inversión. De aquí extraigo la idea siguiente: si uno quiere acceder a lo que es “casa de todos” tiene que, permíteme el símil musulmán, descalzarse de codicia, tanto para entregarla como para conservarla.
6 Hay que tener prudencia cuando se aplica el enunciado «cueva de ladrones» a hechos como éstos. Ya sé que no está en tu cabeza, pero puede extraerse la peligrosa sensación de que cualquier idea de conservación, protección o posesión incurre en este juicio. Esto me llevaría muy lejos, si bien este no es el lugar adecuado. Sí te dejaría abierta la sospecha de que dentro de este trámite histórico en el que nos hallamos, la aplicación en extenso del Evangelio no está al margen de la sabia consideración paulina: «todo me está permitido pero no todo me conviene ni me dejaré someter por nada» (1Co 6,12). Si no queremos caer en “evangelismos” (y los “ismos” son formas ideológicas), pendemos de la fe, en efecto, y una fe limpia y consecuente, pero de igual modo dependemos de la inteligencia, el discernimiento y la ocasión propicia.
7. Hablar del templo, así en bruto, es como hablar de la sustancia sin mencionar la historia, los accidentes, los hechos. Esto es también Evangelio, mal que nos pese. La historia se arrastra, y precisamente por ello cabe intuir que cualquier superación de conflicto no está en olvidarla. Cuando digo «sustancia», hablo también de posesión, y hablar de «posesión» sin contar con las circunstancias es básicamente entrar en el laberinto de las peticiones de principio. No creo que exista religión en la historia que pueda pasar sin un referente de culto y de presencia visible. Que a esto se le llame “templo” o “casa” ya es otra cuestión. De darse este fenómeno, sabiendo que el cristianismo no está al margen de las condiciones religiosas universales, la comunidad cristiana se halla, como el resto, en la misma situación de «posesión» de edificios que atestiguan su presencia en el mundo.
8. La gran cuestión que tocas cuando reflexionaste sobre la petición de los musulmanes de poder orar en la Mezquita de Córdoba, trata en el fondo de la maleabilidad, alcance y resistencia que una religión posee, como hecho histórico, ante otras formas de creencia y culto. Tú pides un gesto que rompa con la peligrosa reciprocidad de la que tanto se hace gala, ya que la comunidad cristiana debe fundarse en la idea de “casa accesible” por el Espíritu de Cristo. Con esto vienes a sugerir que el cristianismo no puede medirse con los criterios que universalmente han servido de caracterización de lo religioso: entre otros, sistema cerrado, ejes de separación, violencia sagrada, etc. Y te doy la razón, y porque te la doy, puede igualmente exigirse a todos los que acceden a la casa del “Espíritu de Cristo” que la medida, traspasado su umbral, sea la accesibilidad completa y la no codicia, incluso para los musulmanes.
9 No es apelación malintencionada reconocer que la Mezquita de Córdoba pueda ser lugar provisional cristiano (subrayo lo de “provisional”), pero también cabe exigir de los musulmanes que acepten que no puede ser “ya” una mezquita semejante a cualquier otra y con idéntico estatuto jurídico. Como he dicho antes, estamos ante una historia de «posesiones» que no podemos obviar. Mi opinión personal es que la idea de compartir un espacio con los musulmanes no es en absoluto descabellada, incluso en estos tiempos. Más aún: todo el edificio de la mezquita cordobesa puede muy bien ser el día de mañana lugar islámico y no cristiano, y no por ello afectar a la raíz del verdadero sentido cristiano, que es tanto saber guardar como saber desposeerse. Otra cosa es que en las actuales circunstancias pueda tomarse esa decisión sin efectos colaterales ante la división generada.
10. En un viejísimo libro de apologética islámica se dice sobre los lugares de oración musulmanes lo siguiente: «Esto establece entre los musulmanes un vínculo de amor y de comprensión recíproca. Esto despierta en ellos el sentimiento de su unidad colectiva y mantiene en ellos la noción de fraternidad nacional. Todos rezan sus oraciones en asamblea y esto les inculca un profundo sentimiento de fraternidad» (Abu Al’Ala Al-Maududi, “Los principios del Islám”, Granada, 1979). La idea usual y no parece en extremo peligrosa, salvo por un matiz: «la noción de fraternidad nacional». Dicho en otros términos: la comunidad cristiana tiene la exigencia de ser universalista; la “Umma” o comunidad musulmana lo es en tanto adopta un carácter de “nación”, mientras que el cristiano se siente “pueblo”. Esta diferencia es básica para dilucidar todas estas cuestiones.
11. He hablado de codicia. La codicia no es conservar un bien y ser dueño de él. Es verdad que los templos a lo largo de la historia han avivado todo tipo de deseos codiciosos, tanto en sus dueños (fascinados por su «llenez», es decir, por su esplendor simbólico y real, su poder social, su convocatoria pública, su número de asistentes, etc.) como en los supuestos contrincantes. Ya le pasó a la Iglesia. En el mundo antiguo hubo obispos irresponsables; éste es el caso del prelado arriano Jorge de Capadocia, que entró con sus tropas en el templo de Sarapis en Alejandría para apoderarse de todos sus bienes. El pueblo indignado y fuera de sí atacó y linchó al obispo. Juliano, que era emperador entonces, sacó provecho de las aguas revueltas: los bienes retenidos, además de los propios del obispo, pasaron todos a la biblioteca imperial. Tengamos en cuenta también la codicia del Estado.
12 ¿A qué entonces meter en danza al Estado? Según tus palabras, al principio es «el que vela por la paz y la convivencia», luego el «guardián» de los edificios y bienes históricos, como es el caso de la Mezquita, para al final directamente insinuar que puede (¿o debe?) «apoderarse» del lugar sagrado. No sé de qué Estado hablas, pero en cualquier caso éste ya no estaría fundado en criterios de derecho sino en la intromisión en propiedad ajena. La Mezquita está asistida por la protección del Estado, cierto, pero éste no concede a la Iglesia su usufructo, pues su arraigo y uso religiosos son anteriores a la constitución del Estado Español. No hay Estado moderno, se supone democrático, que pueda ejercer legítimamente la intervención y apropiación de un edificio religioso con el fin de que otra confesión religiosa pueda acceder a él. De darse ese caso, tal ejecución sería directamente antidemocrática y totalitaria.
13 ¿Serías tú quien exaltase semejante intervención? Temo que aquí ha salido el clásico demonio teológico, al que se acude siempre cuando hay conflicto: que la autoridad superior intervenga. Ya no se trataría, como en los antiguos juristas teocráticos, de la superioridad del régimen religioso y papal sobre el civil, sino al contrario, de un Estado que en su «plenitudo potestatis» o poder omnímodo, puede intervenir «super gentes et ecclesia», sobre todos y la misma religión. Esto, si te soy sincero, es antiguo y de un conservadurismo peligroso, a pesar de su pretendido carácter progresista. ¿Por qué digo que ha brotado el clásico “demonio teológico”? Porque al final no sería un pensamiento verdaderamente cristiano, incluso en el sentido que tú le das a la comunidad reunida en torno a Jesús.
14 No se menciona si es necesario recabar la opinión de la propia comunidad católica cordobesa, que es la primera afectada. Ya habló el prelado; mediaron políticos, intelectuales, periodistas y contertulios de toda laya, bloggers incluidos, pero, ¿y los cordobeses católicos? ¿Qué dicen a esto? ¿Se les ha consultado para saber su opinión? ¿No hay siquiera comentario sobre el particular? ¿No es extraño que si hacemos gala de que la comunidad tenga un papel representativo, luego no aparezca por ningún lado? He dicho antes que no pondría óbice a que la comunidad musulmana orase en la Mezquita, pero no lo haría en absoluto si, primero, la comunidad católica cordobesa se negase y, segundo, si toda su población en general dictase lo mismo, pues se trata de un bien universal que trasciende mi particular opinión. Y a la recíproca, igualmente.
15. Y si hemos hablado de codicia, ¿son codiciosos los musulmanes actuales? Todas las generalizaciones son abusivas e injustas, e ignoro si las intenciones de la comunidad islámica cordobesa van en esta dirección. No debo presumir intenciones torticeras por su parte. Pero nos encontramos en un tiempo en que por razones más ideológicas que religiosas (salafismo, wahabismo, yihadismo,...), muchos musulmanes están cayendo peligrosamente en estrategias codiciosas, como creer que viejas historias son recuperables (el califato antiguo) y cuyos antiguos bienes y edificios musulmanes pueden de nuevo ser revitalizados. La palabra que yo he oído en muchos de sus labios, ante la contemplación de edificios y objetos del pasado islámico español, ha sido: «esto es nuestro».
16 Desde un verdadero sentido cristiano, tal vez esto no debiera causar preocupación, pues hemos convenido que el desprendimiento entronca con el sentir del Evangelio. En cualquier caso, si no queremos dedicarnos a la exploración de sustancias, debemos situarnos antes en la historia real y concretar respuestas posibles lejos de “evangelismos” desmedidos. El Espíritu del “acceso universal” debe suponerse en la iglesia cristiana, y quien entre en ella con otras razones religiosas debe saber que éste Espíritu es el único que impera ahí. Que los musulmanes oren, de acuerdo; pero, como tú dices, puertas abiertas, acceso general de género y número diverso, etc. ¿Se admitiría esto? Probablemente no. Por tanto, ¿no sería entonces mejor pedir que fuera una oración conjunta y olvidar estas zarandajas advirtiendo de paso a los musulmanes que básicamente éste es el único gesto que se les exige?
17. En suma, y acabo, creo que no se ha estado políticamente fino en las respuestas dadas. En la Mezquita-Iglesia cordobesa, por circunstancias históricas ahora cristiana, YA NO RIGE la noción teológica, social y política de «fraternidad nacional» en sentido musulmán, sino la de «pueblo» en la que el acceso es universal y cuyo Espíritu debe ser siempre el de «ciudadanos en acuerdo» (sympolîtai: Ef 2,19). De este modo, cualquier gesto que suscite división, como sucede ahora, no puede ser argumento para satisfacer a unos en detrimento de otros. Por ahora que se dialogue, que se estudien los diversos puntos de vista, que se tiendan lazos entre sí. Las decisiones para después; ahora, por parte de los musulmanes cordobeses, toca esperar y contemplar otras posibilidades. Todo lo dicho aquí es opinión particular, sujeta a revisión y a tus amables consejos, críticas e incluso reconvenciones de cualquiera. Abrazos.
18. P.D. No pensaba entrar de nuevo tras los post anteriores, pero reflexionando sobre lo que dije de la «maleabilidad, alcance y resistencia de una religión», pienso que este debate se resume al final en un problema de confianza. Yo creo que sin confianza no cabe descubrir ninguna presencia de Dios. Pues bien, parece –y digo “parece” – que las religiones, sus creencias y actuaciones infunden cierto halo de desconfianza. No cabe generalizar ni igualar, pero hechos como el de la Mezquita revelan que la primera actitud instintiva es precisamente desconfiar. Si esto es así, entonces el problema, aun siendo instintivo, es de mayor hondura: que los rumbos de las creencias religiosas, con todas sus posibles diferencias, terminen alejándose de lo que en verdad las sustenta, y es crear amistad. Y sin amistad, Dios es irrespirable.
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Así se hace la Historia, que la hacemos entre todos... Esto resulta demasiado largo.Los debates, así en corto, pueden no resultar productivos, por falta de datos. Yo sólo te estoy dando datos. Y si en algún momento debo manifestar una postura, es para identificarme, no para entrar en controversias inútiles.
. Lee de nuevo mus mensajes. No digo que no haya que consultar a los católicos cordobeses.Si me he expresado mal, corrijo: Lo que deseo decir, es que a los católicos y a todos los cordobeses ya a todos los españoles, mejor,sean de la creencia que sean, porque ciudadanos somos todos y nos interesan los asuntos de la "polis".
Por fin; perdona. No he podido responderte ...
Los primeros conversos al Islam de Granada,pidieron hace unos 25 años la iglesia de San Nicolás, que está en todo lo alto del Albayzín. Fue una antigua mezquita, que se abrió al culto católico en el siglo XVI. Hoy está cerrada, sin culto y en ruina. Se les negó su petición. Entonces, empezaron a venir fondos de Marrueocs, de Libia, de los Emiratos Independientes y hoy tienes una joya arquitectónica delante de la iglesia de San Nicolás. Será mejor que vengas por Granada y contemples con tus propios ojos lo que te estoy hablando. (Sigo)
. Los datos sobre Xto. nos han llegado a TODOS "pobres y malos". Nunca quise decir, a mi los "buenos" y a los demás los "malos".Me has leido mal.
. Estamos ahora en el debate q. nos plantea Fernando. No corresponde hablar de la resurrección de Xto.Xabier y yo quedamos conforme en dejar este asunto, porque partimos de posturas diferentes y así no cabe un debate. En todo caso una confrontación, que ninguno de los dos queremos.
.PRENDA es una expresión granaina, de sumo cariño y apreciación.
(sigo)
Disculpadme la extensión, pero el tema engancha.
Pero, ahora bien, ¿cómo podemos plantear el compartir una casa de reunión y oración con otras religiones, por muy monoteístas que sean, cuando todavía somos incapaces de orar juntos los cristianos?, ¿a quién pretendemos dar lecciones de ecumenismo y fraternidad universal?, ¿con qué autoridad moral?
Nuestra pregunta puede parecer inocente, utópica o ilusa, pero considero que es una carga de profundidad para ver el grado de desconfianza o de posible entendimiento en el que nos movemos.
Apenas sé nada del diálogo entre las tres grandes religiones monoteístas, pero ahora el tema es una necesidad.
los "signos de los tiempos" que nos toca vivir. Debemos ir haciéndonos a la idea, que por lo visto, no hemos asimilado aún. Poco a poco, ¿verdad?
Cordialmente. Luna Llena
Bueno; ya está bien. Un cordial saludo.
Luna Llena
Vayamos a niveles más simples: dos familias viven en el mismo pueblo en sus casas -propias o alquiladas. Podrían compartir sus casas. Sería conveniente? Que compartieran mesa, baño y cama? De Mello diría que eso sería una muy linda amistad; yo considero que eso sería una imprudente hipoteca de confianza! Y, si las familias son dos religiones el riesgo se multiplica al infinito!
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Xabier Pikaza Ibarrondo
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