El blog de X. Pikaza

Ashera, diosa condenada. ¿Antifeminismo en la Biblia?

22.08.06 | 21:27. Archivado en Biblia, Tierra, ecología
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Ashera era na "diosa común" de los pueblos del entorno bíblico (y así aparece claramente en la misma Biblia). Puede significar la Brillante o la Feliz y su nombre y función divina aparece, de formas convergentes, en Amón y Moab, en Edóm, Filistea y Siria. Se pude comparar con Ishtar de Babilonia y con Isis de Egipto, y con gran parte de las diosas antiguas de Oriente. Su figura y función viene siendo discutida en este blog. Aquí presento la manera en que ella aparece en la Biblia, en un plano más académico (en la línea de lo que diré en mi Diccionario de la Biblia). Espero que sirva para dialogar sobre el tema del árbol y la diosa, de la naturaleza y la religión, del feminismo y la ecología.

(1) Ashera, la diosa. La figura y función de Ashera, muy criticada por la Biblia, ha sido evocada con cierta precisión en los textos prebíblicos de Ugarit (cultura cananea del norte de Fenicia, del siglo XII-XII a. C.).
En su base encontramos la pareja engendradora (Ilu-El y Athiratu-Ashera), que en algún sentido ha sido relegada, pues más que Ashera actúan → Baal y Anat-Ashtarte, los dioses jóvenes. Pero El y Ashera no están inactivos, sino que desde el fondo de la realidad, desde la fuente de las aguas dulces y saladas, engendran todo lo que existe y actúan de jueces sobre el conjunto de la realidad. Al mismo tiempo, ellos expresan la potencia engendradora, el principio de todo surgimiento, son Padre y la Madre.
El Padre se llama Ilu o El, nombre que más tarde, tanto en hebreo (El, Elohim) como en árabe (Alláh), ha pasado a significar simplemente Dios. Su función originaria consiste en ser padre de todo lo que existe, especialmente de los dioses que reciben casi invariablemente el nombre de bn il o bn ilm, es decir, hijo o hijos de Dios. Ilu aparece también como mlk o rey: es soberano y juez que mantiene el orden tanto en el plano de los dioses como en el plano de los hombres. Es sabio y anciano (ab shanim, padre de años), guardián y sentido profundo de todo lo que existe.
La Madre es Athiratu-Ashera, esposa de Ilu, engendradora o creadora de los dioses (qnyt ilm), que normalmente se presentan como sus hijos. Ella aparece algunas veces como ilt (= Ilat), es decir, como la diosa por excelencia. De manera más usual ella viene a manifestarse como Athiratu ym, es decir, como diosa del mar, quizá en recuerdo de su origen marino: ella es reflejo de las aguas primigenias, portadoras primeras de la vida. Los cananeos posteriores, igual que los hebreos, la presentan como Ashera, la gran Diosa Madre originaria.

(2) Ashera, diosa engendradora. En esta perspectiva, crear es engendrar. Entre los Padres divinos primigenios y el conjunto de la realidad (dioses inferiores, elementos cósmicos, hombres...) hay una relación procreadora, como supone un famoso canto de Ugarit: «Voy a invocar a los dioses apuestos, a los voraces ya de sólo un día, que maman de los pezones de Athiratu, de los pezones de la Señora (Textos de Ugarit, KTU 1.23, 23-24).

Athiratu-Ashera es madre de leche abundante y de sus pechos reciben vida los dioses nuevos, dioses apuestos. Ella, la gran diosa, vinculada en pareja con Ilu, su marido, es la dueña de la fertilidad, señora de la generación y el alimento. Ella preside el gran rito que Ilu, su esposo, realiza con las diosas que la representan. Se trata del rito de la generación desde la perspectiva del Dios masculino que copula (se une sexualmente) con dos sacerdotisas (consagradas) de Ashera:

«Se dirigió Ilu a la orilla del Mar,
y marchó a la orilla del océano.
Tomó Ilu a las dos consagradas...
Mira, una se agachaba, la otra se alzaba;
mira, una gritaba (padre, padre!, la otra (madre, madre!
Se alargaba la mano (=miembro) de Ilu como el mar,
la mano de Ilu como la marea...Tomó Ilu a dos consagradas...»
(Textos de Ugarit, KTU 1.23, 30-36).

Este ritual de la generación nos sitúa a la orilla del mar (lugar del que proviene Ashera). Allí están sus consagradas, allí muestra Ilu su potencia (parece fecundar el mar entero con su gran miembro viril). Este es el centro y argumento siempre repetido del gran mito: Ilu, padre primigenio, está engendrando el mundo en gesto de poder y deseo, gesto que sus fieles celebran en el rito hierogámico del templo donde las hieródulas o sacerdotisas (representantes de Ashera) vuelven a ser poseídas (fecundadas) por el Dios de gran potencia ((como el mar era su «mano»!).
Ilu se define por su miembro masculino, Athiratu por sus pechos. Los dos unidos forman la pareja originaria. De su unión brotan los dioses apuestos: Sahru (hebreo sahar) es la Aurora, Salimu (hebreo salem) el Ocaso. Conforme a los principios de paralelismo de totalidad, Aurora y Ocaso significan el día entero: son el principio y fin de la existencia. En otra perspectiva, Sahru y Salimu aparecen como la estrella matutina y la estrella vespertina (la doble Venus o Marte y Venus), identificándose de esa forma con → Ashtarté-Anat.

(3) Testimonio bíblico. La ley deuteronomista Dentro de la Biblia, por lo menos hasta después de la reforma de → Josías y el exilio (finales del siglo VII y principios del VI a. C.), el culto a la diosa madre aparece bien atestiguado en la vida y el culto de Israel. Ciertamente, se va imponiendo el culto de Yahvé, como Dios único y sin imagen, sobre todo en los santuarios oficiales (y de un modo especial en Jerusalén). Pero de un modo constante se ponen a su lado otros dioses y especialmente la diosa Ashera, en su función de madre divina engendradora.

La palabra Ashera puede significar tanto la diosa como su imagen o lugar de culto, vinculado en especial con los árboles y fuentes, pero también con imágenes de diosas-madres (de grandes pechos), que los arqueólogos han encontrado con frecuencia en las excavaciones de Palestina. Podemos citar varios contextos en los que la imagen y culto de Ashera resulta especialmente significativa, aunque debemos recordar que la Biblia no contenga pasajes «teóricos» de condena contra Ashera, demostrando su «falsedades» (como los que aparecerán más tarde en la controversia contra los ídolos, en el libro de la Sabiduría).

Los israelitas condenan a Ashera de un modo práctico, como muestran una serie de textos que podrían vincularse a un «pacto de conquista» establecido entre Yahvé y los israelitas. Yahvé les promete la tierra de Palestina, pero ellos deben comprometerse a destruir el culto de la diosa:

«Derribaréis sus altares, quebraréis sus estatuas y destruiréis sus imágenes de Ashera» (Dt 7, 5);
«Derribaréis sus altares, quebraréis sus estatuas, quemaréis sus imágenes de Ashera, destruiréis las esculturas de sus dioses y borraréis su nombre de aquel lugar» (Dt 12, 3).
«No plantarás ningún árbol para Ashera cerca del altar de Yahvé, tu Dios, que hayas edificado» (Dt 16, 21);
«Destruiréis sus altares, quebraréis sus estatuas, destruiréis sus imágenes de Ashera y quemaréis sus esculturas en el fuego» (Ex 34, 5).

(4) Elías y el juicio de Carmelo. El culto de Ashera no constituye sólo un elemento de la religión de los cananeos, sino que se encuentra vinculado a la política de las relaciones con los pueblos vecinos. En ese contexto se sitúa la gran reforma de → Elías, reflejada en el juicio del Carmelo, donde destacan los profetas de Baal, pero el mismo texto habla de los profetas de Baal y Ashera: «Manda, pues, ahora a que todo Israel se congregue en el monte Carmelo, con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de Ashera, que comen de la mesa de Jezabel» (1 Rey 18, 19); la «victoria» de Elías contra los profetas de Baal-Ashera (a los que manda matar el torrente, bajo el monte) constituye uno de los acontecimientos básicos (más tristes y significativos) de la historia religiosa israelita.

(5) Reforma de Josías (rey de Judá: 639-609 a. C.). Uno de los momentos básicos de la reforma de Josías, que definirá toda la historia posterior del judaísmo, reforma que está vinculada a la ley del → Deuteronomio y a la centralización del culto en Jerusalén, fue la destrucción de los cultos de Ashera:

ªEl rey mandó al sumo sacerdote Hilcías, a los sacerdotes de segundo orden y a los guardianes de la puerta, que sacaran del templo de Yahvé todos los utensilios que habían sido hechos para Baal, Ashera y todo el ejército de los cielos. Los quemó fuera de Jerusalén, en el campo del Cedrón, e hizo llevar sus cenizas a Bet-el. Después quitó a los sacerdotes idólatras que habían puesto los reyes de Judá para que quemaran incienso en los lugares altos de las ciudades de Judá y en los alrededores de Jerusalén, así como a los que quemaban incienso a Baal, al sol y a la luna, a los signos del zodíaco y a todo el ejército de los cielos. Hizo también sacar la imagen de Ashera fuera de la casa de Yahvé, fuera de Jerusalén, al valle del Cedrón, la quemó en el valle del Cedrón, la convirtió en polvo y echó el polvo sobre los sepulcros de los hijos del pueblo» (2 Rey 23, 4-6).

Quebró las estatuas, derribó las imágenes de Ashera y llenó el lugar que ocupaban con huesos humanos. También el altar que estaba en Bet-el y el lugar alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. Destruyó aquel altar y su lugar alto, lo quemó y lo hizo polvo, y prendió fuego a la imagen de Ashera» (2 Rey 23, 14).

(6) Caída de los reinos y exilio como castigo por el culto de Ashera. La tradición deuteronomista, responsable de la redacción de los libros históricos, concibe la caída de Israel como castigo por el culto de Ashera:

«Yahvé sacudirá a Israel al modo como la caña se agita en las aguas, arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Éufrates, porque ellos han hecho imágenes de Ashera, enojando a Yahvé» (1 Rey 14, 15).

Lo mismo se aplica a la caída del reino de Judá: «levantaron estatuas e imágenes de Ashera en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso» (2 Rey 17, 10)

«Dejaron todos los mandamientos de Yahvé, su Dios; se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Ashera; adoraron a todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal (2 Rey 17, 16).

Lógicamente, la conversión del pueblo tiene que ir vinculada a la superación del culto de Ashera: «Ya no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los símbolos de Ashera ni a las imágenes del sol» (Is 17, 8).

(7)¿Ashera consorte de Yahvé? En el fondo de esos textos puede vislumbrarse una vinculación antigua entre Yahvé y Ashera. En esa línea, 2 Rey 23, 3-7.14-15 afirma que Josías «hizo sacar la imagen de Ashera fuera de la casa de Yahvé», destruyendo todas las vinculaciones de Yahvé con la diosa. Ese texto supone que la diosa había estado antes en el templo, compartiendo culto con Yahvé, como su esposa.
En 1 Rey 14, 15 se supone que las imágenes y el culto de Ashera enojan a Yahvé, pues van en contra de su identidad como Dios único (sin esposa) e irrepresentable (sin imagen). Como prueba de esa vinculación entre Yahvé y Ashera se citan además unos textos descubiertos en excavaciones de Khirbet el Qom y en Kutillet Ajrud, en plena tierra de Israel, en los que se habla de «Yahvé y su Ashera», es decir, su esposa divina (el texto de K. Ajrud aparece junto a la representación del dibujo anterior). Esto resulta totalmente lógico: Yahvé ha heredado gran parte de las funciones de El-Ilu, el Gran Dios del panteón semita; entre ellas está la de tener una esposa. Sólo a través de una honda reforma profética, Yahvé terminará siendo el Dios único atestiguado por la tradición oficial de Israel

(Éstos son los temas y textos básicos. Dejamos la interpretacióh y comentario para más tarde. Podemos tratar tambien de otras figuras divinas del trasfondo bíblico: Lilit, Asterot etc. Pero opinen los amigos del blog)

(Citamos los textos de Ugarit conforme a KTU: M. DIETRICH, O. LORETZ y J. SANMARTÍN, Die keilalphabetische Texte aus Ugarit. I. Transcription, Kevelaer, Neukirchen-Vluyn 1976; cf. M. DIETRICH y O. LORETZ, Yahwe und seine Aschera, UBL 9, Münster 1992).


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Comentarios
  • Comentario por Bernardo 12.07.10 | 09:37

    ¡¡OH, QUÉ TEDIO, QUÉ ABURRIMIENTO ES TENER QUE TRATARSE CON ELLAS MÁS ALLÁ DE LOS BREVES INSTANTES EN QUE SON BUENAS PARA EL PLACER!!
    Francisco de Quevedo.

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